La historia que dejamos pasar
Capítulo 8
La curiosidad innata de Yuuki quedó al descubierto mientras exploraba con sus ojos el interior de su apartamento, por lo cual Kotoko trataba de contener su risa. El castaño se ufanaba diciendo que era distinto a su infancia, pero se comportaba igual y resultaba lindo.
—Todavía no entiendo por qué quieres que te explique temas de preparatoria, Kotoko —expresó él en ese momento, concluida su inspección. —Ni siquiera he podido ir a casa a cambiarme por la hora temprana en que debía estar aquí. —Él se inclinó para coger el vaso de té en la mesita de centro. —Y… ¿qué no trabajas?
—Hoy tengo turno de noche —explicó sonriendo. —Lo siento si te pedí que estuvieras aquí saliendo de clases, quería que habláramos antes.
Bebiendo, él alzó sus cejas para animarla a continuar.
Ella se mordió el labio. —Eh, verás, no quiero que me expliques a mí.
Yuuki frunció el ceño, pero no dijo nada mientras tomaba uno de los dulces servidos y le daba una mordida que le hizo sonreír.
—Kin-chan es muy bueno, ¿a que sí?
—No lo oirá de mí —sentenció el chico entre mordiscos y expresiones de deleite. —¿Decías?
—Ah, eh, sí. Tengo una vecina a quien he estado ayudando un poco, pero, como suponías, no soy muy buena y creo que no estamos progresando mucho. Ella quiere pasar los exámenes para entrar a la universidad; está muy entusiasmada, aunque sus calificaciones actuales son muy bajas.
—No deberías comprometerte en cosas que no estás segura de cumplir —aseveró Yuuki poniendo los ojos en blanco, sonando como una imitación de su hermano. —Pudiste haber empeorado los conocimientos de tu vecina.
—¡Es cierto! —Sintió pánico y se llevó las manos a las mejillas. —¿Y si en lugar de ayudarla, la retraso? ¡No! ¿Qué he hecho! ¡Por favor, Yuuki-kun! ¿Podrías ayudarla a estudiar para sus exámenes?
Yuuki soltó un suspiro.
—¿Por qué tendría que hacerlo?
—Porque eres muy bueno —aseguró tratando de hacer su mejor cara de súplica. —Y podrás hacer una nueva amiga. —Él abrió la boca para replicar. —¡Por favor, ayúdala! Yo no recuerdo mucho de eso y tú lo estás estudiando; eres muy inteligente, seguro que no se te hace difícil.
—No servirá de nada, queda muy poco tiempo para los exámenes.
—Veme a mí, soy enfermera. No es imposible; solo hay que tener fe. ¡Te sentirás satisfecho de contribuir al futuro de alguien más! Pregúntale a tu hermano cómo se sintió cuando enseñó a mi clase.
Él resopló. —Claro.
Se rió abochornada.
—También haré lo que tú quieras, solo tienes que pedírmelo.
—¿Como besarme?
Kotoko perdió el habla y miró a Yuuki con espanto, creyendo haber oído mal. ¿Él no acababa de decirle que…? ¿El niño que veía como…? ¿El hermano del hombre que amaba?
Yuuki prorrumpió en carcajadas sujetándose el estómago, mientras ella sentía un miedo profundo calándole los huesos.
—¡Deberías —él tomó aire— ver tu cara! ¡Eres muy obvia!
—Yuuki-kun, yo… ¿te gusto? —preguntó sintiéndose en una encrucijada. ¿Cómo podría haber pasado eso?
Él se recompuso y suspiró, rascándose la nuca. Sus orejas estaban coloradas. —Me siento de lo más halagado —dijo sarcástico. —Cuando era niño me gustaste un poco, pero se me pasó pronto.
—Yo… lo siento… no sabía que…
—Creo que fue la etapa más estúpida de mi vida.
—¡Oye! —exclamó con los brazos en alto y él rió.
—No temas, no saltaré sobre ti ahora que estamos solos —comentó Yuuki con socarronería, buscando otro dulce para saborear. —No me aprovecharía de una inocente… ¿o sí?
Se paró y corrió detrás del sillón, protegiéndose de ese muchacho pícaro. ¿Era seguro dejar a Konomi cerca de él? ¿Y si tomaba ventaja? Él no fingiría como su hermano lo hizo aquella vez en que ella entró al dormitorio por su tarea.
¿Le haría algo a su amiga?
Cualquier oportunidad para indagar al respecto se le escapó de las manos al oír el timbre.
—¡Ya voy! —Se apresuró a la puerta con el corazón latiéndole a mil. La pobre Konomi sufriría una combustión interna con un Yuuki pervertido así de cerca. ¿Cómo había olvidado que los jóvenes de diecisiete normales pensaban en eso?
Abrió la puerta de forma muy abrupta, casi asustando a su vecina.
—Hola, Kotoko-san, ¿está todo bien? —preguntó con dulzura Konomi.
¿Y si Yuuki era un lobo feroz que podía comerse a la pequeña oveja? ¡No se lo perdonaría!
Lo mejor sería cancelar eso y encargarse personalmente de enseñar a Konomi. Ella era mayor para controlar a ese chico, pero su joven vecina era indefensa e inocente.
