La historia que dejamos pasar
Capítulo 3
La tonta hija de Shigeo-san estaba de nuevo en la ciudad.
Había regresado de Akita, donde se había ido hacía años, según oyó alguna vez, misma ocasión que le sirvió para tener la seguridad de que no se encontraría con ella. Estaba de vuelta, cayéndole de sorpresa como le pasó a ella cuando comenzaron a vivir juntos.
Se maldecía por no poner un poco de atención a su madre, en lugar de hacerse sordo y ajeno a sus tonterías sobre su hija perdida; si lo hubiese hecho habría sido advertido de su presencia en Tokio, o su profesión.
No sabía qué clase de intenciones orillaron a la pelirroja a ser enfermera, pero era lo último que hubiese concebido en el pasado. Sabía que era capaz de lograr lo que se proponía llevándose hasta su límite, mas no habría pensado que podría trabajar en eso a menos de haberlo oído antes; ni ser decente en la labor. Por otro lado, si hubiera sabido que ella estaría en el Hospital Universitario de Tonan, Naoki habría permanecido en Kobe, u optado por otro sitio, que espacios para él había bastantes; al demonio ser honorable con el profesorado que le ayudó en su formación de inicio tardío.
La tonta hija de Shigeo-san coincidía con él de nuevo.
Ya no en su hogar o en la escuela, sino en el sitio donde pasaba largas horas de su día. En lo más importante para él, su trabajo.
Nunca habría esperado algo así —o cruzarse otra vez— y al verla en el centro de Enfermería se había llevado una impresión descomunal, cubierta solo por años de práctica. Había sido como estar a punto de ser arrollado por un automóvil, con lo que su instinto de preservación le sirvió para apartarse, aunque no fue muy consciente de la realidad hasta más tarde, llegando a la obvia conclusión.
No la quería ahí.
Rechazaba de lleno su presencia, le ignoraba lo más posible. Se sentía hirviendo de furia cada vez que la tenía cerca, pues le recordaba la mayor humillación de su vida, a su peor error; lo cual, de igual manera, le producía coraje, dado que los años en que se había ensimismado en su profesión, para borrarlo de su consciencia, no habían servido. En un vistazo breve sintió que los años habían sido en vano y que la burla de ella estaba fresca, afectando su tranquilidad.
La odiaba, odiaba que le hiciera lábil a emociones y arrebatara el control que tenía sobre sí mismo, ése que había recuperado una vez que ella lo libró de cometer la acción más equívoca y estúpida en su vida. Nuevamente influenciaba en él, como cuando irrumpió en su hogar junto a su padre. Pero ahora sabía con seguridad que la odiaba; lo que una vez la había querido se había transformado en odio, más creciente al tener que lidiar con su presencia en el hospital. Él amaba estar ahí, y ella, con lo problemática que era, había aparecido para irrumpir su calma… para robarse la paz. Pese a aparentar madurez, él tenía la certeza de que tarde o temprano saldría a relucir su facilidad para crear desastres.
Simplemente lo sabía.
Pobre idiota ese enfermero Kamogari con el que la había visto unas cuantas veces en la cafetería. Debería mostrar consideración con él y aconsejarle no tener otras ideas con ella.
…excepto que años atrás había tomado la resolución de no involucrarse con otras personas que no fuesen pacientes, mucho menos a las relacionadas con la hija de Shigeo-san, de modo que se guardaría sus comentarios por mucho que sirviera advertir al enfermero.
Así pues, le ignoraba lo más posible, si bien su puesto y forma de ser hacían aquello difícil. Además, cabía agregar que estaba en todas partes, sin importar cuanto desestimara su existencia, tal como hacía en todas las ocasiones que su madre la mencionaba en casa, no tantas como al comienzo, cuando fue inevitable no saber que había abandonado la ciudad.
Naoki suspiró, recordando que tarde o temprano su madre la invitaría al hogar familiar, por lo que tendría que considerar mudarse, pese a lo provechoso que era seguir viviendo ahí (y que pasaba tantas horas en el hospital).
—…relaje su puño y… listo. Ya está.
Las ganas de bufar de incredulidad se acumularon en su pecho ante la escena que lo recibió en la habitación de su paciente, de nuevo sin estar preparado para hallar a la pelirroja cerca. Tenía que hablar con alguien para corregir esas desafortunadas coincidencias.
Estaba en todas partes.
—¿Kikyou? —pronunció con rigidez una vez que ella terminó de extraer sangre de Takahashi-san. Kikyou era quien atendía a ese paciente.
—En una emergencia con Himura-sensei. —Asintió sin observarla, dedicándose a saludar al anciano antes de aceptar la tabla de parte de ella.
