Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 20 – Libres
Escocia fue el lugar que escogió para pasar el resto de su vida, para ser exactos, una húmeda cueva cerca de un acantilado que daba hacia un mar embravecido. Le gustaba, puede que aquel sitio fuera insalubre, sin luz y agua, pero se lo merecía. Era un traidor, un asesino y, sobre todo, un gran estúpido. El dolor de la marca se le hizo insoportable, por lo que para aplacarlo, se convirtió en su forma animaga. Lo había descubierto una noche fría de tormenta en la que pensó que su pelaje felino le protegería, su sorpresa fue que también le evitaba el dolor. Canuto no sufrías la penurias de su forma humana por lo que decidió mantenerse así de manera indefinida. La vida perruna era más sencilla.
El verano pasó casi tan rápido como un suspiro, y cuando se quiso dar cuenta el otoño había cambiado por completo el paisaje. Continuaba evadiéndose, no sabía lo que estaba ocurriendo en el mundo mágico, pero estaba seguro que la situación, por muy mal que fuese, era mejor sin él. Cada mañana se despertaba aliviado cuando no recordaba donde los Potter vivían, aquello significaba que seguían protegidos por el hechizo fidelio, aunque también se lamentaba porque Voldemort aún no había sido derrotado. Pero todo eso cambio un día, una tarde de Halloween cuando la dirección exacta de la casa de sus amigos volvió a su mente como si nunca hubiera desaparecido.
¡Eran libres!
James volvería a recuperar su trabajo como auror e impartir la justicia que tan necesaria era. Apostaba a que se acabaría convirtiendose en el jefe del departamento. Lily, la dulce Lily, continuaría mostrando al mundo su inteligencia., y Harry, puede que no hubiera tenido la oportunidad de conocerle, pero tenía un gran futuro por delante. Aún desconocía realmente el contenido de la profecía, pero si Voldemort le había marcado como una amenaza, era signo de que el crio iba a ser una mago muy poderoso. Todo había salido bien al fin y al cabo, todo se había solucionado. Pero… Otra posibilidad surgió en su cabeza, ¿y si el hechizo se había roto porque Voldemort les había asesinado? Los nervios se apoderaron de su estomago. Necesitaba información, necesitaba saber si sus amigos habían sobrevivido.
No demoró mucho su decisión; volvería a Londres.
La calles de la ciudad no eran muy distintas a como las recordaba. Los muggles vivían como si nada ocurriese. La calma que se respiraba en ese otro mundo hacia que se le erizase su felino pelo. Aun no quería correr el riesgo de que alguien, por muy muggle que fuese, le reconociese. Al ver la tranquilidad que se sentía, se dirigió con mayor confianza hacia el mundo al que pertenecía. Por ahora las posibilidades de que todo hubiera terminado y, hubiera terminado bien para sus amigos, eran cada vez mayores. Estas se incrementaron cuando al cruzar al Callejón Diagón se encontró con una fiesta. Las personas gritaban felices y se abrazaban emocionadas. Como continuaba en su forma animal, consiguió escabullirse entre ellas y recorrer la calle entera. La misma tónica se respiraba en todo el callejón. No sabía si sus sospechas eran ciertas, pero esas celebraciones tenían que tener una razón. Intentó descubrirlo, pero le fue completamente imposible. La gente hablaba y gritaba, pero debido al bullicio no entendía nada, y no lo hizo hasta que sus pezuñas dejaron de notar la piedra bajo sus pies. Bajo la vista y se encontró con la portada del El Profeta, una edición especial.
"El que no debe ser nombrado ha muerto"
Su corazón dio un latido tan fuerte que creyó que le daba un infarto. Pero si ese primer impacto no le mató, casi lo hace el el segundo latido cuando continuó leyendo la noticia.
