Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 6 – Celebraciones.
Rodolphus no volvió a ser visto por la casa hasta pasadas cerca de tres semanas. A su prima no parecía sorprenderle esas ausencias tan largas, es mas, ni siquiera le importaban. Solía mostrar un mínimo interés cuando volvía para hacerle un interrogatorio sobre lo que había estado haciendo. Uno podría pensar que pudiera tratarse de un esposa preocupada por su marido, pero la realidad era muy diferente. A Bellatrix solo le importaba lo que había estado haciendo para Voldemort. Rodolphus nunca le contaba nada. Lo único que hacia era comerle la boca para callarla. Era repugnante. Cada vez que los veía, le daban ganas de vomitar.
Se terminó de preparar. Hoy se celebraría esa horrible fiesta para que todo el mundo supiera que el heredero de los Black había vuelto a la familia, y según le había contado su prima, para buscarle una esposa. Ni de coña. Las mujeres se las buscaba él. Odiaba aquello, le gustaba ser el centro de atención, pero no de las personas de las que iba a estar rodeado esa tarde. Suspiró, sabía que aquel plan no iba a ser fácil, así que no tenía otra que aguantarles.
Se apareció junto con el matrimonio Lestrange en Grimmauld Place. Rodolphus estaba poco, pero cuando estaba no dejaba a su mujer ni un segundo sola.
–¡Sirius!
Walburga comenzó a besuquearla y achucharle. Su madre, en toda su vida, nunca le había mostrado cariño. Intento varias veces apartarse de ella pero cada vez le apretaba con más fuerza. Escuchó reírse a Rodolphus. Estaba a punto de girarse y darle un puñetazo en toda su asquerosa cara, pero no le hizo falta porque su madre se le adelantó.
–¡Rodolphus! –Walburga estaba fuera de si. –¡¿Cómo te atreves a reírte de mi hijo en mi presencia?!
El mortifago abrió los ojos igual de sorprendido que él. Lucius y Rodolphus eran los dos hombres a los que mas adulaba a falta de hijos para hacerlo.
–Señora… –El hombre intentaba disculparse, pero Walburga no le daba oportunidad.
–¡Cállate! No quiero ni oírte. Pensaba que eras más educado, pero ya veo que no. –Más que hablar escupía. Sabia que su madre estaba loca, pero había empeorado con los años. –¡Bellatrix ven aquí! – La apuntó con el dedo.
Desde niños, su prima siempre había sido la mimada de su madre. Walburga solía decir que Bellatrix era la hija que nunca tuvo, la que más se parecía a ella tanto físicamente como en carácter.
–Tía… –La joven bruja intentó hablar, pero para su madre no había marcha atrás.
–Un hombre que se ria de un Black no te merece.
Ahora el que no paraba de reírse era él. Al final su madre le iba a ser de ayuda. Con el paso de las semanas había llegado a la conclusión el porque su prima, la que siempre decía que nunca se sometería a nadie y menos a un marido, había aceptado con gusto aquel matrimonio. Rodolphus ya estaba metido en la causa de Voldemort cuando estaban en Hogwarts, Bellatrix debió de ver ahí su oportunidad para unirse a la filas.
Rodolphus se quedó petrificado y sin falta de ningún hechizo. Normal, a nadie le gustaba estar entre las personas a las que Walburga Black odiaba. La cara de Bellatrix era de completa confusión, miraba a su marido como si hubiera descubierto que era un muggle. Definitivamente, su madre le iba a resultar muy útil. Pero, como bien dicen, ten a tus amigos cerca pero a tus enemigos aún más.
–Madre, Rodolphus no pretendía reírse de mí y mucho menos de nuestra ancestral familia. –Se posicionó junto al mortifago. –¿A que no Rody? –Le dio unas palmaditas en el hombro.
El hombre negó repetidas veces con la cabeza.
–Me reía de felicidad de ver a Sirius de nuevo entre nosotros. –Tartamudeaba.
Walburga le miró entrecerrando los ojos y frunciendo los labios, pero no dijo nada. Alzó la cabeza desprendiendo su porte de realeza y les dio la espalda.
–Bellatrix, ven conmigo. –Ordenó con firmeza.
La bruja suspiró pesadamente y siguió a su tía. Ambas desaparecieron de su vista.
–Sirius… –Rodolphus abría la boca pero no conseguía decir nada.
