Capítulo 14

Saqué de la caja aquel vestido que había llegado junto a su invitación para cenar, acomodando en mis hombros y alisando la tela sobre mi vientre, y procurando que mis zapatos de tacón no pisaran la tela al caminar. Ya había terminado de maquillarme, haciendo resaltar mis ojos con aquellas sombras oscuras, pero dejando más suave el color de mis labios, para que nada luciera cargado. Mi cabello lo había recogido en un ligero moño a la altura de mi nuca, dejando un par de cabellos sueltos sobre mi rostro, para que nada luciera rígido en mí.

El vestido era largo, con una fina tela de encaje que estaba segura se acomodarían debajo de los hombros, dejando libre mi cuello y clavículas, y aquella tela de encaje se sobreponía en la parte de enfrente, hasta terminar ajustándose en mi cintura, para luego caer una tela lisa hasta los pies. Era hermoso, realmente hermoso. Sencillo y discreto igual, aunque el color rojo llamaba la atención en todos lados, aun así, me gustaba, era algo que escogería definitivamente y me sorprendería mucho si fue elegido por él, pero conociéndolo, sabía que no fue así, probablemente Granger lo hizo, aunque dudaba que tuviera tan buen gusto, o que su gusto coincidiera con el mío. Pero definitivamente alguien lo había ayudado.

Terminé de arreglarme y me miré en el espejo desde todos los ángulos posibles. El vestido me había quedado demasiado bien, la talla era la justa y eso me tenía sorprendida, por su gran exactitud, los accesorios de oro, una cadena delgada al igual que brazalete y unos aretes pequeños, que igual habían acompañado al vestido en aquella caja, hacían un bonito complemento, y me coloqué unas zapatillas negras y tomé un bolso pequeño igual de color negro, pues una cosa era que aceptara llevar accesorios en oro, otra muy diferente que decidiera llevar el resto en el mismo color, definitivamente no quería verme como la bandera de los leones y que Potter se emocionara de más.

A pesar de que estaba complacida con mi apariencia, estaba nerviosa por verlo. Esto se sentía muy diferente a las cenas ya compartidas que habíamos tenido. No era lo mismo que verlo a la salida del museo y luego pasar al restaurante del hotel. Esto parecía ser algo más, algo más íntimo y privado y, aun así, parecía ser más evidente y público, como si todo el mundo pudiera y debiera enterarse de lo que sucedía, aclarando ideas que ni siquiera estaban claras en mi mente. Aun no sabía lo que pasaría mañana con Potter, lo que haría con Potter a partir de esta noche. Deseaba darle, extenderle una nueva oportunidad, pero aun había cosas en mí que me aseguraban que estaba equivocándome, que estaba cometiendo un error y que la que saldría lastimada nuevamente, sería yo, y no deseaba eso, sufrir dos veces por él no lo resistiría.

Salí de mis pensamientos cuando escuché un par de toques en la puerta. Me apresuré a colocarme el perfume y tomé mi bolso, para casi correr a abrir, pensando que sería Potter quien estaría del otro lado, como siempre lo había hecho, pero no, no era él, era un mozo vestido de blanco, sonriendo amablemente.

—¿Sí? —pregunté, sintiendo que había sonado algo desilusionada.

—Un auto la espera, madame —dijo.

—Gracias, ahorita bajo.

Cerré nuevamente la puerta cuando aquel chico había asentido. Me recargué en la madera y respiré varias veces más, intentando que mi corazón dejara de estar tan acelerado, pensando una y otra vez que esto era una simple cena, nada más. No pasaría nada más que una cena con Harry Potter, como ya habíamos hecho en los últimos días.

Tomé una de mis túnicas de color borgoña y realicé un rápido hechizo para modificarla un poco, haciendo que luciera más como una gabardina. La noche afuera de seguro estaba helada y era mejor ir preparada. Tomé mi pequeño bolso y salí de la habitación, después de mirarme una vez más en el espejo, recriminándome mentalmente aquella duda que tenía en mi apariencia. Yo estaba bien, me veía bien, y estaba segura de que Potter opinaría lo mismo.

Bajé a la primera planta y me dirigí a la salida, donde ciertamente ya me esperaba un auto negro, con un elegante chofer con la puerta abierta para mí. Agradecí el gesto y me subí, pensando en lo extraño que era que Potter decidiera enviar un auto y no venir personalmente por mí, pues desde que apareció aquí en París, había decidido no perderme de vista ningún día y hoy había sido el día en que menos lo había visto, quizá apurado por todo esto de la cena.

Sonreí al pensar en su invitación, aun nerviosa por lo que acontecería de hoy en adelante, o lo que sucedería al volver a Inglaterra, donde todo el mundo se sentía con el derecho de hablar y juzgar, donde repetir una cena como esta no podría ser con tanta facilidad, allá nadie nos dejaría en paz, iniciando por la prensa y sus comentarios malintencionados si es que acaso yo tenía la culpa de la separación de Harry Potter y Ginevra Weasley, y no podía permitirme estar envuelta en chismes así, y menos con Lizzie, pues no me gustaría que igual la nombraran o involucraran en esto, Anthony y yo luchamos para que nunca fuera mencionada de mal modo y la situación con Potter podría ponerla en boca de todos y más por cosas que no tenían sentido. Sea como sea, hoy era la última noche aquí en París, y debía disfrutarlo sin pensar en los demás, sin pensar en los problemas. Esta noche sólo seríamos Potter y yo. Nadie más.

