La historia que dejamos pasar
Capítulo 2
Dos semanas de insistencia de Moto-chan y Marina eran suficientes para añorar ese papel persistente de parte de Noriko-san, que podía competir con las dos compañeras de Kotoko y obtener empate. Cada momento de libertad en el hospital era ocupado por ambas para perturbarla con su conocimiento de Irie-kun, deseando saber más información respecto a ambos, en especial por la manera en que la desestimó públicamente.
Y quizá por ello apenas tenía consciencia de la realidad, mareada de escuchar sus voces sobre lo mismo; si incluso en casa parecía oírlas, tanto despierta como en sueños.
Iban a volverla loca, se decía Kotoko, más de lo que se sentía ante su mala suerte. Con la sobrepoblación de Tokio, solo ella coincidía con la persona que deseaba evitar, igual que cuando resultó ser hijo del amigo de su padre años atrás.
(Empezaba a creer que hizo algo mal en otra vida.)
Para colmo, estaban en la misma área y tenía que verlo diariamente, lo cual resultaba difícil. A lo largo de esa quincena, en diferentes ocasiones trabajaron juntos, provocando una evidente tensión que le carcomía los nervios y que había afectado su labor tras un tiempo sin fallas muy notorias; y eso no servía para dar una buena imagen al imperturbable hombre, representante idóneo del médico.
Vaya que lo era.
Irie Naoki había nacido para la profesión, ejerciéndola del mismo modo admirable que las demás cosas. Cada vez que tenía oportunidad de observar lo que hacía, crecía su admiración a él; se comportaba como si llevase décadas en la medicina y no poco más de un lustro. Nadie creería que había ingresado a la carrera en el cuarto año.
Se sentía orgullosa de lo que había conseguido y, principalmente, que lo disfrutara. Si había alguien que lo merecía, era Irie-kun; había tenido un sueño y una meta, después de no creer en los estudios universitarios y planes personales a futuro. Y, lo mejor sea dicho, sus acciones beneficiarían a muchos.
Como había mencionado Moto-chan, se aprendía mucho de él; nada más por ello soportaba.
Asimismo, ella no tenía el poder suficiente para pedir un cambio de área; si él —que parecía no tolerar su presencia— no se encargaba de dividir sus caminos, no había otra opción que aguantar el tiempo que fuera.
—¿Puedo ocupar el asiento?
La pregunta sacó a Kotoko de sus cavilaciones. Asintió a Keita, sin mencionar el aspecto solitario de la cafetería. Si él deseaba hacer migas con ella, lo aprovecharía; había escuchado de los demás sobre su dedicación a la enfermería y le gustaría tener una persona como él cerca… por no mencionar que su presencia era tranquila, en comparación al ajetreo de sus últimos días.
—Luces contrariada y agotada —comentó él tras sentarse, en un tono amable que sirvió para apaciguar sus ánimos.
—¿Es muy obvio? —preguntó con temor, tocándose el rostro. ¿Qué clase de impresión estaba dejando?
Keita afirmó con la cabeza después de beber un poco de su lata.
—Tu cara es expresiva. —Él sonrió a los pocos segundos. —Y… ¿el trabajo es diferente a Akita?
—Bastante, bueno, allí estuve un año en Urgencias en mi tercer año, y éste no cuenta, pero de algún modo aquí hay más casos y el hospital está más activo, aunque sea universitario. —Hizo una pausa, pensativa. —Creo que por eso conseguí una plaza rápidamente.
—Poco a poco te acostumbrarás; he notado que disfrutas de la profesión, así que solo es cuestión de tiempo. La demanda nos mantiene al día y es emocionante.
Kotoko se dio cuenta de lo mucho que cambiaba el pelinegro cuando se trataba de la enfermería, lucía menos severo y más joven. Era más amigable.
—Esperemos que tengas razón, ya he aprendido mucho en solo unos días. ¿Tendrá algo que ver con que sea hospital universitario?
—No necesariamente —replicó Keita—, en nuestra profesión cada día es una fuente de aprendizaje, máxime cuando hay casos nuevos e inexplorados. Pero también al personal de aquí le gusta enseñar.
—Eso me agrada, tuve dificultades en mis estudios y siempre recibo bien las correcciones —admitió rascándose la nuca, recordando el pasado. Era natural en ella equivocarse, aun con la carrera que le gustaba… Para aprender venopunción tuvo que recurrir a casi todo el pueblo de su familia materna.
—Si deseas ayuda, dímelo, estaré encantado de dártela. —Él se puso en pie. —Debo de irme.
—¿Tan pronto? No has… —Kotoko indicó su bandeja, sorprendiéndose al percatarse que había terminado.
—Tengo una paciente difícil. Ella, eh, la señorita Akiko, me necesita la mayor parte del tiempo.
