Notas Iniciales: Llegó el turno de interpretar el amor fraternal de underfell, a cargo de los hermanos esqueleto y, como plus, una aparición de Grillby con su hermana pequeña Fuku Fire (según mi propio headcanon). Es posible que aparezcan temas un poquito chocantes por lo que, si eres sensible, te recomendaría alejarte.
Inspirado en la canción "Blood" de In This Moment.
A.M.O.R.
Había sido una semana más de molesta tensión. Un desacuerdo aparentemente insignificante los llevó pelear en mitad de la nada con todo lo que tenían, con todo el rencor acumulado con el tiempo transcurrido. Huesos mágicos -rubíes y escarlata- cortaron la atmósfera en su camino a penetrar las costillas del adversario, dejándoles agotados y terriblemente heridos cuando la disputa cesó de forma tan abrupta como empezó. Por un momento, Sans creyó que recuperaría el comando pero Papyrus le había sorprendido con una maniobra ofensiva que aprendió de Undyne, así que se reconoció sucio, por completo derrotado, cuando la fuerte ventisca los envolvió y terminó cayendo contra la nieve. Papyrus le había dejado ahí después de espetarle que no deseaba verlo por el resto de la noche, motivo por el cual Sans no tuvo más alternativa que escabullirse al único establecimiento que yacía abierto a esa hora.
Con un golpe seco mandó a la puerta del bar azotarse contra el muro, obteniendo la atención de todos los jugadores de cartas que ocupaban las mesas con una tranquilidad que no solía verse fuera del sitio. A Sans no le importaron sus miradas recriminatorias y gruñó para hacerles saber sobre su estado de ánimo, lo cual funcionaba como advertencia; de esa manera no le molestarían a menos que quisieran acabar empalados. Avanzó con pisadas firmes hasta la figura del monstruo de fuego púrpura, cuya tonalidad pareció acentuarse ante la presencia del esqueleto, quien se acomodó en una silla frente el mostrador casi con agresión mientras se llevaba los falanges al cráneo, queriendo perforarlo con nada más que el coraje llenando su anatomía. Grillby lo miró con enojo debido a su extravagante entrada, razón por la que no tardó en reprenderlo mientras miraba hacia otro lado, manteniendo una postura tranquila aunque desafiante.
—Es la última vez que golpeas mi puerta de esa manera. —Su tono era indiferente pero los altibajos en su voz revelaban una profunda severidad que rozaba la violencia ejecutora, la cual era la más temible conocida entre los comensales—. A nadie le importan tus problemas, por eso ahórrate estas escenas inútiles, ya todos saben que eres peligroso.
—No quiero escuchar tus sermones. Te pagaré las astillas ¿de acuerdo? Sólo déjame hundirme en mi desdicha y dame lo de siempre.
—Claro —bufó Grillby sacando el baso ya preparado para colocarlo sin delicadeza frente al esqueleto—. Pero por tus niñerías, hoy no habrá cuenta disponible, me la pagarás al contado —declaró con una mirada amenazante. Sans volvió a gruñir, esta vez ofendido.
—Joder, que delicado.
—Haber si así aprendes a comportarte en mi bar, no cobro por ofrecer lecciones y, ciertamente, me importa una mierda si Papyrus es tu hermano.
—Es su culpa que quiera asesinar a alguien ahora mismo, te agradecería que no me lo mencionaras —declaró Sans de mal humor y susurró para sí mismo—. Ese maldito infeliz. Debí abandonarlo cuando tuve la oportunidad.
—Vives bajo el mismo techo, lo tienes al alcance cuando está más vulnerable —comentó Grillby de pronto, Sans se paralizó ante la sugerencia—. Me sorprende que no hayas intentado asesinarlo y prefieras venir a quejarte a mi bar de sus hazañas en tu contra.
—Podría... pero él pertenece a la guardia real, si desapareciera yo sería el primer sospechoso. Es por eso que lo mantengo a salvo, no quiero que venga otro monstruo más oportunista que yo a inculparme de su muerte, sin importar cuánto favor me haría también empeoraría mi situación. En resumen: no gano nada con su muerte.
—Que jodida tu vida —se burló Grillby entonces, prosiguiendo limpiar las copas a su alcance.
