Capítulo 20

Días antes de la noche de brujas, me reuní con la familia Malfoy, los Nott, Blaise y Millicent para ultimar los detalles de la fiesta que se llevaría a cabo en mi casa. Primero habíamos pensado en hacerla en Malfoy Manor como siempre, siendo este lugar nuestro punto de encuentro con mayor frecuencia, pero al final, por sugerencia de la propia Astoria, acordamos mejor que fuera en la mía, siendo que Lizzie y yo vivíamos en una zona residencial, con muchos vecinos alrededor, con suficientes niños para que los nuestros pudieran tener la verdadera experiencia de salir a pedir dulces esa noche, y todos apoyaron esa idea.

La reunión fue de lo más amena y no quise empañarla con lo que había pasado con Weasley, sabía que ellos culparían a Harry y a mi mala, perspectiva de ellos, decisión de estar con él. Era verdad que la situación con Weasley me había tenido algo ansiosa por decir lo mínimo. No había hablado con mis chicos sobre nuestro encuentro en el museo, no lo veía oportuno o tan siquiera necesario. En realidad, no tomaba muy en serio sus palabras. El daño que pudiera infringirle a Lizzie me preocupaba, pero yo contaba con la seguridad de que mi hija pasaba prácticamente las 24 horas del día lo suficientemente protegida, la única manera sería cuando salimos de paseo, pero esas veces siempre estoy pendiente de ella y, con más regularidad, el salvador del mundo mágico estaba con nosotras.

Así que lo dejé al aire por el momento y hablar con ellos sólo si era estrictamente necesario, pues sabía que, de no hacerlo, me lo reprocharían y con justa razón. Hasta yo lo vería ofensivo si se tratara de alguno de ellos, siempre hemos estado juntos, en las buenas y las malas, y no buscar el consejo o apoyo de mis amigos, sería como decirles que no confiaba en ellos, y claro, adjudicarían todo a que ahora sólo querría la compañía de Harry Potter y aunque en parte era así, no significaba que ya no los quería a ellos, realmente yo moriría sin ellos.

Pero por el momento sólo deseaba concentrarme en descansar y disfrutar, tomándome un par de días libres del museo, después de dejar todo en orden claro, y concentrarme en aquella fiesta que tenía más que emocionada a mi hija, la cual brillaba y vibraba de nuevo como hace tanto no la veía, no desde Anthony, claro. Y aprovechando la reunión para ultimar detalles de la fiesta, y a como había prometido cuando regresé de París, llevé a Grace para presentarla con la familia Malfoy y mis amigos. Nuestra reunión mensual había iniciado bien, muy bien de verdad. Grace había tomado buena plática con los anfitriones y a Daphne también le había agradado mucho, al igual que a Astoria.

Y aunque la conversación parecía pacifica, más que platicar parecían discutir sin sorprenderme que sus actitudes fueran aquellas que imaginé, llenos de soberbia y egocentrismo, como si lo supieran todo, una forma de ser que los Malfoy no soportaban en otros, pues Grace Recher era todo menos fácil de combatir, tan parecida a Draco, tan parecida a Narcissa, sólo que más divertida y presumida, y algo más desinhibida para hablar.

Oh, si Lucius estuviera aquí esto sería toda una fiesta...

—Han sido unos grandes anfitriones, no entiendo porque Pansy no nos había presentado —escuché decir a Grace en algún momento, así que sonreí y dejé la taza de mi té sobre la mesa.

—Yo tampoco lo entiendo, Pansy sabe que todos sus amigos son más que bienvenidos a esta casa —acotó Narcissa con una agradable sonrisa.

—Uno menos que otros —dijo Draco adrede, ocultando su mueca atrás de la taza de té. Rodé los ojos sabiendo que hablaba de Potter.

A pesar de eso, sonreí y pude ver en todos aquellos rostros que de verdad les había agradado Grace, era claro que lo harían, compartíamos gustos y actitudes similares, sabía que ella encajaría perfectamente con ellos y, aunque presentarla era mi propósito, no era mi único objetivo.

¡Está era mi pequeña venganza!

—Lo sé, Narcissa, pero no creí que quisieran conocerla tan pronto después de lo que hizo —le dije con voz baja y algo afectada, consiguiendo de inmediato la atención de todos ellos. Grace me miró con duda, sin saber de qué hablaba.

—¿Qué hizo? —preguntó Draco.

Ahí estaba. Pronto habría una pequeña discusión y un embate entre ellos, y aunque sabía que no sería grave, igual lo disfrutaría con creces lo que durara.

—Ella le dijo a Potter donde encontrarme en París y ahora por eso estoy en esa situación con él —suspiré con pesar.

Los ojos de Draco y Blaise se abrieron con molestia. Blaise era otro que no le agradaba mucho mi cercanía con Potter y aunque no se inmiscuía tanto como Draco, era claro que prefería que nada pasara entre nosotros. Narcissa endureció un poco el gesto, algo aprensiva con el hecho de que saliera con el Salvador del Mundo Mágico, pues a pesar de que Potter pudo salvarlos a ellos, no pudo hacer lo mismo con Lucius, no es que le guardara rencor ni nada, pero si algo de recelo; Astoria, Daphne y Millicent sonrieron con diversión, pues a ellas no les parecía tan mal que yo saliera con él, les había tomado por sorpresa, más a las hermanas que a Millicent, pero era claro que me apoyaban; Millicent sólo se había sorprendido, y me dijo que si era amor de verdad, algún día nos íbamos a encontrar de nuevo. No pude decir si eso era verdad o no, pero ella parecía realmente feliz de que así fuera.

—¿Tú eres la culpable de que Potter vuelva a irrumpir en nuestra vida? —preguntó Draco con enojo, mirándola ceñudo.

