Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.

Capítulo 18: Percy XVIII

"No hay mayor tortura que ver como tu amor, tu razón de vivir, respirar, existir, se hunde en el olvido. Tu corazón se detiene ya que sin importar como intentas alcanzarla, ella sólo se aleja cada vez más".

-Percy.

Percy miró a su compañera hundirse en el agua turbia. Él gritó su nombre una y otra vez, pero Annabeth nunca respondió o incluso reconoció que él estaba allí. Corrió hacia el agua, chapoteando y tratando de agarrarla. Cuanto más trataba de llegar a ella, más lejos parecía estar.

-¡Percy!

Oyó que llamaban su nombre, pero lo ignora. Todo lo que podia ver era su compañera. Se estaba ahogando y él no podía hacer nada para salvarla. De repente Percy sintió algo envolverse alrededor de su pierna y un potente tirón comenzó a halar de él hacia abajo. Estuvo bien con eso y no luchó contra ello. Si podía adentrarse en el agua podría llegar a Annabeth, estaba seguro de ello.

-¡PERCY! ¡Lucha contra ello! ¡Ella no se está ahogando! ¡PERCY!

Lo último que oyó Percy fue su nombre ser gritado una y otra vez, pero no pudo responder cuando su cabeza estuvo cubierta de agua, y él era halado aún más profundo. La oscuridad lo envolvió mientras continuaba tratando de llegar a su compañera. Se estiró y la buscó pero fue en vano.

De pronto, el agua se retiró y se encontró en una habitación oscura como una cueva. Se puso de pie y miró a su alrededor. Trató de quitar el agua de su ropa y piel, pero miró con sorpresa al ver que no se encontraba mojado.

-No es real, no es real- dijo una y otra vez, pero las imágenes de la muerte de Annabeth se vertieron en su mente. Vio cómo su cuerpo fue atacado por los lobos de la batalla entre ellos y Mona. Fue despedazada miembro a miembro y Percy no podía alcanzarla, sin importa lo rápido que corriera. Él cayó de rodillas y gritó en agonía.

Entonces ella se encontraba entera de pie delante de el. Alargó la mano hacia él.

-¿Por qué dejaste que me mataran, Percy? ¿Por qué no me salvaste? - le preguntó, con los ojos llenos de dolor.

-Lo intenté mi amor, lo intenté. -De la nada Percy miró a Mona apuntar sus manos a su compañera y vio a Annabeth caer de rodillas, gritando en agonía.

Ella lo llamó, rogándole que la rescatara.

-¡PERCY! ¡Por favor, te necesito! Ven por favor, por favor, por favor.

Sus gritos se volvieron más y más débiles mientras Mona continuaba torturándola. Percy intentó arrastrarse hacia ella. Se acercó a ella, viendo la sangre comenzar a fluir libremente por su nariz, ojos y oídos. Cerro los ojos, tratando de convencerse a si mismo una vez más que no era real, pero no importaba veces se lo dijera. Todo lo que podía oír eran los gritos de angustia de su compañera.

Las lágrimas corrían por su rostro mientras lloraba por ella.

-Estoy aquí, Annabeth. Estoy aquí, cariño.- Ella no reconoció sus palabras

La vio sangrar hasta la muerte, la observó mientras ella era aplastada una y otra vez por su enemigo, observó cómo ella fue tomada por Bryce Lawrence, violada y golpeada. Él gritó y gritó en vano. Las imágenes seguían llegando y continuaron rasgando su alma. El quería morir, quería que ella muriera de una vez por todas para que nunca sufriera de nuevo. Él sabia que iba a romperse antes que esto se hubiera acabado. No saldrá de este infierno como un hombre entero.

Su amor estaba siendo torturada y asesinada ante sus ojos y no podía salvarla.

Cerró los ojos y se hizo un ovillo, tratando de silenciar imágenes, pero los gritos de ella lo atravesaban.

En busca de cualquier signo de Annabeth, grito:

-¿Hola?

Oyó una risa aguda y retrocedió cuando una figura se materializó en la oscuridad.

-Hola, principito -le dijo Mona mientras lo rodeaba.

-No eres real-gruño Percy. Se apresuró hacia ella, sólo para atravesarla.

Ella se echó a reír de nuevo.

-Tienes razón. Ésta es simplemente una proyección de mi misma. Decidí que quiero explicarte donde te encuentras para que puedas apreciar mi ingenioso plan. Ustedes lobos engreídos creyeron que tenían una oportunidad contra mí.

-¿Dónde está mi compañera?-le gruñó.

