Capítulo 21

Terminé de ajustar el vestido demasiado colorido y ligero que había mandado Astoria para mí. Bufé cuando me vi en el espejo, terminando de detallar aquel maquillaje de colores pasteles e iluminado a más no poder. Solté mi cabello, el cual le había colocado piedras preciosas para que brillaran cada vez que lo moviera.

Alcancé mi varita y terminé de hechizar las alas que había llegado junto al vestido. Las probé y no pude evitar reír al verlas moverse a través del espejo. Era una ilusión muy bonita. Pero lo que no era nada bonito era este juego de disfraces que las señoras Malfoy habían propuesto para complacer a Lizzie y a Scorpius. Bueno, no es que no fuera bonito, sino que simplemente no me gustaba verme como… un jodido arcoíris andantes. Pero todo fuera por ella, por ellos, tenía que repetirme una y otra vez.

Halloween era una fecha especial para todos los magos, no había nadie en el mundo, tanto mágico como muggle que no lo celebrara. Los disfraces, las fiestas, los dulces, los colores, todo era diversión, y aunque los dulces no fueran mis cosas favoritas, ciertamente disfrutaba las fiestas y en Hogwarts el poder disfrazarme, pero llevaba tanto tiempo sin hacerlo, desde que salí del colegio, así que verme vestida de esta manera era extraño. Pero no pude haber negado, no cuando aquel rostro me lo pidió.

Antes de que Lizzie creciera tanto, era más fácil este asunto de Halloween, yo simplemente compraba o mandaba a elaborar el disfraz que más me gustara y se lo colocaba ese día sin escuchar protestas de nada, Anthony tomaba un montón de fotografías, un par de chocolates para nosotros y eso era todo. Cuando ella empezó a entenderlo, seguí eligiendo el vestuario yo, y Anthony la llevaba a pedir dulces a los pocos vecinos que teníamos en ese entonces, dulces que racionaba para que no se los acabaran esa misma noche entre los dos. El año pasado ella no quiso hacer nada, no quiso disfrazarse o pedir dulces, y lo entendí, lo de Anthony aun estaba muy reciente para ella para que deseara hacer algo más que no fuera simplemente tomar un chocolate y dormir.

Pero ahora mi princesa, había deseado ser eso precisamente: una princesa. Y por supuesto que en la mansión Malfoy habían tomado sus deseos como una orden, mandando a confeccionar un vestido especial para ella con todos los detalles que había pedido.

—¿Cómo Blancanieves entonces? —había preguntado Astoria mientras intentaba entenderla.

—No, yo no quiero disfrazarme de una princesa, quiero ser una princesa única —había contestado ella y Narcissa y Astoria sonrieron complacidas. Yo elevé una ceja ante esa actitud tan caprichosa.

—Creo que cada día se parece más a ti —me dijo Draco al sentarse a mi lado riendo al ver a los niños mientras le pedían a su madre y esposa lo que querían para la noche de Halloween.

—Y contigo cumpliendo cada uno de sus caprichos peor se pondrá —le reclamé, pero no dejé de sonreír.

—Sólo quiero que vea que todos la queremos. Además, mírala, es completamente adorable.

—Lo es, tú mismo lo has dicho, se parece a mí —dije con suficiencia, sonriéndole de medio lado.

—Claro, Parkinson —bufó él.

Fue así como Lizzie había conseguido el vestido perfecto para ella, en colores morados y plata, y una tiara de piedras brillantes tornasol. Pero Astoria no sólo conformé con vestirlos de princesa y príncipe, decidió que todos deberíamos ir con disfraces acorde. Ella y Draco serían los reyes, padres del príncipe, pero como ya iban a ser muchas reinas, Lizzie dijo que yo podría ser el hada madrina como la tuvo Cenicienta. Casi me dio un tic nervioso en el ojo al escucharla y más al ver la cara de Astoria diciendo que era una maravillosa idea. Así terminé con este disfraz, porque sería el hada madrina de mi hija princesa.

Me vi por última vez en el espejo y decidí salir de mi habitación. Antes de arreglarme había dejado lista a Lizzie, así que ella ya estaba abajo con la compañía de un elfo, esperando también a que los demás llegaran. Caminé al salón donde sabía que la encontraría y no me equivoqué, estaba ahí en compañía de Millicent y Blaise, los cuales estaban maquillados como zombies, algo a lo que Blaise era fanático en las películas. Sonreí al verlos juntos, pues, después de una accidentada declaración, al fin habían decidido formalizar su relación. Grace también estaba con ellos, a la cual había invitado, pues después de ir a pedir dulces por el vecindario donde vivíamos Lizzie y yo, terminaríamos la celebración aquí.

Grace estaba ahí sentada, disfrazada de arpía con el vestido hecho jirones y cuernos que parecían ser de piedra. Ella estaba alejada de la pareja y platicando con Lizzie, quien emocionada le mostraba su disfraz. Era tan clara la tensión entre los adultos que no pude evitar suspirar con pesar. La accidentada declaración entre aquellos dos había sido causada por Grace, a quien aun no le entendía porque lo había hecho.

Y ahora aquella parodia realizada por mi jefa de relaciones publicas nos traía a este punto, a esta incomodidad, donde Millicent estaba cruzada de brazos mirando todo menos a Grace y a Zabini, quien, aun siendo ignorado, tenía un brazo enredado en su cintura y le decía mil cosas al oído. Estaba segura de que en algún momento todo se arreglaría, que lo pasado hace dos semanas dejaría de importar. No podía pedirle a Grace que se disculpara, jamás aceptaría pasar por una situación tan incomoda y vergonzosa; y era más que claro que Millicent no aceptaría nada de eso, es más, estaba segura de que no permitiría que se acercara a ella y menos a Blaise, Millicent podía llegar a ser tan celosa y posesiva como buena serpiente. Pero ambas eran mis amigas y era obvio que de algún modo siempre se encontrarían en este tipo de reuniones.

Suspiré y negué con la cabeza. No había mucho que hacer o arreglar entre ellos. Ellas dos algún día lo olvidarías y Blaise sólo tendría que mantener su promesa.

—Buenas noches —saludé después de suspirar.

—Pansy —sonrió Millicent aparentemente más tranquila.

—Hola, jefa —guiñó Grace acomodándole la tiara a Lizzie.

—Te ves preciosa, Pansy —halagó Blaise con una sonrisa pícara.

—Y tú te ves horrible, en el buen sentido.

—Gracias —asintió con una sonrisa complacida.

—Aunque Millicent se ve demasiado bien, a decir verdad —dije ladeando el rostro, pues, aunque su maquillaje presentara esas tonalidades verdosas y moradas, así como un aspecto de heridas pudriéndose en los brazos y piernas, y el cuello lo tuviera lleno de venas alteradas perdiéndose en su cabello enmarañado, aquel vestido rosa y corto la hacía verse linda.

—Es mi sexy zombi —dijo Blaise besándole la mejilla, haciéndola reír de verdad.

—Bien. Me alegro de verdad por ustedes chicos —felicité una vez más, antes de mover mi varita y ver la hora— Sólo faltan los Malfoy y los Nott y podremos iniciar con el recorrido de dulces.

No tuvimos que esperar demasiado, pocos minutos después aparecieron por la chimenea toda la familia de rubios al completo y los Nott le siguieron. Reí ante los disfraces, los de Draco y Astoria ya los conocía, y debía admitir que lucían muy bien ambos, así como el pequeño príncipe que los acompañaba, el vestuario de Narcissa era menos llamativo, un vestido completamente negro ligeramente esponjado, así como guantes de terciopelo negro; se veía maravillosa y sencilla a la vez. Los Nott iban de demonios, con trajes rojos y cuernos del mismo color, habían disfrazado a Melanie como una hermosa arañita y a Erick de detective.

