Notas Iniciales: ¿Alguien se ha preguntado cómo funciona el amor en Underfell? Quiero decir, a mi me parece complicado pensarlo a pesar de todas las teorías y puntos de vista expuestos entre el fandom así que me animé escribir este relato porque soy asgoriel de corazón pero curiosamente jamás he escrito nada sobre ellos.
Inspirado en la canción "Whore" de In This Moment.
A.M.O.R.
Toriel chasqueó la lengua cuando se percató que su encendedor no hacía más que dar chispazos sin reanimar el fuego que necesitaba para su puro, hubiese podido parar de forzar el mecanismo del aparato entre sus dedos pero estaba tan estresada que la acción repetitiva funcionó como medio de liberar frustración. Aunque no encendería por más que accionara el botón, estaba reacia detenerse, al menos hasta que cierta voz conocida inundó el ambiente pesado, que se respiraba en aquel sucio callejón, con su saludo descuidado. Vio al esqueleto de robusto atuendo aproximarse a su posición, facilitándole el fuego de su mechero personal, el cual ella aceptó sin mostrar resistencia, inclinándose hacia él y su mediana estatura, hacia su sonrisa de colmillos y pupilas brillantes carmines, hacia su servicialidad engañosa y sospechosos hábitos. ¿Qué más daba ceder un poco a las viejas costumbres? Ahora que se encontraban en un barrio de los suburbios de una ciudad humana en la superficie, la reina se sentía más libre de condescender con esos huesos coquetos que, si bien eran letales, le salvaban de compromisos innecesarios o romances absurdos; nunca hubo nada trascendente entre ellos como jugadores de vicio casuales, no con su hermano siempre violento y descarado rondando la mente del orgulloso Sans quien siempre lucía satisfecho cuando Papyrus humillaba a cualquier monstruo que se cruzaba en su camino mientras aún habitaban el subsuelo. Pero luego de que Frisk lograse cavar hondo en sus almas para descubrir la bondad que todos ellos habían negado tras años de aprisionamiento, tuvieron que acostumbrarse a esto de ser dóciles para evitar tener problemas graves, por eso ni siquiera Sans podía mantenerse indiferente a la necesidad de escaparse de su exasperante fachada para ir en busca de cualquier compañía malvada conocida, la cual esta vez resultó ser Toriel, pero ninguno se quejaba al respecto, el nuevo establecimiento de Grillby's era un negocio en desarrollo después de todo. La hembra dio un par de caladas antes de separarse de la calidez de la llama, absorbiendo el aroma relajante con sus poros antes de expulsar el humo a la atmósfera con increíble maestría. Sans, por su parte, también sacó una cajetilla de cigarrillos negros para fumar con aspiraciones profundas, soltando cada articulación componiendo su cuerpo en el proceso.
—¿Cuántos esta vez? —preguntó Toriel por costumbre, la sonrisa de Sans creció.
—Puedo contar con mis huesos la cantidad de humanos que fantaseé con asesinar hoy.
—Puedes seguir jodiendo hasta que llegues al limite, entonces joderás con los huesos de tu hermano, después joderás con los de tus victimas, y será un cuento de nunca acabar.
—Eso es jodido ¿no? —respondió Sans mordaz, y con obvia ironía.
—No estoy de humor para tus mierdas, enano.
—Nunca estamos de humor para las mierdas de nadie —el esqueleto tendió sus brazos a los costados con resignación—. Es casi poético cuando un individuo tolera la mierda de alguien más en nuestra postura, por eso me pongo como ejemplo, a pesar de todas las oportunidades que tuve para deshacerme del imbécil de mi hermano aquí estoy a su lado... en las buenas, en las malas y en las magistralmente jodidas. Por suerte los únicos que decretan mierda real son los humanos al alcance de nuestros impulsos homicidas. Y a propósito, ¿cómo se encuentra nuestra pequeña bazofia manipuladora favorita?
—Frisk quería pasar la noche con la mayor mierda de nuestra sociedad, yo no estaba de acuerdo al principio pero Asriel quiso ir con ella también.