"Harry Potter, el niño que vivió"
Ahí estaba la prueba que necesitaba. Voldemort había muerto y sus amigos estaban vivos. Esa extraña profecía estaba en lo cierto, no sabía como ese pequeño podría haber matado a un mago de tal calibre, pero así era, el hijo de su mejor amigo lo había conseguido. Como aun continuaba muy desconcertado, decidió agarrar con fuerza el periódico y buscó un lugar resguardado para esconderse. Quería informarse con mayor detenimiento antes de ir a felicitar a sus amigos. Se acercó a unos de los callejones más alejados. Cuando estuvo a salvo de la vista de todos, se transformó en humano. Se sentía raro, hacia meses que no lo era. La ausencia de dolor en su brazo fue lo primero que noto, ya ni se acordaba lo que era vivir sin ello. Se arremangó la manga con rapidez, ya que a pesar de lo que decía El Profeta, sabía que las estrategias del Señor Oscuro era impredecibles, pero al ver esa marca descolorida, se lo confirmó. Sin Voldemort, la marca perdía su poder.
¡Voldemort está muerto!
Ahora estaba igual de emocionado que el resto de personas. Por fin el día había llegado, por fin el mundo era más seguro. Tenia que ir a ver a sus amigos cuanto antes y les contaría todos los secretos que la marca tenebrosa le impedía decir. Cogió el periódico y releyó las mismas palabras; "El que no debe ser nombrado ha muerto", "Harry Potter, el niño que vivió". Continuó con la siguiente página, pero esta vez, no encontró palabras que le animasen, más bien, lo contrario.
"Tras asesinar a James y Lily Potter"
Su corazón volvió a golpear con un tercer latido más intenso que los anteriores. Leyó varias veces la frase tratando de descubrir un mensaje oculto, pero no, las palabras era muy simples. James y Lily fueron asesinados en su casa tratando de proteger a su único hijo. "Hay un traidor", uno que continuaba oculto según la información del periódico. Se maldijo, si le pillaba le iba a matar. La rabia se apoderó por unos segundos de su persona, pero negó rápidamente, ahora debía centrarse en el pequeño Harry. El cual había sobrevivido a un Avada Kedavra, de ahí su mote; "el niño que vivió". Esperaba que esa maldición no tuviera efectos sobre su persona, al fin y al cabo, era la primera persona que lograba evitar la muerte. La felicidad anteriormente vivida se convirtió en una decepción, Voldemort estaba muerto pero también lo habían hecho dos personas excepcionales. Se lamentaba, quizás si se hubiera centrado en acercarse a Voldemort y no dejarse llevar por unas faldas, hubiera sido capaz de evitar sus muertes. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, era extraño, no sentía ganas de llorar. No podía hacerlo, no merecía sentirse triste o doliente, él no era la victima, las víctimas eran aquellas que ya no tenían la posibilidad de vivir.
Dejó el lugar, ni siquiera se molestó en transformarse en perro, ya le daba igual que le vieran. Las personas a su alrededor estaban muy emocionadas por las celebraciones que ni se percataron que cruzó entre ellas. Estaba desdichado por lo sucedido y ansiaba venganza, el dolor que sentía en esos momentos era peor que el producido por la marca o por las torturas de Voldemort. Sus pies le dirigieron a la entrada del Ministerio, ahora les contaría todo. Los alrededores de la entrada al edificio gubernamental no distaban de lo vivido en el Callejón Diagón.
Apenas consiguió acercarse cuando los vio.
Su cara, así como la del resto de mortífagos, empapelaban todas las paredes. Le buscaban, le buscaban por ser un asesino.
