Desde hacía diez minutos la lluvia había empezado a caer de forma torrencial y el silbido del viento entre los arboles aumentaba por momentos. Dos chicos, a pesar de haberse puesto la capucha estaban completamente empapados de arriba abajo.

—¡Maldita sea! ¡¿En qué puto momento se me ocurrió seguirte?! —grito un Jean visiblemente cabreado —. ¡Y ahora estamos aquí en medio de la nada!

Se estaban refugiando debajo de un árbol, pero eso no impedía que se siguiesen mojando ya que el viento empujaba la lluvia desde varios lados.

—¡Lo dices como si fuese culpa mía! —se defendió Eren enseguida.

—¡¿De quién sino?! El capitán Levi nos advirtió que siguiésemos la ruta y tú….¡Tú te fuiste a la tuya! —le recriminó como si fuese necesario remarcarlo.

—¡No te pedí que me acompañases!

—¡Se supone que íbamos por parejas y yo no iba a dejar que Mikasa fuese contigo!

—¡Yo no necesito que nadie me acompañe! —alegó haciendo que Jean volviese a perder los nervios.

—Si no fuese porque eres alguien importante para salvar a la humanidad…. —dejó la frases a medias y Eren no tardó en respondele.

—¿Qué? ¿Me hubieses matado? ¡Já! —el agua les chorreaba por la vestimenta y la capucha haciendo que les cayese por la cara —. No te sulfures tanto. Era un atajo ¿Vale? Me lo sé de memoria, pero con esta lluvia es imposible ver nada. Cuando se calme retomaremos el camino y ya está.

Jean lejos de tranquilizarse por las palabras de Eren volvió a hablar alterado.

—¡¿Cuando se calme?! ¡¿Y si no se calma?! ¡Esto puede durar horas! ¡Y como sigamos aquí acabaremos enfermos!

—No pasará nada, no seas tan quejica.

Jean esta vez miró a Eren a los ojos fijamente y seguidamente cogiéndole por la ropa lo empotró contra el tronco del árbol.

—¡¿Quejica?! ¡¿A quién llamas quejica?! Que tú seas un desconsiderado, no significa que los demás no nos preocupemos…

—¿Preocuparte de qué? ¿De mí?

—¿De ti? ¡Ya te gustaría!

—Oh claro, se me olvidaba que Jean Kirstein solo se preocupa de si mismo…

Jean negó con la cabeza y le soltó del agarre.

—¡Déjame en paz! No estoy de humor ahora para tus tonterías Jeager.

Después de otros cuatro minutos más de lluvia intensa y al ver que no amainaba Eren se dispuso a tomar cartas en el asunto. Jean al percatarse y sin entender quiso intervenir.

—¡¿Qué haces?!

Eren uso su equipo para subir al árbol hasta la cima.

—¡No es que se vea mucho, pero quizás desde aquí podamos ver alguna cosa! —hablo fuerte ya que el sonido del viento junto con el de la lluvia hacía difícil tener una comunicación fluida.

—¡¿Ves algo?!

—¡No! ¡Espera aquí! —dijo saliendo disparado hacía otro árbol que había no muy lejos.

—¡Eren!

Jean se frotó las manos contra si en un intento de mantenerlas más cálidas. El ambiente no era extremo pero hacía frío y el estar chorreando como una esponja no ayudaba.

—Ese estúpido…. —murmuro en voz alta —Tsk…

Jean conocía de sobras la personalidad de Eren, despreocupado en su mayoría de veces, solía actuar sin pensar ni meditarlo debidamente. Eso hacía de él un sujeto que siempre solía meterse en problemas. Pero a la vez tenía que admitir que en ciertas ocasiones envidiaba su coraje. Valentía de la que él carecía al no ser tan visceral y reflexionar más sobre los contratiempos.

Al cabo de unos minutos Eren volvió a aparecer con una sonrisa en su cara.

—¡¿Dónde mierda estabas?!

—¿Otra vez preocupándote por mi? —comento para picarle y seguidamente le guiño el ojo —Jean le miró alucinado —¡No te lo vas a creer! —exclamó sin darle a tiempo a Jean a decir nada —¡He encontrado un refugio!

—¿Un refugio? —cuestionó sin terminar de creérselo.

—¡Sí! A unos 200 metros. Está medio en ruinas pero al menos no nos mojaremos tanto.

—¿Estás seguro? ¿No habrá titanes en los alrededores?

—¡No me seas aguafiestas! ¡Encima que he encontrado donde no mojarnos!

—¡Ya estamos más que mojados!

—¡¿Vas a venir o qué?! —inquirió para seguidamente volver a emprender la marcha.

Jean dudo por unos segundos pero finalmente le siguió. Cuando estuvieron enfrente de la casita entraron a toda prisa y por fin pudieron descansar de la lluvia que seguía cayendo furiosa.

