La historia que dejamos pasar
Capítulo 6
Las normas eran indispensables para evitar sobresaltos y no alterar el orden establecido, por lo que Naoki trataba de seguirlas a rajatabla, inclinado hacia mantener la paz en su vida; sin embargo, admitía que hacer lo contrario era imperante cuando el bienestar de un paciente estaba involucrado.
Y eso había hecho, obviando las repercusiones. Su deber como médico era poner la vida en primer lugar, decidiendo por lo mejor en las situaciones donde las circunstancias y el tiempo apremiaban. Así pues, ahora debía afrontar las consecuencias de sus acciones, que ponían en juego su posición.
Visto en perspectiva, Naoki sabía que había sido impetuoso, arriesgando años de preparación y su futuro profesional —en el que podría ayudar a vasta cantidad de personas—, por un individuo… que también pudo estar en riesgo de haberse equivocado. Pero para eso había estudiado y no podría vivir consigo mismo sabiendo que arriesgó la vida de un paciente para seguir protocolos.
—Tenía la sospecha que tu arrogancia y narcisismo tarde o temprano te causarían problemas, pero esperaba no verme involucrado, Irie-sensei. Detente a pensar en los otros de vez en cuando —masculló Nishigaki en ese momento, irrumpiendo sus cavilaciones. Estaban fuera de la sala de juntas, esperando que comenzara la reunión extraordinaria para discutir su caso. Su asesor había tenido que reportarlo por llevar a cabo un procedimiento fuera de los parámetros establecidos, aunque la ejecución hubiese sido perfecta; él habría hecho lo mismo si los papeles estuviesen invertidos, independientemente de que viera con buenos ojos la actuación del médico.
—Prioricé a mi paciente —replicó sin un ápice de remordimiento, como habría sido adecuado para esa situación. Estaba seguro de su proceder, confiado en haber hecho lo correcto, y tampoco perdería el tiempo arrepintiéndose de algo que no podía remediarse.
—No sé ni para qué me molesto diciéndote que necesitas ser humilde, Irie-sensei, solo gasto saliva —farfulló Nishigaki aflojando el nudo de su corbata, como si se estuviera ahogando.
Era evidente que estaba nervioso, a diferencia de él, que hacía alarde de su frialdad al no mostrar alguna clase de emoción de cara a un momento que podría determinar el curso de su, hasta entonces, brillante carrera.
Los sentimientos no estaban en sus planes. ¿De qué servían, de cualquier manera? O, siendo sincero con él mismo, además de su familia, tenía reservada esa parte de sí para la hija de Shigeo-san, quien provocaba coraje y odio en su ser, capaces de combatir con el amor que sentía por la medicina.
Era bastante irónico que ella estuviera involucrada en el caso a discutir. Al tener que recordarlo, debería tener en cuenta que compartieron ese momento, aceptando a regañadientes que su desempeño se vio favorecido por la prontitud de la respuesta de ella; no tuvo ni que pedirle los instrumentos, pues se había adelantado a sus necesidades. Había sido una excelente asistente… y formaron un buen equipo.
Naoki inspiró unos segundos para alejar la ola de molestia que le cubrió con ese pensamiento. Lo último que quería era tener presente aquella idea de los dos juntos.
Afortunadamente, en ese instante aparecieron los miembros del comité de médicos, precediéndoles en el ingreso a la sala de juntas. En general, sus expresiones eran adustas, y no sería extraño que el resultado de esa reunión no le favoreciera.
…si no sabía defenderse. Caso contrario a la realidad; al ser bueno en diversas áreas, contaba con las habilidades que un abogado demostraba en un juicio.
Y lo más importante para él estaba en la mesa. No se arriesgaría a perder lo único que le daba sentido a su vida; se había centrado durante años en la medicina y sin ella estaría completamente vacío.
¿Qué sería de él si tenía que renunciar a su carrera?
La pregunta flotó en su cabeza mientras la reunión daba comienzo y se exponían a detalle los hechos cometidos. Era una cuestión de gran envergadura; en su mundo no había otra cosa que la medicina. Fue lo que decidió en el pasado… no podrían arrebatarle…
¿Por qué solo existía la medicina en su vida?
Naoki sintió una punzada ante la posibilidad de escarbar en ese asunto, de modo que casi se distanció de la discusión que estaba llevándose a cabo. Ya no estaba tan seguro como antes.
—Pese a que se trata de usted, Irie-sensei, hablamos de un pasante* realizando operaciones sin guía, como nunca había ocurrido —aseveró entonces Fujizawa con molestia—. Otros lo tomarán como un ejemplo y esto empezará a repetirse en este hospital.
—Es sumamente grave. Su asesor es responsable por enseñarle de forma inadecuada —puntualizó Miyasaka mirando a Nishigaki con el ceño fruncido; éste apretó los labios.