Oh, y ahí estaba. Grace cruzó los brazos de modo desafiante y rodó los ojos con fastidio, lanzándome una mirada fugaz de traición. Yo le sonreí con inocencia, sabiendo que ya ella sabía lo que había pretendido al decir eso.

—¿Hablas de irrumpirlos a todos? Hasta donde yo sabía Potter sólo está interesado en Pansy Parkinson, no en los Malfoy, Nott o Zabini —atacó con una ceja elevada, retándolo con burla.

—Tú no sabes nada —dijo Blaise.

—Tienen razón. Lo único que sé es que Harry Potter ama a Pansy Parkinson, y la mejor amiga de todos ustedes es feliz con eso. Así que sí, soy culpable —claudicó con la voz elevada y soberbia.

Draco elevó una ceja y me miró como pidiendo una explicación. Yo solo me encogí de hombros, nada dispuesta a contestar algo ante eso. Él bufó de nuevo ante mi gesto y giró el rostro, apretando un puño en su mejilla. Aún tenía algo de rencor por mi asunto con Potter, un asunto que iba demasiado bien para la salud mental de ellos y para la mía también, al menos un poco.

La conversación cambió por obra de Astoria, quien sólo había tomado la mano de su esposo y con una mirada le pidió algo de paz. La tensión no tardó en irse, aunque Draco tardó un poco más en participar en la plática que habían iniciado de nuevo su esposa y su madre con Grace, a la que pocas veces Millicent participaba, más pendiente de los intentos de Blaise por llamar su atención y en la cual me inmiscuía entre ratos para que Millicent no le mandara una maldición a Zabini demasiado pronto. Me daba risa los intentos de mi moreno amigo y el rechazo entre sonrojos y molestias fingidas de Millicent. Era un interesante juego de tira y afloja que a los dos parecía gustar, pero temía que uno de ellos se aburriera y mandara al demonio al otro, y entonces arruinarían lo más bonito que pudiera surgir entre ellos. Estaban enamorados, pero el orgullo de Millicent era terrible sobre todo con el hecho de que Blaise Zabini era un mujeriego tan terrible como el orgullo de mi amiga.

La platica de Grace con los Malfoy giró al museo, un área que ella manejaba a la perfección, conociendo de pintura, reliquias, esculturas, así como sus autores respectivamente. Astoria decidió irse cuando vio que eso iba para largo, prefiriendo ir con los niños que estaban siendo vigilados por Theo y Daphne, aunque algo alejados, pues daban un pequeño paseo con Melanie, la hija menor de ellos. Era un tema extenso y exquisito, pero los Malfoy no se quedaban atrás, eran muy fanáticos de las obras de arte, teniendo una gran colección en su casa ya fuera mágica o muggle, ahí no existía discriminación de nada. Pronto habían empezada a debatir sobre los creadores de aquellas obras de arte, sus técnicas, sus expresiones o que tan famosas lograron ser. Fue ahí donde la tensión se adueñó de la mesa otra vez, al menos para el resto, pues ellos tres estaban muy a gusto discutiendo.

—¿Qué Sandro Botticelli fue mejor que Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel juntos? Por favor, jamás una obra de él alcanzara la relevancia que tuvieron las de ellos —dijo Narcissa con una sonrisa petulante.

—Usted está hablando de la fama, señora Malfoy, yo habló de la magnificencia del pincel de Botticelli, en mi opinión nada igualara a la de él —contestó Grace.

—Por favor, eso no tiene sentido —bufó Draco con una sonrisa arrogante, cruzándose de brazos.

—Claro que sí —dijo con una ceja enarcada, y pude ver a Draco haciendo lo mismo. Sabía que ambos se darían de topes al conocerse, demasiado parecidos para mi mala suerte, pues creía que con uno tenía más que suficiente, pero es que Grace de verdad me agradaba— Un ejemplo más sencillo: Batalla de Kearsarge y Alabama de Edouard Manet, es una divinidad a lado de La Noche estrellada de Van Gogh; Manet tuvo una técnica impresionante, una composición preciosa de colores y elementos, no digo que Van Gogh no lo tuviera, sólo hablo de que a Manet ni siquiera se le recuerda —dijo con seguridad, sonriendo enorme.

—Estás comparando las obras Renacentista con las Impresionista, no cuenta —arguyó Draco en defensa.

—No los estoy comparando, eso lo hiciste tú, yo sólo di ejemplos de pintores de la misma época y a quienes se les recuerda más o a quienes menos, y que no por eso sus obras tiene menos valor —corrigió, para luego tomar de su taza de té.

Quise reír más fuerte al ver que Draco se había quedado callado, ocultando su descontento atrás de su taza de té, sabía que igual no se odiarían, simplemente a ninguno le gustaría perder enfrente del otro.

Después de eso la conversación bajó de intensidad otra vez y Narcissa invitó a Grace a ver los cuadros que Lucius coleccionó en su momento. Debía admitir que era una colección extensa y hermosa que a Grace le encantaría.

—Complicada, ¿no? —le dije a Draco, tomando el lugar que había dejado Astoria a su lado.

—Demasiado presumida y egocéntrica —contestó dejando su taza en la mesa.

—Claro. Creo que me recuerda a alguien —dijo Blaise con una sonrisa burlona, por fin despegando su atención de la chica a su lado.

Millicent no aguantó la risa para el disgusto de Draco, quien la quedó viendo feo, pero aun así no se amedrentó, continuando con su risa mientras tomaba una galleta del plato del centro de la mesa.

—¿De qué te ríes, Bulstrode? —cuestionó con una ceja enarcada.

—Cuidado de cómo le hablas a mi futura esposa —advirtió Blaise con seriedad, elevando una ceja de manera molesta.

—Uno: me río de ti, Malfoy. Dos: no seré tu esposa, Zabini —dijo rodando los ojos mi amiga y se levantó de la mesa con un bufido molesto.

