La historia que dejamos pasar


Capítulo 9

Con una mueca, Naoki dio un sorbo al café instantáneo que acababa de servirse de la máquina del hospital, el cual nunca había terminado de agradarle, pero que funcionaba para su propósito. Parecía que, una vez probado un buen café, los demás palidecían en comparación y su mente se negaba a olvidar aquel del pasado.

Arrugando la nariz, se apoyó en el barandal junto a la máquina y sacó su teléfono para terminar de leer el artículo científico que había empezado esa mañana en el metro; este se relacionaba mucho con su tesis en último proceso de revisión y podría formar parte de su bibliografía para la investigación que pretendía continuar en el futuro.

—¿Estás segura que te encuentras bien? Desde la mañana pareces pensativa y callada, todo lo contrario a tu alegría habitual. ¿Pasó algo hoy, Kotoko?

Al escuchar el nombre de la interlocutora de Kikyou, no pudo evitar apretar su mano en el móvil, maldiciendo la aparición indeseada de la hija de Shigeo-san durante su descanso. No podía irse abruptamente, o indicaría algo equivocado.

¿Es que no podía darle un respiro?, pensó sintiendo que su cuerpo se caldeaba.

Ni siquiera se atrevió a mirar sobre su hombro para comprobar qué tan cerca se hallaba la pelirroja.

—Son solo imaginaciones tuyas, hoy solo es un veintiuno de noviembre normal.

—¡Ajá! —Naoki se enduró como un metal luego de ser sometido y moldeado a alta temperatura. —¿Qué tiene el veintiuno de noviembre, Kotoko?

Era ese día.

Seis años atrás ella lo había humillado de la peor manera posible. Se había burlado de él al dejarlo en el altar, haciendo de Irie Naoki un estúpido a los ojos de los demás.

La idiota debía estar regocijándose en silencio al ser consciente de ese maldito día.

Se trataba de la misma fecha en la que se habrían casado.

El calor del vaso de café se hizo presente en su mano ante la reacción que la furia provocó en él. Quería golpear algo con sus puños cerrados hasta que el dolor acabara con su necia memoria recordándole ese momento, cuando como un tonto pensó en que ella tenía un problema y pretendió…

Sus manos temblaron del coraje.

—¡Anda! Me muero por sabe… ¡Irie-sensei! ¡No lo vi! ¿Cómo le va? —interrumpió Kikyou a sus espaldas, ignorando el estado en que él se encontraba. —También vino a tomarse un café como nosotras. Ya empieza a sentirse diciembre, ¿no?

Malhumorado, pero reconociendo lo grosero y sospechoso que sería no hacerlo, él se giró con lentitud al tiempo que le daba un sorbo a su café. La bebida le quemó la lengua y tuvo que apretar los dientes por su distracción.

Kikyou tragó saliva, mientras que su acompañante pelirroja bajó la cabeza, no sin antes permitirle ver su expresión grisácea, misma que cualquiera podría catalogar como sospechosa al ser consciente de la irritante animada forma de ser de su dueña.

Creyó sentir el calor del café en su estómago.

Semejante atrevimiento el de mostrarse mojigata cuando sabía de lo que era capaz. Se merecía que expusieran lo desleal y ruin que podía ser, lo bien que podía fingir para después actuar con perfidia sin consideración alguna. Su poco honor. Cómo quería que ella mostrara su verdadera cara y todo lo que pensaba para que él encontrara alivio porque fuese descubierta.

Era nauseabunda esa mentirosa.

Y su familia seguía en contacto con ella, aumentando su desagrado por hacerle sentirse traic…

Imprecó en su mente frente a un pensamiento innecesario antes de acabar con el contenido de su vaso, sin pestañear por su estado.

—Sí, hay bastante frío —continuó Kikyou acercándose a la máquina con evidente incomodidad. —¿No lo creen? ¿O solo soy yo?

Sin emitir palabra, él se retiró para evitar algo de lo que podría arrepentirse, afectado por el volcán que amenazaba con hacer erupción en su ser.

¿Frío?

Él bullía por dentro.

Seis años de su humillación.

{…}

Más tarde ese día, Naoki decidió hacer la mayor parte de su camino a casa a pie, para que el aire fresco de noviembre hiciera decrecer la temperatura alta que sentía en su interior, que le había mantenido tenso durante horas.

La aparición de Kikyou y compañía había sido inoportuna, al hacerle pensar de más sobre esa fecha. Con ella allí, era difícil hacerse el desinteresado como años anteriores, porque la joven era el combustible que echaba a andar su rabia; pasearse en su presencia como zorro hacía la diferencia, pues si no estaba cerca, podía fingir que aquel desagradable día nunca existió y continuar con su plan de tener su mente ocupada en cosas útiles.

Si tan solo cambiarse de área no fuera sinónimo de darle más poder del que tenía…

—Kinnosuke-kun, yo también puedo llevar bolsas. —Oyó poco antes de doblar en la esquina, previniéndole que podría chocarse. —Son mis artículos para jardinería.

—No, Chris, esto pesa mucho, no quiero que te salgan marcas en tus manos.

Esa voz.

—¡Kin-chan!

Al momento de decirlo, cuando daba cara al dueño de la voz, Naoki se encontró de frente con el ruidoso y una rubia, haciendo que el primero se detuviera en seco y obligara a su compañera a imitarlo.

