Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Epílogo – Los placeres de la tortura.

–Mi amor, me encanta mi regalo.

–Lo mejor para mi mujer.

Bellatrix abrazaba a Sirius fuertemente. Le miraba absorta tras descansar del obsequio que había recibido. Habían pasado doce años desde el día en que decidieron irse juntos, y exactamente diez años desde que se habían casado.

–Has dejado el listón muy alto para el año que viene. –Pasó las manos por el cuello de su marido y jugueteó con el borde la camisa que tan bien se amoldaba a su cuerpo.

–Lo sé, pero seguro que te sorprenderé. Siempre lo hago. –Sirius había bajado las manos a la cintura de la mujer y la apretaba contra sí.

Bellatrix sonrió con picardia y se abalanzó sobre su boca, el hombre no tardó ni medio segundo en responder con pasión. La noche era perfecta para el amor y aunque ellos aprovechasen cada día para demostrárselo, nunca malgastaban un momento como ese; la brisa veraniega se colaba por las ventanas rotas de la Casa de los Gritos, la parte del tejado derrumbado les permitía disfrutar de las cientos de estrellas que brillaban sobre su cabezas, aunque a ellos no les importaba. Solo podían centrarse en la persona que tenían entre sus brazos.

–Por favor…

Una voz entrecortada, a cuyo dueño le costaba respirar con normalidad, interrumpió tan amorosa escena. El matrimonio se separó con enfado y miró hacia el lugar donde se encontraba esa molesta persona.

–¡Colagusano! ¡¿No ves que estoy siendo romántico con mi mujer?!

Peter agonizaba y suplicaba. Estaba acurrucado contra un rincón y se protegía la cabeza. La sangre brotaba de distintas heridas que recorrían su grueso cuerpo. Murmuraba cosas sin sentido, debía estar cerca de perder la cabeza.

–Amigo…

Sirius no soportó más la situación y le apuntó con la varita. Que ese ser sin escrúpulos tuviera la poca decencia de llamarle así, no podía soportarlo. No después de lo que había hecho.

–¿Amigo? ¿igual que lo era James? Que forma más peculiar que tienes de tratar a tus amigos. –Escupió las palabras con rabia. La maldición asesina estaba por salir de su boca, pero una delicada mano hizo que su varita terminará mirando al suelo.

–No le mates. Aún no le he torturado lo suficiente. –Bellatrix hizo un puchero. Su regalo de aniversario consistía en utilizar tantos cruciatus como gustase sobre esa repugnante rata.

Al escucharla, Sirius pareció calmarse. Tenía razón, no podía destruir el regalo de su mujer. Además, para su desgracia, no le podía matar. Era una de las condiciones del acuerdo: debía entregarlo vivo al Ministerio. Pero como nada indicaba que tuviera que hacerlo en buen estado, se le ocurrió la idea de regalarle a su mujer el desahogo que ansiaba. Ella disfrutaría torturando y el observando el sufrimiento de ese traidor.

Aquella fue la información con la Bellatrix negoció su libertad con las autoridades. No fue nada fácil, tuvo que estar escondido varios años hasta que un cambio de gobierno propició que el Departamento de Seguridad Mágica la escuchase, eso si, siempre con el testimonio de Remus, que confirmaba que tal como Bellatrix decía, Peter no solo había sido el guardián secreto de los Potter, sino el infiltrado de Voldemort en la Orden del Fénix. Las sospechas acerca de que Bellatrix era una mortifaga fueron olvidadas y sus cargos desestimados cuando el mismo Dumbledore, sin motivo alguno, testificó que seguía sus ordenes cuando se unió a los mortifagos. Pero cambio debían capturar y entregar a Peter.

Bellatrix reanudó su sesión de tortura. Le encantaba verla. Colagusano gritaba, pero los movimientos tan elegantes que hacia la bruja al lanzar los diferentes hechizos hicieron que se olvidase por completo de donde estaba y quedase hipnotizado ante tan majestuoso espectáculo. El cruciatus se asemejaba a un verso cuando era pronunciado por sus carnosos labios, y la risa que lo acompañaba, la música que acariciaba sus oídos. Lo necesitaba, se lo había repetido muchas veces; "Sirius deseo torturar" Puede que hubiera sacado a Bellatrix del lado oscuro pero jamás podría sacar la oscuridad que habitaba en ella. Tampoco quería hacerlo, eso era lo que más le gustaba. Ese alo de misterio y maldad que emanaba de cada poro de su piel lo tenía embrujado y si de vez en cuando tenía que dejar que su mujer disfrutase con su pasatiempo favorito, el mismo se encargaría de buscarle a las víctimas perfectas. En cierto modo se complementaban, Bellatrix torturaba a delincuentes o personajes similares que él mismo seleccionaba. En realidad, estaba ayudando a que el mundo fuera mejor.

–Se ha quedado inconsciente. –La mujer se le acercó y se acurrucó contra su pecho.

–Lo siento, cariño. –Se lamentó. Esa rata no aguantaba ni un asalto. –Te recompensaré de otra manera. –Susurró de forma lasciva.

Bellatrix alzó la vista.

–Mmm… Tortura y sexo. Me gusta la combinación. –Se besaron volviendo a sentir la pasión que había sido interrumpida anteriormente.

Aquella noche no solo atraparon a un traidor sino que consiguieron que sus nombres volvieran a ser conocidos con el respeto que merecían.


A/N: Ahora sí, este es el fin definitivo. Me da mucha pena porque le había cogido mucho cariño a la historia y adoraba marear con todos los planes. De momento no sé si habrá otro long-fic (tengo pequeñas cosas escritas), pero seguro que no tardaré mucho en volver con esta pareja.

¡Gracias a todos los que han leído y comentado!

Nos leemos.

Moshisushi.