—Eh, yo, ¿bien? —tartajeó y pasó saliva. —Quizá ahora no sea el mejor…
—¿Por qué desperdicias el tiempo de estudio, Kotoko? ¿No dices que… —preguntó a su espalda Yuuki, hasta que sintió su presencia a menos de un palmo de distancia—…tu vecina?
No supo cuál era la expresión del Irie, pero sí contempló la sorpresa en el rostro de Konomi, que se volvió una estatua ante la visión del chico de quien estaba enamorada. Probablemente todo lo opuesto a cuando ella descubrió que viviría con Irie-kun.
Kotoko carraspeó y Konomi dio un respingo, bajando la cabeza.
—Lo siento, debo interrumpir…
—No.
Se sorprendió de la negación de Yuuki, por lo que se hizo un lado y pudo ver que miraba con interés a su vecina, pero con una expresión que asemejaba un tierno aprecio, no el loco deseo que temía.
Quizá él no se había percatado de Konomi en el terreno escolar, ignorante como era la Clase A de la F, y, si era así, agradecía que su primera impresión fuera de ella ataviada con ropa de calle. Konomi llevaba un vestido celeste de mangas largas, botines negros y un listón azul claro en el cabello, suelto como otras veces.
Era encantador poder ver eso.
—En realidad, Konomi-chan, él te ayudará. Ayer le pedí que viniera el día de hoy y hace unos instantes ha accedido a enseñarte; no quise decirte antes porque no sabía qué respondería. Nuestros padres son amigos. Yuuki-kun, ella es mi vecina, Sagawa Konomi-chan.
—Gusto en conocerte, Sagawa-san. Soy Irie Yuuki —saludó él con una reverencia, apenas apartando los ojos de su vecina. —Por favor, cuida de mí.
—Lo sé… Yo… Hola, Irie-kun. Estaré a tu cuidado. —Konomi dio una reverencia de su parte.
—Es estupendo; espero que se lleven bien y puedan ser amigos. Pasa, Konomi-chan; como dijo Yuuki-kun, estamos perdiendo tiempo de estudio.
El aludido movió la cabeza en acuerdo, alejándose de la entrada.
Konomi asintió apresuradamente e ingresó a la casa, cambiándose el calzado con movimientos torpes.
—Lo siento, Konomi-chan, no tuve tiempo de decirte, espero que no te enojes conmigo —susurró cerca de su oído para que solo la chica pudiera escucharla.
La pelinegra negó y se incorporó. Sus ojos resplandecían como piedras preciosas, haciéndola lucir más bonita de lo que era.
—Gracias, muchas gracias, Kotoko-san.
Con una sonrisa tímida, Konomi se adentró más a su hogar y caminó hacia el sofá. Kotoko pasó detrás de ella para ir a servirle de beber.
Sobre su hombro los miró acomodarse para empezar la lección. Emocionada, ocultó su alegría volviéndose antes de que le vieran.
Esperaba haber hecho lo correcto.
{…}
—¡Kotoko! —le gritaron en unísono sus amigas cuando abrió la puerta de su apartamento.
Ella dio un paso atrás al ser abrazada por ambas, apenas sin caer por el gran ímpetu de sus movimientos.
—Quiero. Respirar —dijo al sentir dolor en el pecho por la falta de aire.
Jinko y Satomi brincaron con un sonoro jadeo, poniendo idénticas expresiones de espanto y preocupación al mirarla de lejos.
—Cuatro meses sin vernos y estamos a punto de matarla al reunirnos —acotó su amiga pelinegra con burla.
—Lo que ella quiere decir es que nos disculpes, estamos emocionadas de verte otra vez —dijo Satomi sonriendo. —Este mes y medio que has estado aquí ha sido agitado.
Kotoko rió y, mientras ellas se quitaban sus zapatos, se acercó a recoger lo que habían dejado fuera de la puerta.
—También las extrañé, me alegra estar de vuelta. Podré verlas más de una vez al año sin depender del line. —Las invitó a entrar con la mano. —Pónganse cómodas, tengo botanas y bebidas. Guardaré el helado y la comida.
—Usas el line muy poco, Kotoko, ni debe ser tomado en cuenta como método de contacto —señaló Jinko quitándose el sombrero negro con el que ocultaba que era la mánager de un grupo conocido. —Ser enfermera no te permite tener vida social.
—Tu trabajo depende del teléfono móvil, Jinko. No me sentiría cómoda si mi enfermera sacara el suyo en un pasillo de hospital, así como cuando yo estoy en presencia de mi suegra o conocidos —escuchó decir a su otra amiga al abrir la puerta del congelador.
—Sí, bueno, al menos ya está aquí.
—¿La mamá de Ryo-san sigue causando problemas? —preguntó Kotoko reuniéndose con ellas en la sala.
—No; en realidad está tranquila.
—Debe haberse resignado a que su hijo te ama y que no la dejarías ver a su nieta si te vas —aseveró Jinko con los ojos en blanco. —Además eres una gran dama de sociedad que no la puede avergonzar —añadió apuntando al blazer rosa que descansaba en el respaldo del sillón. —Hasta para una visita a tus amigas vistes impecable.