—Soy Sherlock Holmes —escuché decir a Erick, contestando la pregunta que había hecho Scorpius.

—Eres un hermoso detective —elogié guiñándole un ojo, haciendo que se sonrojara.

—¿Entonces todos están listos para salir? —aplaudió Draco, llamando la atención de los niños que asintieron con entusiasmo.

—Entonces andando —dije y caminé hacia el vestíbulo de mi casa para abrirles las puertas.

Los tres niños salieron corriendo y los adultos fuimos tras ellos, excepto Narcissa quien con elegancia delegó que ella ya no estaba para ese tipo de actividades. Todos sonreímos y asentimos a sus palabras, y claro que dejé a su disposición toda mi casa y a los dos elfos de Aranza y David, quien sin duda la atenderían muy bien. El lugar donde vivíamos era una colonia moderna de varias residencias bien acomodadas, y la suerte era que cada familia contaba con uno o varios niños, así que el que las calles y casas estuvieran bien adornadas no fue una sorpresa para mí. De hecho, las calles estaban llenas de actividad, por todos lados se veía a los pequeños con sus disfraces pintorescos, algunos aterradores según sus perspectivas y otros más divertidos, aunque todos adorables.

No pude evitar pensar que a pesar de todo éramos un grupo grande y extraño, aunque cada uno iba con su pareja, así que el no tener una me dejó con la compañía de Grace, quien reía y dejaba dulces en las calabazas, bolsas o canastas de los niños que pasaban a nuestro lado, algo que yo también hacía apenas agitando mi varita, pues siendo un hada madrina tenía que aparecerlos por medio de magia.

—Y dime, Pansy, ¿invitaste a Potter? —preguntó mi compañera después de que un grupo de fantasmitas se alejaran.

—Sí —dije en voz baja, mirando a lo lejos a mis amigos— Tuve que hacerlo. El sábado que Lizzie enfermó, le comenté lo de la fiesta que haría, además de que Lizzie al despertar de la siesta le habló detalladamente de su disfraz y el mío.

Suspiré al recordarlo. Lizzie había despertado de repente de su siesta, mientras Harry y yo platicábamos aun abrazados en la sala, después de unos cuantos besos y toqueteos subidos de tono y si nos detuvimos, fue por Lizzie y porque por nada en el mundo querría ser vista por mi hija en semejante situación. Mi hija no se había bajado del sofá, es más, ni siquiera se había desenredado de la colcha, sólo había hablado, levantado la voz en un grito que no era para mí o para alguno de los elfos para que fueran a buscarme o la ayudaran con algo, sino para Harry, quien soltándome y dejándome caer completamente al sofá sin un poco de gracia, se levantó para verla.

No pude evitar bufar, levantándome también para ir ver a mi niña, viendo como Harry le quitaba toda la frazada de encima y la tomaba entre sus brazos, sentándose con ella en el regazo y abrazándola, y Lizzie cerraba los ojos con una sonrisa satisfecha al verse de nuevo mimada por él.

—Pequeña traviesa, yo estaba ahí antes —le dije cruzándome de brazos y mirándola desde arriba, con una sonrisa.

—Pero es mío, vino a verme a mí, ¿verdad, Harry? —preguntó con dulzura, levantando la cabeza.

Vi el rostro de Harry iluminarse, como si le hubieran dado el mejor obsequio del mundo al decirle eso, viéndola con una maravillosa sonrisa y dulzura. Definitivamente aquella niña en sus brazos se había ganado ya cada partícula de él. Y no debía sorprenderme, pues desde aquella invitación para tomar helado, en nuestro reencuentro, Lizzie había mostrado una preferencia casi instantánea por él y, lo mejor de todo, que él por ella también.

—Eso es verdad —contestó complacido.

—Harry no es una propiedad, cariño —le dije sentándome al otro lado, para verla y poder colocar mi mano en su frente para checar su temperatura. Estaba tibia aun, pero eso podía ser por las frazadas, aunque su nariz ya había dejado de tener aquel tono manzana y ahora solo se mantenía un poco rosada.

—Pero lo quiero para mí —protestó enterrando la cara en su pecho.

—Esa frase es mía —reclamé y ella río con travesura.

—Sí, mami, te escuché cuando se lo dijiste a tía Grace —dijo en medio de una risa, tapándose la boca y acurrucándose más en el pecho de Harry.

Abrí los ojos enormemente por aquella clara traición por parte de mi descendencia, sin poderme creer que pudiera repetir algo que mencioné, según, en completa confiabilidad en mi oficina un día que Lizzie se puso terca en querer ir al museo. Se suponía que ella estaba jugando, después de comer, en la pequeña salita de mi oficina, mientras Grace y yo terminábamos nuestros platos de comida.

—¡Lizzie! —exclamé y ella sólo empezó a reír más fuerte.

—¿Así? —preguntó Harry, viéndome con una sonrisa satisfecha y tierna.

—No digas nada —me enfurruñé y me crucé de brazos, levantándome, dispuesta a ir a la concina por algo de beber y, sobre todo, para alejarme de aquella mirada que tenía Harry.

Si continuaba así, Harry creería que estaba vuelta loca de amor por él, y no es que fuera una mentira, pero tampoco quería quedar como una adolescente tontamente enamorada. Otra vez, y del mismo chico, ¡por Merlín!

—Puedo ser de las dos, ¿saben? —lo sentí tomar mi mano, jalándome de nuevo al sofá y pasando un brazo por mis hombros para pegarme a su pecho. Me resigné al abrazo grupal y besé la frente de mi hija, acariciando su cabello con una mano.

Después de eso, mi hija procedió a contarle lo de la fiesta que tendríamos, invitándolo de una vez. Fue todo lo que Harry necesitó para dar un contundente sí, pues lo había visto dudar cuando se lo propuse yo, y no porque no quisiera venir, sino porque no quería que fuera incómodo para mí tenerlo junto a mis amigos. También le dio un informe detallado de todo lo que haríamos y de la emoción que sentía por su disfraz. Estaba tan contenta hablando que de vez en cuando saltaba sobre el regazo de Harry, estirando los brazos y riendo, también de vez en vez tenía que pasar una servilleta por su nariz para limpiar los fluidos pegajosos que salían de ella.

—¿De verdad? —Harry incitaba la plática, sabiendo que Lizzie no tenía para cuando detenerse. Él sólo le sonreía y la apretaba hacia su pecho cuando presentía que mi hija caería al suelo por los movimientos que hacía.

—Sí. Estarán todos y todos con disfraces, quien no tenga disfraz no podrá pasar —advirtió señalándolo con un dedo.

—Esa es una regla justa —concedió Harry con una sonrisa.

—Calma, Lizzie, caerás si sigues dando saltos —le dije cuando vi que había iniciado otra vez con aquellos saltitos.

Ella empezó a reír y suspiró como si apenas pudiera respirar, de seguro cansada por su agitación al hablar sin parar. Luego la vi presionar la mejilla en el pecho de Harry, antes de levantar el rostro para verlo.

—Vendrás, ¿verdad, Harry? —preguntó de nuevo.

—Claro que sí, cómo negarme ante esos ojitos que tienes —le contestó, besándole la frente y pasando su mano por aquellos rizos que parecían más alborotados que nunca.

—Disfrazado, por favor —dijo con una ceja enarcada. Reí ante eso y vi la mirada de Harry posarse en mí.

