La historia que dejamos pasar


Capítulo 5

A Kotoko más le habría válido no descansar ese domingo, porque las horas libres fomentaban la preocupación por la junta del día siguiente, en la que discutirían las acciones de Irie-kun violando el reglamento del hospital al operar sin autorización o supervisor. Ni el anestesiólogo había estado con ellos, y también era una osadía, por pequeño y simple procedimiento, atentando al código establecido.

La profesión de Irie-kun no podía verse afectada con un incidente aislado, en que tuvieron en juego la vida del paciente. La prontitud y decisión de él fueron indispensables en el caso.

Por tanto, como solución para no pensar en el asunto lo que restaba de tarde, ella abandonó su hogar y se dirigió al restaurante de su padre, que no había visitado todavía con el ajetreo de su regreso y la fecha de inicio de su trabajo. Tras despertarse ya había hecho limpieza y apoyado un poco a Konomi, mas ésta aseguró que no quería entorpecer su día de descanso y la dejó sola, obligándola a buscar otra cosa. No quería acabarse las uñas.

Apenas abrió la puerta del restaurante, vio su nombre en los labios de Kin-chan, quien dejó su puesto detrás de la barra y corrió hacia ella, abrazándola contento. Su mejor amigo hacía como si no la hubiese visitado en Akita ese mismo año.

—Me preguntaba cuánto tardarías en aparecer por aquí —comentó Kin-chan indicándole uno de los asientos vacíos en la barra. —Jinko decía que lo harías en tu fiesta de bienvenida, porque ese trabajo que tienes acaba con la vida social.

Ella soltó una carcajada. —No quiero fiesta de bienvenida… podemos solo, eh, reunirnos.

—Tampoco nos dejaste celebrar que te habías convertido en enfermera —arguyó Kin-chan de brazos cruzados. —Y teníamos que presumir a la estudiante del F que consiguió llegar tan lejos.

—Tú abrirás tu propio restaurante, a Jinko le va bien como manager y Satomi es una dama de sociedad.

Kin-chan chasqueó sonoramente. —¡Bah! Ninguno del F tuvo una carrera para inteligentes.

—No soy más lista que tú, Kin-chan, todavía quemo el agua.

Él rió.

—Debiste volver a Tokio antes, así puedo alimentarte. Y… eh, ejem, nadie es tan… tú eres buena probando mis nuevos platillos —añadió él con el rostro rojo.

Ella frunció el ceño, intrigada por su vergüenza. Kin-chan había asegurado —y sus amigas lo confirmaron— que él ya solo la veía como su amiga, entonces no entendía su sonrojo como el pasado; él se enorgullecía de sus platillos.

—¿Por qu…?

—Te traeré algo de beber, aún sigo trabajando. Ya vuelvo —interrumpió Kin-chan nervioso, sin dejarle aclarar su duda.

Anonadada, movió la cabeza en asentimiento y lo observó retirarse a la cocina, cruzándose con su padre que salía de ella.

—Hola hija —le saludó llegando a donde ella estaba. —¿Has comido?

Negó con la cabeza, dejando de ver la entrada de la cocina.

—¿Qué quieres?

—Sopa suimono está bien, gracias.

—¿Qué te preocupa? —preguntó su padre en voz baja, inclinándose en la barra.

Kotoko se dio cuenta de que, si él se percataba de su estado y Kin-chan no, éste último debía estar distraído. Su padre la conocía, pero no era tan perspicaz con ella como su amigo.

—Es una situación del trabajo, nada por lo que debas inquietarte —manifestó comedida, no queriendo hablar sobre Irie-kun a su padre, quien había quedado apesadumbrado y hasta decepcionado por la manera en que ella finalizó la relación entre ambos. Seguro le diría que no era su lugar pensar en él, como ocasionó con sus acciones.

Su padre comprendía a la perfección que siguiera amando a Irie-kun, pero reprobaba la forma en que se dieron las cosas; inclusive era más severo al respecto que sus queridos amigos.

Él asintió. —Si es eso, lo entiendo. Con esfuerzo llegará la solución.

