Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 8 – Distracciones.

No pudieron utilizar el cruciatus sobre Rodolphus, no porque no quisieran sino porque el mortifago en cuestión había recibido una misión en solitario. Voldemort le daba la oportunidad para resarcirse después del fracaso de la última. Rosier se había convertido en una especie de secretaria del Lord, por lo que posteriormente les confirmó que Lestrange había sido enviado en la búsqueda de algo y que tardaría meses en volver. Al final ese ser semejante a una serpiente le iba a caer bien, si hasta le había ayudado a quitarse a ese pelma de encima. Pero esa situación vivida como una oportunidad para él, supuso que la furia de Bellatrix se incrementase al no poder darle una buena tortura a su marido. Tuvo que calmarla llevándola a uno de los puentes de Londres para que tirase piedras sobre los muggles. Aquello sirvió para que no pensara más en Lestrange y se desahogase, pero el problema vino después, cuando ya solo hablaba de su futura misión.

Sobre la misión no sabían absolutamente nada. Tras varias semanas creyó que Voldemort se había olvidado de ellos, por lo que utilizó ese tiempo para mensajearse con James. Fácil no fue, su prima no le dejaba en ningún momento. No lo iba a negar, le gustaba su compañía y sin Rodolphus en el horizonte, las cosas estaban resultando muy sencillas entre ambos. Pero necesitaba estar a solas. Fue Narcisa la que le permitió librarse de Bellatrix cuando una tarde la rubia se plantó en casa de su hermana. Al parecer los Malfoy crecían, y un nuevo heredero estaba a la vuelta de la esquina. Le daba dentera solo de pensar lo que podía salir de ahí.

James no le contestó, tampoco quería que lo hiciera, sería peligroso, pero si que echaba de menos tener contacto con sus amigos. ¿Quién se lo iba a decir? Pero había acabado compartiendo "piso" con la loca y desquiciada de su prima, y le encantaba. Cuando vivió con James se lo pasaba bien, pero con Bellatrix era diferente. No tenia falta de salir de fiesta como hacia con James, simplemente le bastaba con verla. Como ahora que se había despojado de todas esas ropas que la hacían verse como una malvada bruja y leía tranquilamente apoyada en el posabrazos de un sillón junto a la chimenea. Si no fuera porque el libro que tenia entre sus manos se titulaba "Mil maneras de torturar sin manchar", diría que Bellatrix era un ser puro sin maldad. Otra cosa que había descubierto de su prima, era verla recién levantada. Habían superado la fase en la que les daba igual verse con ojeras y despeinados, desayunaban en pijama o a medio vestir. Él estaba horrible, pero ella era aún más impresionante. Se reafirmaba cada día que, aunque esas ropas resaltasen su atributos femeninos y le dieran un porte de alta clase, estaba más hermosa al natural. También pudo comprobar que Bellatrix no solamente pensaba en Voldemort y en la pureza de sangre, cierto que ocupaba el noventa por ciento de sus conversaciones, pero tenía otras inquietudes. Estaba ansiosa por aprender, había sido una estudiante ejemplar en Hogwarts, y eso se había trasladado a su vida adulta. Además de la magia oscura, le interesaba la historia, el arte, la música… Muchos comentarios que le había hecho en las pasadas semanas distaban de los de una mortifaga sedienta de sangre. Era bohemia y soñadora. Solo necesitaba ver que no tenia que guardarle pleitesía a nadie.

En esas estaba. Repasando todas las cualidades de su prima, cuando el fuego de la chimenea se tornó de un color verdoso. Las llamas escupieron un trozo de pergamino.

–Es nuestra misión. –Tragó saliva con dificultad cuando leyó el contenido.

–¡Por fin! –Bellatrix se levantó con velocidad y comenzó a saltar feliz por la habitación. –¿¡Qué es lo que tenemos que hacer?! ¿Matar? ¿Torturar? ¿Secuestrar? –Daba hasta palmaditas de emoción.

Continuó leyendo y suspiró aliviado. No trataba de nada de aquello.

–Tenemos que vigilar a unos aurores… –Le dio miedo terminar la frase. Eso era muy simple según los parámetros de su prima.

La cara de Bellatrix era de completa incredulidad. Paró de realizar sus saltos de felicidad y se acercó a él.

