La historia que dejamos pasar


Capítulo 4

Kotoko nunca había fallado a su palabra como en el presente.

Estaba en la casa Irie.

—Seis años botados a la basura —musitó entre dientes, todavía titubeando frente a la puerta principal del que una vez fuese su hogar, dubitativa de la cena a la que había terminado accediendo.

Regresar a ese sitio era romper su juramento y darle play a algunas memorias que solo se permitía recordar en ciertos momentos.

Seis años atrás se había prometido no volver a ese sitio, porque no tenía nada que hacer ahí; las reuniones con los Irie amigos podían ser en el restaurante o en su propio apartamento, no donde podían resurgir períodos agridulces de su juventud o donde podía encontrarse con el principal causante de su dolor.

Ahora veía lo iluso de su parte, pues tres personas la querían en esa casa y conseguirían convencerla; y, además, con la mala suerte de laborar con Irie-kun, tampoco había razón para negarse a visitar con la excusa de evitarlo.

Por lo menos él tenía una operación ese viernes.

Llamando a la valentía, para no cancelar la cena ni ser maleducada con quienes mejor se portaron con ella, Kotoko finalmente presionó el botón del timbre.

La puerta —como si alguien hubiese estado esperando detrás de ella— se abrió antes de que bajara el brazo, y por ello el remolino de color melón la arrolló en una posición desprevenida.

—¡Kotoko-chan! —exclamó la voz conmovida de la mamá Irie en su oído mientras la abrazaba igual que un koala. —¡Te he estado esperando!

Un poco aturdida por las palabras sonoras de Noriko-san, Kotoko asintió, acomodando sus brazos alrededor del cuerpo de la mayor, disfrutando del confort de quien consideró como una segunda madre. La última vez que se habían encontrado fue tres años antes.

—¡Estoy tan feliz de tenerte aquí! —expresó Noriko-san separándose de ella, mostrando sus ojos llorosos. —He extrañado mucho abrazarte y estar contigo. ¡Te quiero tanto!

Ella sonrió, nada incomodada por la efusividad. Con el tiempo, exponerse constantemente a la familia de su madre había podido habituarla a esas muestras de emoción.

Contrario a lo que parecía, tiempo atrás ella no había estado muy acostumbrada a tales demostraciones, pues viviendo con su padre, también muchas veces fuera de casa, no le preparó para ellas (y viviendo con los Irie tampoco hubo demasiadas). Era uno de los motivos por los que algunas cosas en la forma de ser de Irie-kun no le molestaban, así como la causa a su propio comportamiento para atraer su atención; ella tuvo dificultades con el afecto. Por lo demás no veía raro su actuar expresivo, era parte de su personalidad.

—Hola, oba-sama. La extrañaba —le dijo contenta, antes de mutar por el horror. —¡El pastel! —Miró al suelo, buscando el empaque.

Maldiciéndose para sí, se inclinó por él, prediciendo que estaba arruinado.

—Lo sient…

—No, Kotoko-chan, fue mi culpa. Y no debe estar muy mal, podremos comerlo y acompañar tu helado favorito que tengo para el postre. Dámelo, lo guardaré en el refrigerador. Vamos, vamos, entremos. —Ella asintió, ingresó y, después de darle el empaque de cartón, se quitó sus zapatos y el abrigo. —¡Oh, qué linda te ves con ese vestido azul!

Se sintió sonrojar. —Gracias, oba-sama, también se ve bien.

Noriko-san rió. Ella se distrajo por un golpe de añoranza al observar a su alrededor, solo cambiado en el color de la pintura.

Se vio de nuevo en la compañía de su padre, recibiendo una calurosa bienvenida de la pareja Irie… hasta el día que se despidió entre lágrimas de aquel lugar, saliendo con la cabeza baja y una pequeña maleta. Tras su escapada del templo, había regresado allí para llorar, con la esperanza de que Irie-kun la buscara; y cuando la medianoche llegó, sin rastro de él, juntó sus cosas y partió a casa de Satomi, no queriendo verlo.

