[Saga de Fanfics]

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Colección de Hadas

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Saint Seiya / The Lost Canvas

Alfea, la escuela más prestigiosa para hadas, abre sus puertas una vez más para recibir a sus estudiantes. En el segundo grado, tenemos a varias caras conocidas, que, por diversas razones, no se ubican entre ellas. Cada una, a su modo, es especial, posee secretos y desea, ante todo, conseguir sus metas. Conócelas y envuélvete en su magia.

Disclaimers:

Saint Seiya © Masami Kurumada

"The Lost Canvas" © Shiori Teshirogi

Colección de Hadas © Adilay Fanficker

Winx Club © Iginio Straffi

Advertencias: advertencias diferentes para cada fic. | Un poco de OOC. | Ubicado en el universo de Winx Club, pero no es un crossover con los personajes de dicha serie, sólo aplica para los lugares y el concepto de hadas. | Parejas a gusto de la escritora, varias de ellas, de origen "crack". | Uso de personajes tanto de Saint Seiya, clásico; como de The Lost Canvas (principalmente).

Aclaraciones:

• Repito una vez más que esta mini-saga… o eso espero que sea, ya que, conmigo, uno nunca sabe… está ubicado sólo en el universo de la serie Winx Club, sin embargo, no es un crossover con los personajes de dicha historia, por lo que no consideré lógico clasificar el fic como un crossover en su totalidad.

• La idea de hacer esto, fue por un deje de inspiración al crear las "versiones en hada" con ayuda de una página, de las chicas de TLC. Ellas están en mi página de Facebook por si quieren leer sus fichas (sí, las tienen jajaja PERO LES AVISO QUE TIENEN SPOILERS DE LA TRAMA aunque dichas fichas puedan ser modificadas) y mirar sus "transformaciones".

• Esta saga será la única (hasta ahora) de este perfil que NO tomará a cada chica protagonista para un fic diferente, todo irá en cronología. Cada fic se ubicará en una problemática y se espera que dichos fics no sean más largos que un Long-fic común.

• Cada fic tendrá a casi todas las chicas como protagonistas; algunas se irán agregando poco más tarde. Sin embargo, las que más participación tengan, estarán entre las protagonistas del fic en cuestión, por lo que, algunas, quizás se repitan.

• Yo soy una escritora muy selectiva con mis OTP'S. Cada chica ya tiene a su pareja asignada, las pondré hasta el final, para que no lean si no les gusta dicha ship; aunque no tengo planeado que sean dichas parejas los temas centrales, sino las vidas de cada hada, en la escuela.

• Con forme se vaya escribiendo esta saga, se irán agregando más y más cosas.

Notas:

Espero poder venir con el primer fic, apenas terminé alguna otra de las sagas que estoy haciendo. Sí, lo sé, es bastante tiempo, pero confío que para entonces, ya tenga adelantado algunos fics.

Repito, no pienso en hacer algo muy largo o muy elaborado, como con mis otros fics, sin embargo, de igual forma, espero que a alguien le gusten.

Ahora, con ustedes, el prólogo.


NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. —Gracias.


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PRÓLOGO GENERAL


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El segundo año para Fluorite prometió ser bastante bueno en esta ocasión. La gran buena noticia que recibió, apenas entró a Alfea (la escuela de hadas) y recibió su horario de clases, fue saber que pudo ser trasladada a otro grupo.

»Realmente no te llevas bien con tus compañeras, ¿cierto? —le había preguntado la directora Sendai, una semana antes de darse por terminado el primer año de instituto para Fluorite.

Ella en respuesta sólo pudo negar con la cabeza.

"Moneda de intercambio", ese solía ser su apodo.

Algo que Fluorite jamás comprendió fue por qué las hadas dríade aborrecían a las hadas de gemas. ¿Por qué? Es decir… las hadas de gemas de por sí ya tenían suficiente con todos los hechiceros, comerciantes y cazadores que estaban tratando de atraparlas para su beneficio propio como para que ahora las hadas dríades se sumasen a la lista de enemigos.

Bueno, su primer año no fue como Fluorite lo esperaba, pero confiaba en que este segundo, fuese mejor.

Con una actitud tranquila, pero esperanzada, Fluorite se aproximó a su alcoba. Sin embargo, se sorprendió por ver en la puerta que no sólo ella iba a ocuparla.

«¿La princesa Conner de Lugh?» leyó en su mente, el nombre abajo del suyo, el cual ponía "Fluorite de Magix".

Al pasar con su maleta, el cual llevaba absolutamente todas sus pertenencias, Fluorite se encontró con una chica rubia, quien se hallaba desempacando.

—Ehm… ¿hola? —musitó Fluorite acercándose a quien sería su compañera de alcoba.

Debido a que una tal Tarah no se presentó a la escuela en el primer año, Fluorite había estado viviendo sola en esta alcoba por un año entero. Creyó que sería así este nuevo año, pero como no era una de esas hadas privilegiadas con padres ricos capaces de asegurarle una habitación enorme para ella sola, Fluorite consideró lógico que no iba a tener tanta suerte una segunda vez.

—¡Hola! —exclamó sorprendiéndose, dándose la vuelta para mirarla y aparentemente, tratar de recordar su nombre—, ¿tú eres… Fluorite?

No respondiendo al instante, Fluorite la analizó: cabello rubio, lacio hasta casi las rodillas, ojos azules, piel pálida sin pecas. Bastante bonita, ¿sería agradable o también la juzgaría por ser un hada de gemas? Hace tiempo dejó de pensar que las chicas que lucían agradables, lo eran una vez que se enteraban de su tipo de magia.

—Soy un hada de gemas —soltó a quemarropa.

Con evidente extrañeza, Conner de Lugh frunció el ceño.

—¿Mucho gusto? —musitó nerviosa—, ¿soy un hada dríade?

¡¿Por qué, cosmos, por qué?!

Fluorite hizo una mueca.

—¿Hada dríade? —se aferró a la manija de su maleta de ruedas, a punto de salir de aquí, dispuesta dormir en el pasillo.

—Sí… ¿eso es malo? —Conner se intimidó con la mirada de Fluorite.

—Yo no tengo problemas —masculló a la defensiva—, ¿y tú? ¿Por qué no te pusieron con la otra realeza? ¿Eh? —soltó su maleta y se cruzó de brazos.

¿Sería genuina su actuación? Fluorite lo dudaba.