—Puede llevar la muestra de sangre al laboratorio, enfermera. Me encargo desde ahora.
—Sí, Irie-sensei. Tenga un buen día, Takahashi-san, no dude en presionar el botón si nos necesita.
Relajó la tensión de sus hombros al saberla fuera y se enfocó en revisar la cicatriz de su paciente.
—Qué agradable señorita. Si tuviera cuarenta años menos pediría su mano, dice que es soltera. ¿Y usted, Irie-sensei, qué piensa?
Naoki apretó los dientes contando hasta diez. El señor no podía saber del pasado para insinuarle sobre éste.
—Que dependiendo de los resultados de sus exámenes podrá ser dado de alta pronto y escoger una mejor opción para usted —respondió con tono amable, jugando el papel de tonto.
Takahashi-san soltó una carcajada.
—¿Siente molestia? —preguntó centrándose en lo importante.
—Nada fuera de lo habitual, solo quiero rascarme, pero va bien. Volviendo al tema, la enfermera Aihara es la clase de mujer con la que un hombre se casa, Irie-sensei. —Naoki se puso rígido. —Me han dicho que es soltero; aproveche que es joven e invítela a una cita, u otro lo hará primero. —El hombre suspiró sin darse cuenta de su tensión. —Esto me recuerda a un programa estadounidense de hospitales que le gusta a mi sobrina nieta, de parejas entre el personal. Tiene el nombre de la protagonista, no lo recuerdo bien.
—Yo siempre he estado de acuerdo con los que opinan que es mejor salir con alguien de tu trabajo, Takahashi-san —intervino el paciente en la cama contigua, que rondaba la treintena. —De otro modo no puedes verle y el amor se apaga.
—Yo también concuerdo, Akiyama-san. Mi vecino se divorció precisamente por esa razón.
—Tengo que continuar mis rondas —manifestó Naoki aliviado de encontrar un escape a molesta conversación. —Buen día, señores.
—No se olvide de invitar a Aihara-san a una cita, sensei.
Frunció el ceño al salir de la habitación, odiando que lo inmiscuyeran en tonterías como ésa, sobre todo con ella. Suficiente era lidiar con su progenitora.
—¿Finalmente te has equivocado, engreído? —Se giró a su derecha y enarcó una ceja a su asesor, sin humor para su envidia encubierta. —No te preocupes, yo estaré encantado de corregirte.
—No tiene que molestarse si no hay motivo, Nishigaki-sensei —repuso secamente.
—Eres demasiado perfecto en tu profesión. —Soltando un resoplido, Nishigaki se acomodó sus lentes—. Deja de ser tan petulante, necesitas aprender a ser humilde, Irie-sensei, o de lo contrario será la causa de tu fracaso.
Naoki rodó los ojos.
—¡Oh, Tanaka-san! Buenos días. —Como siempre, la atención de su asesor se desvió a la mujer más cerca en su radar.
La enfermera se acercó peinando sus cabellos oscuros. —Nishigaki-sensei, Irie-sensei, buenos días —dijo con tono coqueto. —¿Ya han desayunado?
—Lo he hecho, pero nunca está de más una taza de café con una mujer bonita.
—Qué encantador es, Nishigaki-sensei. —Ella sonrió al de lentes un segundo antes de mirarlo a él. Pestañeó sus cejas de forma insinuante en un intento de ridículo coqueteo. —¿Y usted, Irie-sensei?
—Tengo pacientes que atender, si me disculpan.
Se dio la vuelta para dejarlos solos.
—Debes socializar, Irie-sensei. ¿De qué sirve ser tan perfecto en tu trabajo si no conoces a tus compañeros? —inquirió Nishigaki a su espalda con diversión. —Y siempre hay que ser considerado con las enfermeras.
Naoki bufó. No estaba ahí para socializar.
Ni para hacer caso a las enfermeras.
{…}
Frotándose la sien, Naoki se deshizo del calzado exterior y se puso sus pantuflas, deseando recostarse en la cama para aliviar el dolor de cabeza que le atosigaba. Desafortunadamente, tenía que hacer anotaciones para su tesis y el descanso tendría que esperar.
No obstante, era la primera vez en mucho tiempo que gritaba por cinco minutos para respirar, porque su mente siempre estaba ocupada como había planeado —pues le impedía pensar en otra cosa que su carrera profesional—. Quizá ya no tenía caso programar un horario apretado, con la causa de esa decisión presente, recordándole el momento más humillante de su vida.
Por otra parte, la cefalea no era extraña; era un padecimiento constante que, si los estudios hubiesen sido negativos, le preocuparía. Los asuntos emocionales detrás, acotados por el especialista, le traían sin cuidado.
