Naruto Y Hinata en:
Tu & Yo
4: Acorralado
Estos días, Londres está invadido por todas las madres ambiciosas. En el baile de lady Worth de la semana pasada, esta autora vio, al menos, once solteros convencidos escondiéndose por los rincones y marcharse corriendo de la casa con esas madres ambiciosas pisándoles los talones.
Es muy difícil decidir quién es, precisamente, la peor de todas aunque esta autora sospecha que, al final, la lucha va a ser muy cerrada entre lady Hyuga y la señora Haruno, con victoria de esta última por una nariz en el último metro. Al fin y al cabo, hay tres Haruno casaderas en el mercado, mientras que lady Hyuga sólo tiene que ocuparse de una.
Sin embargo, sería recomendable que todas aquellas personas con dos dedos de frente se mantuvieran muy, muy alejadas de los hombres solteros cuando las tres Hermanas H Hyuga se presenten en sociedad. Lady H no es de las que miran a ambos lados antes de entrar en un salón de baile con tres hijas detrás, y que el Señor nos asista si decide ponerse botas con la punta de metal.
REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WATTPAD,
28 de abril de 1813
[...]
Naruto pensó que la noche no podía empeorar. Nunca lo hubiera dicho, pero el extraño encuentro con Hinata Hyuga acabó por convertirse en lo mejor de aquella velada. Sí, se había quedado horrorizado al descubrir que se había sentido atraído, aunque sólo fuera por unos momentos, por la hermana pequeña de su mejor amigo. Sí, los patosos intentos de seducción de Jiga Berbrooke habían sido un insulto para su sensibilidad de vividor. Y sí, al final, Hinata lo había exasperado hasta lo impensable con su indecisión de tratar a Jiga como a un criminal o preocuparse de él como si fuera su mejor amigo. Sin embargo, absolutamente nada de eso tenía comparación con lo que todavía tuvo que soportar después.
Su fantástico plan de presentarse en el baile, saludar a lady Chiyo y marcharse sin que nadie lo viera pronto dejó de ser tan fantástico. Cuando apenas había dado dos pasos en el salón, un viejo compañero de Oxford que, para mayor desgracia suya, recientemente se había casado, lo reconoció. Su mujer era una joven encantadora aunque, desafortunadamente, tenía grandes aspiraciones sociales y se ve que, en cuanto lo conoció, decidió que su camino a la felicidad pasaba por ser la que introdujera al nuevo duque en sociedad. Y Naruto, aunque solía definirse como un hombre de mundo y bastante cínico, descubrió que no era lo suficientemente maleducado como para insultar a la mujer de un viejo amigo de universidad.
Y así, dos horas más tarde, le había presentado a todas las chicas casaderas del baile, a todas las madres de las chicas casaderas y, por supuesto, a cada hermana mayor casada de cada chica casadera. Naruto no sabría decir qué grupo había sido peor. Las chicas casaderas eran terriblemente aburridas, las madres eran descaradamente ambiciosas y las hermanas... bueno, Naruto llegó a plantearse si había ido a parar a un burdel. Seis de ellas le habían hecho insinuaciones sin ningún tipo de paliativos, dos le habían dado notas invitándolo a los tocadores y una incluso le había acariciado el muslo.
En conjunto, Hinata Hyuga empezaba a parecerle de lo mejorcito.
Y hablando de Hinata, ¿dónde se había metido? Creía haberla visto de reojo hacía más o menos una hora rodeada de sus hermanos, un grupo que intimidaba. No es que, por separado, intimidaran a Naruto, pero tenía claro que uno tendría que ser imbécil para provocarlos en grupo.
Pero desde entonces parecía que se la había tragado la tierra. De hecho, era la única chica casadera del baile que no le habían presentado.
No creía que Berbrooke la volviera a molestar después de haberlo dejado en el pasillo. Al fin y al cabo, le había dado un buen puñetazo en la mandíbula y tardaría un rato en despertarse. Y más teniendo en cuenta la cantidad de alcohol que había ingerido durante toda la noche. E incluso, aunque Hinata se había dejado llevar por la compasión cuando su patoso pretendiente se había desplomado en el suelo, no era tan estúpida como para quedarse con él en el pasillo hasta que recuperara la conciencia.