—Auch por los dos —dije con una sonrisa socarrona, dispuesta a seguirla, mirando el rostro sonriente de Draco por la cara de resignación y molestia que había puesto Blaise al escucharla.

—Acéptalo, Blaise: Millicent es demasiado para ti —fue lo último que escuché decir al rubio.

Caminé hacia el jardín, pues al parecer Millicent había decidido hacerle compañía a Astoria, sacando de igual modo su varita para aumentar el número de burbujas en el aire, cosa que ambos niños celebraron con pequeños gritos y risas de alegría. Yo igual tomé la mía con una sonrisa y la empecé mover para hacer bailar los muñecos que estaban en el suelo.

Vi a Lizzie jalar a Scorpius y a Erick con una mano, para empezar a dar vueltas imitando a la pareja de muñecos que empezaron a bailar bajo el sonido de la música que Daphne hechizó para ellos, acercándose con su pequeña niña, a quien puso sobre la manta para que viera todo el espectáculo que estábamos armando para ellos, a la cual se unió Theo haciendo volar alrededor de ellos las hojas y flores sueltas de los arbustos. Los cuatro niños reían viendo todo, aunque lo más tierno y cautivador era el rostro de Melanie con sus brillantes ojos azules, maravillada y asombrada por las flores que su padre hacia que la envolvieran.

—La música clásica es buena para ellos, según lo que leí —escuché decir a Daphne, mientras empezaba a sonar el Lago de los cisnes. Reí divertida y seguí moviendo la varita.

—¿Saben? Siento que hace falta un niño aquí —dije en voz alta, al menos lo suficiente para que mis amigos me escucharan, no así los niños.

—¿Un niño? ¿Quién? —preguntó Millicent, enarcando una ceja.

—Pansy tiene razón: hay un niño de Draco y Astoria, una niña de Pansy y Anthony, y dos de Theo y mío. Falta uno definitivamente de Blaise y de Millicent.

—Así toda la tercera generación estaría completa, y Melanie tendría a alguien más o menos de su edad para jugar —dijo Astoria en la otra punta, a lado de Millicent, con una sonrisa divertida, mirándola de reojo, y supe que había entendido lo que quería provocar al decir eso.

—No tendré un hijo de Blaise sólo para que ustedes completen su tercera generación —dijo con los dientes apretados Millicent, tensando su mano entorno a la varita. Era claro que se percataría de nuestra burla y de nuestras ganas para que dé una vez aceptara a Zabini.

—¡Vaya! ¿Esa idea fue totalmente tuya, Millicent? Nosotras sólo dijimos que hacía falta uno de Blaise y uno tuyo, no que fueran los dos juntos —contestó Daphne con fingida sorpresa y Theo rio por lo bajo, mirándonos de reojo, pero con el claro gesto de que él no se involucraría en nuestra platica, después de todo, Bulstrode era de temer si se le molestaba lo suficiente.

—Como si no las conociera, serpientes manipuladoras —dijo con la mirada fija, haciendo un nuevo movimiento con la mano para que aquellas burbujas salieran en diferentes formas. Sabía que estaba tensa y habíamos logrado tocar una fibra en ella, pero para una mejor percepción, hablaría con ella más tarde— Sé lo que tratan de hacer y de una vez les digo que jamás tendría algo con Zabini, es demasiado imbécil para mí.

—Bueno, tal vez no haga falta que tengas que cumplir esa penosa tarea, Millicent —suavizó la voz Astoria—, al parecer la nueva amiga de Pansy estaría encantada de hacerlo y Blaise no se ve muy en contra de aceptarlo —señaló con la mirada hacia donde Grace había regresado sola, pues Narcissa no se veía por ningún lado, sentándose al lado de nuestro amigo y empezando a conversar con él. Quizá Draco ya no deseaba más debates con Grace, pues se puso de pie y empezó a caminar hacia nosotros.

Las burbujas se detuvieron de repente y todos pudimos darnos cuenta del rostro tenso, firme y molesto de Millicent, quien bajó la varita de golpe. Nadie dijo nada ya, sólo disminuimos el ritmo de la magia para los niños, yo detuve poco a poco los juguetes hasta hacerlos caer suavemente a la manta, Theo igual desplazó con lentitud las hojas y las flores, sólo dejando una en la mano de su hija, a quien levantó de inmediato para abrazarla.

—Millicent —llamé con suavidad, presintiendo que aquella escena le sentó mal.

—No es como si me importara, Pansy —aseguró y luego se forzó en sonreír y dejar de verlos— Entonces, niños, ¿Qué desean hacer ahora? —les preguntó poniéndose a la altura de los tres.

—¡Volar! —gritó Scorpius— Papi, ¿puedes llevarnos a volar? —le pidió a Draco cuando lo tuvo cerca, saltando en su lugar.

—Tyron no está en condiciones de volar, Scorpius.

—No, no en Tyr, en escoba, ¡volemos en escoba! —apremió con una enorme sonrisa.

—Mami —llamó Lizzie y me dirigí directamente a ella, quien veía con cara de tristeza y miedo a Draco y Scorpius.

—Está bien, mi cielo —dije colocando mis manos en sus hombros, acariciando su cabello y sonriendo con tranquilidad para hacerle ver que no había nada malo— Todo está bien.

—Si, princesa, no te preocupes, puedo llevarte también —le dijo Draco con calma, y pude ver en ellos la esperanza de que Lizzie dejara de temer y aceptara ser llevada como antes lo hacía.

—No, yo no quiero —negó con la cabeza y me abrazó con fuerzas, ocultando su rostro en mi cuello. Esperé el llanto, pero no sucedió, aunque la sentía tensa en mis brazos.

