Harry Potter llegó a su departamento luego de hablar con su amiga y confirmar las sospechas que tenía desde hace tiempo. Hermione estaba enamorada del Slytherin y estaba dispuesta a cualquier cosa por encontrarlo.

— Te ves cansado...— dijo la chica — ¿qué tal ha ido la misión? — preguntó acercándose a él y dejando un beso en sus labios.

— Encontramos a Goyle, al aparecer había sido hechizado con magia oscura y estaba muy malherido. Cuando el Ministro se presentó al lugar él ya había fallecido.

Pansy asintió con aire triste, aunque Goyle fuera siempre un tonto, le guardaba un poco de cariño pues se conocían desde niños.

— ¿Pudiste hablar con Granger? — preguntó evitando ahondar en el tema del fallecimiento de su ex compañero de casa.

— Sí... — suspiró — he confirmado mis sospechas, además, tenemos una pista de donde puedan estar Malfoy y Narcissa.

A la pelinegra le brillaron los ojos con alegría, pues también esperaba ansiosa noticias de ellos.

»Goyle le dijo a Hermione que estuvo con ellos hace unos tres meses, Malfoy está herido, al parecer es muy grave. Ellos están en Edimburgo, en una propiedad de la familia Black.

— ¡Gracias a Merlín! Debemos ir allá y ayudarles, tal vez yo conozca el contrahechizo para curar la herida de Draco...— empezó la pelinegra.

— Tú no irás hasta allá, es muy peligroso para ti...

— No puedes impedirme que vaya, es mi amigo.

— Pansy, por favor, hazme caso por está vez. Quise protegerte cuando la guerra inició y no me hiciste caso alegando que podrías ayudar desde el otro bando. No sabemos quien esta atacando a los mortífagos prófugos y puede que estén tras de ti también — dijo angustiado — es mejor que te quedes aquí, yo iré con Hermione y los traeremos aquí para que tú veas si puedes hacer algo por Malfoy — terminó acariciando su mejilla.

— Bien, pero por favor ten cuidado y Harry, traelos de vuelta, a parte de ti ellos son la única familia que me queda.

Potter asintió y la abrazó prometiéndole en silencio que cumpliría aquella misión, por ella y su mejor amiga.

A la mañana siguiente, Harry, fue directo a hablar con Kingsley a su oficina, sólo él conocería la verdadera razón por la que Hermione y él viajarían hasta Edimburgo. El Ministro estaba al tanto de la ayuda que brindó el rubio para que la guerra fuera ganada por el bando de la luz y estaba seguro que no pondría peros al conceder un traslador y su intervención ante la comunidad mágica cuando los dos únicos integrantes de la familia Malfoy pisarán Londres.

Mientras tanto, Hermione terminaba de escribir una nota dirigida a Andrómeda, donde le pedía hablar con ella de carácter urgente. Enrollo el pedazo de pergamino y se lo puso en la pata a su lechuza blanca, esta salió volando en el momento en que Ron ingresaba a la sala del Cuartel de Aurores.

— Buenos días, Hermy... — saludó y tomó asiento al frente de donde se ubicaba su amiga.

— Buenos días, Ron — respondió un tanto distraída, pues la noche anterior no había podido dormir muy bien.

— ¿Estás bien? Se te nota agotada, no deberías estudiar tanto. Entre las misiones y el estudio terminarás muerta.

— No te preocupes, estoy bien. Me tomaré un café para terminar de despertar — ella se puso de pie y se dirigió a la mesa donde aparecían las tazas de café o té mágicamente.

El pelirrojo también hizo lo mismo, tomó un trago de su café tratando de encontrar las palabras correctas para decirle a su amiga que quería invitarla a salir.

Ron estaba enamorado de Hermione, pero su cobardía no le permitía expresarle sus sentimientos y aunque en un principio su relación no fue tan buena con el paso del tiempo su amistad creció y se fortaleció. Y él llegó a amarla por la mujer en la que fue convirtiéndose. Hermosa, valiente e inteligente.

Suspiró tratando de armarse de valor y que las palabras salieran de su boca, sin embargo, cualquier cosa que estaba a punto de decirle a su amiga, se desvaneció en el aire pues Harry había entrado en la sala.