Naruto miró hacia donde estaban los hermanos Hyuga, y le pareció que se lo estaban pasando en grande. Los habían abordado casi tantas jóvenes como a él, pero el ser tres jugaba a su favor. Naruto vio que las debutantes no estaban con los Hyuga ni la mitad de tiempo que estaban con él.
Naruto hizo una mueca.
Neji, que estaba apoyado tranquilamente en la pared, lo vio y levantó la copa de vino que sostenía, sonriéndole. Luego ladeó la cabeza señalando a la izquierda de Naruto. Éste se giró, justo a tiempo de encontrarse con otra madre rodeada por sus tres hijas, que llevaban unos vestidos de lo más recargado, llenos de pliegues y volantes aparte de, por supuesto, montones y montones de lazos.
Pensó en Hinata, con su sencillo a la par que elegante vestido verde. Hinata, con esos ojos plateados y esa sonrisa...
—¡Duque! —exclamó la madre—. ¡Duque!
Naruto parpadeó para volver a la realidad. La familia cubierta de lazos lo había rodeado con tanta eficacia que no fue capaz ni de echar un vistazo hacia Neji.
—Duque —repitió la madre—, es un honor conocerlo.
Naruto asintió con la cabeza. No tenía palabras. Las mujeres estaban tan cerca de él que tenía miedo de ahogarse.
—Nos envía Georgiana Huxley —insistió la mujer—. Me dijo que tenía que presentarle a mis hijas.
Naruto no recordaba quién era Georgiana Huxley, pero pensó que le apetecía estrangularla.
—Normalmente, no sería tan atrevida —continuó la señora—, pero su padre era muy, muy buen amigo mío.
Naruto se agarrotó.
—Era un hombre maravilloso —continuó, mientras sus palabras se clavaban en la cabeza de Naruto como uñas—. Siempre estaba tan pendiente de sus obligaciones para con el título que ostentaba. Debió ser un padre fabuloso.
—No sabría decirle —dijo Naruto, escuetamente.
—¡Oh! —La señora tuvo que toser para aclararse la garganta varias antes de poder continuar—. Ya veo. Bueno. Dios mío.
Naruto no dijo nada, confiando en que esa actitud distante la disuadiera de quedarse. Maldita sea, ¿dónde estaba Neji? Ya era suficientemente malo tener que soportar ver a esas mujeres comportándose como si él fuera un premio para encima tener que aguantar el escuchar de esa mujer lo buen padre que había sido el viejo duque...
Estaba a punto de estallar.
—¡Duque! ¡Duque!
Naruto se obligó a volver a mirar a la señora que tenía delante y se dijo que debía tener un poco más de paciencia. Al fin y al cabo, posiblemente sólo estaba halagando a su padre porque creía que era lo que él quería oír.
—Sólo quería recordarle —dijo— que ya nos presentaron oficialmente hace algunos años, cuando todavía era conde de Konoha.
—Si —murmuró Naruto, buscando cualquier grieta en la barricada de mujeres por donde escapar.
—Le presento a mis hijas —dijo, señalando a las tres jóvenes.
Dos de ellas eran bastante guapas, pero la tercera todavía tenía granos en la cara y llevaba un vestido naranja que no la favorecía en absoluto. Al parecer, no estaba disfrutando de la velada como sus dos hermanas.
—¿No son preciosas?—continuó la señora—. Son mi orgullo y alegría. Y son tan cariñosas.
Naruto tuvo la extraña sensación de haber escuchado aquella descripción una vez, cuando fue a comprar un perro.
—Duque, permítame que le presente a Amaru, Sakura y Sâra.
Las jóvenes hicieron una reverencia, pero ninguna se atrevió a mirarlo a los ojos.