—Estoy seguro que Asgore aprecia el AMOR que sientes por él. ¿Todavía no han hablado?
—No hay nada que necesite hablar con él, no lo necesité en el subsuelo, no lo necesitaré nunca más cuando por fin somos libres. Que insistas con lo mismo cada vez me encabrona.
—Lo cual tiene sentido, eres una cabra —señaló Sans cerrando una cuenca.
—Púdrete, idiota —espetó Toriel con una sonrisa divertida.
—Igualmente, majestad. —Sans sostuvo el cigarrillo con las puntas de sus falanges, dejando que el humo oscilara libremente sobre su cráneo—. Con todo el respeto que se merece desde luego —agregó rápidamente.
La monstruo bufó como siguiente respuesta, entonces ambos se centraron en fumar. Transcurridos un par de segundos de silencio absoluto, un tono de guitarras eléctricas llamó la atención de la reina quien miró con curiosidad la manera en que Sans gruñía y sacaba su celular del bolsillo para revisar el mensaje de texto recibido, quedándose pasmado mirando la pantalla un instante antes de guardarlo de nuevo y fumar con mayor ímpetu el cilindro que sostenían sus afilados colmillos. Toriel fingió no darse cuenta de la expresión irritada de su acompañante, o del grosor que adquirieron las gotas de ectoplasma que casi siempre adornaban la parte superior de su cráneo, pero se permitió el capricho de preguntar al respecto. Esto debía considerarse cordialidad de algún modo y ella necesitaba perfeccionar los buenos modales que nunca practicó en su vida por sugerencia de su nueva hija adoptiva.
—¿Buenas noticias?
—El jefe encontró el revolver que compré... —farfulló Sans literalmente masticando las palabras—, joder, se supone que iba a ser una estúpida sorpresa —se quejó lanzando la colilla del cigarro lejos, empujándolo ágilmente con los dedos para que rebotara contra el muro frente a ellos y cayera justo a un costado del basurero de metal.
—Que chico tan lindo —se mofó Toriel de pronto—, comprando un arma humana de manera ilegal para complacer la curiosidad morbosa de su querido hermanito.
—¡Estoy tratando de graduarme de las basuras inservibles para unirme a la banda de los chicos cool! ¡Aparentemente las motosierras que usaba el marica de Metatton en su espectáculo son carne podrida! —exclamó el esqueleto luciendo exasperado, ese semblante no hacía más que incrementar el escrutinio burlón que le dedicaba la hembra.
—¿Significa que debo preocuparme por prepararte un funeral? —Toriel estaba muy entretenida empujando los limites de Sans para estar realmente preocupada por las implicaciones de este severo conflicto fraternal, un lazo que los dos esqueletos estaban aprendiendo a sobrellevar hasta ahora que las leyes que los rigieron casi una eternidad desaparecieron junto con la barrera en el Monte Ebott.
—Significa que tú deberías ocuparte de tus putos asuntos así como yo me ocuparé de los míos, maldita sea.
—No puedo evitar involucrarme cuando veo a alguien sufrir de forma tan deliciosa... me hace querer presenciar el momento en el que uno de ellos es hecho polvo.
Sans se estremeció involuntariamente ante la mirada sádica de la reina ya que, por más que convivieran, le resultaba imposible acostumbrarse a sus esporádicas muestras de maldad pura que taladrarían las peores pesadillas de sus enemigos toda la eternidad, no era como si él fuera diferente y no poseyera sus propios demonios pero siempre era impactante ser testigo de otros. Tal como muchos monstruos jefe, ella tenía aspectos de su personalidad lo suficiente enfermizos para provocar temor en cualquiera que tuviera algo de sentido común, Sans había aprendido a tener precaución con la violencia natural del mundo de los monstruos pero eso no impedía que continuara respetando las capacidades de matanza en criaturas como Toriel que a simple vista lucía inofensiva. Por monstruos como ella fue que Sans había instruido a Papyrus hasta convertirlo en el hijo de puta que era en la actualidad para empezar. Encendiendo un nuevo cigarrillo, el esqueleto se preparó para retirarse.
