Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 5 – Agente doble. Problema doble.
La tarde de compras con Bellatrix no resultó tan horrible como esperaba. Temía que les fueran a reconocer y que no pudiera explicar el porque estaba paseando con el enemigo. Pero había una cosa de que la que se había olvidado, y era que los sangre limpias tenían muchos privilegios, uno de ellos que les cerraban las tiendas expresamente para ellos. Eso evitó que se encontrasen con alguien. Cuando Bellatrix estuvo satisfecha con su nueva imagen, le dejo irse. Literalmente, le dijo que tenia cosas importantes que hacer y que él, aun no estaba autorizado para ello. Algo tenebroso debía ser. Aprovechó ese tiempo tan valioso y fue directo a casa de su amigo.
James y Lily vivían en una antiquísima casa en Godric's Hollow propiedad de la familia Potter desde hacia generaciones. En ese mismo lugar había estado viviendo hasta que vio necesario darles cierta intimidad a sus amigos. Hacia un año de la boda así como de su unión a la Orden del Fénix, pero había cosas que no cambiaban por mucho que fueran considerados unos adultos. James tenía su jardín delantero repleto de distintos objetos. Sus compañeros de casa solían decir que él, era el más desordenado, pero sin lugar a dudas ese era James. Se preguntaba en que fantástica idea estaría trabajando su amigo… La pena es que ya no iba a poder formar parte de ella. La neblina comenzaba a invadir las calles del pequeño pueblo por lo que sin llamar mucho la atención se desapareció para hacerlo dentro de la casa. Era la forma en la que siempre lo hacia.
–¡Ya estoy aquí! –Abrió los brazos para exagerar la entrada como si se tratase de un presentador de noticias muggles.
Un grito fue lo último que escuchó antes de que alguien le lanzase un desmaius. Tardaría un par de horas hasta que otro grito le despertase.
–¡He matado a Sirius Black! –Una voz se lamentaba. Los efectos del hechizo no le permitían reconocerla. –¿Cómo se le ocurre vestirse así? –Con cada palabra, la voz le resultaba más familiar. –¡Parece un mortifago! –El pequeño gallo al final de la última frase le confirmó quien era. James Potter.
Abrió los ojos, pero casi no pudo hacerlo porque un paño húmedo estaba posado sobre su frente. Intentó incorporarse pero la cabeza le dolía. Ahora comprendía porque todos los profesores decían que James era un mago muy poderoso. Menuda paliza le había pegado.
–Tranquilo Sirius. –Lily estaba más calmada. –Te he puesto un ungüento, pero nada va a evitar el horrible chichón que ya esta empezando a nacer en tu frente.
Al escuchar esas últimas palabras se levantó rápidamente, tiró el paño al suelo y se acercó al espejo más cercano. Efectivamente, en el centro de su frente una leve protuberancia comenzada a ser visible. Parecía que le estaba saliendo un cuerno.
–¡¿Pero que me habéis hecho?! Mi hermosa carita... –Ese era su punto fuerte.
–Amigo, me asustaste cuando entraste haciendo todo ese espectáculo y llevando esas ropas. Disculpame. –Se lamentaba James.
Se volvió a mirar en el espejo, pero esta vez a su ropa. Estaba tan encantado con lo que bien que se lo había pasado con su prima mientras compraban, que no se había dado cuenta que todo lo que esta había elegido para él. Aquellas eran las propias de un sangre limpia, y por ende de un mortifago. Obvio, si él iba aprovechar cada momento para sacarla de entre los mortifagos, ella iba a hacer lo propio pero al contrario. Pero nadie podía decir que no le sentaba estupendamente esa ropa. ¡Estaba guapísimo!
–El que se debe disculpar soy yo. Debí preverlo después de conocer como esta la situación. –Hacia unos meses que un miembro de la Orden había sido asesinado por un mortifago.
–Nada de disculpas. Ha sido un mal entendido. –Lily como de costumbre trayendo la paz. –Tomemos un té mientras nos cuentas el porque de tus ropas.
Suspiró pesadamente. En su cabeza el discursito que les había preparado sonaba muy bien, pero ahora que los tenia en frente, se daba cuenta que la situación era mucho más complicada. Cuando el estuvo té estuvo servido, un incomodo silencio se apoderó de la sala. No sabía por donde empezar, las palabras se habían esfumado por completo de su cerebro.
–Cuéntanos que ha pasado. Casi una semana desaparecido y de pronto te presentas en casa y de esta manera. –James le señalaba de arriba abajo.
Se tomó de un sorbo el contenido de la pequeña taza y asintió varias veces, intentando ganar tiempo para buscar las palabras.
–Me he vuelto loco. –Quizás aquellas no eran las palabras correctas, pero era lo único que había conseguido articular.
