In The Stars

Un suspiro cansino salió de los labios de Senku.

Hoy había sido un día especialmente pesado, bueno, todos los días desde su regreso a la aldea Ishigami lo habían sido, pero hoy fue tal vez un poco más de lo que estaba acostumbrado, una cena navideña para todos en la aldea, incluyendo las personas que se habían sumado a su causa, no era una tarea fácil, incluso con François y sus habilidades para hacer realidad hasta el banquete más extravagante con los pocos ingredientes y con la amenaza de aniquilados siempre respirando en sus cuellos.

Y es entonces que una sonrisa tira de sus labios.

Al fin lo había logrado. Ishigami Senku había llegado al fin al origen de la petrificación. Después de siete años había podido acabar con el hombre del Why, y ahora por fin podría comenzar con su tarea de salvar a los siete mil millones de personas que aún dependían de él.

Escuchando a lo lejos los festejos provenientes de la aldea, Senku miro al cielo desde la ventana del observatorio. Si bien, ese lugar era perfecto para admirar el cielo –ya que obviamente esa era su función–, algunas veces solo iba a ese lugar a encontrar un poco de paz.

Sus dedos se deslizaron por la estructura de bambú del telescopio dejando que la sonrisa diminuta amenazara con convertirse en una más grande, apreciaba ese telescopio casi tanto como había apreciado que su padre le regalara todo su material científico.

Papá te ayudará, ¿vale? Pero solo si vas en serio, Senku.

Ese hombre.

Aun a pesar de los años el jodido nudo en su garganta no desaparecía cada vez que los recuerdos de su infancia junto al astronauta aparecían en su mente ¿alguna vez lo haría? Senku esperaba que sí, era patético ser un hombre de 23 años –sin contar los tres mil setecientos que paso petrificado– que aun no podía lidiar del todo con la pérdida de su padre.

Aunque… tal vez nadie lo culparía.

Ishigami Byakuya, fue, era y sería el mejor padre que él conocería nunca, lo malo ahora es que algunas veces se le hacía difícil, e incluso irreal, sopesar la idea de que nunca más volvería a escuchar su voz, que nunca volvería a ser presa de los chistes del hombre, que no volvería a tener palabras de aliento como las que solo él le daba, que noches de ramen a su lado más nunca pasarían, de que tarde o temprano su memoria comenzaría a borrar algunos detalles sobre él, y que jamás sabría si se estaba convirtiendo en el hombre que él deseaba que fuera.

¡Con ese paso firme de la ciencia puedes conseguir cualquier cosa!

Sintió los ojos picarle mientras sus puños se contrajeron, el mismo sentimiento que había experimentado al visitar la tumba de su padre seguía en su pecho casi tan fresco como ese entonces.

–¿Senku? –trago duro, en un fallido intento por deshacer el nudo en su garganta y evitar las lágrimas, en cuanto escuchó esa voz a sus espaldas.

–Tan sigilosa como siempre, leona –su voz se había escuchado casi tan raposa como lo esperaba, sin embargo no le dio oportunidad a la rubia de preguntar girando y lanzando una sonrisa ladeada en su dirección.

Mirando a esa mujer… esos siete años parecían no haber ocurrido.

Kohaku seguía igual que el día que la conoció.

Con esos enormes ojos azules aun mirándole con admiración, con esa sonrisa llena de ferocidad y su cabello atado en esa coleta alta que le hacía ver como una leona, mierda, aun cuando su ropa no era más ese vestido azul rasgado seguía siendo la chica debajo del árbol que él conoció a sus dieciséis años.

–No me llames leona –su ceño se frunció mientras se cruzaba de brazos haciendo reír al peliblanco por el puchero que se formó en sus labios.

Aún cuando ella seguía reclamando por el apodo, Senku estaba seguro de que para este punto ya lo había aceptado y ese intercambio fungía como un mero saludo.

–¿Qué haces aquí? – preguntó sin perder de vista la figura de la chica hasta que ella se posó a su lado junto al telescopio.