El trayecto duró varios minutos, viajando por calles que poco a poco se iban vaciando, alumbradas apenas por farolas de luz pálida. Grace había tenido razón, París era hermoso y más aun de noche, donde los edificios, las calles, el cielo y las luces daban el aspecto de estar dentro de una pintura renacentista. Nunca dejé de mirar el exterior, así que no me tomó por sorpresa cuando el auto se detuvo delante de un edificio que fácilmente podría pasar por una gran mansión antigua y elegante pero vacía.

Miré a través de las ventanillas el restaurante. El sitio estaba bien cuidado, siendo una gran estructura de color arena gris y tres ventanales enormes, de donde salía una luz muy baja de color amarillo. El chofer abrió la puerta para mí, ofreciéndome su mano para bajar. Bajé justamente abajo de la marquesina de color rojo, pisando sobre una alfombra del mismo color y alumbrada por lamparas de montura negra. El lugar exudaba clase y aristocracia, provocándome más dudas de porque Potter había escogido un lugar así, cuando esto sería más típico de Draco o de alguno de mis amigos; Harry siempre me había dado la impresión de que detestaba todo eso, siendo más bien de lugares pequeños y sencillos.

En la puerta sólo se encontraba un hombre en un extraño esmoquin, pues la tela de su traje era más del mundo mágico que del muggle. Él abrió una puerta doble de madera y cristales para mí y cuando di un paso adentro, me encontré con un pequeño recibidor decorado exquisitamente, paredes color dorado y detalles en madera, así como grandes cuadros pintados a mano de lo que parecían ser escenas de alguna obra.

Un hombre detrás de un pequeño podio me dio la bienvenida, y una señorita a su lado esperaba con una quieta sonrisa. Él pidió mi nombre, y cuando me anuncié, pude ver aquellos pares de ojos lucir emocionados, dándose cuenta de quién era yo y quien me esperaba ya. Era obvio que iban a reconocerlo, sólo esperaba que nadie más lo hiciera, no quería otra foto como hoy en la mañana.

—Mi compañera la llevare a su mesa —dijo él hombre con una sonrisa de cortesía.

Asentí a sus palabras y aquella mujer me llevó a mi destino, donde primero pasamos una puerta de madera casi negra y luego empezamos a subir una escalera de caracol de concreto.

Fui llevada era un estrecho corredor que se iba curvando lentamente, como si fuera una medialuna todo aquel sitio. No veía nada más que lo que parecían ser palcos privados, con cortinas azules y separados por placas de madera oscura y gruesa. Parecía ser la sección más ostentosa del lugar, pues en cada una de aquellas placas de madera, se encontraba un mesero en postura firme, como esperando una orden de los que cenaban adentro.

—Este lugar, ¿Qué era antes? —no pude evitar preguntar y la mujer giró a verme un segundo.

—Era un antiguo teatro, señora Parkinson —contestó.

Asentí y pude darme cuenta de los detalles que aún lo identificaban como tal. La marquesina en la entrada como de los años 50, la alfombra roja y todos aquellos adornos de madera y los colores oro, así como la iluminación que era muy baja, dejando el lugar casi en penumbras. Era un bonito lugar y eso que no había visto más que el pasillo.

Al final de todos aquellos apartados, la señorita se detuvo y abrió una de las últimas cortinas, revelando una pequeña mesa para dos y a Potter ocupando una silla. Entré a él y Potter se levantó de inmediato, casi tirando la silla por el brusco movimiento, sonriendo como si mi presencia en realidad fuera una sorpresa para él, una grata sorpresa. Reí ante eso, sabiendo que no sería Potter sino hiciera algo torpe.

—Pansy —suspiró al finalizar mi nombre.

—Hola, Potter —sonreí.

Estaba tan sumergida en las esmeraldas, que ni cuenta me di que la mujer nos había dejado solos, cerrando nuevamente las cortinas. Potter igual parecía ido, quedándose unos buenos segundos simplemente viéndome con una cara de bobo que apenas podía con ella, hasta que le pedí que me ayudara a quitarme la gabardina. Él así lo hizo, soltando sin dudar una de aquellas frases que ya me sabía, pero que ahora me hizo sentir con las mejillas ligeramente tibias.

—Te ves preciosa.

—Gracias. Y tú no te ves mal, Potter —dije y escuché su risa.

Y no mentía. Tenía puesto un esmoquin de color negro, con un moño satinado del mismo color, luciendo como si fuera uno de aquellos personajes que salían en revistas muggles de aquel lugar llamado Hollywood, y aunque sinceramente sus anteojos no me molestaban para nada, encontrándolo sumamente encantador desde que me empezó a gustar en el colegio, había prescindido de ellos, dejando al descubierto un par de ojos enormes y de un verde brillante, mejor que cualquier esmeralda que hubiera entre mis joyas. Lucía jodidamente guapo y no podía negar lo mucho que me gustaba aún. Jamás hubiera pensado que aquel niño cuatro ojos pudiera gustarme tanto, no hasta que lo conocí de verdad.

—Me alegro no ser de tu desagrado entonces —bromeó y yo elevé una ceja satisfecha por eso— Temí que no vinieras —susurró, y pude detectar algo de temor ante aquella idea.

Tomé mi lugar, cuando él jaló la silla para mí, dejando mi bolso aun lado, y él hizo lo mismo.

—Dije que lo haría, ¿no? —contesté, sonriéndole un poco.

—Lo sé. Sólo que contigo es complicado.

—¿Y eso te ha detenido en algún momento? —cuestioné, elevando una ceja con diversión.

—No, por supuesto que no. Es sólo que mañana regresamos a Inglaterra y quería que esta noche fuera especial, pero sabía que igual podrías decir que era demasiado. Podrías haberte arrepentido.