Luego un pequeño tiempo más… hasta que… simplemente se fue.

—¡Papá, Yuuki, es Kotoko-chan!

Volvió al presente con el grito de Noriko-san y pestañeó con un nudo en la garganta.

Se mordió los labios un segundo antes de sonreír.

De la sala de estar salieron los mencionados, ganándose toda su atención. Shigeki-san tenía unos kilos menos y Yuuki había crecido bastante desde la última vez que lo vio. La imagen en su perfil de mensajería no hacía justicia al joven que aparecía frente a sus ojos… casi similar a su hermano.

—Kotoko-chan —saludó el papá Irie con un cálido abrazo. —Te ves tan bonita como siempre. Los últimos tres años no han pasado en ti.

Asintió con el rostro caliente y se giró al Irie con el que solo había hablado por mensajes desde que abandonó ese hogar.

—¿Cómo te va, Kotoko? —dijo Yuuki con una sonrisa divertida, derrochando jovialidad.

—¡Has crecido mucho! —Sin que él pudiera alejarse, lo envolvió en un abrazo, que fue correspondido. —Ahora estás más alto que yo.

—Eso no ha sido difícil —bromeó el menor. —Me alegra verte.

—Debes ser popular en la preparatoria, Yuuki-kun —apreció al observarlo bien. No era igual a su hermano mayor, pero su apariencia era atractiva y su actitud le agregaba puntos.

El rostro de él se coloreó sutilmente.

—Eso no me interesa.

—Siempre dices lo mismo —respondió, aludiendo a sus comentarios en los mensajes. —Y…

—Pasen a la sala de estar mientras termino de preparar la cena —indicó Noriko-san, interrumpiendo sus siguientes palabras.

—¿Necesita ayuda?

—No, Kotoko-chan, ve a sentarte. Eres nuestra invitada.

—Iré contigo, mamá —manifestó Shigeki-san en la puerta de la sala. —Ya vuelvo, niños.

Ella y Yuuki asintieron, entrando a la habitación juntos. Ésta había cambiado parte de su mobiliario y su color, ahora verde pistache; una televisión de mayor tamaño era lo más notorio. Ellos veían las noticias, como los recordaba siempre a esa hora.

Ambos se sentaron en silencio, pero las palabras que quiso decir antes serpenteaban en su mente.

—No sabía si querrías verme en persona —murmuró nerviosamente, jugando con la falda de su vestido. —Es diferente a compartir mensajes. Y en mi visita de hace tres años…

—Sí tuve algo que me impidiera, coincidió con un campamento de robótica. No fue una excusa. —Yuuki suspiró. —Lo que pasara entre mi hermano y tú no tiene relación conmigo. Espero que lo entiendas. Personalmente pienso que fue un tonto, porque era obvio para todos que tú estabas enamorada de él; era su turno y se quedó de brazos cruzados. No soy experto, pero, a partir de lo ocurrido, tengo una idea distinta de cómo trataría a mi chica.

Se obligó a no dejarse afligir por lo relativo a ella.

— Yuuki, tu novia será muy afortunada.

Él se sonrojó y carraspeó. Luego suspiró de nuevo. —Yo entendería si tú no quisieras hablarme…

Ella frunció el ceño. —¿Por qué? Acabas de decir que no tiene relación conmigo y me parece bien, estoy de acuerdo. Nunca quise que nuestra amistad cambiara por eso.

Yuuki esbozó una sonrisa, aunque ella percibió alguna clase de pesar.

—Ni ha cambiado, baka.

Kotoko sacó la lengua, y entonces Shigeki-san ingresó a la sala con una sonrisa.

{…}

—A veces el turno de noche puede ser un fastidio o una bendición.

Kotoko no hizo más que asentir a Moto-chan, terminando de completar sus anotaciones al historial médico en que trabajaba. No se inclinaba por alguna de las dos opciones, aunque esa noche en particular era una de las menos movidas de todo su tiempo en hospitales; solo diez pacientes internados para tres enfermeras cubriendo el turno.