Draco me quedó viendo con pesar, negando con la cabeza. Miré a mis amigos, quienes me miraban con preocupación, sabiendo ya lo que pasaba. Lizzie había desarrollado un enorme miedo a las escobas desde la muerte de su padre, no soportaba estar siquiera cerca de una sin ponerse a gritar y decir que esas cosas eran malas. Yo prácticamente lo asumí a que pensaba que la escoba había sido la culpable de la muerte de Anthony, aún era demasiado pequeña para que comprendiera que no fue eso, sino el golpe que llevó en la cabeza lo que lo mató, mucho menos podía decírselo de esa manera, pero algún día lo haría. Tampoco podía obligarla a superarlo, ella había adorado volar antes con Anthony y nos juraba que sería una jugadora igual que él, haciendo sonreír con orgullo a su padre, aunque a mí me quitaba el sueño con esa idea; así que confiaba que algún día pudiera subirse de nuevo a una, aun si ya no era para jugar Quidditch.

—No, princesa, no volaremos….

—¡Pero, papi! —se quejó el pequeño rubio.

—Scorpius, Lizzie no se siente bien volando —dijo su madre con voz suave, colocándose igual a su altura.

—¡Pues que no se suba y ya! —contestó el pequeño cruzándose de brazos. Vi a sus padres con claros gestos de molestia y regaño, a punto de reclamar su poca paciencia y tolerancia para con Lizzie.

—Scorp tiene razón, Draco, Astoria, vayan ustedes, Lizzie y yo jugaremos con Melanie, estoy segura de que Erick también querrá que sus padres lo lleven, ¿o no, cariño? —me dirigí al siempre callado niño que asintió con entusiasmo, mirando a su padre quien aceptó con una sonrisa ladeada.

Scorpius al final sonrió de nuevo cuando Draco aceptó llevarlo, así que se fueron al campo de Quidditch, sobre todo para que Lizzie no los viera volar. Por sugerencia mía y de Millicent, Daphne y Theo aceptaron que Melanie se quedara con nosotras, así que Lizzie y ella, y nosotras dos, nos sentamos sobre la manta a jugar al té. Mientras mi hija parecía entretenida con Melanie que sólo se dedicaba a dejar caer las tacitas que Lizzie les pasaba, yo me forcé en encontrar el modo correcto para hablar con Millicent sobre lo que pasaba con ella y Blaise, el cual seguía a lado de Grace demasiado sonrientes y entretenidos. No sabía cómo iniciar, y la verdad en que mi castaña amiga no soportaría que me fuera por las ramas, así que, suspirando, lo solté de golpe.

—Ya te disté cuenta de que está enamorado de ti y aun así no le haces caso, ¿Por qué? —pregunté directamente, sosteniendo la muñeca que Lizzie me pasó.

—No puedo confiar en él. Sólo míralo, está ahí, coqueteando con una mujer que apenas conoce. Sí, él lo ha dicho, ha dicho que está enamorado de mí, que me quiere y todas esas cosas —dijo bajando la mirada, mientras un tenue sonrojo se apoderó de sus mejillas— Pero lo está haciendo en mi cara —musitó mientras su mirada no se despegaba de aquellos dos que habían empezado a conversar demasiado cerca.

No quería meterme ni nada. No sabía que pasaba con Grace, con Blaise o con la propia Millicent. Grace lo había visto, se percató de ello en el evento de Merlín, se dio cuenta que entre Blaise y Millicent algo sucedía, así que no entendía que hacía ahí como si nada malo estuviera pasando, aunque técnicamente nada malo estaba pasando. No podía enojarme tampoco, pues en teoría no había daño alguno. Millicent no aceptaba a Blaise y Grace no tenía ningún tipo de compromiso, así que los tres estaban muy solteros como para que hicieran lo que quisieran. Ambas eran mis amigas, pero ahora estaba viendo sufrir a una a causa de la otra, y no sabía qué hacer. Yo estaba segura de que Blaise de verdad quería a Millicent, así que no creía que hicie…

¡Maldición!

Claro, mi buena fe en los sentimientos de Blaise se había ido al carajo en un instante, pues en este momento la pareja que estaba todavía en la mesa se había acercado lo suficiente como para compartir un beso que no duró casi nada, pero que fue suficiente para que el daño se hiciera. Millicent a mi lado sólo había jadeado quedamente, como si le hubieran robado todo el aire de los pulmones. Pude sentir hasta su dolor y el sonido de algo rompiéndose dentro de ella. Yo sabía que era eso, conocía aquel sentimiento de que te acaban de romper, lo había vivido en carne propia al ver a Harry besando a Ginevra Weasley en el colegio; al ver la foto del beso de Anthony con aquella modelo en Ámsterdam y las siguientes fotos de ambos saliendo del hotel. Ambos habían dolido a su manera, ambos fueron una traición, y sabía lo que se sentía. Era como si te quemaran por dentro, y llorar era lo más fácil que sucedía entonces, ni siquiera lo forzabas, simplemente llorabas.

Tomé la mano de Millicent en un rápido movimiento y ella se giró de inmediato al verme.

—No importa, no te puede doler la traición de quien ya lo esperabas —dijo con una sonrisa triste.

—Millicent, yo estaba segura de que él…

—Sí, yo también empezaba a creerlo —murmuró y sonrió de nuevo como si nada malo hubiera pasado, pero sus ojos estaban tristes, lo más triste que alguna vez los había visto.

Me mordí el labio inferior sin saber que decir o hacer. Millicent se soltó de mi mano con una sonrisa y continuó jugando con Lizzie, pidiéndole más té que mi hija fingió servir con una sonrisa, mientras le devolvía a Melanie el juguete que aventó lejos. Yo igual continué con lo mismo, pero no podía parar de verla, de imaginar lo que sentía, recordando el cómo me sentí.

—Pansy —levanté la cabeza al escuchar mi nombre, dándome cuenta de que Grace estaba a unos pocos metros de nosotras.

Me fue imposible no mirar de inmediato a Millicent a mi lado, quien tragó saliva con fuerzas y siguió la plática con mi hija, haciéndola reír, ignorando totalmente su presencia.

