Capítulo 25

—Eres muy vengativa, mi serpiente —dijo cuando empecé a sonreír con alegría.

—Eso lo sabes bien —dije con los brazos cruzados, mirando hacia la puerta, levantando el mentón—, quisiera ir y ver la cara de ambos cuando les digan que los recibiras hasta mañana.

George y Charlie Weasley se habían retirado hace apenas unos segundos y Harry había enviado un mensaje para sus dos mejores amigos: no quería verlos hasta mañana, que ahora descansaría solamente. Y yo deseaba ir y ver sus caras, porque a como lo había dicho antes de regresar a la habitación, ya no era decisión mía el que ellos no lo vieran, sino de su amigo Harry, él era quien había decidido verlos hasta mañana, alegando que tenía mucho sueño como para batallar con ellos ahora. No pude evitar mostrarme feliz con eso y aunque sabía que realmente no era una total mentira su excusa, una parte de mi quería pensar que se trataba de venganza o al menos un poco de orgullo de mi siempre noble león.

—Puedes tomarte esa libertad, si quieres —dijo y yo giré a verlo, viendo una sonrisa igual en su rostro.

—Luego. Por ahora quiero que vuelvas a dormir y espero que sea hasta mañana, porque, aunque quisiera quedarme…

—Tienes que ir con Lizzie, Pansy. La niña te tiene que tener cerca, mi amor —dijo y yo asentí.

—Sí, igual no quisiera dejarte solo.

—Estaré bien, no necesito que nadie se quedé a cuidarme, ¿de acuerdo? Además de que ahora sí tendría que ser Hermione o Ron, y es verdad cuando digo que aun no quiero hablar con ellos de lo que pasó ayer —aseguró y lo comprendí, pues la conversación que le esperaba al trio dorado sería algo largo y tedioso para él.

—Está bien. Sólo esperare a que te duermas —me senté en la cama y lo besé en los labios, viendo la suave sonrisa.

Tomé su mano izquierda y empecé a jugar con sus dedos lentamente, acariciando de igual manera la palma y la muñeca, intentando relajarlo. Era un pequeño truco que hacía con Lizzie cuando era obvio que estaban cansados, pero no querían dormir, aunque a Lizzie también le acariciaba el cabello y las mejillas, de manera suave y rápida, logrando así que entraran en sopor. Quité sus anteojos unos minutos después y luego vi como lentamente caía en el sueño, aunque al parecer se esforzaba por tener los ojos abiertos. Moví mis dedos, suave y casi imperceptiblemente por su antebrazo, hasta que por fin pude escuchar su respiración acompasada, indicándome que había caído totalmente.

Solté su mano y luego besé su mejilla, sonriendo al verlo tan relajado y tranquilo, sobre todo cuando ayer había tenido tanto miedo, y ahora estaba segura de que dormía, simplemente eso, sólo dormía, sin riesgo de morir, sin tantos hechizos para mantenerlo con vida. Quería quedarme más tiempo, pero tenía que ir por mi hija, tenía que ir con ella y llevarla a casa para darle a entender que todo había vuelto a la normalidad, darle esa tranquilidad también.

Cuando llegué a la sala de espera, ya no estaba nadie. Imaginaba que Grace había regresado a casa, quizá cansada de haberse hecho cargo de los daños del museo al cual todavía dudaba en presentarme al día siguiente o quizá sólo pasara a ver como estaban las cosas temprano en la mañana. Suspiré tranquila al ver que ninguno de los Weasley estaba ahí, aunque igual me hubiera gustado ver la cara de Ronald y Hermione al recibir el mensaje de Harry, pero era claro que mañana los vería.

Me dirigí hacia la salida y a la entrada del hospital me encontré con Millicent y Blaise, recordando que me dijo que la vería en la tarde, aunque ya pasaba casi una hora de la hora que dijo.

—Hola, Pansy —saludó ella, antes de darme un corto abrazo.

—Hola, creí que ya no vendrían —reclamé, aunque la verdad lo había olvidado, pero siempre disfrutaba molestando.

—Sí, nos quedamos dormidos más tiempo de lo previsto —dijo Millicent, pero por la mirada y sonrisa de Blaise supe que no era totalmente cierto.

—Claro —dije irónicamente y Millicent golpeó en el hombro a Blaise, quien la miró con ofensa por no entender el golpe.

—¿Y eso porque fue? —preguntó mientras se sobaba el brazo, más teatro que otra cosa.

—Si no nos cree es por tu cara —le dijo y empezó a caminar y nosotros dos la seguimos.

—Bueno sí, pero tú lo confirmas, Milli —declaré y ella bufó escandalosamente, aun así, aceptando que Blaise entrelazara sus manos.

—Sí, como sea, ¿ya vas a casa? —preguntó.

—Sí, pero iré a casa de los Malfoy por Lizzie.

—Genial, igual quería ir para hablar con Draco y preguntarle como le había ido en la declaración —mencionó Blaise, mientras levantaba la vista al cielo, viendo que faltaba muy poco para oscurecer.

—Cierto, él iba a declarar hoy temprano.

—Sí, y cuando nosotros llegamos él ya no estaba —dijo Millicent y yo los detuve.

—Espera, ¿a ustedes también los llamaron? —pregunté con alarma.

—Claro que sí, igual los aurores nos vieron cuando llegaron por Ginevra, además de que ayer Ronald dijo que yo lo había atacado —dijo Blaise como si nada.

—Es mejor que hablemos en la mansión, Pansy, no sabemos quienes pueden seguirte —se refería a la prensa y tuve que darle la razón.

Los tres aparecimos en el pórtico de Malfoy Manor y las puertas se abrieron de inmediato para nosotros. Caminamos al salón y nos sorprendimos de encontrar en ese lugar no sólo a los dueños de la casa, sino a Theo, Daphne y Grace. Sabía que algo había pasado, pues, aunque era algo normal reunirnos los fines de semana, no era normal que sucediera sin planeación o aviso anticipado, sobre todo, considerando lo que pasó ayer. Me tensé de inmediato y me detuve por un momento para mirar a los ahí reunidos.

—¿Y los niños? —pregunté cuando vi que no estaba ninguno de ellos, tan sólo Melanie que se mantenía en los brazos de Astoria.

—En el salón de juegos —contestó Narcissa, mientras veía como tomaba una copa de vino de forma apresurada.

Eso me hizo elevar una ceja, Narcissa no era de las que tomaba una copa antes de la cena y era muy evidente que se encontraba algo nerviosa, cosa que jamás admitiría o demostraría totalmente. Draco a su lado sólo la veía negando levemente con la cabeza, luciendo quizá hasta un poco fastidiado y molesto. Suspiré, era claro que estaban esperando por nosotros nada más, así que busqué un lugar para sentarme y hallé uno al lado de Astoria, y no dudé en hacerle cariños a Melanie que sonreía muy feliz chupando un muñequito de goma frío, de seguro la aparición de sus dientes le era irritante.

—Así que tenemos problemas —dijo Blaise sentándose y jalando con ambos brazos a Millicent.

—No, bueno, no tantos —contestó Theo— El ministerio sabe que la culpable es Ginevra Weasley, pero su familia a apelado tanto, comentando una que otra cosa de nuestro pasado.

—Hijos de…

—Blaise, por favor —pidió Millicent mirándolo con reto.

—No lo olvidan, eso es claro —dijo Narcissa con la voz dura, mostrándose ya más enojada que nerviosa.

—¿Qué sucedió?

—Los Weasley, eso pasó. Alguno de ellos, porque no todos se encontraban ahí al parecer, apelaron diciendo que era casi imposible que nosotros no hubiéramos hecho nada en contra de su hija, que sabiendo quienes somos era obvio que tuvimos que hacerlo. Quieren reducir la condena con eso —contestó Draco con la mandíbula apretada, tomando la mano de Astoria que lo veía un poco más que preocupada.

—Ronald Weasley admitió su lento actuar, así lo justificó él —pude sentir mis dientes apretarse ante las palabras de Theo, pues era seguro que quisiera hacernos quedar mal a todos—. Pero también confesó que entramos en duelo porque Millicent Bulstrode atacó a su hermana y Blaise fue contra él.

Miré a mi amiga preocupada, pero ella simplemente movió la mano, como restándole importancia al asunto, mientras Blaise la abrazaba más fuerte y le besaba en los cabellos, como si quisiera protegerla todavía más.

—Dije lo mismo —se encogió de hombros Millicent— Recalcando que ella había lanzado su amenaza de muerte sobre ti y Lizze, que se había puesto de pie con varita en mano y apuntó de nuevo a Pansy. Nada de eso fue mentira, aunque me pidieron declarar lo mismo bajo veritaserum.

—¡¿Qué?! —exclamé con enojo.

—No te alteres, Pansy, fue algo que consideramos todos —miré al resto y ellos asintieron. Draco, Theo y Blaise murmuraron que igual tuvieron que hacerlo— Sabes que sabemos manejar la verdad. No fue nada complicado, y técnicamente, dijimos la verdad, porque en esencia, todo fue en defensa propia o en tu defensa.

—Sinceramente, a Millicent y a mí ni siquiera nos preguntaron mucho por el ataque hacia a ti y Lizzie, o por el duelo, sino por la declaración de Ronald, que lo estaba utilizando para reducir los cargos de su hermana —dijo Blaise con mala cara, apretando los labios y mirando con rencor hacia el suelo, seguro que ya sentía un mayor odio por el pelirrojo— Yo admití lo mismo, que lo ataqué por haber atacado a mi novia en primer lugar, y dándoles sin que me lo pidieran, el recuerdo especifico de él lanzándole ese hechizo cuando Millicent había bajado la varita y estaba distraída. Me pusieron cargo y multa por agresión a un auror, a lo que alegué que fue su propio auror atacando por la espalda. No me importó pagar, dejé en claro que nadie podía meterse con mi familia y menos con mi novia.

—Es un imbécil —gruñí.

—Sí, pero él no fue el peor, su madre y dos de sus hermanos son los que están más involucrados, recordándoles a todo mundo quienes fuimos durante la guerra —dijo Theo y no dude de sus palabras, pues Molly no se había presentado para visitar a Harry, así que era obvio que estaba muy enojada con él—. Aunque al parecer, Granger intentó detener esos ataques, alegando que era injusto y hasta aborrecible que hicieran eso considerando que Potter casi pierde la vida a manos de Ginevra, debo decir que no se convertirá en el familiar más querido de esa familia por lo que pudimos ver.