-Oh, no retuerzas tu cola. Tu compañera está bien. No me preocupo por ella; no es una amenaza para mí. Tú, sin embargo, tú y los otros machos son definitivamente una amenaza. Sabía que el camino más seguro para atraparte era amenazar a tu pareja. Cuán predecible eres. Realmente deberías trabajar en eso, después de todo, la variedad es la sal de la vida.

-¿Qué es este lugar?-escupe hacia ella.

-Estoy tan contenta de que preguntaras. Este es el Limbo.-Observó el rostro pálido de Percy.- Ah, así que tu padre te ha estado informando. Excelente. Entonces no voy a tener que pasar mucho tiempo en esto. Por lo tanto, todo lo que debes hacer es pensar en tu miedo más grande y obtendrás el intenso placer de verlo otra y otra vez. No trates de no pensar en ello, porque ahora que lo he dicho, tu pequeño cerebro del tamaño de un guisante pondrá automáticamente las imágenes bailando a través de esa cabecita tuya.-Ella vio como el rostro de Percy lentamente comenzó a transformarse en uno de pánico.

-Mi trabajo aquí ha terminado. Tengo otras vidas que arruinar. ¡Adiós!

Y antes de que Percy pudiera parpadear ella se había ido.

Percy puso las manos sobre sus ojos y trató de alejar las imágenes.

Poseidón miraba el estanque en el que su único hijo había desaparecido.

De pronto, el agua comenzó a burbujear y Annabeth emergió tosiendo y escupiendo. Poseidon comenzó a ir tras ella, pero fue detenido por Rachel.

-Déjame, Alfa-le dijo mientras entraba en el agua.

Rachel alcanzó a Annie y pasó un brazo alrededor de ella y bajo sus brazos mientras la empujaba de espaldas hacia la orilla.

Cuando llegó a la orilla. Poseidón y Will le ayudaron a levantarla. Silena corrió a su lado y se arrodillo, comprobándola para ver si respiraba y si su corazón latía

Silena dejó escapar un profundo suspiro.

-Vive-dijo mientras el alivio se derramaba sobre ella.

Sally se arrodilló al lado de su nuera y sostuvo su fría mano húmeda

-Alfa, ¿dónde está mi hijo?-preguntó ella sin emoción

Los ojos de Poseidón aún no habían dejado el estanque. Esperó y espero a ver si Percy resurgía, pero en el fondo sabía que no lo haría, Sabia que no estaba muerto porque habría sentido la pérdida en el vínculo de la manada, pero también sabía que algo terrible le sucedía a su hijo. Podía sentir el tormento verterse a través de su vínculo y no había nada que pudiera hacer. Tendría que esperar hasta que Annie se despertara para ver si podía llegar a él a través del vínculo de compañeros.

Algo le decía a Poseidón que ella no sería capaz, y sabía que eso iba a aterrorizarla.

Al mirar hacia abajo, vio los ojos de su compañera y sostuvo su mirada.

-Él se ha ido, pero vive. Vamos a traerlo de vuelta. Por ahora tenemos que atender a Annie y averiguar nuestro próximo paso.-Poseidón se inclinó y recogió a su hija, porque eso era en lo que se había convertido para él, una hija, un miembro de la manada, la amada de su hijo. No debía morir, porque si moría también lo haría Percy, y ninguna de esas muertes era aceptable para Poseidón.

El la llevó y los demás lo siguieron solemnemente a su campamento. Todos ellos en estado de alerta mientras caminaban de regreso a través del bosque en la fría oscuridad. El fuego de su campamento ardía aún más adelante como si nada malo hubiera tocado su grupo esta noche.

Poseidón colocó a Annie sobre un camastro que Sally dispuso para ella.

Will, después de comprobar que Rachel se encontraba bien, montó guardia en el borde del campamento mientras los demás se sentaban alrededor del fuego.

-¿Qué crees que le pasó?-le preguntó Sally a su compañero.

-Creo que Mona ha influido en los duendes mucho más rápido y más efectivamente de lo que hubiera creído posible. Son una raza tan meticulosa. Pero tengo la sensación de que era su hechizo sobre el estanque, y por cualquier razón éste llamó a Annie. Mona sabía que Percy iría tras Annie, así que si su intención desde el principio era atrapar a Percy, entonces todo lo que tenia que hacer era llegar a su compañera. Lo mismo será verdad con las otras parejas acopladas.

-Tenemos que hacerles saber-habló Silena. Charles se encontraba detrás de ella, con la mano en su hombro en silencioso apoyo.

Poseidón asintió. Sacó su teléfono y llamó a Will.

