Narcissa suspiró aliviada cuando vio el reflejo de su hermana en la superficie redonda del collar, sintió que tenía una esperanza, que su hijo se salvaría. Sin poder evitarlo las lágrimas se acumularon en sus ojos.
- ¿Cissy, dónde estás? ¿Te encuentras bien? - preguntó su hermana al observar que la rubia no decía nada.
- Sí... - inhalo y exhalo, tratando de recomponerse - sí, yo estoy bien, es Draco - hizo una pausa - está muy mal debido a una herida, necesita atención médica, de inmediato.
- ¡Por Merlín! Avisaré al Ministerio...
- ¡No! - interrumpió Narcissa - al Ministerio no, busca a la señorita Granger, ella nos ayudará - explicó.
- ¿Quieres que busque a Hermione Granger? - preguntó confusa - está bien, ella vendrá por la tarde, de todas formas quería verme - respondió una vez su hermana había asentido de manera afirmativa, a la pregunta que había formulado anteriormente.
- Muchas gracias, Andrómeda...- dijo un tanto apenada - gracias por estar siempre, aún después de como te trate, yo lo siento tanto... - murmuro eso último.
- No tienes nada que agradecer, una vez te dije que podías contar conmigo siempre, y tampoco hay nada que perdonar - dijo con una sonrisa - tú estabas bajo la influencia de nuestros padres, nada de lo que pronunciaste aquella noche era lo que en verdad sentías - siguió su hermana - dejemos el pasado donde debe estar, debemos vivir el presente ya suficiente dolor hemos sufrido, ahora debes preocuparte únicamente por la salud de tu hijo.
》Así que, si vuelven a Londres, estaré encanta de recibirlos en mi casa.
Narcissa admiro un poco más a su hermana y volvió a confirmar que Andrómeda era una mujer valiente. Volvió a agradecerle y se despidieron, su hermana le había dicho que en cuanto Hermione ingresara por la chimenea, le contaría todo lo que pasaba.
Sólo le rogaba a Merlín que aguantara un poquito más, pues perder a un hijo era un dolor que no se lo deseaba a nadie...
Mientras tanto, Hermione, Ron y Harry, terminaban de almorzar en la cafeteria que se encontraba cerca del Ministerio, el día había transcurrido bastante tranquilo, por el momento no tenían ninguna misión asignada, solamente el llenado y entregado de informes que aún estaban pendientes.
Aquella tarde no volverían a la oficina pues tenían la reunión con Andrómeda, así que una vez acabaron sus respectivos platos, pagaron y salieron a la calle en busca de un callejón para desaparecer rumbo a la casa de los Tonks.
Sintieron el tirón en el estómago y en un abrir y cerrar de ojos aparecieron en las afueras de la casa donde habitaba Andrómeda y el pequeño Teddy, caminaron hasta la entrada que fue abierta por Harry, pasaron por el jardín delantero y llegaron a la entrada de enfrente, tocaron la puerta, que fue abierta de inmediato por la mujer de cabellos negros.
Los tres saludaron con un "hola" al unísono, ella les hizo una seña con la mano para que ingresaran a la sala de estar que lucía un tanto desordenada pues Teddy se encontraba jugando sobre la alfombra.
- Tomen asiento, tengo algo que contarles y estoy segura que te interesara mucho, Hermione - dijo viendo significativamente a la castaña - hoy por la mañana he hablado con mi hermana Narcissa, me ha informado que mi sobrino está muy malherido, necesita atención médica urgentemente, así mismo me pidió que no informara al Ministerio sino que a ti - hablo señalando a la chica - ya habrá tiempo para tener una buena explicación de lo que sucede pero si es verdad que ustedes pueden ayudarlos, se los agradecería mucho, ambos son la única familia, aparte de mi nieto, que me queda.
- Nosotros estamos dispuestos a ayudar, Draco y su madre fueron de gran ayuda para encontrar los últimos horrocruxes que faltaban por destruir - explico el azabache - de hecho, por esa razón Hermione pidió hablar contigo, nos entereamos en una misión que ellos se encuentran en Edimburgo, en una mansión que sólo un Black puede saber dónde se encuentra.
- En realidad, sólo Narcissa y yo conocemos su ubicación - acotó la mujer.
- ¿Cómo se encuentra Draco? - preguntó casi en un susurro.
Andrómeda observó por un momento la mirada de Hermione y en ella pudo ver y entender que es lo que sucedía, sin palabras aquellos ojos marrones le dijeron que la Gryffindor se había enamorado del Slytherin...
- Narcissa, no me dijo mucho, sólo que necesita de atención médica, se le veía muy desesperada y angustiada.
Hermione asintió y trago saliva para deshacer el nudo que se le había formado en la garganta, una lágrima rodo por su mejilla que limpio rápidamente con su mano.