—Nosotros no hicimos comentarios respecto a sus declaraciones, sólo presentamos los hechos, como el ataque a los guardias del museo por parte de ella, la barrera impuesta y la maldición lanzada, ninguno de nosotros usó hechizos oscuros y eso fue beneficioso, además de que yo salvé la vida de su héroe —bufó Draco rodando los ojos— Eso los dejó callados y quizá admirados, porque el que me estaba tomando la declaración me dejó ir sin más.

—Y nosotros también estamos librados, excepto por la multa, que ya pagué —se encogió de hombros Blaise, hundiendo parte de su cara en el cuello de Millicent que apenas levantó una mano para enterrarla en sus cabellos.

—¿Cuál es el problema entonces? —pregunté con lentitud, pues parecían molestos.

—Por el momento ninguno, sólo nos veremos en ellos si Granger o Weasley dan sus memorias, puede que las demandas y palabras de los Weasley dobleguen al ministerio —contestó Blaise y yo suspiré, comprendiendo que ese era el problema.

—Yo debo presentarme mañana, hoy me llegó la petición al museo —mencionó Grace cuando el silencio se hizo prolongado.

—Tú no estuviste en medio, no tiene sentido de que te llamen —dije y ella se encogió de hombros.

—Bueno, lo estuve cuando ellos llegaron.

—Yo mencioné que ella fue quien me avisó cuando me cuestionaron cómo me enteré. Pensé que no te llamarían, así como no llamaron a Astoria, aunque yo les dije que mi esposa sólo se defendió mientras buscaba llevarse a nuestra ahijada de ahí —dijo Draco y Grace y yo asentimos.

—Bueno, no te dije nada para no preocuparte más, pero tengo que llevar el reporte de los daños del museo y el reporte medico de los guardias que atacó —me mordí los labios, sabiendo que eso debí hacerlo yo, que debí preocuparme por mi personal— Ellos están bien, Pansy, sólo no han despertado por los hechizos lanzados, pero están bien y el seguro medico lo cubre totalmente, así como la incapacidad que tendrán cuando salgan del hospital. Todo está bien —intentó tranquilizar y yo asentí sin saber que hacer— Además, soy una testigo más del ataque de ella a Harry —suspiró mi jefa de relaciones publicas y luego miró a Blaise y a Millicent— Igual diré que llegué cuando Ronald la atacó a ella.

Vi a Millicent hacer una mueca, pues era obvio que aun no se sentía cómoda con la presencia de Grace y era claro que no le agradaría por un largo rato más, pero cuando la vi bajar la mirada por un segundo, supe lo que diría. Millicent podía llegar a ser la Slytherin menos Slytherin en momentos así, pero cuando lo era, era mejor no meterse.

—Cierto, creo que igual no te había agradecido por eso —dijo con voz neutra y mirándola apenas simpáticamente— Gracias por suavizar mi caída.

—De nada.

—En serio, muchas gracias, Recher, si algo le hubiera pasado… —Blaise la abrazó más fuerte y todos sonreímos por eso— Ronald Weasley tuviera ya un acta de defunción —y por supuesto que no sería totalmente cursi y romántico.

Al final nos convencimos de que nada malo pasaría para nosotros. Dudaba, de verdad dudaba que Ronald entregara sus memorias, aunque me seguía molestando el hecho de las declaraciones bajo los efectos del suero de la verdad. No era justo, para nada justo que los hubieran obligado, pero como dijo Millicent, era algo que ya teníamos más que asimilado, era claro que el ministerio o el departamento de aurores jamás se fiaría de las palabras de uno de nosotros. Sólo esperaba que cuando Harry y yo fuéramos a declarar, todo terminara, sobre todo para mis amigos que ya no merecían estar en medio de nada como esto y, sobre todo, estar en la mira del ministerio.

Después de esa conversación decidimos quedarnos a cenar, por petición de Narcissa que era la que se veía más alterada, suponía que tener a su hijo otra vez rindiendo declaraciones y siendo atacado por esa familia la hacía sentir nerviosa. La acompañé a buscar a los niños para ir a cenar y entrelacé nuestros brazos, dándole mi silencioso apoyo, así como pidiéndole una disculpa.

—No hay nada que deba disculparte, Pansy, y jamás hubiera pensado detener a Draco para ayudarlas —dijo con voz calmada—. Eres como la hermana de mi hijo y una hija más para mí, y amamos a Lizzie. Nada de lo que está pasando es culpa de ustedes, sólo de aquella mujer y su familia.

—Pronto terminara todo, Cissa, lo prometo, mi futuro esposo hará que termine de la mejor manera para nosotros —dije bromeando, pero ella asintió como si eso fuera verdad, lo que me hizo sentir algo azorada.

—Eso espero, querida, y espero que esa mujer no vuelva a acercase a ustedes, porque dudo que mi hijo o alguno de los otros tenga voluntad para detenerse, eso incluye al señor Potter, y a mí por supuesto —declaró y yo besé su mejilla suavemente con agradecimiento.

Después de la cena, donde ya no comentamos nada por los niños, Lizzie y yo nos retiramos a casa.

A la mañana siguiente, me desperté como si fuera a ir a trabajar y, aunque pensaba ir al museo para ver como estaban las cosas, no pensaba quedarme. Quería ir a ver a Harry y Lizzie había pedido lo mismo también y como Harry ya había estado mejor el día anterior pensaba que estaba bien llevarla. Ambas nos arreglamos para salir, desayunamos y nos aparecimos el pie de las escaleras del museo. No había nadie ahí, gracias a Merlín o a Coroline o a Grece, pero agradecía no tener la prensa encima.

Cuando entramos, pude ver como la mirada de las recepcionistas se abrían de sorpresa y nos saludaban con una gran sonrisa que Lizzie contestó, agitando su mano. Asentí a su saludo y llevé a mi hija hacia las oficinas. Cuando llegamos al salón, me di cuenta que todavía había algunos hombres lanzando hechizos a varias áreas, ahí donde quizá las protecciones se habían roto. Edward estaba con ellos, mirando atentamente como lo hacían y yo sonreí al verlo.

—Espero que todo este quedando bien —dije a modo de saludo.

—Señora Parkinson —saludó dando la vuelta y abrazándome sorpresivamente, a lo cual no me negué, pero no pude contestar completamente por aun sostener la mano de Lizzie con la mía— Disculpé mi atrevimiento, pero me alegra tanto que se encuentren bien —dijo al separarse.

—No hay problema, Edward, y lo estamos —dije mirando a Lizzie quien asentía encantada mientras levantaba los brazos y él no dudo en cargarla, recibiendo gustoso el beso de mi hija en su mejilla.

—Sí, lo estamos —aseguró Lizzie con una sonrisa.

—Eso me tranquiliza tanto, señoras mías —respondió él.

—Espero que los daños no sean tanto y no hayan dañado uno de tus tesoros.

—Daños a las protecciones, unas mayores que otras, y aunque no fuera así, valdría la pena si ambas están bien —dijo con sinceridad y yo sonreí feliz.

—Me alegro, Edward, entonces, ¿todo marcha bien por aquí? —pregunté y él asintió, bajando a Lizzie con cuidado.

—Claro que sí, ya estamos apunto de terminar y las protecciones quedaran mejores que antes.

—Perfecto, creo que subiré, revisare algunas cosas y pasare a retirarme —le comenté y él se ofreció a caminar con nosotras hacia las escaleras.

—¿Hay algún problemas? No es que este en contra de que se tome algunos días, de hecho, me gustaría que lo hiciera, lo que vivió no fue algo bueno —dijo suavemente mirando a Lizzie.

—No, nada de eso, aunque aun no tengo cabeza para lidiar con el trabajo, creo que si necesitamos descansar un poco y sólo pasamos para ver como iba a todo, para poder darle una explicación a Aranza y David.

—Ellos no se molestarán, señora, no cuando sepa que protegió con su vida a esta preciosa niña —aseguró y yo asentí sabiendo que así sería.

—Lo sé, aun así, debo ir al hospital.

—Claro, me enteré que el señor Potter sigue ahí —yo asentí y abrí la puerta de las escaleras.

—Iré a ver a mi papi Harry —dijo Lizzie y yo me pude sentir sonrojar por sus palabras, mientras escuchaba reír a Edward.

—Eso es muy bueno, Lizzie, nos veremos luego, señora, señorita —se despidió y se dio la vuelta.

Negué con la cabeza, pues, aunque Edward no era alguien que fuera por ahí diciendo lo que escuchaba, era claro que me hizo sentir descubierta en más de un aspecto que Lizzie dijera aquello delante de él. Pero eso ya no importaba ya, después de todo no le había pedido que hiciera lo contrario cuando empezó a decirle de esa manera, sólo le había recordado de manera suave que su padre era Anthony, cosa que ella con una adorable cara de seriedad me dijo que eso era obvio, que su papi Anthony era su papi para siempre.

Cuando llegamos a la oficina hablé con Caroline, quien se mostró igual de preocupada y aliviada de vernos ahí, y no dudó en abrazar a mi hija, quien como siempre se mostró feliz de verla. Sabía que se habían tomado cariño, ya que ella era algo así como su niñera cuando venía Lizzie al museo, cosa que pidió de inmediato al pedirle que le diera un recorrido. Acepté después de que ella me diera un resumen de las cosas que habían pasado y lo que habían hecho para solucionarlo, cosas que resultaron ser menores a lo que imaginaba.

—Está bien, pero no vayan a tardar, por favor —pedí y ellas asintieron— Estaré en la oficina de Grace.

Para mi tranquilidad, como ya me lo había dicho Grace el día anterior, todo iba bien, los daños no eran tantos y Edward me había dicho que estaba a punto de terminar con lo de las protecciones. Pero necesitaba verlo con mis propios ojos para quedarme tranquila y poder retirarme por un día más, cosa que hice una vez que Lizzie regresó de su recorrido con Caroline. Grace me recordó que más tarde iría al ministerio y que en la tarde me mandaría una carta para decirme como le había ido, le agradecí anticipadamente, pues las dudas me harían estresar más.