–¿Qué dices? –Le arrebató el pergamino. –¿Por qué el Señor Oscuro nos daría una misión así? –Comenzó a leer. –No me jodas…

Hasta él mismo se estaba ofendiendo de que les hubieran dado una misión así. Esta seria para alguien como Peter, si este fuera un mortifago, una cosa sencilla. Iba a protestar cuando se dio cuenta de que tenia que estar completamente agradecido. Primero, no iba a tener que matar a nadie y segundo, esa decepción de su prima era lo que necesitaba. Además, podría mandar un anónimo al Ministerio para que esos aurores se anduvieran con cuidado.

Bellatrix continuaba con la mirada fija en el pergamino. Le dio la vuelta, lo giró, era como si tratase de ver algún tipo de mensaje secreto. Pero no, eso es lo que había. Su prima cerró los ojos con fuerza y tomó un gran bocanada de aire.

–Nos esta probando. –Determinó. –El Señor Oscuro quiere ver si no nos distraemos como Rodolphus. –Asintió y sonrió. –¡Que listo es mi amo! –Volvió a sonreír feliz. –Tenemos que vigilar muy bien a esos dos. Descubriremos hasta la marca de su té favorito.

Si es que de lo mala que era, era hasta buena. Le causaba cierta ternura verla tan ilusa.

–¡Haremos la mejor vigilancia del mundo! –Interpretó lo mejor que pudo su papel. –El Señor Oscuro va a quedar encantado con nosotros.

Bellatrix tiró el pergamino al fuego para que este se quemase. No podían dejar pruebas.

–Tenemos que vestirnos, coger provisiones… –No paraba de moverse mientras iba enumerando. –Agrandaré un bolso o puede que dos… –Se mordió un dedo pensativa y sacudió la cabeza. –No importa. ¡No sabes lo feliz que estoy! –Le abrazó, pero apenas le dejó amoldarse a su cuerpo porque se separó rápidamente. –Ve a prepararte. Nuestra misión comienza... ¡Ahora!


Los aurores a los que debían de vigilar eran unos de primera plana. Los conocía, alguna que otra vez se habían encontrado cuando perseguían algún mortifago. Había trabajado con ellos y eso fue precisamente lo que le dio miedo. Esos dos estaban en contacto con la Orden, y por lo que sabia, Voldemort estaba al tanto de la existencia de esta. Esperaba no tener que dar parte de sus compañeros al mismo Lord. Los aurores hicieron su ronda, la conocía. Solían estar en los alrededores del Ministerio, de ahí iban al Parlamento muggle, después paraban a tomar un café en una cafetería de magos, aunque por el día servia a los muggles. Finalmente se adentraban en el Callejón Diagón. Su ronda terminaba cuando se separaban para ir a sus casas. Para suerte de los mortifagos y desgracia de esos hombres, vivían a solo por de casas de distancia. Bellatrix sonrió contenta al ver que la calle no permitía que pudieran escaparse por ningún sitio sin ser vistos. Intentó convencerla que con aquella información tendría más que suficiente. Pero su prima insistía en que no. Que sospechaba que había algo más. Por eso, en esos momentos se encontraban escondidos detrás unos arbustos a una distancia considerable de las casas, pero desde donde tenían una visión perfecta de estas.

La noches de Septiembre era muy frias y se estaba congelando. No podían encender ningún fuego si no llamarían la atención. Mucho prepararse pero habían olvidado las cosas más importante para sobrevivir. Menos mal que había colado unas chocolatinas.

–¿Cómo puedes tener hambre en un momento como este? –Preguntó Bellatrix molesta mientras no despegaba su vista de las casas.

–Yo siempre tengo hambre. –Se encogió de hombros y se llevó un trozo a la boca. –¿Quieres? – Preguntó pasándole un trozo, el cual Bellatrix negó y le apartó la mano de mala gana. –Deberías de comer más. Eres todo hueso. Recuerdo que en Hogwarts estabas de las primeras en la lista de mejores culos. Ahora apenas te queda. –Dijo sin pensar mientras se comía el resto de la chocolatina.

Cuando levantó la vista se encontró a Bellatrix mirándole con furia.

–¡¿Perdona?! –Le golpeó en el pecho. –¡¿Teníais un lista?! Que guarros sois los hombres. –Negó y volvió a mirar a las casas. –Tratáis a las mujeres como trozos de carne… Además, no he perdido mi culo, simplemente me he puesto en forma.

Ni siquiera sabia porque lo hizo. Al verla ponerse a cuatro patas para mirar entre los arbustos no pudo evitar fijarse. Y no es que tuviera un culo feo, era bien bonito, pero había cambiado del que tenia cuando era una adolescente. Imitó la postura de su prima y se acercó a ella. Tenian que llevarse bien.

–Si te sirve de consuelo, yo siempre le ponía al tuyo la nota más alta. –Susurró en su oreja.