—Como sea, será mejor que tome mi dosis de insultos ahora antes de que me confíe y baje la guardia —dijo apartándose del muro con flojera y metiendo una de sus manos en el bolsillo a su disposición mientras con el otro tomaba el cigarrillo gradualmente—, no quiero perderme la cara del jefe cuando se entere que el revolver es para él —agregó fallando en reprimir una sonrisa que -aunque cretina- desbordaba genuino cariño.
—Aw, el nene tóxico se ha suavizado —comentó Toriel con falsa ternura—. Me pregunto si no querrá estrenar ese revolver contigo una vez lo entregues en sus manos.
—Heh, estoy seguro de que eso es lo que Papyrus habría hecho antes, pero se podría decir que nuestras mierdas parentales son menos molestas ahora que no tenemos nada que exigir. ¿Sabe, majestad? Debería intentar lo mismo, puede comenzar por una buena follada, así se volverá menos apretada con todo el tema de Asgore. —Sans esquivó por instinto una sobrecargada bola de fuego que Toriel le lanzó repentinamente y con claras intenciones de bajar su cinco de HP hasta el borde, aún así el esqueleto prefirió no perder el humor del suceso—. Oops, supongo que esa es mi señal para largarme. —Y como acto seguido se teletransportó lejos, dejando a Toriel en el mismo callejón con un pensamiento traicionero rondandole la mente igual que buitrez hambrientos. Tomó una profunda calada a su puro y echó la cabeza hacia atrás, sus cuernos casi rozando el muro en el que permanecía recargada, los pensamientos viajando a toda velocidad mientras su droga preferida hacía su trabajo erizandole el pelaje de forma placentera. Y esa sensación abrasiva, llena de veneno, se la dedicó a Asgore, el monstruo con el que compartió una larga condena nupcial.
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Al llegarse la hora en que Frisk y Asriel deberían regresar al departamento que rentaban, Toriel cruzó la avenida donde estuvo perdiendo su tiempo, dispuesta a esperar en el interior de esa pocilga mientras ocultaba la evidencia de su crimen, pues su caja de puros eran un pésimo ejemplo para críar a esos niños y al dejarlos a la vista estaría obligada a ver esas expresiones tristes sobre los delicados rostros que ya le habían confesado su aversión a verla fumar, una situación que no estaba dispuesta a soportar dos veces en el mismo día cuando una de las razones de esas expresiones afligidas fue la insistencia de hacer esa desagradable visita al tirano de su ex-esposo. Una vez adentro se dirigió a su cama, metiendo la caja bajo el colchón, ya que no existían muchos escondites por la zona ante la carencia de muebles no le quedaba más que conformarse con lo que tenían a su disposición, especialmente ahora que el dinero, alimento y plan académico dependería de ella sino contaba el hecho de que Asgore les facilitaba una importante cantidad de despensa y efectivo cada vez con mayor frecuencia; Toriel siempre lo rechazaba pero Asgore estaba acostumbrado hacer su voluntad como fuese. La puerta de la entrada crujió con los golpes y ella se apresuró en acudir al llamado. Todo lo que más quería en esos momentos era dormir como una roca y no lo podía concretar sin la presencia de aquellos renacuajos infantiles que había tomado bajo custodia. Cuando abrió la puerta se esperaba ver a Asgore junto a los niños, más no que este los estuviera sosteniendo entre sus brazos de manera tan cariñosa, Frisk lucía feliz con el trato pero Asriel -en esa forma de flor amarilla- no parecía contento de que lo elevaran a un nivel tan apartado del suelo. Sin duda alguna estaba coíbido por las muestras de afecto paternal que nunca conoció en el subsuelo pero Toriel prefirió pensar de su actitud como una muestra de desprecio hacia su padre biológico aún sino era así en lo absoluto.
—Ya llegamos, mamá —evidenció Frisk mientras era cuidadosamente bajada contra el piso de madera, mostrandole a la monstruo hembra una gran sonrisa, la cual ayudaba a resaltar aún más su desalineada apariencia, tenía el cabello todo alborotado, repleto de tierra, y la condición de sus ropajes no era distinto. Si Toriel no supiera que se había marchado totalmente aceada a su cita, pensaría que se trataba de una niña de la calle—. Se nos hizo tarde en el parque así que papá nos cargó todo el camino. ¡Es muy rápido! El viento golpeaba muy fuerte en nuestra cara, Asriel estaba gritando como un bebé.