-Will, necesito un poco de ayuda con mi teléfono. Te pediría que buscaras a Hera, pero tengo la sensación de que no vas a dejar a tu compañera.

Will sonrió.

-Podrías estar en lo cierto, Alfa. Rachel no dejará mi vista.

Él extendió la mano y tocó el teléfono de Poseidón, dándole una carga.

Poseidon marcó el número de Decibel y espero.

-¿Cómo crees que les está yendo? - preguntó Thalia a su compañero mientras yacía en sus brazos.

Luke gruño.

-Creo que tienes que estar preocupándote por lo que está sucediendo en tu propia cama, compañera, y no en la de otra persona.

Thalia se río,

-Ciertamente tienes una habilidad con las palabras.

Luke le dio la vuelta hasta que cubrió el cuerpo de ella con el suyo. La besó suavemente y luego colocó besos en sus ojos, nariz, sus mejillas, por debajo de su mandíbula y su cuello. Él se rio entre dientes mientras ella gemía, complacido por su respuesta.

-¿Crees que todo está bien con Poseidón y los otros? -preguntó a través de un jadeo cuando él mordió suavemente sobre la marca que había dejado en ella desde sus Ritos de Sangre.

-¿Por qué insistes en traer a otros en nuestra cama, Thalia? Debo estar haciendo esto mal si lo único que puedes hacer es pensar en los demás.

Luego, mientras seguía besándola y amándola, él la rodeó. Cada pensamiento de ella se centro sólo en él y decidió muy rápidamente que lo estaba haciendo todo muy bien.

Thalia abrió los ojos lentamente y se dio cuenta de inmediato que no se encontraba realmente despierta. Se encontraba en un mundo de ensueños, que se veía igual que el lugar donde Hera la había encontrado cuando murió.

-Esto no puede ser bueno- dijo en el espacio brillante y vacío. Se dio la vuelta en un círculo, pensando que tal vez Hera aparecería de nuevo, pero no hubo suerte. Era sólo ella y el espacio brillante a su alrededor.

Comenzó a caminar, sin saber a dónde iba, a cualquier lugar. Por lo que sabía caminaba en el mismo lugar ya que el paisaje no cambiaba. Poco a poco se dio cuenta que la luz se iba atenuando a su alrededor.

Temblando, sintió que el aire se torna frio. Miró hacia abajo y se dio cuenta que todo lo que tenía puesto eran los pantalones cortos y la camiseta en la que se había ido a la cama. Luke era como su propio calentador de espacio personal en su cama, demasiada ropa y ella sudaría toda la noche.

Cuando toda la luz se fue y ella quedo de pie en la negrura, una franja de luz de repente atravesó la oscuridad y se hizo más grande. Se dio cuenta que era una puerta abriéndose y se quedó allí de pie, debatiendo la sensatez de pasar por esa puerta. Después de unos momentos de deliberación, decidió que realmente no había otra opción a menos que despertara. Se pellizcó por si acaso, sólo para ver si podía sacarse de este sueño extraño.

Thalia se dirigió lentamente hacia la puerta abierta, todo el tiempo tratando de calmar su acelerado corazón. No quería tener miedo. Ya había muerto una vez, seguramente una segunda vez no seria tan malo. Al cruzar el umbral de la puerta, sus ojos se abrieron a lo que se hallaba frente a ella.

Era una habitación grande, con escaleras que conducen hacia abajo desde la puerta de entrada a una plataforma. En esta plataforma había tres seres... realmente no sabia de que otra manera podía llamarlos. Definitivamente no eran humanos y en realidad no tenían cuerpos físicos, pero están muy vivos.

Parecían brillar y vibrar mientras sus formas cambiaban constantemente

Por lo que ella podía ver, guardaban la forma de humanos sin rasgos y cambiaban a animales de aspecto extraño, y luego pasaban a otra cosa. Sintió un tirón que no pudo ignorar y que la llevó por las escaleras. Casi en trance, mientras caminaba lentamente, paso a paso. Su mente gritó una advertencia, pero ninguna vez de decirle a sus piernas que se detuvieran hacia ningún bien. Así que se dejó llevar y se acercó ante los tres seres.

Una vez que estuvo a escasos metros de los tres seres se detuvo bruscamente, como si hubiera chocado contra un muro. Y cuando oyó las voces en su mente sintió la sangre volverse fría por todo su cuerpo.

-Thalia Grace, hija de Júpiter y Beryl Grace, antigua residente de Coldspring, Texas, compañera de Lucas Castellan, antiguo Beta de la manada Rumana, ahora Alfa de la manada Serbia. Somos las Parcas y te hemos llamado aquí ante nosotros para saldar tu deuda.