La llegada al hospital fue igual de tranquila y Lizzie se emocionó tanto cuando abrí la puerta de la habitación de Harry, que sólo pudo sonreír, gesto que desapareció de mi rostro al ver a las dos personas que le hacían compañía. Era obvio que estarían aquí desde temprano, sobre todo por mi negativa a que no lo vieran por dos días. Pero la conversación de anoche aun me tenía tensa y verlos sólo avivo el enojo que había sentido cuando mis amigos me contaron de su declaración bajo el suero de la verdad.

—¡Harry! —gritó mi hija con emoción, soltándose de mi mano para correr a la cama.

Quise detenerla, de verdad que quise al ver los ojos del hermano de la mujer que quiso dañarla. Sabía que no tenía sentido que pensara que él podría hacerle daño, lo detestaba sí y me caía muy mal otra vez, pero no lo creía malvado u homicida, pero algo de mí se estrujaba al ver a alguien cercado del peligro cerca de mi hija. Aun así, no pude hacer nada, pues con todo el esfuerzo del mundo mi hija trepó la cama y los brazos de Harry la ayudaron, apretándola contra su pecho una vez que la tuvo a su alcance.

—Papi Harry, te extrañé.

—Lizzie, mi amor, yo también lo hice —le dijo Harry con una sonrisa, separándole un poco para verle a la cara— ¿Estás bien? ¿Te encuentras bien? —preguntó mientras tomaba una de sus manos y la besaba.

—Sí, sólo quería verte —contestó mi hija y lo abrazó de nuevo.

—Yo también, mucho sinceramente —la meció y yo me acerqué cuando Granger se unió a su esposo al otro lado— Pero, ¿de verdad estás bien? Me refiero al otro día en el museo —murmuró lentamente, mirándome, y yo asentí, dándole a entender que no había problema porque le preguntara. Tomé la mano que me ofrecía Harry un momento y luego me acerqué a darle un beso en los labios.

—Oh, ese día, había muchas luces y mucho ruido en el museo —ella se separó de nuevo y lo miró, bajando el rostro mientras jugaba con la tela azul del pijama de hospital que tenía Harry, haciendo un pequeño puchero y arrugando la nariz— Fue un día feo, tuve miedo y no quería irme con la tía Grace cuando ese monstro lanzaba muchos, pero muchos hechizos hacia mami.

—¿Monstruo, cielo? —preguntó Hermione y Lizzie la giró a ver mientras asentía.

Apreté lo labios, porque de verdad no quería que ellos le hablaran, pero sabía que impedir que mi hija contestara sería demasiado extremista. Además, aquella pregunta hecha me sonó como un ligero reclamo, como si ellos pensaran que yo había puesto esa palabra en boca de mi hija, a la cual no le revelaría siendo tan pequeña la identidad del atacante, no quería que empezara a tenerle miedo a un rostro o aun nombre, jamás la exclavisaría a eso, se lo diría cuando creciera y entendiera que ella jamás le haría daño, no mientras yo viviera.

—¡Sí! Un monstro todo negro que lanzaba hechizos a mami, mientras le decía groserías —contestó con seguridad, asintiendo repetidamente para darle más valor a sus palabras, y ambos Weasley tragaron saliva con fuerza— Mami se quedó a luchar contra eso, pero yo no quería irme, quería quedarme con ella —acaricié su cabello al escucharla, sabiendo que quizá al pedirle a Grace que se la llevara la asustó más todavía—. Luego tía Astrid me dijo que papi Harry estaba con mami, y que todos mis tíos también, así que ya no tuve miedo —dijo con una enorme sonrisa mientras abrazaba otra vez a Harry— Gracias por ayudar a mami, papi Harry.

—No hay nada que agradecer, mi amor, recuerda que una vez te dije que yo daría mi vida por tu madre y sobre todo por ti —contestó él y le besó en los cabellos mientras le acariciaba la espalda.

—Lo recuerdo, pero no quiero que estés aquí, vamos a casa, ¿sí? —pidió ella con el rostro suplicante y Harry sonrió más grande, mientras le asentía con entusiasmo.

—Lo mismo le dije a tu madre, pero ella insistió —me acusó y Lizzie me miró con ligera molestia.

—No me hagas esa cara, él necesita quedarse aquí para curarse de unas pequeñas heridas —si es que así podía llamarse a lo que le pasó— Además, la sanadora lo ordenó, pero ya mañana sale.

—Está bien, yo me quedare todo el día contigo, papi Harry, ¿te gusta? —preguntó con entusiasmo y Harry asintió mientras le besaba todo el rostro.

—Creo que mejor nos vamos, él se pierde totalmente en tu hija, Parkinson —escuché decir a Granger y yo giré a verla, esperando encontrarme con un gesto irónico o molesto, pero parecía estar tranquila y ser sincera.

Asentí y ellos se despidieron, sorprendiéndome de que Weasley no dijera ni una sola palabra, siendo el primero en abandonar la habitación sin mirar atrás. De verdad esperaba que ver a mi niña, a mi niña tan inocente y dulce le removiera la conciencia y le hiciera ver y entender el horror que quiso llevar a cabo su hermana, pues Lizzie no tenía ni una sola maldita culpa de lo que pasaba por la mente de Ginevra y mucho menos era culpable de que Harry me amara, quizá una razón más sí, pero no culpa.

Respiré más tranquila y me senté en la cama, viendo como ellos dos jugaban, se abrazaban y besaban. Minutos después Lizzie me pidió sus cosas para pintar y jugar, lo cual guardé en mi bolso, se los dí y le mostró a Harry todos sus dibujos y pinturas, mientras este la tenía acostada a su lado y la abrazaba con un solo brazo mientras le besaba en los cabellos. Sonreí ante la imagen tan tierna y hubiera dado todo por tener una cámara en mano, pero sabía que sería algo que jamás olvidaría.

Las horas fueron pasando y creí sinceramente que Lizzie se aburriría, pero no, lo que si hizo fue dormirse en determinado momento, después de que fuera a la cafetería del hospital por algo de fruta, barras de granola y un jugo, un bocadillo antes de comer. En esa salida también aproveché para mandarle una nota a Astoria pidiéndole de favor que mandara comida para nosotros, cosa que aceptó, informando que en una hora más nos llegaría.

Cuando ella al fin se durmió pude preguntarle a Harry como había ido todo con sus amigos. Harry se puso serio de inmediato y dijo que habían discutido, que él les dejó en claro que estaba muy decepcionado por no querer detener a Ginevra, que vale, no apoyó en ningún momento lo que yo y mis amigos quisimos hacer, que era matarla, pero que tampoco era justo que ellos en vez de detenerla, la hubieran protegido y entraran en un duelo con mi familia a pesar de escucharla. Me quedé callada ante eso, pues sabía bien que de verdad no quería la muerte de esa mujer y que jamás me hubiera permitido llevarla a cabo, pero también era consciente que yo lo hubiera hecho y estaba aun dispuesta si es que se volvía a acercar a mi hija en algún momento de nuestra vida.

Ellos quisieron justificarse, diciendo que a pesar de todo Ginevra era su familia, que no iban a permitir que yo o mis amigos la dañaran, pero que sabían que habían hecho mal al no detenerla a tiempo, y no se referían solamente a lo que pasó en el museo, sino también a lo que pasó cuando fue desterrada de la mansión Black, escuchar todo lo que planeaba y le gustaría hacer y no ponerle un alto fue estúpido por parte de todos, pero que ellos de verdad no creían que se atrevería a hacerlo, mucho menos que se atrevería a atacarme con ese infame hechizo.

Luego hablaron de lo que pasaría con ella, pues, aunque ya la mayoría habían declarado, faltábamos nosotros dos y ahí es donde decidirían todo. El ministerio estaba teniendo consideración con ellos, por Arthur y por toda su familia también, pero que era obvio que no podían negar la declaración del gran Harry Potter, siendo que él fue el más dañado de todos. Eso lo sabía, y también sabía que era por eso mismo que el ministerio no me había llamado todavía y aunque el día anterior no había tenido cabeza nada más que para verlo despertar, era claro que necesitaba ponerme al día con eso, llamar a los abogados de los Goldstein y hacer que la saturen de demandas hasta no poder más.

—Sabes que lo haré, ¿verdad, Harry? —pregunté, poniéndome de pie cuando terminó de hablar. Él me miró y yo miré a mi hija, quien se abrazaba a él, pues ella era la razón de todo— Diré de sus amenazas anteriores, para mí y mi hija, diré todo lo que me dijo mientras estaba en duelo con ella y del uso de hechizos que alguien como ella no debía utilizar.

Bufé con ironía ante el recuerdo de su magia y de los hechizos que utilizó, dando una vuelta más por la habitación. Era irónico como los leales y honorables leones siempre habían renegado de la magia oscura, más la familia Weasley que miraban con malos ojos a quienes deseaban conocerla y estudiarla, evitándola a toda costa y adjudicándola solamente a magos malvados, a magos de la casa de Salazar, de las familias sangrepuras y seguidoras de Voldemort. Pero quién diría que uno de los suyos había demostrado tener un gran conocimiento de ellos, lanzando hechizos erráticos, torpes, pero ejecutables y efectivos al final. No puedo decir que yo no hice uso de ellos en medio de nuestro duelo, usé algunos de los más aceptables, lo suficiente para no ser llevada a juicio. Conocía de hechizos, de magia oscura y sabía cual era el límite, y ese era el punto de aprenderla, para poder manejar, controlar o hasta evitar algo, debes conocerlo a profundidad y definitivamente no era algo que me avergonzara.

Miré nuevamente a aquellos ojos verdes que ayer vi cerrarse y que temí perder, pero ahora estaba aquí y era todo lo que importaba. Respiré profundamente y asentí convencida, por él y por ella debía hacerlo, debía hundirla lo más que pudiera para que no volviera a alcanzarnos.

—La hundiré, Harry, si puedo hacer que no vuelva a ver la luz del sol en toda su vida, lo haré —dije con dureza y él asintió lentamente y yo no quise pensar que de verdad estaba considerando que ella aún merecía una oportunidad de redimirse, porque si se atrevía a decir tan siquiera que ella no merecía una condena larga, tomaría a mi hija y desaparecía de su vida otra vez.