—¿Puedo unirme al té, Lizzie? —preguntó Grace a mi hija quien asintió con entusiasmo con la cabeza.

Ella se sentó a mi otro lado, y pude sentir que la tensión bien podría rebanarnos el cuello. No sabía de qué hablar ahora, y aunque buscara un tema, sabía que Millicent no contestaría. Pude ver a mi amiga castaña con las manos apretadas y luego la vi mover la cabeza, como si intentara quitarse un dolor de cuello o algo así.

—Princesa, ven acá —llamó Millicent a mi hija, quien se acercó de inmediato— Te veré el próximo fin de semana, ¿te parece? Ahora tengo que irme, mi cielo —le dijo con una sonrisa mientras la abrazaba.

Sonreí ante la escena, si había alguien, además de Astoria y Narcissa, que amara a mi hija, esa era Millicent, aunque por su trabajo muy poco podía verla, pero cada vez que sucedía, el cariño era inevitable entre ambas.

—¿Por qué te vas, tía? —preguntó haciendo un pucherito y Millicent le pellizco una mejilla con afecto.

—Tengo trabajo, pero vuelve con Melanie, te veré la próxima semana —prometió estirando su meñique para que Lizzie lo tomara con el suyo. Era así como se cerraban las promesas entre ellas— Nos vemos, Pansy —besó rápidamente mi mejilla, sin darme oportunidad para preguntarle que pasaba, se acercó a darle un beso en la frente a Melanie, antes de levantarse y caminar de inmediato a la casa, donde de seguro tomaría la chimenea para irse.

Quise levantarme para ir acompañarla, pero la mano de Grace en mi antebrazo me detuvo. La miré sin entender, pero ella colocó un dedo sobre sus labios y señaló sin disimular donde Millicent entraba a la casa sin girar a ver a Blaise que se había mantenido sentado en la mesa, ignorándolo a propósito aun cuando él la llamó y la siguió al interior.

—¿Qué? —pregunté con duda.

—Ya sé, de seguro crees que soy una… de lo peor —miró a Lizzie al rectificar sus palabras— Y no te niego que me quedé a lado de tu amigo con la idea de coquetear, pues sigue tan soltero como hace meses, así que no vi nada de malo, pude quizás gustarle —se encogió de hombros con una sonrisa. Entrecerré los ojos disgustada, pues yo sabía que ella lo sabía, y aun así lo besó, sabiendo lo que Blaise y Millicent sentían por el otro— Él me aseguró que antes no habría dudado en llevarme a un hotel, es demasiado directo a decir verdad, por eso me reía tanto, pero que ahora está muy enamorado y ama a otra mujer, a tu amiga Millicent, aunque no dijo su nombre, pero yo le dije que ya sabía quién era, y le propuse que lo mejor era darle celos, tuve que insistir para que aceptara, pues pensaba que ella lo odiaría sin dudar.

—Bueno, Blaise la conoce porque es claro que ahora ella lo hace —dije con enojo, cruzándome de brazos y mirándola con enojo.

—No, para nada, te aseguro que no lo odia, ahora se estarán comiendo en algún salón de esta mansión —dijo moviendo la mano quitándole importancia.

—¿Qué? Definitivamente estás loca y no la conoces bien.

—Antes de venir hacia acá, le dije a Blaise que cuando la viera irse, fuera tras ella, tendría que detenerla, besarla demasiado y luego, arrodillándose si es necesario, explicarle todo —me contó y yo enarqué una ceja.

—¿No era más fácil que hiciera eso sin un beso de por medio?

—Por supuesto que no. Todo es parte de un plan tan simple que ha resuelto los líos amorosos desde tiempos inmemorables —dijo ella con esa actitud tan presumida— Tus amigos están en un tonto cliché, Pansy: él no sabe cómo demostrar que es sincero, pues para tu amiga todo es fingido de su parte, tenía que verlo como realmente es, saber que ahí estaba el auténtico él coqueteando con todo el mundo, y tú amiga necesitaba sentirse celosa para que al fin aceptara que no le gusta simplemente, sino que también lo ama, tiene que darse cuenta de que ese hombre es para ella y que ninguna mujer puede venir a quitárselo. Tienen que reclamarse, confesarse en un momento ardiente y perfecto que solo una intrusa puede provocar.

—¿Y si no lo perdona? —pregunté.

—Claro que lo hará. Después de todo, si ella se parece en algo a ti, no dejara ir lo que le pertenece —aseguró con una sonrisa pícara. Yo rodé los ojos con fastidio, pues sabía que hablaba de Potter.

Después de eso, la reunión pareció morir. Las hermanas preguntaron al volver por Millicent, pero al no ver a Blaise asumieron rápidamente que se habían ido juntos, riendo al pensar que esos dos por fin dejarían de evadirse y atraerse mutuamente, cosa que tal vez era cierta, pero no de la manera en que ellas pensaban, y por el bien de Grace, preferí callar lo que había hecho, pues era probable que también se enojaran con ella.

Al atardecer me desaparecí con Lizzie hacia nuestra casa, después de tomar el té con el resto de los chicos, sin la familia Nott, que no tardó en irse también, pues Melanie ya se había dormido y Daphne quería acostarla en su cuna.

Al llegar la noche le envié una nota a Potter para confirmar nuestra salida, ya que el sábado lo había pasado completamente con mis amigos, se me hacía justo salir con él el domingo en la tarde. Él confirmó su asistencia al parque, pero con lo que no contaba es que Lizzie amaneciera con una ligera gripa, nada grave, pero si molestosa pues estaba congestionada y su nariz estaba muy roja, haciéndola hablar de manera graciosa. Le di una cucharada de un jarabe que Draco había creado para Scorpius, con un sabor a manzanas que les era más fácil de tomar a los niños, y envié una nueva nota para Potter, avisándole del inconveniente y de nuestra ausencia, pero Lizzie estaba tan terca, más de lo normal por su incomodidad, en verlo, que no pude negarme a su petición a que viniera a nuestra casa.