No reconocía a esta hada como parte de todo aquel grupito que siempre la molestaba, pero tuvo mucho tiempo en su primer año en Alfea como para saber que algunas hadas dríade les encantaba fingir inocencia para luego atacar por la espalda. Una parte suya le decía que no debía hacer lo mismo con un hada que ni siquiera conocía, pero… el año pasado, cada vez que le dio el beneficio de la duda a una de ellas, siempre terminaba con una cubeta llena de agua sobre la cabeza, empujada de culo hacia atrás, o con algún hechizo que terminaba siendo anulado por alguno de los profesores porque ninguna chica en esta escuela quería hacerse enemiga de un hada dríade como para delatarlas ante los adultos, o limpiar sus desastres.

—¿Nos conocemos? —la joven dríade negó con la cabeza, nerviosa—. Pareces odiarme.

—Como si no lo supieses —achicó su mirada sobre ella—, hada dríade. Eres una princesa, ¿no? ¿Por qué no buscaste que te diesen una alcoba para ti sola?

—De acuerdo, basta —espetó Conner dejando unas botellitas de perfume en el que sería su tocador, algo que debió haber traído de su palacio; para ir y encarar a Fluorite—. No sé cuál es tu problema, pero el que sea un hada dríade o una princesa no debería ser algo para que te molestes conmigo. No me conoces, así deja de atacarme —mientras caminaba hacia Fluorite, hablaba—. Déjame decirte algo, no dejé mi antigua escuela para recibir el mismo trato en esta.

—¿El mismo trato? —sonrió burlona—. ¿Estás decepcionada? ¿Acaso esperabas a una compañera campesina que te hiciera caravanas o te bajase las pantaletas y te besase el trasero?

—¿Qué? ¡No! —Conner espetó ofendida—, ¿qué es lo que pasa contigo? No me conoces, deja de juzgarme.

—Claro, las hadas dríade jamás juzgan, jamás hacen nada malo, ¿verdad?

—¡Yo sé perfectamente de lo que es capaz de hacer un hada dríade! ¡Por eso mismo terminé huyendo de mi otra escuela! —le gritó volteándose para comenzar a recoger sus cosas del tocador con molestia.

El dolor en esas palabras hizo un clic en el interior de Fluorite, haciéndola bajar un poco sus defensas, ¿acaso…?

—¿Huir? —espetó para llamar su atención.

—¡Sí! —arrojó botellas a la maleta abierta de la cama—, ¡me dijeron que aquí había buenas hadas! ¡Hadas que no juzgaban a los otros por su condición o tipo de magia!

—Te estafaron —masculló Fluorite—, aunque no entiendo por qué tú saliste huyendo, eres un hada dríade, aquí y en cualquier escuela tendrás a todos comiendo de tu mano.

Volteándose enojada hacia Fluorite, Conner resopló.

—¡Claro! Soy princesa, un hada dríade, ¿pero acaso tendré a todos comiendo de mi mano o besándome el trasero si supiesen que soy un hada que ni siquiera sabe qué tipo de magia posee?

—¿De qué hablas? Eso todos lo saben desde temprana edad.

Conner estuvo a punto de ponerse a llorar, Fluorite lo vio venir por los movimientos involuntarios que hacia su boca y sus ojos llorosos al mecerse de un lado al otro.

—¡Pues yo no! —gritó furiosa, antes de darle la espalda—. Déjame en paz, me voy de aquí.

Queriendo aferrarse a la creencia que ella tenía de las hadas dríade; sobre todo, de las hadas que estaban en esta escuela, y momentos antes de verla irse, se burlaron de ella entre risas, Fluorite suspiró acercándose a la, evidente, chica nueva.

—Dijiste que sabías qué tan malas podrían ser las hadas dríade —dijo con un gran sentimiento de culpa.

¿Y si había juzgado mal a esta chica?

Fluorite se sentía un poco mal, y se sintió enteramente mal al oírla sollozar de verdad.

—Lo sé —dijo inhalando fuerte—, en mi otra escuela, todas se burlaban de mí porque no sé qué tipo de magia está en mí. Sólo hago magia, pero no hago fuego, ni agua, ni ilusiones ni nada —se tapó la cara con las manos, llorando muy en serio.

Llamándose "tonta", Fluorite suspiró, sentándose en la cama a un lado de la maleta de Conner.

—Yo no puedo cambiar de escuela, pero cambie de grupo porque en el anterior, uno lleno de hadas dríade, no paraban de burlarse de mí —indispuesta a llorar o mostrar algún tipo de dolor, Fluorite se mantuvo seria—. Creo que compartimos eso, aunque, en mi caso, por ser un hada de gemas, todos piensan que me mueve la codicia y en cuanto tenga la oportunidad, seré una de esas comerciantes ilegales.

Sin que Fluorite se diese cuenta, Conner, limpiándose los ojos se giró un poco para verla por encima del hombro.

—Ellas me llaman "moneda de intercambio", porque las hadas que son como yo usualmente son cazadas por malas personas para usar nuestra magia y sacar provecho de ella —dijo seriamente lo que Conner oiría tarde o temprano—. Si te hice sentir mal, te pido una disculpa… aunque tampoco te conozco, y no sé qué tipo de hada dríade seas. Hasta ahora, sólo he conocido a las perras desalmadas que me llaman de muchas formas, menos por mi nombre.

Terminando de limpiarse, Conner se giró para mirarla, aunque Fluorite estaba entretenida observando el piso.

—¿Por eso me dijiste que eres un hada de gemas? —preguntó llorosa, más calmada.

—No sé por qué les causo repudio, o por qué creen que yo soy su payaso sólo por ser una "hada campesina".

—Eso es porque se dice que las hadas dríade son las más poderosas, y muchas de ellas en verdad se creen ese cuento —dijo Conner, tratando de sonreír—, pero yo no soy así. De verdad.

—No lo sé, Conner —masculló Fluorite—, en lo que a mí respecta, ya me estoy esperando que me lances algún hechizo para reírte todo el día.

Bajando la mirada, Conner mostró un semblante caído.

—¿Como transformar tu cabeza a la de una araña para que todas te digan "trepadora" por meses? ¿O decirles a todos los chicos que tienes "cara de tonta" sólo para atraer a más de ellos porque eres insaciable? —preguntó la joven princesa, sentándose al lado de Fluorite.

—No, robarles las respuestas de un examen a un profesor y meterlas en mi mochila para luego verme limpiando escaleras por un mes.

