Hermione, Ron y Harry aparecieron en un bosque de Holanda, las autoridades del país habían avisado de brotes de magia en ese lugar y con un hechizo rastreador pudieron confirmar que se trataba de Goyle un ex compañero de clases del trío de oro.

Goyle era uno de los tantos mortífagos prófugos luego de la Batalla de Hogwarts.

Los tres chicos eran aún aprendices de auror, sin embargo, habían demostrado gran talento para ejercer dicha profesión, en especial, Hermione Granger, que como siempre obtenía las mejores calificaciones del curso y prometía ser la mejor auror de su clase.

Y dentro de tres meses obtendrían su diploma, pasando a formar parte del cuartel oficialmente. El tiempo había pasado muy lento para la castaña, sabía que cada día que pasaba era un día perdido, pues su prioridad era encontrar a Draco.

Las noches estaban plagadas de pesadillas con escenarios horrorosos en donde su rubio era el protagonista, en todas ellas lo perdía como agua entre los dedos. Siempre despertaba bañada en sudor y con el corazón latiendole a mil por hora.

El recuerdo de Draco ocupaba su mente la mayoría del tiempo y cuando no lo hacía es porque estaba en clases o estudiando hasta casi quemarse las pestañas.

Los tres se adentraron en el bosque, corría una brisa fresca y una capa de neblina cubría el lugar, llegaron hasta un prado donde había una pequeña cabaña de madera y ladrillo, de la chimenea salía humo por lo tanto el objetivo se encontraba dentro.

Así que avanzaron sigilosos hasta el lugar, separándose para rodear al enemigo. Hermione fue la primera en entrar, la estancia estaba totalmente desordenada, y Goyle se encontraba sobre un viejo colchón cerca de la chimenea, seguramente para mitigar el frío que hacia.

Ron y Harry ingresaron también con las varitas en guardia.

— Deberían ir a la segunda planta a revisar que no haya alguien más — sugirió la castaña.

Ambos chicos hicieron lo que su amiga les había dicho, mientras ella se acercó al cuerpo del mortífago. A unos pasos de él pudo ver que el chico estaba pálido como un papel y sus labios un tanto morados.

Con su varita lanzó un hechizo de revisión y descubrió que tenía una herida en la parte trasera de su muslo derecho, le dio la vuelta y pudo observar que la herida estaba completamente negra y el color se iba extendiendo hasta casi llegar a su tobillo, al parecer la herida había sido hecha con magia oscura.

Sin saber qué hacer, Hermione suspiro, sabía que el chico podía morir en cualquier momento.

— Él estuvo aquí...— la ronca voz de Goyle la sobresaltó.

— ¿De quién hablas?— preguntó esperanzada.

— Draco...— una tos interrumpió lo que iba a decir — hace tres meses estuvo aquí con su madre — de nuevo la tos pero esta vez un hilillo de sangre salió por la comisura de su boca.

»Ella intentó curarme pero fue en vano. Él también esta herido, debes encontrarlo y ayudarlo.

Otro exceso de tos invadió al muchacho.

— ¿Dónde se fueron? ¿Es muy grave la herida? — preguntó desesperada, agachándose para ayudar a Goyle y que no se ahogará con su propia sangre.

— Irían a Edimburgo, ahí tienen una propiedad de la familia Black, nadie sabe de su existencia a menos que seas un Black...

Más sangre salió de la boca de Goyle y su piel se tornó más fría. Harry y Ron venían bajando del segundo piso.

— ¿Qué sucede? — preguntó RL azabache.

— Esta muriendo. Lo hirieron con magia oscura, al parecer es una maldición que no tiene cura — explicó Hermione — debemos irnos, ya no tiene caso seguir aquí.

El trío dio media vuelta y salieron para desaparecer rumbo al punto donde se encontraba su traslador.

Ya en el Ministerio de Magia en Londres, se dirigieron al despacho de Kingsley para informarle lo que había sucedido...