—Lo sé, Pansy, se que lo harás y estás en todo tu derecho…

—Los Goldstein haremos eso posible, hundiremos a todos los Weasley si es necesario, al mismo ministro si nos estorba —giré de inmediato al escuchar esa voz, esa potente voz que sonaba como un huracán, frío, cortante, algo que haría temblar a muchas personas. Miré con ambos ojos abiertos a las dos personas que, parados en la entrada, nos miraban fijamente— Y esperamos, señor Potter, que tenga sus prioridades bien establecidas y que sean ellas dos, como para nosotros lo son.

—No fallaremos en hundir a esa mujer —prometió Aranza, con aquella astucia y orgullo que siempre había mostrado—, tenemos los suficientes recursos y aliados para hacerlo —terminó de decir, mirándolo con gran reto, elevando una ceja de manera elegante.

David y Aranza Goldstein siempre irradiaban clase, orgullo y respeto, y eran exigente también con ello, pero cuando estaban molestos o se sentían atacados, podían igualarse en soberbia, malicia y maldad que los Malfoy tenían. Los Goldstein manejaban tan bien la magia oscura, aunque muy pocos lo sabían, por eso se habían mantenido tan ecuánime y distantes durante los años oscuros, nadie podría imaginar que aquellos dos rostros serios, pero hasta cierto punto bondadosos, pudieran ser peligrosos, rencorosos y vengativos.

Vi a Harry asentir con una seriedad sorprendente y yo me di la vuelta para ver nuevamente a mis suegros.

—David, Aranza, que gusto que estén aquí.

Me acerqué con cautela a ellos, pues parecían a los señores que conocí cuando apenas me comprometí con Anthony, aquellos seres fríos, severos y orgullosos, mostrándose en todo su poder y gloria, dando a demostrar porque ni siquiera Voldemort pudo reclutarlos, cosa que ofreció el señor oscuro y que ellos rechazaron con estoicismo, sin siquiera preocuparse por las represalias que pudieran haber en su contra, pues los Goldstein jamás se rebajarían a ser seguidores cuando siempre han tenido la posición de lideres y tampoco se deslumbraban con promesas de poder.

—Ven aquí, querida —dijo Aranza atrayéndome en un abrazo apretado, pero corto— Más nos alegramos nosotros de que estés bien.

—No podemos decir que no estamos algo resentidos por no ser informados de inmediato y tener que enterarnos por un bendito diario, Pansy, pero también entendemos que no tuvieras cabeza para hacerlo —dijo David, y aunque no era la primera vez que me abrazaba, pues lo había hecho en situaciones muy formales, el abrazo que ahora me dio se sintió más cálido de lo que esperaría.

—Discúlpenme, iba a hacerlo, pero apenas hoy fui a ver como estaban las cosas en el museo para enviarles toda la información…

—¡Merlín, Pansy! —exclamó Aranza ahora si enfadada y moviendo las manos como solía hacerlo Anthony en sus momentos más estresantes— El museo se pudo haber destruido, derrumbado e incendiado, y eso no nos hubiera importado ni un poco. Sólo nos importa que tú y nuestra pequeña Elizabeth estén bien —terminó de decir con una fuerte exhalación— Si para asegurar el bienestar de ambas nos piden tirar el museo abajo, lo hacemos y listo, ¿entiendes? —asentí mientras tragaba saliva y sonreía tímidamente, pues nunca la había visto tan fuera de sí.

—Creo que a Edward no le gustaría, sólo procuren sacar sus pinturas —dije con ligereza y ellos sonrieron un poco.

—Lo intentaremos —dijo David y luego dio un paso hacia Harry— Y sobre nuestras palabras, ¿que decide, señor Potter?

—Mis prioridades son ellas, señor Goldstein, no tengo duda, y si ustedes pueden hacer eso, que Ginevra Weasley jamás vuelva a ser un peligro para ellas, háganlo, no le den una oportunidad más para intentarlo, pues yo tampoco lo haré —dijo con firmeza, mirándolo a los ojos pude notar. Era una prueba, tenía el presentimiento de eso— Eso era lo que quería decirle a Pansy, que la ayudaría en todo lo posible, porque su familia está luchando y usando toda su influencia para que salga lo menos dañada posible, lo cual reduciría su condena enormemente, solo están esperando nuestra declaración que sería mañana cuando salga de aquí.

—Me alegro escuchar eso, señor Potter, porque si decía lo contrario no habría manera de que nos llevemos bien —dijo Aranza acercándose a él y ofreciendo su mano, que Harry tomó con suavidad y besó sus nudillos— Por cierto, somos Aranza y David Goldstein, los padres de Anthony Goldstein, suegros de Pansy Parkinson.

—Es un verdadero placer conocerlos, señores Goldstein, y lamento que sean en estar circunstancias y no poder pararme como debería —dijo con una sonrisa encantadora que ellos correspondieron.

—Las circunstancias claramente no son favorables, pero, si es cierto lo que escuchamos, nosotros debemos agradecerle lo que hizo por ellas —contestó David, apretando su hombro con una mano.

Para mi gran asombro, Aranza se acercó a él y le dio un beso en la mejilla, ligero y casi imperceptible, pero que logró que Harry se removiera incomodo, mientras un rubor discreto aparecía en sus mejillas. Quise burlarme de él, pero estaba tan sorprendida que sólo pude mirarlos. Sabía que ellos no estaban en contra de que yo tuviera una relación, ya sea con él o con quien fuera, pero aun resultaba algo tan extraordinario verlos de esta manera, verlos tan receptivos, era algo por lo que siempre estaría agradecida con ellos, pues estaba segura que muy pocas personas aceptarían de buena manera que su nuera estuviera con alguien más después de la muerte de su hijo.

—Gracias por salvar la vida de Pansy, señor Potter —dijo Aranza, con enorme sinceridad y gratitud—, debe saber que no sólo fue salvarle la vida, impidió que nuestra pequeña Elizabeth perdiera a su madre. Lo contrario hubiera sido devastador para ella y para nosotros.

—No se imaginan lo que hubiera sido para mí. Amo a esa mujer —dijo señalándome con la mirada—, yo hubiera muerto a su lado si algo le hubiera pasado, y salvarla a ella fue como salvarme a mí, salvar mi vida, aunque técnicamente la estuviera perdiendo. Sólo sé que daría mi vida por ambas, se los juro.

—Gracias por eso entonces —dijo Aranza con una sonrisa más sosegada, como si estuviera tranquila de algo.

—Gracias, ahora si me permite, tomare a mi nieta, hace tanto que no la vemos y quiero tenerla en brazos —dijo David después de estrechar su mano, tomando a Lizzie con cuidado, a la cual sostuvo como si fuera una bebé todavía.

—Creí que te parecería demasiado extremista el que yo no quiera que Ginevra salga jamás de ahí —dije acercándome a él cuando Aranza se unió a su esposo, para besar y tomar la mano de Lizzie que apenas se removió un poco en sus brazos.

—No, para nada, Ronald y Hermione me dijeron que, hasta George y Charlie, quienes son los más enfadados con ella, están intentando ayudarla. Lo entiendo, es su hermana, pero yo no le haré las cosas fáciles, se metió con lo que más amo y no puedo permitírselo otra vez —dijo pasándose una mano por el cabello, y yo asentí, no pudiendo tener rencor contra esos dos, pues era algo que ya esperaba, es su hermana después de todo y siempre habían sido una familia unida— Y lo que más me enfada es que están utilizando el pasado de todos ustedes para hacerlo, utilizando tu pasado más que nada, claro, excluyendo a Arthur, Hermione, George y Charlie, pero los demás no dejan de mencionarlo, intentando encontrar cualquier cosita del pasado para librarla de algún modo.

Apreté los dientes con rabia, pues ya sabía que estaban haciendo eso, los chicos me lo habían dicho y aquí la estrategia era no remover la arena que ellos estaban creando y acumulando, pues era un acto meramente desesperado por parte de ellos, no sabían ni que hacer porque por una vez en la vida nosotros no éramos los culpables, la culpable era Ginevra Weasley y eso era claro para todo el mundo. Aunque ciertamente estaban acorralando al ministerio con eso, pues era claro la simpatía que tenían los Weasley y eran queridos por la mayoría del mundo mágico por sus acciones durante la guerra.

—Eso no será un problema, Pansy, tú eres la viuda de mi hijo, eres una Goldstein y quizá futura Potter —dijo con diversión Aranza dándole una mirada a Harry, quien asintió sin pena alguna— Y Elizabeth es nuestra heredera, la última de los Goldstein y nosotros tenemos más influencia que un montón de pelirrojos que lucharon por el bien del mundo y se creen héroes a toda costa. Sin ofender —ofreció sin interés a Harry que lo dejó pasar

—Somos una familia muy privilegiada y nadie se mete con nuestra familia sin sufrir las consecuencias. Tenemos contactos e influencias que ni siquiera ellos pueden imaginar, y es seguro que tus amigos ayudaran, ¿verdad? —yo asentí a las palabras de David, pues eso era claro: Draco, Theo y Blaise no lo estaban dejando de lado— Además, aunque la guerra fue para equilibrar un poco las cosas entre los nacidos de muggles y los magos de antaño, el ministerio no se sostiene por ellos claramente, la sostenemos las familias aristocráticas sangrepuras, aunque muy pocos lo admitirían, y no todas esas familias participaron en la guerra, ni en contra ni a favor, manteniéndonos en una zona neutral que aun nos da algo de ventaja en estas situaciones. Somos un circulo cerrado, donde hay alianzas y favores a deber.

—El círculo de los sagrados, ¿verdad? —murmuré con asombro y ellos asintieron. Harry me miró interrogante y le susurré que luego le explicaría.

—Todavía existe, Pansy, en más exclusivo que antes quizás y todos ahí estamos en buenos términos con el ministerio, además de que no dudamos en ayudarnos, claro, cada favor tiene que pagarse, pero eso da igual, si es para mantenerla a ella segura —dijo mirando a Lizzie que empezaba a removerse un poco y luego vimos como se restregaba los ojos con una mano.

—Bebé, hola, mi amor —saludó Aranza con voz suave, acercándose más todavía a ellos.