—¿Qué tal robarte tu ropa de gimnasia sucia para meterla en una bolsa de regalo y dársela en tu nombre al chico más popular?

—Muy ñoño. Lanzarme un hechizo que causa picazón, en medio de una presentación frente a toda la escuela —Fluorite aun no superaba la vergüenza que aquello le había hecho sentir.

—Eso debió ser muy cruel —masculló Conner—, pero quizá son tanto como invitarte a una fiesta "en señal de paz" y lograr adulterar una bebida que después beberás para luego perder parte de tu conocimiento, y dejarte en ninguna parte que un tipo se aproveche de ti.

Mirándola anonadada, Fluorite giró su cabeza hacia Conner.

—Eso…

—Afortunadamente, esa noche a una de ellas le dio remordimiento y antes de que él pudiese quitarme la ropa, me sacó a ese desgraciado de encima, y me llevó a casa. Pero eso no quitó que, al día siguiente, todos (incluso ella) dijesen que me había acostado con él por ser una…

—¿De qué clase de infierno saliste, princesa? —masculló indignada.

Conner le había ganado con eso último. Las hadas dríade de Alfea, si bien eran unas perras malvadas, tampoco llegaban a ese nivel.

—De uno que no quiero recordar jamás —volvió a limpiarse las lágrimas, sollozando.

—Este no es precisamente el cielo… pero ten por seguro que al menos aquí hay un límite para todo, —o eso Fluorite quería pensar.

En los últimos días de su propio tormento, comenzó a envalentarse y responder a los golpes; no se quedaba callada a los insultos y por eso mismo la directora Sendai la mandó a llamar a su oficina para notificarle que no iba a ser expulsada por su comportamiento, y que, el siguiente año tal vez tendría una mejor experiencia.

—Y… ¿ya no estamos solas? —esperanzada, como entristecida, Conner la miró con sus hinchados ojos brillosos.

En ese rostro, Fluorite vio un dolor que no le deseaba a nadie.

—No lo estamos. Y… perdón, yo no sabía…

—Está bien —Conner negó con la cabeza—, ¿quisieras… comenzar otra vez?

—¿Mmm?

Conner alzó su manita hacia ella.

—Soy Conner.

Tomándola sin dudar, Fluorite sonrió levemente.

—Fluorite.

Ambas se sonrieron un poco, y luego de ese trago amargo, Conner propuso salir a Magix para que Fluorite le enseñase la ciudad.

Luego de comprar un par de malteadas, en un sitio bastante agradable, las jóvenes rubias, al salir y pasar por una calle vacía salvo por las casas de lado a lado, se encontraron con un grupo de siete chicas con el mismo color de cabello, pero con diferentes estilos de ropa, riendo entre ellas.

Cuando estas chicas vieron a Fluorite, un brillo malicioso apareció en los ojos de todas. Y ahí Conner supo que habría problemas.

—¡Mi queridita Monedita de intercambio! ¡Qué gusto verte! —saludó una de ellas.

—Habla por ti, zorra —espetó Fluorite siendo el tripe de agresiva, de lo que había sido con Conner. Hablando de ella, la princesa supuso bien que ese grupo, eran las hadas dríade de las que Fluorite le había contado.

—Ay, no seas así. Ya sé que tu crush conmigo fue imposible, pero tampoco te enojes —se rio.

—Si fuese lesbiana, ten por seguro que preferiría cogerme a tu madre que a ti —soltó esas palabras de forma brutal.

En lugar de ofenderse, o demostrar que lo estaba, aquella hada se rio, mirando a Conner.

—Ups, lamento decírtelo, pequeña; pero en cuanto esta Moneda de intercambio necesite plata, seguro te será infiel con tu mami.

Conner consideró esa actitud, algo patética.

—No te queda ser mala —masculló Conner considerando que las hadas que la habían molestado a ella, se divertirían con ese grupo de nenitas tiernas jugando a ser rudas, además, la actitud de Fluorite le daba fuerzas para no dejarse intimidar—, si quieres saber lo que es eso, con gusto te puedo dar una demostración.

—¡Oh! ¿No son la pareja más bonita? —chilló otra rubita.

—¿Más o menos como que la que hace tu ex con Monique? —preguntó irónicamente Fluorite.

—Mmm, no es divertido si no se ponen a llorar —intervino otra hada—, el año es largo, y hay mucho tiempo.

—Lo hay —dijo Conner sonriendo maliciosamente—, y eso te convendría mantener en tu cabeza.

—Ten por seguro que sí —respondió del mismo modo, dicha hada—. Vámonos, aquí se juntan las hechiceras y no tengo ganas de seguir oliendo basura.

Casi al final de esas palabras, una ráfaga de magia impactó en la espalda de esa hada, haciéndola volar dos metros hacia Fluorite y Conner, quienes esquivaron a la rubia y vieron, junto al grupo de hadas, hacia un grupo de tres chicas.

La que había atacado, una chica de cabello magenta oscuro con mucho delineador oscuro y labios pintados en rojo, lucía un vestido negro escotado con falda larga hasta los tobillos, pero abierto de ambos lados. Usaba tacones altos y de su dedo, aun emanaba una energía color magenta oscura. Esa chica era una hechicera.

—Ups, creo que le di a un hada dríade antes de que iniciasen mis clases, ahora no me darán los créditos extra —se quejó sonriendo con altanería—. ¿Me los darán si mando a volar a otras dos o tres?

Estirado su mano, hacia el grupo de rubias, que se habían quedado paralizadas ante ese ataque, la chica de cabello magenta formó una esfera grande de energía negativa. Los ojos de esta cambiaron de miel a morado intenso, mientras dejaba que su poder fluyese.

—Díganme, guapas. ¿Es cierto que las hadas dríade explotan cuando las ataca una hechicera tormentosa?

Incluso Conner dio un respingo, Fluorite, por otro lado, miraba curiosa; no a la hechicera, quien al parecer no estaba hablándoles a su nueva amiga y ella, sino al grupo de buscapleitos; sino a las dos chicas que iban con ella.

Esas dos…

—¡Ustedes! ¡¿Permitirán que una hechicera nos ataque?! —exclamó una de las hadas dríade a esas dos.

—Deja de parlotear, no te haría nada que no te hayas ganado —masculló la chica de cabello negro, corto y alborotado, que vestía prendas flojas que le quedaban bastante bien.

—Se los advierto, si esa maleante nos toca, ustedes considérense expulsadas de Alfea —dijo otra de las cinco, la que más atemorizada estaba.