Sans tomó su baso y lo alzó contra su dentadura, absorbiendo el liquido de una sola vez. Grillby lo notó así que no dudó servirle otra, gesto que Sans agradeció con un movimiento de cabeza, realmente necesitaba ahogar los desagradables recuerdos junto al Terrible Papyrus después de haber perdido contra él otra vez. ¿Cuántas peleas habían efectuado en el mes? No tardó en preguntárselo, pues pareciera parte de la rutina lidiar con el liderazgo que le robó mucho tiempo atrás. Se odiaban a muerte, eso resaltaba a la vista para todo el subsuelo, de tal manera que era sorprendente que ambos monstruos vivieran bajo el mismo techo y Sans no los culpaba por sentirse así respecto a su relación, después de todo el mundo era regido por una única ley absoluta, por lo que cualquiera era libre de llevar a cabo una venganza premeditada mientras supieran burlar la meticulosa mira de la Guardia Real, quienes estaban ahí para evitar que toda su especie se extinguiera por completo, sino, ¿quiénes le harían frente a los humanos el día que por fin emergieran a la superficie? Pensarlo logró relajarle un poco, ya que Papyrus le tenía asegurado un puesto importante en el ejercito ese día mientras yaciera bajo su sombra. Era cierto que él se trataba del juez pero Papyrus no lo sabía; nadie debía enterarse de este hecho. Volvió a levantar el borde del vaso contra su dentadura, bebiendo con más lentitud, degustando su bebida con goce mientras reflexionaba sobre su vida junto a su hermano. Al final odiándolo todo gracias a él.
La puerta del bar volvió abrirse, dejando entrar la fría brisa del invierno eterno, esto atrajo la atención de todos una vez más, pero esta vez perdiéndose en la silueta pequeña y delgada del monstruo fuego: alguien que no pertenecía a esas tierras, todos lo notaron. Sans intrigado, no pudo evitar mirarla detenidamente mientras esta se adentraba al local, ignorando por completo las miradas curiosas -incluso lascivas- de varios monstruos, convencida de llegar hasta aquel que permanecía protegido por el mostrador de metal.
—¿Qué tal, señorita? —le saludó uno de los monstruos ocupando el extremo izquierdo del mostrador—. ¿Estás perdida? Porque llegaste el sitio equivocado.
Ignorándolo deliberadamente, la joven colegiala continuó enfocando su vista en el monstruo de fuego púrpura, quien también estaba reacio atenderla o siquiera darle la bienvenida a su bar como solía hacer con los nuevos clientes.
—Grillby —le llamó con fuerza pero el aludido simplemente siguió trabajando en la limpieza de las copas de cristal—. Viste mis mensajes, ¿verdad? —La chica suspiró antes de insistir y cambiar su estrategia ante la falta de respuesta—. Está bien, si eso quieres. Sírveme una copa de ácido, a temperatura ambiente —ordenó.
—Este sitio no es para menores de edad —replicó Grillby finalmente, girándose hacia ella con gesto altanero—. Lárgate.
La expresión segura de Fuku Fire se endureció frente al tono despectivo del otro monstruo, sintiendo que en su interior se encendía una chispa más letal que el fuego que formaba su cuerpo. Grillby la ignoró de nuevo después de su dictamen, haciendo brillar los vasos con los últimos retoques, en ese momento algo se quebró en la cabeza de la joven colegiala.
—De acuerdo, ¿quieres jugar sucio? Lo haré a tu manera —declaró, chamuscando el borde de la mesa con sus delicados dedos, que se crisparon violentamente, antes de tomar un impulso y girarse hacia la clientela, decidida en romper las barreras de Grillby, quien inmediatamente dejó su actividad para vigilar los movimientos de su visita indeseada—. ¡Su atención, damas y caballeros! —exclamó la joven extendiendo sus brazos a cada costado, señalando a una hembra que no se había mostrado interesada por su presencia hasta ser solicitada de manera exclusiva por la pícara adolescente—. Señorita. Gracias. Como se habrán dado cuenta, soy una residente de Hotland. Una virgen presa de sus hormonas.
Dicho aquello se desabotonó la blusa que la cubría, mostrando sin la menor pena su colorido sostén rojo, el cual hizo que los ojos de los machos se abrieran o entrecerraran con apreciación mientras hembras -con inclinaciones especiales- como Dogaresa se relamían los labios lujuriosamente. Fuku avanzó entre las mesas, luciendo sin pudor alguno su joven pero escultural cuerpo con gestos seductores, tomando poses pecaminosas.