—Tienes razón, pude haberlo hecho. Pero no lo hice —lo miré directamente a los ojos, dispuesta a decir las palabras que tal vez me condenarían y a él alegrarían— Yo quería estar aquí.

Me llamarían loca si dijera lo que sentí cuando terminé de decir eso y Potter me miró como si le hubiera hecho un enorme regalo.

Había sentido nuevamente un revoltijo de emociones, y mirar a los ojos a Potter no ayudaba nada, así que preferí enfocarme en el resto de los detalles del lugar, en todo el ambiente que nos rodeaba. La mesa estaba exquisitamente decorada, con un jarrón pequeño, donde rosas rojas estaban puestas, con pétalos brillantes por pequeñas gotas de agua, apretadas entre sí como un saturado ramo que desprendía un ligero aroma fresco, muy propio para no estorbar o interrumpir entre los ocupantes. Los platos eran elegantes, de porcelana blanca y una fina orilla plateada, las copas estaban en los lugares correctos, así como los cubiertos. Quité la servilleta blanca que estaba sobre el plato y la coloqué sobre mi regazo, después de desdoblarla.

Miré hacia mi izquierda, y pude apreciar mejor la esencia de lo que antes había sido un teatro, pues desde mi lugar podía deslumbrar el escenario donde quizá se presentaron muchas obras antes, ahora siendo ocupado por una orquesta que dejaba salir una suave melodía, con una mayor inclinación a la impecable combinación del piano y violín; y en dónde debieron estar las butacas para los espectadores, estaban remplazados por mesas redondas, todas ellas ocupadas por comensales entre pláticas silenciosas o risas suaves, aunque en medio, había una pequeña pista, quizá para más tarde, si es que alguien le apetecía bailar, bajó la tenue luz de un gran candelabro de araña, lleno de infinitos cristales flotantes.

El lugar era precioso y la atmosfera en vez de ser agobiante por la elegancia, era más bien íntimo y calmado, relajante para todos, con su estructura mayormente de madera y pilares de piedra gris. El olor era también algo penetrante, como a cedro y canela. La iluminación era baja, casi oscura, pero no incomodaba nada, daba el aspecto de haber entrado a otra época en realidad. La vista era buena, pues podíamos observar todo y aunque era claro que podían vernos, no era tan ocasional, pues tendrían que levantar mucho la cabeza para eso, cosa que agradecía. Lo único que quería era un tiempo de paz con Potter, y más al ver aquella foto en El Profeta de hoy en la mañana.

Empezamos hablar, iniciando por la misma pregunta que hacía él, que era sobre mi trabajo. Le conté como me había ido, hasta que se presentó el mesero para ofrecernos el menú, dejando de una vez una botella de vino sobre la mesa, después de servirnos una copa.

Elevé una ceja al probarlo, sabiendo que Potter había hecho la elección, escéptica ante su gusto, pero sinceramente no estaba mal, lo suficientemente añejado para hacer de buen acompañamiento a los tres tipos de queso que habían puesto en un plato a modo de entremés.

—No sabía que sabias de vino —dije leyendo el menú.

Lo miré sonreír, mirándome con una sonrisa traviesa.

—Hay muchas cosas de mí que no conoces aún.

—Eso quiere decir que voy a conocerlas.

—Lo harás. Pero yo también lo quiero conocer todo de ti —dijo, bajando la carta y dejándola a un lado.

—Si no me conoces lo suficiente, ¿cómo puedes decir que me amas tanto? —pregunté, cerrando la carta.

—Es difícil contestar esa pregunta. Es como si no necesitara motivos para amarte, simplemente lo hago. Y tú no podrías pedirme lo contrario, sería como ir en contra de mí mismo, ¿lo entiendes?

Y no de eso va el amor en ocasiones, no saber porque amas a alguien como lo haces, simplemente lo haces y luego te vas enamorando más y amando más todo lo que vas descubriendo en esa persona. Harry y yo no éramos totalmente desconocidos, ya nos conocimos una vez y nos amamos, ahora simplemente conservamos el sentimiento, sabiendo que tenemos que conocernos otra vez, y en eso estábamos.

Asentí a sus palabras, sin saber que decir ante eso, por lo bueno es que el silencio no fue incomodo, pues el mesero regresó a tomar las órdenes. Ambos hicimos nuestro pedido y seguimos hablando de lo más trivial que nos haya pasado, ya fuera en el día o antes de volvernos a encontrar, claro, sin tocar el tema de su matrimonio con la zanahorita menor o mi matrimonio con Anthony, aunque ya le había dicho que mi difunto esposo era algo que me dolía aún. Él lo comprendió, quizá no por las razones correctas, pero lo hizo.

La ensalada llegó en pocos minutos, mientras ambos reíamos sobre una de sus anécdotas con Hermione regañándolo sobre algo, como si eso fuera novedad para mí. Yo sabía que esa castaña actuaba como una madre para Potter, y aun así no comprendía como es que Potter decía que ella estaba feliz y de acuerdo con lo que estaba haciendo, iniciando principalmente con su amor hacia a mí.

—Aun dudo que Granger esté de acuerdo con todo esto, de ti enamorado de mí —le dije, probando la pequeña ensalada de arúgula y peras verdes.

—Ella sólo quiere que sea feliz. Y tú me haces feliz —explicó con sencillez, encogiéndose de hombros.

—Si tú lo dices —contesté aun dudosa, pero dejándolo pasar.

Al menos había sido sincero al decir que cuando se enteró, el mismo día que él y Lizzie se vieron en el museo, ella había explotado ante eso, reclamándole y diciéndole mil cosas que jamás lo harían desistir o alejarse de mí, para luego decir que lo apoyaría sin dudar como siempre lo había hecho, y que Weasley se había enterado una noche antes del evento en el museo hace ya más de quince días, y qué él igual lo había tomado mal al principio, hasta que entendió que eso era lo que Harry quería. Entonces pude recordar por qué Weasley parecía que lo hubieran pateado cuando me saludó, teniendo una cara de susto, miedo y ganas de vomitar, un gracioso rostro en realidad.