— Hermy, Ron, buenos días... — saludó el pelinegro.

— Buenos días. Ya he enviado una lechuza a Andromeda, esperó pueda recibirnos hoy mismo — habló Hermione.

Harry asintió y Ron los vio con cara de no saber de qué hablaban, por lo que ambos procedieron a explicarle la misión que debían hacer.

El pelirrojo escuchó atento cada palabra que pronunciaba Hermione y con cada palabra cualquier esperanza que tuviera con ella se alejaba, sintió una opresión en el pecho al ver la cruda realodad, Hermy estaba enamorada de Draco Malfoy. Y contra eso no podía luchar, su amor por ella quedaría guardado como el mayor tesoro pues su principal objetivo era ver esa sonrisa en su rostro y ese brillo tan especial, y estaba completamente seguro que el motivo de su felicidad era encontrar al hombre que amaba.

— Cuenta conmigo para ir a Edimburgo y traer de vuelta a Malfoy y su madre — comentó Ron una vez su amiga había terminado de hablar — después de todo ellos ayudaron a derrotar al Señor Tenebroso a pesar de ser parte de los mortífagos.

Conmovida por las palabras de su amigo, Hermione lo abrazo agradeciendóle su ayuda. Sabía que podía contar con sus dos mejores amigos para esta nueva misión, juntos encontrarían a Draco y su madre.

Sólo aguanta un poco más, dijo mentalmente, esperando que sus palabras llegarán hasta donde él se encontraba y le infundieran de aliento. Pronto estaría con su rubio, pronto aquella promesa se cumpliría...

Mientras tanto, el cielo de Edimburgo presagiaba una noche tormentosa y muy fría. Narcissa había conseguido que su hijo tomará un poco del caldo que había preparado y la fiebre había dejado su cuerpo hace una hora, ahora dormía profundamente en una de las habitaciones de la segunda planta.

Ella por su parte, caminaba de un lado a otro frente a la chimenea, tratando de encontrar una forma para comunicarse con la señorita Granger o en última instancia con su hermana Andrómeda...

Narcissa suspiro con pesar al recordar la última vez en que había hablado con su hermana, las palabras crueles que le había dicho y el dolor que se reflejo en los ojos de Andrómeda, la perseguían cada día, pues extrañaba a su hermana.

《Cuenta conmigo siempre, Cissy...》le decía cuando Narcissa sentía la presión de sus padres por ser la mejor en la escuela y ante la sociedad mágica y todo para hacer sobresalir el apellido Black...

《Cuenta conmigo siempre...》

Y eso le dio la luz que buscaba, sabía como comunicarse con ella...

Decidida, se dirigió a la tercera planta de la mansión donde se encontraba una pequeña biblioteca y rogó a Merlín que aún estuviera ahí aquel regalo que su hermana le había dado en su cumpleaños número quince.

Era un cuarzo transparente de forma circular engarzado a un collar de plata. Eran unos cuarzos gemelos, el otro lo tenía Andrómeda y aquella vez que se lo había regalado le aseguro que si algún día necesitaba de ella sólo debía pronunciar su nombre y el otro colgante se iluminaría...

Narcissa ingreso a la biblioteca y se dirigio al fomdo de la habitación y se topo con el cuadro de unos lirios, las flores favoritas de su hermana...

En Londres, la sala de estar de la casa donde habitaba Andrómeda Tonks, se ilumino con una luz blanca y el silencio se lleno de una voz que tenía mucho tiempo sin escuchar.

- Cissy, ¿eres tú? - preguntó y al instante la imagen de su hermana menor se reflejaba en la superficie del colgante que sostenía entre sus manos.


Hola!!! Una enorme disculpa por demorar tanto en actualizar, la vida muggle a veces me consume...Sin embargo, aquí esta un nuevo capítulo, espero les guste ;) les aviso también que he creado una página en facebook donde subiré contenido de los fanfics (adelantos, imágenes y noticias sobre fics nuevos) pueden buscarlo como Ángela M.GBesos y abrazos de oso :)