Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 7 – Cruciatus.
Nunca había visto a Bellatrix tan feliz, ni si quiera cuando le tiraba piedras a los vecinos muggles, sonreía tanto. Quizás se había equivocado y James tenía razón. Su prima estaba encantada con el camino que había tomado en su vida… Pero no. No podía permitir que se suicidara de esta manera. Hizo de tripas corazón y acompañó al matrimonio Lestrange. Luego podría pasar la información a la Orden, igual esta podía darle caza y le allanarían el camino con Bellatrix. Pero hasta que eso ocurriese tenía que seguir con su plan y hacerse pasar por un candidato a mortifago.
Se aparecieron en una colina. La noche era oscura, pero el sonido de las olas le indicaba que estaban cerca de la costa. Caminaron varios metros, el lugar no se diferenciaba de cualquier otro paisaje británico. Necesitaba algo característico que le permitiera reconocer donde estaban, pero no hizo falta que fijara su vista mucho más, ya que finalmente dieron con la residencia en la que se hospedaba Voldemort.
La Mansión de los Rosier.
Que estúpido era ese Señor Oscuro. Hacia meses que sabían que Evan Rosier era un mortifago, estaba siendo vigilado por una decena de aurores.
–¿Y no te ha dicho nada más? –Bellatrix preguntó por enésima vez.
Rodolphus crujió la mandíbula y como las últimas diez veces, le contestó lo mismo.
–No. Rosier me dijo que viniéramos.
Bellatrix continuó caminando mientras daba saltitos de felicidad. Era como una niña que iba a por su regalos de navidad. De vez en cuando paraba y le miraba para sonreirle. Pobre, si es que en realidad no era tan mala. Lo que pasaba es que estaba mal aconsejada.
–Igual nos da una misión… O quiere que torturemos a alguien… –Su prima no paraba de hablar. – O... ¡que le matemos! –Reia de forma estridente. No más remedio que imitarla. Debía demostrar que estaba encantado con lo que Voldemort quisiera de ellos.
Llegaron a la entrada principal. El elfo de los Rosier les dirigió entre innumerables pasillos a un salón exquisitamente decorado. Recordaba que de niño jugaba con Evan en ese mismo lugar. Los Black solían tener buena relación con ellos, al fin y al cabo su tía Druella era una Rosier. Cuando fue seleccionado en Gryffindor su madre le prohibió ir. En realidad le hizo un favor. Evan era un chivato, y por eso mismo debía tener mucho cuidado.
En el fondo del salón junto a una chimenea observaba a un hombre sentado en un sillón. No podía verle completamente sino su perfil. Lo que si vio perfectamente era la serpiente, la cual se acercaba a ellos peligrosamente, esta se movía ágil entre las piernas de los tres. Tras aquello, susurró algo en parsel y volvió a reunirse con su amo.
–Rodolphus… –La voz de Voldemort era aguda. –¿Por qué estas aquí? –Se incorporó. –A ti no te quería ver.
Ese hombre no era el de las fotos que la Orden tenia. Es cierto, que las fotos era la mayor parte de su adolescencia en Hogwarts y de alguna en su época adulta. Pero lo que estaba viendo no correspondía con lo que todos pensaban. Ese hombre, o cosa, no era más que un reflejo de lo que había sido. No entendía si aquello podía ser obra de algún hechizo o de una poción, pero su parecido se semejaba mas al de una serpiente. Su piel había adquirido un tono verdoso mientras que su pelo le había caído casi por completo.
–Amo, yo pensé… –Rodolphus temblaba.
–Para una vez que lo haces, lo haces mal. –Voldemort sujetaba con firmeza su varita. Por un momento creyó que mataría a Lestrange. –Largate de aquí. Ni si quiera comprendo como osas estar en mi presencia tras el desastre de tu última misión.
Interesante. Así que al gran Rody no le estaba yendo tan bien en su carrera mortifaga. Estuvo a punto de reírse cuando se fijo en la cara de horror de su prima. Gracias Rody, por hacer el trabajo sucio. Estuvo a punto de decirle eso, pero antes, Voldemort ordenó que el mortifago se fuera y les dejara a solas.
–¡Amo! –Bellatrix se arrodilló a los pies del hombre.
Sus ojos se cruzaron con los de Voldemort y entendió que eso era lo que quería de ellos. Sirius, a donde fueres haz lo que vieres. Acabó arrodillado junto a Bellatrix, agachando la cabeza ante el mago más peligroso de todos los tiempos.
–Señor… –Aún estaba muy cuerdo como para rebajarse ante ese ser y llamarle amo.
Lo siguiente que noto, era como si le apuñalasen la cabeza. Había experimentado antes la Legeremancia, pero nunca a esos niveles. Eso también se lo tendría que comunicar a la Orden. Cerro los ojos, Voldemort estaba buscando la manera de ver sus intenciones. En su familia la Oclumancia era el pan de cada día, así que pudo mostrarle lo que quería.
–Curioso… –Voldemort salió de su cabeza. –El hijo prodigo ha vuelto. –Rió.
Bellatrix imitó a su amo.
–Señor, nunca me he ido. –Tenía que demostrar que creía en su causa.
La serpiente volvió a pasar entre ellos y acabó rodeandoles. No sabia que daba más miedo, si Voldemort o ese reptil.
–Nagini no incomodes a nuestros invitados. Son muy valiosos… Por favor, levantaros. –Les hizo un gesto con la mano. –Sentaros. ¿Queréis beber algo? ¿Una taza de té? ¿Un café? –Señaló a dos sillas, así como a una mesa con comida.
El comportamiento de Voldemort había cambiado por completo. Ahora parecía un hombre entrañable que les invitaba a té y galletas.
–Ha llegado el momento.
