¿Cuántos años han pasado?
Se pregunta Fushiguro, mirando el cielo nublado que se alza sobre él. Como si este supiera la situación en la que se halla.
O lo que ha de acontecer.
Y le parece curioso que, siempre que va ahí, a visitarlos, el cielo y clima siempre estén así; nublado, frío, con posibilidades de lluvia.
Y es que, él siempre va solo. (Porque posiblemente le tocó estar así).
Nunca le pide a nadie que lo acompañe. Y tampoco es como que alguien quiera hacerlo.
A excepción de su hermana.
Aunque siempre declina con una pequeña sonrisa y mientras niega con la cabeza. Porque esto era algo personal y que, solamente él cargaría.
Porque así lo decidió.
Y es así, como entra al cementerio, rodeado de lápidas y tumbas, con imágenes de Buda rezando. Y ahí, con el ramo de flores que lleva siempre consigo, mira las tres lápidas frente a él.
Se inclina y reparte las flores del ramo entre las tumbas, primero la de su maestro, porque aunque no fuese tan bueno en crianza o cuidados, fue alguien que a él y su hermana, cuidó sin más.
Luego toma otras rosas más y las pone en el florero de la lápida de Itadori. A quién consideró su mejor amigo, y quién con sus ocurrencias le alegraba (o molestaba también, sólo un poco) el día. Y quién sonreía a pesar de las dificultades.
Y por último, pero no menos importante, pone flores en la tumba de Nobara. Una de las chicas más fuertes, amables y orgullosas (y fiera también) que conoció; quién también fue su confidente y una compañía agradable. Su mejor amiga.
Sabe que nunca fue de muchas palabras o de hablar fácilmente, y aún si hablara, sus palabras no llegarían a ellos.
Gojō no lo molestaría. Yuuji no le daría una sonrisa, y Nobara, no lo golpearía.
(Estaba solo).
Y se siente patético porque, últimamente cuando los visita, sólo sabe llorar. Llorar por su pérdida, pensar en lo mucho que los extraña y le hacen falta y...
Pedir que se los devuelvan.
Es inútil, lo sabe. Es tonto, lo sabe.
Y pedirles perdón, no sirve de mucho.
No van a volver. Por mucho que así lo desee, no va a pasar.
Lentamente la lluvia va cayendo sobre él. Pero eso no le importa, su dolor le consume y le rasguña las entrañas.
Y la cabeza le pesa, sobre todo con sus tormentosos pensamientos que le dicen: «Eres débil, Megumi» «No pudiste salvarlos porque eres débil» «Estás solo a causa de tu debilidad».
Lo peor de todo, es que no puede callarlas ni responderles porque...
Sabe, que tienen razón.
La lluvia le empapa mientras está sentado frente a ellos, y mientras sus lágrimas se confunden con las gotas que no paran de caer del cielo.
Posiblemente se enferme, pero, ¿Realmente importa?
Entonces se inclina y aprieta sus puños y...
Y Megumi solamente puede llorar y decir una y otra vez: Devuélvanmelos.
(Devuélvanme a mi maestro —padre—.
Devuélvanme a mi mejor amigo —sonrisas de sol—.
Devuélvanme a mi mejor amiga —de voluntad inquebrantable—.
Vida, muerte, lo que seas, por favor, devuélvemelos).
No sé qué hacer sin ellos.
Y así se queda, en su miseria, en su dolor. Otro año más.
(De los 9 que han pasado ya).
Nota: Gege dijo que tal vez mate a todos (De Gojō, Nobara, Yuuji y Megumi) y deje a uno vivo... Pero si los mata, mi estabilidad emocional deja de existir.