-Sabía que no debería haber pasado por esa puerta-murmurar en voz baja.

- Tu vida debió finalizar a los 18 años de edad. Tu tiempo en la tierra estaba acabado.

-¿Me estás tomando el pelo? -interrumpió Thalia.-Mi vida apenas había… ha comenzado. ¿Cómo pueden decir que a los 18 mi tiempo se ha terminado? No he hecho nada. ¿No se tiene que haber hecho algo con el fin de terminar?

-¡SILENCIO!-Las Voces resonaron cabeza.

-Un simple "cállate" habría sido suficiente-se quejó.

-Hera de las Fae interrumpió tu ciclo de vida. Ella tomo tu muerte de nosotros. El precio por eso es una vida. Lo que siempre ha sido... una vida por una vida. Debido a que tu muerte no fue tomada, entonces la de otro debe serlo.

-¿Es que ustedes tres siempre hablan de si mismas en tercera persona? Porque si van a ser espeluznantes, se han superado con creces sin añadir esa extraña peculiaridad.- Thalia no pudo evitar el sarcasmo que se filtró por su boca.

Una vez más, pensó, mis nervios han apagado la válvula que filtra las declaraciones sabias de las declaraciones de "vas a ser golpeada"

-La vida no puede ser de cualquiera. Tiene que pertenecer a alguien por quien tu alma clame. El precio es muy bueno para la elección que hiciste y nuestra decisión está tomada, la vida ha sido elegida, y será tomada a partir de ahora.

Thalia sintió como si el aire hubiera sido sacado de sus pulmones. Alguien por quien tu alma clame. Sólo había uno que clasificara para eso y ese era su compañero.

-¡NO!-grito- No lo van a tomar... ¡pueden tenerme a mí! Voy a aceptar mi destino. Pero no tomen la vida de él por la mía.

-No nos has entendido, Thalia, compañera de Lucas. Tu destino fue cambiado desde el momento en que Hera te arrebato de nosotros. Tu elección tuvo consecuencias y tienes que enfrentarlas.

-Pero lo amo. Él no debe sufrir a causa de mi elección- dijo Thalia con firmeza.

-Quien va a cumplir con esta deuda no es un hombre, ni ha comenzado la vida. Tu descendencia ha sido elegida como el precio. En nueve meses, se pagará la deuda.

Thalia sintió que sus piernas se desmoronaron bajo ella mientras caía al suelo.

Incluso en su sueño, sintió el dolor irradiar a través de ella. Trató de aspirar el aire, pero sus pulmones no funcionaron. Su cuerpo comenzó a temblar y se sintió caer en un agujero negro. La oscuridad la envolvió como una manta. Su cerebro no quería creer lo que le habían dicho, su corazón ya se estaba rompiendo por la vida que no había tenido, aunque hasta hace unos momentos, supiera que existía.

Su descendencia, habían dicho. Luke y ella habían creado una vida. Ella se permitió sentir la alegría de esa revelación de forma breve pero la apartó igual de rápido. ¿Cómo iba a decirle a Luke, el padre de su bebé, que había asesinado a su bebé? No un hombre, habían dicho las Parcas. Una hija, ella había matado a su hija. ¿Cómo podría perdonarla por eso? ¿Y cómo iba a vivir después de perder lo que habían creado con amor?

Sintió las lágrimas correr por sus mejillas y su cuerpo siendo agitado por alguien. Una voz familiar atravesó la oscuridad, una voz que no estaba lista para escuchar.

-¡Thalia! Despierta, cariño. Por favor, despierta. -La voz de Luke era profunda y llena de preocupación.

Sus ojos se abrieron a regañadientes y vio su rostro fuertemente trazado a través de sus lágrimas. La tomó en su regazo y la abrazó mientras ella seguía llorando y agitándose. No se sentía lista para hablar, sólo necesitaba que la sostuviera. Tenia que tener esta oportunidad con el hombre que amaba con cada fibra de su ser. Porque una vez que se enterara de que estaba embarazada y que su hija estaba destinada a morir debido a ella, él nunca querría sostenerla de nuevo.

Después de un tiempo, Thalia finalmente comenzó a calmarse, eso o se había quedado sin lágrimas. El se echó hacia atrás para poder mirar su rostro. Thalia no se permitía pensar en lo que había aprendido en su sueño. Lo enterraría profundamente debajo de una mentira.

-Nena, ¿tuviste una pesadilla? ¿Estás bien?- le preguntó suavemente mientras le limpiaba las lágrimas.

Thalia asintió.