—¿Por eso me miraba así? —pregunté.

—¿Cómo así?

—Cómo si alguien lo estuviera cruciando, obligado a ir, saludarme y con ganas de vomitar —expliqué.

Harry empezó a reír con fuerzas, dejando el tenedor aun lado y bebiendo de su copa después.

—Sí, por eso tenía esa cara, pero le dije que tenía que aguantarse, si realmente se consideraba mi amigo, lo haría —claudicó y pude ver una firmeza que ante no conocía en él, demostrando que iba muy en serio con todo esto.

Harry Potter estaba dispuesto a enfrentar a todo el mundo por mí y eso me hizo sentir mil emociones más.

El platillo fuerte llegó varios minutos después de que desapareciera el del aperitivo y entremés, pero estábamos tan enfrascados hablando, que ni siquiera lo notamos hasta que el mesero llegó con él, dejando cada plato delante de nosotros.

Al terminar de comer aquella carne roja que prácticamente se deshacía en la boca de lo tierna y jugosa que estaba, continuamos bebiendo más vino, hasta que sentí que empezaba a marearme. No sabía cuántas copas llevaba, había estado tan distraída con él que ni cuenta me daba cuantas veces habían rellenado mi copa, ni siquiera me daba cuenta de que el mesero entraba para hacerlo. Dejé de beber y bebí agua, tratando que el vino no se me subiera, y Potter tal vez pensó lo mismo, pues igual dejó la copa a medio beber y tomo su copa de agua.

No le dimos tanta importancia, seguimos comiendo y riendo, hasta que terminamos. Me sentía un poco llena, pero al ver aquel postre que nos trajeron, no pude con la tentación de probarlo, aun así, algo aprehensiva con el hecho de que el postre, al igual que el vino, había sido escogido por él, y por lo que recordaba, era un gran fanático de las cosas excesivamente dulces, lo cual no era completamente de mi agrado. Pero no estaba nada mal, aquel pastelillo pequeño y bellamente decorado, estaba hecho de chocolate amargo, caramelo, almendras doradas y ligeramente dulce, así como los pistachos.

—Sin nueces, porque sé que eres alérgica —dijo él.

—¿Aun te acuerdas? —pregunté con ligero asombro.

—Claro que sí. Hay cosas que jamás olvidare, tú eres una de ellas —declaró y pude sentir mis mejillas arder ante eso.

Asentí a sus palabras, sin saber que contestar a eso, así que simplemente terminé mi postre. No dejaba de mirarlo igual, encontrándome con una sonrisa que me ponía más nerviosa de lo que estaba, así que simplemente me dediqué a mirar a la pista de baile, donde varias parejas ya estaban en ella moviéndose bajo la suave música de la orquesta.

—¿Te gustaría bailar? —escuché decir a Harry.

Lo miré de nuevo y no supe que contestar, aunque él tampoco espero una respuesta, pues después de beberse lo que quedaba de su copa, me extendió una mano que no dudé en tomar.

Descendimos por las mismas escaleras de caracol y nos dirigimos a la enorme cortina de color azul, que fue abierta por dos hombres más, cediéndonos el paso al piso principal de aquel restaurante. Entramos y caminamos entre las mesas, dirigiéndonos directamente a la pista de baile. Definitivamente era más bello estar bajo aquel enorme candelabro que verlo desde arriba. Realmente era como estar en otra época, donde el piso de mármol dorado resplandecía bajo aquellas pequeñas luces, haciendo lucir el lugar más como un castillo.

—¿Me concedería este baile?

Potter se había colocado delante de mí e hizo una ligera reverencia, haciendo la misma pregunta de aquella noche donde dijo delante de todo el mundo que me amaba y lucharía por mí, haciéndome sonreír. Miré aquella mano extendida por breves segundos y recordé con más ahínco que aquella noche había mirado a mis lados, percatándome de la mirada de todo el mundo puesta sobre nosotros, pero ahora nadie nos veía, nadie juzgaba sus acciones o las mías, ni siquiera me interesaba mirar si así era. Lo único que podía mirar era los brillante ojos verdes que me miraban con adoración, algo que jamás había sucedido, y contemplar aquella mano, sobre la cual coloqué la mía nuevamente sin dudar.

Una nueva música inició, una melodía suave, compuesta por un piano y varios violines, así como la interrupción breve de un saxofón.

Puse una mano sobre su hombro y mi diestra fue sostenida con gentileza. Sentí una mano de Potter en mi espalda, a la altura de mi cintura. Me acercó más a su cuerpo con suavidad, sin dejar de mirarme a los ojos, y yo tampoco podía apartar los míos de él, sintiendo que estaba en un sueño, viajando a otro tiempo, pues todo hasta ahorita me había resultado tan hermoso y perfecto.

Nos movíamos, girábamos, me abrazaba, me soltaba y me hacía girar, podría jurar que sí, pero apenas sentía lo que estaba haciendo, toda mi atención estaba puesta en aquel hombre que me había jurado no volver a sentir nada por él, pero aquí estaba, contemplándolo, sintiéndolo y, en definitiva, queriéndolo más. Una parte de mí, por no decir que todo de mí, lo quería más.