—Tengo otra hija en casa —dijo la señora Haruno—. Se llama Felicity. Pero sólo tiene diez años y no la dejo venir a estas fiestas.
Naruto no entendía por qué esa mujer sentía la necesidad de compartir aquella información con él, así que adquirió un tono aburrido que, con los años, había aprendido que era la mejor manera de ocultar el enfado, y dijo:
—¿Y usted es...?
—¡Oh, le pido disculpas! Soy la señora Haruno, claro. Mi marido falleció hace tres años pero era uno de los mejores amigos de su padre... —El final de la frase fue casi como un susurro, porque recordó la anterior reacción de Naruto al mencionarle a su padre.
Naruto asintió.
—Amaru toca muy bien el piano —dijo ella, cambiando de tema.
Naruto vio la mueca en la cara de la chica y decidió que nunca asistiría a una velada musical en casa de los Haruno.
—Y mi querida Sakura es una excelente pintora de acuarelas.
Sakura sonrió.
—¿Y Sâra? —Algo dentro de Naruto le obligó a preguntarlo.
La señora Haruno lanzó una mirada de pánico a su hija menor, que parecía bastante abatida. Sâra no era una chica demasiado atractiva y los vestidos que le ponía su madre no favorecían en nada su figura algo regordeta. Pero había algo cálido en su mirada.
—¿ Sâra? —repitió la señora Haruno, con la voz temblorosa—. Sâra es... eh... bueno, ¡es Sâra! —dijo, con una falsa sonrisa en los labios.
La chica miró a su alrededor como si quisiera esconderse debajo de alguna alfombra. Naruto decidió que si se veía obligado a bailar con alguna, se lo pediría a Sâra.
—Señora Haruno —dijo una voz seca e imponente que no podía pertenecer a nadie más que a lady Chiyo—, ¿está acosando al duque con preguntas?
Naruto quería responder que sí, pero el recuerdo de la cara mortificada de Sâra Haruno le hizo decir:
—Por puesto que no.
Lady Chiyo levantó una ceja mientras se giraba lentamente hacia él.
—Mentiroso.
Se giró hacia la señora Haruno, que se había quedado pálida. La señora Haruno no dijo nada. Lady Chiyo no dijo nada. Al final, la señora Haruno murmuró que acababa de ver a su prima, cogió a sus tres hijas y se marchó.
Naruto se cruzó de brazos, pero no pudo evitar mirar a su anfitriona con una sonrisa.
—Eso no ha estado demasiado bien, ya lo sabe —dijo.
—Bah. Tiene la cabeza llena de pájaros, igual que sus hijas, excepto la más feúcha. —Lady Chiyo agitó la cabeza—. Si la vistieran con otro color.
Naruto intentó contener una risa, pero no pudo.
—Nunca aprendió a ocuparse de sus asuntos, ¿verdad?
—Nunca. ¿Qué diversión tendría ocuparme sólo de mis cosas? —dijo, y sonrió. Naruto juraría que no quería hacerlo, pero sonrió—, Y en cuanto a ti —añadió—, eres un invitado horrible. Se supone que, a estas alturas, tus buenos modales te habrían llevado a saludar a la anfitriona.
—Ha estado en todo momento demasiado rodeada de admiradores como para acercarme.
—¡Qué simplista! —comentó la mujer.
Naruto no dijo nada porque no estaba del todo seguro de cómo interpretar sus palabras. Siempre había sospechado que lady Chiyo conocía su secreto, pero nunca lo había sabido a ciencia cierta.
—Tu amigo Hyuga se acerca —dijo ella.
Naruto siguió con la mirada su movimiento de cabeza. Neji se dirigía hacia ellos tranquilamente y, cuando estaba a punto de llegar a su lado, escuchó que lady Chiyo lo llamaba cobarde.
Neji parpadeó.
—¿Disculpe?
—Podías haber venido antes y salvar a tu amigo del cuarteto de las mujeres Haruno.
—Pero estaba disfrutando mucho al verlo en dificultades.
—Hmmmph.
Y sin decir nada más, o sin emitir ningún sonido más, se fue.