—¡Cállate, Frisk! —exclamó la escualida flor desde la tosca mano de Asgore, la vergüenza siendo clara en el tono rojizo de sus mejillas y pétalos—. Si tú estuvieras atrapada en una flor entenderías lo difícil que es para mi mantenerme en una postura con el viento golpeando mis tallo de forma constante.
—... Recordaré eso la próxima vez —Asgore asintió con gesto meditabundo.
—No te estaba reclamando nada a ti —replicó en un tono pasivo-agresivo, desviando la mirada una vez más, apenado. Asriel no se había dirigido a Asgore como a un padre a diferencia de Frisk en todo el tiempo que formaron una familia, y Toriel sonrió victoriosa porque al menos ella si había sido llamada "madre" un par de ocasiones por la histérica flor, quien lentamente había abandonado el nombre de Flowey para adaptarse al sonido de su verdadero nombre en los labios de aquellos que le rodeaban, que le apreciaban con sinceridad. Frisk se acercó a él, tomando su maceta con facilidad, dándole la libertad de movimiento que Asgore necesitaba para retirarse una vez él y Toriel cruzaron miradas.
—Oye, papá —Frisk se apresuró en detenerlo de su marcha, Asgore se giró lo suficiente para ver a la humana por encima del hombro—. ¿Podremos ir a verte otro día?
—Si su madre está de acuerdo —dijo con simpleza y una envidiable indiferencia, atreviéndose a mirar una vez más dentro de los pozos negros que representaban las pupilas de Toriel, quien admiró y aborreció en secreto la osadía del soberano sin trono en retarla de forma tan implícita y silenciosa. Afortunadamente, no era el único que podía jugar sucio.
—¿Por qué no? Voy a necesitar un tiempo para pasar a solas con mis amigos.
La satisfacción que le provocó la mueca de disgusto dibujada en el rostro de Asgore no tuvo precio para Toriel, quien se cruzó de brazos sin dejar de sonreír en espera de un segundo ataque, cualquier cosa que le diera motivos para juzgarlo, pero tal en ningún momento llegó. Asgore se limitó en darse la vuelta sin despedirse siquiera de sus hijos, apenas resistiendo el impulso de azotar la puerta al salir. Frisk, sin embargo, no pudo evitar dedicarle una mirada entristecida a la presunta reina, un gesto que Toriel ignoró rodando los ojos para proseguir invitándoles a cenar las sobras de la mañana, algo que tanto Asriel como Frisk aceptaron a pesar de haber devorado golosinas hasta reventar durante su estadía al cuidado de Asgore.
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Los días no pasaban desapercibidos para nadie con lucidez, así que Toriel pretendía no mostrarse afectada por los frecuentes encuentros que ella y Asgore tenían cada vez que Frisk insistía en pasar tiempo con él. Todos los monstruos que estuvieron bajo el yugo de su gobierno, cada vez se mostraban menos recelosos con Asgore a su alrededor, de hecho, varios de ellos parecían apreciarlo un poco ahora que todos se ocupaban más en adaptarse a su nueva vida, pues la presencia del rey comenzó a funcionar como un recuerdo de sus vidas pasadas, tomándolo como ejemplo en mínimas porciones al ver cuánto había cambiado en su postura desde la llegada del octavo humano caído. Pues había pasado de utilizarlos para su propio beneficio y satisfacción a brindarles apoyo en lo más indispensable, incluso Undyne parecía haber mejorado su actitud con los demás. Los propios hermanos esqueleto tampoco tardaron mucho en darle un vistazo de aprobación a este nuevo Asgore, a pesar de que todavía existía cierto rencor por el daño causado, más esta nueva oportunidad se trataba de superar todos los errores así que incluso Toriel casi se sentía convencida de que verlo rondando no era tan desagradable, más no lo suficiente todavía. Pero no fue hasta una mañana de fin de semana, mientras sus dos hijos daban una visita a los esqueletos, que la desidia dejada en esta relación vio su fortuna. Toriel estaba fumando en la habitación del departamento sin ninguna novedad cuando un llamado a la puerta la hizo fruncir el ceño, al principio pensó que podría tratarse de Frisk y Asriel, pero dudó que volvieran tan temprano así que simplemente fue abrir, extrañandole ver al rey de pie ante el marco completamente serio, como si venir a perturbar la tranquilidad de Toriel no fuera nada importante.