James y Lily se miraron confundidos. Sirius no era precisamente una persona parca en palabras. Es más, solía hablar hasta en sueños. James incomodo por la situación comenzó a reírse.
–Te lo dije. Porque mucho que lo negases el gen de tu familia iba a acabar floreciendo. –Bromeó.
Sirius tomó una gran bocanada de aire y comenzó a relatarles lo que estaba ocurriendo, obviamente omitiendo algún que otro dato. No sabía porque, pero había conversaciones y momentos vividos con su prima que se quería guardar para si. Era la primera vez que no la veía como una loca desquiciada, incluso estaba llegando a comprender porque se comportaba de la manera que lo hacia.
Las caras de sus amigos eran un poema cuando terminó.
–Nos estas diciendo que… Tu prima, la misma que se jarta de conocer como destripar a una persona con un solo movimiento de varita, la misma que es capaz de utilizar maldiciones imperdonables hasta para levantarse de la cama… ¿Necesita que "tú" la rescates? –James hacia aspavientos con los brazos. –Permiteme que sea yo el que te lo descubra, pero... ¡Bellatrix esta encantada con su vida! ¡No he visto persona mas orgullosa de ser malvada que ella!
Explicándolo de esa manera, era cierto que Bellatrix era muy valida para salvarse ella sola. Sacudió la cabeza, eso era porque le habían absorbido el cerebro con estupideces de la pureza de sangre. Su prima no era más que una victima de la incompetencia de su familia y de su falta de tacto con sus primas y su hermano. Quizás debería de haberse quedado y haber cambiado las cosas desde dentro. Se hubieran ahorrado muchos disgustos.
–Por eso más que nunca necesito sacarla de allí.
Lily había cambiado su expresión y no se encontraba tan estupefacta, al contrario que James que no dejaba de moverse.
–Mira Sirius, todo el mundo lo decía y yo siempre creí que eran exageraciones. Pero es que cuando se te pone un mujer delante no piensas. Te vuelves irracional, tal como te estas comportando ahora. Que piensas, ¿que vas a conseguir acostarte con tu prima? –James alzaba la voz.
Ahora el que se había sorprendido era él. Que asco no tocaría a su prima ni con un palo a dos kilómetros de distancia. No podía negar de que era atractiva, ¡por el amor de Merlín! Todos los Black eran unas bellezas. Pero no, Bellatrix era un clon de su madre Walburga.
James iba a volver a soltarle otro sermón, pero esta vez Lily se le adelantó. Hasta ahora había estado muy callada.
–Te entiendo. –Su amiga Lapretó su mano. –Es tu familia, y es una pena lo que le esta ocurriendo.
Le sonrió. Lily era, junto con Remus, la persona más comprensible del mundo. James por el contrario miraba a su mujer como si le hubiera salido un tercer ojo.
–¡¿Qué estas diciendo?!
La mujer puso los ojos en blanco.
–James, debemos apoyarle. Si Bellatrix aún no tiene la marca tenebrosa, estamos a tiempo de salvarla. ¡Es la inocente que debemos de rescatar de un tirano! –Nunca la había visto tan motivada. –Ya no estamos en Hogwarts. No hay casas, no hay puntos… Esta es la vida real y la verdad es que me gustaría tener a una persona como Bellatrix en nuestro bando. Como bien has dicho, utiliza de una forma magistral las maldiciones imperdonables, seria apasionante aprender de ella.
James se cubrió la cabeza con los brazos.
Escuchando a Lily se dio cuenta de cuanta razón tenía. Tener a Bellatrix en la Orden seria una idea genial, pero tampoco quería poner las expectativas tan altas. De momento no había avanzado mucho, simplemente le habían aceptado de vuelta.
–Gracias Lily. Os quiero involucrar lo mínimo posible. Simplemente quería que lo supierais antes de que mi familia grite a los cuatro vientos que su primogénito ha vuelto a casa. No me extrañaría nada que lo publiquen en primera plana en El Profeta. –Que será lo que pasará cuando se celebrase esa ridicula fiesta la la próxima semana.
James por fin se quitó los brazos y le miró.
–Y… ¿Qué vas hacer con la Orden? –Arrugaba el entrecejo no muy convencido. -O estas con ellos o estas con nosotros.
No había previsto que James fuera a ser tan reticente.
–Pretendo que la Orden piense que he cambiado de bando. No me puedo arriesgar a que alguien se vaya de la lengua. Solo vosotros sabréis mis verdaderas intenciones. Os informaré de todo lo que me entere. –Sería algo así como un agente doble.
–No se Sirius, lo veo muy peligroso. –James sacudió la cabeza. –Como algo salga mal… –Hizo un gesto como de cortarse el cuello. –Te mataran sin pensarlo si se enteran de que estas infiltrado.