Kotoko admiró su dedicación mientras lo despedía. Se preocupaba por su paciente y hacía claros esfuerzos personales para el bienestar de ella.
Sonrió con ilusión, imaginándose que algún día recibiría el mismo respeto de un colega.
De repente le recorrió un escalofrío en su costado derecho y giró el rostro, soltando un ligero jadeo al encontrar los ojos de Irie-kun, que la observaba desde otra mesa alejada. La distancia y su inexpresividad le dificultaron definir la intención; sin embargo, no era difícil adivinar de qué se trataba.
Kotoko regresó la mirada a su plato con el apetito perdido. Entendía que pudiese tener animadversión por ella, y probablemente le debía un perdón sincero, pero no se atrevía a acercarse para abordar un tema personal. El asunto no era que su corazón enamorado la traicionaría, sino que temía la reacción de él, y no quería arriesgarse a ella en el trabajo; le buscaría fuera, aunque no estaba segura si seguía viviendo con su familia o lo hacía por su cuenta.
Tampoco podía averiguar su dirección con Noriko-san, pues le daría otra idea, y mucho le había costado que abandonara sus intentos de unirlos de nuevo (logro que consiguió al declarar que cesaría su contacto si volvía a lo mismo —si bien nunca habría cumplido ese cometido).
Así pues, tendría que cruzar los dedos para que ocurriera pronto la "cuestión de tiempo" mencionada por Keita.
—Justo a quien estaba buscando.
Cerró los ojos con la cabeza echada para atrás, limitándose a lamentar otra sesión con Moto-chan hasta que terminara su almuerzo.
{…}
El agotamiento de un turno terminado tuvo a Kotoko dormitando en el metro, aunque al llegar al edificio donde vivía la necesidad de comer dominó a la de acostarse temprano, más que nada porque de no satisfacerla se despertaría a mitad de la noche por un bocadillo nocturno (del tamaño de una comida de cinco platos).
Afortunadamente para ella, según su horario, no tenía que llegar a cocinar ese día. En primera, porque seguía apestando en la actividad, pese a sobrevivir un poco con sus habilidades actuales; en segunda, porque no tenía fuerzas para que su mente trabajara en algo difícil. Era tan dichosa con que su padre le dejase la cena en el refrigerador.
Sonriendo ante eso último, Kotoko se detuvo a buscar sus llaves en el bolso, pero escuchar el tintineo de otras le detuvo en el acto. Al alzar la mirada, vio que su vecina adolescente también llegaba al edificio.
—Hola, Konomi-chan —saludó recordando su nombre milagrosamente. Con prontitud, se apartó para que la joven de preparatoria pudiera abrir.
Haciendo alarde de timidez, la muchacha pelinegra movió la cabeza ligeramente, enfrascada en la cerradura.
—Hola, Kotoko-san.
Al entrar al edificio, observó con atención su uniforme, encontrándolo familiar. —¿Tú asistes a Tonan? Yo estudié ahí, ¿cuál es tu clase? ¿En qué grado estás?
—F —contestó la pelinegra en un susurro, y por la semejanza de estaturas, Kotoko pudo ver su sonrojo. —Tercero.
Aplaudió con emoción. —Yo también estuve en la clase F.
Konomi elevó su cabeza con rapidez, mostrando asombro en sus ojos castaños. —¿De verdad?
Alzó su barbilla con orgullo. —La mejor clase de todas, digan lo que digan —aseveró, haciendo reír a la adolescente.
Ambas ingresaron al elevador; Kotoko presionó el botón para el piso de sus apartamentos contiguos.
—Eras del F y… ¿trabajas como enfermera?
No recordó haberlo dicho al presentarse; aun así, se encogió de hombros. —Sí. No es tan imposible si te esfuerzas y te pones la meta correcta.
El rostro de Konomi se llenó de admiración, mostrando lo bonita que era.
—Es impresionante… no sé si yo podría hacerlo —murmuró desanimada cuando llegaron a su piso y salieron del ascensor. —Apenas logré entrar a la preparatoria, Kotoko-san. Ya estoy empezando a buscar trabajo; no creo aprobar los exámenes para poder entrar a la universidad.
Kotoko cerró un puño en el aire. —Tienes que ser positiva, Konomi-chan. ¡Podrás lograrlo! ¡Oh! Tengo una idea, puedo ayudarte a estudiar, no debe ser tan difícil si ya pasé por eso.
—De verdad que no quiero molestarte, debes estar ocupada y…
—No, no, nada de eso —aseguró. De hecho, el cansancio había desaparecido con la emoción de ayudarla y de demostrar el valor de la clase F. —¿Quieres venir a mi casa? Vamos.
La adolescente pareció dudarlo unos segundos antes de asentir.
