La Promesa de la Bibliófila

Reo estaba sentada en su sillón revisando unos datos sobre las finanzas de no sólo sus empresas sino también de la economía doméstica de su hogar cuando rápidamente abre la puerta Mai tras haber tocado más de una vez al darle un fastidiado permiso la rubia para que ingresara a su oficina.

– Buenos días, Reo, ¿sabes qué? ¡La historia épica que estuve leyendo en los últimos días es tremendamente buena! Aunque nada de lo que yo te diga serviría para describir lo impresionante que es… Para eso tendrías que leerlo vos misma.

Mai le dejó una taza con té sobre el escritorio justo frente a su novia.

Reo dejó lo que estaba haciendo mirando directo y con atención a los ojos a Mai.

– Mai, ya sabes que no me gusta ninguna clase de libro… Pero además… ¿te enteraste que ayer mismo nos llegó la invitación a la boda de las primas Kitajima?

– Ah, sí que se tardaron en formalizar lo suyo. Nanami y Yuuna hicieron lo mismo hace un año, ¿no?

Mai entonces miró también directo a los ojos a Reo y notó que su contraparte tenía un principio de lagrimeo.

– Reo, ¿qué te pasa…?

– No me sorprende que no sepas lo que me pasa en algunos sentidos…

– ¿Eh…? ¿Qué quieres decir?

Mai se le acercó por un costado a Reo pues rodeó el escritorio. Mai abrazó a la más bajita y le besó un cachete.

– Si no me explicas lo que te pasa no te voy a terminar de entender.

Le mencionó en susurro a la oreja.

– Aunque lo que me pasa es un capricho mío vos no dejas de ser una tonta a pesar de que ya tenemos 33.

– Por favor dime qué te molesta.

A Mai ya empezaba a preocuparla la molestia de su novia. En serio empezaba a dolerla verla alicaída.

– Es que… bueno… Simplemente quiero casarme con vos, pedazo de tonta…

Mai abrió grande los párpados por entender todo en esa simple oración que le dijo Reo. La ley de matrimonio igualitario había sido aprobada por el gobierno de hace menos de dos años en el país. Además las dos parejas del mismo sexo que conocían o ya se habían casado o estaban por hacerlo como en el caso de las Kitajima… Mai debió haber entendido las señales de su caprichosa Ojou-Sama desde hace rato… Pero aunque su afición por los libros de textos (novelas) y los libros de historieta (cómics) no eran nuevos en los últimos años tras haber dejado en parte de lado esa afición por estudiar administración de empresas y actualmente fungir como secretaria personal de Reo "hace poco" volvió con todo a su vena de lectora. Entonces Mai supo lo que tenía que hacer para contentar a su futura esposa… Tras superar la renuencia de Reo pues Mai logró que la acompañara gran al jardín trasero de la casona (casi mansión). La de cabello corto entonces empezó recitarle un poema de su propia confección a su amada mientras ambas se agarraban de las manos y pese a que Mai la miraba con cariño Reo trataba de eludir su vista porque con un simple poemita no iba convencerla de dejar de estar molesta durante todo lo que quedaba de la tardecita y la noche de aquel día… pero vaya que Reo estuvo equivocada en este punto…

– Ah, Reo, bella ángel... El diario devenir de nuestra relación es una serie de conflictos pacíficos... Yo te respeto sólo por ser vos... Te aprecio por ser siempre amable conmigo... y te amo porque lo mío es entrega total hacia tu persona... Te conocí y me enamoré de vos... No busqué de por sí nada de todo esto en tu bella persona pero quizás por eso es que te quiero tanto... La felicidad la hallé sin darme cuenta ni buscándola... Y ahora que me doy mucho tiempo para pensar y notar nuestra relación me avergüenza pedirte algo más a cambio que sólo tu amor... Pero simplemente quiero seguir compartiendo todo lo que soy y todo lo que tengo con vos... Soy tu novia que te quiere en las buenas y en las malas: tu querida Sawaguchi Mai.

Reo derramó lágrimas ya no de tristeza o de molestia sino de felicidad. Mai le agarró el mentón a la rubia y la besó en los labios. Mai sólo quería darle un beso rápido y sin lengua pero Reo de repente la abrazó a la altura del cuello y empezó a besarla más fuerte… A partir de ahí ninguna de las dos supo bien cómo habían terminado semidesnudas sobre un lecho de lirios en flor que estaban entre las rosas rojas y blancas. Las dos tenían la respiración aún ligeramente agitadas, estaban ruborizadas y acostadas sobre los lirios… y entonces Mai agarró una rosa roja estirando el brazo, le quitó un pétalo y lo colocó sobre los labios de Reo al momento en que ella le daba el último beso del momento.

– ¿Esto también lo leíste en tus libros…?

Le preguntó Reo al apartarse el pétalo rojizo de sus labios humedecidos.

– No, es de mi inventiva. Por vos soy capaz de llegar hasta el infinito… mi futura esposa…

– Ay Mai… vuelve a besarme una última vez de momento, ¿sí?

– Con mucho gusto.

Y así con este de momento último beso sellaron tácitamente su promesa de volverse esposas.

FIN