—Si como premio tengo el compartirlo con Irie-sensei, no puedo quejarme —prosiguió Moto-chan con tono de satisfacción. —Pero ni siquiera estamos en la misma sala.

Soltó una risita, depositando el historial junto a los otros. En su mente, deseó que no volviera a insistir en información sobre Irie-kun, ya convencida de que no la obtendría; en todo ese tiempo había conseguido guardar la historia completa y solo revelar que estudiaron en la misma preparatoria.

Comenzaba a crear una buena amistad con el grupo de Moto-chan, pero hablar del pasado era revivirlo y no quería entrar en ese conflicto. Así mismo, tenía la certeza que Irie-kun no querría que expusiera los detalles.

—¿O en lugar de trabajar en su tesis y querer privacidad, Irie-sensei evita estar en la misma sala que tú? —susurró Moto-chan acercándose a ella.

Siempre se adelantaba a los hechos desafortunados.

Debió quedarse con Kurosawa-san en la estación de enfermeras del área de recuperación.

—¿Qué hay en ti para que Irie-sensei te trate con mayor frialdad que a la persona promedio? ¿Le involucraste en algún accidente? ¿Lo has acosado? ¿Le hiciste daño a alguna novia suya?

Kotoko se encogió, porque en cada cuestión había un poco de verdad. Y había mucho más a lo que no se había acercado.

—Debe haber una razón de peso que suscite su actuar contigo. No presta atención a nadie que no sea paciente; si no va a atenderte, es educado contigo, pero no da muestra de alguna emoción. Y es obvio que contigo hay algo. Casi siento envidia.

—¿Por qué te entusiasma si dicen que parece apático con las personas que no atiende? —rebatió Kotoko, doliéndole la idea de tener parte de la culpa. Él siempre había sido serio, y después del golpe a su orgullo se había multiplicado tal actitud.

Sentía tentación de abordar el asunto con Noriko-san o Yuuki-kun, solo para saber si se comportaba de ese modo fuera del hospital, mas no era prudente.

Jugando con un mechón de su cabello, Moto-chan curvó su boca en una sonrisa ladeada. —¿No es como las estrellas famosas? La posibilidad de significar algo para él es casi nula, pero sigue la emoción de tener a quien seguir. Y, en su caso, admirar. Irie-sensei tiene las características perfectas para ser digno de admiración.

Asintió, concordando.

—Sin embargo, también genera cierta pena. Parece solo y… vacío. —Moto-chan soltó un suspiro, apoyando su barbilla en sus manos. —¿Sabes? Por eso me interesa qué más sabes de él, puede ayudarme a comprenderle y comprenderte. Desde que llegaste, hubo un algo en Irie-sensei que apareció, y es más de lo que he visto en los años de conocerlo. Además, tú te preocupas por él, es evidente, aunque hay un vistazo de tristeza cada vez que lo miras.

Kotoko quedó boquiabierta por su análisis. Bajó la cabeza para que no le observara el rostro, tan transparente como era para los demás.

Sus localizadores comenzaron a sonar, alertándolas, y la conversación se dio por finalizada. Ambas cogieron las historias y se acercaron a la estación de enfermeras.

—Hubo un accidente múltiple a unas cuadras, transportarán a los heridos a este hospital —les informó Kurosawa-san al verlas llegar. —Reportan que debe realizarse una operación de emergencia, Ito-sensei entrará con el equipo a cirugía. Yo entraré a asistir con una de las enfermeras de cirugía. Aihara-san, piden apoyo en Urgencias. Kikyou-san, deberás quedarte en el puesto, hay que localizar al menos a un especialista y enfermeras, este fin de semana hubo un congreso al norte y algunos no estarán en la ciudad.

Las dos afirmaron a las palabras del enfermero de larga experiencia y Kotoko partió a la planta baja, apremiada por la situación.

En Urgencias se encontró con un caos, al que se acostumbró en su tercer año de la carrera, lo cual le obligó a concentrarse al cien en su labor.