—Te equivocaste de horario, Dreemurr. Mis hijos no están aquí —espetó al instante, Asgore no pareció sorprendido por su revelación.
—Lo sé, vine a verte a ti —afirmó, y esto provocó que una sonrisa burlesca se dibujara en los labios venenosos de la incrédula dama.
—¿Y qué te hace pensar que yo quiero ver a una basura de tu nivel? Ten un mal día. —Toriel se dispuso a cerrarle la puerta en la cara pero Asgore había reaccionado rápidamente, estirando un brazo para impedirle completar la acción, pero esto lejos de intimidar a la hembra le inspiró una nueva sonrisa—. ¿Ya te cansaste de hacer las cosas legalmente? Sabes que esto es considerado allanamiento ¿verdad? Hay una posibilidad inmensa de que termines en la cárcel de los humanos, dudo que estés abstento a esa ley aunque seas un rey. —El silencio fue la única respuesta a tal amenaza así que, insatisfecha, Toriel dejó de forzar la puerta y prefirió retroceder, dejando que Asgore entrara y cerrara la puerta tras él en el proceso, mientras ella le daba la espalda y seguía fumando—. No eres divertido.
—Toriel... tenemos que hablar.
—Jamás imaginé que llegaría el día en el que prefirieras las palabras antes que la violencia. ¿Cuál es la excusa? ¿No te dabas cuenta de lo que hacías? ¿No pensaste que tus actos escalarían hasta estas consecuencias? Sabes bien que eso no es cierto, yo estuve ahí, observé tu travesía, siempre fuiste presa de tus deseos. ¿Por qué negarse a ellos ahora?
—Desde el momento que Frisk decidió quedarse en el subsuelo, he buscado la manera de redimir mis pecados —declaró Asgore con convicción, la hembra lo miró de soslayo—. Nos traje a la superficie. Disolví la guardia real, cambiando poco a poco los ideales que les impuse hasta convertirlos en monstruos lo suficiente saludables mentalmente para enfrentarse al mundo sin ver el asesinato como alternativa infalible. Arreglé mis diferencias con Undyne y acordamos mantenernos neutrales hasta que creyéramos que el otro necesita una paliza, pero tal parece que me tomará más tiempo aclarar las cosas con Alphys.
—Lo cual es aceptable, ella fue uno de los monstruos más afectados por tu dictadura, sino incluimos a toda la población digo.
—El avance es lento pero estoy seguro de que nuestros súbditos por fin encontrarán la paz que yo no les ofrecí, es por eso que ya no puedo seguir aplazando enfrentarme al dolor que te causé a ti.
—¿Dolor? —repitió Toriel, sintiéndose ofendida por las implicaciones en las palabras del rey, así que se giró, dispuesta a enfrentarlo—. Ni siquiera sabes de lo que hablas. El dolor que tú me provocaste no se compara en nada al sufrimiento que he padecido toda mi vida. Seguro piensas soy una prisionera de tu jaula, que con un simple soplo tuyo derrumbaría mis esperanzas hasta convertirme en polvo... no es así, Asgore. No fuiste el único ni serás el último en dejarme morir, tampoco el más importante aunque hayas sido el primero en hacerme tal daño, así que no te creas tanto. Fuiste la causa de que nuestro hijo matara a Chara y aún así no te he culpado como tú hiciste conmigo. De hecho, tienes suerte de que los deseos de vivir de Asriel hayan sido tan grandes que se quedó entre nosotros para vernos cambiar. ¿Dirías que has cambiado? Ante mis ojos sigues siendo ese desgraciado infecto que pudrió nuestra realidad desde el primer instante, aunque quizás un poco menos imbécil.