—Es una mujer de lo más extraña —dijo Neji—. No me sorprendería que fuera esa maldita lady Wattpad.
—¿Te refieres a la de la columna de chismorreos?
Neji asintió mientras guiaba a Naruto hasta donde se encontraban sus dos hermanos. Mientras caminaban, Neji sonrió y dijo:
—Te he visto hablando con un buen número de respetables señoritas.
Naruto murmuró algo bastante obsceno entre dientes.
Sin embargo, Neji sólo se rió.
—No dirás que no te había avisado.
—Ya me mortifica lo suficiente admitir que tenías razón, así que no me pidas que lo diga en voz alta.
Neji soltó una carcajada.
—Por ese comentario, creo que yo mismo te presentaré a todas las debutantes de la ciudad.
—Si lo haces—le advirtió Naruto—, te prometo que pronto morirás de un modo lento y extremadamente doloroso.
Neji sonrió.
—¿Espadas o revólveres?
—No, veneno. Veneno del bueno.
—Vaya.
Neji se detuvo frente a sus dos hermanos, ambos con el mismo pelo oscuro, altos y una constitución ósea perfecta. Naruto vio que ambos tenían los ojos negros, diferentes a los plateados de Neji.
—¿Te acuerdas de mis hermanos? —dijo Neji—. Sasuke y Sai. A Sasuke lo recordarás de Eton. Es el que tuvimos pegado a los talones durante tres meses cuando llegó.
—Eso no es cierto —.dijo Sasuke.
—A Sai no sé si lo conoces —añadió Neji—. Posiblemente es demasiado joven para haberse cruzado en tu camino.
—Un placer —dijo Sai, alegremente.
Naruto vio un brillo de granuja en sus ojos negros y no pudo evitar mostrar una sonrisa.
—Neji nos ha dicho muchas cosas insultantes sobre usted— añadió Sai, con una maliciosa sonrisa en la cara—. Y por eso estoy seguro de que seremos grandes amigos.
Neji puso los ojos en blanco.
—Estoy seguro que entiendes por qué mi madre está convencida de que Sai será el primero de sus hijos en volverla loca.
—En realidad, me enorgullezco de eso —dijo Sai.
—Afortunadamente, mamá ha podido tomarse un descanso de los innegables encantos de Sai —dijo Neji—. Acaba de regresar de un largo viaje por Europa.
—He llegado esta misma noche —dijo Sai, con una sonrisa infantil. Tenía un aire juvenil y despreocupado. Naruto pensó que no debía ser mucho mayor que Hinata.
—Yo también acabo de regresar de mis viajes —dijo Naruto.
—Sí, bueno, pero según tengo entendido usted ha viajado por todo el mundo —dijo Sai—. Me encantaría escucharle hablar de las tierras lejanas.
—Será un placer —dijo Naruto, educadamente.
—¿Ha conocido a Hinata? —preguntó Sasuke—. Está desaparecida.
Naruto estaba considerando cuál sería la mejor respuesta a esa pregunta cuando Sai soltó una carcajada y dijo:
—Pobre Hinata; no está desaparecida. Ya le gustaría, pero no.
Naruto miró hacia el otro lado del baile, donde estaba Hinata junto a una mujer que debía ser su madre, y parecía completamente agobiada.
Y entonces se le ocurrió que Hinata era otra de esas chicas casaderas a las que sus madres paseaban por todas partes. Le había parecido demasiado sensible y directa para ser una de ellas pero, claro, tenía que serlo. No debía tener más de veinte años y como todavía conservaba el apellido Hyuga estaba claro que era soltera. Y como tenía una madre... bueno, seguro que se veía sometida a interminables presentaciones.
Parecía tan agobiada como él cuando se había visto rodeado de jóvenes y madres. Aquello lo hizo sentirse mucho mejor.
—Uno de nosotros debería ir a rescatarla —bromeó Sasuke.
—No —dijo Sai, sonriendo—. Mamá sólo la ha tenido con Macclesfield diez minutos.
