No sé cómo debería de comenzar a describir esto qué siento aquí en el pecho, el tan solo sentirla cerca hace qué mi corazón lata más deprisa, mi garganta se seca y es difícil que suene natural cuando hablo al tenerla frente a mí...
Siento que mis manos sudan, y claro que lo hacen, tengo los nervios de punta, pues a pesar de que hemos tenido interacción en los últimos años, no logro acostumbrarme a ella, porque sé siente como una experiencia extracorporal, pasar el tiempo a su lado aun si el silencio el único participante activo en nuestra cita hace que todo sea simplemente perfecto.
Sé que debo de comportarme a la altura y lo intento, pero eso me tensa, me refiero a que... ¿Quién en su sano juicio no sería un vil bufón en presencia de tal diosa nórdica?
También comprendo mi lugar privilegiado de poder pasar tiempo a su lado, pero aún así no puedo evitar derrochar alegría infantil cuando me encuentro a solas en mis aposentos
Estar consciente de que esto pronto acabará me permite tener los pies en la tierra, nada es eterno, eso lo sé muy bien, pero como quisiera que esto lo fuera... Por ello me esfuerzo en cada ocasión aunque ella no lo note...
No sé si ella comparte mis mismos sentimientos, sinceramente lo dudo, pero de ser así, me convertiría en la persona más feliz de todo el universo.
Conozco que convertir a alguien en el centro de la propia felicidad no es sano, sin embargo el corazón es necio ante lo que dicta la cabeza.
Oh por todos los dioses ahí viene, ¿ese contoneo es para mí? ¿Estoy segura de que nunca lo había hecho antes?
—Me da mucho gusto verte —me sonríe y me saluda con un beso en la mejilla, ¿fue un beso de media luna? —ha pasado un tiempo —
Silencio
Esperen creo que es mi turno de hablar, si tan solo pudiera hacerlo...
—¿Gustas tomar algo? Te ves algo pálida —Dioses no, esa mirada preocupada en su rostro, en definitiva no deseo verla, pero luce tan tierna...
—Estoy bien, gracias, su majestad— logro articular
—Sabes que no es necesario que me llames así—noto ese enfado infantil en su tono— Els, somos hermanas
Hermanas, si, justo esa terrible palabra que me condena
—Si, lo sé —decido verla a los ojos con una sonrisa, esperen... ¿Eso que vi fue una sombra de pesar? —pero eso no quita que seas la reina de Arendelle
—En ese caso debería de llamarte su majestad también—rueda los ojos con gracia, mejor dicho, ¿Cuáles de sus gestos no lo son? —A fin de cuentas eres la reina de las nieves, guardiana del bosque encantado, que título tan grande — ambas reímos
No, sólo imagino cosas, ella solo es como suele ser —tienes razón, dejemos las formalidades de un lado
—Eso me agrada más, ¿quieres pasear por el jardín? — me pregunta tendiendome la mano al frente
—Me agrada la idea —¿Debería de tenderle el brazo?
Mi dilema es respondido, porque es ella quien busca mi brazo.
El sol de primavera si que le sienta de maravilla
—Gracias, aunque el viento suele jugar con mi cabello
Trago con fuerza... ¿A caso lo dije en voz alta? Ay maldición, debo de controlarme más... Conceal, don't feel
—Elsa... ¿Estás bien?
—Claro, ¿por qué lo preguntas?
—Hay escarcha en tus palmas
De inmediato observé mis manos era cierto —es que me distraje un poco
—¿Pasa algo en el bosque?
—No, nada malo, sólo me pregunto si Ryder habrá reparado el puente del arroyo para los renos
—Ah, ya veo, ¿Qué tal las cosas con Honeymarry?
Noté algo de recelo —¿a qué te refieres?
—S-si, es decir, a cómo van las cosas y eso
—En verdad quiero entenderte, pero no sé a qué viene la pregunta
—Ay por todos los dioses no me vengas con eso, Elsa —se apartó de mi, y creo que es la primera vez que el frío me ha molestado
—Pues se prepará para ser la sucesora de Yelena, ¿Qué más puedo decir?
—Detesto cuando te pones así de idiota
—¿Disculpa? Anna, por más que te ame no voy a permitir que me faltes al respeto de esa manera
—¿Me amas? —preguntó dudosa
—¿Por qué siquiera te lo preguntas? ¡Claro que sí!
—¡¿Entonces por qué siempre me apartas?! — ¿a caso estaba teniendo un ataque de histeria? —No hablo de cuando eramos niñas, sino cuando te ibas a ir de viaje tras tu coronación y jamás me pediste que fuera contigo, también cuando ocurrió la enfermedad del sueño, la vez del mar oscuro y después cuando te convertiste en el quinto espíritu, no haces más que buscar la forma de estar lejos de mí, ¿soy tan desagradable?
Cada una de sus palabras me atravesó el corazón en forma sucesiva, incluso me encorvé un poco para tomar algo de aire como si los golpes en verdad hubiesen sido físicos.
—Anna... Yo... No
—No digas nada, Elsa, no hace falta, simpre he podido sobre llevar las cosas por mi cuenta, está solo fue un na pequeña recaída de psique, por favor ignorala
—¿Cómo te atreves a pedirme eso? Si tú nunca me dejaste sola, ¿Qué te hace pensar en que ahora no he de insistir?
Anna se dio la vuelta para enfilarse a uno de los extremos del jardín, me pregunté si debía de dejarla sola, pero a un segundo vistazo noté como lanzaba la falda de su vestido y debajo traía sus pantalones de monta, saldría por la puerta noreste del jardín que da hacia los establos, si la perdía de vista una vez montando a su caballo no volvería a ver hasta el atardecer.