—Sí, sí, ya sé lo que dirás, Draco también lo dice, cada vez se parece más a mí —dije levantando las manos y encogiéndome de hombros.

—Soy como mi mami —contestó Lizzie sonriendo.

—Sí, lo eres, sólo que más adorable que ella —le dijo Harry en un susurro en el oído.

—Escuché eso —reclamé y ellos rieron cómplices.

Fue una tarde agradable, a decir verdad, sobre todo porque Lizzie parecía muy cómoda y contenta con él, no queriéndose separar hasta dormirse en sus brazos y Harry tuvo que llevarla a su habitación. Vi toda esa interacción desde la puerta, viendo como Harry acomodada la almohada y las sábanas para ella, le acariciaba la mejilla y dejaba un beso en su frente con tanto cuidado y cariño. Harry no giró de inmediato, sino que se quedó un momento observándola, contemplándola de una manera que sólo había visto hacer a Anthony todas las noches de sus descansos en casa, a Draco con Scorpius y a Theo con Erick y Melanie, era esa cara de amor, de sueño, de orgullo, como si vieran a un ángel dormir, a la magia y a la esperanza misma ahí. Harry tenía esa cara por mi hija y eso me hizo suspirar con una enorme emoción en el pecho.

No sabía cuánto tiempo Harry había deseado esto, quizás aun lo deseaba: tener un hijo, ser padre, tener la oportunidad de dormir a alguien en sus brazos y luego acostarla en su cama, besar los cabellos y las mejillas de un pequeño ser, y sentir como ese alguien confiaba tanto como para bajar todas sus defensas y simplemente quedarse dormido. No sabía porque no lo había tenido con Ginevra, sé que no pudo amarla, él me lo confesó, pero la había querido lo suficiente como para querer formar su familia con ella, entonces no había razones para no haber tenido un bebé con ella. O quizá sus problemas iniciaron demasiado pronto y por eso prefirió no hacerlo, pero ahora estaba aquí, siendo tan obvio en desearlo.

Sería un gran padre algún día. No pude evitar emocionarme más y sentir como mis mejillas se llenaban de sangre al imaginar que cuando eso sucediera, sería conmigo. Así que cuando lo vi girar, sólo pude sonreír, asintiendo ligeramente. No supe si lo comprendió, pero para mí sólo fue como confirmar mi pensamiento. Yo haría sus sueños realidad, porque también era parte de mis sueños.

Sonreí una vez más, disimulando lo más que pudiera mientras Grace y yo seguimos caminando, repartiendo más dulces. De vez en cuando buscaba a Lizzie con la mirada, la cual estaba hasta delante acompañada de Scorpius y Erick, y a solo unos pasos atrás, Astoria y Draco los cuidaban, mientras Theo y Daphne se habían alejado, cruzando la calle, para pedir dulces a nombre de Melanie, y Millicent y Blaise se mantenían juntos, solo hablando, riendo y besándose. Al parecer a mi castaña amiga ya se le había pasado el enojo, pues reía mucho y devolvía los besos que Blaise le daba, mientras les daban dulces a los niños.

Harry había prometido venir y aunque le había dado una hora distinta al final, para al menos tener un poco de tiempo para relajar a mis amigos, cosa que no hice porque no le dije que lo invité, aunque debían ya suponerlo, la hora indicada ya había pasado. Sabía que no faltaría, me lo había prometido a mí y a Lizzie y sabía que jamás querría decepcionar a Lizzie, pero también sabía que podría sentirse presionado ante el nido de serpientes que le esperarían, en realidad estaban todos, aunque el que los niños estén presentes igual sería bueno para él, nadie diría nada grosero delante de ellos. Pero eso no evitaba que iba a pasar bajo la mirada evaluadora y despectiva del resto, pues sólo Grace y Lizzie lo apoyaban. Mis amigos parecían más bien estar en un limbo entre la aceptación y el desprecio eterno. Aunque sabía que al final cederían a lo que yo quisiera, y si eso era tener a Potter en mi vida no les quedaría más que aceptarlo.

Me encogí de hombros y seguí caminando. Además, todavía estaba lo otro, recordado como cada año por el diario El Profeta que llegó a casa estaba mañana, algo que sólo leía para saber si no hacían pública otra foto o artículo sobre nosotros, que por fortuna no había sucedido; lo que si pude ver fue aquel artículo sobre la muerte de los padres de Harry Potter: Lily y James Potter, asesinados por Tom Riddle, alias Voldemort, un 31 de octubre de hace tantos años. No me molestaría no verlo por aquí esta noche, al menos no de manera puntual, después de todo, era de sus padres que estábamos hablando.

Suspiré y seguí caminando, repartiendo más dulces, pues de repente la cantidad de niños y adultos disfrazados había aumentado. Era algo agradable de ver, pues no éramos el único grupo de padres disfrazados para darle gusto a los más pequeños. Seguí hablando con Grace, hasta que Daphne y Theo volvieron con una bolsa llena de dulces, con la pequeña Melanie chupando la envoltura de una paleta. Casi habíamos terminado de recorrer toda la colonia, cuando llegamos al final de la calle que aún no había sido ocupada, decidiendo dar la vuelta para regresar a casa, donde iniciaría la fiesta.

Necesitaba quitarle a Lizzie los dulces acumulados, sabiendo que si no tenía control sobre ellos podría comérselos todos.

—Lizzie, dame los dulces, por favor —pedí en voz alta, caminando hasta ponerme junto al matrimonio Malfoy, quienes habían permanecido más cerca de los niños, aunque también repartían dulces a quienes veían y a los pequeños que se acercaban a ellos.

—Pero, mami, son míos —se quejó, apretando la bolsa de terciopelo lila que llevaba atada a la muñeca, la cual había sido hechizada por Narcissa para que entraran todos los dulces que quisiera.

—Sé que son tuyos, pero los guardare para más tarde, aun tienes que cenar y comerás igual postres —le dije extendiendo mi mano.

Hubo una batalla de miradas hasta que resignadamente me los entregó. Miré cuantos dulces había y le di una paleta de cereza para el camino, apartando lo más que pudiera todos esos chocolates que había obtenido. Draco y Theo hicieron lo mismo con las bolsas de sus hijos, dándoles igual dulces para disfrutar por el momento. No es que no quisiéramos que comieran, pero era preferible que no se dieran una sobredosis de azúcar y no quisieran cenar después.

Tomé la mano de mi hija y empezamos la caminata de regreso. Sonreí al ver que Blaise se separaba de Millicent por primera vez en la noche, sólo para cargar a Erick cuando el niño les dijo a sus padres que estaba cansado. Erick rió divertido al ser levantado hasta los hombros de quien sin duda era su tío predilecto. Scorpius le pidió lo mismo a Draco quien asintió y lo subió. Era claro que los niños ya estaban agotados, donde vivíamos realmente no era pequeño y ellos habían hecho una gran caminata.

Giré a ver a Lizzie por si quería ser llevada también al sentirla detenerse, pero ella no me estaba mirándome, sino que miraba al otro lado de la calle.

—¡Harry! —gritó intentando soltarse de mi mano para cruzar, pero la aferré a tiempo, haciéndome correr con ella.

—¡Lizzie! —grité mirando hacia atrás, donde mis amigos tenían caras de que los habían golpeado fuertemente, excepto por Millicent y Grace, y tal vez un poco Astoria y Daphne, pero el resto estaba a punto de maldecir.