—¿Macclesfield? —preguntó Naruto.
—El conde —dijo Sasuke—. El hijo de Castleford.
—¿Diez minutos? —dijo Neji—. Pobre Macclesfield.
Naruto lo miró con curiosidad.
—Y no lo digo porque Hinata sea aburrida —se apresuró a añadir Neji—. Pero cuando mamá se empecina en...
—Perseguir —dijo Sasuke, para ayudar a su hermano.
—... a un caballero —dijo, con un gesto de agradecimiento hacia su hermano—, puede ser de lo más...
—Exasperante —dijo Sai.
Neji sonrió.
—Exacto.
Naruto miró a Hinata, su madre y el conde. Hinata parecía muy agobiada; Macclesfield no dejaba de mirar a un lado y otro en busca de la salida más cercana; mientras lady Hyuga tenía un brillo tan ambicioso en los ojos que Naruto sintió pena por el pobre conde.
—Deberíamos salvar a Hinata —dijo Neji.
—Yo también lo creo —añadió Sasuke.
—Y a Macclesfield —dijo Neji.
—Por supuesto —añadió Sasuke.
Pero Naruto vio que ninguno de los dos hacía ningún movimiento.
—Sólo palabras, ¿no? —dijo Sai, sonriendo.
—Tú tampoco estás corriendo para salvarla —respondió Neji.
—Ni lo sueñes. Pero yo no he dicho que quisiera hacerlo. En cambio, vosotros...
—¿Qué diablos les pasa? —preguntó Naruto, al final.
Los tres hermanos lo miraron con la misma mirada de culpabilidad.
—Deberíamos salvar a Hinata —dijo Neji.
—Yo también lo creo —añadió Sasuke.
—Lo que mis hermanos no se atreven a admitir —dijo Sai, con sorna—, es que mi madre les asusta.
—Es verdad —dijo Neji, con un gesto de impotencia.
—Lo admito abiertamente —añadió Sasuke.
Naruto pensó que nunca había visto nada igual. Allí estaban los hermanos. Altos, apuestos, musculosos, con todas las jóvenes del país suspirando por ellos y ellos totalmente acobardados por una mujer.
Aunque, claro, esa mujer era su madre. Tenía que tenerlo en cuenta.
—Si voy a rescatar a Hinata—explicó Neji—, caeré en las garras de mamá, y en ese caso estaré perdido.
Naruto se atragantó con la súbita risa que le provocó la idea de la madre de Neji paseándolo por el baile y presentándolo a todas las jóvenes solteras.
—Ahora entiendes por qué huyo de estas fiestas como de la plaga— dijo Neji—. Me atacan por los dos lados. Si las jóvenes casaderas y sus madres no me encuentran, mi madre se asegura de que sea yo quien las encuentre.
—¡Oye! —exclamó Sasuke—. Namikaze, ¿por qué no vas tú?
Naruto lanzó una mirada a lady Hyuga que, en ese momento tenía a Macclesfield agarrado por el brazo, y decidió que prefería que lo tacharan de cobarde.
—No nos han presentado, así que creo que sería de lo más inapropiado —dijo.
—Yo no estoy tan seguro —dijo Neji—. Eres un duque.
—¿Y?
—¿Y? —repitió Neji—. Mamá perdonaría cualquier comportamiento inapropiado si eso significara que un duque le dedicara su tiempo a Hinata.
—Escúchame atentamente —dijo Naruto, muy serio—. No soy ningún cordero al que sacrificar en el altar de tu madre.
—Has pasado mucho tiempo en África, ¿no? —interrumpió Sai.
Naruto lo ignoró.
—Además, tu hermana dijo...
Los tres hermanos se giraron inmediatamente hacia él. En ese mismo instante, Naruto supo que había metido la pata. Y bien metida.
—¿Conoces a Hinata? —preguntó Neji, en un tono demasiado educado para la intranquilidad de Naruto.
Antes de que pudiera responder, Sasuke se inclinó hacia él y dijo:—¿Por qué no nos lo habías dicho?
