La historia que dejamos pasar


Capítulo 7

—¡Tierra llamando a Kotoko-san!

La exclamación de Konomi cumplió su cometido, porque la aludida dio un respingo y pestañeó asombrada, volviendo al presente.

De nuevo había estado pensando en lo acontecido un día atrás con Irie-kun, cuando él la abordó después de su importante junta. No entendía a qué se refería con lo que ella aspiraba, ni a qué cosa del pasado se refería al decir que estaban a mano, pues más de una ocasión él la ayudó académicamente y unas veces personalmente.

¿O hablaba de la boda que no ocurrió?

Kotoko suspiró y miró el cuaderno de su vecina, sabiendo que no obtendría respuesta en lo concerniente de Irie-kun. Se encontraban en malos términos, y él nunca fue de los que explicaban sus acciones. Cualquier conclusión a la que llegara ella estaría equivocada, o, de acertar, no tendría confirmación.

—¿Estás bien, Kotoko-san? Te he molestado mucho, quizá debería irme —murmuró incómoda la pelinegra, bajando la cabeza para ocultar su rostro con su cabello.

—¡No, Konomi-chan! —Saltó rápido, acercando una mano para apartar la melena oscura de la adolescente, de rica textura. —A mí me encanta tenerte aquí, no es molestia… aunque no creo ser de mucha ayuda. Me temo que he olvidado muchas de las cosas y no puedo ser buena tutora para ti.

Yuuki llevaba razón al cuestionarle su falta de conocimiento sobre lo básico de preparatoria; así como lo había hecho su hermano mayor en su momento.

Konomi alzó la cabeza, negando. —Kotoko-san, yo te estoy agradecida por lo que haces. No soy buena alumna y estás dando tu mejor esfuerzo conmigo; tú tienes trabajo y te impido disfrutar tu tiempo libre.

—Para nada; me gusta tu compañía y ayudarte en lo que puedo. Es agradable tener con quien hablar al llegar a casa. No pienses que eres mala estudiante, estás tratando de esforzarte todo lo que puedes, ya verás que resultará. —Hizo un puño en el aire. —¡Ánimo! ¡Podrás hacerlo! ¡Podremos hacerlo!

La joven titubeó unos segundos, pero finalmente formó un puño y elevó el brazo con energía. —¡Sí!

—¡El inglés no podrá con nosotras!

—¡No!

—¡El japonés no nos vencerá!

—¡No!

—¡No perderemos contra las ciencias!

—¡No!

—¡Las matemáticas no… arrasarán con nosotras! —gritó sin encontrar las palabras correctas.

—Eh… —Konomi dudó unos segundos. —¡No!

—¡Física…! —Calló por unos instantes, sabiendo que era su peor asignatura—. ¡Física no nos hará la vida imposible!

—¡N…! ¿Segura? —cuestionó la pelinegra ladeando la cabeza, no tan animada como al principio.

Kotoko se puso en pie con la mano en alto. —¡No! Digo, sí, ¡segura!

Konomi la imitó. —¡Segura!

—Por eso la dejaremos para el final —dijo con una amplia sonrisa, regresando a su sitio para coger un diccionario de inglés. —Así no nos retrasamos.

La estudiante de preparatoria rió melódicamente y se sentó con menos ímpetu, tomando su lápiz y cuaderno. A continuación, empezaron a trabajar en su tarea con un ritmo lento, verificando cada poco con ayuda del internet.

—Nunca respondí tu pregunta —musitó Kotoko transcurridos unos momentos—. Estoy bien, estaba pensando en algo del trabajo. Un compañero tuvo un problema por no seguir un protocolo al hacer la operación, pero afortunadamente todo está bien. El paciente se salvó y el comité del hospital no le pondrá cargos por eso. Él es un excelente médico.

—Estoy feliz por tu compañero, podrá seguir ayudando a sus pacientes.

—Sí.

—La vida de los adultos es muy diferente a las preocupaciones de los jóvenes —señaló Konomi con una sonrisa.

Se encogió de hombros, porque a veces se tendía a menospreciar los pensamientos de los menores. —Solo cambian las prioridades y responsabilidades, pero también es importante lo que te preocupa.

—Cuando sea grande, me gustaría ser como tú, Kotoko-san —aseveró su vecina con el rostro sonrojado. —Eres mi ejemplo.

Ella sintió que sus mejillas se calentaban y puso sus manos sobre ellas. —Es lo más lindo que me han dicho, Konomi-chan. Gracias. Sé que al crecer serás una gran persona sin tener que parecerte a mí.

La chica asintió roja y continuó escribiendo. Sin embargo, luego de unos minutos carraspeó, interrumpiendo su actividad.

—¿Has… has estado enamorada, Kotoko-san? —cuestionó jugando con la goma de borrar.