—En Torre Nubosa las acetarían con gusto —dijo la hechicera sin bajar su mano.

—Uf, qué insulto —bisbiseó la joven de negro.

La otra, una muchacha de ojos verdes y cabello castaño ondulado, el cual estaba amarrado en una coleta baja que se apoyaba sobre su hombro izquierdo, le habló a la hechicera.

—Por favor, no nos busques problemas —con delicadeza y cierto temor, incitó a su… ¿amiga? A dejar en paz a las hadas.

—¡Oh, vamos! —expresó la hechicera—, hasta tú quieres mandarlas a volar.

—Bueno… eso es parcialmente cierto…

Un hada dríade se exaltó.

—¡Eres una hija de…!

—Eh, eh, eh —la hechicera interrumpió a esa hada—, termina esa oración, y yo te sellaré esa boca para siempre.

—No tienes el poder que presumes, eres una estudiante cualquiera —dijo el hada dríade, luego miró a la chica de cabello castaño y espetó—, perra.

Viendo que la hechicera iba a cumplir su promesa, Fluorite decidió alzar su mano, la cual no estaba agarrando su malteada de frambuesas, para atacar por la espalda a dicha tonta, con una esfera de energía.

Las otras hadas se giraron indignadas hacia Fluorite.

—Ups, creo que fallé. Iba a salvarlas de esa cruel hechicera —se mofó de manera fingida; la mencionada, soltó una risa—, pero ya saben, las hadas de gemas no tenemos otro talento salvo para ser… ¿cómo era? ¿Una moneda de intercambio?

Conner resopló, interviniendo, todo mientras la hechicera se reía.

—Sus amigas necesitan atención médica —lo dijo por la que había volado primero y no se había levantado, además de la que había atacado Fluorite adrede y estaba tratando de pararse mientras insultaba a la moneda de intercambio—. Váyanse.

Enojadas, pero un poco aliviadas de saber que por hoy sería todo, las hadas dríade tomaron a sus caídas y se fueron rápido.

—¡Así que un hada de gemas! —dijo la hechicera, acercándose a Conner y Fluorite, junto a las otras dos que eran unas hadas de Alfea.

¿Por qué estaban con una hechicera de la Torre Nubosa? ¿No se supone que lo tenían prohibido?

Bueno, como ellas les habían ayudado, Fluorite decidió que no iba a decir nada de esto a la directora.

—¿Sabías que valdrías mucho dinero en Zoombre? —aunque los ojos de dicha hechicera hayan vuelto a ser color miel, no dejaba de aparentar ser letal.

—Claro que lo sé —espetó con frialdad—. Vámonos, Conner.

—Eh… sí.

Mientras andaba rápido tras Fluorite, Conner echó un último vistazo hacia atrás para ver cómo la chica de cabello castaño reprendía a la hechicera. Ella todavía no lo sabía, pero esas dos eran hadas de Alfea.

De vuelta en los dormitorios, Fluorite pensó que alguna prefecta iba a mandarlas a llamar por lo sucedido con aquel grupito de hadas mequetrefes, sin embargo, eso no ocurrió. Al parecer las prefectas ya estaban hartas de esas hadas dríades, y no les creyeron nada de lo que dijeron; es más, las jóvenes hadas rubias oyeron por los pasillos que las chicas estaban amenazadas con dejarlas en paz.

Algo que Fluorite le mencionó a Conner, mientras se preparaban para dormir, fue que, al parecer, el cuerpo estudiantil estaba siendo modificado ya que estaba viendo caras nuevas entre los profesores y prefectas.

Muchos de los hombres que había visto se veían inmensamente guapos, había que decirlo.

Sería a la mañana siguiente, en su primera clase, Historia de la Magia, en la que Conner vería a esas dos chicas entrando a la misma aula de clases que Fluorite y ella; ambas, también se sorprendieron por verlas, mas no dijeron nada, sentándose en sus respectivos lugares.

Cuando entró el profesor, más de una chica hizo una mueca de sorpresa.

—Definitivamente recordaría a ese profesor si hubiese estado el año pasado —le susurró Fluorite, ya que estaban en butacas separadas y el hada de gemas se sentaba atrás de la joven dríade.

Incluso Conner, callada, tuvo que aceptar que dicho profesor, el cual vestía casualmente, era bastante guapo, y aunque se le notaba cierta madurez; es decir, no era un chiquillo de 100 años de edad, eso no le quitaba atractivo, sino todo lo contrario.

—Buenos días, clase. Soy su nuevo profesor de Historia Mágica, Sage.

Wow, su voz, era ronca y bastante masculina; sin embargo, lo que contuvo el mar de hormonas que tenía alborotándose silenciosamente enfrente de él, era el hecho de que el hombre imponía respeto y seriedad, por lo que ningún hada fue lo suficientemente valiente o tonta para hacerle algún elogio típico.

—Espero todos tengamos un buen año; cualquier cosa de la clase que no entiendan, pueden preguntármela. Ahora, les explicaré cómo serán calificadas en el trascurso de este semestre, presten atención.

Mientras él escribía en el pizarrón con ayuda de la magia, y hablaba de los créditos extra, las normas y las sanciones, todas las chicas del aula se esforzaron en dejar de ver el atractivo cuerpo del profesor, para prestar su cabeza a lo que tenían que memorizar si no querían repetir el año.

—¿Alguna duda? —el profesor Sage hizo una pausa para mirar a sus alumnas, una que otra, acalorada de la cara—. ¿Sí? —le concedió la palabra a la joven que había alzado una mano.

—Dijo que algunas tareas iban a estar en conjunto con otras materias, ¿puede explicarnos más sobre eso? —pidió la guapa chica albina de enfrente. Fluorite dedujo que ella sería una de las más aplicadas.

—En este año, algunos profesores estamos de acuerdo en hacer clases en conjunto; eso y algunas actividades. Verán, en el caso de esta materia; es muy importante que sepan el pasado de la Dimensión Mágica, tanto las cosas buenas como las malas… señorita de rojo, ¿está escuchando?

Fluorite alzó los ojos hacia arriba, esta era su materia favorita; consideraba que la historia era una importante herramienta. Pero era típico que no todas en Alfea pensasen lo mismo que ella. En el año anterior, el profesor era bastante enclenque y hasta tímido, nunca supo controlar a las hadas dríade y también solía ser muy permisivo. Sin embargo, a Fluorite le daba gusto saber que este profesor, lejos de su atractiva apariencia, en serio iba a hacer algunos cambios con quienes no se tomaban en serio la materia.

