Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 19 – El verdadero objetivo del plan.

Volver no sería fácil. Desaparecer durante meses sin motivo aparente, no era algo que a Voldemort le gustase. Se mentalizó en que iba a sufrir o incluso morir, pero era merecedor de todo. Dolohov le advirtió, cuando le condujo al nuevo escondite del Señor Oscuro, que había muchos rumores y la desconfianza hacia su persona había aumentado con creces. Si debía de morir, que al menos lo hiciera traicionando a esos malnacidos. Esa convicción era la que le hacia caminar con firmeza hacia la mansión Goyle. Una pequeña casa, si las comparaba con el resto de súbditos, esperaba que el cambio a una guarida menor fuera un reflejo de la reducción de su poder en la guerra. Cuando puso un pie dentro de la construcción, algo le indicó que no saldría con vida. Todos los mortifagos, tanto los que había visto en acción como de los que tenía sospecha, estaban allí mirándole fijamente. En sus caras se reflejaba satisfacción y esas estúpidas sonrisas slytherins que tanto asco le daban. Rodolphus no solo osaba sonreír sino que levantaba su copa, como si brindará por su próxima muerte. Apretó la mandíbula, tenía que controlarse. Lestrange era el menor de sus preocupaciones, exactamente los tres Lestrange. Sacudió la cabeza, "ella ya no te importa". Los mortifagos le hicieron un pasillo y Dolohov le llevó hasta el salón. Le recordaba inevitablemente a la primera vez que se encontró con Voldemort. Como la vez anterior, este se sentaba junto a la chimenea, aunque esta vez sin fuego, el verano estaba a la vuelta de la esquina. Nagini fue la que primero alzó la cabeza con su presencia, y al sentir la marcha de Dolohov, murmuró algo a su amo.

–Sirius, mi mejor mortifago. –El hombre alzó la mano para indicarle que se acercarse. Le obedeció, no estaba en posición para hacer lo contrario. –Nagini pensaba que nos habías traicionado. –La serpiente le miraba con la misma intensidad con la que lo hacía el verdoso hombre. Sus aspecto era cada vez menos humano.

–Mi señor. –Se arrodilló ante sus pies y agachó la cabeza. –Traigo información. –No era tonto y si por si se le hubiera olvidado, Remus le introdujo recuerdos falsos para justificar su ausencia. No transmitir la información porque cuando pretendió continuar hablando, el mayor dolor que jamás había sentido le atravesó desde los pies hasta la cabeza. Todo el dolor pasado, eran una simples cosquillas al lado del actual. Ni si quiera fue consciente cuando se golpeó contra el suelo al tratar de mitigar aquel insoportable dolor. No solo sentía como su piel era arrancada, sino que hasta el alma se le despedazaba. Pensó que aquello era el fin, sino acababa muerto acabaría loco, pero cuando sintió otra invasión en su cuerpo, reaccionó. Voldemort estaba tratando de leer su mente. Hubiera sonreído, pero como el dolor no se lo permitía lo hizo internamente.

Una tortura de Voldemort era algo que esperaba así como que este trataría de saber por su propia mano que había estado haciendo. Agradecía a su difunto padre las sesiones de oclumancia, por lo que solo tuvo que dejar que Voldemort viese esos recuerdos distorsionados en donde mostraba como buscaba y torturaba a miembros de la Orden, incluso Remus se le había ido un poco la cabeza y le convirtió en el causante de que la Orden se disolviese.

–Interesante. –Voldemort terminó su sesión de legeremancia así como la de tortura. –Cuéntame todo.

Se levantó a duras penas, aunque más bien se arrastró hacia los pies del Lord. Era como funcionaban en aquella jerarquía, debía agradecerle incluso las torturas. Corroboró lo que el mismo Señor Oscuro había visto en su mente. No podía volver con las manos vacías, tenía que recuperar su lugar y atacarles desde dentro, por eso, introdujo un pequeño cambio en la historia que Remus había preparado.

–Los Lestrange estaban al tanto de todo. –Tenía ganas de venganza. –Amo, creí que le estaban informando mis planes. –Interpretó lo mejor que pudo su papel.

–Los Lestrange me están causando muchos problemas… –Ignoraba tal cosa. –Rodolphus es un inútil en las misiones, Rabastan sigue el mismo camino, y Bellatrix, su efusividad hacia la causa… Hacia mi, me hace desconfiar, por eso continua sin recibir la marca. –No supo por que, pero se sintió aliviado. Aunque tampoco quiso creer mucho en sus palabras. –Pero supongo que tu ya sabrás acerca de esto. Los conoces muy bien. –Asintió. –Como observo que eres mi seguidor más eficaz. Te voy a encargar que lideres la siguiente misión.