—Sí —dijo Sai, con la expresión seria por primera vez en toda la noche—. ¿Por qué?
Naruto los miró y entendió perfectamente por qué Hinata seguía soltera. Ese beligerante trío espantaría a todos los pretendientes menos al más decidido, o el más estúpido.
Y eso explicaría lo de Jiga Berbrooke.
—Bueno —dijo Naruto—. Me la encontré en la entrada del salón. Era bastante obvio —dijo, mirándolos lentamente—, que era un miembro de vuestra familia, así que me presenté.
Neji se giró hacia Sasuke.
—Debió ser cuando huía de Berbrooke.
Sasuke se giró hacia Sai.
—Por cierto, ¿qué ha pasado con Berbrooke? ¿Lo sabes?
Sai se encogió de hombros.
—No tengo la menor idea. Posiblemente, se ha marchado a casa a curarse el corazón roto.
«O la cabeza rota», pensó Naruto.
—Bueno, eso lo explica todo —dijo, Neji, dejando el semblante de hermano mayor para volver a ser el amigo de alma.
—Excepto —dijo Sasuke, algo receloso—, por qué no nos lo había dicho.
—Porque no he tenido la oportunidad— respondió Naruto, levantando los brazos en señal de rendición— Por si no te has dado cuenta, Neji, tienes muchos hermanos y necesita mucho tiempo para te los presenten a todos.
—Sólo estamos dos —puntualizó Sai.
—Me voy a casa —dijo Naruto—. Están locos los tres.
Sasuke, que parecía el hermano más protector, sonrió de repente.
—No tienes hermanas, ¿verdad?
—No, gracias a Dios.
—Cuando tengas una hija, lo entenderás
Naruto estaba seguro de que nunca tendría una hija, pero no dijo nada.
—Una hermana sirve de prueba —dijo Neji.
—Y aunque Hinata es mejor que la mayoría de chicas de su edad —dijo Sasuke—, no tiene tantos pretendientes como las demás.
Naruto no entendía por qué.
—No sé bien por qué —dijo Neji—. Es muy agradable.
Naruto pensó que no era el mejor momento para confesar que le había faltado poco para acorralarla contra la pared, apretar la cadera a las suyas y besarla apasionadamente. Para ser sincero, si no hubiera descubierto quién era, seguramente lo habría hecho.
—Hinata es la mejor—dijo Sasuke
Sai asintió.
—La mejor. Es fantástica.
Se produjo una extraña pausa y, entonces Naruto dijo:
—Bueno, fantástica o no, no voy a ir a salvarla porque me dejó muy claro que vuestra madre le ha prohibido que la vieran en mi compañía en público.
—¿Mamá ha hecho eso? —preguntó Sai—. Debe precederte una reputación horrible.
—De la cual una gran parte es inmerecida —dijo Naruto, sin saber por qué se estaba defendiendo.
—Es una lástima —dijo Sai—. Pensaba pedirte que me dejaras acompañarte algún día por ahí.
Naruto preveía un largo y próspero futuro de pícaro para ese chico.
Neji le clavó el puño en la espalda a Naruto y lo empujó hacia delante.
—Estoy seguro de que, si le muestras todos tus encantos y tu buena educación, mamá cambiará de idea. Vamos.
A Naruto no le quedó otra opción que caminar hacia Hinata. La alternativa suponía montar una escena y ya hacía tiempo que Naruto había descubierto que las escenas no se le daban demasiado bien. Además, si hubiera estado en la posición de Neji, seguramente habría hecho lo mismo.
Y, después de todo, comparada con las hermanas Haruno y sus semejantes, Hinata no sonaba tan mal.
—¡Mamá! —exclamó Neji, cuando se acercaron a la vizcondesa—. No te he visto en toda la noche.
Naruto vio que a lady Hyuga se le iluminaron aquellos ojos plateados cuando vio a su hijo. Mamá ambiciosa o no, lo que quedaba claro era que lady Hyuga quería a sus hijos.
