Notas Iniciales: A diferencia del anterior capitulo, aquí los monstruos todavía no conocen a Frisk ni se imaginarían que estarían en la superficie. Este es un segundo Oneshot que comparte nombre con el primero, he ahí la razón del porqué no está aparte.
Inspirado en la canción "Sick Like Me" de In This Moment.
A.M.O.R.
Una noche más de celo en completa soledad se había tragado lo mejor de su autocontrol durante la mañana. Había estado tan irritable que casi convierte en polvo a dos de sus subordinados con la menor negativa que recibió a sus mandatos, fue una suerte para muchos que Papyrus estuviera ahí dispuesto a señalarle las consecuencias por desobedecer las estrictas normas de la Guardia Real, de otra manera Undyne estaba segura que su nivel habría alcanzado la superficie en menos de lo que las cataratas se unían a los ríos subterráneos con su armonioso flujo de agua. Era bien sabido que el rey Asgore era todo, menos piadoso, así que sus reglas estaban ahí para controlarlos de ser excesivamente violentos a excepción de sí mismo, así que si él quisiera romperlas y gozar de una lluvia de polvo sobre su imponente figura -sólo porque si- nadie tenía derecho de mencionarle su falta. Undyne quiso reírse de las reglas que el novato recitó con tal precisión que fue nauseabundo, pero le dio crédito por memorizarlo de principio a fin, así que dejó ir a sus lacayos ordenandoles continuar su patruya con una amenaza de por medio, y pasó a empujar al joven esqueleto fuera de la zona junto con ella. Le apetecía hablar con un monstruo cuya alma no estuviera contaminada al cien por ciento como ocurría con todos los veteranos, así que no le importó mostrarse mucho más relajada en presencia de esa indefensa cría en entrenamiento. A pesar de la fama destructora que su hermano mayor se había ganado con justa razón, a Undyne no le preocupaba burlarse continuamente del chico mientras compartían ataques mágicos frente a su casa. No era que le apeteciera meterse en problemas con Sans pero Papyrus se había ganado la simpatía de la capitana luego de varios meses encargándose de él, y la frustración o muecas de dolor en el rostro cadavérico del menor cada vez que fallaba un enfrentamiento, siempre inspiraron cierta ternura en el alma de Undyne más allá de la constante decepción, por ello no dudó terminar con su sección privada para simplemente recargarse en los muros de roca y disfrutar de la tranquilidad ilusoria que Waterfall entregaba a sus habitantes. Papyrus aceptó descansar de mala gana, sentándose a los pies de la tritón silenciosamente, gesto que Undyne no tomó en cuenta por cortesía ya que era mejor que se mantuviera cerca de ella donde era seguro.
—¿Ha sucedido algo, capitana? —la inocente pregunta de Papyrus no tardó en intrigar a la monstruo hembra pero tampoco la conmovió suficiente para hacerla revelar la verdad.
—No te importa.
—Casi mataste a esos estúpidos —insistió el menor obteniendo un bufido de la tritón, siempre era gracioso cuando ese chico decía groserías. Sans odiaba escucharlas de él así que Undyne lo dejaba—, ¿no eres tú quien siempre dice que debemos aguantarnos las ganas aunque sea más fácil atravezarles la garganta?
—Si, eso es algo que yo digo, somos el ejemplo, el orden aquí. Por eso no los maté.
—Porque yo intervine —afirmó de forma arrasadora.
—En realidad fue porque yo me contuve a tiempo —mintió, tenía una imagen que conservar después de todo—, es sólo gracias a mi excepcional autocontrol, jamás me detendría por una intervención tuya, no eres nadie para detener mis movimientos ¿entiendes?
—Capitana, con tu permiso y aún sin ello, voy a decirte que odio las mentiras.
—¿Acabas de llamarme mentirosa? Tienes agallas, mocoso. —La expresión sombría de la tritón se distorsionó lentamente hasta volverse maníaca—. Te mataré.