–Mi señor, es un gran honor. –Pretendía estar en el circulo más intimo de Voldemort.

–No hay mucho tiempo que perder, por lo que seré directo. Exijo saber donde se encuentran escondidos los Potter. –Aquello se lo esperaba. –Pero no quiero atacarles. Tengo que hacerlo en el momento oportuno… –El tiempo que Voldemort esperase, era tiempo que ganaban sus amigos. –Tengo un plan, pero antes de contártelo, tu misión deberá ser un éxito. No te lo voy a poner fácil, te tendrás que llevar contigo a Rodolphus.

Agradeció que continuara con la cabeza gacha porque la cara de asqueado que se reflejo en su casa seria difícil de esconder. Ir con un mortifago complicaría su plan, Remus se había puesto en contacto con los miembros de la Orden que estaban dispuestos a ayudar para suministrar información capciosa cuando volviera de esas misiones. Se trataría todo de un teatro para cuando Voldemort le leyese la mente, pero ese plan quedaba completamente anulado si Rodolphus iba con él. Apretó la mandíbula con rabia, tendría que hablar con Remus y…

–Quiero la información ya. –Dictaminó el mago oscuro. –Comenzar hoy la búsqueda.

–Por supuesto mi Lord. –No tenía otra opción. Algo se le tenía que ocurrir.

–Si fallas, morirás. –Fue lo último que escuchó antes de salir del salón.

No tuvo ni un segundo para recuperarse ya que al otro lado de la puerta se arremolinaban el resto de mortifagos. Que cabrones, seguro que estaban esperando una muerta desgarradora con la que satisfacer sus penosas vidas. Se ajustó la chaqueta y fue cruzando entre ellos hasta que pasó por delante del que más odiaba de todos.

–Lestrange. –Indicó a Rodolphus. –Tenemos una misión. –Sin mediar ninguna palabra más continuó su camino dejando al hombre boquiabierto así como a Bellatrix y a Rabastan. Se acercó a la chimenea para ir a su destino. –¡Lestrange ahora! –Gritó al ver que el mortifago no le seguía. Fue su hermano el que le tuvo que dar un empujón en el hombro para que reaccionara y fuera junto a él.

No espero más y se dirigió a un lugar sin determinar.


El camarero del Caldero Chorreante fue lo primero que vio al poner un pie fuera de la chimenea. Rodolphus salio detrás de él.

–¿Aquí? –Preguntó extrañado mirando a su alrededor. –¿El Caldero Chorreante es la misión que te ha dado? –Rió burlón.

Apretó el puño con ira queriendo golpearle.

–El Lord me ha elegido para liderar esta misión. Así que callarás y obedecerás. –Tenía claro que en cuanto estuviera lo suficiente lejos de Voldemort, Rodolphus trataría de hacerse notar. Pero lo tenía tan calado que no se iba a salir con la suya. –El Señor Oscuro cree que eres patético. Tu futuro depende de lo que le diga tras esta misión. Así que no vuelvas abrir la boca hasta que te lo ordene.– No era una mentira, porque estaba seguro que Voldemort no dudaría en matar a Lestrange si le daba un mal comentario acerca. Tentador… Sonrió.

–¿De que te ríes traidor?

Sin mediar palabra le apuntó con la varita al cuello.

–Callate o te callaré yo para siempre.

Rodolphus levantó las manos para demostrarle que no iba hacer nada. Dejó de apuntarle y le dio la espalda. No había mucha gente en la taberna; un camarero que les miraba pero sin poner atención y un cliente dormido sobre la mesa. Caminó hacia la puerta con decisión, marearía a Rodolphus por la ciudad hasta que pensará en algo. Además, necesitaba ponerse en contacto con Remus para saber como proceder y avisarle de que tendría que darle algo de información real a Lord para que le creyese. Tras dos horas por la ciudad y con un Rodolphus que se quedaba parado mirando cada escaparate muggle, ahora entendía porque todas sus misiones eran un fracaso, se le ocurrió algo. Como no quería poner en peligro a nadie, pero debía suministrar información real, condujo a Rodolphus a la casa de Remus. Antes de volver con Voldemort, le recomendó que se mudase, su departamento no era un lugar seguro. Pero eso Voldemort lo desconocía.

–Ahí dentro vive alguien muy importante al que debemos vigilar. Si sale, tenemos que seguirlo.