—Sí, usted —le dijo a una chica del fondo.

—Estoy escuchando, profesor —espetó ella.

—Eso espero. Dije que iba a dar créditos extra, pero casi se me olvida mencionar que lo haré con quienes demuestren la dedicación necesaria. ¿Entendió?

La muchacha no dijo ni hizo nada, solo miró al profesor con seriedad.

«Pero, ¿qué le pasa? ¿Quién se cree? Mirando así a un profesor» Fluorite hizo una mueca de desagrado, no sólo ella se había girado para ver a la osada que estaba, evidentemente, desafiando al profesor. Todas las demás alumnas también estaban al tanto, y todas pensaban lo mismo:

El hada tenía todas las de perder.

—Volviendo a su pregunta, señorita…

—Seraphina —respondió la muchacha del principio, luego de tragar saliva.

—Seraphina. Les decía que, en este año, algunos profesores nos dedicaremos a unir nuestras materias para que ustedes puedan comprender, la importancia de cada una, no sólo en su día a día, sino también en un futuro.

En resumen, el profesor Sage les había explicado que el plan de estudios para el segundo año únicamente, era prepararlas para ayudarlas a alcanzar los niveles más elevados para un hada.

—Enchantix —masculló Fluorite, anhelando poder llegar a ese nivel.

—No sólo Enchantix, jovencita —le dijo Sage—, el poder de un hada no se limita. Asciende y asciende tanto como el mismo infinito.

—Eso es imposible, el Enchantix es el nivel final de un hada —dijo la muchacha de rojo, al fondo.

—Algo maravilloso de la historia, es que nos impide creer en tonterías como esas.

Una chica se rio, pero cuando el hada de rojo la miró, se calló.

—El Enchantix es poderoso, sí, pero esa no es la forma final que puede adquirir un hada. En fin, eso lo veremos más tarde, por el momento, presten atención a nuestro primer tema.

Fluorite disfrutaba de la historia, le encantaba aprenderla y si se podía, memorizarla. Aunque, al terminar dicha clase y darse su tiempo para relajarse mientras esperaban a su siguiente profesor, ella se dio cuenta que Conner no compartía su pasión por la asignatura, la pobre estaba bostezando.

—Cielos, Conner. Me decepciona que no te guste la asignatura.

—No es que no me guste —se talló los ojos—, es sólo que me cuesta aprender todo eso y… es demasiado, me abruma.

—Mmm, es comprensible. Por eso siempre hay que estar al límite.

—Así es —dijo una tercera voz.

Cuando Conner y Fluorite vieron, se encontraron con la chica de cabello negro alborotado y la joven de cabello castaño.

—¿Qué tal? —sonrió la morena—, de nuevo juntas en un espacio con poca gente.

—Si te estás preguntando si le dijimos algo a alguien sobre ayer, quédense tranquilas, nadie lo sabe —Fluorite adoptó su postura seria y defensiva—. Bueno, las tontas trataron de acusarnos, pero nadie les cree.

—Mmm, no, ayer no pasó nada. Hoy sí —sonrió la chica—, soy Gioca. La amante de las plantas aquí presente, es Agasha.

—Son flores, Gioca —masculló la chica.

—¿Flores? ¿Eres un hada de flores? —Conner se ilusionó.

Las hadas dríade estaban muy conectadas con la naturaleza, el que haya un hada de flores, debía ser una gran noticia para Conner.

—Hola —saludó con mucha formalidad, a diferencia de su amiga.

—Soy Conner, ella es Fluorite; somos nuevas en este grupo. Bueno, al menos ella, yo soy nueva en Alfea.

—Hols, holis —Gioca le puso una mano sobre su cabeza—, aw, eres toda una ternurita. Me caes bien. ¿Y tú? Terminator, ¿qué dices? ¿Comemos las cuatro o te da miedo el éxito?

—¿Eso fue una amenaza? —Fluorite frunció el ceño.

—Pero, ¿qué te pas…? —antes de que Gioca terminase esa pregunta burlona, Agasha le tapó la boca y habló por ella.

—Lo que Gioca quiso decir, es que nos gustaría conocerlas mejor. Y… ya saben, explicarles lo que pasó. También… para disculparnos por lo que te dijo Anna.

Con cautela, Conner tomó la palabra.

—Anna es la…

—Sí, ella.

Viéndose a los ojos, Conner incitó a Fluorite a bajar sus defensas también con Agasha y Gioca, quien se liberó de su amiga a tiempo para aceptar y reacomodarse en sus asientos ante la siguiente materia: Transformaciones.

El profesor se presentó como Gateguard.

Tan atractivo como el otro profesor, este lucía bastante bien y ligeramente más joven que Sage. Su cabello rojo era hipnótico, sus ojos azules turquesa, eran muy cautivadores, pero bastante temprano las alumnas bajaron su temperatura corporal cuando el profesor, a diferencia del anterior, declaró con firmeza que no iba a tolerar estupideces en su materia.

—Escúchenme bien, no admitiré comportamientos infantiles en mi aula. Eso significa: usen su magia para pelear entre ustedes en la clase y reprobarán mi materia.

—¿En es-este se-semestre? —preguntó Seraphina. El profesor la vio serio.

—El año entero.

Con una cara pasmada, Seraphina bajó la mano.

—En cuanto a las tareas, no habrá —pero antes de que las chicas festejasen eso, el profesor Gateguard añadió—: en lugar de eso, habrá dos exámenes por cada semestre. Uno a dos semanas de iniciar, y el otro una semana antes de terminar el semestre. Ambos, se llevarán a cabo en la Cámara de Simulación, y ambos representarán el cincuenta y cinco por ciento de su calificación. El otro cuarenta y cinco lo ganarán trabajando en clase; su desempeño hablará al cien por ciento por ustedes.

»Las transformaciones son cosa seria, hadas. Así que se los voy a repetir: molesten a sus compañeras con eso y repetirán esta clase un año más, ¿está claro?

—Sí, profesor —dijeron todas, intimidadas, al unísono.

Conner exhaló con temor mientras que la misma chica de rojo, al fondo, alzaba valientemente la mano.

—Profesor, ¿veremos algo relacionado a la conversión total? —a diferencia de cómo se había dirigido al profesor Sage, esa chica parecía respetar a este.