—Sí.

Kin-chan regresó en ese momento con su té verde.

—Me encargaré de tu almuerzo —dijo su padre con una sonrisa. —No te distraigas mucho de tu labor, Kinnosuke.

—No se preocupe, jefe —repuso su amigo con un saludo militar.

Ella rió en voz baja.

—Extrañarás su supervisión cuando tengas tu propio lugar.

—Sí —Kin-chan suspiró—, lo admiro desde hace mucho. Es el mejor maestro que pude haber tenido. Es un honor ser su aprendiz.

—Hablando de eso, hace unos momentos…

—¿Este sitio se encuentra disponible? —intervino suavemente una voz femenina con japonés distinto al que acostumbraba.

Kotoko se giró a su izquierda a la vez que negaba con su cabeza.

—Puede sentarse.

Tuvo una fuerte impresión momentánea al mirar a la nueva comensal, de apariencia extranjera. Era una atractiva joven blonda de ojos azules, cuya belleza competía con las modelos de revistas; además tenía un porte sumamente elegante.

¿Desde cuándo su padre atraía clientela de muy alta categoría?, se preguntó notando la calidad de sus ropas y accesorios. En los almacenes, un bolso como ese representaba entre dos o tres meses de salario.

—Se lo agradezco. Hola, Kinnosuke-kun.

—Christine-san —replicó su amigo con extraña expresión seria, haciendo que Kotoko intercambiara miradas entre los dos. De repente sentía que sobraba allí.

—Solo Chris —musitó la rubia suspirando. —¿Puedo tener lo habitual?

Kin-chan asintió y se alejó con premura, sorprendiéndola. ¿Qué ocurría con él?

—Eres Aihara Kotoko-san, ¿verdad? —preguntó la rubia interrumpiendo sus pensamientos.

—Sí, eh, ¿nos hemos, eh, conocido antes? —articuló con vergüenza, temiendo haber olvidado a esa joven.

La rubia agitó la cabeza de forma negativa. —En realidad yo sí puedo conocerte —aseveró con tono quedo, antes de sonreír educada. —Soy Christine Robbins, de Inglaterra. Finalmente puedo ver en persona a la chica de la que Kinnosuke-kun tanto habla.

—Gusto en conocerte, Robbins-san —contestó sin entender la situación—, amiga de Kin-chan.

La sonrisa de la rubia menguó.

—Puedes decirme Chris, Aihara-san.

—En ese caso, dime Kotoko.

—Y yo… no sé si soy amiga de Kinnosuke-kun —dijo Chris con tristeza, bajando la mirada. —Tampoco quiero ser su amiga. Estoy enamorada de él… y él solo te ve a ti.

Pestañeó asombrada de la pronta declaración, cuando apenas se conocían.

—¿Tú le quieres, Kotoko? Porque si él puede ser feliz contigo, yo… lo aceptaré.

Sobre su hombro miró el restaurante.

—Takahashi-san, iremos a la mesa quince, dile a papá y a Kin-chan —pidió al mesero cogiendo su vaso; éste asintió. —Ven conmigo, Chris —le indicó a ella mientras se ponía en pie.

Con cara de no comprender, la rubia inglesa aceptó su invitación, caminando entre las mesas hasta llegar a la más apartada, que afortunadamente estaba vacía. Ambas ocuparon sus lugares en silencio.

—¿Qué pasa?

—Los demás podrían oír nuestra conversación —explicó apoyándose a la mesa. —Perdona la rapidez, Chris.

—Está bien, ¿qué quieres decirme? —preguntó Chris cabizbaja, como preparada para un golpe.

—Kin-chan no está enamorado de mí y definitivamente yo no lo estoy de él —aseguró con firmeza, haciendo que la rubia se irguiera.

Chris pronunció algo en otro idioma y negó. —¿Cómo? Kinnosuke-kun me ha dicho muchas veces que está enamorado de ti, por eso no puede corresponderme.

Frunció el ceño; preguntándose si él les habría afirmado lo contrario como defensa de sus sentimientos… sin embargo, Kin-chan no actuaba como cuando estaba enamorado de ella, de hecho, sería evidente si lo estuviera, como llegó a darse cuenta después.