-Fue una pesadilla. Yo... yo sólo estaba soñando con el peor resultado posible para todo esto. Estoy preocupada por Annie y cómo no hemos sabido nada de ellos, estoy preocupada por Piper y Jason, y estoy preocupada por Grover y Enebro. Supongo que todo me alcanzó y simplemente fue demasiado, ¿sabes?- No podía creer la facilidad con que ella le contó la mentira, pero sabia que en ese momento ella no seria capaz de manejar su disgusto si le decía la verdad-. Estoy bien ahora.-Ella trató de apartarse de él, pero él no quiso ceder.

-Thalia, estabas temblando y llorando. En un momento dijiste: "El nunca me perdonará". ¿De quién estabas hablando? ¿Quién no te va a perdonar?

Thalia cerró los ojos, apartando su mente de él, y sintió su aliento engancharse ante el dolor de ello.

-¿Por qué? -graznó.

-Sólo necesito un minuto, Lucas. Por favor, déjame reponerme. Fue un sueño muy realista.- Ella se retiró de él- Déjame ir a lavarme la cara y luego te voy a mostrar lo que soñé, ¿de acuerdo?-Trato de mantener su voz suave.

El asintió y la dejó alejarse de él y ponerse de pie. Entró al baño y cerró la puerta detrás de ella, luego se dio la vuelta en el lavabo y bloqueo la puerta.

Empujando la realidad a la parte posterior de su mente, pensó en algunos de los temores que tenia con respecto a los próximos días. Pensó en el plan que Mona había puesto en marcha, en el resultado posible para su manada, para su futuro.

Se echó agua en la cara y se recompuso.

Thalia no sabía con quién podría hablar de esto. Estaba tan avergonzada de que su hija iba a pagar el precio por su egoísmo. ¿Cómo le dices a tu pareja, a tus mejores amigas, a tu manada algo tan horrible? No, no tenia ni idea de lo que iba a hacer; no tenia idea de cómo iba a sobrevivir a esto. Pero si sabía que haría cualquier cosa que fuera necesaria para salvar la vida de su hija. Lo que fuera para ver lo que ella imaginaba como los ojos de color azul y claros cabellos gruesos en el rostro de su hija, ella lo haría.

Una vez que se recompuso completamente, abrió la puerta del baño para encontrar a Luke en el teléfono. El estómago se le cayó cuando vio la expresión de su cara. Se acercó a su lado, se sentó y espero.

Cuando él por fin terminó la llamada la miró. Le apartó algunos mechones de cabello de la cara y dejó escapar un largo suspiro.

-Percy está desaparecido -dijo en tono áspero,

Thalia inhaló bruscamente.

-¿Annie? -preguntó.

-Inconsciente. Fue atraída a un estanque con magia. Percy entró tras ella, nunca reapareció. Annie volvió a emerger después que Percy se hundió bajo el agua

-Él no está muerto si Annie todavía está viva-dijo ella. Con todo, ni siquiera sabía, no confiaba aún en la verdad de sus palabras.

-Eso es correcto-concordó Luke.

-¿Qué va a hacer, Poseidón?

-En este momento están a la espera de que Annie se despierte. Necesitan ver si puede ponerse en contacto con Percy a través del vínculo. Vamos a partir en su dirección mañana en la mañana

Thalia asintió.

-Bien, quiero estar con Annie y sé que Piper también una vez que ella se entere. ¿Deberíamos ir a decirles?

-No, vamos a dejar que ellos tengan su noche

Thalia estuvo de acuerdo con eso también, y no pudo evitar sentir un peso pesado en el estómago al saber que sus noches con Luke estaban contadas.

Inconscientemente se frotó el estómago.

-¿Tienes malestar estomacal? - le preguntó Luke.

Ella apartó la mano rápidamente con un pequeño jadeo.

-Oh, bueno, tal vez un poco.

-Recuéstate y descansa, nena. Tienes tiempo antes que nos vayamos.

Thalia hizo lo que le dijo y cerró los ojos. Su corazón estaba destrozado. No sabía cuánto tiempo más podría ocultar esto de él. Ella tenía más miedo de decirle a Luke su destino que de cualquier mal que se había enfrentado o alguna vez enfrentaría. La idea de ver el amor por ella desvanecerse y convertirse en odio era más de lo que podía soportar. Cayó en un sueño irregular e incluso cuando los fuertes brazos de Decibel la rodearon, la paz siguió eludiendo su alcance.

Mona miró a su cuenco de visiones y sonrió mientras veía al príncipe lobo aullar en agonía. Eso fue demasiado fácil, pensó. Ahora lo único que necesitaba era conseguir sacar a los otros hombres fuera del escenario, y basándose en la forma en que Percy reaccionó a su compañera estando en peligro, no sería demasiado difícil.