—Es lo mínimo que espero que manejen a la perfección al final de este semestre —respondió con frialdad—. Escuchen todas, no tengo problemas en repetir las cosas, así que antes de hacer alguna tontería cuando se hagan los ejercicios de campo, vengan a mí si tienen dudas.

—Sí, profesor —respondió la chica de rojo. Las demás, no podían siquiera parpadear.

La primera clase de transformaciones, fue una prueba.

Así es; una prueba. El profesor Gateguard hizo aparecer en cada uno de sus pupitres, una naranja, el trabajo de cada una de ellas, era convertirla en una mandarina.

En menos de segundos, todas pudieron hacerlo; de hecho, varias se rieron por lo fácil que era.

Y como si el profesor fuese un enviado de Satán, o alguien realmente inteligente y capacitado para hacerles ver a sus alumnas que todavía estaban en un nivel muy bajo dentro de esa magia, les dijo a las alumnas que intercambiasen mandarinas con sus compañeras de al lado.

Una vez que todas tuvieron una mandarina ajena, el profesor les dijo que le devolviesen a su forma original. No que la transformasen en naranja; que removiesen la magia que sus compañeras habían usado, todo con el fin de devolverla a su forma verdadera.

—Pe-pero… profesor… eso no lo vimos el año pasado —musitó Seraphina.

—Tuvieron meses para siquiera saber lo que les estoy pidiendo; ¿por qué creen que tienen frutas y no una persona? —eso dejó helada a más de una.

¿Eso significaba que en algún momento iban a haber pruebas con seres vivos?

—Hagan su mejor esfuerzo, quiero saber con qué hadas trabajo —dijo serio; les dio casi media hora para intentarlo.

Al principio, una que otra dijo que eso sería sencillo, pero hicieron trampa convirtiendo la mandarina en naranja, cosa que el profesor notó.

—La próxima que quiera pasarse de lista en mi clase —dijo molesto, volviendo la naranja en mandarina—, va a ser transformada en una mandarina gigante y tendrá que arreglarse sola si no quiere ser reprobada, ¿oyeron?

Nadie, ni siquiera la joven de rojo, que se esforzaba por remover la magia de transformación, pudo lograr lo que se le pidió.

Agitadas, todas admitieron una por una que no podían hacerlo. Luego, el profesor dio por terminada esa parte del ejercicio.

—Miren este nudo —les mostró a sus cansadas alumnas una cuerda con un nudo ciego en medio—, la cuerda se ve como si nada, ¿no es así? Pero, ¿qué pasa si le hacen otro nudo? —amarró un segundo nudo, muy junto al anterior—, ¿qué tal otro?

Anudó la cuerda siete veces; la misma seguía viéndose "igual" pero con varios nudos que el profesor les pidió que viesen con atención.

—Lo mismo pasa con las transformaciones; la forma original prevalece cuando los cambios son pequeños, sin embargo, la magia para transformarla en lo que era antes… significa arrancar la magia que la transformó en primer lugar.

»Si intentan hacer trampa, convirtiendo la mandarina en naranja —miró severo a la alumna que lo había hecho—, es lo mismo que hacerle otro nudo, creyendo que lo deshiciste. Y eso, es un error. Porque, luego de tantos nudos (más lo que están bien hechos) termina con la forma original, deformándola poco a poco hasta que llegar al punto del "no retorno", y eso, presten atención, es muy peligroso. Sobre todo, si hablamos de seres vivos —señaló las mandarinas; unas coloridas y otras malformadas por los intentos fallidos, y de un chasquido de dedos con la mano que no sostenía la cuerda, dicha frutas volvieron a ser lo que habían sido—. Esto será lo que veremos, hadas, tanto al principio, y como al final del año. En este semestre, nos concentraremos en los principios básicos de la Reversión, al final, términos más complicados que una simple naranja. En el último semestre del año, veremos qué tanto han avanzado o empeorado. Recuerden, esta magia podrá parecer sencilla al manejar… —usó telequinesis para atraer a él, la naranja de una de las chicas que se burlaba de lo fácil que era el ejercicio, la separó magníficamente a la mitad y todas vieron como por dentro, la pulpa de la naranja estaba morada—. Pero si sus ojos son sencillos de engañar, van a tener serios problemas cuando usen esa magia sin conocerla… más, si es, un ser vivo —miró a la joven de rojo, que lo veía atenta—. Es todo por hoy, la clase terminó.

Una vez que las naranjas desaparecieron y el profesor les pidió que leyesen términos básicos de la transformación, en la biblioteca, para la próxima clase, las chicas suspiraron de alivio ante la finalización de dicha clase.

—Wow, en serio habrá que ponernos a estudiar… sobre todo para esta clase. Los exámenes van a valer prácticamente toda la calificación —dijo preocupada, Fluorite a Gioca, Agasha y Conner, quienes estuvieron de acuerdo.

Las cuatro estaban caminando hacia la salida mientras hablaban; su siguiente clase era Defensa Mágica, por lo que tendrían que ir hacia el gimnasio a encontrarse con su siguiente profesor.

—No puedo creer que hayan despedido al señor Ports, no daba malas clases de Transformación… y no era tan… agresivo.

—Daba malas clases, por eso tú siempre aprobaste, Gioca —le dijo Agasha a su amiga, Conner se rio con delicadeza—. Sí, el profesor Gateguard no es muy amable… o paciente, pero al menos, con él, aprenderemos algo increíble, imaginen, el poder de anular una transformación de raíz; eso podría servirnos a la hora de enfrentarnos a algún enemigo.

—Muévanse —espetó el hada de rojo, empujando a Conner y Agasha.

—¡Se dice "con permiso", estúpida! —espetó Fluorite, harta de esa hada, quien la ignoró y siguió andando con rapidez—. ¿Están bien?

—Sí —suspiró Agasha.

—Todo bien —sonrió Conner.

—¿Quién era esa? —preguntó Fluorite a Gioca, quien miraba el sendero por donde se había ido esa chica.

—Es Mine —respondió Seraphina, atrás de ellas—, un hada de fuego.

—Hola, Seraphina —saludó Agasha con una timidez inusual—, ¿vienes con nosotras?

—¿Puedo?

Las chicas miraron a Fluorite.

—¿Y por qué me ven así? —preguntó esta, desviando la mirada.

—¿Por qué será? —se burló Gioca; Agasha y Conner rieron mientras le daba espacio a Seraphina para que se les uniese.