¡Lestrange dándole las gracias! Le daba asco pensar que un mortifago pudiera agradecerle nada a él, pero todo era parte de su plan. Resultaba que ahora que había vuelto a la familia, su madre debía de querer buscar a alguien contra el que fijar toda su ira, y que fuera Rodolphus le venia genial.
–Mucho años odiándome. Sé como es. Por mucho que no nos toleremos, nadie merece eso. –Era la primera vez que se dirigía a Lestrange con completa sinceridad. Por nada del mundo le desearía a nadie tener que lidiar con una Walburga.
Rodolphus no dijo nada, simplemente asintió y abandonó la sala.
Suspiró.
Rezaba a Merlín que consiguiera superar aquel día.
Nunca se había olvidado de lo horrible que eran aquellas fiestas de sangres limpias, pero aquello estaba resultando mucho peor. En su época adolescente, su deber era cumplir con un papel. Estar presente al principio de la velada y después escabullirse, pero cuando eras el protagonista era muy difícil lograr lo mismo. Estaba siendo arrastrado por su madre de un lado a otro de la casa. La mujer no cabía en si de gozo presumiendo de hijo.
–¡Melania! ¿Has tenido el enorme placer de ver a mi hijo?
Se acercaron a una mujer mayor, no sabía si esa era prima, tía o que, de su madre. Lo único que sabía es que ambas mujeres tenían cierta rivalidad. De dónde venia? No tenia ni la menor idea, pero tampoco era algo extraño. ¿Con quien se llevaba bien su madre? A Walburga solo le cae bien Walburga.
–Lo cierto es que no. –La anciana mujer les miró por encima del hombre. –Estoy demasiado sorprendida con el mal estado del papel pintado de las paredes de tu casa. No pensaba que vuestra desgracia familiar se hubiera contagiado a vuestras posesiones. –Sonrió con satisfacción.
Su madre comenzó a clavarle las uñas en el brazo, como siguiera así iba hacerle sangre. Es cierto que la casa estaba bastante descuidada. Le daba igual, pero aunque el fuera primero en insultar a su familia… No iba a dejar que nadie mas lo hiciera. Se soltó de Walburga y se acercó a Melania.
–El estado de la casa es equivalente a la importancia de los invitados en ella. –La sonrisa se borró de la cara de la mujer.
Escuchó a su madre reírse a sus espaldas.
–Melania, ¿creías que te iba a invitar a mi mansión en el sur? No estas acostumbrada a tanto lujo.
Su madre y Melania se enzarzaron en una guerra dialéctica que le permitió escullirse. Necesitaba alcohol. Se acercó a la mesa de las bebidas. Se asqueó, todas las botellas eran muy caras, pero nada de whisky. Solo champán y vino rosado.
–¿Estas buscando algo más fuerte?
Un vaso de cristal grueso apareció frente a él, contenía un liquido que era muy conocido para él. Lo miró con duda. Aceptar bebida aparecida en el medio de una mesa con una casa repleta de magos y brujas no seria precisamente lo mas correcto.
–No tengas miedo. Siempre cuelo una botella de whisky para soportar esas reuniones.
Tras aquella explicación se fio y tomó un sorbo.
–Gracias… –Esa mujer le resultaba muy familiar pero no recordaba quien era. Era joven, pero no parecía ser mucho más pequeña que él.
–Soy Oona Crabbe.
En ese momento se dio cuenta quien era. La hermana pequeña de Crabbe, dos años menor. Era una chica solitaria y bastante extraña que se ocultaba en la sala de estudio. El resto de las slytherins se solían reír de ella, al igual que las chicas de otras casas. Las gryffindors podían ser hasta peores. Pero ahora poco quedaba de aquella adolescente. El pelo ya no le cubría la cara y no era ningún esperpento como decían. Era una joven muy guapa.
–Pensaba que a todos os gustaban estas "ideales" reuniones. –Que no le engañase ninguna belleza. Todas esas sangre limpias eran iguales.
–No todos estamos igual de mal de la cabeza.
Se atragantó al escucharla. Una cosa era pensarlo y otra decirlo en voz alta. Le sorprendía que hiciera esos comentarios en público. Quizás, al igual que pasaba con Bellatrix, no estaba todo perdido entre los sangre limpias. Quería continuar hablando con ella, con alguien que parecía tener dos dedos de frente, pero su madre volvió otra vez a por él.
–¡Oh Sirius! Mira esta es Oona. Joven, pura y casadera.