Lizzie se removió y abrió lentamente los ojos, los cuales cerró un par de veces como si fuera a dormirse de nuevo, mirándolos sin sorpresa o sin entender del todo quienes estaban delante de ella, hasta que, al fin más despabilada, sonrió enorme y se lanzó al cuello de su abuelo, riendo y llenándolo de besos.

—Abuelito, abuelita —saludó con alegría, girando medio cuerpo para poder abrazar a la mujer que acariciaba su cabello y luego la tomó en brazos, apretándola con fuerzas.

—Mi amor, mi amor, no sabes cuanto hemos esperado para poder abrazarte, mi bebé —dijo ella y David las abrazó a ambas.

—Los extrañé mucho, muchísimo, ¿me trajeron regalos? —preguntó.

—¡Lizzie! —exclamé, pero sus abuelos rieron más fuerte y la abrazaron más todavía, diciéndole que sí, que habían traído regalos para ella y para mí.

Después de eso, su abuelo convirtió la silla en un sofá de dos plazas y ambos tomaron asiento con Lizzie en brazos, que no se cansaba de hablar y hablar sobre lo que había hecho en su ausencia, todos los juegos y las travesuras que hacía con Scorpius y Erick, y las reuniones en el patio en Malfoy Manor; habló de lo mucho que le gustaban sus clases con Narcissa y Astoria, diciéndole que adoraba bailar y tocar el piano, también pintar y que ya podía leer y escribir sola; que adoró su disfraz en Halloween, pedir dulces y comerlos, y se divirtió bastante en la fiesta; hasta que llegó al duelo en el museo, diciéndoles que tuvo mucho miedo, pero que yo y su papi Harry salvamos el museo.

Vi el rostro de mis suegros al escucharla llamarlo así y pude sentir la mano de Harry tensarse en la mía, viéndolos al igual que yo, esperando que tuvieran una mala reacción, pero ellos sólo nos dieron una mirada y regresaron su atención a Lizzie, quien seguía relatando lo asustada que estuvo, por las luces y el sonido de los hechizos.

—Y por eso papi Harry está aquí, mami dice que se lastimó por haber peleado con ese monstro —dijo Lizzie con los ojos enormes y asintiendo, para que le creyeran.

—Entendemos, mi amor —dijo Aranza acariciando su cabello, enredando los dedos en aquellos rizos que de seguro le recordaban a su propio hijo y esposo, mirando esos ojos que eran iguales a lo suyos— Fue un día difícil que no se repetirá, nosotros haremos que no vuelva a suceder.

—Es una promesa, mi princesa —juró David y Lizzie asintió con una mirada de tranquilidad.

—Y ahora dime algo, bonita, ¿desde cuándo el señor Potter es tu papi? —le preguntó su abuela, tan directa como siempre, pero suave con ella.

Me mordí los labios, pues, aunque los conocía, no podía determinar si estaban enojados o no, el rostro de ambos no me decía gran cosa sinceramente. Tal vez creerían que yo o Harry le habíamos pedido que lo llamara así, o que Lizzie empezaba a olvidarse de su padre, aunque eso no era verdad, ella siempre lo tenía presente, yo me encargaba de eso. En casa teníamos fotos de él, juguetes y regalos que Anthony le hizo, yo hasta guardaba en mi habitación un suéter con un hechizo para conservar su aroma, algo más que tangible para que ella lo tuviera siempre presente y que Lizzie me pedía abrir algunas veces para olerlo y abrazarlo.

—Mmmm… no lo sé —susurró Lizzie y luego se recostó en el pecho de su abuelo, jugando con los botones de su túnica, mientras el hombre acariciaba su espalda y cabello—. Papi Harry me trata como papi Anthony. Pero extrañó mucho a mi papi, abuelita —suspiró y sus ojos se aguaron, apretando más su mejilla contra él—. Papi Harry es divertido, no sabe algunas cosas, abuelita, no sabe de princesas y no sabe pintar tan bonito como papi Anthony, pero no es un mal papi —prometió. Yo miré a Harry y él sonrió con ternura mientras la miraba.

—Creo que habrá que enseñarle a pintar y dibujar —dijo Aranza tomándola en sus brazos y apretándola fuerte mientras besaba su frente y Lizzie asintió cerrando los ojos. Suspiré, pues pude ver en ellos una mirada tranquila, estando seguros de que Lizzie no había olvidado a su padre— Tu padre tampoco sabía hacerlo, pero yo le enseñé, tú tendrás que enseñarle al señor Potter.

—Lo intentare, pero es difícil —dijo levantándose y luego los miró a ambos—. De verdad es malo, muy malo dibujando —arrugó el rostro al decirlo y todos en la habitación reímos al escucharla.

Después de eso, ellos se llevaron a Lizzie a comer a fuera, mientras que una enfermera me llevó una canasta con comida que venía de la casa Malfoy. Lizzie no se opuso a salir con sus abuelos, sabía que los había extrañado tanto y ellos también a ella, asi que se fue con una sonrisa, con la promesa que regresaría para ver un rato más a Harry durante la tarde.

Yo me acerqué a la cama con la canasta y la abrí, encontrándome con sopa de verduras, pollo a la plancha y una ensalada de fruta como postre, también había una jarra de jugo de granada, así como utensilios, platos y vasos. Serví todo y transformé la tapa de la canasta en una bandeja para que pudiéramos comer a gusto, después de que Harry acomodara el respaldo de la capa para estar más sentado.

—Creí que ellos se opondrían a nuestra relación —fue lo primero que dijo después de comer algo de sopa.

—No. Ellos lo aceptaron antes que yo —contesté y pude ver un gesto confuso en él que me hizo reír.

—¿Cómo? No entiendo.

—Bueno. Claro que recuerdas tu escándalo en el baile del museo —le empecé a contar mientras tomaba un trozo de pollo con el tenedor. Él me miró con una sonrisa entre avergonzada pero no arrepentida— Ellos recibieron la noticia por medio del Profeta y hablaron conmigo, nunca se opusieron a que yo tuviera una relación, ya fuera contigo o con cualquier otra persona. Para ser sincera, antes de ti no había pensado en tener una relación, ni siquiera estaba preparada para una cita, sólo pensaba en Lizzie, así que jamás había hablado de ello o pensado en la reacción de mis suegros respecto a eso. Cuando pasó lo del museo, creí que estarían molestos, lo de Anthony aun resultaba muy reciente, un año no es mucho tiempo la verdad —miré a otro lado y suspiré con fuerzas, pues era algo que siempre me hacía estremecer, recordar todo, todo de aquel último día que tuve a mi esposo con vida.

—Nunca lo he preguntado, Pansy, porque sé que no tengo derecho de hacerlo y está bien si no quieres contestar —lo vi pasarse una mano por el cabello, mirándome con duda. Tomé su mano por un momento, pidiéndole que continuara. Él suspiró y pareció armarse de valor—, pero ¿cómo fue…? —lo vi dudar y pude ver en su rostro la pregunta completarse— ¿llegaste a…?

—¿Quieres saber como fue mi matrimonio? ¿Quieres saber si llegué a amar a Anthony? —pregunté sin enojo o tristeza.

Él asintió y yo apreté los labios. Era verdad que nunca lo había preguntado, y yo tampoco lo había hecho respecto a Ginevra y su vida con ella, pero él no dudó en decirme que la había llegado a querer, a querer de verdad, pero nunca la amó, no como ella quería al menos. Sinceramente, aunque no me lo hubiera dicho, yo tampoco se lo hubiera cuestionado, porque era algo que no me concernía, ya no éramos nada, era algo que estaba fuera de mi tiempo, fuera de mí, eso era totalmente entre ella y él, como aquel matrimonio suyo del que no quise saber nada cuando sucedió, así que no me interesaba si la amó o no, solamente me interesaba si me amaba a mí ahora. Pero Potter era celoso, Grace ya lo había dicho, era celoso, aunque nunca era de los que hacía escena como Blaise con Millicent, que podía ir y amenazar a un hombre sólo por acercarse con intenciones que él consideraba promiscuas o equivocadas. O como Draco que podía mandar silenciosas maldiciones si alguien se atrevía a mirar de más a su esposa o Theo que planeaba un envenenamiento si alguien se atrevía a coquetear con Daphne.

—No tienes que decírmelo, por como habla Lizzie de su padre puedo darme cuenta que fue un hombre merecedor del amor de ambas.

—Lo fue. No me molesta decirlo, confío en ti, sólo es algo complicado de contar, siempre lo fue —suspiré y me acomodé el cabello, mientras dejaba mi plato a un lado y sacaba algo de fruta para mí— Él y yo nos casamos porque mi madre y sus padres así lo quisieron. Sinceramente, yo no quería estar comprometida de nuevo y él no lo deseaba estarlo todavía, era un mujeriego de lo peor. Honestamente uno muy atractivo y muy guapo, no puedo quejarme por lo que me tocó—reí al ver aquella chispa de celos en los ojos de Harry, pero continué—. Ambos fuimos amenazados de la misma manera, mi madre me dijo que me quitaría lo poco que tenía y lo poco que tenía era para mis estudios, así que acepté; a él fue algo similar, ya tenía una carrera en ascenso, pero sus padres le dijeron que sería desheredado totalmente y sabía que, aunque podía mantenerse perfectamente con su trabajo, eso no sería para siempre y el estilo de vida que llevaba se vería afectado, así que aceptó también.