—Me convertí en médico para salvar vidas. Y eso hice. El paciente corría peligro y le di prioridad a su vida. No había oportunidad para seguir las reglas; la emergencia precisaba que no esperase a una supervisión que llegaría muy tarde y yo estaba seguro de mis conocimientos. Nishigaki-sensei no debe tomar responsabilidad, sino yo —manifestó impertérrito a los otros doctores. Sabía que no estaba siguiendo las directrices de su asesor, quien a su lado se puso tenso, mas tenía la certeza de que lo mejor era hablar con la verdad.
—Esa presunción podría haberle costado la vida al paciente —repuso Miyasaka. —Tuvo la suerte que no hubiese nada que lamentar, Irie-sensei.
—Él hizo lo que debía hacer. —Naoki cuadró los hombros al oír esa voz.
—¡Aihara-san! —exclamó la enfermera encargada de cirugía. —Lo siento mucho. Aihara-san, retirémonos.
—Shimizu-san, déjela hablar —pidió el director del comité alzando una mano.
Naoki se vio obligado a mirar a su izquierda, donde las dos enfermeras se encontraban.
La pelirroja temblorosa se aclaró la garganta. —Irie-sensei hizo lo que debía hacer. Claro que estaba el riesgo de fallar al operar al paciente, pero si no actuaba diligentemente como lo hizo, también pudo haber muerto. Ahora él se está recuperando como debe ser. Irie-sensei rompió una regla, pero tiene habilidad y es un médico excelente, que puso en primer lugar el bienestar de su paciente. ¿No es lo que debemos hacer todos?
—Cuánta impertinencia en interrumpir una reunión —aseguró Miyasaka cruzándose de brazos.
—Muy consideradas palabras. ¿Quién es usted, joven? —preguntó el director.
—Aihara Kotoko, empecé a trabajar aquí hace tres semanas. Asistí a Irie-sensei esa noche. Es una operación en la que apoyé incontables veces en el hospital de Akita y puedo decir que lo ha hecho como un especialista. Además, desde que he llegado, solo he escuchado maravillas de Irie-sensei; la enfermera Shimizu-san y Nishigaki-sensei pueden dar constancia de su desempeño.
Él sintió que le quemaba la boca del estómago.
—Aihara-san está en lo cierto, Sugiyama-sensei —dijo la enfermera más experimentada. —He tenido la oportunidad de observarlo en muchas ocasiones y sé que tiene las habilidades requeridas para su labor como médico. Y yo personalmente di seguimiento al paciente, quien se recupera sin ningún problema. Ahora, si nos disculpan, nosotras tenemos que retirarnos. Con su permiso.
Ambas enfermeras se inclinaron respetuosamente y partieron.
—Incluso una recién llegada que le desconoce se ha formado una buena impresión, Irie-sensei —indicó el director frotándose la barbilla.
Naoki pudo haber bufado con el comentario.
—¿Qué opina usted, Nishigaki-sensei?
—Irie-sensei es un pasante aventajado, profesor. No repruebo completamente sus actos, porque el paciente sobrevivió. Sin duda, en otro de sus iguales el resultado habría sido distinto.
—Entonces el incidente se colocará en el historial de Irie-sensei y de momento lo dejaremos pasar —dictaminó el director, ocasionando sonidos de asombro de los otros miembros del comité—. Le felicito por su habilidad y juicio, Irie-sensei; ningún otro pasante habría sido capaz de actuar así. No obstante, los pacientes se sienten más seguros con un médico de mayor experiencia y no queremos que pierdan la confianza en nosotros. ¿Entendido?
—Trataré de no repetirlo, profesor.
—Como le dije, quedará en su historial. Deberá tenerlo en cuenta para situaciones futuras; no seremos tan benévolos en otra ocasión.
Naoki asintió, recuperando la certidumbre momentáneamente perdida. —Gracias, profesor.
—Dicho esto, terminamos —dijo el director poniéndose en pie. —Nishigaki-sensei, encárguese de hacer el reporte y actualizar el historial de Irie-sensei.
—Sí, profesor —repuso su asesor con una reverencia. Lo imitó, porque guardaba respeto por el director Sugiyama.
Cuando los otros salieron, Nishigaki lanzó un resoplido.
—¿Por qué no puedes ser humilde? Mi historial era impecable y tú has llegado a arruinarlo. Y ahora tengo que agregar otra cosa al tuyo para alimentar tu ego. ¿Crees que podrías contenerte el tiempo que te resta para concluir tu pasantía?
Sin hacer caso, abandonó la sala de juntas con la misma sensación ardiente de momentos atrás. Para su fortuna, la persona que la causó esperaba al doblar el pasillo, de manera que se detuvo a su lado.
—No sé a qué aspiras, no necesitaba que intervinieras donde no te llamaron. Puedo resolver mis asuntos por mi cuenta —pronunció con tono seco y siguió avanzando.
—Creo que no entiendo.
