Capitulo Único: Siempre el mismo día.
"Hellsing es propiedad de Kouta Hirano"
"La misión es muy sencilla, no me falles Integra"; La voz se apagó del comunicador, ella entendía que era su señal para entrar en marcha, dejó el aparato en la mesa de noche y se dispuso a prepararse para la misión.
Era relativamente fácil, un objetivo común, una muerte silenciosa y no dejar huella, su especialidad.
En el bajo mundo del espionaje, Integra tenía un alias, era "La Mata monstruos", ella era una de las mejores agentes de la organización Hellsing, formidable, una asesina precisa y que no dejaba rastro en su andar.
La organización Hellsing había dedicado su vida a la matanza de gente poco grata. Políticos, mafiosos y uno que otro civil cuya cabeza tenía un precio en el mercado; Destinaba valor a cada muerte, de una manera rápida y sin preguntar gran detalle.
La misión era en la India, tenía un boleto en primera clase, al Taj Mahal, una simple turista entre un mar de gente, el objetivo estaría de vacaciones tal vez con seguridad alrededor, comería en un restaurante de lujo cerca del hotel principal.
— Vaya, que irónico, la ciudad donde nací — sonrió al ver su destino, pero era muy poco práctico sentir nostalgia por si misma, cuando uno era un asesino a sueldo olvidaba pequeñas cosas como esa. A pesar de sus ojos azules y cabello rubio sus raíces eran hindúes, así que fue un punto a favor importante para poder cumplir con su cometido, y pasar desapercibida en aquel recinto.
Después de un viaje de tres horas llegó a la enorme edificación, siguió de cerca a su objetivo, el cual estaba rodeado de al menos veinte hombres, después de delimitar su objetivo se dispuso a registrarse en el lujoso hotel de la zona.
El gran cacique se dispuso a comer en un restaurante del hotel, un lugar llamado Qpar, ella vestía un Sari color verde jade, llenó de adornos dorados en su tela, el cual acentuaba sus curvas femeninas, ocasionando que más de uno intentara verla más de cerca, siendo ignorados por la agente, la cual se situó en la barra del restaurante, dispuesto a pedir un platillo y una bebida, observando a su alrededor siempre alerta; y fue cuando divisó a alguien fuera de su objetivo.
Decir que el hombre a lado de ella era alguien inusual sería poco, el tipo lucía un Kurti color negro, sobresaltando su piel pálida y aquel cabello casi tan largo como el de ella, en un rubio platinado un tono poco común, ojos morado, casi lilas, este hombre le sonrió mientras levantaba el trago como en un brindis invisible, la joven siguió su protocolo, ignorando la cortesía de aquel extranjero tan atractivo.
Desde Alucard, no había salido con algún otro, el bastardo había desecho su corazón juvenil, y ahora un extranjero atractivo intentaba coquetear con ella, apretó de manera inconsciente el arma escondida en su sari, intentando ignorar aquel color que se instalaba en sus mejillas cuando el hombre se acercó y le tocó el hombro.
— Unos hombres te vienen siguiendo — murmuró cerca de su oído, mirando que efectivamente dos tipos con cara de pocos amigos estaban en el perímetro, era seguridad de su objetivo, sin duda el hombre estaba cubierto, aun así, seguía siendo fácil evadir aquello, y darle un certero disparo en la cabeza.
— Gracias, aunque no entiendo por qué me seguirían — sonrió, con coquetería, Enrico igual le dio una sonrisa astuta, el Sari era ajustado en los lugares correctos, excepto en una de las piernas, eso no paso desapercibido para el hombre, quien llevaba su propia arma entre sus ropajes, había recibido elogios de algunas mujeres de la zona, quien siempre eran atraídas por los extranjeros, pero no entendía que, aunque la jovencita era originaría de ahí, sus modales y manera de dirigirse no eran del lugar.
— ¿Visitando familia? — preguntó curioso, deleitándose de como la jovencita parecía sacada de su zona por un instante — No me mires así, es obvio que no eres de aquí.
— Nací aquí, sí, pero ¿Cómo sabes que no vivo aquí? — reclamó la joven, ella vio como el rubio señalaba su copa de Oporto.
— Demasiado británico, eres un poco obvia — sonrió ofreciéndole un cigarrillo, ella suspiró y acepto, se moría por un buen puro, pero el cigarro era buena alternativa.
— Enrico Maxwell, soy de Irlanda — contesto con simpleza.