Aunque, a Fluorite no se le pasó el detalle de que Agasha había intercambiado lugares con Gioca para no estar justo al lado de Seraphina. Incluso se vio un poco incómoda.

—¿Les parece si al final de las clases vamos todas a la biblioteca? —propuso la albina, con animosidad.

—Me parece bien —secundó Fluorite, aunque pronto recordó que sería la primera vez que iría en compañía. De las pocas veces que no iría huyendo de nada.

Era extraño, pero en un buen sentido.

Ahora que lo pensaba, Fluorite esperaba que ojalá también hayan despedido a la bibliotecaria; esa vieja la odiaba, y de eso Fluorite no tenía dudas. Cuando era molestada por las hadas dríade, ella se ocultaba en el único sitio en el que esas brutas no podrían un pie, aunque les pagasen, menos para seguirla molestando. Así que, luego de un tiempo, ese sitio se había convertido en su santuario; lamentablemente, incluso ahí, la joven se sentía atacada.

La bibliotecaria, por alguna razón la veía con desdén, luego hacía comentarios tipo: "al fin se va", y pronto, Fluorite se enteró de que, cuando le gustaba un libro y lo tomaba constantemente, este solía desaparecer por una temporada, en cuanto menos se lo esperaba.

Por favor, que esa mujer también haya sido despedida, Fluorite no estaba de humor para aguantarla.

El grupo de hadas entró al gimnasio junto a sus compañeras, donde, como siempre, el profesor Albafica se hallaba preparado para poner sus habilidades físicas a prueba. No sólo el cuerpo era importante, también su magia en sí; sin embargo, para comenzar, él los ponía a prueba físicamente.

Sin embargo, antes de que el profesor pudiese hablarles sobre el modo en el que calificaría a cada estudiante, una prefecta histérica ingresó gritando.

—¡Señor Albafica! ¡Está aquí! ¡Él está aquí! —exclamaba alarmada, fingiendo casi desmayarse, para que el profesor Albafica; un hombre, por no decir poco: per-fec-to, en todo sentido de la belleza masculina; la atrapase.

—Prefecta, cálmese —sin perder la compostura, la ayudó a incorporarse, alejándose rápido de ella—, ¿qué es este escándalo? ¿No ve que hay alumnas presentes?

—Profesor —la prefecta sin duda tenía un gusto con él, como varias alumnas—, mis otras compañeras y yo estábamos haciendo una patrulla por las habitaciones, y lo vimos.

—¿A quién?

—Dégel Acuarius —masculló fingidamente agotada, sin embargo, las alumnas oyeron ese nombre y más de una dio un respingo, en especial, Seraphina; quien estaba al lado de Conner.

—Señoritas, basta —les dijo el profesor—, prefecta, es la cuarta vez que ven a Dégel Acuarius. Les dijimos que no asustasen a las alumnas así.

—¡Pero, no es una broma!

—Claro, claro, no lo es —mascullaba Albafica, con semblante fastidiado, acompañando a la prefecta hacia la salida—. Y por favor, que sea la última vez que entra a mi clase gritando.

Le cerró la puerta y se giró hacia las chicas.

—Disculpen a la prefecta; parece que no quiere dejar su chiste de vacaciones.

—¿Un chiste? —habló el hada de fuego, Mine—. ¿Quién bromea con Dégel Acuarius? Dicen que logró escapar de la Dimensión Omega, la prisión que supuestamente era infalible.

—La prefecta tiene un sentido del humor… bastante incoherente, y no hay motivos para creer que ese hombre esté en Alfea; centrémonos en nuestras clases.

Más de una no quedó del todo tranquila, pero viendo que el profesor estaba bastante calmado, pronto, sólo se habló de lo ridícula que había sido la prefecta al intentar bromear con haber visto a uno de los peores criminales de la historia.

Conner, fue la única que vio cómo Seraphina había palidecido todavía más cuando el profesor Albafica la miró con seriedad, al mencionar el nombre de aquel temible mago oscuro del hielo.

«¿Qué está pasando?» pensó Conner, un poco nerviosa.

Sea como sea, las chicas tuvieron que centrarse en sus clases; aunque, no pasó mucho tiempo antes de que Seraphina pidiese permiso para ir al baño.

Verla corriendo, le dijo a Conner que algo le había ocurrido a otra de sus nuevas amigas.

—¿Estás bien? —le preguntó Fluorite, mientras una de sus compañeras era puesta a prueba en un ejercicio de obstáculos; todas pasarían de manera individual, pero debían esperar a ser nombradas.

—Sí… todo bien.

—¡Señorita Conner! —exclamó Albafica, impacientado.

—¡Sí! —la chica se levantó de su asiento, asustada.

—Es su turno; de prisa.

—S-sí, señor.

La pobre tropezó varias veces, resbaló unas cuantas veces más y al final fue enviada a la enfermería cuando chocó de frente contra una pelota que estaba levitando junto a otras, y todo eso era porque debían completar el ejercicio en un límite de tiempo, y al ver que Conner se presionaba bastante, Albafica la puso a prueba cuando comenzó a contarle los segundos que le quedaban en retroceso.

La pobre quedó tendida bocarriba luego de ese golpe en la cabeza.

—Perder el piso bajo presión, es peligroso, señorita; pero ya trabajaremos en eso, por el momento, es suficiente para usted —la ayudó a levantarse, y luego de revisarle el golpe, le dijo—: vaya a que la enfermera la revise, y después vaya a descansar a su dormitorio.

—Sí, profesor —masculló Conner adolorida y un poco mareada. Fue hasta su asiento para tomar sus cosas y luego de prometerles a las chicas alcanzarlas en la biblioteca cuando se sintiese mejor, salió del gimnasio, sobándose su gracioso chichón de la frente.

—Agasha —llamó el profesor Albafica.

—Ay no —masculló la aludida, levantándose y temblando.

—Vamos, lo harás bien —trató de animar Gioca.

—Tú puedes hacerlo —quiso ayudar Fluorite.

Sin embargo, si Conner se había visto muy torpe, Agasha realmente parecía un potrillo recién nacido con problemas en las patas; tambaleándose, tropezándose, resbalándose, y golpeándose con prácticamente todo.

—¿Cómo aprobó esta materia el año pasado? —quiso saber Fluorite al ver tal demostración tan triste.

—Eso quisiera yo saber —masculló Gioca, suspirando, al ver que a ella también tuvieron que mandarla a la enfermería.