—¡Toma ya! ¡Ves como soy genial, esto nos irá de perlas! —exclamó un Eren entusiasmado de su hazaña.

—No está mal —hablo Jean a regañadientes —. Pero joder mira como estamos….

De sus vestimentas seguía cayendo agua, ya que la ropa había absorbido mucha.

—Quizás podamos hacer un fuego… —murmuro inspeccionando la casita.

Era muy pequeña, y estaba visiblemente abandonada, incluso al punto de que ya estaban empezando a brotar algunas raíces y hierbas por el suelo. En el tejado había goteras y las paredes no parecían ser muy seguras.

Eren se fijo en un par de sillas rotas que había en una esquina y se fue hacía ellas.

—¿Qué tal esto?

Conseguir encender el fuego les costó, todo había cogido humedad y el ambiente tampoco era el adecuado, pero cuando lo consiguieron una sonrisa apareció en la cara de ambos.

—¡Qué calentitoo! —soltó Eren acercándose todo lo que pudo.

—¿A cuantos kilómetros crees que estamos de las murallas? —preguntó de repente Jean.

—No muchos. Quizás tres. ¿Por qué?

Jean se acercó justo al lado de Eren y se sentó en el suelo junto al fuego.

—No sé, no creo que estemos en un sitio seguro.

Eren se fijó en su cara y enseguida intervino.

—¡Tranquilo! Para eso estoy yo aquí ¿no? —dijo pero sin pretender ser arrogante o a modo de chulería —. Me puedo transformar en titán ¡Y mato a quién sea! —finalizó seguro de lo que decía.

—Ya, claro…. —Eren al ver que no había conseguido el efecto deseado volvió a hablar.

—Nunca iba a dejar que nada te pasase, Jean. —concluyó tajando logrando que por primera vez y sin poder evitarlo a Jean se le acelerase el corazón ante aquellas palabras.

Bum, bum, bum, bum, bum. . .

Empezaba a entrar en calor pero aquello le provocó un escalofrío. ¿Por qué? No había dicho nada del otro mundo. Y si lo pensaba bien, seguramente lo había dicho para presumir de sus habilidades y hacerse ver superior. ¿O quizás no?

Jean se quedó en silencio y Eren tomó asiento también en el suelo. En momentos como aquellos, excepcionales y extraños a la vez, la atmósfera parecía transformarse. Ellos siempre compitiendo y echándose en cara el uno al otro alguna cosa. Entre peleas y gritos y algún que otro golpe transcurrían sus días. Que ahora fuesen capaces de estar en esa tranquilidad y paz a Jean le hacía ponerse nervioso.

—Cuando pare de llover llamaremos a los caballos y volveremos —comentó Eren relajado.

—¿Crees que van a regresar?

—¡Claro! Solo se han asustado cuando ha empezado a llover tan fuerte y los hemos pedido de vista, pero son fieles amigos —declaró convencido —. Los demás se habrán refugiado en alguna parte igual que nosotros, así que podemos estar tranquilos.

—Sí, eso creo.

—Ha sido culpa mía…. —pronunció Eren al cabo de unos segundos después, con voz algo quebrada.

Jean se giró hacía él sorprendido por lo que acababa de soltar.

—¿Qué dices? —Jean bufó —. No te pongas sentimental ahora. No sirve de nada.

—¿No vas a echarme la bronca? ¡Cuándo estábamos afuera lo has hecho y con razón! —dijo poniendo una mano en el hombro de Jean —. Quería coger el atajo y llegar antes que nadie. Que dejasen de verme como el novato al que siempre hay que proteger y viesen que puedo valerme por mi mismo.

Jean le escuchó con atención.

—La verdadera bronca te la dará el comandante y los demás cuando regresemos —aclaró —. Eres capaz de darte cuenta que la has cagado, ha sido una imprudencia.

—Vaya ánimos… —puso cara mustia y volvió a su posición —. Siento ser una carga…

Jean se quedó mirándole fijamente mientras Eren por su parte miraba el fuego.

Ese chico...Tan cabezota e idiota que le hacía sacar de sus casillas, pero otras veces tan cercano que le hacía cuestionarse muchas cosas.

—No eres una carga bobo. Todos creen en ti. Y si es que hemos llegado tan lejos también es gracias a ti —quiso admitir sin tapujos, ya que era una realidad de la que era consciente.

—Ha habido demasiadas muertes … —murmuro con el semblante serio y como si estuviese recordando acontecimientos desagradables —. Solo quiero que esto se acabe pronto.

—Ojalá. ¡Pero mientras tanto seguiremos luchando con todo lo que tengamos! ¡Aunque nos cueste la vida!

Esta vez fue la frase de Jean la que conmovió el corazón de Eren y volvió a fijar la mirada en la de su compañero.