Faltaba sólo un día hasta que se encuentra con el Rey Hechicero. Un día quedaba hasta que lloviera su ira sobre un mundo indigno de ella. Se había sorprendido de lo bien que Atenea había estado aceptando todo. Esperaba que la humana enloqueciera y entra en un ataque de histeria, pero había mantenido totalmente la calma.

Ella en realidad podría ser una muy buena bruja, pensó. Y luego, con una sonrisa triste, dijo en voz alta:

-Nah.

Nah.

Mona cacarea una risa en la sala vacía.

Atenea se despertó con un suave llamado a la puerta de la habitación en la que había dormido. Se incorpora y se limpió el sueño de los ojos.

-Entra -dijo ella con una voz clara

La puerta se abrió y Damansen se quedó allí, imponente en la entrada.

-¿Cómo has dormido?- le preguntó con su voz profunda.

-Nada mal, teniendo en cuenta que he sido secuestrada por una bruja loca, estoy siendo retenida por un apuesto, aunque un poco aterrador, Rey hechicero y no tengo ni idea de cómo está mi hija. Así que, en definitiva, dormí decente.

Damansen se estremeció al oír el sarcasmo en sus palabras. No podía negar ninguna de sus acusaciones, pero no quería renunciar a ella tampoco.

- He hecho que una de las ayudantes aquí prepare el desayuno. Me gustaría que te unas a mí.

Atenea pasó las piernas sobre el lado de la cama, sin importarle que en lo único que estaba era en pantalones cortos y una camiseta sin mangas.

-Está bien, pero déjame lavarme y vestirme, por favor.

El hizo una reverencia formal y cerró la puerta tras de sí.

Atenea se dirigió al cuarto de baño y se miró en el espejo.

-¿En qué demonios te has metido a ti misma?

Suspiro. Iba a tener que preguntarle a Damansen si había un teléfono que pudiera usar. De alguna manera, la bruja malvada del oeste había frito el de ella, la perra astuta. Annabeth la habría castigado por eso, pero, francamente, la bruja era una perra. Y ahora ella estaba haciendo rimas. Si seguía así, podría darle a Dr. Seuss una buena competencia en locura.

Se lavó la cara y se peinó el cabello, luego siguió adelante y se cepillo los dientes a pesar de que estaría comiendo. ¿A quién le gusta andar por ahí con aliento matutino?

Una vez que se hubo cambiado de ropa una vez más se puso de pie delante del espejo. Llevaba unos vaqueros, una camiseta ajustada de manga larga y sus zapatos para correr New Balance, no es que iba a alguna carrera. Pero viendo cómo había transcurrido el último par de días, supuso que podría adoptar el deporte de correr sólo para estar lejos de las cosas que seguían surgiendo de golpe.

-Es lo mejor que puedes conseguir, pequeña -dijo a la imagen en el espejo.- Es hora de enfrentar al público, o en este caso, al alto y apuesto Rey Hechicero.- Ella hizo una pausa- Tengo que dejar de llamarlo así.

Una vez que Atenea bajo las escaleras siguió a su nariz. Olía a tocino y su estómago gruño. Mentalmente le dijo a su estómago que tomara un calmante, porque ella iba a tratar de ponerse en contacto con su hija antes de hacer cualquier otra cosa.

Cuando dobló la esquina y se encontró la cocina, se detuvo abruptamente.

Damansen estaba de pie delante de una gran ventana. La luz de la mañana entraba por ella, halagando su alta figura, y su cabello negro oscuro relucía y brillaba. Él realmente era impresionante. Rápidamente cerró su boca cuando él se volvió para mirarla.

-Buenos días, Atenea -le dijo con un peculiar temblor de sus labios que le decía que la había pillado babeando por el

Atenea decidió que la mejor defensa era un buen ataque.

-Tengo que usar el teléfono -le dijo ella, sin reconocer su sonrisa. Sus ojos parecen bailar con humor. Él sabía el efecto que estaba teniendo sobre ella y eso era algo frustrante,- Tengo que ver si mi hija está bien. Si me permites esto te prometo cooperar.

Damansen dejó escapar una carcajada.

-Puedo preguntar, ¿cómo se vería tu idea de no cooperar, pequeña?

Lilly ignoró la estacada a su corazón que el cariño que uso en sus palabras parecía causar.

-Digamos que no es bonito.- Ella le dio su mejor mirada fulminante.

Por lo general, funcionaba en sus empleados... no tanto en un Rey hechicero.