—Ya he tenido la dicha de padecer mis tres ciclos de celo reglamentarios, por lo que este cuerpo ya está preparado para engendrar crías, de cualquier raza. Mi semilla está apretada, por lo que quien entre en ella seguro lo disfrutará como nunca y créanme que, a pesar de ser fuego, no puedo quemarlos más de lo conveniente para los dos. ¿Qué estoy diciendo? Se preguntarán, pues precisamente eso, mis queridos candidatos. Esto es una invitación para todos los violadores y asesinos de tomarme como más les plazca, una vez ponga un pie fuera de este asqueroso bar.
Como si una bomba estallara al fondo de Grillby's, el dueño del establecimiento dejó que sus llamas se elevaran hasta casi impactar contra el techo y los muros con furor, para darle una forma mucho más espeluznante a su cuerpo mientras se abría paso en dirección a la adolescente, quien no pudo evitar sentirse intimidada por la apariencia del otro.
—Quien se atreva a tocar un sólo miembro de esta chica, morirá entre mis llamas al instante —amenazó con acento seseante, completamente fuera de sí, entonces se giró en dirección a Fuku con expresión endemoniada—. Y tú... vienes conmigo.
Tomándola con brusquedad de un brazo, Grillby arrastró a la joven a la puerta interna de la edificación, ignorando sus gritos y quejas adoloridas, demasiado enfocado en llevarla a un sitio privado, lejos de miradas entrometidas. Una vez la puerta fue azotada y las siluetas de ambos monstruos de fuego desaparecieron, el silencio fue sepulcral, hasta que sin mayores preámbulos los comensales volvieron a lo suyo, sin dejar perder el tema por completo.
—Por Asgore. Jamás había visto a Grillby así —comentó el mismo monstruo ave que había saludado a Fuku en su llegada. Inevitablemente Sans terminó por prestarle atención a sus palabras—. ¿Qué creen que ella significa para él?
—Seguramente es una novia —respondió el pez a su lado—. Grillby tiene mucha suerte con las menores, te lo digo yo. Hace poco lo ví paseando con una conejita muy encantadora.
—A juzgar por la reacción de Grillby, dudo mucho que sea un interés sexual —intervino el esqueleto distraídamente—, él no se preocupa por lo que esas niñas hagan mientras no lo involucren en sus problemas. No, ella debe ser alguien más importante.
—¿Ah, si? ¿Cómo qué?
—No sé... ¿un familiar? —Sans se alzó de hombros—. Tal vez una hermana menor.
—¿Grillby tiene familia? —inquirió el monstruo acuático.
—No iba a nacer de la tierra ¿o si? —se burló el aviar bebiendo ruidosamente de su copa.
Escuchar tal cosa, incitó a Sans abstenerse de terminar su trago, sumergiéndose en sus pensamientos ahora que su mente se había despejado. Incluso alguien tan apartado emocionalmente como Grillby había reaccionado de aquella manera cuando su hermanita se ofreció como un juguete sexual para el depravado de turno. Y ella había terminado acudiendo a una maniobra tan baja con el vano objetivo de conseguir la entera disposición de su hermano mayor. Era retorcido y para nada razonable pero al fin y al cabo era el mismo juego que él y Papyrus ponían en marcha cuando cualquiera de los dos se desviaba demasiado. Desconocía el drama familiar que Grillby estaba atravezando pero de alguna manera se sintió identificado, ya que él estaba sufriendo de su coexistencia con Papyrus en esos momentos también. Sin embargo, eso lo llevó a recordar las oportunidades que ambos habían tenido en asesinarse, rechazandolas todas de manera automatica a pesar del enojo, a pesar de los pensamientos tentadores que les habían abordado.
Sans se excusó hace poco con la idea de estar amenazado por la Guardia Real pero lo cierto era que nunca sintió el impulso de matar a Papyrus, además había visto que su hermano tampoco pretendía llegar tan lejos en sus violentos combates.
Podían pelear hasta casi matarse, retirarse a la humillación pública en el peor de los casos, pero continuaban defendiendose entre sí aún si el otro no le daba crédito por sus esfuerzos. Porque eran familia, y porque lo eran no dejarían de ser hermanos sin importar lo que pasara, después de todo Sans no podía culpar a Papyrus por tratarlo como basura ya que él también lo había hecho cuando no era más que una cría. Alguien le había dicho que todo regresaba como un boomerang hacia ti, supuso que debido a ello Papyrus tenía esa actitud con él. Era un buen alumno después de todo. Sonrió con inesperada satisfacción.