—No lo harás —Papyrus desvió la mirada con aburrimiento—. Si quisieras hacer eso lo habrías hecho desde el principio, las oportunidades fueron infinitas, no creas que no lo noté —Y su observación logró borrar la sonrisa en los labios de Undyne—, de hecho, ni siquiera con Sans me siento tan seguro. Eres la más fuerte, por eso te respeto.
—¿Qué te pico hoy, enano? —espetó con exasperación, no era una buena señal que aquel esqueleto la elogiara, sólo podía pensar que algo muy malo estaba ocurriendo—. Deja de joder. ¿Qué pasó con el niño bien portado? Estás más insolente de lo que sueles acostumbrar.
—Hay un extraño aroma en el ambiente —Undyne se congeló por un instante ante tremenda declaración—, me hace sentir ansioso —Las pupilas carmines del joven esqueleto se detuvieron en la figura de su instructora con cierta suspicacia—, ¿no lo percibes?
—Se supone que no deberías notarlo, no tienes nariz —replicó un tanto avergonzada por la nueva situación, pues no quería comenzar a hablarle de temas sexuales a un mocoso que lentamente estaba entrando a esa complicada edad, eso ya le correspondía a su imbécil hermano. Pensarlo la hizo retroceder sus pensamientos unas horas antes, entonces comprendió el comportamiento de los otros monstruos, era obvio que reaccionarían a su estado para volverse impertinentes, siempre sucedía así. Ella era temida y respetada por todo aquel que conservara un poco de consciencia en el subsuelo, pues había sido promocionada por el mismísimo rey Asgore para unirse a la Guardia Real y aquello -además de representar un dato importante a considerar dentro de la coexistencia de los guerreros- señalaba cuan letal podría llegar a ser en personalidad así que nadie se atrevía a tocarla o molestarla, a menos que ella lo consintiera, pero también era debido a ello que perdían la cabeza y solían inquietarse a medida que el aroma los llenaba. Undyne no acostumbraba realizar encuentros con subordinados, mucho menos contrataba sexo-servidoras para aquietar su problema -después de todo había dejado de sentir interés en los cuerpos masculinos- así que quizás esta vez si debía buscar una solución estratégica. Papyrus acababa de restregárselo en la cara de manera inconsciente, no podía ignorar esto más.
—Que no tenga nariz no significa que no posea sentido del olfato.
—Como digas, pero en vista de que lo haz notado planeo llamar a tu hermano ahora. Terminamos por hoy, tendrás dos días de descanso, siéntete libre de saltar de alegría como el mocoso mimado que eres —decía con acento burlesco mientras retiraba distraídamente su teléfono móvil del bolsillo y apretaba los botones correctos.
—¿Qué? ¡Yo no quiero descansar! —recriminó Papyrus poniéndose de pie con brusquedad—. ¡Mucho menos por tanto tiempo! ¿Qué esperas que haga mientras tanto?
—No lo sé, ¿mirar la televisión? Me importa un carajo, estarás en tu casa y con tu hermano, tú sabrás en qué mierda enfocar tu atención. Estoy segura que Sans lo agradecerá, el otro día me dijo que la casa estaba hecha un desastre.
—Maldita sea, ¡no! —Papyrus se tomó del cráneo con desespero, y esto fue algo que llenó de gozo el interior de Undyne, era tan gratificante ver a ese niño salir de sus cabales, aunque interiormente comprendía el agobio, su propio hogar estaba relativamente limpio porque casi no lo ocupaba y no tiraba basura en su piso, al menos esa buena cultura tenía, en cambio el mayor de los hermanos esqueletos era un total desordenado y un vagabundo sin sentido de la limpieza, resultaba obvio que no pondría especial atención a nimiedades como el aseo del hogar—. No quiero perder el tiempo de esa manera. Prometiste que si entrenaba contigo me volvería más fuerte, aún no soy fuerte, ¡necesito seguir entrenando!
—Oye, este mes juntos ha brindado frutos, al menos ya sabes controlar tu aterradora magia. Creo que me merezco un descanso de tu huesuda figura.