Por fin Lizzie se soltó de mi mano y se abrazó al hombre que le sonreía como si no la hubiera visto el día anterior, cuando, al fin curada completamente de su refriado de la semana pasada, habíamos ido al parque con él, como era habitual. Algo en mí se calentaba al ver eso, saber que se apreciaban y se sentían tan cómodos con la presencia del otro me satisfacía gratamente. Miré la escena algo rezagada, viendo como Harry la abrazaba con cuidado, cuidando de no lastimarla con aquel objeto que sobresalía de su pecho.

Ladeé el rostro intentando adivinar de que iba su disfraz, parecía ser una clase de vampiro, si es que el traje negro, la capa de fondo roja, la piel cetrina y los colmillos sobresaliendo eran un buen indicativo, pero al parecer era un vampiro muerto, pues tenía clavado en el pecho un tipo de estaca de madera, así que al mirar a su derecha pude darme cuenta del complemento de aquel disfraz; a su lado esperaba un niño no mayor de diez años, con un traje a su medida de color gris, así como un sobrero de copa baja, un crucifijo en el pecho y otra estaca en la mano derecha, y en la mano contraria sostenía lo que era una bolsa de cuero negra. Un cazavampiros y un vampiro muerto.

Reí y llamé la atención de los tres, quienes me miraron al instante. Sonreí suavemente al ver el rostro de Potter, luciendo una mirada de lo más risueña al verme. Ahora me pregunto cómo es que pude desconfiar de esa mirada, si con ella gritaba mil cosas en un millón de idiomas, hablando de sus sentimientos por mí.

—Muy divertido los disfraces —dije apartando un momento la mirada de él y posándola en el niño.

—Gracias. Idea de Teddy —contestó él jalando al niño hasta colocarlo delante de mí.

Tragué saliva al escuchar su nombre. Harry ya me había hablado muchas veces de él, su ahijado y su razón para continuar cuerdo después de la guerra. Aquel niño de cabello castaño, ojos miel y piel clara era una calca de su padre, aquel profesor que llegó a caerme muy mal durante su estancia en Hogwarts, pero que lamenté su muerte, más al saber que había muerto junto a su esposa durante la batalla y habían dejado un bebé de meses. Era un niño precioso, con una sonrisa que podría hacer sonreír a todo mundo, una sonrisa que demostraba que a pesar de que el tiempo sea malo puede nacer cosas buenas en ellas, que aun en la oscuridad la luz nace a pesar de todo. Quizá eso representó para sus padres, y hasta para Harry, esperanza para enfrentarse a una guerra a muerte sabiendo que él estaría bien, que viviría en un mundo más bueno.

—Hola, yo soy Pansy —dije extendiendo mi mano y sonriéndole.

—Teddy. Mucho gusto, señora Parkinson, ¿de verdad es la novia de mi padrino? —preguntó con una sonrisa divertida.

—¡Teddy! —regañó Harry.

—Pero, padrino, tú me dijiste que era tu novia —contestó y se puso un dedo en la barbilla como si estuviera pensando en algo, aunque en su mirada había algo de diversión, sorprendiéndome gratamente por esa actitud y aceptación al parecer— Aunque, tal vez no sea así, es muy bonita.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó con advertencia Harry.

Teddy y yo reímos, y Harry cayó en la cuenta de que nos estábamos burlando de él.

—Gracias por el cumplido. Y sobre ser la novia de tu padrino, luego lo hablare con él, tal vez no se le haga realidad por hablador —le guiñé un ojo que lo hizo sonrojar y Harry sonrió esta vez, jalando ligeramente una de las orejas de su ahijado— Ahora déjame presentarte a mi hija Lizze, aunque creo que esta niña maleducada ya te tomó la suficiente confianza como para revisar tu bolsa de dulces.

Lizzie nos miró a los tres con los ojos inmensamente abiertos, dejando de mirar dentro de la bolsa de Teddy.

—Es que él tiene algunos dulces que me gusta y yo tengo algunos que no me gustan —dijo con las mejillas rojas, evitando apenas mirar a Teddy.

—No te preocupes, Lizzie, si quieres intercambiamos algunos caramelos, igual hay algunos que no me gustan de aquí —contestó el niño.

—¡Sí! —dijo tomando su mano y brincando, antes de salir corriendo— ¡Vamos, Teddy, hay fiesta en casa! —gritó con entusiasmo.

—¡Lizzie! —grité, pero ella no se detuvo.

—Creo que se agradaron mucho —escuché decir a Harry con una sonrisa, mientras entrelazaba nuestros dedos.

Me detuve por un segundo y me mordí los labios al mirar a la banqueta contraria donde había dejado a mis amigos, pero estos ya no estaban. Era seguro que nos estuvieran esperando ya en casa, cosa que no me tranquilizaba tampoco, pues ya podía imaginar lo que me esperaba o le esperaba a Potter. Miré hacia abajo, donde mi mano sostenía la de él, y pensé en por qué no me apartaba de su agarre. Estábamos en público y era posible que el día de mañana se hiciera publica una nueva foto o artículo sobre nosotros, pero por esta noche de verdad que no quería pensar en nada más. Lo que pasara mañana lo enfrentaría mañana.

Apreté sus dedos y empecé a caminar sin pensar en nada más.

—Ya lo creo. Él luce adorable —retomé la plática sobre Teddy.

—Lo es —contestó con un suspiro y levantó mi mano para besarla— Es una de las mejores cosas que me ha pasado. Tú eres la numero uno.

Me quedé callada, mirando hacia el frente, sin poder quitar la sonrisa de mi cara o al menos poder disimularla. Me gustaba tanto que Harry dijera ese tipo de cosas, que pudiera decirlo sin sentir que estaba en el punto de fuego, que estaba arriesgando todo, sin temor a que pudieran herirlo. Era fascinante su valentía, demostrándome sin dudar que de verdad ya no le importaría perder al resto del mundo con tal de tenerme.

—Palabras arriesgadas, Potter —lo miré a los ojos y luego me detuve delante de él, sin soltarlo— Espero que seas así ahora que lleguemos a mi casa. Todos mis amigos estarán esperándote.

—La horda de Slytherin para matar al león, ¿no? —preguntó con una sonrisa divertida.

—Algo así. ¿Estás preparado?

—¿Sabes? Por ti sería capaz de enfrentar muchas cosas —aseguró acercándose un paso— Por ti sería capaz de enfrentar mil guerras más, y sé que esto será difícil porque ellos son importantes para ti y tú para ellos, así que quiero hacerlo, quiero enfrentarlos y demostrarles que estoy luchando para ser digno de ti.

—Lo repito, Potter, demasiado arriesgado.

—Tú me haces ser valiente.

—Ya basta. No puedes andar diciendo esas cosas todo el tiempo —me quejé falsamente, negando con la cabeza y caminando de nuevo a su lado. Él sólo sonrió— Ya casi llegamos.

Cuando estuvimos delante del pequeño portón, el cual estaba abierto, apreté más aquella mano. Lo miré por un instante y me acerqué a besarlo. Yo también necesitaba ser valiente en este momento. Estaba a punto de presentarle a mi familia a Potter, algo que jamás pensé que sucedería, menos en aquella época de colegio, la idea de decirles a mis amigos que salía con Harry Potter era impensable, una locura por completo, pues estaba segura de que ellos se sentirían traicionados por mí y aunque estaba segura de que no me odiarían, siempre les quedaría aquel resentimiento por haberme quedado con el enemigo. Pero ahora ya no había nada de eso, ya no estaban los bandos, la guerra había acabado, era prácticamente otra vida y ya nadie era como antes. Podía con esto. Podíamos con esto. Todos.

—¿Estás nerviosa? —preguntó cuando separe mi boca de la suya.