No pude resistirme a aquella sensación y terminé colocando mi cabeza sobre su pecho, cerca de su hombro derecho, aspirando a profundidad aquel aroma que había cambiado desde del colegio, antes simplemente olía a jabón fresco, aire limpio y al pasto del campo de Quiddicht donde entrenaban, ahora olía ligeramente a especias y madera, algo fuerte, pero que agregaba calor de solo respirarlo, algo que me reconfortaba sin dudar.

Lo vi inclinar su cabeza, queriendo estar más cerca de mí todavía, pero también haciendo que todo fuera más íntimo.

Sonreí, no pude evitarlo, mirando su boca y nariz si levantaba los ojos, sintiendo su aliento acariciarme la mejilla.

—¿Te ha gustado? —preguntó con suavidad.

—¿Qué cosa? —me separé de nuevo de él.

—La cena, el lugar, la ocasión, mi compañía, no lo sé, ¿todo?

—Bueno, la compañía es mínimamente aceptable —bromeé y él me miró casi ofendido.

—¿Mínimamente aceptable? —preguntó.

Me encogí de hombros y él me miró con una mueca divertida al comprenderlo.

Reí y levanté el rostro, colocando mi barbilla sobre su hombro, y su rostro se colocó más cerca de mi cuello, donde lo sentí respirar a profundidad. Intenté relajarme ante el gesto y miré a mi alrededor, mientras seguíamos girando en la pequeña pista de baile, donde solamente cuatro pajeras más se habían unido.

Suspiré. El lugar era una maravilla.

—El lugar es maravilloso —contesté, sin dejar el hombro de Potter y sin dejar de moverme, aunque ahora prácticamente solo parecíamos estar abrazados.

—Sabía que te gustaría —alegó él, con una voz casi presumida.

—¿Así? —pregunté, levantando la cabeza y mirándolo a los ojos.

—Sé que te gusta este tipo de lugares. Sobrios, elegantes, pero también discretos y tranquilos.

—O quizá sólo me gusten los lugares caros —sonreí y él elevó una ceja con diversión— ¿No has pensado que podría dejarte en la bancarrota con este tipo de lugares, Potter? —pregunté.

—Puedes hacerlo si gustas, sólo si prometes quedarte conmigo —agregó, apretándome más contra su cuerpo, haciendo que un estremecimiento colmara mi vientre.

No sabía cómo es que con tanta facilidad él provocaba mi cuerpo. O cómo con tanta facilidad podía decir esas cosas, sin dudarlo, ni un segundo parecía titubear.

—¿Y si después de quitártelo todo, me canso de ti? —cuestioné en voz baja, sin dejar de mirarlo a los ojos, siguiendo el juego, pues era obvio que no se tomaba mis palabras muy en serio.

—Es posible que suceda, aunque luchare para que no sea así…

—Aceptarías que sólo estuviera contigo por dinero, ¿de verdad? —fruncí el ceño y él rió más divertido, haciéndome girar, para luego tomarme con fuerzas, apretando mi cintura.

Eso ya no me había gustado, aquella devoción y aceptación a que solo estuviera con él por mero interés, cosa que nunca sucedería de verdad, jamás estaría con él sólo por eso. El dinero no daba la felicidad, Anthony me había dado todo, todo lo que había pedido y hasta lo que no pedí, él me lo dio, pero no fui plenamente feliz a su lado, no hasta que llegó Lizzie a nuestra vida, aun así, con él no era tan placentero estar. Y yo estaría con Potter, si es que accedía por completo, porque lo amaría, no por todo el oro que pueda tener en Gringotts; pero no me gustaba la idea de que, en todo caso que lo aceptara de nuevo e iniciaríamos una relación de verdad, él creyera que fuera por lo que tiene y no por él. No me gustaba su aceptación a todo sólo por sus sentimientos hacia a mí.

—Diría que no de inmediato si supiera que es imposible que me ames de nuevo. Pero como ese no es el caso, lo único que puedo decirte, Pansy, es que: todo lo mío es tuyo, cuándo, dónde y cómo lo desees.

Negué con la cabeza, sonriendo y suspirando con tranquilidad. Al menos tenía claro que no estaría con él por interés, sino porque podría llegar a sentir lo mismo.

—Me estás ofreciendo mucho, Potter —susurré, cerca de su oído, haciendo que la piel de su cuello se erizara y disfruté de verdad hacerlo.

—Eso no es nada, eso es sólo lo material, Pansy, yo te estoy ofreciendo más que mi dinero, más que una casa o riquezas, te estoy ofreciendo mi amor, mi alma, mi magia y hasta mi vida. Siempre ha sido tuyo todo de mí, sólo que ahora quiero dejarlo en claro.

Me mordí los labios, colocando nuevamente mi barbilla en su hombro, azorada por todo aquello que decía, no sabía en qué momento Potter se había vuelto bueno con las palabras, pero todas ellas provocaban un desequilibrio en mí, algo a lo que no estaba acostumbrada, pues siempre sabía devolver las palabras, no dejando que nada me afectara, pero ahora eso parecía complicado con él; hacía cada declaración y confesión, que rayaba hasta en lo absurdo, ofreciéndome sin dudar algo por lo cual habría matado hace diez años. Y mirando sus ojos sabía que no mentía, que no dudaba, que aquello que iba diciendo era su verdad.

Y eso me golpeó por dentro, saberme dueña de él era como un fuego consumiéndome por dentro, devorándome, transformándome. Saberme dueña de él era delirante, una locura, cielo e infierno al mismo tiempo, y lo adoraba.

—¿Y la cena te gustó? —preguntó después de varios segundos.

Lo pensé, recordando lo que no había pasado hace mucho. Todo había sido delicioso y el servicio fue de lo mejor.

—La cena estuvo deliciosa —aseguré.