—Jean…

El fuego hacía que sus ojos brillasen y por primera vez Eren se tomó su tiempo para perderse en los de Jean por un largo rato. Al final Jean un tanto cohibido hablo.

—¿Qué mosca te ha picado ahora? No me mires con esos ojos, es raro —concluyó.

—Ya casi se te ha secado el pelo —alargó su mano y toqueteo varios mechones.

Jean le dejó hacer.

—El tuyo en cambio aún sigue mojado. Lo tienes más espeso.

Y así era. De los cabellos de Eren aún brotaban pequeñas gotas que se escurrian por su frente y mejillas poco a poco.

—Puf es un fastidio —se quejo pasando su mano por su frente para quitarse el que caía en ella.

—A mi me gusta —se atrevió a decir Jean haciendo alarde de su siempre sinceridad extrema.

Quizás hubiese querido callarse, pero su cerebro no le había dejado. Tenía que soltarlo y el momento era propicio.

—¿Te gusta? —Eren preguntó confuso —. ¿Te gusta mi pelo?

—Parece suave —se encogió de hombros a pesar de saber que aquello salido de su boca había sido inusual. Sobre todo si a quién iban dirigidas esas palabras eran a Eren.

—¿Quieres tocarlo?

Y si lo suyo había sido inusual, lo dicho por Eren le pareció de otro mundo. No estaba soñando ¿Verdad? Porque si alguien le hubiese preguntado, hubiese jurado que aquello era un sueño.

Dudo unos segundos en contestar y finalmente eligió actuar sin decir nada. Jean alargó su mano tal cual lo había hecho Eren con anterioridad y rozó su pelo en una breve caricia. Su mano se mojó pero poco le importó. De verdad que ese imprudente tenía un pelo sumamente lacio y suave, como había imaginado.

Quiso alargar el toque pero Eren le interrumpió.

—Tu mano está caliente.

—Sí, ha sido buena idea hacer el fuego —Jean alejó su mano de la cabeza de Eren pero este le frenó.

—Puedes seguir tocándome...

Jean alucinó y tuvo que pestañear varias veces para cerciorarse que seguía allí. ¿Qué acababa de escuchar? ¿Tocarle? ¿A qué se refería exactamente? ¿Sería que del remojón había pillado fiebre y desvariaba?

Un montón de preguntas se acumularon en la cabeza de Jean impidiéndole tomar acción, por lo que Eren se adelantó.

—No me importa.

—Eren ¿Qué dices? ¿Tienes fiebre? —pero Eren seguía igual de serio en su postura y su semblante no cambió en absoluto. Cogió la mano que antes Jean había depositado en su pelo y la llevo hasta su cuello —Eren….

Se desabrochó su capa y dejó que esta cayese al suelo. A continuación hizo lo mismo con su chaqueta marrón La fina camiseta mojada de debajo estaba pegada a su pecho y se podía apreciar su figura a través de ella a la perfección.

Jean tragó saliva más de dos veces y simplemente dejó que sus dedos se deslizasen por su cuerpo hasta llegar a su pecho. Pudo notar como el corazón de Eren latía furioso y él por el simple hecho de darse cuenta, aquello hizo que el suyo le imitase.

Eren miro con detenimiento la mano de Jean que ahora reposaba en su pecho.

¿Acaso aquella lluvia les había afectado a los dos de algún modo? Pensó Jean sin poder parar de darle vueltas a la cabeza. No, no podía ser. Ellos los que peor se llevaban del grupo y de lejos, ahí estaban como si de dos amantes furtivos se tratase. No le desagradaba, tenía que admitirlo pero no dejaba de ser algo chocante.

Eren por su parte tenía la mente totalmente en blanco, ni siquiera se había puesto a pensar en qué le había llevado a soltar ese atrevimiento e incitar a Jean. ¿Qué no se llevaban a matar? Él siempre picandole y haciéndole bulla, ahora le había casi rogado que le tocase, como si estuviese necesitado.

—Todavía sigue lloviendo —pronunció dejando confundido a un Jean que no tenía ni idea de qué estaba pasando. Y muchos menos entendió porque de repente Eren decía eso.

Sí, seguía lloviendo ¿y qué? Él mismo podía darse cuenta ya que el sonido traspasaba las paredes de aquella casa.

—Sí…

Eren acortó la poca distancia que le separaba de Jean y posicionó su cara a escasos centímetros del contrario provocando en Jean de inmediato un rechazo y rubor que fue inevitable.

—Eh, eh para el carro —movió ambas manos posicionándolas delante de él como si fuese necesario crear una barrera entre ambos.

—¡Oh perdona! —se excuso un Eren que al percatarse pareció volver en si y rápidamente se levantó —Olvídalo.

Jean ante lo dicho apretó sus dientes y volvió a fijar la mirada en Eren esta vez desde abajo.