—Es la costumbre, nunca sabes con quien puedas encontrarte en la calle.
Kotoko siguió su conversación contenta; realmente necesitaba encontrarse con sus mejores amigas. El crecer, con los cambios y las diferentes ocupaciones que esto implicaba, hacía complicado reunirse, pero era una fuente de felicidad cuando podían hacerlo.
—¿Y tú, Kotoko? Nos entristece no hacer una gran fiesta por tu regreso, ambas tenemos contactos que nos podrían haber facilitado un evento magnífico. Eres enfermera y has vuelto a Tokio.
Negó con la cabeza. —Solo así es perfecto, no podría dar un discurso en público o encontrar un día en el que no pueda desaparecer de pronto por alguna emergencia, todavía estoy comenzando.
Sus amigas suspiraron.
—No tiene mucha diferencia con ser madre, nuera, ama de casa, y esposa de un miembro distinguido de la sociedad; las horas no me alcanzan —se lamentó Satomi colapsando en el mullido sofá rojizo, evidenciando su cansancio. —Mi agenda está muy apretada.
Kotoko hizo una mueca.
—¿A quién engaño? —masculló Jinko, cubriéndose los ojos—. Las entiendo, ser mánager es un trabajo de veinticuatro horas, en cierto sentido es como tener hijos. Es agotador controlar la impulsividad de Miki-kun para que mantenga una buena imagen. En cualquier momento siento que se filtrará alguna información en la red que arruinará todo.
—Pero qué nos quejamos; Kotoko tiene que velar por que más de uno no muera.
Ella se rascó la cabeza, recordando la parte más complicada de su labor, que se mantenía en el fondo de su mente como una preocupación constante. Saber que los errores podrían resultar en la pérdida de una vida suponía una especie de carga que combatía dedicando tiempo diario a estudiar un poco, hecho que marcaba una diferencia abismal con la Kotoko de años atrás.
—Hablando de tu trabajo, ¿qué tal el hospital? ¿cómo te ha ido? —cuestionó Satomi con expresión expectante.
Incómoda, se removió en su lugar y cogió una fritura del bol en la mesa, acto que orilló a sus amigas a mirarla con ojos entrecerrados, presionándola.
—¿Por qué presiento que la respuesta no será positiva? —inquirió Jinko en voz alta, frotándose el mentón.
—¿Está todo bien, Kotoko? —formuló su otra amiga impregnando la pregunta en el tono maternal con el que debía hablarle a su hija. —¿Algo en lo que podamos ayudarte?
Kotoko agitó su cabeza, haciendo que sus cabellos sueltos golpearan con sus mejillas, que poco a poco se calentaron ante el escrutinio de las otras.
—El hospital me agrada, es un buen sitio de trabajo y he hecho amistad con otras enfermeras… es solo que… eh… ¿sí sabían que él se convirtió en médico? —expresó sin decir el nombre de Irie-kun, que sus amigas se negaban a mencionar por ser su enemigo número uno, pero dando a entender claramente a quién se refería.
—¿Médico? ¿Un egoísta como él! —exclamó Jinko con furia. —¡Los médicos son bondadosos y amables, y él es…! ¡Argh!
—Es listo, eso tengo que aceptarlo, y fue bueno cuando nos dio clases para entrar a la universidad, pero su carácter no va con un doctor. —Satomi lanzó un suspiro. —El punto aquí es que coincidieron en el mismo hospital y, ¿trabajan juntos? —Kotoko asintió. —¿Cómo te sientes con eso?
Cerró los ojos e inspiró un segundo antes de hablar: —Es difícil. Él es un gran ejemplo y un excelente médico, pero estar en la misma habitación puede resultar tenso, así que puedo equivocarme algunas veces. Y… él es muy frío con todos… creo que haberle plantado lo volvió más duro… me hace sentir responsable.
—Cada quien toma sus decisiones, Kotoko. Pudiste haberlo dejado en el altar y hacerlo sentir humillado, mas no tienes la responsabilidad de cómo decidió actuar él. Jugó sin consideración con tus sentimientos y tú no te comportas igual —le reconfortó Satomi. —Su forma de ser es algo con lo que él debe tratar por su cuenta.
Se encogió de hombros. —Quisiera pedirle perdón por desaparecer antes de la ceremonia, pero no encuentro el momento correcto.
—Éste saldrá, ya lo verás. Y cuando quieras hablar de ellos, sabes dónde estamos.
Kotoko esbozó una sonrisa, reconociendo que podía contar con su apoyo como lo había tenido hasta entonces.
Sin sus seres queridos, en esos seis años todo habría sido distinto.
NA: ¡Hola!
Alguien empezará a pasar horas en el edificio de Kotoko y creo que cierta persona lo va a malinterpretar. Por otra parte, si no malinterpreté a Yuuki cuando chico, Kotoko fue su crush en algún momento, y probablemente el hermano lo sabía ja,ja (si bien pienso que pudo tener influencia Naoki, a quien imitaba).
En el próximo sí saldrán Naoki y Kotoko juntos.
Besos, Karo.