—¡Bien! Haz lo que quieras —Papyrus se rindió y se giró para darle la espalda a la tritón, ocultando la expresión sombría de su rostro mientras golpeaba repetidamente la pared en su búsqueda por controlar la ira que comenzaba a calarle en los huesos—. Pero yo no seré el único que limpiará, no importa de qué manera pero voy a obligar a ese idiota para que me ayude... es verdad, ¿qué tan difícil es mantener su espacio de trabajo limpio? Si todos los días recogiera un poco de su porquería no sería tan dificil pasar la escoba, es tan humillante, siempre me trata como la sirvienta. Huesos flojos Inútil, imbécil, espeluznante...
Papyrus siguió balbuceando insultos contra su hermano mayor a la vista de Undyne mientras ella se limitaba en preparar su encuentro con Sans en la entrada de Waterfall. Los mensajes de texto Sans tampoco los había recibido con mucho afecto pero se reprimió de comportarse muy violento con la capitana, a menos hasta que le dijo sobre sus planes futuros, entonces Sans había abandonado toda cortesía dispuesto a compartir una pelea digital con la hembra, quien con una sonrisa victoriosa decidió ignorar las notificaciones y bloquear su número para dejarlo con el coraje picando sus huesos. Imaginarlo apretando los colmillos y falanges antes de lanzar el celular contra la pared ayudó que redujera la tensión de sus músculos. Esos esqueletos eran tan fáciles de alterar, mejoraban sus ánimos con su fácil estrés.
Llegada la hora, Undyne guió a su pupilo a las orillas de Waterfall, despidiéndose de él con un golpe amistoso en el dorso de su cráneo, el cual casi lo hizo caer de bruces contra el suelo mientras andaba en dirección a su hermano, quien con un gruñido le mostró los falanges medios a Undyne antes de rodear los omóplatos del menor para empujarlo caminar a su ritmo rumbo a su hogar en Snowdin. Con su cometido cumplido, Undyne decidió marcharse, pues había recordado una antigua charla con Asgore por teléfono relacionado al celo, dejándola con información interesante sobre sus orígenes y los medicamentos que sólo en un sitio exclusivo podría obtener sin restricciones; cierto laboratorio cuyas fauces albergaban una extensa historia de muertes y desmembramientos.
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Entre marchas forzadas y un par de enfrentamientos que no llegaron a más de unas cuantas palabras con otros habitantes de Hotland, Undyne finalmente fue capaz de visualizar aquel metálico y bien blindado edificio cerca de los ascensores que funcionaban gracias al núcleo. Desconfiada, la joven capitana de la guardia real se apresuró a la entrada descubriendo con desconcierto que la compuerta se había abierto en cuanto se acercó, no estaba segura si respondía al movimiento o algo tenía que ver la cámara instalada por encima del contorno así que desechó la probabilidad de que aquella puerta fuese automática.
Con obvio recelo procedió adentrarse a los oscuros pasillos, conjurando una lanza rubí que además de advertir su presencia o declarar la guerra a todo monstruo que osara atacarla, le sirvió para iluminar su camino. Para su fortuna, la oscuridad que parecía tragarse su figura a medida que avanzaba se disipó revelando a un grupo grande de robots pequeños y rectangulares que se acercaron a ella disparando rayos lacers amarillos o blandiendo sus motosierras. Con una sonrisa engreída, la tritón esquivó y golpeó con ayuda de su lanza aquellos débiles rayos torcidos, desviándolos a impactar contra los pocos muebles que llenaban el recibidor. Enseguida procedió a impulsarse tras sus torpes y robóticos movimientos, destruyéndolos con sencillas maniobras de ataque, perfectamente sincronizadas a cada movimiento sorpresivo que pretendían entorpecer su establecido ritmo. Undyne sabía que muchas más cámaras la estaban observando así que le entusiasmó la idea de intimidar a quien quiera que se estuviera ocultando tras las lentes, enviando todos aquellos juguetes de lucha para exterminarla como el intruso que era. La hembra no tenía duda de que el actual científico real debía tratarse del creador de Mettaton; esa famosa maquina de matar que además de ser reconocida como una estrella del gore, se hacía cargo de efectuar asesinatos en nombre del Rey Asgore y era el principal Monstruo Jefe en todo Hotland. Quizás a Undyne no le hiciera gracia que un simple androide fuera considerado más peligroso que ella pero debía aceptar -después de esta demostración- que podría ser interesante enfrentarlo en una batalla.