Harry le contó a Andrómeda que el Ministro ya estaba al tanto de la situación de los dos últimos integrantes de la familia Malfoy, y que él ayudaría con el ingreso de ambos a Londres, así como también a respaldar las pruebas de que ambos colaboraron con la causa.
- Hermy, tú deberías quedarte aquí, Harry y yo iremos al Ministerio a por el traslador - la voz del pelirrojo la saco de sus pensamientos y sólo atino a asentir - tranquila, ya verás que todo saldrá bien.
Sus dos amigos se fueron vía red flu, apareciendo directamente en la oficina del Ministro, que luego de lo que le informaron les autorizó un traslador que los llevaría y traería de vuelta a Londres, así mismo, les pidió que en cuanto estuvieran en casa de Andrómeda le avisaran mediante un patronus para que llegar con el medimago, que era de su entera confianza.
Unos veinte minutos después la chimenea en casa de Andrómeda se iluminaba haciendo aparecer a los dos chicos y unos segundos después aparecía Luna.
- Ella cuidará de Teddy - explicó la pelinegra.
El pequeño al escuchar la voz de Luna se volvió hacia ella con una enorme sonrisa y haciendo que su cabello se tornara rubio, la chica lo cargo en brazos dejando besos en ambas mejillas.
- El traslador se activara en tres minutos - anunció Ron.
Todos se acercaron a la tetera, mientras esperaban Andrómeda le daba las últimas indicaciones a Luna, que asentía con una sonrisa pues Teddy le hacia cosquillas al juguetear con sus aretes de rábanos.
La castaña por su parte, estaba muy nerviosa, las manos le sudaban y sentía que su corazón golpeteaba contra su pecho muy fuerte. ¿Era real? ¿Acaso pronto lo vería?
Podía sentir que la piel se le erizaba al pensar que estaba muy cerca de él, y rogaba a Merlín que no fuera nada tan grave lo que sucedía con él...
La tetera se ilumino, todos posaron su mano sobre el objeto y segundos después desaparecieron, escuchando la despedida de Luna con un "buen viaje".
Los cuatro aparecieron en una carretera poco transitada de Edimburgo. Andrómeda se ubico y les indico que la mansión quedaba ubicada en Luss un pequeño pueblo en las afueras de Edimburgo, por lo que decidieron utilizar la desaparición para llegar pronto.
Aparecieron frente a un letrero que daba la bienvenida al pueblo, a unos metros de allí, Andrómeda les indico un sendero que pasaba desarpecibido por los muggles, caminaron por el hasta llegar a una gran reja color negra y paredes altas de piedra.
El lugar parecía abandonado, pues la melaza se enredaba entre la piedra y el césped se veía marchito.
La mujer saco su varita y apuntó a la reja, pronunciando la contraseña, la reja se abrió y conforme se abría toda la maleza iba desapareciendo, en realidad el hechizo que escondía la propiedad iba deshaciendóse, dejando al descubierto una reja majestuosa color negro y pequeñas florecitas adornandola hechas de oro, la maleza desapareció y el césped se torno de un verde brillante.
Y ante sus ojos apareció la mansión de estilo gótico. Todos caminaron hasta la entrada principal, la puerta fue abierta por la mujer que dirigía el camino.
Narcissa se levanto del sofá donde se encontraba y de inmediato corrió a abrazar a su hermana, los tres chicos se sorprendieron de aquel acto pues Narcissa Malfoy no era de dar afecto o eso creían ellos.
- Draco está en la segunda planta, tercera habitación - habló dirigiendose a la castaña.
La muchacha asintió y ordeno a sus pies a moverse, nadie dijo nada y la dejaron ir. Subió las escaleras con las piernas temblorosas, el corazón latiendole fuerte y con el miedo a flor de piel...
Llegó al pasillo, camino los metros que la separaban de la habitación, lanzó un suspiro y giro el picaporte de la puerta, abrió poco a poco, introduciendo primero la cabeza, sus ojos de inmediato se posaron sobre el cuerpo que yacía en la cama, tapado hasta la cintura con la sábana blanca.
Se acercó hasta él, su respiración pausada le indico que estaba dormido, las lágrimas salieron sin darse cuenta, tomó asiento en la silla que estaba junto a la cama y posó su mano contra la de él...
Sus ojos se abrieron de golpe al sentir el tacto de una piel suave y cálida, inexplicablemente el frío se fue de su cuerpo y el dolor fue más soportable.
¿Era otra de sus alucinaciones?
No podía ser porque se sentía tan real...
Ella le sonrío y se lanzó a medio abrazarlo, llorando a mares y agradeciendo a Merlín el tan ansiado reencuentro...