–Vine a buscarte, sé que no te gustan las fiestas, pero esta es navidad, así que... –si ella noto el recorrido que hicieron sus ojos en su curvilínea figura enfundada en ese vestido rojo muy parecido a una ayudante de Santa que Yuzuriha había confeccionado especialmente para, ella decidió ignorarlo, pues cuando el carmesí de sus ojos se encontró con el zafiro de ella estos se suavizaron. –¿Ocurre algo? –su voz se volvió un susurro al pronunciar esas palabras.

–Nada realmente –agito la cabeza, más que un acto de negación fue un estúpido intento por desaparecer los pensamientos anteriores de su mente.

–No te creo ni un milímetro –una risa entre dientes fue su respuesta, era divertido cuando ella adoptaba sus palabras en una absurda forma de intentar ganarle una discusión.

–Solo pensaba en lo excitante que será comenzar con las restauración, los miles de reinvenciones que se necesitaran ¡Incluso podríamos superar los avances tecnológicos en menos de diez años!

–Suena emocionante –la sonrisa que tira de los labios femeninos no llega hasta sus ojos, aunque pronto llega la razón de esto –pero sé que no es cierto.

El toque de las pequeñas manos no se siente inusual cuando se pasea por su rostro.

–Eres demasiado astuta, leona– la sonrisa que le ofrece al fin llega hasta sus ojos aguamarina –pero no lo suficiente –la débil bofetada que recibe a cambio lo hace reír de nuevo.

Oh… molestar a Kohaku siempre es tan divertido.

–¿Me dirás en qué pensabas?

Molestar a Kohaku es divertido, pero no es ni un milímetro de divertido cuando parece que esos enormes ojos azules que tienen una vista fenomenal también pueden ver a través de él ¿será otra de esas curiosidades que no puede explicar en la rubia? Es ilógico desde donde lo vea, aunque no sería la primera vez que la lógica abandona su cerebro con todo lo relacionado con esa mujer.

Mirándola de regreso no puede evitar que sus pensamientos traigan de nueva cuenta a su padre.

¿Qué pensaría Byakuya de ella?

¿Qué era una candidata perfecta para él? ¿Ya estaría planeando en su mente una boda e incluso nombres para sus inexistentes hijos?

Una risa fue reprimida en el fondo de su garganta. Su padre siempre estuvo loco, siempre lleno de cuentos absurdos para todo.

"–¡¿Por qué la luna no deja de seguirme a todas partes?!

Jajaja, Senku,¿tal vez le gustes a la señora luna?"

–¿Por qué no vas con el resto? Estoy seguro de que Ryusui y el mentalista te estarán buscando para un juego de póker, esos dragos podrían servirnos más tarde.

–De hecho vine a buscarte por eso, no puedo jugar contra ellos sin mi pareja de juego –ambos ríen ante esas palabras.

–Esta noche no creo serte de utilidad, leona.

El silencio vuelve a inundar el ambiente, con solo la fiesta escuchándose a lo lejos. Sus ojos se vuelven al cielo...

Es un hombre de veintitrés años que acaba de terminar con la peor amenaza, hasta ahora, en la historia de la humanidad, con méritos notables, y que trabaja en lo que más ama en pro de la humanidad, y sin embargo, aquí está, sintiendo pena de sí mismo.

–Desde pequeño, Senku mostró interés en cada cosa misteriosa o extraña… –Esas palabras le sorprendieron en un inicio aunque eso no parece importarle a Kohaku, pues ella continua –A Senku le gustaba tanto el espacio como a su padre, pero piensa por sí mismo y construye las cosas. –es entonces que todo tiene sentido para él, la última de las cien historias, aunque eso no le hace entender la razón de traerla a colación –Encontró la ciencia y no pudo dejarla.

Esas últimas palabras están acompañadas de una sonrisa y una leve caricia de la pequeña mano en su mejilla.

–¿A qué viene esto, leona? –pregunta con la sonrisa ladeada que sabe le gusta a Kohaku.