Se escondieron en un callejón que les permitía ver la puerta que subía al departamento. La noche era agradable por lo que de vez en cuando pasaba gente por delante, aquello hizo que Rodolphus tratase de salir lanzado hechizos contra ellos, pero le detuvo. No pensaba, normal que siempre fracasase. Una hora más tarde el mortifago se cansó y se dedicó a rebuscar en un cubo de basura cercano. Sin duda había subestimado su inteligencia. Todavía se preguntaba como era posible que a sus tíos les hubiera parecido buen marido para su hija. Sacudió la cabeza, no quería pensar más en Bellatrix.

–Dame algo de comer. –Rodolphus era peor que un niño pequeño. –Me has arrastrado aquí sin cenar y tengo hambre. –Trato de ignorarle, y lo estaba consiguiendo hasta que escuchó el siguiente comentario. –Bellatrix dice que siempre llevas comida a las misiones.

–Eso era antes. –Ni si quiera sabía porque perdía el tiempo en contestarle.

–¡Por supuesto! –Escuchó como se reía con burla. –Eso solo lo haces con mi mujer, lo olvidaba.

Apretó la mandíbula con rabia, no quería perder los papeles.

–Dejate de tonterías y presta atención a la misión. –Quería mantenerse sereno y no dejarse influir por el mortifago.

Volvió a escuchar la risa socarrona de Rodolphus.

–¿Es que acaso no me vas a distraer de la misión tal como hacías con Bellatrix?

A su mente vino la primera misión que tuvo con ella. Aquella en que tenían que vigilar a dos aurores y donde casi le da un infarto cuando miembros de la Orden comenzaron a llegar al lugar. A temor que pudieran acudir también sus dos amigos, la besó para distraerla. Se giró sorprendido hacia Rodolphus, ¿por qué iba a Bellatrix contarle eso? Ella misma era la primera que se atormentaba con el pensar de que su marido se enterase que le era infiel. Pero había otra cosa que había pasado por alto al centrarse solo con el beso, Bellatrix se había dado cuenta que la había distraído y había compartilo tales pensamientos con Rodolphus.

–No deberías de fiarte tanto de tu mujer. –Se mordió la lengua tras aquellas palabras. Se comenzaba a sentir despechado y no quería caer en el juego de Lestrange.

El mortifago le mirada con la cabeza ladeada, disfrutaba del momento.

-Confío plenamente en ella. –La sonrisa en su cara crecía a medida que continuaba hablando. –Sabía todo lo que estabais haciendo. Ella misma era la que me informaba de todo.

Negó. Eso que estaba diciendo era una estrategia para cabrearle. Bellatrix no podía haber estado contándole nada. Ni si quiera se podía poner en contacto con él, y ella misma le había dicho que ni le importaba donde estaba su marido. Pero en esos momentos ya no se fiaba de nadie, y las extrañas conversaciones de la mujer a través de la chimenea a horas vespertinas, las ausencias durante horas cambiándole de tema cuando le preguntaba que donde había estado o el misterioso encuentro con Rabastan el día que se convirtió oficialmente en patriarca de la familia Black, comenzaron a tener sentido. Tomó una gran bocanada de aire, necesitaba llenar los pulmones y emborracharse de oxígeno para no derrumbarse, por eso cuando consiguió controlar sus sentimientos, actuó de la misma manera que tanto le gustaba criticar a esa dichosa mujer, como un chulo sin vergüenza.

Se acercó lentamente a Rodolphus y cuando le tuvo cara a cara, sonrió con picardía.

–¿También te contaba como me la tiraba? –La cara de estupefacción del hombre le indicó que esa información, su "amada" mujer, la había obviado. –En tu salón, en tu comedor… ¡Ah si! Y en mi lugar favorito, en tu propia cama. –Como Rodolphus aún no había reaccionado, le dio la espalda. Había escuchado ruidos al otro lado de la calle, pero eso no le impidió para continuar humillandole. –Bellatrix es una mujer muy salvaje, y no creí que eso también lo trasladase a ese tema. Una fiera… Aunque lo cierto es que me suplicaba todo el rato, no estaba acostumbrada a tanto placer.

Rodolphus continuaba callado. No debía ser fácil escuchar como tu mujer te era infiel. Se merecía sufrir, al igual que toda esa panda de asesinos. La calle volvió a quedarse tranquila, las gentes habían vuelto a sus casas, pero cuando miró de nuevo hacia la ventana, observó que la luz estaba encendida. No podía ser… Remus le prometió que se mudaría. Se giró alarmado para comprobar si Rodolphus se había percatado de aquello, pero lo único que vio fue un puño impactar contra su cara.