Reduciendo a chatarra los robots que se mantenían volátiles a su alrededor, Undyne no se contuvo en hacer uso de sus extraordinarias habilidades para silenciar a cada uno y despedazarlos cual basura, no importándole arruinar el sitio, era culpa de su habitante por probar su paciencia. Más de pronto, estos guardianes metálicos dejaron de atacar y, por el contrario, comenzaron a retroceder de su posición para ocultarse en las sombras, llamando la atención de la luchadora que ni aún entonces bajó la guardia ni se confió. Y una vez todos los estorbos fueron retirados, Undyne observó con altivez hacia las cámaras, pensando en mofarse de su dueño, tal vez acusarlo de cobardía. Pero una vez más se vio en la necesidad de guardar silencio ya que las luces habían sido apagadas para dejarla en la oscuridad absoluta, desconcertandola, más no pasó mucho tiempo antes de proyectarse una pantalla sobre el muro a su costado, donde inmediatamente se reveló la figura de un monstruo de brillantes escamas amarillas con grandes lentes circulares, cuyos colmillos se curvaron en una sonrisa malévola. Undyne pensó en buscar el origen de esta proyección pero prefirió acercarse hasta la imagen con gesto irreflexivo, manteniendo una lanza mágica en su poder por si acaso le aguardaban más sorpresas.
—Bienvenida a mi guarida, soy la doctora Alphys, dueña de este maravilloso Centro de Investigación. ¿En qué puedo ayudarte? —inquirió la misteriosa hembra con fingida cordialidad, ejecutando mímica ocasional al hablar.
—¿Terminaste de divertirte? —Undyne le retó—. Me aseguré de llamar al rey Asgore antes de venir hacerte una visita así que no puedes alegar que esos robots estaban protegiéndote de un invasor. —Al no percibir ninguna reacción por parte del otro monstruo, Undyne inclinó un poco la cabeza con confusión pero sin romper su aspecto fiero, dispuesta a provocar conmoción en cualquier momento—. ¿Necesito presentarme?
—Sé quien eres, Villana Undyne. Tu cuerpo y movimientos hablan por si mismos. Estaba esperando tu llegada desde que nuestro amado rey me contactó pero me temo que fue irresistible ponerte a prueba —acotó mordiéndose el labio inferior con lascivia, Undyne se estremeció—, el resultado fue justo lo que esperaba pero... aún me intriga.
—Si tanto lo quieres te daré una demostración en carne propia —declaró, señalando la imagen con su lanza, oficialmente irritada—. Pelea conmigo, perra.
—¡Oh! No sabes cuanto me gustaría —exclamó la doctora de forma burlesca—, pero no estoy hecha para el combate así que con mucha pena rechazaré tu desafío. De todas formas no estás aquí para eso ¿no es cierto? Estoy segura que ya lo habrás notado en algún momento pero nuestros cuerpos por si mismos se entorpecen considerablemente a causa de las altas temperaturas que provoca en nosotras el celo. Puedo comprenderlo así que permiteme mostrarte el camino hacia mi farmacia privada —apenas terminar la frase, una nueva compuerta fue abierta entre la oscuridad del recinto, atrayendo la mirada suspicaz de la tritón hacia la segunda fuente de luz—. Te veré ahí.