—Estoy tratando de mejorar, encontrar la salida del infierno que yo mismo encerré en mi interior, soy consciente de que no lo merezco, pero Frisk me hizo pensar que incluso alguien como yo merece una segunda oportunidad. Incluso contigo como mi reina.
—No me jodas —le interrumpió Toriel apretando el puro entre sus puños, desintegrandolo con el fulgor de su propia magia de fuego, esto hizo que el monstruo macho enseguida se pusiera en guardia a pesar de su semblante relajado—. ¿Quién te has creído para venir a mi y mofarte de mi independencia? ¿Crees que tu fachada de redentor es suficiente para convencerme de arrastrarme hacia a ti como alguna clase de salvador omnipotente? Todo lo que tuvimos durante mucho tiempo no fue más que una unión benéfica, a ambos nos convenía estar juntos en el poder, no porque hubiese algo especial que rescatar entre los dos. Nuestro pueblo ya no necesita de dos tiranos dispuestos a intimidarles de las peores maneras para obtener su respeto. Yo ya no necesito de ti.
—Eso sería una verdadera lastima porque yo si te necesito —confesó él con un sonrisa, aunque su expresión continuaba siendo pedante, a Toriel le sorprendió la extraña resolución que desprendía su mirada. Había visto eso cúmulo de emociones antes, mientras follaban en el pasado, o se insultaban en los pasillos de su castillo de cadáveres. Entonces realmente no pensó mucho en el significado porque estaba más ocupada absorbiendo el placer propio, más nunca fue ignorante, por eso su expresión ensombreció al siquiera considerarlo.
—¿Y qué con eso? —cuestionó con una sonrisa socarrona, la expresión del soberano se disipó—. ¿No me digas que pensaste me iba a importar? —Toriel no pudo evitar jugar con el temperamento de Asgore, era tan divertido empujar los limites de los demás que no concebía detenerse ante el menor signo de amenaza inminente, como los puños crujientes que apretaba Asgore cada vez más—. Tengo mejores huesos qué roer, si sabes a qué me refiero.
Bastó un instante para que Toriel se descubriera contra la pared mientras Asgore la sujetaba de ambos brazos, aferrándolos a su espalda. La hembra bufó entretenida por esta explosiva reacción, después de todo esto fue lo que estaba esperando obtener por parte del tirano del subsuelo. Había deseado ver al verdadero monstruo bajo el disfraz bondadoso con el cual todos lo empezaban a reconocer; ese Asgore dócil, casi tierno, a ella no le encendía para un momento así, no le quería si eso significaba que perdería todo el salvajismo que llegó disfrutar cuando todavía eran algo de manera oficial.
—Estás mintiendo —susurró el rey contra su oído con un tono gutural, casi un rugido, y Toriel se estremeció encantada, especialmente cuando esos gruesos dedos se deslizaron por su cuerpo con destreza, ella se movió hacia el contacto impulsivamente, cada vez más ansiosa. Gimió con anticipación—. Ha pasado bastante tiempo ¿uh?
—Un maldito siglo. Fuerte... más... tendrás que trabajar más duro que eso si pretendes que te brinde misericordia.
Aceptando el desafío, Asgore arremetió entre las piernas de la hembra con mayor agresividad mientras sentía a su respiración volverse cada vez más pesada, caliente, hasta que ambos encontraron su camino para enterrarse en un desbocado beso de lengua. Se forzaron el uno al otro por siglos, desde que se conocieron y fue firmado este matrimonio, acudiendo a un deber que no les importaba, entregándose tributos de sangre a escondidas y condenándose públicamente cada ocasión. Y todavía era así pero la dependencia emocional siempre fue aprehensiva. Lo cierto es que ninguno sabía qué les esperaría después de este encuentro sexual pero si de algo estaban seguros era que la tensión entre ellos no desaparecería fácilmente.
Fin.
Notas Finales: No me juzguen por considerar que los personajes de Underfell son todos unos vulgares malhablados, jeje, es mi exclusivo headcanon y el que más aprecio (?)