Damansen sacó un teléfono celular de su bolsillo y se lo tendió,

Ella levantó una ceja.

-¿Tienes un teléfono celular? - preguntó ella con incredulidad.

Él se rio entre dientes.

- Incluso los Reyes Hechiceros tienen que mantenerse al día con los tiempos -le dijo con un guiño.

Atenea tomó el teléfono de él y marcó el número de teléfono de Annabeth.

Cuando no hubo respuesta, se dijo a si misma que no entrara en pánico y llamó a Poseidón. Hace mucho tiempo se había asegurado de memorizar los números de celular de Poseidón, Sally, y Percy.

En el cuarto timbrazo fue que contestó la llamada

-Poseidón -su voz se escuchó fuerte y claro.

-Poseidón, es Atenea Chase.

Poseidon guardó silencio durante un minuto.

-Atenea, no reconozco este número, pero sé que no es un número de Estados Unidos. ¿Dónde estás?

Atenea había decidido que si Annabeth estaba bien, ella no iba a hacerles saber en ese momento en lo que ella se había metido.

-¿Annie está bien?-preguntó ella, evadiendo su pregunta.

Una vez más se quedó en silencio. Condenado hombre, sabe cómo hacer que alguien se retuerza, se dijo a sí misma.

- Annie está bien.

Atenea se dio cuenta que había algo apagado en su voz, algo que él no quería decirle.

-¿Estás seguro, Poseidón? ¿Está a salvo?-preguntó ella, cuidando de no provocarlo.

-Estoy seguro. Mi verdadera preocupación es, ¿tú estás a salvo?

Atenea prácticamente podía ver a Poseidón tratando de usar su mojo Alfa en ella. Gracias a Dios, ella era humana.

-Estoy muy bien, pero me tengo que ir. Voy a llamar para verificar a Annie de nuevo, ¿de acuerdo?

-De acuerdo, Atenea. Por favor, sabes que si nos necesitas, estamos aquí para ti. Por favor llama si te encuentras atrapada en cualquier tipo de problema.

Atenea no se perdió el juego de palabras. Ella no quería hacer que se involucraran si no tenían que hacerlo. Ahora bien, ella no estaba segura de lo que la bruja Mona tenía bajo la manga, pero Atenea no era estúpida. Si ella había traído, a la madre de una hembra apareada, todo el camino a Rumania, entonces los lobos estaban definitivamente involucrados. Ella sólo tenía que averiguar cómo encajan en el rompecabezas.

-Te he oído alto y claro, Poseidón. No puedo hablar ahora, pero voy a llamar de nuevo.

Antes de que él pudiera decir nada más ella puso fin a la llamada.

-¿Todo bien?- preguntó Damansen, mucho más cerca, detrás de ella, de lo que había estado cuando empezó la llamada.

Se dio la vuelta para encontrar a menos de un pie de distancia de ella. Se quedó sin aliento y se encontró ahogándose en sus hermosos y cálidos ojos amarillos.

Atenea cerró los ojos y se sacudió, tratando de aclarar su cabeza.

-Sí, Annie está bien- dijo en voz alta y luego pensó: Esa es una cosa menos en mi mente. Ahora sólo tengo que comer y luego averiguar por qué estás empeñado en retenerme.

Damansen siguió mirándola a los ojos. Sentía como si él estuviera mirando en su alma y tenía miedo de que el fuera capaz de ver cómo le afectaba. Vamos, Atenea, se dijo, ¿quién se enamora de alguien que la ha secuestrado?

Ella rompió el contacto visual y dejó escapar un suspiro que no se dio cuenta que había estado conteniendo.

-Así que huelo tocino -le dijo mientras bordeaba a su alrededor.

Los labios de Damansen se curvaron en una sonrisa torcida, como si supiera que ella estaba tratando de impedirle ver sus verdaderos sentimientos.

-Sí, hay tocino y una tortilla -le dijo.

- ¿Tú haces tortillas? -le preguntó, obviamente sorprendida.

Él se sentó en un taburete en la isla en el medio de la cocina

-Lo creas o no, tenemos internet y sabemos cómo usarlo-bromeó.

Atenea tomó el plato de comida que le había dejado en el mostrador para ella y se sonrojó.

-Correcto, internet. Sabia eso.-Ella tomó el taburete frente a él. Tomo un bocado y sonrió-Dios mío, Damansen, esto está bueno. Como realmente bueno.

Damansen hizo toda la cosa de la sonrisa torcida de nuevo.

- Internet, Lilly. Incluso se leer.