¡Vaya! Así que esta era una de las pretendientas que su madre había buscado para él.
–Encantando. –Le guiñó un ojo. ¿Qué pasa? No se iba a casar con ninguna, pero su vena de conquistador florecía ante el genero femenino.
–Sí. Continuemos Sirius, que te tengo que presentar a la hija de los Carrow.
Su madre le volvió a arrastrar por la sala haciéndole hablar con una decena de mujeres. Todas candidatas a ser una posible señora Black. Le daba repelús solo de pensarlo. Solo aguantó todos aquellos momentos porque era lo que tenia que hacer para conseguir su objetivo. Cuando la velada dio por terminada pudo descansar.
La tarde no había sido tan mala. Lo cierto es que hasta en ciertos momentos había disfrutado con la compañía. Observó a su alrededor, su madre hablaba con algunos de sus amigos de confianza, los gorrones que se aprovechaban de la situación para quedarse a cenar. Su tía Druella dormía en uno de los sofás con una buena borrachera. Su padre y su tío Orion debatían sobre algo, al perecer también se habían percatado del papel pintado raído. Su prima Narcisa… su prima Narcisa venia directo hacia él. Le abrazó.
–Gracias. –Le murmuró mientras que aún estaban abrazados. –Pero no te olvides de tu objetivo. –Se separaron. –¡Nos vemos en la próxima!
Sorprendido se quedo mirando como su prima menor se despedía del resto y se iba con su marido. Estaba sorprendido porque Narcisa le diera las gracias a alguien y sorprendido porque esta tenia razón. Se había olvidado por completo de su objetivo. Bellatrix. La buscó por el salón y la encontró sola. Se le había ido la cabeza esa tarde. Tomó un par de copas y fue hacia ella.
–¿Ya te has cansado de ser el centro de atención? –Bellatrix ignoró la copa que le ofrecía.
–Lo odio. –Volvió a insistir con la copa. La cual finalmente fue aceptada.
–No lo parecía mientras te dabas un baño de multitudes. –Estaba molesta.
–Solo soy un buen hijo cumpliendo los deseos de su amada madre. –Lo dijo con ironía, aunque esperaba que Bellatrix no lo notase. –Además, a ti no te tiene que importar. Tienes a tu Rody para que te haga compañía.
Vio como ponía los ojos en blanco y fruncía los labios.
–Ni me lo nombres. –Negó con la cabeza y se cruzó de brazos. –Le he dicho que se vaya a casa.
No supo como reaccionar. Bellatrix en muchas ocasiones había demostrado su aversión por su marido, pero después de lo que había pasado entre Lestrange y Walburga, la cosa parecía haber empeorado.
–No hagas caso a lo que diga mi madre… –Ahora tenía que jugar bien sus cartas.
–No. –Le interrumpió. –Tu madre tiene toda la razón.
Su prima tenia tan comida la cabeza por su madre que todo lo que esta dijera era aceptado sin pensar. Para algo debía servir ese lavado de cerebro.
–Es muy difícil igualar a un Black. –Dentro de aquella panda de locos sádicos por la sangre, los más normales eran los Black.
–Yo ya no soy una Black.
–Estas a tiempo de volver a ser una…
Lo siguiente que ocurrió fue muy raro. Incluso no sabría como describirlo. Pero Bellatrix, que hasta ahora le había dado casi por completo la espalda, se giró completamente hacia él. La expresión en la cara de la bruja cambio por completo, ya no estaba enfadada, pero tampoco contenta. Era la primera vez en semanas que no sabia descifrarla.
–¿Que estas insinuando?
No sabia como contestarle, pero por suerte su madre les interrumpió.
–¿Por que seguís aquí? –Preguntó enfadada. –Tenemos que hablar cosas que no son de vuestra incumbencia.
Su madre prácticamente le echo a través de la chimenea. Seguro que quería cotillear con sus amigos. Al final el día no había salido tan mal. Para ser sincero, le había sido bastante bueno. Volvía a ser visto como el hijo predilecto, su madre odiaba a Rodolphus, Bellatrix se había contagiado de ese sentimiento, y algunas de las pretendientas a su futura esposa no eran tan horribles… Pero como a él nunca le salen las cosas bien, nada más poner un pie en la mansión Lestrange, su mayor temor se hizo realidad.
Rodolphus les esperaba junto a la chimenea.
–El Señor Oscuro quiere vernos… A los tres.