Cuando la vieron, Agasha estaba enteramente roja de la cara. Sabrá dios si era por la vergüenza o por los golpes que recibió en esa zona.

—Nos vemos en la biblioteca —susurró apenada, saliendo rápido del gimnasio.

Cuando Fluorite fue nombrada, a la joven no se le pasó por alto que el profesor miraba la puerta por donde se habían ido sus alumnas.

—Profesor.

—¿Mmm?

—Estoy lista —le dijo para que centrase su atención en ella.

—Bien —dijo él—, entonces comience.

Fluorite corrió, esquivó algunos obstáculos; tropezó una vez, pero no cayó ni se golpeó con nada. Seguro el profesor se alivió de no tener que mandar a más de dos chicas a la enfermería.

Gioca hizo sus ejercicios bastante bien; cuando llegó Seraphina y fue su turno para correr, también resbaló en algunas ocasiones, pero no se hizo ningún daño. La que había hecho todo a la perfección, era precisamente la última chica en pasar, el hada de fuego, Mine.

—Increíble, Mine; jamás decepcionas —calificó Albafica.

—Me seguiré esforzando —dijo ella seria, pero digna, volviendo a su asiento.

—Excelente, todas han demostrado estar en buena forma. Ahora, se les agregará un par de obstáculos más, pero, en esta ocasión, van a tener que trabajar en equipos de dos personas; yo les diré con quién estarán.

Afortunadamente, Fluorite no estuvo en el equipo de Mine, a quien no le tenía muy buena estima. Hizo equipo con otra chica, Samantha. Mientras tanto, Gioca se quedó con Seraphina.

Al finalizar dicha clase, Fluorite se daría cuenta que la maldita vieja de la biblioteca no había sido despedida, pero al menos se dejaba de palabras hirientes ya que en esta ocasión no estaba sola. Las tres chicas ingresaron a la segunda plata de la biblioteca; hablando de lo cansadas que estaban por el ejercicio (claro, en voz muy baja) donde encontraron Agasha y Conner, leyendo algunos libros sobre las transformaciones.

Menos mal que la magia de la enfermera les había ayudado a sanar rápido. En teoría, el profesor Albafica hubiese podido hacerlo, pero eso requiere tiempo y eso es algo que no tenía.

—¿Cómo están? —preguntó Fluorite, sentándose a un lado de Agasha, Gioca se sentó al otro lado y Seraphina se sentó enfrente, a un lado de Conner.

—Mejor que hace una hora —masculló Agasha, un poco irritada, como decaída.

—Vamos, el que tu cara sea un imán de golpes, no quiere decir que estuvo tan mal —dijo Gioca tratando de animarla, pero Seraphina carraspeó la garganta diciéndole con la mirada que no estaba haciéndolo bien.

—Lo que tratamos de decirles, es que no se desanimen, el año apenas inicia y…

Seraphina de pronto se quedó pálida, parando de golpe sus palabras. Estaba como petrificada, aunque seguía respirando.

—Ehm… ¿hola? —Gioca chasqueó los dedos enfrente de los ojos azules del hada.

Seraphina parpadeó.

—Sí, perdonen, pero me tengo que ir —dijo rápido, recogiendo las cosas que apenas había sacado de su mochila—, nos vemos luego.

La vieron correr.

—La idea de venir aquí fue de ella, ¿a dónde irá? Qué rara es —masculló Gioca.

—¿Será que…? —Conner no terminó esa pregunta, pero captó la atención de las chicas.

—¿Qué? —inquirió Agasha.

—Es que… ¿ustedes de verdad creen que la prefecta haya mentido con eso de que vio a Dégel Acuarius?

—¿El mago oscuro del hielo? —dijo Gioca.

Conner asintió.

—¿Y si…? ¿Y si la prefecta no mentía? —preguntó a las chicas, quienes se vieron las caras entre ellas.

—Si fuese así, ¿entonces por qué el profesor Albafica no reaccionó como debería ante la posible invasión de un criminal? —masculló Agasha, escéptica.

—No lo sé, pero el profesor nos sacó a todas del gimnasio apenas terminó nuestra clase; parecía tener algo que hacer —agregó Fluorite.

—Eso no tiene relevancia; seguro tiene muchas cosas que hacer. Yo dudo que haya algún criminal en la escuela —espetó Agasha—. Ya dejen de decir tonterías. Esa prefecta no sabe bromear, punto.

—Yo apoyo a Agasha, ¿vieron cómo se le abalanzó al profesor Albafica? Esa es la clara señal de una mentirosa que busca convertirse en la "damisela en peligro" —Gioca hizo una mueca de desagrado—, pobre hombre; ni las prefectas lo dejan en paz.

Fluorite se convenció de lo escuchado y las cuatro prosiguieron a iniciar sus estudios; pero, Conner sintió que algo no andaba bien.

Casi era hora de la cena cuando las cuatro se separaron para irse a sus dormitorios, todavía tenían que bañarse y alistarse.

Conner volvió a tener malos presentimientos cuando notó que Seraphina no se había presentado a la cena.

—Oigan… ¿saben dónde está Seraphina? —inquirió Conner a Agasha y Gioca.

Ambas alzaron los hombros.

—No compartimos habitación con ella, pero… desde la biblioteca, no la he visto —dijo Gioca—, y eso que yo paso mucho tiempo en los pasillos de las alcobas.

—Ya veo —musitó Conner, mirando a Fluorite.

—Será mejor buscar su alcoba cuando terminemos de cenar —dijo como si hubiese escuchado a Conner pedirle hacer algo—; si nos levantamos antes, vamos a ganar la reprimenda de la directora.

Conner miró en dirección a la larga mesa de los profesores y prefectas. Los profesores a la derecha, y las prefectas a la izquierda de la directora Sendai.

Despampanante y muy joven. La directora había sido muy amable cuando la recibió. Esperaba que, si había algo de lo que preocuparse, los profesores y ella no lo ocultasen de las alumnas.

Con eso en mente, Conner continuó cenando.

—FIN DE PRÓLOGO—


Por el momento es todo de mi parte.

¡¿Qué opinan?! :D

Por favor, no olviden que las "transformaciones Winx" de las chicas protagonistas están en mi página de Faceboolk, pero no les recomiendo leer lo que viene en las imágenes si es que no quieren llevarse spoilers y luego ver que algo cambié. :(

¡Saluditos, felices fiestas y ya nos estaremos leyendo en mis fics!

¡Gracias por leer!

Nos estaremos leyendo.


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