—¡Neji! —exclamó—. Casi no te he visto en toda la noche.
Hinata y yo estábamos aquí charlando con lord Macclesfield.
Neji le lanzó una compasiva mirada al caballero.
—Sí, ya lo veo.
Naruto miró a los ojos de Hinata y le hizo un leve movimiento de cabeza. Ella, que era muy discreta, le devolvió el saludo con un movimiento incluso más leve.
—¿Y este caballero quién es? —preguntó lady Hyuga, escrutando con la mirada a Naruto.
—El nuevo duque de Namikaze —respondió Neji—. Seguro que lo recuerdas de mis días en Eton y en Oxford.
—Por supuesto —dijo lady Hyuga, muy educada.
Macclesfield, que no había dicho nada, rápidamente aprovechó la primera pausa en la conversación para decir:
—Creo que acabo de ver a mi padre.
Neji lo miró divertido y comprensivo.
—Entonces vaya con él, por el amor de Dios.
Y el conde se marchó sin perder ni un segundo.
—Creía que odiaba a su padre —dijo lady Hyuga, desconcertada.
—Y lo odia —dijo Hinata.
Naruto contuvo una risa.
Hinata levantó las cejas, retándolo a hacer un comentario.
—Bueno, en cualquier caso, le precedía una no muy brillante reputación —dijo lady Hyuga.
—Al parecer, es algo que flota en el ambiente, últimamente —murmuró Naruto.
Hinata abrió los ojos y en esta ocasión fue Naruto el que levantó las cejas y la retó a que hiciera un comentario.
Hinata no dijo nada, por supuesto, pero su madre lo miró fijamente, y Naruto supo que estaba intentando decidir si el ducado que acababa de recibir era suficiente para borrar su mala reputación.
—Creo que no pude conocerla personalmente antes de abandonar el país, lady Hyuga —dijo Naruto—, pero es un placer hacerlo ahora.
—El placer es mío —respondió, y se giró hacia Hinata—. Mi hija Hinata.
Naruto cogió la mano enguantada de Hinata y depositó un escrupuloso beso en los nudillos.
—Es un honor conocerla de manera oficial, señorita Hyuga.
—¿De manera oficial? —exclamó lady Hyuga.
Hinata abrió la boca para responder, pero Naruto se le adelantó.
—Ya le he explicado a su hermano nuestro breve encuentro en la entrada.
Lady Hyuga se giró bruscamente hacia su hija.
—¿Te habías encontrado con el duque? ¿Por qué no me lo has dicho?
Hinata sonrió.
—Bueno, estábamos demasiado ocupadas con el conde. Y antes con lord Westborough. Y antes con...
—Está bien, Hinata —dijo lady Hyuga.
Naruto se preguntó si sería de muy mala educación reírse en ese momento.
Entonces, lady Hyuga le dirigió la mejor de sus sonrisas y Naruto comprendió perfectamente de quién había heredado Hinata la suya. También entendió que lady Hyuga había decidido olvidarse de su mala reputación.
Tenía un brillo extraño en los ojos, y no dejaba de mirar a Naruto a Hinata. Entonces, volvía a sonreír. Naruto reprimió sus ganas de huir de allí.
Neji se le acercó y le susurró al oído: —Lo siento.
Entre dientes, Naruto le respondió:—Voy a matarte.
La mirada de hielo de Hinata decía que los había oído y que no había hecho gracia.
Sin embargo, lady Hyuga no se percató de nada, porque tenía la cabeza llena de imágenes de la boda del año. Entonces, entrecerró los ojos y se concentró en algo que detrás de los hombres. Parecía tan enfadada que Naruto, Neji y Hinata se giraron para ver qué pasaba.
La señora Haruno se dirigía muy decidida hacia el duque acompañada por Amaru y Sakura. Naruto vio que no había ni rastro de Sâra. Las situaciones desesperadas, pensó Naruto, exigían medidas desesperadas.
—Señorita Hyuga —dijo, dirigiéndose a Hinata—, ¿me concede este baile?
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Continuará...