Escuchó a su lado como Bellatrix ahogaba un gritito. Esperaba que no les fueran a marcar en ese mismo instante. Si lo hacia, todo su plan se iría al traste.
–Os daré una misión.
Quiso suspirar aliviado pero hubiera llamado la atención y esa serpiente no hacia más que pasarle entre las las piernas. Se volvió a centrar en Voldemort, si le iba a dar una misión, podría decírselo a la Orden y así estos le ayudarían a cumplirla sin falta de tener que hacer nada peligroso.
–Una misión juntos.
¿Acaso algo le dijo que eso iba a ser fácil? Aquello complicaba las cosas, aunque si conseguía que la misión fracasase, Voldemort podría no quererles en sus filas o... Podría matarles.
–Se de lo que mi más ferviente seguidora es capaz… Pero de tí, Sirius, aún tengo mis dudas, así que quien mejor que ella para que lo averigüe por mí.
–¡Oh amo! Será un placer para mi… –Comenzó Bellatrix.
–¡Cállate! No te he dado orden para que hablas. –Voldemort no se andaba con medias tintas, ni siquiera con su más ferviente seguidora.
Bellatrix agachó la cabeza como si de una niña pequeña se tratase. Le daba pena, una bruja tan magnifica como ella no tendría porque estar sirviendo a nadie. Es a ella a quien deberían de servirle.
–Aún me tenéis que demostrar muchas las cosas los dos. Pero viendo lo inútiles que están siendo mis mortifagos. Creo que puedo comenzar a fiarme de vosotros. Al fin y al cabo sois el linaje más puro. Sospecho que el resto están mezclados. –Rió.
Bellatrix se unió a él. Debía ser una broma, así que el hizo lo mismo.
–Ahora marcharos. Cuando llegue el momento, os haré saber las directrices de la misión. –Les hizo un gesto con la mano para que se fueran. –¡Rosier! –Gritó. Evan acudió veloz a la llamada de su amo. –Acompañales a la salida. Se bueno con ellos. Son mis más querida posesión.
Mientras que Rosier le conducía a la salida, escucharon como Voldemort se reía y hablaba en parsel con su serpiente. Era el momento más surrealista que jamás había vivido. Pocos podrían decir que se habían encontrado con Voldemort y habían salido intactos.
–Lestrange se ha ido con el rabo entre las piernas. –Se burlaba Evan. Pretendía molestar a Bellatrix. Aprovecharía eso para continuar poniéndola en su contra.
–El Señor Oscuro parecía estar muy enfadado con él. –Era la primera vez que le llamaba así. Debía comenzar acostumbrarse.
–No solo el Señor Oscuro, todos están que rabian. Se cargo el sólito la misión y casi nos matan a todos. Fue patético. Se quedó dormido y cuando se despertó, en vez de avisarnos. Se fue directo a por los miembros de la Orden, casi le descubren. Menos mal que los despistamos.
Estaba contento porque no hubiera ocurrido nada y la Orden y sus miembros estuvieran a salvo. Pero lo que hizo que el vello de su nuca se eriza, fue que conocieran que existía una Orden.
–Estúpido. –Tenia que continuar con su plan. –Yo le hubiera matado. –Por mucho menos lo haría.
Rosier soltó una carcajada.
–Sirius, no sabes lo mucho que me gusta que hayas abierto los ojos. Tú y yo nos lo vamos a pasar muy bien juntos. –Le echó un brazo por el hombro. –Y no solo en las misiones... Hay una nenitas sangre limpia que están para mojar pan. –Se relamía con sus palabras.
Llegaron a la puerta principal. Bellatrix continuaba callada pero el blanco de sus nudillos indicaba que podría matar a alguien en ese momento.
–¡Hasta la próxima! -Se despidió Evan. –Bella, no tortures mucho a Rodolphus. Bastante tiene con lo suyo. –Continuó riéndose mientras cerrada la puerta.
Caminaron colina abajo hasta el lugar que debían aparecerse. Mientras, Bella iba murmurando una multitud de cosas. Todas dedicadas a su marido.
–No seas muy duro con él. Cualquiera podría dormirse. –Se aguantó la risa.
Bellatrix se paró en seco y se giró hacia él.
–¿Acaso no ves como me ha humillado? ¡Es la mayor vergüenza que he pasado en toda mi vida! –Gritaba. Estaba ida. –¿Cómo ha podido hacerme esto? Se suponía que Rodolphus tenia que ayudarme en esto… ¡Le odio!
No sabia como calmarla. Sobretodo cuando él, no era el motivo de su furia. En el colegio o cuando convivían en Grimmauld Place, hubiera bastado con rebatirle sus argumentos y con un duelo de varitas. Pero ahora no podía. Ahora debía apoyarla.
–Tienes razón. –Sentenció.
Bellatrix se quedó callada de golpe.
–¿Si? –Preguntó con duda. Sus ojos estaban vidriosos. Eran lágrimas.
Bellatrix nunca lloraba.
–Sí. Es injustificable lo ha que ha hecho. Humillándote a ti, también lo ha hecho conmigo y con nuestra familia. –Se lo estaba hasta tomando en serio. –Me produce rabia que te este tratando así. Pero créeme… Se lo haremos pagar. –Sonrió.
Ahora los ojos de Bellatrix no brillaban por las lagrimas, sino por la felicidad que florecía en su cara. Su sonrisa era la más grande que jamás había visto. Además, le producía cierta satisfacción saber que él había sido el causante de esta.
–¡Le torturaremos! –Gritaba feliz. –Los dos juntos. –Le tomó de la mano.
Observó esas dos manos entrelazadas y por primera vez, no le pareció tan mala idea utilizar una maldición imperdonable.
Cruciatus.
En esos momentos le parecía la palabras más bonita del mundo.