—Un poco.

—¿Por qué? ¿Temes que no me acepten? —preguntó con duda.

—Temo que te hagan huir —reí con diversión, pero él negó con mucha seriedad, como si eso no le diera ni un poco de gracia.

—Nadie sería capaz de lograrlo, Pansy, créeme cuando te digo que estaré siempre para ti y para Lizzie —pidió y colocó su mano en mi mejilla.

—Está bien —lo besé de nuevo y subimos los escalones de la entrada— Espero que estés preparado entonces —dije cuando empujé la puerta.

Él apenas asintió. Escuché la música, las pláticas y las risas de los más pequeños, que al parecer jugaban ya alrededor del salón o intercambiaban dulces y juguetes. Me adentré al salón principal, viendo que todos estaban reunidos ahí. Draco, Theo y Blaise estaban disfrutando de una copa cerca de la chimenea encendida en medio de una plática que parecía ser muy seria, mientras que Astoria, Millicent y su hermana conversaban en un sofá, mirando a sus respectivas parejas mientras reían, aunque casi podía adivinar de que se reían ellas y de que hablaban ellos. Grace y Narcissa estaban aparte, conversando animadamente, al parecer se habían agradado mucho desde que las presenté, además de que resultó ser que por parte de la línea materna francesa de Lucius Malfoy, si eran parientes muy, pero muy lejanos. Ya decía yo que Draco y ella eran demasiados parecidos para mi bien.

—Buenas noches, disculpen la demora —dije con una sonrisa, mientras me acercaba más.

Todos giraron a vernos. Las risas de las chicas se detuvieron, aun así, sonrieron con cortesía; la plática de Grace y Narcissa se detuvo, y lo chicos colocaron el rostro más serio que les había visto alguna vez, mirando mi mano unida a la de Potter.

—Buenas noches —saludó Potter, con voz fuerte y firme.

—Buenas noches —contestaron al unisonó las mujeres, excepto mis amigos.

Vi a Millicent levantarse de inmediato y también fui consiente del gesto de Blaise estirando la mano para detenerla, pero sin lograrlo. Caminó hasta nosotros con una sonrisa amable, una de verdad. Sonreí e internamente suspiré, sabiendo que ella sería la más fácil de tratar. Millicent era una mujer afable y muy amable si sabías tratarla, era tan difícil de hacerla enojar, aunque cuando lograbas hacerlo, era preferible no estar cerca, cosa que, a Blaise, con tal de estar a su lado, jamás le importó, aguantando cada fase de ella que él mismo provocaba por puro gusto. Por eso eran el uno para el otro, pues sólo ella tenía esa paciencia extrema para tratar con él, como una vez dijo Narcissa al enterarse que aquel chico mujeriego que había visto crecer por fin parecía centrarse en una sola, y él podía controlar sus explosiones cuando sucedían, con una paciencia que nadie creería que pudiera poseer.

—Buenas noches, señor Potter, veo que al fin logró lo que aquella noche gritó ante todos —dijo con ligera diversión, refiriéndose al baile en el museo, y riendo suavemente al ver que el rojo alcanzaba las mejillas de Potter.

Reí con suavidad y negué ante sus palabras, mientras escuchaba a Harry carraspear, sabiendo que para Millicent lo primordial era hacerlo sentir incomodo mientras ella se riera. Toda una serpiente divertida.

—Aún conservo mis dudas en ocasiones, señorita Bulstrode, pero espero que sí —contestó él, extendiendo su mano.

—Llámame Millicent, eso de señorita Bulstrode me hace sentir como si siempre estuviera trabajando —dijo ella haciendo una mueca.

—Entonces dime Harry, por favor —pidió él con una sonrisa. Ella asintió con un gesto ameno, mientras soltaba su mano.

—Eso puede ser fácilmente cambiado, Millicent, que te parece señora Zabini —escuché la voz de Blaise, acercándose, atrapando la cintura de su novia de inmediato. Era claro que no desaprovecharía ninguna oportunidad para pedirle prácticamente matrimonio, no importando el momento y el lugar.

—Un tanto peor, Millicent Zabini no queda —contestó con una fingida mueca de desagrado, negando con la cabeza. Quise gritar que eso era una mentira, Millicent Zabini quedaba muy bien, ellos dos se veían demasiado bien juntos— Pero ahora saludé, señor Zabini —pidió con una ceja enarcada.

Quise reír al ver el rostro de mi amigo, mirándola con reproché mientras Millicent se cruzaba de brazos, retándolo con la mirada y elevando más la ceja, con un gesto claro que de que no podría llevarle la contraria.

—Potter —dijo después de bufar, no pudiéndose negar a nada que ella pidiera— Buenas noches —extendió su mano.

Agradecí con una mirada que Millicent fuera la primera en acercarse, pues eso atrajo a Blaise quien no estaba nada contento, pero no iba a matarlo tampoco, estaba casi segura de eso. Eso provocó que Theo y a Daphne también se acercaran, con la tierna Melanie en brazos, saludaron más escuetamente y distante, pero nada que rebasara la línea de desdén o desagrado. Mientras se realizaban los saludos pude ver a Astoria intentando convencer discretamente a Draco de hacer lo mismo. Sólo bastó una mirada molesta de Astoria para que Draco caminara como un cordero demoniaco al matadero, obligado y todo, pero fue correcto y educado, excepto por aquella mueca al estrechar su mano, aquella cara que ponía cada vez que lo obligaban a hacer algo que no quería y aquella mirada de fastidio que sólo podía dirigirle a Potter, una que conocía demasiado bien.

No pude evitar el viaje de mis ojos al rostro de cada uno. Draco más que enojado por mi elección, parecía estar pasando por aquella fase de protección como un hermano mayor, claro, también había mucho de que Potter le seguía pareciendo desesperante, pero no lo odiaba, ya no, sólo no le agradaba nada. Mientras que Harry tenía un semblante serio y determinado, como si supiera que estaba en medio de una prueba para probar su valía, algo que estaba muy dispuesto a hacer, como ya había determinado. Aunque sinceramente, el nido de serpientes estaba siendo demasiado bueno para ser verdad.

Astoria, al igual que Millicent, fue más accesible, sonriendo y extendiendo su mano, mientras lanzaba algún comentario apreciativo a aquellas fotos de nosotros con Lizzie, diciendo que ella también deseaba llevar algún día a Scorpius al parque de diversiones o al centro comercial, algo que hizo que Draco abriera más los ojos con horror. Si, Draco jamás soportaría estar entre tantos niños gritones y adultos desesperante, si yo apenas pude con ello, no me imaginaba al aristocrático de mi amigo en ese ambiente. Todos reímos y Harry al fin pudo respirar tranquilo, aunque fue inmediatamente fulminado por la mirada del rubio, pensando que esa idea de su esposa era por culpa de él. Potter no hizo mucho caso de ello tampoco.

—¿Así que ya es oficial? —preguntó Narcissa levantándose del sofá, una vez que las risas se detuvieron, acercándose de igual modo al grupo que solo conformaba su hijo, nuera y nosotros, pues el resto había regresado ya a sus asientos— La relación, me refiero.

—Buenas noches, señora Malfoy —saludó Harry extendiendo su mano, la cual Narcissa aceptó, recibiendo un ligero beso en sus nudillos por parte de él.

Apreté los labios al ver ese gesto, aunque esa era normalmente la etiqueta, sabía que Harry no se guiaba mucho por ella, por ofrecer besos así nada más a mujeres, así que en lo único que pude pensar fue que de verdad aun le agradecía la mentira dicha a Voldemort o, más seguro aun, que deseaba ganársela, sabiendo que yo consideraba a esta mujer como una madre.