—¡Onii-chan, eres tú! —La voz de su madre le dio una punzada en la cabeza e hizo una mueca, caminando hacia la escalera. Ella se colocó al pie de ésta, mirándole con afecto.
Naoki le dio un asentimiento leve como saludo, posteriormente iniciando su ascenso al piso superior. A pesar de lo irritante que podía ser a veces, era cómodo recibir una bienvenida al llegar a casa.
No sería lo mismo vivir solo, si se veía orillado a hacerlo.
—Son tan pocas las veces que estás aquí para la hora de cenar que hoy estoy contenta. ¿Crees que puedas repetirlo mañana? —preguntó con mucho entusiasmo.
—Tengo una operación importante.
Su madre hizo un ruido de contrariedad con la lengua. —Es una lástima, me alegraría mucho tenerte aquí.
En otro momento habría analizado detenidamente la situación, pero se conformó con encogerse de hombros, diciéndose que su madre era demasiado emocional para todo.
Igual que…
Apretó los labios, molesto, reprochándose por hacer algo que no había hecho en mucho tiempo. Y sabía que se relacionaba a la compañera de trabajo pelirroja con la que no estaba muy a gusto y que parecía ser una asistente habitual.
—Luces mal.
Naoki parpadeó al percatarse que Yuuki había aparecido sin que se diera cuenta. Su hermano menor estaba apoyado junto a la pared de su dormitorio (prohibido para él), observándolo por no sabía cuánto.
Notó también que él se había detenido ante su puerta, sin ingresar a la habitación.
—No es nada —contestó parcamente, colocando su mano en el picaporte.
—Me imaginaba que dirías eso —sentenció Yuuki separándose de la pared para ir escaleras abajo.
Él suspiró, consciente de la pérdida relación amena con su hermano menor, que nada tenía que ver con su adolescencia o el poco tiempo que pasaba en casa. Simplemente se cansó de oírlo comentar de la boda fallida y de sus actos, conocidos solo por Yuuki, y se cerró en banda; apenas hablaban, solo porque era su hermano quien tomaba la iniciativa. Una vez que decidió no profundizar con el menor, todo cambió; como el hombre certero que era, no miró atrás ni quiso o hizo intentos para algo diferente.
De todas maneras nunca fue tan abierto con Yuuki… aunque no por ello era completamente impasible a lo que había ahora, una comunicación casi inexistente.
Con desgana, entró a su habitación, acomodando sus pertenencias en el estante junto a su cama. Después se sentó y apoyó su cabeza sobre sus manos, sintiendo el agotamiento descendiendo a sus hombros mientras un pensamiento se deslizaba en su mente.
En definitiva, odiaba lo que ella había hecho de él.
NA: ¡Hola!
Esto solo es una pequeña parte de los pensamientos de Naoki, pero tienen una idea de qué ocurre con él. Para que avance el tiempo no repetí el momento en que se vuelven a ver.
Este capítulo sufrió algunos cambios que espero no afectaran la comprensión del mismo.
Y dirán, otras veces haces capítulos más largos, pero ahora tienen la extensión de una novela promedio. XD
Muchas gracias por leer y seguir. ¡Hasta la próxima!
Besos, Karo.
Bea: ¡Hola! Me encanta leer que te gustan mis historias, me esfuerzo en hacerlo lo mejor posible y me anima que tengan buen recibimiento. Los reviews los leo todos, aunque de los invitados solo puedo responder los que no son OS/último capítulo; de ahí en fuera, pueden pasar meses y yo respondo todo :). ¿Y no solo lees de INK? ¡Está super! Un gusto tenerte en otros fandoms. / Como dices, regresando a la historia; yo también quise que Kotoko creciera y que se valorara un poco más, no viviendo a costa de Naoki, por quien admito también he sentido compasión mientras escribo sus partes... le plantaron y ahora sufre porque la misma mujer está en su periferia. Pobre. Pero aun así es tiempo de que luche, lo tuvo más fácil con Kotoko, se merecía que ella se pusiera firme y no le aceptara sus desprecios. / En fin, gracias por tu review, fue un placer leerlo. Espero que sigas disfrutando la historia. ¡Un abrazo, Bea!
ARACELI: ¡Hola! Mucho gusto también, me siento feliz de conocer a otra lectora. Me anima tu interés por mi fic, con algo de proporciones sorprendentes en Kotoko je,je. Gracias por tu review y la inspiración; espero que mi manera de desarrollarlo llegue a agradarte. Siempre estoy abierta a comentarios constructivos, así como a cualquier reacción que generen mis historias, ya que a todos no nos puede gustar lo mismo.