Aturdido se tambaleó y tuvo que apoyarse contra la húmeda pared. Rodolphus le había asestado un puñetazo en su ojo derecho. Le iba a dar otro más pero consiguió bloquearle con el brazo y devolver el tanto, su puño impactó en la nariz del mortifago. No se iba a quedar quieto por lo que fue así como comenzaron una pelea. Podían haber usado las varitas y batirse en duelo, pero aquella pelea no estaba provocada por nada relacionado con la magia, estaban lidiando con problemas sentimentales, los cuales eran mas satisfactorias de resolver con el cuerpo a cuerpo. Recibió puñetazos por toda la cara así como el resto de su cuerpo. Rodolphus sufrió lo mismo. Estaban en igualdad de condiciones y, o ganaban ambos o perdían ambos. La sangre rodaba por su cara, aunque dudaba si era la suya o la que Rodolphus salpicaba. Cuando el mortifago estaba a punto de asestarle el siguiente puñetazo, se detuvo abruptamente.

–¡Ha salido alguien! –El dolor de cabeza provocado por la pelea le hizo no comprender, pero cuando siguió la mirada de Rodolphus, se dio cuenta de lo que había ocurrido. La puerta que daba al departamento estaba abierta y la luz de la ventana se había apagado. Rodolphus le soltó y salio del callejón con el fin de buscar a la persona que presumiblemente había dejado el lugar. –¡No hay nadie! –Gritaba como un descosido en medio de la calle. –¡Por tu culpa no hemos visto hacia donde ha ido!

Volvió a ponerse en pie. La sangre le impedía ver con claridad, pero Rodolphus se acercó peligrosamente a él, y le empotró con la pared. Ni si quiera comprendía como después de la paliza el hombre podía tener esa vitalidad.

–Tú fuiste el que me pegó primero. Voldemort estará contento de saber que de nuevo, por tu culpa, otra misión ha fracasado. –Le dolía al hablar pero no iba a dejar que Lestrange viese su disconformidad.

Rodolphus negó mientras apretaba los dientes con furia.

–¡Eres un estúpido! Vas de inteligente y te la hemos colado en tu propia cara. –Intentó responderle, pero el mortifago le detuvo. –Ahora, el que te vas a callar vas a ser tú mientras te cuento el verdadero plan. –Rodolphus se separó unos metros y se cruzó de brazos. –Desde le principio caíste en nuestra garras. Nosotros mandamos a Narcisa para que te convenciera de salvar a Bellatri. Yo, intencionadamente, despreciaba a mi mujer en tu presencia, para que sintieras compasión por ella. –Rió. –Como tu muy bien dices, mi mujer es una salvaje ¿crees que no me cruciaria en el primer momento que una mala palabra saliera de mi boca? Que iluso eres, y eso me indica que el plan funcionó mucho mejor de lo pensado. –Negaba, aquello no podía ser cierto. –Esa misión, a la que el Señor Oscuro me envió, no era más que una mentira, una en la que estábamos metidos todos –Recordó cuando Lucius dijo que había estado en la misión. –Durante ese tiempo Bellatrix tuvo vía libre para seducirte… Mas de lo que debía. –Murmuró lo último para sí mismo. –Y con eso te tuvimos donde queríamos, ignorando a tus amigos, a la Orden, y pasándote a nuestro bando. El Señor Tenebroso quería demostrarle a Dumbledore que cualquiera podría sucumbir a su poder si movía las piezas correctas.

Cuando el mago terminó. No podía pensar de forma coherente, todo lo vivido había sido un engaño, y no uno cualquiera, habían utilizado la misma estrategia que tenía planeada para que Bellatrix desertara y se uniera a la Orden. Pero a pesar de todo y que no era más que una de las miles aberraciones que Voldemort ideaba, lo que más le dolía no era ser el objetivo del mago más peligroso de todos los tiempos, sino que creía que esa mujer le correspondía, que había encontrado en ella a un igual y que por fin podría tener una vida similar a la de su amigo James, con una mujer que le quisiera y con la que compartir todos los días hasta el fin de los mismos.

No dijo nada y salió del callejón. Caminó por las vacías calles, al principio Rodolphus le llamó varias veces, pero le ignoró. Aquello suponía el fin. No quería formar más parte de nada y no quería saber más nada de nadie. Era un fracasado y todo lo que tocaba lo destruía. Lo mejor para sus amigos y para el resto de personas inocentes, era que desapareciese. Pero esta vez de verdad, estaba causando más daño que bien, así que en medio de la oscuridad se transformó y se perdió entre las calles sin ningún rumbo fijo.


A/N: ¡Hola! Un capítulo muy intenso, pero ya estamos en la recta final y Sirius se tenía que enterar de todo lo que estaba pasando a sus espaldas. Pero pensar, que lo que ha conocido es la versión de Rodolphus.