"Me pidió matrimonio en nuestra primera cena juntos, una broma contra nuestros padres, renunciando a la fiesta de compromiso y dándoles apenas tiempo para planear la boda que querían, pues lo que más queríamos ambos era irnos muy lejos de ellos. Ganaron la batalla, pero la guerra era nuestra, Pansy, fueron sus palabras esa noche que me dio el anillo. Acepté casarme sin pensarlo más y creo que lo empecé a apreciar justo en ese momento, porque me habló con la verdad, fue sincero y aseguró darme más libertad de la que creí que tendría siendo obligada a casarme con alguien que apenas conocía, prácticamente podía hacer lo que quisiera mientras le fuera fiel, y eso era más por las habladurías. Nos mudamos lejos de ambas familias, porque él no quería a mi madre cerca y ni a sus padres metiéndose. Viajamos mucho, una seudo luna de miel que se prolongó por unos cuantos meses mientras íbamos a sus partidos, esperando que reiniciaran mis clases. Lo conocí más durante ese tiempo, y encontré en él un amigo divertido, caballeroso y confiable. Lo quise, empecé a quererlo de verdad en ese tiempo"

Sonreí por eso, recordando aquellos meses que fueron mejores de lo que habría esperado por la manera en como empezamos. Vi el rostro de Harry y él me miraba con un tinte de dolor, pero sabía que no me interrumpiría y yo ya no podía detenerme, pues Anthony era algo que me pertenecía, era algo que pertenecía a Lizzie y siempre estaría ahí entre nosotros, pues jamás dejaría que mi hija olvidara a su padre. Podía sentir quizá lo que Harry sentía en este momento, pues era algo que yo también viví cuando me enteré que se casó con Ginevra, y aunque me prometí ya no pensar más en eso, no podía evitar recordar que él la escogió por sobre mí, él me abandonó por ella, por eso que él creía correcto en su vida. Yo no hice eso, yo no tuve opción y estar con Anthony fue algo afortunado al final. No me arrepentía de él y nunca lo haría, aun en esos momentos donde todo se fue abajo, no me arrepentí de haberme casado con él.

—Viajamos hasta establecernos en Reims donde me compró una casa cuando se enteró de mi embarazo —sonreí y luego me golpeó con fuerza el recuerdo de los pensamientos que tuve en aquel tiempo respecto a estar embarazada— Para ser sincera, yo no quería embarazarme —bajé la mirada y pude sentir la mano de Harry apretando la mía— Era demasiado joven, demasiado tonta también, Harry, y me enteré el día de mi graduación, cuando al fin tendría lo que tanto me costó conseguir. Antes de tener una familia, de tener hijos, quería forjarme una buena reputación y estatus, aprovechar esas ofertas de trabajo que me ofrecieron al terminar la carrera, tenía opciones para escoger donde quería iniciar, pero dentro de mí se estaba creando lo que sentí como una cadena —apreté los labios y miré con enojo la pared, pues ahora sentía mucha rabia contra mí por esos pensamientos que tuve. Lizzie no había sido cadenas, sino alas, ganas, motivación para todo— No le dije nada a Anthony, pero igual se enteró, claro que lo haría, y no me detuvo en mis nuevas metas, hasta que empecé a ser negligente conmigo misma, comía cuando quería, dormía cuando ya no me quedaba más opción, mientras mi embarazo y el trabajo me iban consumiendo cada día más, fue un milagro que no enfermara durante la gestación. Peleamos y mucho, él me pedía parar, pero yo no quería detenerme, necesitaba ser la mejor, pues fue por eso, por mi carrera, que me casé en primer lugar, algo que le grité muchas veces, hasta que él harto me dijo que igual uno de los puntos de nuestro trato era que tuviera a su heredero y yo había aceptado, algo que sí hice, pero no se suponía que fuera tan pronto.

"En fin. Lizzie llegó a equilibrar todo, o al menos eso pensé cuando nació y los primeros meses siguientes. Lo amé, Harry, llegué a amar a Anthony durante ese tiempo, me había dado lo mejor del mundo, me había dado una razón fuera de mí, del trabajo, fuera de todo, para vivir, ella era, es y será mi razón de vivir siempre y él me la dio, él hizo eso posible. Anthony estaba tan agradecido conmigo también, que me llenaba de regalos, de flores, de dulces, me consentía tanto como a su pequeña Beth porque yo lo había hecho tan feliz, agradeciéndome con detalles el que le diera una hija. Se volvió un padre devoto, perfecto, no se cansaba de estar con ella, de hablar de ella, es más, pocas veces me levantaba en la madrugada, pues él se hacía cargo de todo, excepto de alimentarla, ahí si tenía que hacerlo yo.

"Pero cuando terminó mi licencia de maternidad y él regresó al trabajo, todo se fue al traste, yo iba al trabajo y regresaba para estar con ella, evitando llevar el trabajo a nuestro hogar, pero cuando sabía que él iba a estar, lo hacía, trabajaba en casa mientras él la cuidaba, y eso a él le molestó, diciéndome que no le prestaba atención y que seguro era igual cuando no estaba él —suspiré y miré al techo, pensando que debí esforzarme más, demostrarle como era en su ausencia, pero estaba tan ocupada, siempre estaba ocupada y cuando él estaba pensaba en adelantar todo para cuando él no estuviera— Peleamos más y más, pues yo ya no sabía como decirle que eso no era verdad, que Lizzie estaba bien cuidada por mí en su ausencia, que la niñera se iba cuando yo aparecía, porque yo era su mamá y cumplía con mi papel, pero nada de eso sirvió. Quizá aun recordaba y tenía más que presente que yo no quería tenerla al principio, que me olvidaba de mí y de ella por querer ser la mejor.

"La verdad es que me molesté tanto que dejé de intentar convencerlo y dejé que pensara lo que quisiera, que pensara que era una mala madre, que era ausente y la olvidaba, dejé de intentar de hablar con él y dejé de intentar arreglar las cosas, dándome igual lo que hiciera. Error tras error por parte de ambos que nos llevó a destruir lo poco que habíamos construido. Eso nos llevó a pelear más, hasta el punto que sentí que dejé de amarlo. Y luego sucedió lo peor: me fue infiel —lo miré a los ojos y me encogí de hombros, mientras Harry se ponía más serio de lo que estaba ya. Recordar las fotos de él y esa mujer me hacía rabiar y entristecer aun ahora, aunque lo había perdonado—, ahí supe que no lo había dejado de querer realmente, porque aquello dolió como los mil demonios y lo odié por varias noches enteras, hasta que meses después, en los que fingimos estar bien por nuestra hija, pudimos hablar y me pidió perdón otra vez, y lo hice, lo perdoné, porque ya estaba cansada de pelear y de luchar por odiarlo, estaba cansada de ver que habíamos destruido algo bueno. Acordamos divorciarnos e intentar ser amigos como en el inicio, por nosotros y por Lizzie, sobre todo, pero nunca concretamos nada, pues él murió en aquel primer partido de la temporada aun siendo mi esposo. Nuestra historia terminó así, con él queriéndome, conmigo queriéndolo también. Pero no fue un amor de verdad, Harry, él me lo dijo, no me amaba como debía ser y ni yo a él y él lo sabía, pero nos queríamos. Lo quiero todavía y siempre lo haré.

Terminé de decir, mirándolo a los ojos mientras veía aquellos ojos rozados, pero ya no por celos o rabia, era tristeza, y entonces pude sentirlo, pude sentir como mis lagrimas bajaban y me las limpié rápidamente, mientras Harry acomodaba toda la bandeja en la mesita de noche. Me jaló a su pecho, apretándome entre sus brazos mientras yo me sentía sollozar. No sabía que hubiera pasado si Anthony no hubiera muerto, seguramente yo seguiría en Reims, viviendo con Lizzie, divorciada de él, pero recibiéndolo todos los días en casa mientras no estuviera de gira, jugando con nuestra hija los fines de semana, quizá haciendo cortos viajes para no aburrirnos en la ciudad, y ella y yo viajando para ver sus juegos. Seríamos amigos, seríamos padres de Lizzie y tal vez aun pelearíamos, pero ya no sería destructivo.

—Lo quise, Harry, no voy a mentirte, lo amé durante un tiempo en mi vida, pues fue alguien que también me amó, lo sé, quizá no como una pareja debía, pero si como dos personas que vivían juntos y tenían una hija a la que amaban más que a nada. Creo que muy en el fondo sabíamos que nuestro matrimonio no terminaría bien, un matrimonio arreglado pocas veces termina bien, pero éramos dos personas que no se conocían, que tenían ideas distintas y personalidades fuertes y duras también, pero también éramos dos personas que querían apoyo, que deseábamos ser más amigos que amantes, pero al final lo destruimos todo por orgullo, rabia y por querer tener la razón siempre —dije contra su ropa y él me apretó más fuerte mientras me acariciaba el cabello— Cometimos errores, ambos lo hicimos y cuando creímos que podíamos arreglarlo, sucedió, ese juego, ese maldito juego, esa buggler rompiendo su cráneo enfrente de nuestra hija, escuchando como todos gritaban mientras caía con la escoba, como yo gritaba su nombre mientras abrazaba a Lizzie y luego alguien avisándome lo que ya sabía, lo que ya sentía en el alma.

—Lo siento, Pansy, de verdad lo siento mucho —murmuró contra mi frente.

—Está bien. Es algo que quizá Lizzie y yo no podremos olvidar, por eso intento que ella recuerde todas las cosas buenas de Anthony, por eso quiero que sepas que él siempre estará presente, no importaba el tiempo o lo que pase, Anthony siempre estará presente, pues yo no puedo dejar que ella lo olvidé, porque Anthony no merece eso. Tal vez dude de su querer para mí, pero puedo asegurar que Lizzie fue el más grande amor de su vida, fue el amor de su vida.

—Lo entiendo y lamento haberte hecho contármelo —dijo besando mi frente muchas veces.

—Está bien —suspiré y me levanté de su pecho, limpiándome las mejillas— Creo que nunca te lo había dicho, no porque no confiara en ti, sólo que a nadie se lo cuento, de hecho, sólo tú y Draco saben que iba a divorciarme de él, ni mis suegros tienen idea de eso, aunque puede que lo sospechen, porque no dijeron nada cuando decidí ser llamada otra vez por mi nombre de soltera.

—Gracias por confiar en mí.

—Creo que igual quería demostrarte que lo hago. Anthony es algo doloroso, algo que duele y sólo a ti podría haberte contado lo complicado que fue todo —dije con una sonrisa y él tomó mis manos para besarlas.

—Te amo, Pansy, te amo tanto —dijo mirándome a los ojos.

—Yo también te amo —besé sus labios y luego reí, recordando que Anthony supo de mi gran amor por él, pero no era algo que le diría a Potter, no quería que su ego se inflara.