Fue más tarde, mientras se movilizaba en uno de los privados por un equipo, que halló a Irie-kun ingresando con paramédicos a él, llevando a un hombre con grave hemorragia en el abdomen.

Y todo el pabellón estaba ocupado.

—No debieron admitirlo —enfatizó Irie-kun haciendo su trabajo.

—Era el hospital más cercano —respondió el paramédico.

Irie-kun apartó la mirada un segundo del paciente, posándola en ella, que estaba junto al gabinete. —Tú, enfermera… —Él calló y volvió la vista al hombre. —¿Puedes auxiliar aquí?

—Entregaré esto. Ya vuelvo.

Kotoko lo dijo tan rápido como lo llevó a cabo, uniéndose a Irie-kun en menos de un minuto. Al hacerlo, fue como un déjà vu de su tiempo en Akita, encontrando las mismas circunstancias varias veces, tanto que su cuerpo respondía con fluidez, trabajando en una sintonía impresionante con el médico a cargo.

—Hay que operar de inmediato —aseveró él de un momento a otro.

—Ningún especialista está disponible —repuso ella, entrecerrando los ojos.

—Tendré que hacerlo yo.

—¿Lo trasladará? —cuestionó sin objetar la falta al reglamento; confiaba en su juicio y sabía que perderían al paciente.

—No hay tiempo. Necesito que estés segura.

—He visto el procedimiento más de veinte veces y asistí en tres de ellas, puedo hacerlo. Preguntaré al anestesiólogo.

A continuación, las cosas se agilizaron sin oportunidad para otra cosa que poner en primer lugar las necesidades del paciente, que se estabilizaba cuando las puertas de la sala se abrieron.

Nishigaki-sensei apareció y ella le vio observar el entorno con ojo crítico. Ocupada en los signos, solo oyó mientras Irie-kun le detallaba el estado del paciente y el procedimiento realizado, con la revisión de su superior conforme lo escuchaba.

—¿Sabes que voy a tener que reportarte por esto, verdad? —preguntó Nishigaki-sensei al final.

Irie-kun respondió afirmativamente.

—Yo me presentaré a la junta —expuso ella antes de haberlo pensado.

No es necesario —replicó Irie-kun con acritud.

Y con eso acabó el compañerismo establecido durante ese lapso de tiempo.


NA: ¡Hola!

Entiendo ese amor por la medicina que abunda en el ff (les juro que hay muchas personas relacionadas a la carrera por aquí), por lo que no especifiqué ninguna situación que juegue demasiado en mi contra. Pero creo que no dejó de entenderse el momento, que es lo importante.

Ha pasado mucho desde el capítulo anterior y no sé a dónde se fue el tiempo T-T . Sin embargo, sepan que no abandono, aunque las circunstancias no estén de mi parte.

En fin, les deseo felices fiestas de fin y comienzo de año, que venga lo mejor este 2020. Gracias por acompañarme este año que termina y espero de todo corazón que siga siendo así el que inicia. Enormes abrazos hasta donde se encuentren.

Besos, Karo.


Bea: ¡Hola linda! ¡Un gusto contestar! Es mi propósito siempre dedicar unos momentos para responder sus mensajes, sobre todo cuando me manifiestan su apoyo, ya que es una fuente de alegría para mí. Qué dicha saber que te hizo feliz :D . / Me fascina que hayas explorado de lo mío de otras partes, es motivación para mi mentecita. / Y en cuanto a lo otro que comentaste, sí, es que Kotoko necesita cortar la dependencia de su Irie-kun; su empeño es admirable, pero le hacía falta su individualidad, cosa que me interesa darle en mis historias -igual que en muchas más ja,ja-. Es cansado a veces verla con esa actitud. / Por otra parte, Naoki que sufra todo lo que deba je,je, aunque también da pena, solo porque, a su manera, sentía algo por ella, y debe doler el abandono. Y ya tú sabes, él no reconoce sus sentimientos ni porque los tenga escritos en un manual. / Y bueno, un abrazo fuerte para ti también. Gracias por tu review y por continuar en este fic. ¡Felices fiestas!