—Lo sé. Es la mejor carne que he probado —juró y yo oculté mi risa en la tela de su traje.

Era extraño escuchar ese tipo de declaraciones entre mi grupo de amigos. Nadie alababa de esa manera un platillo, se podía decir que estaba bien, que estaba en su punto, que el chef era bueno, pero no que había sido lo mejor que habíamos probado, pues eso era tan poco elegante. Pero aquella soltura para decir lo que pensaba, era una de las cosas que más me gustaban, nadie cercano a mí lo decía con tanta franqueza.

—Lo sé. Vi tu cara, parecía un festín para ti —dije entre risas.

—Me gustó —lo sentí encogerse de hombros.

Me alejé un par de centímetros de él, para poder verlo a la cara de nuevo, pues desde hace mucho había algo en mi cabeza dándome vuelta, algo que había iniciado desde que abría la caja que había llegado junto a su invitación, la cual había contenido el vestido que ahora llevaba. Quería saber quién lo había ayudado a escoger, porque de verdad dudaba que él lo hubiera hecho o de que al menos fuera a una boutique a pedir uno.

—Quiero saber una cosa, Potter.

—Lo que quieras.

—¿Quién escogió este vestido?

Lo vi sonrojarse, haciendo que mis dudas surgieran más. Si hubiera sido su mejor amiga, no tendría por qué ponerse nervioso, además de que contestaría de inmediato. La idea surgió de inmediato, más que una snitch volando en campo abierto, y al verlo en ese estado, sospechaba quien había sido la que había escogido esto. No podía negar que aquella mujer conocía mi gusto, la única que podría comprar algo que yo me pondría y, obviamente, alguien que ya había demostrado que lo que hacía Potter le agradaba.

Elevé una ceja y suspiré con fuerzas. Vi a Harry mirar para todos lados, como si buscara una respuesta en las paredes. Me mantuve seria, hasta que no pude más, para luego empezar a reír, pues su cara parecía que esperaba que en cualquier momento explotara una bomba.

—Sólo dime, Potter.

—Fue una aliada.

—No una amiga, sino una aliada. Y de seguro es alguien a quien ya dije que matare apenas llegué a Inglaterra.

—Pansy, por favor.

—Grace es demasiado Slytherin para mi gusto, sin el detalle de serme leal a mí. No puedo negar que tiene un gusto excelente: el vestido me gustó al igual que los accesorios —concluí, y luego me pasé un dedo por el arco de la ceja— Sigo sin entender su interés para esto.

—Ella sólo me hizo jurar que no lo arruinaría de nuevo, pues sino la tendría de enemiga. La verdad es que estoy seguro de que me matara si lo arruino —aceptó al final.

—Sí no lo hace ella, lo hare yo, Potter —concluí.

Aquellos enormes ojos se abrieron más al escucharme, pues sin decirlo ni aceptarlo en voz alta, le había dado ligeramente un pase libre para que siguiera con su cortejo, advirtiéndole de igual modo que lo mataría si llegase a arruinarlo de nuevo.

Seguimos bailando, y aquel agarre que había mantenido en mi cintura, se hizo más fuerte, pegándome por completo a él. No me negué al contacto, recargando una vez más mi cabeza en su pecho, escuchando los latidos de aquel corazón emocionado por mis palabras. Tal vez la boca de Potter pudiera engañarme ante tantas declaraciones, pero su corazón no, aquel músculo se aceleraba ante mi cercanía, ante mi voz y mis caricias. Él no me mentiría nunca y era en él en quien más confiaba ahora.

Pensé que a pesar de que estaba disfrutándolo mucho, no olvidaría que tendría una seria charla con Grace, por supuesto que no le haría nada, porque de cierto modo esta cena me dio una nueva perspectiva de lo que quiero en mi vida en realidad, y ella había colaborado en eso, así como en día anteriores después del evento de Merlín. Estaba agradecida por sus palabras y apoyo, pero estaba molesta por su alianza con Potter, sin siquiera saber si estaba yo de acuerdo o no.

—Pansy, ¿te gustaría ir a otro lugar? —preguntó.

—¿Es una propuesta indecorosa, Potter? —pregunté, levando la cara para verlo.

—¡No, no! ¡Por Merlín, no! —exclamó— Sólo me gustaría que viéramos algo antes de irnos.

—Está bien, pero mira que la perspectiva de una propuesta indecorosa de tu parte me había hecho ilusión —dije seriamente.

Cuando lo vi tragar saliva, empecé a reír de nuevo.

—Pansy —dijo en advertencia.

—Vamos, Potter, si no me sueltas no podremos ir a dónde quieres.

Él lo hizo, soltándome, pero no por completo, pues su mano siguió sosteniendo la mía hasta que salimos de la pista y llegamos al inició de las escaleras, por donde habíamos bajado. No tuvimos que volver a subir, pues apenas mencionamos nuestra salida del lugar, nuestras cosas fueron descendiendo por un hábil hechizo del anfitrión, al cual Potter le agradeció por todo, mientras colocaba sobre mis hombros aquella gabardina, al cual agregué un nuevo hechizo calentador.

Salimos del restaurante y debía admitir que la temperatura había bajado varios grados más, así que detuve a Potter y saqué los guantes negros de piel que había decidido traer en el último momento.

—¿Y sí nos aparecemos? —preguntó mientras terminaba de ajustar mi guante izquierdo.

—Eres un auror, Potter, ¿piensas romper las reglas? —pregunté, cruzándome de brazos y mirándolo con diversión.

Él me tomó de la mano y empezamos a alejarnos de la entrada del restaurante, hasta que doblamos en la calle, la cual ya estaba completamente solitaria por las altas horas y por ser una de las zonas con menos vida nocturna al parecer, todo el ambiente estaba en el centro de donde nos encontrábamos muy lejos.