Observó como la comisura de la boca de Bellatrix se ensanchaba. La había hecho sonreír. Finalmente su prima giró la cabeza hacia él. Estaba esperando algún comentario burlándose, pero esta se quedó callada. Abrió varias veces la boca pero no dijo nada. Estuvieron varias minutos en silencio mirándose, la cercanía era peligrosa. El mismo peligro que podría hacer que le metiera un cruciatus entre ceja y ceja. El tampoco podía hablar, estaba demasiado embriagado por la fragancia que Bellatrix desprendía, era hipnotizador. Lo único que deseaba era hundir la cara en su cuello, donde su mente le decía que podría emborracharse aún más del perfume…

Un ruido hizo que Bellatrix volvería retomar su posición inicial y fijara su vista hacia el barrio. Decepcionado, mantuvo la misma postura y siguió la mirada de la mujer. Había movimientos en las casas. La puerta de ambas se había abierto de par en par. Aquello era muy extraño ¿Por qué dos aurores harian eso en medio de la noche? Enseguida sus dudas fueron resueltas cuando vio aparecerse a Moody…

–Parece que tienen compañía… –Bellatrix apretaba la varita. –El Señor Oscuro estará pletórico con esta información.

La oscuridad no lo permitía, pero su cara de terror era considerable. Si Moody estaba ahí, quería decir que más miembros de la Orden estarían por llegar y tal como predijo, los hermanos Prewett fueron los siguientes. La alarma volvió a sonar en su cabeza, James y Remus siempre realizaban las rondas con ellos.

–Un momento… Esos no son… –Obvio que Bellatrix los reconocería.

Tenia que pensar rápido no quería que viera a sus amigos. Tenia que distraerla. La tomó del brazo haciendo que se girase de forma brusca hacia él. La cara de ira de Bellatrix hubiera hecho que hasta el mismo Voldemort se orinase en sus pantalones, pero lo peor, es que iba dirigida a él. No le importaba, tenia que evitar que descubriese a más miembros, por eso… La besó.

La mantenía fuertemente agarrada de los brazos. Aprovechó la sorpresa en Bellatrix para profundizar el beso y así la Orden tuviera tiempo de irse. Su prima se quedó paralizada, pero no le apartó y antes de que se diera cuenta, era ella la que le colaba la lengua en su boca. Ahora el que estaba en shock era él. Bellatrix correspondía a sus besos de una manera más que ferviente, y él…A él se le estaban escapando pequeños gemidos. Porque, aunque pensara que estaba paralizado, para nada era el caso. No sabía, ni quería saber como, pero había tumbado a su prima y se había puesto sobre ella. Esta le rodeaba la cintura con las piernas provocando que su vestido dejara sus muslos al descubiertos. Y otra vez sin darse cuenta su mano se coló entre las telas que escodian el resto de la piel. La fricción entre sus cuerpos estaba haciendo que perdiese la poca cordura que creía tener.

–Lo que me faltaba esta noche ya por ver.

Una voz hizo que se separasen. La confusión que le había provocado los momentos previos, apenas le dejaron ser consciente de lo que estaba sucediendo. Alzó la vista, pero una destellante luz hizo que cerrase los ojos.

–Encontrarme con adolescentes es lo normal, pero ¿Con adultos?

Cuando se acostumbró a la luz. Comprobó quien era la persona. Se trataba de un policía muggle que les apuntaba con una linterna. Se incorporó rápidamente y Bellatrix hizo los mismo.

–Iros de aquí si no queréis que os multe por desorden público y exhibicionismo.

Sirius tragó saliva. Todo en su cabeza daba vueltas.

–¿No me has oído? –Inquirió el policía. –Tu novia ya se ha ido.

Miró a su lado, y efectivamente Bellatrix ya no estaba. Asintió al hombre y comenzó a caminar dirección a ningún sitio. Seguia confundido.

–Vaya pintas. Ni que estuviéramos en Halloween… –Escuchó decir al policía.

Aquel comentario fue el que hizo que volviera al mundo real. Se giró brevemente, ignoró al muggle y con alivio, comprobó que las casas de los dos aurores estaban completamente cerradas y sin rastro de ningún miembro de la Orden. Continuó caminando. No había rastro de Bellatrix, suponía que se apareció en cuanto tuvo oportunidad. Se llevó una mano a la boca aún saboreando los labios de la mujer... Hizo un pequeño gesto de dolor al notar una pequeña herida. Le había mordido.

Una sonrisa bobalicona apareció en su cara.

No le importaría volver a repetir.