El corazón de Kotoko se tomó una breve pausa mientras los sentimientos encapsulados en él se extendían como una llamarada de fuego en su pecho, renovando la sensación de melancolía mezclada con la resignación de un amor que no pudo ser. Aunque no dolía mucho y había tenido que pasar página, las emociones continuaban dentro de sí; no podía deshacerse de ellas como si fuese una desalmada. Era como vivir con una pequeña cicatriz; ya había sanado, pero en ocasiones, sobre todo en el frío, le ocasionaba una minúscula molestia, recordándole que existía.

Sonrió, amando la parte suya que le había ayudado a avanzar y crecer.

—Sí. Me confesé y estuve por casarme, pero él no me quería y le dejé ser libre —admitió sin trastabillar. —Todavía le quiero. Así que sé lo que es estar enamorada.

—¿A pesar de todo? —murmuró Konomi-chan mirándola de frente.

—¿Quién determina el tiempo que amamos a alguien, aunque no nos corresponda? El amor no es como un interruptor de luz que se apaga y se enciende cuando queremos. Y el hombre que quiero es bueno, que no me ame no lo hace terrible… mi amor no depende de sus sentimientos hacia mí. Le quiero por la persona que es, la que llegué a conocer en un espacio de tiempo. —Bajó la mirada y delineó las letras occidentales en el diccionario. —Le conocí a los quince años y tuve un enamoramiento, pero fue al convivir con él que se transformó en amor, porque vi los pequeños actos que pasaban desapercibidos para los demás.

—¿Te arrepientes de amarlo, Kotoko-san?

Sus ojos se cruzaron con los de la joven, transmitiéndole con sus ojos la zozobra que esa pregunta provocaba. —Aun pienso mi respuesta.

—Entiendo. Gracias por confiármelo. Yo… —Konomi suspiró—. Quería saberlo porque hay alguien a quien he querido desde hace tiempo y… tal vez este sea el último año que lo vea.

—¿Hace cuánto se conocen? ¿Son amigos? —preguntó emocionada por un amor adolescente, haciendo a un lado su triste historia.

Konomi entrelazó sus dedos jugando con sus pulgares. —En realidad nunca hemos hablado antes. Me gusta desde la primaria y me conformo con verlo… no tengo ninguna esperanza, Irie-kun es listo y no podemos coincidir en nada. Me conformo con verlo, pero cuando termine la preparatoria ya no podré hacerlo.

—¿Irie-kun?

—Sí —susurró Konomi completamente sonrojada.

Parecía una coincidencia. ¿Se trataría de Yuuki? Sería demasiado irónico repetir su argumento amoroso. La chica del F enamorada del chico del A; aunque, como punto a favor, Yuuki tenía una personalidad diferente a su hermano. O, al menos, en algunos aspectos eran distintos.

—Dices que es listo, ¿de qué clase es? Háblame un poco sobre él. ¿Qué te gusta de… eh… Irie-kun?

—Está en el grupo A; es el primero de su clase. Me gustan sus ojos marrones y la manera en que brillan cuando está entretenido. Antes era bajito y no me importaba, pero ahora creció un poco y se ve mejor. Es educado y respetuoso, también es agradable con las demás personas; hace seis años era más serio y cambió en un diciembre, ya no fruncía tanto el ceño, empezó a tener más amigos y a mejorar en los deportes. Maduró de pronto.

Definitivamente era el mismo Irie que conocían.

— No me atrevo a confesarme, pero me gustaría haber sido su amiga —se lamentó Konomi escribiendo de nuevo, mientras Kotoko se debatía entre decirle lo que sabía o actuar para cumplir ese inocente deseo.

¿O estaría alentando una agridulce historia como la suya y el otro Irie?

{…}

Al día siguiente, habiendo tomado una decisión respecto al asunto de su vecina, Kotoko seguía reflexionando al respecto, preguntándose si contactar a Yuuki había sido prudente. Él le había comentado antes que no estaba interesado en su popularidad de la preparatoria, ni en parejas sentimentales, y hacer que conociera a una chica que gustaba de él podía ser como encaminarlos a esa dirección.

Pero al menos quería que a Konomi se le concediera entablar un breve contacto con el muchacho que le gustaba desde hacía años, como su timidez no le permitiría. Todas se merecían eso una vez en la vida, aunque fuese para cerrar el ciclo de enamoramiento con él… si Yuuki no terminaba enamorado de ella.

No apuntaba a eso, pese a que su vecina tenía agradable carácter. Solo esperaba darle una buena memoria para el futuro, como las tenía con su Irie-kun; confiaba en la afabilidad de Yuuki.

Lo que no haría sería mencionarlo a Noriko-san, por lealtad que tuviese con su querida tía. Sus dotes de casamentera podrían arruinar una relación sana; ella podía ilusionar a Konomi inútilmente y hacer que su hijo pasara un mal rato con una chica.

Ella, Kotoko, pondría el freno que sus bienintencionadas, pero mal ubicadas, amigas, no supieron poner. Algunos empujones nunca debían hacerse.

—¡Yuuko!

A punto de girarse para recordar al dueño de la voz que se hallaban en un hospital, Kotoko cayó en la cuenta de que le era familiar. Dándose la vuelta con rapidez, alcanzó a divisar a un hombre trajeado corriendo al ascensor, en el que no vio el rostro de la mujer dentro, mas sí una cabellera ondulada que encajaba a la perfección con lo que sospechaba.