—¿Por qué no? No es la primera vez que lo haría, y siempre he tenido suerte.

—Claro, se me olvidaba que eres el maravilloso Niño-que-vivió y todo lo puedes —dije con burla, y él me miró por un segundo, antes de guiñarme el ojo.

—Entonces, ¿aceptas?

—Bien, a mí siempre me ha gustado romper las reglas.

—Lo sé, como toda buena serpiente.

—No lo olvides, Potter.

Él se acercó a mí con una sonrisa y me abrazó, aunque realmente no era necesario tanto contacto para una aparición, pero no me quejé, simplemente apreté entre mis dedos la tela de su traje, mientras sentía sus brazos rodeándome por completo, con una ligera fuerza que ya empezaba a asociar a sus atrevimientos que pocas veces permitía. Sentí el ritmo de su magia al tenerlo tan cerca, así como el calor que desprendía, haciendo más fuerte el aroma que me llenó por completo. Casi me pude sentir suspirar ante todo eso, sentir nuevamente su magia, su calor, era embriagante.

Cerré los ojos con fuerzas, y pude sentir una de sus manos alejándose de mí, quizá para tomar la varita. Inmediatamente sentí la agobiante sensación de la aparición, y cuando volví a sentir el suelo bajo mis pies, separé mi rostro de su pecho, donde me había sumergido más profundamente y lo empujé un poco para cobrar el equilibrio sola.

—La Torre Eiffel —dije al momento de abrir los ojos, y mirando atrás de él la maravillosa estructura que era el orgullo de todo París.

Nos habíamos aparecido bajo la sombra de un árbol, así que nuestra llegada paso desapercibida para las pocas personas que había ahí. La mayoría al parecer eran parejas en actitudes románticas, cosa que me hizo sentir incomoda por estar con Potter en un lugar así.

Pero él parecía realmente fascinado con la torre, como si a eso simplemente hubiera decidido venir.

—No había tenido oportunidad de verla y quería hacerlo, además de que me dijeron que era mejor verla de noche —se dio la vuelta para verla y pude ver su enorme sonrisa, alumbrado por las luces de aquella torre.

—Es realmente hermosa —declaré.

—Lo es, es impresionante. No pensé que fuera tan bella —dijo, para luego colocarse delante de mí, con un gesto que ya me conocía, donde estaba a punto de hacer algo más— También me dijeron que era un bello lugar para venir con la persona que más amas.

—Entonces estoy en el lugar equivocado, hubieras traído a Weasley o Granger —contesté y él hizo una mueca con desagrado, haciendo que una risa saliera de mis labios.

—Pansy, sé seria por favor, de verdad quiero que lo sepas.

—¿Saber qué?

—Qué te amo, pero de verdad, que ya no lo dudes más.

—Ya hablamos de esto, Potter, repetirlo no hará que te crea —al menos no del todo, terminé de decir en mi mente— Yo, sé que de verdad sientes algo por mí, pero no estoy aun segura de sí es amor. Tal vez simplemente aun crees que lo haces, sé que me amaste en el colegio, a pesar de como terminó todo. Y aun no estoy segura de si algún día decidas que mereces otra cosa en tu vida, que tienes que hacer lo correcto, y yo sigo siendo yo, nada ha cambiado, mi pasado sigue siendo el mismo, el mismo por el cual decidiste que era mejor terminar.

Él me miró con dolor, pero también era necesario que él lo supiera, que entendiera porque dudaba de todo. Suficiente había hecho al permitirle acercarse, a ceder cuando me juré no hacerlo en un inicio. Y no podía exigirme ir más deprisa cuando fue él quien se equivocó primero, aunque yo también lo hice, lo hice al callarme, al no pedirle o demostrarle que podía ser diferente, que podía rebelarme y apoyarlo en todo. Ambos tuvimos miedo y éramos culpable, pero al menos yo no había terminado diciendo palabras que le rompieran el corazón; él lo hizo, él me partió el corazón a mí. Así que no podía culparme por no creerle. Sin querer demostrarlo, estaba siendo demasiado insegura, no de mí, sino de él.

—Sé que te fallé, y no sabes cuantas veces me ha arrepentido de eso. Yo te amaba, pero tenía tanto miedo de perderlo todo —dijo y suspiró, mirándome con los ojos brillante de lágrimas— Estaba tan solo, Pansy, y de repente tenía una familia que me protegía y cuidaba de mí, y tuve miedo de perderlos, y fue por culpa de eso que perdí lo que amaba, lo que más me hacía feliz. Lo lamento, Pansy.

—Harry —lo llamé, colocando mi mano sobre su mejilla, mirando aquellos ojos abrirse más ante mi voz llamándolo por primera vez por su nombre en mucho tiempo— Sé que tuviste miedo, yo también lo tuve. Acepté casarme con Theo sin quererlo sólo porque me lo ordenaron, me casé con Anthony por lo mismo, por miedo a que me quitaran lo poco que tenía, aunque al final no me arrepiento de eso, quise tanto a Anthony y él me dio lo mejor de mi vida, que es mi hija. Pero sé que, si hubiera sido valiente, tú no te habrías ido de mí, no al menos sin luchar.

—Y sí yo igual lo hubiera sido, desde hace mucho nos habríamos casado y yo sería el padre de esa niña preciosa que tienes —contestó con una sonrisa.

—Es muy linda de verdad —dije con una sonrisa.

—Lo es. Se parece tanto a ti —contestó y luego besó el interior de mi muñeca, apretando más mis dedos sobre su rostro— Seguiré luchando, Pansy, no importa el tiempo que me tomé, seguiré luchando por ti.