El proyector se apagó y Undyne no tuvo más opción que comenzar a andar en dirección al cuarto que dejaba escapar su iluminación sobre el largo pasillo. A pesar de haber sido recibida como correspondía, todavía no se convencía de que fuese a tratarse de una buena idea seguir indicaciones con tanta facilidad, aún así no se detuvo y disolvió su lanza mágica, encontrándose con un cuarto repleto de estantes con frascos variados y otros contenedores de sustancias sospechosas. Ignorándolas lo mejor que pudo, recorrió los distintos pasillos antes de finalmente encontrar su camino a otra puerta de hierro, la cual volvió abrirse una vez se detuvo en frente. Aquello sólo le indicaba que la científica real le estaría esperando en el interior, por ello fue que no dudó adentrarse aún cuando la iluminación en esta nueva zona era escasa en comparación a la primera que visitó, más se abstuvo de crear un nuevo ataque mágico, pues la figura baja y desarmada de aquella científica le indicaban que no pretendía agredirla, al menos no directamente. Undyne se detuvo ante la monstruo reptil, cuyos dedos sostenían un envase pequeño de plástico, el cual agitaba ritmicamente y sin intenciones de parar; al parecer le fascinaba el sonido de las pastillas golpeando las paredes de su contenedor. Undyne no estaba segura qué pensamientos la estaban invadiendo mientras observaba aquel frasco, sólo podía rescatar el interés que le generaba tal sonido.
—Si estás aquí asumo que ya tienes conocimientos sobre esta medicina —comentó Alphys como si hablara consigo misma—. No está abierta al público ya que en un principio fue desarrollada exclusivamente para mi, pero él creía que tenía potencial para sus guerreros favoritos, así controlarían sus instintos biológicos y reducirían los ataques innecesarios. —Al fin detuvo el movimiento de su muñeca para mirar a su reciente acompañante quien pocos ánimos demostraba de responder—. En pocas palabras, no es veneno.
—Eso era lo único que me apetecía escuchar en realidad —admitió Undyne colocando sus manos sobre la cadera—. Pero no estaré conforme hasta que me lo demuestres.
—Ya veo —Alphys reprimió una risa, tal gesto a Undyne no le complació en lo absoluto pero optó por controlar su temperamento, pues no quería darle el placer de mostrarse exasperada, esta hembra acababa de mostrarle que carecía de respeto como todos en el subsuelo, aún así parecía la más sensata en comparación—. Supongo que no tengo alternativa —recargada en el filo de la mesa a sus espaldas, la reptil destapó el bote con un dedo y deslizó una pastilla sobre su palma, procediendo a tragarla sin necesidad de ingerir agua, lo cual logró contrariar a Undyne enseguida, ya que aún siendo un monstruo acuático ella necesitaba apoyarse de los líquidos para tragar ciertos antídotos, en vista de eso se preguntó si esa doctora estaba acostumbrada a los medicamentos—. ¿Satisfecha?
—No sabría decirlo —confesó, Alphys se dejó reír esta vez.
—Créeme, si quisiera asesinarte lo habría hecho desde el momento en el que entraste. No tengo motivos para traicionar tu confianza, sin mencionar que el envenenamiento lleva un largo proceso y me aburriría implantar ese método tan básico en ti cuando no estarás cerca para observar tu lenta recaída. Estaría desperdiciando todo un arsenal de posibilidades que harían florecer la muerte de una hermosura como tu.
El repentino elogio no tardó en turbar a la receptora directa quien no pudo evitar sentirse desarmada al instante. La mirada de la científica yacía atenta en su rostro, en espera de una reacción más llamativa. Undyne no estaba segura de lo que esperaba pero sin duda le hipnotizó su sonrisa viciosa y las formas de su regordete cuerpecillo. De pronto no pudo dejar de admirarla, y aunque en algún momento quiso culpar el medicamento por su alucinación erótica, recordó que ni siquiera lo había probado así que los efectos mundanos de una droga estaban lejos de su alcance. Tal vez sólo fue tomada por sorpresa, se convención de que no significaba más que eso su repentino interés.
—De acuerdo —Undyne le arrebató el frasco a la doctora sin menguar un instante su porte amenazador, algo que no fue del todo desagradable para Alphys—. Más te vale que no pruebes suerte, si noto el menor daño en mi organismo al ingerir estas pastillas volveré para convertirte en polvo. —Acto seguido le dio la espalda y comenzó a caminar a la salida.