—No es oficial todavía, no porque yo no quiera —contestó con confianza— Pansy no quiere exponer a Lizzie de ninguna manera y estoy totalmente de acuerdo con eso. Lo único que les puedo asegurar es que la amo con todo mi ser y estoy comprometido a ella hasta que muera —dijo de manera más alta, y todos giraron a verlo de nuevo. Quise detenerlo, pues prácticamente estaba haciendo una nueva declaración y hasta cierto punto me sentía avergonzada, más por aquella mirada de Grace, sonriendo con burla— No sé si lo sepan —dijo mirándome y yo sólo pude encogerme de hombros—, pero lo arruiné antes, estoy tratando de arreglar ese error, y sé que debo ser totalmente sincero ahora, porque para ella ustedes son su familia y son importantes en su vida, y sólo quiero que crean en mis palabras y sentimientos. Le amo profundamente, lo he hecho desde hace más de diez años y no pienso perderla una segunda vez—dijo mirando a Draco quien enarcó una ceja, cruzándose de brazos.

Miré a mis otros chicos, quienes tenían expresiones parecidas, pues al confesarle a Draco lo que tuve con Potter, tuve que decirle al resto, los amaba demasiado como para no hacerlo y aunque sus reacciones fueron variadas, todos compartieron la sorpresa y el disgusto de cómo terminó todo entre Potter y yo, sobre todo aquella frase de tener que hacer lo correcto. Casi estuvieron a punto de enviarme con Lizzie al otro lado del mundo para que Potter jamás se acercara de nuevo a nosotras.

—Espero que ahora sí tengas muy en claro tus sentimientos y no salgas después con que tienes que hacer lo correcto para ti y los tuyos—atacó el rubio con voz venenosa y cruel, mirándolo con desprecio.

—Draco —pedí, pero Harry me detuvo.

—Está bien, Pansy, merezco eso —dijo Harry con voz calmada y aquella mirada como si me pidiera perdón de nuevo. Ciertamente aquella frase de hacer lo correcto me seguía carcomiento las entrañas, pero no lo odiaba ya, sabía que más que hacer lo correcto, sus razones eran el miedo que tenía, el miedo que sentí yo y el que sintió todo el mundo en esa época— Lo correcto, lo perfecto y lo ideal es ella. Siempre lo fue y por miedo no lo descubrí antes.

—Sólo espero que así sea, porque, una lágrima de ella o de Lizzie, y te juramos que no volverás a verlas —declaró mi Dragón, que apenas hizo caso del apretón de Astoria en su brazo. Harry, para mi gran sorpresa, no se mostró molesto o alterado, sino que asintió con mucha seguridad y estoicismo, esperando cumplir con esa promesa— Ellas dos han pasado por tanto como para que vengas a arruinarlo. Y no, no nos hace felices esta terrible elección de Pansy, creo que has sido de los peores gustos que ha tenido en su vida, y eso que una vez pidió una mantícora como obsequio —lo miré con molestia, pero lo vi sonreír con burla al recordar mi noveno cumpleaños. También miré mal a los otros dos que rieron— Pero lo aceptaremos —dijo mirando apenas atrás de él, viendo como Blaise y Theo asentían.

Sí, como siempre, mi precioso trio de plata estaba listo para proteger y atacar si era necesario.

Después de eso, suspiré y ni siquiera fui consciente de que había contenido el aire por tanto tiempo. Draco y Astoria se alejaron hablando en voz baja, al parecer Astoria seguía viendo la reacción de Draco demasiado innecesaria. Narcissa solamente había asentido como si estuviera segura de las palabras de su hijo, y volvió a su lugar al lado de Grace, quien levantó los pulgares hacia nosotros y regresó a su conversación con la madre de mi amigo.

Miré a Harry por largos segundos, antes de tomar su mano y llevarlo a otro sitio. La verdad es que había esperado más que esta charla y la aceptación casi inmediata por parte de ellos, aunque bueno, ya les había dado muchos meses para asimilarlo del todo, prácticamente en aquel evento de Merlin Potter dejó en claro que no se iba a rendir hasta conseguirlo y aunque en realidad todo ha sido algo rápido entre nosotros, no podía negar que el que todos estuvieran de acuerdo me gustaba.

Por Merlín, si es que sentía una especie de frescura y ligereza en el cuerpo, pues como Harry había dicho, ellos eran mi familia y tenerlos siempre conmigo era lo que más deseaba. Y tenerlo a él, también era importante. Antes, hace años en Hogwarts, pensaba que, si seguíamos juntos, perdería a mis amigos definitivamente porque me culparían de traidora, pero perdí a Harry y ahora que lo recuperé, mis amigos habían aceptado. Bueno, era obvio que lo harían, no me podrían hacer alejar de él y tampoco permitiríamos perder nuestra amistad por esto.

—Sigues nerviosa —dijo Harry cuando lo metí a mi despacho de un empujón y cerré la puerta con fuerzas.

—No son nervios precisamente, estoy alterada. No voy a negar que antes, ya sabes en el colegio… —negué con la cabeza al ver su mirada y sonreí suavemente, dándole a entender que eso ya no importaba—, imaginaba como presentarte con ellos, todo terminaba mal. Pero ahora, fue bueno. Pensé que iba a haber levantamiento de varita, un par de insultos, tú y Draco queriéndose matar, Blaise ayudándolo para lograrlo y Theo usando el plan "H": de cómo ocultar tu cadáver sin que te encuentren y con una coartada que nos excluya de todo a todos —dije a la carrera, recargando la espalda en la puerta, estando segura de que eso es lo que haría cada uno.

—¿Querías que Malfoy acabara conmigo? ¿Y de verdad Nott sabría dónde ponerme sin que me descubrieran? —lo vi levantar una ceja, hasta que abrió la boca y los ojos de manera indignada y sorprendida— ¡¿Tienen un plan para matarme y esconderme?! —exclamó con asombro, y tomando mi cintura entre sus manos, de manera rápida y segura para pegarme a su cuerpo, como si reclamara y al mismo tiempo quisiera comprobar que no me atrevería a eso.

—No —mentí y luego empecé a reír al ver que su mirada de escepticismo— Bueno, Theo conoce muchos lugares y personas, y es el mejor estratega que conozco —él me miró con seriedad y yo reí más fuerte— Vale, no querría que Draco acabara contigo, de hecho, resentiría tu muerte.

—¿Llorarías por mí? —preguntó dulcemente.

—Claro que no, luego las ojeras lucen terribles en mí —dije con voz vanidosa y él negó riendo.

—Mi serpiente presumida.

—Siempre —suspiré— Lo que si me sorprendió es que actuaran tan tranquilos y normales. Lo más normal que se puede, dada la situación. Ya tuvieron tiempo para mentalizarse, pero actuaron como si no te hubieran odiado toda la adolescencia, mejor dicho, su vida entera.

—Maduramos.

—Sí, ya lo creo —suspiré— Sólo que, conociéndolos, sé que ganas no les faltaron, te estás llevando a su princesa prácticamente, y esa ya no soy yo —chasqueé la lengua y Harry rio con suavidad.

—Lizzie.

—La quieren mucho.

—Todos lo hacemos, y a ti, sobre todo. Yo te amo, sobre todo.

—¿No te cansas de decirlo? —pregunté ladeando el rostro.

—No. Quiero que no tengas dudas —se acercó más y tuve que detenerlo.

—Alto ahí, vampiro muerto, me puedes lastimar con eso —dije colocando un dedo sobre la estaca de madera que sobresalía de su pecho.