—Bueno, señoritas. Ha llegado la hora de irse —anunció Sans a los monstruos cercanos con expresión relajada. Grillby le había dicho que le pagaría al contado pero como se había marchado a discutir -a saber cuáles asuntos- con su hermana menor, no desaprovecharía la oportunidad de escabullirse con el oro aún en sus bolsillos. Y así lo hizo.
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Teletransportándose justo frente a la puerta de su hogar, Sans lo miró detenidamente para por fin cruzar el umbral; Papyrus ya debía estar en su habitación durmiendo de todas formas, siempre era el primero en levantarse a causa de su itinerario como soldado. Una vez adentro, se dirigió a la cocina para beber agua, para él era un ritual que no detenía ni siquiera en las situaciones más delicadas así que no pensó en comenzar hacerlo. Sin embargo, no esperó que en el momento que se diera la vuelta para caminar rumbo a su habitación, contaría con la presencia de Papyrus, cuya silueta se había detenido en la entrada, usando nada más que unos pantalones negros como pijama. Sans lo miró un tanto nervioso por su facciones inquisidoras, las cuales le advertían más problemas.
—O-Oh, jefe. No pensé que estarías despierto.
—Ni yo pensé que estarías aquí —replicó Papyrus con gesto aburrido—. Hazte a un lado.
Sans obedeció, cediéndole el paso a Papyrus quien también se sirvió agua en un baso que tomó de la lacena sin agregar nada más a la espontanea charla, esto ayudó que los huesos del esqueleto más robusto dejaran de estar tensos. Saber que estaría libre de más insultos o reclamos le generaba más confianza de moverse en ese ambiente hogareño. Tal vez no era mala idea iniciar una conversación con su hermano, no era común que estuviera tan calmado, Sans casi sentía que podría atreverse hacer una broma monstruosa o un juego de palabras sexoso sin riesgo de obtener una irritabilidad del tamaño del subsuelo.
—¿Sabías que Grillby tiene una hermana pequeña?
— …No lo sabía —respondió Papyrus genuinamente sorprendido, tal hizo a Sans sonreír.
—Yo acabo de enterarme. Va al colegio y es muy atractiva para ser tan joven. Hizo una escena muy interesante en el bar, algo que terminó haciendo explotar a Grillby como nunca antes se había visto en la historia de Snowdin. Imagínate.
—Debe ser una insolente sin remedio.
—No tienes idea cuánto pero, hey, es el trabajo de los hermanos menores ¿no? —Sans cerró una cuenca mientras miraba a su hermano, Papyrus se limpió la quijada con el dorso de sus falanges devolviéndole la mirada con expresión ilegible. Entonces Sans se limitó a separarse del muro para poner marcha a su habitación, orgulloso por su trabajo—. Bien, estoy muerto de sueño, así que iré atender las necesidades de mi dama de honor justo ahora. —El mayor de los esqueletos planeaba despedirse en definitiva pero se detuvo ante la iniciativa de Papyrus por continuar la pequeña charla.
—Yo también me enteré de algo interesante hoy.
—¿Oh, si? ¿De qué?
—Mil doscientas formas de empolvar a tu hermano mayor —se mofó con las pupilas brillando con sadismo, Sans se estremeció—. Tal vez deba contactarme con esa pequeña monstruo fuego para compartirle mis conocimientos y así pueda dar un uso más efectivo a sus capacidades para apagar el ego de tu amigo. ¿Qué opinas? Personalmente me tiene harto ese bar y esta parece una buena idea para romperlo de raíz.
—Sería la solución a este sendero de deudas interminables que estoy surcando por voluntad propia pero, no, no lo hagas. A pesar de su actitud estoy seguro que ella todavía es una inocente, no andes por ahí corrompiendo mentes jóvenes.
—Yo fuí corrompido desde pequeño, ¿por qué permitiría que otros gocen de la felicidad de la ignorancia?
—Buen punto —elogió Sans incómodo con la ligera mención a su pasado, del cual poco solían hablar, motivo por el que el hermano mayor se apresuró cambiar el tema—. ¿Te consigo su número de celular entonces? Hoy no pude pero quizás pueda mañana.
—¿Por qué podrías mañana?
—Ella se ofreció como juguete sexual, Grillby no la dejará irse así.