–Le pedí a Ruri-nee que me contara la última historia completa –explica con ese tono tan cómplice a pesar de que es poco probable que alguien los esté escuchando. –Tu padre te ama demasiado, Senku, y él confiaba tanto en ti para salvar a la humanidad.

Es extraño como Kohaku puede ver a través de él, cómo puede estar tan sincronizada como para saber las palabras que él necesita escuchar.

–Kohaku… –un dedo se desliza hasta sus labios en un intento de silenciar sus palabras.

–Todos confían en que tu lo harás, yo confió en ti.

Es extraño, demasiado extraño lo que pasa alrededor de la rubia, ella es tan absurdamente ilógica que la excitación de descubrir todos los misterios que en ella yacen termina en ese cosquilleo en el estómago que podría fácil compararse con las mariposas propias del enamoramiento.

Absurdo…

Piensa mientras su mano sube hasta la mejilla de la rubia y la atrae más a sí para al fin besarla. Tan sincronizados que incluso el beso parece fluir tan natural, con los labios acariciándose tan lento y los toques efímeros como la primera vez.

–Eres tan ilógica, leona –el murmullo es apenas audible, tanto que Senku piensa que tal vez Kohaku no lo ha escuchado, pero la sonrisa que tira de los labios contrarios sabe que lo ha escuchado.

Senku no está seguro de cuánto tiempo pasa mientras se besan, los sonidos se encuentran atenuados, y en lo único que puede concentrarse es en la sensación hormigueante que comienza desde sus labios y que recorre todo su cuerpo, los pensamientos pesimistas se esfuman de su mente y lo único en lo que puede pensar es en Kohaku.

–Si alguna vez el cielo está cubierto de nubes, yo te mostraré el sol –murmura ella una vez que sus labios se alejan.

Byakuya la amaría, Senku está seguro de eso mientras sus ojos escanean el rostro de la rubia, con esos ojos azules mirando con la misma admiración de siete años atrás, y con la sonrisa más conciliadora que alguna vez le ha visto.

¡Papá te traerá muchos regalos científicos, Senku!

Tal vez su padre no estaba tan loco, sí había ayudado a que los aldeanos fueran sus aliados, dejando materiales en el Soyuz para él, y contribuyendo de alguna forma a que alguien como Kohaku terminará por estar en su camino, mierda, su padre debió de quererlo de verdad.

–Vayamos con él resto, leona, esos dragos no se ganan solos –ella parece captar rápido el mensaje entre líneas, con su sonrisa de leona y un último beso ella camina hasta la entrada del observatorio.

–Oye, Senku –esas palabras llaman su atención –eso de la astronomía no es lo mío, pero tengo el presentimiento de que el que tu y yo nos encontráramos estaba escrito en las estrellas.

–Eso es ilógico, leona –murmura mientras bajan del observatorio solo para sentir como ella toma su mano tan pronto lo hacen.

–¿Tan ilógico como la existencia de ese Santa Claus del que Gen nos contó?

–Incluso más que eso.

–Eres tan amargado, Senku, sí sigues así no recibirás nada.

–No me preocupa, leona, la sola existencia de un viejo que recorre el mundo para entregar regalos es absurda al diez billones por ciento, y lo sabes.

Con una conversación tan banal, Senku empujó los pensamientos pesimistas al fondo de su mente, mierda, no sería víctima de la depresión navideña –término que incluso la psiquiatría no reconocía–, cuando podía estar ganando dragos junto a la mujer más astuta que había conocido.

Notas de la autora:

1.- Un poco tarde, pero lo prometido es deuda, este fic es mi regalo para Camila T. Mayta, miembro del grupo Senku & Kohaku, como parte del evento Santa secreto, espero le guste tanto como a mi me gusto escribirlo, felices fiestas a todos.

2.- Agradezco a quienes leen, y un poquito más a quienes dejan un review.

3.- Personajes de Inagaki y Boichi, historia mía, inspirada en la canción de One Ok Rock del mismo nombre, sin más me despido, cuidense, y sayonara.