-Lo siento. No estoy tratando de dar a entender que no eres capaz de aprender cosas nuevas o, ya sabes, cualquier cosa -le dijo ella, otro sonrojo arrastrándose hasta su cuello.

Se sentaron en silencio mientras Atenea terminaba su desayuno. Le resultaba mucho más fácil comer ahora que sabía que Annie estaba a salvo. Ahora sólo tenía que llegar al fondo de lo que Damansen y la perra malvada estaban haciendo.

Se limpió la boca con la servilleta que le entregó.

-Gracias. Eso fue realmente bueno.

-Me alegro que te haya gustado. Me gusta alimentarte -le dijo con descarada honestidad.

Atenea decidió que ella iba a tener un rubor permanente en su cara mientras él siguiera diciendo cosas como esas.

-Entonces, ¿qué tal si volvemos a los negocios?-le dijo ella con audacia.

-¿Qué negocio seria ese?-le preguntó.

-¿Que están planeando Mona y tú? ¿Por qué ella me quiere aquí?

Damansen apartó la mirada de ella. Podía ver que estaba luchando contra algo en su interior. Quería decirle la verdad, pero a lo mejor no toda ella.

-Mi raza está muriendo-le dijo Damansen. Él todavía no la miraba- Las Fae se han retirado de este reino y se han llevado la magia con ellos, por lo tanto, aquellos de nosotros que estamos hechos principalmente de magia nos estamos tornando lentamente más débiles. Hay una cosa que todas las razas sobrenaturales tienen en común: los hombres son más fuertes con una compañera. Soy viejo, Atenea. Ni siquiera sé mi edad exacta, pero he visto más de mil años, y todo ese tiempo he estado sin una compañera. Mi raza, a diferencia de otras, puede tomar a una compañera que no sea de nuestra especie. Pocas veces tenemos contacto con los seres humanos, así que nunca antes he buscado una compañera humana. Entonces, te conocí.

Lilly tosió una carcajada.

-En realidad no me conociste, Damansen, tú me secuestraste.

-Un tecnicismo.

Esta vez Atenea rio sin trabas.

-Un tecnicismo... buena esa, como diría mi hija. De todos modos, ¿qué quiere Mona de ti que pasó por toda esa molestia para encontrarte una compañera?

Esta vez Damansen de hecho se alejó de ella.

Oh, oh, pensó. Debe ser malo si ni siquiera puede mirarme a la cara.

-Sé que no puedes entender la responsabilidad que tengo con mi gente.

-Pruébame-le disparó Lilly en respuesta.

Su cabeza giró rápidamente al chasquido en su voz. Sus ojos se encontraron con los de ella y sus labios se curvaron levemente ante el desafío que vio en sus ojos.

-Confían en mi para cuidar de ellos, para asegurarse de seguir adelante.

-Lo entiendo. Eres algo así como el Alfa de una manada de lobos –le dijo ella.

El gruñó.

-Ni siquiera cerca. Solo hay uno de mí. Hay muchas manadas y muchos Alfas para el cuidado de cada una. Yo soy el Rey de mi pueblo. No hay nadie más que comparta esta carga, no hay nadie más que se ocupe de ellos si me pasa algo.

-Mira, puedo no ser la reina de ninguna raza, pero soy una madre. Sé lo que se siente el ser responsable de otro.

Damansen se burló.

-Eres un simple humano. No puedes saber de la carga que hablo,

Atenea se puso de pie, empujando su taburete hacia atrás que casi se vino abajo. Damansen se movió más rápido de lo que había visto en su vida a alguien en movimiento y atrapó el taburete antes de que pudiera caer.

-¿Quién demonios eres tú para que decidas lo que yo entiendo? ¿Un simple humano? Por favor, soy una madre soltera. Me he ocupado de mierdas que ni siquiera puedes imaginar. ¿Alguna vez has tenido una hija pasando por la pubertad? ¿Eh? ¿La has tenido? - Lily estaba gritando, temblaba de ira, ¿Cómo demonios se atrevía él a decir que ella no podía entender su responsabilidad? Entonces la verdad la golpeó. -Espera, ¿estas tratando de justificar que estás ayudando a Mona diciendo que estás salvando a tu gente?- le preguntó con incredulidad, su voz cortando a través de él como un cuchillo.- ¿Entonces prefieres infectar tu corazón y a tu pueblo con la mancha del mal?

Atenea lo vio estremecerse. Ella había dado en el blanco. Antes que pudiera decir nada más, Damansen salió furioso de la cocina. Oyó un portazo y salto cuando las paredes temblaron.

-Bueno-dijo ella a la habitación vacía eso ha ido bien.