Me coloqué más ladeadamente y tomé su rostro para besarlo, procurando que aquella estaca de madera no me lastimara. Después de un par de besos más que procuré no subir de intensidad, volvimos a la fiesta, topándonos con los niños que seguían corriendo de aquí para allá, intercambiando dulces y juguetes. Reí al ver que Teddy, a pesar de su edad, estaba con ellos y parecía estar muy entretenido. No sabía si Teddy ya había sido presentado, después de todo cuando Harry y yo llegamos ellos ya no estaban a la vista.

Dejé que siguieran jugando, ya luego haría las debidas presentaciones, sobre todo para darle algo de tiempo a Harry para aceptarlo, pues yo conocía perfectamente todo el enredo familiar que se cargaban los Malfoy con la abuela de ese adorable niño, y aunque estaba segura de que ni mi amigo ni su madre lo harían de menos, debía asegurarme que Harry se relajara con el tema, después de todo, Harry sólo estaba preocupado por su ahijado.

—Andy no quería que lo trajera —dijo Harry cuando nos sentamos en uno de los sofás, viendo a lo lejos a Teddy correr. Todos estábamos esperando a que los elfos terminaran de servir la cena en el comedor para así poder llamar a los niños— Me costó convencerla, no es que le moleste mis sentimientos o intenciones contigo, eso ya lo había dejado claro desde un principio, lo que le preocupa es que estando contigo, pues…

Miró directamente a Narcissa y luego a Draco. Suspiré comprendiéndolo, el que Potter estuviera conmigo lo llevaba a estar irremediablemente pegado a los Malfoy y por lo tanto Teddy tarde o temprano los conocería, pues ni Harry y ahora menos yo, alejaríamos a Teddy o lo excluiríamos de este tipo de fiestas.

—Ellos no son malos, Harry —dije y él me miró con duda— Vale, conozco todo el drama de la familia Black, Draco y Narcissa me contaron de ella y te puedo asegurar que Narcissa no odia a su hermana, lo que más bien sintió en aquel tiempo fue resentimiento por dejarla sola, tomando en cuenta que Bellatrix no era la hermana más afectiva de todas.

Lo escuché reír entre dientes suavemente al suponer eso, de que la mejor secuaz de Lord Voldemort no fue una hermana tan buena.

—Andy tampoco parece odiarla, pero si le guarda algo de rencor porque ella trató una vez de buscarla y Narcissa la rechazó, diciendo que ella ya no tenía más hermanas. También por todo el asunto de la guerra, donde perdió a su familia, sobre todo por Nymphadora.

Asentí comprendiéndolo, de seguro no fue nada fácil para Andromeda Tonks perder a su hija de esa manera y menos quedarse con la responsabilidad de un bebé.

—Lo entiendo. Todos perdimos algo —dije apretando más fuerte sus dedos, sinceramente la ausencia de Potter en mi vida dolió más que la muerte de mi progenitor, al cual debía admitir no le tenía más cariño que aquel obligado de ser su descendencia— Es todo un caos, Harry, pero ellos no trataran mal a Teddy, te lo aseguro. Después de todo, tanto Teddy como Scorpius son totalmente ajenos a la guerra y ellos entienden eso.

—Quiero creer que sí —suspiró besando mis dedos.

—Confía en mí, ¿sí?

—Siempre —sonrió y besó mi mejilla.

—Entonces, hagamos la presentación antes de cenar —dije y él asintió.

Llamé a los niños, los cuales entre protestas y risas se acercaron. Lizzie corrió a mi lado y sin que alguien le diera permiso, se subió la pierna de Harry, sentándose sobre él, esquivando de buena manera la estaca de madera. Harry simplemente la acomodó y acarició su cabello, sonriendo satisfecho al ver que Lizzie buscaba su compañía. Miré como Draco parecía casi ofendido con eso y como el resto quedaba impactado por lo cómoda que parecía estar Lizzie sobre él. Blaise no hizo mucho caso a ello, en cambio, tomó a Erick que se dirigía corriendo hacia su padre, y lo sentó en sus piernas, dándole más dulces de su propia bolsa, cosa que Theo intentó detener levantando una mano, pero que no logró del todo, pues Blaise sólo le dio un manotazo mientras Millicent reía y procuraba quitar un par de chocolates de la bolsa de Blaise para que no se lo diera todos al niño. Draco al final tomó a su hijo y lo sentó en su regazo, besándole ambas mejillas, mientras Astoria acomodaba con sus dedos su rubio cabello.

Teddy también sonrió al ver la niña sobre Harry, así que me hice a un lado y dejé que se sentara en medio de los dos. Ahora traía el cabello de un color azul eléctrico, cosa que me sorprendía que hiciera, aunque Harry ya me había explicado que eso se debía a su habilidad de metamorfomago.

—Bien. Creo que ya se dieron cuenta que los niños tienen un nuevo compañero de juegos —dije y todos asintieron, mirando al niño quien sonrió divertido, levantando una mano. Para ser tan pequeño parecía ser lo bastante inteligente y seguro.

—Él es Teddy Lupin, hijo de Remus y Nymphadora Lupin, mi ahijado —presentó Harry mientras colocaba una mano sobre el hombro, y él niño se levantó de un salto.

—Teddy, ellos son mis amigos, mi familia. Él es Blaise Zabini y ella Millicent Busltrode —señalé a los que no representaban ningún tipo de peligro a perspectiva de Harry.

Teddy no quedó simplemente parado en su sitio, sino que me sorprendió, pues caminó hasta ellos, extendiendo su mano y saludó como todo un caballero, luciendo más que adorable con ese gesto, sobre todo por aquel traje que llevaba puesto.

—Un gusto conocerlo, señor Zabini, señorita Bulstrode —dijo y pude ver a Harry sonreír orgulloso, pues era encantador verlo actuar de una manera tan madura.

—Ella es Grace Recher —dije saltando a Narcissa a propósito, cosa que al parecer tranquilizó a la rubia, pues no dejaba de verlo entre asombrada y angustiada, totalmente oculto bajo un rostro de ensayada calma. Quizá pudiera engañar a los que no la conocían de verdad, pero el resto de nosotros sabíamos interpretarla— Theo y Daphne Nott, ya conoces al pequeño Erick de seguro y ella es Melanie Nott —apunté a los siguientes.

—Señores Nott, señorita —dijo ofreciendo otra vez su mano y luego, de manera amigable, sostuvo una mano de la niña rubia quien lanzó una dulce risa divertida, pues Teddy hizo uso de su habilidad y transformó su rostro en el de un osito, colocándose orejas falsas también.

—¡Eres un metamorfomago! —dijo Daphne divertida y admirada.

—Herencia de mi madre, señora Nott —contestó Teddy con una sonrisa orgullosa, volviendo a su rostro normal, colocando su cabello en un color castaño casi rubio.

—Eso es fantástico. Eres un mago muy hábil, tan pequeño y poderoso —elogió Astoria, sonriendo, mientas Daphne asentía.

—Teddy, ellos son Draco y Astoria Malfoy, los padres de Scorpius —presenté, dándole una mirada a Harry, quien por primera vez se mostró serio y alerta, mirando al rubio como preparándose para atacar si es que Draco hacía algo indebido.

—Hola, primo Draco Lucius Malfoy Black, esperaba conocerte pronto —dijo Teddy extendiendo su mano hacia él y cambiando el color de su cabello a un rubio como el de Draco.