Un rato después, aparecieron de nuevo mis suegros con Lizzie, quien reía abrazando una hermosa muñeca de cabello rizado y negro, con los ojos azules y a quien bautizó con el nombre de Ella. Se subió a la cama y le contó a Harry lo que había comido y donde la habían llevado sus abuelos, así de donde le habían comprado aquella muñeca. Harry la escuchaba con atención y le hacía preguntas para seguir escuchándola, algo que mis suegros notaron y sonrieron, murmurándome que era bueno que él le prestara tanta atención.

—Lizzie lo tiene en sus manos —les dije y ellos asintieron complacidos.

—Perfecto —dijo Aranza y luego me tomó de la mano, alejándonos más de la cama con gesto serio— Aprovechamos el paseo para hablar con nuestros abogados, ellos ya estaban trabajando, aunque me dijo que están esperando tu testimonio, cosa que no presionaron ni el día del ataque o ayer porque sabían que estabas aquí y que el ministerio igual esta siendo algo paciente respecto a eso. También trabajan con lo que les mandó Grace, lo de los daños y el estado de los guardias, tienen los suficiente para que no salga en un buen tiempo, pero nosotros alargaremos más y más ese tiempo.

—Mañana iré. No puedo pasar otro día sin resolverlo, esa mujer…

—Lo sabemos, Pansy, ellos cerraran cada cosa que los Weasley quieran hacer y están preparando hasta una contrademanda por difamación —dijo David— Eres nuestra familia, Pansy, y nadie ataca o habla de nuestra familia sin recibir su merecido, los Weasley piensan que los aristócratas se conforman solo por aquellos que siguieron a Voldemort, pero ahora sabrán que hay muchos más y que tienen más poder de lo que creen.

Los Goldstein estaban más que enojados e indignados, habían intentado matar a su nieta, era claro que estaban a punto de mover cielo, mar y tierra por ella, o en este caso, estaban dispuesto a ir en contra del mismo ministerio para que Ginevra no saliera jamás de Azkaban.

Nos despedimos de Harry un rato después, cuando vimos que Lizzie estaba cada vez más cerca de quedarse dormida en sus brazos. Harry la abrazó y le besó las mejillas varias veces, antes de entregársela a David, el cual la tomó en brazos y se despidió de Potter con un asentimiento de cabeza, Aranza hizo lo mismo y luego siguió a su esposo, diciéndome que me esperarían en la sala de espera. Asentí y les prometí no tardar. Me dirigí a Potter, sentándome una vez más a su lado e inclinándome para besarlo con todas las ganas que tenía.

—Mañana sales de aquí. ¿Quieres que vaya a tu casa y te traiga ropa? —le pregunté y él negó, antes de tomarme por las mejillas y besarme de nuevo.

—No es necesario, Hermione me trajo una pequeña maleta hoy —yo asentí y suspiré, besándolo una ultima vez.

—Esta bien, te veré mañana. Duerme ya, por favor —le pedí y luego le acerqué la canasta, donde aun quedaban algunas cosas de la comida, las que con un pase de varita calenté un poco para que pudiera comer.

—Descansa, mañana nos vemos e iremos inmediatamente al ministerio —dijo con algo de intranquilidad.

—De acuerdo, igual los abogados de los Goldstein nos estarán esperando y David hablara en persona con el ministro.

—Ella no volverá a acercarse.

—Eso espero, sino yo misma acabare con ella —aseguré y él asintió.

Salí de su habitación y me dirigí a la sala, donde mis suegros sentados esperaban por mí, con una Lizzie algo más risueña que abrazaba su muñeca.

Fuimos a casa, como sabía que los Goldstein preferirían estar en su hogar, decidí que estaba bien pasar la noche con ellos. Lizzie no puso objeción alguna y cuando entramos pidió ser bajada de los brazos de David para ir a su habitación, empezando a correr para subir las escaleras, lo cual su abuela detuvo para decirle que era mejor caminar y evitar una caída. Lizzie suspiró y asintió, subiendo de igual modo un poco más rápido de lo normal. Sabía que estaba entusiasmada por ver su habitación, una igual de espaciosa como en nuestra casa, llena de juguetes y libros que ella nunca pedía llevar, pues en casa tenía tantos como aquí. Yo sonreí al verla tan llena de energía nuevamente y me detuve un momento en el salón principal. También yo tenía una habitación, la misma que había compartido con Anthony las pocas veces que veníamos de visita y por ello mismo retrasaba más el momento de tener que ir a ella.

Después de la plática con Harry, me sentía algo vulnerable respecto a él. Y esta casa estaba llena de recuerdos suyos, no sólo de cuando nos casamos, sino de antes, desde su niñez hasta su muerte. Cada foto, trofeo, adorno, todo era un recordatorio de su vida y no pude evitar recorrerlos todo con la misma curiosidad de la primera vez, pero en esta ocasión, llena de nostalgia por su ausencia. En Reims también había un montón de cosas de él, cosas que no quise guardar o quitar, todo estaba como cuando él vivía, quizá su ropa ya no, por mi salud mental tuve que descolgarla, pues cada camisa, túnica, capa, era un recordatorio de que ya no estaba y yo no podía seguir viendo su clara ausencia junto a mí.

Tal vez nadie podría entenderme, pues, aunque era más que feliz con Harry, más de lo que imaginé tener fuera de Lizzie, o con otra persona, extrañaba a Anthony, a veces, días como hoy, demasiado.

—Nosotros también lo extrañamos, querida —escuché decir a Aranza mientras tomaba una de las fotos de nuestra boda.

—Hoy le hablé a Harry de él, no lo había hecho, no porque no quisiera o no confiara, sino que Anthony es algo que me pertenece, algo que le pertenece a mi hija, lo siento tan nuestro que no quiero compartirlo más allá de Lizzie —suspiré sintiendo la enorme sinceridad que eso involucraba.

—Pero el señor Potter sabe eso, Pansy, sabe que es parte de ti y de tu pasado, es parte de Lizzie, dudo que quiera quitarlo —sentí la pequeña y fría mano de Aranza sobre mi hombro.

—No, no quiere hacer eso, es sólo que Anthony sigue siendo un tema complicado, toda nuestra vida lo fue —susurré lo último, dejando la foto nuevamente en su lugar.

—Parece un buen hombre, se ve que Lizzie lo aprecia —giré hacia la voz de David y asentí a sus palabras.

—Desde el inicio fue así, desde antes que yo misma aceptara —confesé y ellos sonrieron— ¿No les incomoda? Ya saben, todo el asunto de ella llamándolo como lo hace. Yo no se lo pedí, jamás lo hubiera hecho, pero hasta yo me sorprendí cuando dejó de llamarlo simplemente Harry para empezar a decirle papi Harry.

—Nos tomó por sorpresa. Pero nunca pensamos que tú la hubieras obligado, Pansy —dijo Aranza.

—Además, tal parece que sabe diferenciar ambas cosas. Sabe bien quien es su padre.

—Lo sabe, David, lo sabe bien —me senté en el sofá y miré por un momento al techo, aun no tenía animos para subir— Respecto a lo de mañana…

—Haremos todo lo posible porque no salga y se vuelva a acercar a ustedes, Pansy, de eso no hay duda —contestó él.

—Eso es lo que quiero —suspiré nuevamente y me pasé la mano por el rostro— Sé que he tardado para ir al ministerio, pero con todo lo que pasó, el que Harry casi muriera fue demasiado.

—Comprendemos, querida, de hecho, no le agradecimos como se debía al señor Potter por eso, sabemos que el recibió la maldición por ti.

Sectumsempra. Maldición prohibida, creada por Severus Snape, el contrahechizo es largo, difícil y complicado. Harry me salvó arriesgando su vida y Draco salvó la suya —conté de manera resumida todo lo que sabía de aqul hechizo que Draco mismo me contó— Yo quería matarla, iba a hacerlo, pero Harry dijo que, si yo lo hacía, o si mis amigos lo hacían, terminaríamos encerrados y él no podría hacer nada por sacarme de ahí. Sinceramente no me importaba, Lizzie es más importante, aunque una parte de mí quería detenerse, porque después ya no podría estar con ella y mi hija no merecía eso. Pero Ginevra enloqueció más, tanto que al escuchar a Hermione Granger decir que la entregaría, la atacó y luego lanzó su hechizo, diciendo que si la atrapaban al menos que fuera por matarme. Harry me abrazó y nos hizo girar, haciendo que el hechizo le diera en la espalda.

—Esa mujer enloqueció totalmente —la mueca de Aranza fue una mezcla de rabia, resentimiento y pena al mismo tiempo.

—Así es, Aranza, y hay algunos de su familia que la apoya ciegamente —recordé que Molly culpaba a Harry de todo y de seguro a mí también, que Billy y la francesa estaban molestos y que Percy siempre la alentaba.

—Pues eso le perjudicara, no descansaremos hasta verla encerrada y lejos de mi nieta y de ti. Sabrán que con los Goldstein nadie debe meterse —dijo con verdadera rabia David y Aranza tomó su mano en una ademan de calmarlo.

Después de eso y de tomar un té con algunas panquesitos de queso que sólo su elfo podía hacer, nos retiramos a dormir. Pasé a la habitación de Lizzie, llevándole un vaso de leche y galletas, ayudándola con su cambio de ropa y pidiéndole que se durmiera ya, que mañana ya tendría tiempo para jugar todo lo que quisiera. Ella suspiró resignada y aceptó, sobre todo cuando sus abuelos pasaron a darle sus besos de buenas noches.

Al día siguiente decidimos que lo mejor era llevar a Lizzie con los Malfoy, porque sería imposible, más bien ninguno de los tres quería, llevarla al ministerio. Lizzie se puso de terca, no queriendo estar lejos de sus abuelos, pero al final ellos la convencieron, prometiendo que no tardarían tanto y luego regresaríamos a casa para que pudiera abrir los regalos que trajeron para ella. Yo sólo rodé los ojos al verla aceptando sin decir nada más. Era una niña consentida y mimada, pero no podía quejarme tanto, porque también era una niña inteligente y obediente, sólo que sabía aprovechar muy bien cuando sabía que recibiría obsequios.