No sabía si eso estaba bien, la verdad es que había mantenido a Potter al margen de nuestra vida, lo más que se podía dado que ya él y ella se conocían y salíamos cada fin de semana. Además, el que conociera mi casa ya no me parecía tan grave, aunque me parecía que sería como dar un enorme paso en nuestra intimida, pues ni yo conocía su casa y ni él la mía aún, y la verdad sea dicha, no es como si eso me molestara tanto. Como ya lo había aceptado en mis adentros, deseaba la compañía de Potter siempre, de todas las maneras posible y para tiempo indefinido, siempre sería una buena opción. Así que le dije a Lizzie que estaba bien, que lo invitaría y ella estuvo feliz. Estaba segura que Potter ni siquiera dudó en rechazar la invitación, inmediatamente recibí su confirmación, así que sólo le di indicaciones de nuestra residencia. Una hora después, lo tenía en mi casa, con un osito de felpa para mi hija y flores para mí.

Lo hice pasar a la sala, donde Lizzie enredada en una colcha suavecita esperaba. Estiró rápidamente los brazos al verlo y Harry corrió a su lado, tomándola en brazos y sentándola en su regazo. Sólo pude sonreír al ver mi hija siendo tan caprichosa, pues no es que se sintiera tan mal, pero quería ser mimada y Potter parecía estar muy dispuesto a hacer ese trabajo, pues le acarició el cabello y el rostro, besándole la frente mientras le murmuraba palabras cariñosas y consentidas, entregándole su regalo.

—Sólo está algo resfriada y un tanto irritada, por eso la sentirás más tibia que siempre —dije conjurando un jarrón para las flores, mientras Lizzie abrazaba su nuevo peluche— Ya le di jarabe.

—Que sabe a tarta de manzana —dijo la niña con entusiasmo, haciendo sonreír a Harry por aquella vocecilla ligeramente ronca.

—¿De verdad? —preguntó él con una sonrisa.

—Draco la creo para ellos, alegando que él odiaba el jarabe tradicional cuando era niño y Severus Snape nunca quiso mejorarle el sabor —le conté y pude ver el rostro de Potter ensombrecerse un poco.

Ya me había contado también lo que había pasado con nuestro antiguo profesor, diciéndome que lo vio morir y todo lo que el hombre había hecho a sus espaldas, camuflajeado por Albus Dumblendore. Draco había estado molesto cuando de igual manera Severus en una carta le contó todo, demostrando con ello que mi Dragón había sido importante para el maestro de pociones, pero el rubio no lo tomó de la mejor manera, diciendo que ese hombre los había traicionado por un amor que jamás tuvo y por el niño de la profecía, con el tiempo logró olvidar aquello, evitando hablar de él, claro, pero yo lo conocía y sabía que aquello le dolía, que a pesar de todo, él de verdad apreciaba a ese hombre.

—Eso está bien —contestó él, besándole de nuevo la frente, pegándola más a su pecho mientras la mecía. Lizzie se dejaba hacer, enterrando la mejilla sonrojada en su ropa, sonriendo suavemente.

No podía evitar pensar en Anthony al verlos. Él también adoptaba esa posición cuando Lizzie enfermaba, manteniéndola en su regazo, abrazándola, dándole besos y palabras tiernas que mi hija adoraba. Era una nena consentida, y podía apreciar que ahora se sentía cómoda recibiendo ese trato por parte de Harry. Y eso, aunque me hacía sentir nostalgia por Anthony, también lo disfrutaba, pues sabía que Harry de verdad la quería, y no era solamente por mí, sino que Lizzie se había ganado su corazón de verdad, había llegado a su alma de la manera más tierna e inocente posible.

—Insistió tanto para que vinieras. Ahora pasemos al comedor para poder desayunar —les dije a los dos, después de varios minutos en silencio.

—Avena con fresas —pidió ella y yo asentí.

Vi a Lizzie girando sobre el regazo de Harry y enredando sus brazos alrededor de su cuello, dejando claro que no pensaba ir caminando, sino que tendría que llevarla cargada. Negué con la cabeza, pero viendo la sonrisa de Harry, quien simplemente se levantó con ella y me siguió al comedor, donde la mesa ya estaba puesta con el desayuno. Tomé mi lugar en la silla principal y señalé donde se sentaría Lizzie, quien colocó a su nuevo oso en la silla de al lado y Harry se sentó a mi lado izquierdo.

Después de comer, subí para cambiarla, pues había permanecido en pijama hasta el momento. Le coloqué otra muda de ropa más informal y suave, sabiendo que se la pasaría todo el día acostada, aunque eso no evitó que apenas regresando a la sala llevara a Harry a su habitación donde estaba el televisor, diciendo que quería ver películas. No sabía cómo sentirme respecto a eso, saber que Lizzie estaba haciendo lo mismo que hacía con Anthony cuando enfermaba. No quería que se confudiera o algo parecido, aunque tampoco lo veía como algo malo, con Draco hacía lo mismo, igual que con Blaise cuando venía de visita, además de que seguía llamando a Harry por su nombre y le señalaba cuales eran sus películas favoritas y cuales quería ver.

Suspiré y me senté al otro lado de ella, envolviéndola con una frazada y abrazándola un poco cuando se acurrucó a mi lado, esperando que iniciara la Bella durmiente. Lizzie no aguantó la película completa, quedándose dormida a la mitad. Así que apagué el aparató y la acosté por completo, agrandando un poco el sofá por si se quería dar la vuelta. Llamé a Harry con una mano y volvimos a la sala, que no estaba realmente lejos de aquel salón, de hecho, podía ver la puerta y a Lizzie durmiendo en el sofá.

