EL FULGOR (PSICÓPATA DE NUMAZU) [Love Live! Sunshine!]
Capítulo 2: Fatalidades bajo el resplandor
En pleno centro de Numazu, trabaja desde hace mucho tiempo un modesto buceador pesquero. Aquejado de fuertes dolores decide reposar en su casa y le pide a su ahijada que atiende a su puesto en su ausencia.
Así fue como al día siguiente, Kanan Matsuura se levanta muy temprano para realizar ejercicios matutinos antes de comprar unos tubos de oxígeno y artículos de buceo. Por esta razón, cargaba una no despreciable suma de dinero, pero fatalmente se encontró en el mismo trayecto de Masato Saehan quien observó en ella esa diabólica luminosidad.
Kanan: ¡¿Qué le pasa?! ¡Suéltenme!
Esta vez, el ataque fue más violento y demencial, la humilde señorita delfín cayó junto a su agresor quien no tuvo piedad para sacar su cuchillo y agredirla sin conmoción. Su muerte fue instantánea y curiosamente el agresor abandonó el lugar dejando intacta la billetera con el dinero.
Esa mañana, el puerto de Numazu ensombreció sus aguas: el psicópata cobraba su primera víctima mortal.
En la casa de Masato y Emiru, él veía la televisión oyendo a las autoridades sobre este brutal asesinato de la otra ex Aqours que fue conmoción local clamando justicia. El dolor irreversible en pleno funeral era tremendo, sobre todo para sus amigas ex idols quienes lloraron profundamente ante aquella desgracia fortuita desde el crimen de Ruby Kurosawa hace meses en Uchiura por otro criminal (véase "Era tan solo una Onee-chan").
Emiru: ¿Qué estás mirando? ¡Qué terrible!
Cabe resaltar que una de las presentes del funeral, Mari Ohara, tenía comprometida con Kanan una semana de antelación su declaración de unión civil como pareja; ésta intentó quitarse la vida bebiendo soda mezclada con ácido sulfúrico y cianuro 60 horas después del hecho, pero fue frustrada por allegados que la ayudaban y quedó con tratamiento psicológico; no obstante, la oxigenada sería la siguiente víctima azarosa del malvado violador.
Ante las crudas consecuencias originadas con la presencia de un psicópata en la zona, particularmente la policía designó a un grupo especial para afrontar en forma exclusiva este caso. Todos los documentos, acciones y relatos de testigos sobre el mismo se confrontaron para unir criterios sobre el futuro modo de operar ante el desconocido homicida.
Extrañas manchas de sangre en los pantalones de Masato inquietaron el pensamiento de su compañera.
Masato iba de compras en un supermercado cuando ese destello luminoso lo perturbó al ver a una mujer comprando que se escondió en un pasillo; no obstante, él se quedó solo notando que había desaparecido la gente en el área por temor al eventual supuesto asesino.
EN LA CASA...
Masato: ¡Emiru, la tetera está lista!
Emiru: Ya voy, ya estás aquí, no la apagaste. ¿Qué va a querer, té o café?
Masato: Café.
La situación de pareja entre Emiru y Masato no estaba del todo bien. Intermitentes roces habían dejado profundas huellas y cuestionaban seriamente su proyecto de vida juntos. Los arrebatos de Masato, muchas veces culminaron en golpes y a pesar de sus promesas de cambio, él no tardaba en activar su conducta irascible. Esta incompatibilidad y las permanentes dudas sobre su comportamiento un tanto infiel, generaron en ella la posibilidad de abandonarlo y regresar con su hijo a Tokio.
Definitivamente, Masato mostraba una evidente apatía hacia su mujer y le daba lo mismo cualquier decisión.
Emiru: (...) Sí, se los lavé. Oye, ¿de a dónde salió esa sangre que tenía en los pantalones que estaban en el lavado?
Masato: Ah no, no, no. Lo que pasa es que el otro día hicimos unos trabajos en la construcción y pasé la raya.
Emiru: Ah, estaba bien manchado, ¿ah?
Masato: Me voy a ver el partido.
La publicitada muerte de la señorita Kanan Matsuura motivó a que algunas mujeres atacadas con anterioridad se atrevieran a estampar su denuncia. Este trámite permitió un acercamiento más real al perfil humano y psíquico del victimario.
En una población suburbana cercana a Uchiura, uno de los sitios preferidos por el psicópata, vive la joven Mari Ohara. Ella conformó con sus ex compañeras de clase un grupo de análisis en relación a la presencia del psicópata en ese sector. Juntas crearon estrategias en el supuesto caso que ellas fueran sus eventuales víctimas.
Efectivamente esa noche, ella regresaba de sus vacaciones veraniegas y como de costumbre se dirigió a su -lujoso- hogar por un oscuro lote baldío que a los habitantes de aquellos barrios les permitía acortar distancia.
Con la bestialidad de sus anteriores ataques, Masato Saehan se aproximó a su víctima pidiendo explicaciones sus misteriosas visiones lumínicas; la señorita Ohara mostró interesada, pero de igual forma sucumbió ante la violencia del psicópata.
Los recientes testimonios permitieron que la policía agudizada sus estudios y conclusiones en relación a los lugares, objetivos y horas. Definitivamente, el psicópata no tenía horario fijos, atacaba sólo a mujeres y operaba de preferencia en el sector suburbano o en sus alrededores. Estos datos y la corrección permanente del retrato hablado fueron concluyentes para el grupo especial realizara importantes operativos en la ciudad de Numazu.
La gama de presuntos sospechosos se fue descartando con mayor certeza, de manera que toda la acción policial se unificó en relación a la búsqueda.
En forma sorpresiva, efectivos policiales comenzaron a realizar acuciosos empadronamientos en toda la ciudad. Todo indicaba que el agresor vivía en la misma zona donde atacaba; además, existía consenso policial al suponer que era un afuerino y que por los horarios en que abordaba a sus víctimas, tenían mediana certeza que lo hacía solo antes de entrar a su trabajo o cuando salía del mismo.
Con estas informaciones, la investigación callejera se tornaba absolutamente expedita y provechosa; la exhibición pública del retrato hablado a cada automovilista, permitió un descarte rápido de los lugares de búsqueda. Dada la alarma pública que generó el denominado "psicópata de Numazu", la población siempre se mostró dispuesta a cooperar con los objetivos policiales. Si bien la faena era difícil, el grupo encargado de la misión pretendía con este acucioso empadronamiento como efecto secundario por añadidura, ahuyentar y postergar los ataques del psicópata.
Las más grandes incógnitas de aquel personaje, no obstante persistían: no robaba, no violaba y sus fechas de ataque no tenían una definición matemática, sino más bien, se producía en forma espontánea, azarosa y sin rasgos de premeditación.
EL OTRO DÍA, EN EL CENTRO DE NUMAZU
Entretanto, impávido y temeroso, Masato Saehan luchaba por investigar las particulares razones que según él originaban su extraño proceder. Estaba consciente que no podía asistir a un psicólogo, pero en cambio, pretendía convertirse en un empírico analista de su comportamiento. Cada vez que encontraba un libro que graficara científicamente su desorden mental él hacía esfuerzos por adquirirlo.
Este tipo tenía consigo un libro de Sigmund Freud usado debajo de su cama en una noche.
Poseía plena conciencia que no podía comentar a nadie sus cruentas experiencias, de manera que los libros de psicología llenaba en ese vacío y le permitían según él, averiguar cuál era la explicación más lógica a su patología criminal.
Continuará...