—Porque me amas.

—Porque te amo, te amo y me gustaría que todo el mundo lo supiera.

—¿Así? ¿Y de que otra manera? Que yo recuerde El Profeta ya hizo una nota de eso —le dije y él empezó a reír, y aunque quise mantenerme seria, la verdad es que tampoco pude contener mi risa al verlo.

—Esa vez no era intencional, sólo quería que tú lo escucharas, pero ellos se enteraron.

—Potter, tú lo gritaste prácticamente cuando todo el salón quedó en silencio —reclamé, bajando mi mano de su rostro, aunque en definitiva fue algo que me costó hacer.

—No sabía que eso sucedería, y en definitiva eso no fue gritar.

—¿A no?

Lo vi alejarse de mí, colocando ambas manos alrededor de su boca y tomando aire con fuerzas, y claramente me imaginé lo que iba a hacer. Aquel rostro relajado y sonriente estaba dispuesto a realizar una más de sus fechorías.

—No, esto es gritar: ¡Te amo, te amo! ¡Te amo, Pansy! —gritó con fuerzas al final, alejándose más de mí— ¡Te amo con toda el alma, con mi vida entera, Pansy! ¡Te amo, mi vida! —siguió y abrí los ojos al verlo caminar por todo aquel campo.

—¡Deja de gritar, Potter! —exclamé persiguiéndolo.

—¡No! ¡Ya no quiero más secretos, quiero que todo el mundo sepa que te amo desde hace más de diez años! ¡Que te amo con locura! —siguió diciendo.

Empecé a seguirlo, mirando como las pocas personas que había ahí lo miraban entre risas y apuntándonos con el dedo, murmurando entre ellos.

—¡¿No te basto la nota en El Profeta, Potter?! ¡Potter! —lo llamé de nuevo, sintiendo la vergüenza invadirme

—Eso no fue suficiente, amor —declaró hablando normal.

—Todos nos están viendo, están viendo como haces el ridículo.

—No me importa. Quiero que ellos y todo el mundo se enteré lo que siento por ti. ¡Te amo! —gritó de nuevo con renovadas fuerzas— ¡Te amé, te amo y te amaré toda mi vida!

—¡Basta, Potter! Estoy segura de que ellos ni siquiera te entienden —le dije y lo vi acercarse de nuevo a mí.

—Pero tú sí, ¿verdad? Porque te amo, Pansy, te amo demasiado y me moriré sin tu amor.

—¡Cállate, Potter! No exageres —exigí de nuevo, sintiendo que mis mejillas estaban rojas y no precisamente por el viento tan frío de la noche.

—¡Te amo!

—No piensas callarte, ¿verdad? —pregunté en un suspiró.

—No. Jamás me cansare de decirlo, de decírtelo: Te amo, te amo, te amo, te am…

No tuve alternativa, eso es lo que declararía cuando me cuestionaran porque lo hice.

Tomé su rostro entre mis manos con fuerzas, apretando sus mejillas y lo jalé hacia mi rostro, presionando mis labios con los de él, en un beso que inició siendo tan torpe para dos personas que ya se conocían de memoria la boca del otro, pero él no dudó en tomar el mando, acoplándonos de nuevo a aquel gesto.

Me relajé por completo cuando sentí sus manos colocarse en mi cintura, acercándose por completo a mi cuerpo, pretendiendo que nada de espacio quedara entre nosotros, y el frío que pude haber sentido desapareció por completo en ese instante. Me sentía levitando, como si pudiera volar sin la necesidad de un hechizo o una escoba. En algún momento creí que cuando volviera a besarlo todo sería tan rápido e intenso como lo fue la última vez, pero esto era lo contrario, era lento, suave, dulce, pero quemaba, quemaba mucho. Sentía tanto calor y lo deseaba más todavía.

Sentí sus labios abrirse, buscando más contacto, más calor del que podía soportar. Tuve que pararme de puntita y envolver completamente mis brazos alrededor de su cuello cuando el beso se profundizó más, cuando sentí su lengua en mi boca, cuando sentí sus dientes chocando con los míos, cuando me sentí más envuelta entre sus brazos, en su calor y su magia, aquella magia que había extrañado la mía, pues sentía ambas energías danzando con suavidad a nuestro alrededor, sólo esperaba que nadie notara eso último.

No quería dejar de besarlo, no quería separarme de aquel aroma, de aquel sabor, de aquel calor y movimiento. Pero mis pulmones empezaron a pedir oxigeno y muy lentamente alejé mi rostro, abriendo los ojos con lentitud, mirando que él apenas abría los suyos igual.

Pasé de nuevo mi mano derecha a su mejilla, acariciándolo con lentitud, sintiendo que él no pretendía soltarme aun, manteniéndome casi en el aire en su abrazo.

—Harry —murmuré.

—¡Merlín! Te amo tanto —dijo otra vez y sonreí.

—Sólo cállate, Potter —pedí.

Él sonrió grande antes de besarme otra vez.

Sí, era simplemente para callarlo y al parecer funcionó, eso era lo único que importaba.

Eso, y que Potter me siguiera besando y diciendo entre las pausas cuanto me amaba.


Hola. Ya ven, ahora no me tardé mucho.

Espero que hayan disfrutado este capítulo, porque está recién hecho, literalmente, acabo de terminar de pulirlo y se me antojó publicar.

Ahora, creo que lo que viene no les gustara, resulta que el próximo capítulo tardara un poco en llegar, tengo cosas urgentes que hacer y no podre subirlo, pero les prometo que está historia llegara a su fin, ustedes no desesperen.

Nos leemos luego.

By. Cascabelita.