—No parece estar tan mal —dijo él atrayéndome hacia su cuerpo.

Me dejé hacer, colocando mi cabeza sobre su pecho y abrazándolo. Había pasado la semana entera extrañándolo, a pesar de verlo todos los días en mi salida del museo. Cada día lo extrañaba más que el día anterior, y eso me asustaba un poco, pero Potter aun no huía de todo esto, de hecho, parecía más seguro que nunca de que no volvería a hacerlo.

—No, no lo está, sólo que se pone algo consentida cuando enferma, quiere que la mimen todo el día —contesté suspirando y sonreí al sentir sus brazos apretarse y sus labios besando mi frente.

—También tú te pones así, ¿igual te sientes mal? —me preguntó con una sonrisa que pude ver al levantar el rostro.

—No. A mí siempre me ha gustado que me consientan —reí y enterré mi nariz en su pecho, respirando el aroma limpio de su ropa y el perfume que tenuemente se colocaba.

—Mi preciosa Pansy —sonreí ante su voz llamándome de esa manera.

Nos quedamos en silencio por varios minutos. No sabía en lo que él estaba pensando, pero yo no podía dejar de pensar en la noche de Halloween, Astoria ayer, antes de regresar a casa, me había dado una lista de los requerimientos que faltaban para la fiesta, esa misma lista se la había dado a uno de mis elfos para que se hiciera cargo, pensaba hacerlo yo, pero a como estaba Lizzie, sabía que no podría ir yo misma a realizar las compras y pedirle a Astoria o a Millicent que se hicieran cargo, no era justo, no cuando ya habían hecho la mayoría de las cosas junto a Daphne, pues los Nott serían parte de los anfitriones para la fiesta.

No sabía cómo tomarían mis amigos ver a Potter aquí esa noche, no es como si no lo supieran, creía ya haberles dado suficiente tiempo como para asimilarlo del todo y aceptarlo, así que no deberían disgustarse más de lo debido. Tal vez fuera incómodo para todos, también para mí, después de todo, nuestra historia no era muy bonita con los leones. Estaba fuera de lógica y casi parecía una broma, reunir al Salvador del Mundo Magico, no con uno, sino con cuatro, contándome a mí, de los herederos de unas de las familias más antiguas que quería verlo muerto, que apoyaban totalmente la causa de un demente, y no es que nosotros cuatro hubiéramos seguido a ciegas aquello, pero no podíamos mentir al decir que no apoyábamos a nuestra familia, que no ayudamos, al menos a nosotros mismos. Después de todo, lo único que deseábamos era sobrevivir, y no importaba de qué manera conseguirlo, sólo queríamos vivir por más tiempo.

Lo abracé más fuerte, jamás lo quise muerto, mucho menos cuando me enamoré a él.

—¿Sucede algo? Te siento más tensa —preguntó y lo sentí masajear los costados de mi espalda, mientras presionaba su boca en mi frente.

—Sólo pensaba en la noche de Halloween —murmuré.

—¿Tienen planes para esa noche?

—Sí —levanté la cabeza y lo miré a los ojos. La verdad es que no me importaba nada, sólo quería tenerlo aquí— La familia Malfoy, los Nott, Blaise y Millicent, planeamos una fiesta para los niños.

—¿Así que una fiesta? —preguntó Harry mirándome por completo.

—Sí —suspiré y me acomodé mejor, de manera que no tuviera que doblas tanto el cuello para verlo— Es la primera vez que tendrán plena consciencia de lo que es esa noche y queremos hacerla inolvidable para ellos —expliqué y me acerqué un poco más, buscando el contacto al que, en contra de mi voluntad, me estaba haciendo adicta otra vez, sobre todo después de cierta actividad en mi oficina que deseaba repetir.

—Eso está bien, ella… ellos lo merecen —dijo apretando nuevamente sus brazos alrededor de mi cintura y atrayéndome más hacia su cuerpo, besando mi frente en el proceso.

Cerré los ojos por un instante. El clima ya empezaba a volverse más frío de lo usual y sentir la magia y el calor de Harry rodeándome era muy bueno, pero, aunque me sentía a gusto, sentía las manos frías y los pies también, así que moví mi varita para atraer una frazada para nosotros, extendiendo un poco más el sofá para que pudiéramos estar algo recostados. Harry pareció satisfecho, pues inmediatamente se quitó los zapatos y nos envolvió a los dos con la frazada, acomodándome en su cuerpo.

—Me gustaría que vinieras.

—¿De verdad quieres que venga? —preguntó con asombro.

—Claro que sí. No creo que tenga nada de malo —suspiré y acaricié su mentón y labio inferior con mi pulgar.

Él tomó la mano que estaba sobre su rostro, presionándola más contra su piel, antes de besarme los dedos. Harry podía detenerme el corazón con aquella mirada que me daba, justo con esa mirada que me estaba dando. Era tierna, dulce, de una adoración completa. Era difícil describirla, pero al mismo tiempo me parecía imposible prescindir de ella.

—¿Y tus amigos? —cuestionó con duda.

—No creo que no sepan ya sobre esto. Tú no fuiste muy discreto sinceramente y ya saben que salgo contigo —sonreí ante lo último. Para estás altura sería tonto negar que no salía con él.

—¿Así que, señora Parkinson, usted está saliendo con Harry Potter? —preguntó él con clara emoción, mirándome con un nuevo brillo en el rostro.

—Sí, posiblemente. Ya lo sabe, auror, Harry Potter es algo idiota, pero no creo que lo arruiné otra vez —respondí y sentí sus brazos apretarse más.

—Jamás lo arruinaría de nuevo, Pansy —juró y me besó castamente en los labios.

—Lo sé —suspiré con tranquilidad, estando segura de eso ya— ¿Vendrás? Comprenderé si no puedes o no quieres —le dije en voz baja, dejando un beso sobre su pecho.