Pero lo cierto es que no estaban todos los que deberían, faltaba una, Bellatrix Lestrange. Su cara no se encontraba entre los buscados. La angustia se apoderó de su cuerpo, aunque intentó justificar la ausencia. "Si no esta aquí, es porque la tía es mas lista que todos y se ha librado de los aurores" "Si la hubieran matado estaría publicado en todos los sitios" Se aseguró para calmarse. Pero las dudas continuaban estando presentes, y aunque el corazón que tanto había latido por ella estaba roto, esos trozos aun continuaban tratando de unirse. Sin ser consciente retrocedió y abandonó el lugar. Antes de entregarse, necesitaba confirmar que Bellatrix estuviera bien. Pero ¿cómo la localizaba? Dudaba que estuviera escondida, ella no era de esas, ella era de las que se enfrentaba sin miedo a las consecuencias. En eso también eran iguales, esa maldita sangre que corría por las venas de ambos era igual de venenosa. Esa misma sangre era la causante de todos sus problemas, esa misma sangre… Un momento, ¡tenían la misma sangre! Una absurda idea se le ocurrió, siempre creyó que era una estupidez más de las que su madre decía, pero estaba desesperado así que no tenía otra opción. Walburga contaba la historia de que un Black podía ser localizado por otro en cuestión de segundos, solo se necesitaba unas gotas de sangre Black y un caldero con agua tan pura como la misma sangre. La sangre formaría el nombre de lugar donde se encontraba el Black buscado.
Volvió a escabullirse de nuevo entre la multitud. Tenía que ser rápido, cuanto antes confirmarse que Bellatrix estaba bien, antes podría acabar con su sufrimiento. Cuando encontró un lugar más calmado sacó su varita y procedió con el ritual. Lo primero que hizo fue aparecer el caldero con la agua más pura que existía, a continuación se apuntó a la palma de la mano y con un movimiento de varita una fina linea rojiza apareció en su piel. Apretó el puño y lo puso sobre el caldero. Las gotas de sangre cayeron en el agua.
–Bellatrix Black.
Mejor si utilizaba el apellido de su ancestral familia. Tras que hubieran sido derramadas unas cinco gotas miró con atención el contenido del caldero y para su sorpresa, y tal como su madre decía, comenzó a formarse una palabra.
"Longbottom"
Alice y Frank Longbottom vivían en un barrio similar al de los Potter. Con la misma plaza en el centro del pueblo, las mismas tiendas y una arquitectura parecida. Existían muchas similitudes entre ambos matrimonios; un hijo de un año, misma edad, miembros de la Orden… La Profecía también podría ser confundida por ellos. La casa tenía las luces encendidas lo que indicaba que había gente en su interior, aunque lo más llamativo no era eso, sino que la casa estuviera sin ningún tipo de protección. A diferencia de lo vivido en la ciudad, nadie estaba celebrando la caída de Voldemort.
Se escondió con una distancia prudente para observar los alrededores de lugar, la ausencia de Bellatrix le hizo preguntarse si se encontraba en el interior de la casa, pero aquella cuestión obtuvo respuesta rápidamente cuando por el rabillo del ojo observó aparecerse a tres personas. Tal como el ritual de la sangre le reveló, Bellatrix estaba allí. Por desgracia no sola, si no con Rodolphus y Rabastan. No era casualidad, estaban en una misión ya que de lo contrario, no tenía sentido arriesgarse a que los dos varones Lestrange pudieran ser encarcelados. Cuando vio como las tres personas se dividían, fue cuando decidió ir a por ella. Aunque su primer pensamiento se trataba de solo cerciorarse de que estuviera viva, las sospechas de lo que estaba tratando de hacer, le impulsaron a tratar de evitarlo, de querer rescatarla y evitar que fuera una convicta. Se acercó con sigilo, pero al percatarse de que Bellatrix comenzaba a caminar decidida hacia su objetivo, se abalanzó aplacandola contra el suelo. La mujer intentó deshacerse de su agarre, pero la sujetó con firmeza. Miró por encima de las hierbas buscando a los dos Lestrange, pero estos no se habían enterado de lo ocurrido y caminaban hacia la casa.
–Soy yo. –Le susurró para tranquilizarla, aunque el efecto fue el contrario.
–¡Desertor! ¡Traidor! –Pataleaba como una niña pequeña.
–No grites. Los aurores están buscando a todos los mortifagos.
–Me da igual. Yo no soy ninguna mortifaga. –Determinó una vez que dejó de forcejear. La tenía bajó su cuerpo y a la vez le sostenía con fuerza la mano con la que portaba su varita.
–Para no serlo te comportas igual que una. –Pretendió bromear, pero la situación era demasiado preocupante para ello. –No seas estúpida y márchate.
Bellatrix negó.