—No entiendo. ¿Cuándo te dijo eso?

—La última vez fue hace dos semanas —informó Chris haciendo una mueca. —Siempre me responde lo mismo… yo, pues, he sido un poco insistente con mis sentimientos por él. —Un largo suspiro brotó de la boca de la rubia. —Estoy enamorada desde que lo conocí hace cinco años. Fue amor a primera vista.

Kotoko se preguntó qué llamó su atención de su apariencia. Takahashi-san apareció con la bebida de su compañera de mesa, retirándose con discreción.

—Yo llegué a estudiar un semestre a Tonan y lo conocí porque trabajaba en la cafetería, nunca pensé que conocería al hombre de mis sueños así —continuó Chris tras unos segundos—. Me confesé pronto y esa fue la primera vez que me rechazó, diciendo que estaba enamorado de ti. Siempre te mencionaba, pero no me rendí, porque tú estabas en Akita y yo aquí, podía darle mi amor y mi cariño hasta que me quisiera. Pero cometí un error… Mi ex prometido, Albert, con el que mi papá me comprometió por un acuerdo de negocios, vino a Tokio buscándome un mes después de que me instalara aquí, y yo, para ahuyentarlo, le dije que estaba en una relación con Kinnosuke-kun, y lo besé ante él. Desde entonces Kinnosuke-kun me odia —subrayó afligida.

—Chris, no creo que Kin-chan sea capaz de odiar a alguien —comentó comprendiendo de a poco la situación.

—Pero Kinnosuke-kun no me sonríe, ni siquiera cuando le digo que sus nuevos platillos son muy buenos.

¿Kin-chan le daba a probar sus creaciones y decía que la odiaba?

—¿Cuándo pruebas sus nuevos platillos?

—Sé que los lunes experimenta con las recetas y nunca falto. Él es tan bueno que me deja pasar para no estar de pie en la puerta, y me acompaña hasta mi casa para que esté segura… pero sé que me odia, debe estar cansado de mí, de que lo persiga… es que no puedo dejar de hacerlo. Cuando me vi obligada a irme al terminar mi semestre de estudios me convencí de que debía olvidarlo y no pude. Regresé en mis periodos vacacionales para verlo y hace dos años convencí a mi padre de abrir una filial de su banco en Tokio para establecerme aquí. Odio ser subgerente de operaciones, pero no puedo estar lejos.

La semejanza de su historia pasada con la de Chris le daba miedo. Visto así, no era difícil entender que Irie-kun se fastidiara de ella, en lugar de enamorarse.

Por otro lado, reconoció que, años atrás, ella le habría brindado todo su apoyo, creyendo en que ese amor valía la pena. Respaldaría su insistencia y los sacrificios que había hecho por el hombre que amaba; hasta le diría que esas pequeñas acciones de Kin-chan eran prueba de que le importaba y de que le miraría.

Estaría a favor de una persecución dañina y enfermiza. Sería la oba-sama de Chris.

No obstante, era capaz de comprender a la rubia, porque, enamorada como estaba, era bastante complicado ver lo mal de su comportamiento; ese aprendizaje comenzó solo cuando se estrelló con un muro que le hizo abrir los ojos.

¿Cómo hacer reaccionar a Chris si era ella quien debía darse cuenta de la realidad?

—Me agradas, Chris, quisiera ser tu amiga. Solo que yo…—cogió una gran bocanada de aire—…no puedo apoyarte. Te juro que no estoy enamorada de Kin-chan, pero estuve en tu lugar, hice muchas más cosas para insistir y al final descubrí que no me hacía bien. Y el hombre que yo amaba también tenía derecho a decir no y que yo lo respetara, y no lo hice. Me equivoqué y me porté muy mal; me arrepiento de actuar así. Por eso te comprendo, Chris, más que nadie; sé cómo te sientes. Quisieras que su mirada se dirigiera a ti, que él te dedicara sus días, que te abrazara y te dijera que te ama, que eres la mujer de su vida y la única persona a la que querrá… que tú eres su mundo, que se casarán y tendrán hijos, que nunca van a separarse. Quieres el final feliz. Pero… si él ha dicho que no te corresponde, insistir no funcionará…