¿Qué lo olvidase? ¿Qué lo olvidase? ¡Maldita sea!

Jean se levantó y tomando desprevenido a Eren lo empujo contra una de las paredes y acercando su boca hasta la de él, finalmente junto sus labios. No quiso pensar en las consecuencias o en si Eren iba a despreciarle, darle un golpe, gritarle o lo que fuese….Apretó su boca fuertemente contra la de Eren y se quedó quieto. Llevó su mano derecha hasta donde antes había permanecido, el pecho de Eren y dejó que pasase un tiempo prudencial hasta volver a separarse. Cuando lo hizo y volvió a cruzarse con los ojos de Eren lo supo con claridad. No se arrepentía.

—No pienso olvidarlo —dijo tajante —. Antes has dicho que no ibas a dejar que nada me pasase —se alejo un poco dejando una distancia entre ambos de un par de pasos —. Lo mismo te digo.

—Jean… ¿Crees que tendrías la fuerza necesaria para protegerme? —pronunció en un tonito juguetón que Jean conocía y no le hizo gracia y quiso cortar en seco el juego.

—Cuando alguien te importa sacas la fuerza de hasta donde no sabías que existía.

Eren que una vez más había querido picarle quedo completamente mudo por la contestación. Lo sabía, por supuesto que sí. Él mismo se había visto en situaciones en las que tuvo que sacar fuerzas de donde no tenía para poder defender a los suyos.

Eren se fue directo hacía su compañero y se abalanzó con impulso encima de él haciendo que Jean cayese al suelo y él se quedase encima.

—¡Arghh! ¡MIERDA, EREN!

Eren le tapo la boca esta vez siendo él quien le besaba y no de manera tranquila y pausada como lo había hecho Jean. Él se guio por sus impulsos y fue más feroz obligando a Jean a participar y ambos intercambiaron saliva. Jean llevo sus brazos hasta la espalda de Eren para tener mayor agarre y Eren tenía sus manos puestas en las mejillas de Jean.

—Tienes razón. Será mejor que no lo olvidemos —dijo Eren para seguidamente volver a tomar la boca de Jean y hacer que eso se alargase bastante.

Cuando se separaron Eren echo una risita.

—¿Qué pasa? ¿De qué te ríes ahora?

—Sigue lloviendo.

¿Qué? ¿Otra vez con eso? Entonces Jean cayó en cuenta y recordó lo que le había dicho Eren minutos atrás.

Cuando pare de llover llamaremos a los caballos y volveremos.

Mientras siguiese lloviendo iban a continuar allí, en esa casita, juntos.

—Que no pare nunca... —susurro y pasó su mano por entre la nuca de Eren y lo volvió a atraer hacía si.

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· · ·

—¡Jeeeeann! ¡Ayúdame! —se fue directo hacia él como si de un cachorrito herido se tratase —. El comandante ha sido duro conmigo, pero lo del capitán Levi ha estado a otro nivel. Penaba que no salía de esta…¡Consuélame!

—Ya te va bien que te echen la bronca de vez en cuando ¿Eh?

—Pero…. —Eren puso cara triste —Si no hubiese sido por mi, no hubiésemos ido a ese sitio —le recordó haciendo que Jean se avergonzase al pensarlo.

Besos, muchos besos, fogosos, apasionados, húmedos. Caricias las necesarias, por encima y debajo de la ropa, consiguiendo que sus cuerpos olvidasen lo mojados que estaban, y que todo pasase a importar bien poco. Sin duda algo que jamás iban a olvidar ninguno de los dos.

A raíz de aquello su relación mejoró notablemente. Había piques, sin perder la costumbre pero Eren se podía decir que se había vuelto más manso cuando lidiaba con Jean. Y Jean mostrando su lado más noble, le era casi imposible rechazarle la mayoría de veces.

—¡Va, idiota! ¡No habrá sido para tanto! —comento finalmente pasando su mano por su pelo —Ahora vamos a comer y se te pasa.

Eren rio.

—¡Me muero de hambre!

—Que simple eres.

Eren se adelantó echando a correr hacía el comedor.

—¡Comida, comida, comida!

Jean mirándole como se alejaba supo con certeza que ese chaval tenía algo. Algo especial capaz de hacer que las personas quisiesen estar a su lado. Y él no había sido una excepción. Él permanecería a su lado hasta que el mundo se acabase.

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· · ·

Amo a Jean. ¡Dios! Es un personaje que en mi opinión, no lo suficiente admirado. Y si tengo que shippearlo con alguien ese es definitivamente Eren. Juntos hacen una pareja que me atrae mucho y disfruto escribiendo. Aunque no tengo muy claro quien es el seme/uke de la relación….Me gustan ambos ejerciendo ambos roles, así que lo dejo a la imaginación y gusto de cada uno.