¿Matsumoto y Sudou-senpai?

Dio un paso en la dirección de los elevadores para abordarlos, pero un pecho blanco se cruzó en su camino, haciéndola detenerse en seco.

—¿A dónde vas, enfermera Kotoko-san? —inquirió la voz galante del doctor Nishigaki, el coqueto del departamento.

Alzó la mirada hacia el rostro atractivo del médico. Como siempre, sus ojos oscuros refulgían del encanto que embaucaba a muchas, con excepción de ella.

—Creí ver a alguien —contestó amable, tratando de rodearlo. —Si me disculpa, me gustaría alcanzarle.

Él se interpuso en su camino de nuevo.

—Tsk, tsk, Kotoko-san, en este momento no puedes dejar esta ala. Hosoi-san podría enfadarse contigo, y ni a mí me gustaría ser reprendido por ella. La jefa de enfermeras puede ser atemorizante cuando está enojada.

Kotoko tragó saliva, consciente de que Nishigaki decía la verdad. La mujer regordeta, enojada, le causaba escalofríos; y, para su mala suerte, ya le había conocido de esta forma.

—Sin embargo, sé que en este momento no hay mucho ajetreo en el hospital y podríamos aprovechar para conocernos un poco más, Kotoko-san —manifestó suavemente Nishigaki, de a poco acorralándola contra la pared. —Me sentiría feliz de poder salir contigo. Eres muy bonita y tu personalidad es sumamente agradable, me complementarías. Tú enfermera, yo médico.

—Nishigaki-sensei, está muy cerca de mí. Yo me siento… eh… halagada, pero no estoy interesada.

—Dame una oportunidad, Kotoko-san. Por ti cambiaría mi estilo de vida.

—Le dice lo mismo a todas —arguyó desviando la cara para mantener sus rostros lejos. Con lentitud, se acercó a la puerta de una habitación para huir.

—En este caso…

—Si no van a dedicarse a su trabajo, no estorben a quien sí lo haga.

La fría voz del mayor de los Irie recorrió su espina dorsal estremeciéndola. Sin embargo, agradeció en demasía que su interrupción obligara a Nishigaki a apartarse y darse la vuelta para hablar con el otro.

—Te crees muy listo, Irie-sensei. Solo estoy amenizando con Kotoko-san; es nueva y necesita a alguien que le ayude a habituarse a este hospital.

Ella dio un paso a un costado, alejándose.

—La verdad es que yo… —musitó y calló, tragando saliva al ver la expresión iracunda en el rostro de Irie-kun.

Nishigaki-sensei le tocó la nariz como a una niña.

—No seas tímida, Kotoko-chan, está bien; tengo un interno al que no debo supervisar porque es perfecto, así que ese tiempo puede ser para ti… en el turno de noche.

—¿Cómo! —Abrió los ojos con pasmo, haciendo sonreír a Nishigaki. —¡Yo no estoy interesada!

—Deberías cuidarte, Nishigaki-sensei, o pueden poner una denuncia de acoso a tu nombre, y no quiero perder mi tiempo haciendo de testigo en eso —sentenció Irie-kun con una combinación de burla y asco—. Ahora bien, interrumpen el paso. Háganse a un lado.

Apurada, se apartó de la entrada a la puerta e inclinó la cabeza repetidamente, disculpándose. Silencioso, Irie-kun ingresó a la habitación.

—Interesante.

Al escucharlo, de pronto recordó que Nishigaki seguía ahí, por lo que dio un brinco para poner mayor distancia. No obstante, el médico pelinegro sonreía de lado y poseía una expresión que le dio mala espina; los cristales de sus lentes parecían brillar con malicia.

—Interesante —repitió dándole la espalda a ella para alejarse, sin repetir el flirteo de antes.

Ella se quedó confundida, preguntándose qué era interesante o si la insinuación de una denuncia era suficiente para evitar la atención del médico.

De cualquier modo, agradeció la ayuda de Irie-kun, aunque éste lo hiciera por casualidad.


NA: ¡Hola!

¿Saben? Me desagrada usar el acoso de Nishigaki, pero no encontré con qué cambiarlo y habría sido muy raro otra cosa tratándose de él. Ahora bien, salió Naoki furioso al rescate. Y, originalmente en esa parte Kotoko mencionaba que la habitación estaba vacía, pero ya iba a ser muy tonta si no entendía que el castaño se involucraba adrede, es una lástima ja,ja.

¡Cuídense!

Besos, Karo.


Samy: ¡Hola! Soy feliz porque mis capítulos son de tu gusto, sobre todo ahora que estás en cuarentena. Yo soy de las que se pasa encerrada cuando se encuentra en casa, pero el calor está acabando conmigo y me resta ganas de escribir, así que saco ratitos cuando estoy fresca. En fin, gracias por tu review y tu atención en esta historia, te deseo lo mejor. Besos.