Naoki dejó de andar y miró sobre su hombro. —¿Sería la primera vez? —ironizó—. Métete en tus propios asuntos. Tu opinión podrá haber servido, pero yo no te pedí ayuda.
—¿Ésa es tu manera de decir gracias? —inquirió ella con cara de confusión.
Idiota.
—Eso significaría querer algo contigo —sentenció fríamente. —Lo tomaré como un pago por el pasado… estamos a mano.
Sin agregar más, continuó su camino, preguntándose por qué el calor de su estómago no se iba.
{…}
Ese mismo día, Naoki llegó pronto a casa, ya que su turno había concluido en la tarde. Después de la junta había tenido su horario repleto, así que fue hasta su travesía en el metro que los acontecimientos del día fueron apareciendo en su mente; algo con lo que no estaba muy contento.
Había mencionado el pasado.
¿Bajo qué clase de embotamiento se encontraba entonces para hacer alusión a un tema del que no había que hablar? ¿Para traer a la superficie el tiempo que compartieron?
Su boca lo había pronunciado con tanta naturalidad que le provocaba náuseas el efecto que la pelirroja tenía en él. ¿Dónde quedó su autocontrol? ¿Habría sido culpa de esa sensación en su estómago, que tampoco podía explicar?
Gruñendo, Naoki terminó de ascender las escaleras de entrada. Ni siquiera quería pensar en ello y su mente le jugaba una mala pasada; lo mejor sería abrir una historia médica y enfrascarse en ella hasta que fuese hora de acostarse.
No sería nada nuevo, se dijo abriendo la puerta principal.
—¡Oni-chan, ya has vuelto! —saludó su madre apareciendo ante él, que se cambiaba los zapatos. —¿Qué tal tu día?
Sin responder, se enderezó. Al verla a la cara, ella cambió su expresión alegre por un ceño fruncido.
—¿Te ocurre algo, oni-chan? ¿Algún mal suceso?
Se sorprendió internamente, preguntándose qué veía en él para asumir aquello. ¿Sería visible la incertidumbre que le causó que, por un momento, su tan equilibrado mundo había vuelto a peligrar?
¿La posibilidad de quedarse sin la medicina?
—Un día habitual en el hospital —contestó guardando para sí sus preocupaciones, igual que siempre.
—¿Estás seguro? No me parece que…
Agitó la cabeza en negación. —¿Qué habrá de cena?
Ella suspiró. —Bien, pero si quieres hablar yo estaré aquí para oírte. En cuanto a la cena, hoy será italiana. Estuve viendo tutoriales en internet y me he animado a hacer arancini, risotto alla milanese, gambas, ensalada y petisú. ¡Promete ser delicioso! Buon apettito!
Naoki se encogió de hombros sin cuestionar esa costumbre de su madre de introducir platillos internacionales los lunes, copiándolos de vídeos de YouTube. Era lo suficientemente buena cocinando como para temer que los envenenara con sus hazañas.
Ni siquiera estaba interesado en cuándo comenzó a hacerlo, o por qué.
—Bajaré cuando sea la hora.
—Me encontraré en la cocina si me necesitas.
Asintió y empezó a dirigirse al piso superior, presintiendo que la tendría llamando a su puerta cada quince minutos, por infructuoso que fuera para su madre.
—¿Y ese repentino interés con la preparatoria, Kotoko-baka? —Se detuvo en seco al escuchar a Yuuki. —¿Han decidido que debes repetir tu educación básica? ¿Estás segura que eres enfermera? Lo que me estás preguntando es demasiado sencillo para que no lo sepas.
Naoki soltó el barandal dándose cuenta de que lo apretaba con fuerza, tras lo que siguió subiendo las escaleras, encontrándose de frente con Yuuki, quien hablaba por teléfono auxiliado de sus manos libres azules.
—¿De verdad crees que podré explicarte por teléfono, baka? —cuestionó su hermano pasando por su lado antes de echarse a reír con algo que oyera en la línea.
Apurando el paso, Naoki ingresó a su habitación, lamentando no estar ocupado en el hospital, donde estaría…
Lanzando un resoplido, negó.
Tampoco allí estaría a gusto.
* Yo seguí el ejemplo de Love in Tokio para definirlo como pasante, si bien puede llamarse de otra forma en sus países.
NA: ¡Hola!
Juro que no tenía olvidado este fic, pero no podía subir más capítulos si no avanzaba con mi historia, o sí me iba a sentir presionada por no tener continuidad a lo último que subiera je,je. La interacción Kotoko-Naoki fue poco, pero la introspectiva de él es la importante aquí. :)
Globalmente hay una situación difícil, así que espero se encuentren bien, cuídense mucho.
Besos, Karo.
Samy: ¡Hola, linda! Gracias, yo también espero que te encuentras con bien, el capítulo tardó un poco en aparecer, pero aquí sigo, compartiendo aventuras de Naoki y Kotoko, a quienes amamos en las historias ja,ja.