—No, eso si que no— dije entre dientes, a pesar de que me llevaba más de 100 metros de ventaja, también opté por cambiar mi ropa, para deshacerme de la capa de mi jumpsuit y colocarme un calzado más apropiado que mis sandalias.
Para mi suerte había una sequía de agua que cruzaba parte del los terrenos del castillo, lo que me permitió llamar a Nokk, quien atendiendo a mi llamado se presentó en el cuerpo de agua, con ayuda de mi poder logró tomar una forma física que le permitiera desplazarse en tierra.
A pesar de mi rapidez de reacción la perdí de vista, nadie conocía mejor las inmediaciones del castillo que ella.
No sabía que hacer, hasta que un viento singular comenzó a jugar con mi cabello, se trataba de Gale, el cuál me comenzó a guiar por un camino que nunca había atravesado, sé que es un viejo y sabio espíritu, pero antes de comenzar a dudar de él, en uno de los árboles pendía un listón del cabello de Anna, lo que indicaba que íbamos en la dirección correcta.
Tras cabalgar casi hora y media, vislumbré nuestro destino, era la cabaña de verano de la familia, que solíamos emplear un par de semanas al año para descansar de los ajetreo de las funciones de la familia real... Habían pasado años desde que la última vez que estuvimos ahí, sin embargo la casa no lucía descuidada...
El corcel de Anna estaba a las afueras de la casa.
Al bajar de Nokk, él se incorporó a la noria y Gale se fue a alguna parte.
Al entrar en la casa de verano, un golpe de nostalgia me invadió los sentidos, todo seguía exactamente igual como lo recuerdo, incluso el plato faltante del estante, el que rompí a los ocho años, era la misma sensación de como ver las memorias de Atohallan.
Subí las escaleras, en la segunda planta era donde solía estar nuestra habitación...
Desde el pasillo escuché la voz de Anna, mejor dicho, su sollozo, apenas lograba entender lo que decía —Es una tonta, una boba, ¿Qué no se da cuenta de las cosas? — silencio —si, tienes razón siempre ha sido así, pero eso no la excusa de no tomar responsabilidad de mí
¿Con quién rayos hablaba? Logré colocar un cristal de hielo que me permitiera ver al interior de la habitación...
Anna estaba ahí, conversado con nuestras muñecas de la infancia, incluso ella seguían intactas.
—¿Es que no se da cuenta de las veces que la he elegido por sobre cualquiera? ¡Que mi amor es incondicional! —silencio de nuevo —si, lo entiendo es normal que sea así entre la familia, pero vamos, que lo que yo he hecho no es normal y ni así se percata de lo que siento, en verdad que es super densa, y luego aparece esa tal Honeymarry a robarme su corazón, de verdad que no la soporto, ¿Quién se cree que es? ¿A caso no me lo dijo ella cuando Hans? "No puedes casarte con alguien que acabas de conocer" —no negaré que imitarme fue gracioso — En verdad que no sé qué más hacer —eso lo tomé como mi entrada
—Es que tú no tienes que hacer nada, Anna
La vi sobresaltarse y ponerse nerviosa —Els, qué... Qué sorpresa tenete por aquí... Yo... Yo solo... Estaba... Tu sabes... Aquí...
—Es lindo verte nerviosa e insegura, a pesar de ser quien destruyó una presa
La vi sonreir apenada —es que el no tenerte me dio el coraje de tomar las riendas de mi vida, al no tener nada que perder, ya no había miedo —sonrió
—Sabes que eso suena muy romántico, ¿no?
—¿D-de verdad? No, no era mi intención sonar así, es decir, eres mi hermana
—¿o fui yo quien lo quiso escuchar así? —no sabía de dónde estaba saliendo toda esa confianza, pero no iba a dejar que parara
—¿P-por qué querrías eso, Els? —preguntó nerviosa la regente
—Porque es lo que evidentemente ambas queremos, Anna
Noté un brillo nuevo en sus ojos, uno lleno de ilusión... Qué se apagó bruscamente...
—Por favor no juegue así conmigo su majestad —su tono era frío
—¿Quién está jugando, su majestad? ¿A caso es usted? Que me besa de forma sugerente, me toma de forma impropia del brazo y se acurruca sobre mi pecho
—Y-yo no hago ninguna de esas cosas, jamás le faltaría el respeto a Kristoff
—Pero si solo pone mis nervios de punta, jamás a trascendido esa frontera, su majestad, y eso es de admirar, sin embargo, sea sincera consigo misma y al menos dele tregua a mi corazón con lo que sea que tenga que decir al respecto, ¿no le parece lo mejor? — ¿En qué momento terminamos en la cama, conmigo a horcajadas sobre la pelirroja? ¿Por qué hay lágrimas congeladas sobre sus mejillas?
Es porque son mías
—Els... —lucía tan vulnerable, ahí, a mí merced sin oponer resistencia alguna... —Te amo como no te imaginas... Pero...
—No es correcto, completé por ella— ambas asentimos, sin embargo no importaba cuanto me lo repitiera en mi cabeza, decirlo en voz alta era aún más doloroso...
La vi quebrarse y llorar, ambas lo hicimos por varios minutos, terminamos abrazadas para darnos consuelo, hasta que el sol de la media tarde irrumpió en la escena.
—Es hora de volver —dijo no muy convencida
—Es hora de volver —repetí
Nos levantamos y bajamos, sin embargo al pasar por el estante de los platos de mamá, me encargué de llenar el espacio vacío con uma replica de hielo del plato con el conejo de la suerte en él
—Por fin lograste repararlo con ayuda de tus poderes —me dijo Anna
—Así es, no hay nada que el tiempo no ayude a mejorar — entendió perfectamente a lo que me refería y sólo asintió.