—Tengo que cambiarme —dijo Konomi—, e ir a por uno de mis libros.
—Te espero en mi apartamento.
—No, puedes pasar al mío, Kotoko-san.
—Está bien. ¿Se encuentran tus padres?
Konomi negó y abrió su puerta, tras lo cual se cambió sus zapatos y le ofreció unas pantuflas para ella.
—Regresan más tarde de sus empleos. ¿Puedo ofrecerte de beber? —Kotoko le dio una negativa mientras tomaba asiento en el sofá de la sala de estar—. Está bien, vuelvo en unos minutos.
Konomi desapareció por el pasillo, réplica del mismo del apartamento que Kotoko compartía con su padre. El interior de ambos hogares tenía idéntica distribución, con la sala de estar en la entrada, frente a la cocina y comedor; la diferencia estribaba en el decorado, mientras que había colores pasteles e invitadores en donde los Sagawa, el apartamento Aihara tenía tonos marrones y rojizos, escogidos por su padre. Y, al mirar con detenimiento, Kotoko se percató de adornos en toda la sala de estar, muy bonitos, estilo DIY*; la mayor parte bordados.
Ella apreciaba un jarrón con flores en crochet cuando la adolescente regresó, cargando una mochila consigo.
—¿Tu madre los hace? —preguntó Kotoko curiosa al tiempo que se levantaba.
—Las dos, ella me enseñó y yo busqué en Pinterest.
—Son geniales. —Konomi se sonrojó y susurró un suave agradecimiento. —Yo soy muy torpe para todo eso. Es una prueba de que eres más… eh… hábil, habilidosa, que yo —confesó cuando iban a la puerta.
La pelinegra se encogió de hombros.
—No es la gran cosa.
Kotoko agitó la cabeza con énfasis. —No, Konomi-chan. Nunca pienses que vale poco quién eres o qué haces, tienes que confiar en ti misma. Ésa ha sido la frase que me he repetido en muchos años. —Casi seis. —La clave es creer en ti y esforzarte. —Espiando a ambos lados, se acercó a la adolescente. —¿Te cuento un secreto? Yo fui una estudiante del F que consiguió estar en la lista de los mejores.
Por la boca abierta de Konomi, lo habían mencionado en la preparatoria.
—Yo… pensé que era una leyenda inventada.
Infló el pecho. —No, puesto cien, Aihara Kotoko de la clase F, primavera del año dos mil ocho. Y ese mismo año, excepto un amigo que quería ser chef, todos mis compañeros pasamos el examen para la universidad.
—¿Cómo lo hicieron? —musitó Konomi segundos más tarde, saliendo de su estupor.
—Tuve, eh, tuvimos un poco de la ayuda correcta para estudiar —admitió Kotoko con una sonrisa apenada. —Pero también hizo falta nuestro esfuerzo —añadió para animarla, y la adolescente sonrió, para su satisfacción.
Ella sabía cuánto se necesitaba un empujón en momentos como ése.
Y en otros difíciles, o su historia habría sido distinta después de que Irie Naoki rompiera su corazón definitivamente.
*Do It Yourself: Hazlo tú mismo; tendencia actual de hacer manualidades u artículos por cuenta propia, sin expertos.
NA: ¡Hola!
No hubo mucha interacción de la pareja principal, pero ya entra otro miembro a la ecuación. Como podrán imaginar, sin Kotoko, muchas partes del original quedaron inconclusas; y, pues, es mucha casualidad que Konomi sea su vecina, pero en la vida de la pelirroja pasa de todo y sirve para efecto de la historia.
El próximo capítulo será punto de vista de Naoki, ¿cómo creen que se tomó ver a Kotoko en el hospital?
Hasta luego.
Besos, Karo.
Alexandra portug: ¡Aquí llegó el siguiente capítulo! Si esperabas este, tendrás interés en el de Naoki ja,ja. Me reí con él. Obrigado por comentar.
Guest: ¡Hola Claudia! Sí, es diferente la premisa de la historia, algo no muy nuevo, pero que en INK resulta original porque Kotoko no abandonaría a Naoki a minutos de su boda je,je. Y tu sensación es la misma que la mía; realmente no debieron casarse de manera tan precipitada, aunque aquí llegó al extremo de su separación. Espero que el fic llegue a gustarte. Gracias por tu review.
Samy: Sí, es lindo pensar que Naoki se llega a enamorar de Kotoko después de todo, pero esa boda fue muy precipitada por la señora Irie y él tambien estaba muy obligado por la situación. No pasaba nada si lo hablaban con calma antes. ¡Y tú sabes Samy! Naoki es quien debe de seguir e insistir, porque siempre fue Kotoko quien anduvo detrás de él. Además, Kotoko está resignada a no tenerlo en su vida. Gracias por tu review, espero que la historia te guste.