— Vaya, eso explica tu tez blanca, es casi trasparente — se burló la jovencita, sin ocultar su acento británico, él soplo el humo en dirección contraria, e Integra se perdió por un momento en aquellos labios, sintiéndose un poco tonta por mirar de más sin ser descubierta.
— ¿Cuál es tu nombre? — dijo él observando aquellos ojos color azul, la rubia bajo la guardia, por un minuto.
— Integra — soltó sin pena, observando como los ojos color lila se encendía con aquello.
En eso escucharon unos disparos, a lo lejos, la gente del restaurante empezó a huir, los guardias ocultos desenvainaron sus armas, observando como comenzaban a cubrir a su blanco, Enrico soltó una palabra clave, Integra entendió todo de pronto e intento desenfundar el arma, pero se topó con la mano del rubio cubriéndola.
— No, no iras a ningún lado — comentó sonriendo — "agente Hellsing"
El rostro de la rubia se puso de un color rojo, estaba furiosa, observó el orquestado plan, y ella había ido a parar a la boca de un lobo, reconoció los logos de la organización rival muy tarde, con su zapato de tacón golpeo el pie de Enrico, quien se hizo atrás viendo como la inglesa sacaba una pequeña espada de su Sari, la cual comenzaba a crecer hasta convertirse en un arma blanca de enorme tamaño, sin duda el escuadrón Hellsing tenía las mejores armas, y la rubia era una formidable espadachina.
— Di tus últimas palabras, Iscariote — murmuró Integra apuntándole con la espada, pero Enrico no era tonto, una lucha cuerpo a cuerpo al menos en esas condiciones era un grito a muerte. Así que empujó la mesa, dándole un espacio de ventaja, y apuntó su propia arma a la cabeza de la rubia, quien giró de manera magistral para esquivar la bala que salía de aquella pistola.
Ella corrió, intentando huir de la matanza en el Qpar dejando hombres heridos a su paso, el maldito Sari estaba estorbando en su persecución, por lo que de un tajo se corto la falda, dejando ver unas largas y muy torneadas piernas, se dirigió a una habitación de aquel restaurante, con pesar se dio cuenta que acceso al hotel de la locación.
Enrico soltó un silbido al verla correr, y se dispuso a seguirla, el blanco podría esperar, sus hombres estaba en el juego, en ese momento las cosas estaban tomando un rumbo demasiado personal, y mientras la rubia estaba buscando una salida de aquella masacre, observó una ventana, cuando se disponía a huir sintió un jalón en la tela, intento propinarle un golpe al tipo, pero el tirón que este le dio la volcó en el suelo, en eso un disparo atronador derribó al hombre, quien soltó la mano de la rubia.
Era la segunda vez que aquel sujeto intentaba salvarla.
— ¿Por qué intentas ayudarme? — murmuró ella, librándose de la tela restante, ver que bajó aquel vestido había un short corto y una blusa con estampado militar, sin duda una visión demasiado apetecible.
— Simple, sería un desperdicio— comentó con simpleza, ofreciéndole su saco al notar la incomodidad de la jovencita, quien aceptó la prenda de mala gana.
— Deberías de matarme, tenemos el mismo blanco — murmuro ella, ocasionando que el rubio mirara alrededor lo que se suponía era una zona de guerra y ahora estaban en la soledad de una habitación.
— Lo sé, pero no veo que este cerca el objetivo, puedo darme cinco minutos para no ser un Iscariote — comentó riendo, colocando su arma de nuevo en su funda, ella guardo la espada en su pierna, no sabía si era una trampa, pero estaba dispuesta a correr el riesgo, estaba un poco harta del peso de su trabajo.
— ¿Seguro que solo serán cinco minutos? — comentó sonriendo, mientras Enrico le ofrecía un cigarrillo.
— ¿Depende? — comento sugestivo — De cuanto quieras mi presencia.
Ella podría estar harta de tener siempre el mismo día, muertes, logros en su fama de espía, pero por el momento estaba considerando experimentar, aunque saliera lastimada en el proceso.
— Por que no lo averiguamos — comento tirando el cigarro y pisándolo con su tacón color borgoña, mientras jalaba a Enrico de la camisa para besarlo, este delineo el cuerpo de la rubia con las manos nervioso.
Definitivamente era una misión memorable.
N.A. A quien sea mi amigo secreto, sin duda esto fue difícil, a pesar que un crack que me gusta, que no sea unilateral me costo una bubi y media. Espero la idea te haya agradado, lamento no hacerlo más extenso, pero no dio para más este fic.