—Nada me haría más feliz que volverte a ver —admitió, fue un detalle que Undyne no dejó escapar así que se detuvo y la miró por encima de su hombro antes de formar una sonrisa desconsiderada—. Aunque fuese para ser asesinada.
—¿En serio? ¿Qué? ¿Eres una suicida? Patético.
—En mi experiencia los monstruos más peligroso son aquellos que no le temen a la muerte —dijo devolviendole su gesto mientras se mordía los dedos con ansias—, así que no me molestaría ser etiquetada como tal ¿sabes? Ni siquiera en nuestro mundo existen criaturas capaces de dar su vida por la violencia, de hecho son escasos, puedo asegurartelo.
—Pues añademe a esa lista de monstruos jefe especiales —replicó pedante—. Tampoco le temo a morir, por eso más te vale cuides tus espaldas, señorita científica.
Entonces finalmente Undyne emergió fuera de la habitación, ignorando la sonrisa perversa que se extendió por el rostro de Alphys quien -al saberse de vuelta a su satisfactoria privacidad- reveló cierto control remoto que había mantenido oculto en los bolsillos de su bata blanca, anticipando lo placentero que sería su siguiente movimiento contra la integridad de Undyne, la hembra qe durante mucho tiempo había estado observando y con la que en la actualidad estaba profundamente obsesionada. —En ese caso, espero que disfrutes tu estancia en mi laboratorio, querida. Porque será un deleite estudiarte hasta la muerte —susurró al silencio, presionando un único botón rojo sobre la caratula.
Undyne ya estaba de vuelta en el largo pasillo cuando una serie de sonidos metálicos llenaron la estancia, incitándola mirar sus alrededores en busca del origen. Al darse cuenta que los robots de antes volvían a perseguirla y que su camino comenzaba a ser bloqueado por compuertas secretas, chasqueó la lengua con enojo comprendiendo lo que la científica real estaba intentando hacer, así que no dudó un minuto más en comenzar a correr hacia la salida. Aquello era una apuesta que no debía perder. No iba a darle la satisfacción de convertirse en su rata de laboratorio. Aún así, Undyne no pudo evitar sonreír extasiada. Se daba cuenta que la científica real estaba demente y eso le gustó de sobremanera, ningún monstruo en el subsuelo se había atrevido a tanto ni siquiera en los momentos donde se mostró más indefensa. Dos kilómetros habían bastado para burlar los obstáculos pero se vio en la necesidad de hacer uso de sus lanzas mágicas en la última compuerta para conseguir escapar de aquellas trampas, prefiriendo dañar la entrada para resurgir ilesa contra las altas temperaturas de esas tierras infernales. Y una vez reconocida su victoria, miró hacia la cámara de seguridad final para ofrecerle una seña obscena que Alphys apreció complacida desde el otro lado de la lente, después de todo una captura tan grande no podría ser tan fácil y eso la hizo resignarse de dejarla ir por esta vez.