Mientras tanto, en otro lado del mundo, específicamente en una pequeña mansión de Edimburgo, Draco yacía sobre la cama, su piel ya no lucía con aquel color mortecino de hace tres meses, sin embargo, no estaba del todo curado.

La fiebre iba y venía, con episodios alucinógenos que a veces lo sumían en la inconsciencia.

Narcissa hacia lo que tenía en sus manos para mantener vivo a su hijo, la preocupación era el pan de cada día y la incertidumbre de no saber que pasaría le carcomían el corazón.

Sabía que por el momento estaban seguros en aquella mansión, pues sólo un Black podría dar con ella, sin embargo, sabía que no podían pasar toda la vida huyendo, su hijo no merecía aquello, ya demasiado había sufrido con el destino que su propio esposo le había forjado.

Debía encontrar la manera de comunicarse con la señorita Granger, ella sería la persona idónea para ayudarlos, ella sería la salvación que su hijo necesitaba...

De vuelta en Londres. Hermione llegaba a su departamento en Londres muggle, fue recibida por su Crookshack que ronroneo pasando entre sus piernas y luego la siguió hasta la cocina donde su dueña le sirvió comida en su plato y ella puso la tetera en la estufa, necesitaba un té para relajarse.

Se sentía exhausta por el viaje y porque no se sentía un poco triste por la muerte de Goyle, un chico tan joven no merecía un destino así.

Suspiró y se dirigió a su habitación para cambiarse de ropa, mientras bajaba las escaleras escuchó como su chimenea se activaba avisando la llegada de alguien. Sabía quien era y aunque estos meses le había dado largas, está vez no tendría escapatoria...

De pie frente a la chimenea se encontraba su mejor amigo Harry Potter. Desde los tiempos en que estaban en Hogwarts el azabache tenía sus sospechas sobre lo que sucedía entre Malfoy y su amiga.

Muchas veces se dio cuenta que ella se escapaba luego de la cena y desaparecía sin dar ninguna explicación, una noche la siguió dándose cuenta que se escabullía en la Torre de Astronomía, en esa ocasión había escuchado voces pero cuando llegó a lo alto de la torre sólo encontró a Hermione...

— ¿Quieres una taza de té? — preguntó la castaña pasando de largo a la cocina.

— Sí, gracias.

La chica volvió a la sala con dos tazas de té y galletas con chispas de chocolate las favoritas de ambos. Ella tomó asiento frente al sofá donde él estaba, bebió un trago de su té y esperó a que su amigo hablará primero.

— ¿Te veías a escondidas con Malfoy cuando aún estábamos en Hogwarts?— preguntó rompiendo el silencio.

Granger dejó su taza sobre la mesita e inició su explicación de cómo aquel pequeño Draco le ofreció un tipo de amistad que con el tiempo se volvió amor para ella...

— Goyle pudo darme una pista de dónde pueda estar Draco con su madre. Debo encontrarlo y ayudarle, Harry, él nos ayudó durante la guerra, arriesgó su vida en muchas ocasiones.

— Yo te ayudaré a encontrarlo. No es mi persona favorita pero debo darle el crédito por ayudarnos a encontrar los últimos horrocruxes — dijo Harry — ¿y cuál es la pista que tienes?

— Están en una mansión en Edimburgo, una mansión que sólo un Black puede encontrar.

— Bien, entonces debemos hablar con Andrómeda, seguro ella sabrá algo más.

Hermione se sentía un poco más aliviada ahora que contaba con la ayuda de su mejor amigo, y claro sus esperanzas se renovaron.

Aguanta un poco, pronto estaré contigo, se dijo así misma esperando que sus palabras le llegarán a su querido Draco...

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Hola! Hay alguien por aquí? Disculpen la tardanza en actualizar, había estado un poco ocupada.

Prometo que el próximo capítulo estará para la próxima semana. Saludos y cuídense mucho :)