Kotoko tragó saliva, mirando cómo los ojos de la rubia se humedecían. Quizá le estaba diciendo lo que ya habría pensado antes, algo que se sentía como si unas garras afiladas te apretaran el corazón envuelto en espinas. Un sentimiento inaguantable que experimentó por culpa de Irie-kun múltiples veces…

—Chris, si sigues insistiendo, solo harás que cada vez duela más y más… como ya te duele.

Un hipido salió de la garganta de Chris, seguido por gruesas lágrimas descendiendo sus mejillas, que expresaron un dolor agudo lleno de sueños rotos.

Consternada, empezó a ponerse en pie con la intención de resguardarla, pero el sonido de un vaso quebrándose la sorprendió, y, antes de que pudiera moverse, alguien apareció en su mesa, acudiendo a donde estaba Chris.

Se trataba de Kin-chan.

—¿Qué pasa! —Kotoko brincó asustada por la vehemencia del tono de su amigo. —¡Christine! ¿Qué ocurre! ¡Dime! ¿Estás herida!

Kin-chan cogió los hombros de Chris con desespero, pero clara delicadeza. Él no era indiferente a ella; estaba haciendo un espectáculo en el restaurante preocupado por su bienestar.

—¡Háblame! ¡Christine!

La rubia agitó su cabeza y se cubrió el rostro con las manos, sollozando. Entretanto, Kin-chan perdía mucho más la compostura, con expresión desesperada.

Él se puso de rodillas.

— Si algo está mal, yo lo arreglo. Por favor, Chris, no puedo verte así. ¿Lo escuchas, Chris? Así como tú quieres; te llamaré así a partir de ahora. ¡Chris!

La aludida lloró con mayor fuerza.

—No, Chris, no llores más.

—Es por ti —murmuró Kotoko, llamando la atención de su amigo.

—¿Yo? ¿Qué he hecho?

—No es tu culpa. Se dio cuenta que no puede seguir insistiéndote para que te enamores de ella; renunciará a…

—¿Qué! —soltó Kin-chan con alarma, interrumpiéndola—. ¡No! ¡No puedes, Chris! ¡Me niego! No dejaré que lo hagas. Te mentí, hace mucho tiempo que no estoy enamorado de Kotoko. ¿Por qué vas a renunciar a mí cuando ya te quiero? ¿Me escuchas? ¡Yo te quiero!

Su jadeo coincidió con el de Chris, a la par que las orejas de Kin-chan se tornaban rojas.

—¿Me quieres? —Chris apartó las manos de su rostro húmedo, pero la hinchazón de sus ojos no disminuyó la ilusión en sus orbes celestes.

—¡Sí! Y si renuncias a mí, seré yo quien te persiga.

Una sonrisa se abrió paso en el rostro de la inglesa.

—¡Kinnosuke! ¡Te quiero!

Los comensales, muchos que conocía desde años atrás, prorrumpieron en aplausos. El rostro de su amigo adquirió un tono granate más profundo, el cual importó poco cuando la rubia lo abrazó, encerrándolos en una burbuja.

Con un poco de envidia, que no opacaba su inmensa alegría, Kotoko sonrió.

Sí existían los finales felices.

(Fue ella quien no tuvo el suyo.)


NA: ¡Hola!

Me puse a pensar en cómo Kotoko animó muchas situaciones, entonces las vidas de los otros no transcurrieron como lo habrían hecho, tal como con Konomi y Yuuki. Aquí Chris y Kin-chan necesitaban un empujón más, porque la rubia por sí sola es bastante insistente.

Besos, Karo.


Samy: ¡Hola! Se me fueron los días volando. Sé lo que es quedarse con ganas de más, hay fics que me tienen esperando años, y guardo la ilusión de algún día ver cómo siguen, o de plano imagino qué pasa. No será tu caso, de que termino, termino :D. Gracias por tu review.