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Los días pasaron sin que hubiesen contratiempos para la rutina de Undyne, pues el medicamento obtenido meses pasados habían resultado ser más efectivos que su letanía de masturbarse todas las noches en la intimidad de su recamara, muy pronto ni siquiera su pupilo favorito le había insinuado sobre aromas dulces así que la tritón comprendió que su etapa de celo había sido controlada exitosamente, ya no sentía la misma irritabilidad que el estrés de perseguir a los sentenciados a muerte solía provocar. Más la inquietud por ver nuevamente a esa científica la obligaron visitar su laboratorio durante su siguiente celo, y el próximo, y cada vez la emoción que experimentaba sobre sus difíciles escapes la divertían como ninguna lluvia de polvo logró a ese nivel. Hasta que finalmente pudieron verse las caras durante reuniones importantes sin que existiesen amenazas interesantes de por medio y surgiera entre ellas una tensión amistosa que no pudo menguar hasta el día que la obsesión de Alphys se proyectó también en Undyne, quien comenzó a verla en fantasías de cama imparables, las cuales además poco a poco dedicaba más tiempo estructurar dentro de su mente. Pronto notó que Alphys nunca dejó de cortejarla entre intimidaciones poco accesibles, llamándola hermosa y adorable, aún en sus actos más viles y enfermizos, desarrollando un afecto mucho más profundo en el interior de la capitana. De pronto se encontraba incapaz de ignorar el menor gesto que ella efectuaba, contemplando sus atractivas formas y bromas tanto desconsideradas como lascivas, Undyne casi comenzó a imaginarse poseyéndola sólo para ella, cautivada por su agrietada mente llena de distorsiones causadas por duras vivencias. Alphys estaba enferma como ella, por ello no quiso frenar sus impulsos de visitar Hotland de forma sorpresiva una noche de tantas que se había resistido concretar, importándole poco ser expuesta como intrusa por los sistemas de seguridad instalados en la parte superior del edificio, pues esta vez estaba convencida de hacer todo a su manera. Las alarmas se habían disparado en todo el edificio, despertando a Alphys de sus frecuentes pesadillas para correr en busca de la sala de control. La científica se había tardado en reaccionar como era acostumbrado, así que para ella fue una inmensa sorpresa ser amenazada por la punta de una lanza mágica mientras yacía sobre los controles intentando hacer trabajar las pistolas explosivas, encontrándose con la mirada maníaca de la triton que no se impedía mostrar los colmillos con amenaza, satisfecha con el resultado de su infiltración nocturna al laboratorio. Alphys levantó los brazos en señal de rendición, no resistiéndose a caer de rodillas cuando Undyne la forzó, arrancándole un gemido adolorido que se liberó con más fuerza de la esperada, estremeciendo a la villana en reacción.
—¿Has venido a tomar mi vitalidad para tu nivel? —interrogó Alphys con una seriedad que a Undyne casi le causó gracia—. Revisa mis estadísticas antes de que hagas cualquier cosa, dudo que te sirva de mucho si lo que pretendes es tomar la corona de Asgore.
—¿Oh? Así que tienes conocimiento de mi plan preferido... sólo se lo he dicho a un monstruo en toda mi vida, ahora compruebo que todas esas cámaras ocultas te pertenecen.
—Si, asumí que te darías cuenta tarde o temprano —comentó con una sonrisa vigilante.
—¿Hum? No estás siendo divertida, doctora —Undyne usó la punta de su lanza para levantar la barbilla de su victima quien acertó a mirarla de forma retadora, para nada intimidada con el trato que recibía—. ¿Ninguna suplica por tu vida? Me siento decepcionada.
—Te lo dije antes ¿no es verdad? —la sonrisa de Alphys se tornó demencial—. No le temo a la muerte así que no me importaría volverme parte de tu AMOR aún en estas circunstancias, en realidad sería como mi sueño dorado. Adelante, puedes tomar mi vida. Estoy segura que nos reuniremos algún día, cuando alguien más logre superar tu fuerza y te asesine... cosa que lamentaré desde luego, ya que no estaré ahí para verte morir.
—Interesante... en este punto muchos monstruos duros que dicen no tener nada que temer no dudan lagrimear y pedir misericordia. Veo que eres distinta de todos ellos, sin duda alguna haber atentado contra tu propia vida te ha convertido en una verdadera psicópata.
—¿Cómo... ? —Alphys se mostró consternada frente a las palabras de la capitana.
—Asgore me contó un poco sobre ti cuando se lo pregunté, puede que para todos allá afuera sea un secreto pero para la realeza no es ningún misterio el que consumas antidepresivos como droga y que varias veces hayas intentado acabar con tu vida. En verdad eres patética. —Alphys gruñó con desconcierto, reconociéndose humillada por las palabras cortantes de la tritón, por quien no pudo evitar jadear y tragar saliva con aspereza, embelesada con el control que esta le demostraba. Durante mucho tiempo había ansiado su control y ahora que lo experimentaba se reconocía al borde del éxtasis—. Había escuchado relatos en el pasado sobre los de tu clase... depravados, insaciables, traidores, sujetos a quienes les viene bien traer enfermedad y jamás sentirían remordimiento de ello... nunca imaginé que conocería a uno de frente.