—¿Por qué no querría? —escuché la confusión en su voz y levanté de nuevo la mirada. Quería encontrar una manera para decirlo, pero cómo hacerlo si no era con todas sus letras.

—Sé que el 31 es el aniversario de la muerte de tus padres —no sabía de qué manera tener tacto en ese tema. No podía quitar palabras o dejar la frase a la mitad, eso sería más irrespetuoso, pero también sentía una enorme incomodidad, después de todo, ahí fue donde inició el verdadero destino del hombre que amaba.

—Está bien, Pansy —lo escuché decir en un suspiró, como si supiera mi lucha interna— Es un tema difícil para mí, y duele como siempre —me levanté de inmediato para verlo a la cara, preocupada por si lo había lastimado de algún modo, pero él negó y me devolvió a sus brazos— No te alejes, te necesito pegadita a mí —murmuró.

—De acuerdo. Sólo no quería hacerte sentir mal —acepté con voz calmada.

—No me haces sentir mal. No mentía cuando te dije que quería conocer todo de ti y quería que conocieras todo de mí también. Esto es parte de ese todo —explicó acariciando mi cabello— ¿Sabes? Me da consuelo hablar de esto contigo, antes, en el colegio, nunca lo hicimos, siento que fue porque cada uno sabía en qué lado nos encontrábamos en esa guerra. Eso no quiere decir que no hubiera deseado hacerlo o que no hubiera deseado tenerte siempre, eso ya lo sabes ahora. Lo que quiero decir, es que, te amo tanto, pero tanto, que hacer que conozcas todo de mí y que no te vayas, es todo lo que necesito.

—Harry… —murmuré con un nudo extraño en la garganta. Estaba conmovida, su voz, sus palabras, no podía describir las emociones que me despertaba— Harry, quiero estar siempre.

—Es todo lo que necesito y quiero —aseguró. Me levanté nuevamente, pero no para alejarme, sino para besarlo en los labios, antes de volver a mi lugar en su pecho. Él se quedó por un momento callado, antes de suspirar, preparando para hablar de nuevo— Ese día es difícil, no recuerdo nada de lo que pasó esa noche, bueno, tengo noción por una de las memorias de Snape.

—¿Qué? —quise indagar sobre eso

—Luego te lo platicare bien —prometió y yo asentí, sabiendo que no era bueno insistir ahora— Pero en realidad no sé nada. Sólo me queda ese remordimiento de no recordarlos, ¿sabes? Tengo algún que otro conocimiento de cómo eran porque muchos se encargaron de platicarme sobre mis padres. Pero no los recuerdo, no sé cómo eran y lo único de lo que estoy seguro es que murieron protegiéndome. Eso no lo hace menos doloroso, de hecho, siento que aumenta todo. Me amaban tanto que murieron por mí, mi madre me amaba tanto, que uso todo lo que tenía, antes de morir, para protegerme por el resto de mi vida. Ya sabes, lo que te conté de porque tenía que vivir con la hermana de mi madre.

—Tus horribles parientes —mascullé con molestia, no comprendiendo como pudieron tratarlo tan mal siendo sólo un bebé— El hechizo de sangre. Lo recuerdo.

—Eso. Es difícil para mí esa noche, no voy a negarlo. A pesar de que no estuvieron conmigo, ellos me dieron más de una oportunidad para vivir, y se los agradezco tanto.

—Yo también —suspiré, cerrando mis ojos.

—¿Tú también? ¿Por qué?

—Por estoy aquí entre tus brazos, Harry. Si no fueras tú, dime, ¿a quién amaría? —pregunté en un momento de valentía.

—¡Oh, Merlín! ¡¿Acabas de decir que me amas?! —preguntó con asombró, levantando mi rostro para que lo viera a los ojos.

—Creo que sí. No es algo que deba sorprenderte, tú ya lo sabias, lo has sabido siempre —lo dije como si no importara, aunque en realidad, importaba y mucho, pero sólo quería volver a recostarme en su pecho para que no viera que tan roja estaba por mis palabras.

—Pansy, te amo, te amo, te amo tanto —dijo con la voz emocionada, removiéndose, dejándome con la espalda completamente pegada al sofá, alzándose en sus brazos para verme a la cara.

—Yo también lo hago, Potter —sonreí y acaricié su rostro.

Él no dudo un segundo más en inclinarse y besarme en los labios como nunca lo había hecho antes. Parecía expectante, hambriento, lujurioso y tierno a la vez. Quería fundir su cuerpo con él mío, lo supe cuando lo sentí recostarse sobre mí, apoyando su pecho en el mío y dejando salir su magia que parecía envolverme en una especie de capsula, para que nada me tocara, para que nada me dañara.

Harry Potter me amaba y nadie podía dudarlo ya, ni siquiera yo. Y yo no dudaba ya de mis sentimientos por él, sentimientos que nunca se esfumaron o desaparecieron, simplemente se guardaron dentro de mí, hasta lo más profundo, esperando el momento justo para salir, porque sólo él, sólo Harry Potter tenía la llave de ellos, era el dueño del candado.

Y yo, yo no estaba indefensa ante aquel hecho. Porque así cómo él era dueño de mis sentimientos, yo era dueña de los suyos, sentimientos que jamás logró guardar, que jamás ocultó o trató de desaparecer, siempre estuvo consciente de que me pertenecían, que él me pertenecía.

Harry Potter era mío, total y completamente mío.


Merlín y todos los magos del mundo saben que no tengo disculpa por el enormeeeeeee tiempo que he estado sin subir nada, absolutamente nada. Y no quiero justificarme, ya no tengo argumentos para eso, pero si una poderosa verdad: no tenía nada para continuarlo, sí, partes de textos de aquí y allá, pero nada para unirlos, nada para hacer una capítulo decente.

Disculpen.

De verdad espero que lo disfruten y nos leemos.

By. Cascabelita