–Tengo que encontrar al Señor Oscuro. –Notaba que no lo decía muy convencida. No mostraba la misma pasión con la que la había visto emocionarse cuando Voldemort les encomendaba una misión.
–Tu señor esta muerto. –Le aseguró. Ella le miró. Apretaba los labios con fuerza, parecía debatirse y querer decirle algo, pero negó con la cabeza. –No cometas el error de sacrificarte por alguien que no te quiere. –Bellatrix dejó de moverse al escucharle. Aprovechó su calma para proponerle algo que pensó que ya no podía ser. –Ven conmigo. ¡Fuguémonos! Iremos donde quieras. –La bruja continuaba mirándole con la boca entreabierta pero demasiado absorta como para hablar. –No me importa que yo fuera la misión que Voldemort te había encomendado, porque yo realmente te quiero, y algo me dice aquí. –Se puso la mano sobre el corazón. –Que tu también.
–No sé de qué me estas hablando. –Se revolvió bajo su agarre. La conocía perfectamente, eran iguales y escapaban de todo lo que les hiciera sentir incómodos.
–Rodolphus me contó todo, que me estabas engañando. Pero no me importa. –Dejó que se incorporase, pero aún así se mantuvieron escondidos.
–Siempre pensé que eras mas inteligente que Rodolphus, pero ya veo que estaba equivocada. –Ahora la que le hablaba con voz calmada era ella. –Todo lo que te contó es mentira. A quien estaba tratando de engañar era a él. –La miró confuso pero la animó a continuar. –Sé que Narcisa habló contigo. Tras la muerte de tu hermano se obsesionó en que a mi me iba a pasar lo mismo, por eso acudió a tí. Me enfadé con ella, y esta no hacia más que llamarme a cualquiera hora del día a través de la chimenea. –Aquello tenía más sentido que la historia de Lestrange. –Al principio pensé en desemascararte y entregarte a Voldemort, pero… Cuando me besaste en aquella misión, para que no pudiera ver como llegaban Potter y Lupin, me gustó. –Se encogió de hombros mientras escondía una pequeña sonrisa. –Quería ver hasta donde llegabas y por eso deje que me conquistaras. –Ahora el que sonreía era él. –Rabastan comenzó a sospechar de nosotros, ¡no dejabas de meterme mano delante de todos! –Rió. –Por eso me tuve que poner en contacto con Rodolphus y hacerle creer que todo era parte de un plan de Voldemort… –Era la primera vez que le llamaba por su nombre. Algo había cambiado. –Para traerte hacia nuestro bando y que yo había sido la elegida para seducirte. La misión por la que estuvo fuera cerca de una año era real, pero como es un autentico estúpido, me creyó cuando le dije que era falsa. –Se detuvo unos segundos antes de continuar. –Y si hice toda esta locura fue porque yo también me enamoré de tí, y aunque sabía perfectamente que estabas tratando de que dejara a Voldemort, no me importaba. Cuando me hiciste la proposición de irme contigo iba aceptarla, pero a nosotros nunca nos sale nada bien, y cuando Rodolphus llegó pensé que el destino me indicaba que con quien debía irme era con él. –Toda la información que estaba recibiendo le mareaba pero no la ponía en duda, ¿por qué iba a creer a Lestrange antes que a ella? Le había dicho que estaba enamorada de él, y él mejor que nadie sabía que el amor te hacia cometer tonterías. –Tenía esperanza en que volvieras y nos fugáramos, por eso evite que Voldemort me marcase. –Se levantó la manga del vestido y efectivamente una piel nívea le recibió. –Le hice ver que estaba demasiado desequilibrada y fuera de mis cabales como para ser una mortifaga.
Tomó con delicadeza ese brazo sin marcar y lo acarició como si de la seda mas suave se tratase. Al final, si había conseguido su objetivo, Bellatrix no recibió la marca tenebrosa. Sacudió la cabeza, los dichosos planes de ambos habían complicado las cosas demasiado. A los Black nada les salía bien y siempre tomaban el camino más peligroso.