Dejamos a Lizzie con Narcissa, quien apenas platicó con los Goldstein, quienes prometieron pasar después para ponerse más al día respecto a todo. Narcissa y Aranza eran algo así como amigas, aunque bueno, según ambas siempre había existido una seudo rivalidad que las hacía querer competir para ver quien asistía con el mejor vestido a una gala benéfica u organizar las mejores reuniones anuales, cuando el circulo de los sagrados aun se consideraba un grupo selecto. Pero todo eso se terminó con el regreso de Vodemort y el hecho de que aquel grupo se dividiera en los que estaban en contra y a favor, o los neutrales, como fueron los Goldstein. La verdad, cuando me casé con Anthony, pensé que habría una brecha enorme entre mi familia política y los Malfoy, pero no, la verdad es que se respetaban mutuamente y los Goldstein jamás hicieron de menos a los Malfoy después de todo lo que pasó y perdieron al terminar la guerra.

—Los Malfoy sólo están pasando por un bache social desafortunado, pero se recuperarán, después de todo, son magos poderosos, ricos e inteligentes, hay pocas cosas que pueda con magos así y por eso deben ser respetados, sobre todo Draco Malfoy, un joven afortunado sinceramente, llegara lejos si sabe como hacerlo —me dijo una vez Aranza durante esas tardes para organizar mi boda, después de que Narcissa se retirara—. Sinceramente no sé que los llevó a tomar ese camino, quizá la propia ambición de Lucius por querer ser más poderosos de lo ya eran, un error que les salió caro, porque no se puede negar que eran una de las familias más importantes del mundo mágico —ella bajó la tacita y tomó una galleta, mientras reacomodaba la servilleta sobre su regazo— Nosotros no estamos a favor del exterminio de los muggles o los magos nacidos de ellos, Pansy, pero no podemos negar que nos gustan seguir ciertas tradiciones, así como tener una descendencia fuerte y poderosa, por eso tú y Anthony son perfectos el uno para el otro —evité hacer una mueca, pues aunque la tradiciones me parecían buenas, excepto por los matrimonios arreglados, no podía evitar pensar que no éramos más que un tipo de ganado para nuestros padres.

Cuando salimos de la mansión Malfoy nos aparecimos delante de San Mungo, aunque les dije que yo podía llegar después con Potter, pero ellos insistieron en no dejarme sola, además de que era importante que vieran que, a pesar de todo, yo era respaldada por ellos y eso los Weasley tenían que verlo y saberlo. En fin, no dije nada más y me apresuré a ir a la habitación de Harry, donde este ya estaba recién duchado y colocándose una camisa azul que le quedaba de maravilla.

—Hola —dije al entrar, feliz de verlo recuperado del todo, aun no podía sacar de mi cabeza la imagen de él cayendo por aquel hechizo.

—Hola, mi amor —saludó y yo me acerqué para terminar de ayudarlo con los botones, para luego recibí un beso en los labios.

—¿Estás listo? —pregunté y él asintió, antes de besarme de nuevo.

—Sí, hace un momento vino Hannah a darme el alta —dijo señalando un papel que estaba sobre la cama.

—Perfecto, entonces andando, mis suegros nos esperan en la sala —le conté y él terminó de acomodarse el cabello y luego cerró la pequeña maleta que Hermione le había dado el día anterior, y antes de que él pudiera sacar su varita que por alguna razón le dieron demasiado rápido, agité la mía para reducir el tamaño de la maleta y guardarme en el bolso.

—Pude hacerlo.

—No me importa —contesté y él me miró con diversión—. No harás magia hasta que a mí se me de la gana.

—¿Así? ¿Y cómo iremos al ministerio si no puedo usar magia? —preguntó con una sonrisa burlona.

—No me retes, Potter, tu núcleo mágico se vio afectado, además de que yo puedo hacerlo, yo te llevare —lo apunté con un dedo y él me miró negando con la cabeza.

—Pansy…

—No digas nada, lo haré yo. Soy capaz de hacerlo y, además, soy poderosa, más de lo que crees —contesté y me volvió a tomar del rostro.

—Nunca he dudado de que lo seas, pero no es necesario, no es la primera vez que pasó por algo como esto, bueno, no precisamente esto —dijo cuando elevé mi ceja con ironía—. Pero sé puedo hacerlo.

—Lo sé. Sólo no hoy, por favor —pedí con dulzura, pero supe que tendría que hacer otra cosa para convencerlo y no era algo que se me dificultara hacer realmente, Potter era como un gatito entre mis manos si sabía como seducirlo.

Tomé la cinturilla de sus vaqueros hasta acercarlo más a mí, mirándolo a los ojos y acercando mis labios a los suyos, besándolo castamente antes de retirarme y verlo a él buscando mis labios casi con los ojos cerrados. Sabía que ya lo tenía a mi merced, entonces arremetí contra su boca, sintiendo a Potter corresponderme de la misma manera. Sonreí en medio del beso y lentamente fui pasando mis manos hacia su espalda para hacerme con su varita. Acaricié sus labios con mi lengua, hasta que mis manos alcanzaron la punta de ella que siempre estaba dentro de una funda especial. Jalé con rapidez y me separé de Potter en ese momento, mostrándole su varita juguetonamente, haciendo que me soltara por completo, y caminar hacia la puerta.

—Pansy —reclamó.

—Anda, termina de ponerte la chaqueta, te espero allá —le dije con una sonrisa mientras guardaba su varita en mi bolso también.

—Eso no fue justo.

—Te dije que no me retaras, Potter —repliqué y él me miró de nuevo con aquella mirada divertida y cariñosa. Pareciera que nada de lo que hiciera podría molestarlo de verdad.

—Sólo porque sabes que soy débil ante ti —confesó mientras tomaba su chaqueta café—. Sabes que eres mi debilidad.

—Y espero que ante nadie más y que yo sea la única, Potter —dije al momento de salir y cerrar la puerta atrás de mí, sintiéndome totalmente satisfecha por sus palabras.

—Cómo si no lo supieras, serpiente manipuladora —lo escuché decir en voz un poco más alta y yo reí ante eso.

Cuando llegué a la sala y vi a mis suegros, suspiré. La verdad es que de sólo pensar cual sería nuestra siguiente parada me hacía sentir agotada, sobre todo porque sabía que las siguientes horas serían largas, llenas de preguntas e interrogatorios, enfrentamientos con esa familia que después de esto seguramente me despreciarían más de lo que ya hacen, porque los Goldstein no iban a ser tolerantes o bondadosos, ellos harían que ella pagara y de la peor manera, y por supuesto, como ya lo habían dicho, lograrían que los Weasley se arrepintieran por querer hundirme con cosas del pasado, querer sacar a la luz lo muy perjudicados que quedamos mis amigos y yo después de la guerra, sólo porque no tenían ni idea de cómo salvar a Ginevra ante el horror que llevó a cabo.

—¿Estás bien? —preguntó Aranza al ver que me quedé quieta.

—Sí, es sólo que quiero que esto ya termine —suspiré y ellos asintieron.

—Lo hará, Pansy, te lo aseguramos —respondió David con seriedad, pero calidamente.

—¿Lista? —sentí la mano de Potter tomar la mía y asentí a sus palabras, sonriendo débilmente.

—Es hora de ir, nuestros abogados ya están allá —nos apuró Aranza y Harry asintió, empezando a caminar atrás de ellos, sin soltarme la mano.

Cuando bajamos las escaleras nos preparamos para desaparecer. David y Aranza se tomaron de las manos, pero cada uno con su varita lista para hacer el hechizo.

—Señor Potter, ¿no le devolvieron su varita? —preguntó David y Harry negó con una sonrisa.

—Lo hicieron, señor Goldstein, pero alguien me la quitó —dijo señalándome con la mirada.

—Su núcleo mágico se drenó prácticamente, es más peligroso que tan siquiera lo intenté —comenté y ellos lo comprendieron de inmediato. Potter podría matarse si no lo lograba—. Yo lo llevare.

—Sí, es mejor así —reí ante la cara de Potter por la respuesta de Aranza—. Además, Pansy sabe hacerlo muy bien.

—En tu cara, Potter.

—¡Pansy! —gritó Aranza, y Potter y David se empezaron a reír por el regaño que claramente me dio.

Yo sólo me encogí de hombros con una sonrisa. Sinceramente lo único que buscaba era sentirme más relajada porque una vez en el ministerio, la gente tendría que olvidarse de verme sonreír siquiera. Me conocía, sabía que lo único que desearía sería matar a alguien sólo de empezar a recordar las palabras de Ginevra y el accidente de Potter que casi lo mata.

—Lo siento. Pero es que Potter me vuelve loca, pero ya estoy lista —ellos asintieron y con una última mirada severa de Aranza, desaparecieron—. Ya estarás contento, Potter, Aranza me recriminara y lo peor es que se lo dirá a Narcissa, y ambas son de temer.

—Ese no era el objetivo, pero estoy satisfecho —respondió con diversión, mirándome con alegría—. Pero ven acá, abrázame, puede ser peligroso sino lo haces al momento de desaparecer.

—Sí, claro —bufé, acordándome de aquella noche en París donde nos hizo aparecer delante de la Torre Eiffel y supe que se estaba aprovechando para abrazarme más de la cuenta cuando no era tan necesario.

—Todo estará bien, Pansy, te lo prometo —me rendí ante al abrazo, correspondiéndolo de igual modo, asintiendo contra su pecho.

—Vamos entonces —me alejé un poco de él y saqué mi varita, sintiendo como nuevamente me envolvía entre sus brazos, pero dejando mi mano libre para poder llevar a cabo del hechizo.

Suspiré una vez más y cerré los ojos, moviendo la varita con rapidez, esperando que todo fuera rápido, fácil y sencilla, aunque eso era soñar demasiado. Necesitaba concentrarme y librarme de Ginevra, hacer que la encierran para siempre, porque de lo contrario jamás podría estar tranquila por Lizzie y por Potter. Porque si ella pudo detener su corazón una vez, nada me garantizaría que no lo hiciera de nuevo y yo no estaba dispuesta a vivir eso. No otra vez.

Era momento de hundirla. O ahogarla. O lo que garantizara que jamás la volviera a ver.


Hola. Espero que le haya gustado y debo ser sincera, no he escrito el siguiente, pero de lo que estoy segura es que el capítulo 26 será el último.

Se supone que no sería un fic tan largo, pero bueno, sé que nunca debo decir eso porque nunca cumplo con mis propias promesas. En fin, nos leemos pronto.

By. Cascabelita.