—Y-Yo... —Alphys intentó responder, aturdida por los miles de sentimientos que hirvieron en su interior. Prepotencia, rabia, miedo eran los principales motores quemando su interior, al menos hasta que el tacto terso y suave de esos dedos femeninos alcanzaron su hocico, trazando lineas sin forma sobre sus pómulos mientras Undyne se inclinaba hacia ella con increíble delicadeza, indigna de una asesina a sangre fría.
—Pero eso no es algo por lo cual avergonzarse ¿sabes? Ciertamente yo no los considero un defecto, por eso... —Undyne sujetó ambos costados de la cabeza reptiliana con firmeza, aproximando sus rostros para desviarse a la zona de sus oídos mientras la científica todavía trataba de asimilar lo que estaba ocurriendo—. Dime, ¿es enfermo que quiera que me muerdas "ahí abajo"? —musitó de manera sensual, y la reptil se tensó perceptiblemente con la sugerencia indecorosa, perdiendo el equilibrio en cuanto Undyne se apartó de su cuerpo, ansiosa por comenzar a trabajar en su principal fantasía, cuya gestación había sido la que la impulsó llegar hasta allí en primer lugar—. Anda —agregó desabrochándose el pantalón y dejando al descubierto su zona más intima y caliente delante de la otra hembra—, quiero que te arrastres y reclames tu soporte intelectual. Sé muy bien que lo has deseado también.
La científica tragó saliva con dificultad por segunda vez, obedeciendo tan tentativas indicaciones sin el menor dejo de resistencia, incapaz de oponerse a degustar el elixir que la mantuvo insomne durante tantas noches, soñando con el día que pudiera volverse realidad. Salivando dejó que su rostro golpeara esa invitación, observando a la hembra que ahora era bañada por una luz que alagó desde su posición entre sus piernas. Su lengua se deslizó de arriba abajo, jugueteando, gustosa por la expresión excitaba que había tomado posesión de aquel rostro severo y seguro mientras esos filosos dedos volvían acariciar su cabeza con la misma elegancia que forraba su imponente presencia.
—Si... justo así... —confirmó Undyne relajándose entre el placer y los escalofríos recorriendo su ser entero, satisfecha con el resultado obtenido—. ¿Soy hermosa, Alphys? —cuestionó sin aliento y eso consiguió que las barreras que ambas conservaban aún a esas alturas se derrumbaran sin remedio, tocadas por una realidad negada.
—Siempre... —contestó Alphys, y su tibia respiración hizo estremecer a su receptora.
—Tú también... eres hermosa... sólo... no te detengas, no te atrevas...
—Lo siento —La sonrisa de Alphys fue evidente en el movimiento de sus labios, chupando y lamiendo gustosamente sin intenciones de detenerse pronto mientras guiaba sus dedos entre sus propias piernas, acariciando aquello que atendía en su nueva amante, irremediablemente entusiasmada de las formas más perversas jamás descriptibles. En esos momentos Alphys supo que quería seguir alimentando el animal salvaje en Undyne y la tritón a su vez se dio cuenta que quería vivir para romper la voluntad de la reptil. Ya no lo podrían seguir negando, esta atracción era tan poderosa que la simple idea de contenerla fue tortuosa.
Fin.
Notas Finales: Ay, sino fuera porque quiero impedirme agregar algo más explicito por el bien de mi anterior Oneshot ¡escribiría hard yuri! También me urgía escribir de esta pairing y ahora que por fin ha surgido la inspiración tengo que cortarlo en el momento más emocionante. Ugh. Bueno, considero que no está mal para mi primer aporte al ship, estas dos son adorables (sexys en el caso de Underfell, hehe). Espero escribir algo más en el futuro, por el momento esto será todo.