–Entonces, ¿te vienes conmigo? –Preguntó esperanzado.
Esperaba que Bellatrix aceptase pero en cambio esta le dio la espalda y se levantó.
–Has estado haciendo caso a todo el mundo menos a mí. –Dijo enfurruñada.
Esa mujer no era fácil, pero aquello era exactamente lo que le gustaba. En cierto modo, amaba esa relación en la que ambos se hacían de rogar.
–Lo sé, pero tu tampoco has estado poniéndolo demasiado fácil. –No sabía cuanto tiempo tenían antes de que alguien los viese, pero disfrutaba tanto de ese tira y afloja con ella que no iba a desperdiciar el momento.
–Las cosas que merecen la pena son difíciles de conseguir. –Se había vuelto a girar hacia él. –Me tienes que prometer que nunca jamás te volverás a ir o a dejarme.
–Te lo prometo. –No le hacia falta ni pensarlo. –Pero antes… Me tienes que decir que estas haciendo aquí y que tu no le dijiste a Voldemort sobre la profecía. –Con la respuesta que le diese sabría si era real que se iban a ir juntos.
Bellatrix miró hacia la casa. No había rastro de Rodolphus ni de Rabastan, debían de estar ya en el interior. Estaba preocupado por los Longbottom, pero Alice y Frank eran dos de los magos más poderosos que conocía. Estarían bien con alguien tan enclenque como los hermanos Lestrange.
–Estaba aceptando mi destino. Rodolphus no cree que haya muerto, sino que esta demasiado débil para volver. Quiere encontrarle y que seamos recompensados. –Se encogió de hombros. –Ya no me creo nada de esa mierda. Si tan poderoso es ¿cómo es posible que un bebe haya podido acabar con él o debilitarte tanto? Y de la profecía, supe que era real esta misma noche. Pensaba que me estabas contando alguna de tus tonterías para distraerme. Nunca le dije a nadie sobre ella.
A pesar de todo lo ocurrido, de la muerte de sus mejores amigos, de ser uno de los delincuentes más buscados y ser un traidor a los ojos de cualquier bando. Esas cuestiones que Bellatrix se planteaba, eran las que tanto ansiaba escuchar desde el primer día. Sabía que en esa mujer había mucho más. Era una de las brujas más inteligentes que conocía y a las pruebas se remitía, ¿qué persona era capaz de mentirle a Voldemort? Y no solo eso, si no que este la creyó. No podía estar en el mismo grupo que todos esos dementes.
–Nunca más tendrás que obedecer ante nadie. Ni a Voldemort, ni a Rodolphus o cualquiera de nuestra familia. Serás libre.
Bellatrix comenzó a sonreír ampliamente y se fue acercando a él.
–Libre. –Repitió sus palabras. –Los dos seremos libres. –Aseguró.
No tuvo más remedio que negar con la cabeza.
–Me buscan. Tu podrás ser libre, yo no tanto. –Había hecho cosas que tenían consecuencias, y aunque hacia solo unas horas, se hubiera entregado sin pensar, ahora tenía alguien por quien luchar.
Ella no dejo de sonreír, no entendía por que. No iba a poder darle una vida sin esconderse.
–Tengo cierta información, que podríamos usar a cambio de tu libertad…
No preguntó que clase de información era la que tenía, le fue imposible, Bellatrix había acortado las distancias entre ambos y le besaba. Pronto se olvidó de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor y se dejó llevar por esa sensación que pensó que jamás volvería a sentir. Los pedazos de su corazón habían vuelto a unirse y estaban más unidos que nunca. La apretó contra su cuerpo, aun tenía miedo que se escapase y no volviese a verla más, pero que Bellatrix hiciera lo mismo le hizo comprender que el momento había llegado y que por fin, podrían tener una vida juntos.
A/N: ¡Hola! ¡Ya hemos llegado al final! Creí que nunca lo iba a conseguir porque esta historia no la tenía tan estructurada como las anteriores, solo tenía claro el final, por lo que espero que os haya gustado, y no se olviden que todavía queda un epilogo muy especial.