No había pensando en el peligro, pero tampoco quería hacerlo. La verdad es que cada paso que daba dentro de la Mansión Lestrange la adrenalina le subía como la espuma. Era gratificante.
–No se enterarán. Soy Sirius Black. Estarán comiendo de mi mano antes de que se den cuenta. –Sonrió. A parte de su cara, ese era otro de sus puntos fuertes.
Se levantó cuando comprobó en el reloj de la pared, que se acercaba la hora de la cena. Ahora que había contando a sus mejores amigos lo que estaba ocurriendo podría centrarse en su plan.
–Tengo que irme. –Suspiró antes de darse la vuelta para desaparecerse. –Se que será difícil para vosotros no contar esto a nadie, sobre todo a Remus y Peter… Pero merecerá la pena.
Lily le imitó y se acercó a él.
–Tienes todo nuestro apoyo. –Le abrazó. –Solo te pido que tengas cuidado.
James hizo lo propio y también le abrazó. Pero antes de despegarse de él, le susurró algo en el oído.
–Ya tiene que ser bueno ese polvo.
Puso los ojos en blanco cuando se separaron. Para que después digan que el inmaduro de los dos es él. Se despidió del matrimonio y se apareció en la Mansión Lestrange. Bellatrix le había dicho que habían cambiado el hechizo para que pudiera hacerlo. La casa estaba muy silenciosa, no era algo extraño, siempre creyó que su prima estaría por su casa como una loca gritando a todo el mundo. Pero la realidad era todo lo contrario. La casa, aunque era un lujo, era deprimente.
–¿Donde estabas? –Bellatrix apareció entre las penumbras. –La cena se esta enfriando. –Señaló dirección a la mesa, en la cual, estaban presentes cubiertos para dos.
–Estaba dando un paseo por Hogsmeade, para que todos vieran y conocieran cuales son mis intenciones ahora. –Esperaba que aquello colase.
Bellatrix hizo un amago de sonreír pero enseguida su rostro se contrajo. Fruncia los labios y el ceño. Estaba enfadada.
–Cenemos.
Algo raro había ocurrido, estas semanas viviendo con ella había descubierto que a su prima le encantaba hablar. En ese sentido era iguales. Así que ese comportamiento no era normal. Se volvió a sentar en el lugar que le correspondía a Rodolphus, como era habitual no les "honraba" con su presencia. Prefería que fuera así.
–Un momento. –Su prima le paró antes de que se sentase y sin darle casi tiempo a reaccionar se abalanzó sobre él.
Bellatrix era pequeña. Nunca se había dando cuenta hasta ese momento cuando la cabeza de esta estaba a al altura de su barbilla. Era menuda y diminuta lo que la hacia verse delicada. Pero como bien dicen, el veneno viene en frascos pequeños. Bellatrix le manoseaba y no entendía lo que pasaba, las palabras de James le asaltaron "acostarse con su prima". Negó, imposible. Pero el continuo sobeteo de su prima hacia que comenzará a perder el control. Cuando estaba a punto de darse por vencido y sucumbir. Bellatrix se apartól mientras se tapaba la nariz.
–¡Hueles a sangre sucia! –Dijo con repugnancia. –Lo había notado cuando te apareciste. Pero cuando te acercaste a la mesa me invadió ese olor tan asqueroso. –Gesticulaba como si le diesen arcadas. –Necesitaba olerte para confirmarlo y sin duda no estaba equivocada. –Sacó su varita y le apuntó a la cara.
No supo si estaba más decepcionado por descubrir que Bellatrix no se le había lanzado encima para liarse con él, o porque todo su plan estaba a punto de irse a la mierda. Suspiró tenía que buscar una excusa rápido. La bruja no vacilaría un segundo en matarle.
–Una sangre sucia… –Le costaba hasta decirlo. –Quiso ligar conmigo. La muy loca no hacia más que restregarse. –Hizo como que también le asqueaba su vestimenta. –Hogsmeade esta lleno de esa gentuza. Menos mal que esta el Señor Oscuro para desaparecerles. –Estaba diciendo unas cosas impensables, pero en esos momentos lo único que quería era no morir.
Bellatrix bajo lentamente la varita, y comenzó a reírse.
–Están locos por querer robar nuestra pureza. –Volvió a su asiento. –Como bien dices, el Señor Oscuro hará que todos desaparezcan. –Se reía como una bruja malvada.
Soltó todo el aire que había estando conteniendo, se sentó junto a ella y ambos comenzaron a cenar. Debía tener mas precaución. Era increíble como había notado la presencia de Lily en sus ropas. ¡Solamente se habían abrazado durante cinco segundos!
A partir de ahora, no volvería a subestimar a Bellatrix Lestrange.