Quedé sorprendida por esas palabras y miré a Harry, quien lucía igual de desconcertado, al parecer él tampoco esperaba que Teddy reconociera a la otra parte de su familia, tomando en cuenta que de seguro nunca le hablaron de ella, ni Harry ni Andromeda Tonks tendrían razones para hacerlo.

—¿Primo? —preguntó con sorpresa mi amigo, una que no pudo disimular, mientras estrechaba su mano.

—Sí. Vi tu cara en el árbol de la familia Black, también vi la de usted, señora Malfoy, y la de Scorpius. Familia Black dice ese árbol y ahí aparezco yo también —contó con voz tranquila, mientras saludaba a Astoria quien se acercó a darle un beso en la mejilla que lo hizo sonrojar— Es un árbol muy viejo, el tapiz casi se está cayendo, y sé que el rostro de mi abuela estaba ahí, al lado de tía-abuela Narcissa —dijo girando a verla, después de espabilarse un poco— Mi padrino Harry y mi abuela Andy me explicaron la razones para ya no estar ahí y aunque no lo crean, creo entender eso, lo de las grandes peleas —se encogió de hombros, como si eso no le importara mucho y luego se acercó a Narcissa, cambiando sus ojos a unos azules, parecidos a los de la propia rubia— Mucho gusto, tía-abuela Narcissa.

—Mucho gusto, Edward —dijo Narcissa aceptando su mano, hablando con voz suave y una sonrisa sosegada. Pude ver la sombra del cariño saliendo de sus ojos, quizá sorprendida de ser llamada de esa manera por alguien que nunca imaginó que lo hiciera— ¿Te importaría dejar el término solo en tía? Creo que tía-abuela es muy largo.

—Sí, a mí también me lo parece —sonrió con gracia y permitió que su cabello volviera a ser aquel castaño que tenía su padre, aunque los ojos los dejó en un lindo azul cielo.

Después de eso, Harry lo llamó a su lado, quizá interesado en saber cómo es que sabía tanto, pero Teddy simplemente se encogió de hombros, repitiendo una vez más que aquel árbol decía llamarse Familia Black, así que no importaba las peleas de antes si ahora ya casi nadie quedaba de esa familia. Harry no quiso indagar más, diciendo que a veces si es necesario dejar el pasado atrás y no acordarse o hablar por qué inició el odio. Estuve de acuerdo con eso, y después de acariciar el cabello de Teddy, llamé a todos para la cena.

Harry tuvo la idea de al fin quitarse la estaca y llevó en brazos a Lizzie, quien estaba muy feliz en ese sitio. Para mi asombro y la del propio Harry, quien no intercedió para mi sorpresa, Draco Malfoy, después de cenar, pasó un buen rato platicando con Teddy, riendo y jugando con él, así como también dándole más chocolates para su bolsa de dulces, el cual intentó detener Narcissa, diciendo que se le arruinarían los dientes por tantos caramelos.

—No le hagas caso, yo no tengo los dientes arruinados —le dijo el rubio sonriendo, mostrando su perfecta dentadura, recibiendo a cambio una mala mirada de su madre.

—Le puede doler el estómago a Edward —dijo Narcissa con voz dura, mirando a su propio hijo como si fuera un niño todavía. Astoria sólo negaba con la cabeza, mientras Scorpius igual estaba intercambiando sus dulces con Teddy.

—Se parece a la abuela Andy —suspiró Teddy resignadamente, haciendo reír a Draco y a todos, provocando que Narcissa Malfoy quedara sorprendida y callada, hasta reír de nuevo.

Sí. La noche no fue tan mala y eso hasta Harry lo tuvo que admitir cuando antes de la medianoche tuvo que retirarse para poder llevar a Teddy con su abuela, cosa que regularmente no hacía, pero como ahora Andromeda Tonks estaba nerviosa por este encuentro con la familia Malfoy, le pidió a Harry que lo llevara a casa.

Yo pude despedirme de él y ofrecí la invitación para que Teddy pudiera visitarme cuantas veces quisiera. Era un niño agradable y divertido, pero también muy serio y protector, pues se había comportado con los más pequeños como un hermano mayor, cuidándolos y llamando su atención si es que los más chicos hacían algo que fuera peligroso o inadecuado.

—¿Puedo venir cuando quiera, entonces? —preguntó él, después de besar mi mejilla.

—Cuando quieras.

—También nuestro hogar tiene las puertas abiertas para ti, Teddy —dijo Astoria con dulzura, despidiéndolo con un beso.

—¿De verdad, tía? —preguntó mirando a Narcissa, quien algo rezagada atrás de su nuera, asintió con una agradable sonrisa.

—Siempre y cuando tu abuela y tu padrino estén de acuerdo —contestó, dándole una mirada a Harry, quien asintió pasándose una mano por el cuello, quizá imaginando que sería una batalla dura contra Andromeda para que aceptara.

—De todos modos, igual los niños pueden pasar más tiempo aquí —dije para aligerar el ambiente, viendo como los niños asentían con entusiasmo, los cuales por todos los dulces que habían comido aun no dormían.

—Por supuesto —dijo Draco, colocándose a su altura. Al parecer le había agradado mucho. Lo vi registrar sus bolsillos y luego sacar algo: una moneda no muy grande de plata que hizo bailar entre sus dedos— Pórtate bien y toma —dijo entregándosela, dejándonos ver un grabado en ella, un sello antiguo de los Black— Era de los Black, no recuerdo bien a quien le pertenecía, quizá a Orión o a Cygnus Black, tampoco sé si es valiosa, pero siempre estuvo guardada en un cofre en el despacho, era mucho menor que Scorpius cuando la hurte —dijo en voz baja, mirando apenas de reojo a su madre, quien lo miró haciendo una ligera negación de cabeza, pero sin molestarse realmente— Fue un buen juguete para cuando estaba aburrido y solo.

—¿Ahora es mía? —preguntó con asombró Teddy, tomándola con ambas manos.

—Sí. Es un pequeño regalo. El tapiz está cayendo y está bien que lo haga, siempre me pareció horrendo. Para mí esto es una de las pocas cosas lindas que había en la Mansión Black —le contó Draco con una sonrisa.

—Gracias, primo.

—Vamos, Teddy, tu abuela debe estar esperando —suspiró Harry tomando su mano.

—Está bien. Gracias por la noche, a todos —dijo Teddy, agitando su mano una vez más, antes de que Harry pasara un brazo por sus hombros y desapareciera con él.

—Es un gran niño —dijo Daphne, meciendo a una dormida Melanie.

—Adorable —contestó Astoria, quitándole su sobrina a su hermana, meciéndola suavemente para no despertarla mientras le tarareaba algo.

—Era de mi padre aquella moneda, siempre la llevaba a todos lados, y te vi jugar con ella muchas veces, Draco, así como lo hacia él, por eso nunca te la quité —amonestó ligeramente, para luego sentarse— Tal vez ella la reconozca si es que encuentra a Edward jugando con ella —suspiró Narcissa— Andy no solía ser rencorosa, pero aprendió a ser una muy buena Slytherin.

Todos asentimos a esas palabras, sabiendo lo que significaban. Era difícil imaginar que ella aceptaría que su nieto conviviera con los Malfoy. Yo sólo esperaba que Andromeda Tonks le permitiera a Harry que trajera a Teddy y que no se opusiera a la convivencia del niño con mis amigos. Al parecer a todos en la familia Malfoy les había agradado y sería muy triste que no lo permitiera.


Hola. Sé que igual he tardado para publicar, pero sigo en esa mala racha de no poder hacerlo más rápido. Espero que aún así lo hayan disfrutado y decidan opinar (no es obligatorio, pero...)

Nos leemos luego.

By. Cascabelita