—Tiene sentido —Papyrus asintió—. Una cosa, Sans, ¿te das cuenta que quiero derribar la inútil pocilga que tanto disfrutas? ¿Por qué ibas ayudarme en algo como eso?
Sans se alzó de hombros como primer respuesta mientras se esforzaba en mantenerse fuera del encuentro de sus miradas. Podía culpar al sentimentalismo que lo acababa de llenar por el curso de las circunstancias, pero en esos momentos realmente sentía que podría hacer cualquier cosa con el único propósito de mantener a su hermano contento. Papyrus era un desgraciado pero era su desgraciado y no lo cambiaría por nada en el mundo.
—¿Qué esperabas? Soy una puta del desastre, por mucho que ame el bar de Grillby, no me importaría sacrificarlo con tal de ver su mundo arder. ¿Entendiste, eh?—Sans formó dos pistolas con sus falanges, señalando a Papyrus con estas pero no hubo más reacción que un ceño fruncido, por lo que el hermano mayor se resignó—. No eres el único malnacido aquí, jefe. ¿Olvidas que llegué primero a este mundo?
—Me había olvidado de ese insignificante detalle —admitió Papyrus con una sonrisa más suave, expresando su diversión. Fue por un segundo, pero Sans había logrado apreciar ese gesto, motivo por el cual sintió a su alma detener su palpitar por un instante. Luego Papyrus continuó su actividad dirigiéndose al grifo para enjuagar el baso y proseguir depositándolo sobre el escurridor.
—Papyrus... —le llamó Sans entonces con tono grave, arrastrado.
—¿Qué quieres ahora, Sans? —inquirió el aludido, hosco pero no agresivo, eso bastó para devolverle la sonrisa al hermano mayor.
—Te odio, ojalá te mueras —espetó suavemente, recibiendo una ceña obscena con el falange medio como respuesta, lo cual no tardó en hacerlo reír para apresurarse en desaparecer de la cocina a paso lento, convencido de que la tensión de una segunda pelea ya había sido destruida y que no sucedería nada más por esta noche.
Papyrus sonrió sin volverse luego de aquella inusual confesión, llevándolo a reflexionar por su cuenta el verdadero significado. Odio y muerte eran palabras muy comunes para ellos, que empleaban con mayor frecuencia de la que podría contarse. Porque se odiaban. Papyrus odiaba a Sans por todos los sacrificios que había hecho por él, lo odiaba por todas las veces que había sangrado por mantenerlo a salvo, por las forma en que sonreía al verlo, por nunca tomar verdadero control sobre él. Lo odiaba por las veces que lo había salvado de sí mismo y por preferirlo antes que a nadie más; llevarlo al limite y por cada palabra amable que le había dicho. Papyrus aborrecía a ese pequeño saco de huesos burlón, al que todos temían en las sombras. Y sin embargo sabía que sin él perdería todo lo que lo mantenía cuerdo dentro de ese mundo en decadencia. El hedor a sangre y polvo le harían consumirse sin él, hasta perder la voluntad de existir. Porque odiaba a su hermano no podía seguir avanzando sin tenerlo a su lado.
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Una vez en el resguardo de su recamara, Sans suspiró con pesadez. Pero sorprendido notó que no estaba realmente cansado, sólo relajado, algo que no sucedía con tanta facilidad. Se preguntó si su reciente interacción con Papyrus fue lo que provocó su estado o fue lo que había presenciado en el bar de Grillby, más enseguida comprendió que ambas situaciones eran las culpables; le recordaron la razón por la que estaba viviendo. Dentro de ese abismo de violencia y maldad que representaba su alma, Sans amaba a su hermano. Lo amaba por todo lo que le había quitado, por la forma en que lo dominaba y violaba sus derechos individuales. Lo amaba por las veces que lo había dejado. Amaba la forma en que lucía cuando le mentía y por no creer lo que le decía ni dejarle paso a su camino. Amaba que no lo librara del dolor hasta incluso conducirlo a lo insano. Había aprendido mejor de lo que esperaba, por ello se sentía orgulloso.
Después de todo, qué sería de aquel mundo corrupto sin un monstruo con el cual compartir el placer y desdicha de sobrevivir a las peores adversidades llenos de heridas.
Fin.
Notas Finales: Y con esto doy término a la trilogía (espero) del amor en Underfell. Ya tenía la idea de este último oneshot pero mis demás fandoms me distraían y hacían perder la cabeza para su conclusión. Pero aquí está por fin. Un gusto acompañarlos.