—¿Kinnosuke-kun? —preguntó la mujer mientras él los rodeaba sin apenas mirar al pelinegro. —¿Qué pasa? Parece como si…

—Déjalo, Chris. —Ikezawa tenía tal volumen al hablar que él lo oyó, aunque estaba lejos. —No es importante.

Naoki no escuchó la respuesta de la rubia, mas a su mente acudieron las palabras de Ikezawa de seis años atrás, de la única vez que se vieron después de su humillación.

"Al menos a mí me dejó por otro. Parece que al genio no le gustó probar de su propia medicina. ¡Pero yo la habría buscado para saber qué pasó! ¡Qué hice para ser abandonado! ¡Porque tú hiciste algo! ¡Ella te amaba! ¡Te amaba! ¡Maldita sea! ¡Tú eres un idiota por arruinar lo mejor que has tenido! ¡Prometiste hacerla feliz y fallaste! ¡Fallaste, genio! ¡Y lo vas a lamentar siempre!"

Eran estupideces, como las que tendían a salir de la boca del ruidoso. Por lo menos en esa nueva ocasión se había abstenido de otro innecesario discurso, o tal vez la joven, con quien seguramente tenía una relación cercana, había influenciado. Si estaba con ella, lo que significaba que podía haber superado su interés por la pelirroja, ya no tenía que preocuparse por una reunión entre los dos. Aunque tampoco había posibilidades. Desde aquel encuentro de madrugada en la universidad, donde él pasaba largas horas y, por tanto, había orillado que coincidieran, nunca más lo vio; las pocas ocasiones en las que él asistió al restaurante de Shigeo-san el pelinegro estuvo en la cocina u otra parte.

Sin embargo, como una maldición, las palabras de Ikezawa trajeron a su conciencia las de su madre, en el único momento en que ésta le preguntó de la hija de Shigeo-san antes de que él decretara que nunca hablaría del tema con nadie, porque no era algo que le interesara.

"¿Qué hiciste, Naoki? Tienes que averiguarlo y arreglarlo. O dame una idea para ayudarte. Ella está enamorada de ti y lo estuvo aun cuando tú planeabas casarte con otra. Algo muy grave debió pasar para que no se casara contigo. ¿Es que tu orgullo vale más que la persona que amas?"

Cómo había engañado a todos aquella tonta. Apenas él se vio con la responsabilidad de salir con Sahoko-san, una joven que valía la pena, ella corrió a los brazos de Ikezawa, yendo en contra de su supuesto amor; quizá aceptó casarse con él sin la intención de hacerlo, movida por la venganza de no ser escogida cuando casi lo sentía en sus garras.

Él mismo le había puesto la oportunidad en bandeja de plata.

—¡Demonios!

Una pareja se alejó prontamente de él al oírlo exclamar con energía.

¿Qué hacía, pensando en el pasado? ¿Por qué había recorrido automáticamente un camino que estaba prohibido para él?

Para tratar de borrarlo y no pensar más, y para castigarse por ir en contra de su propia voluntad, comenzó a correr por la calle como si hubiera una emergencia, explotando a su cuerpo a un ejercicio para el que no estaba preparado tras varios años.

Corrió como nunca. No le importó la constricción de su ropa ni la temperatura o la gente con la que se cruzaba. Maltrató a sus pulmones con el gélido frío, ignorando sus gritos de dolor en forma de punzadas lacerantes que lo empujaban a seguir, porque apartaban de su cabeza el mundo a su alrededor.

Solo se detuvo en los semáforos para su sobrevivencia, poniendo toda su energía en mover sus pies e ir hacia adelante.

Continuó corriendo hasta que llegó a casa y descubrió que tenía más fortaleza física de la que creía, pues estaba agotado y sudado, con molestia en sus piernas, pero seguía de pie.

(Aunque no admitió que estaba lejos de sentirse así.)

Respirando varios volúmenes de oxígeno en medio de escalofríos, subió lentamente las escaleras de entrada de su casa, abrió la puerta principal e ingresó, cerrando silenciosamente después. Se cambió su calzado y se dispuso ir a la cocina para beber agua.

—¿Y Yuuki? —Escuchó preguntar a su padre cuando estaba cerca de su destino.

—Está en casa de los Aihara —respondió su madre y Naoki se detuvo—, dijo que se siente cómodo estudiando allí antes de los exámenes de ingreso a la universidad, por la comida de Ai-san…

—¿Qué piensas, Noriko? Tienes esa expresión que conozco.

—No puedo engañarte, Shige. —Su madre rió jocosamente. —Yuuki-kun se puso ropa para una cita y sonaba sospechoso, entusiasmado, como feliz. Tenía una mirada que solo hace un chico enamorado. Pero… lo seguí y sí fue a la dirección de los Aihara y no vi a nadie —completó con tono de decepción.

—¡Ay, mamá!

—Sí, lo sé. Quizá solo soy yo que me hago ideas locas. Aunque Kotoko-chan parecía nerviosa. —Naoki se tensó.

—¿Le molestará que Yuuki los visite? —preguntó su padre preocupado.

—Kotoko-chan aseguró que nosotros les recibimos a ellos por largo tiempo, no hay ningún problema en eso; le creo. Ahora que lo pienso, tal vez ella estaba nerviosa por los resultados de Yuuki-kun, como lo estuvo por Naoki; quiere mucho a nuestro hijo pequeño.

Su padre suspiró sonoramente. —Espero que apruebe los exámenes para Todai.

—Yuuki-kun lo hará, no es tan listo como Naoki, pero es muy inteligente, y, si no aprueba, sé que nuestro hijo se preparará correctamente en la universidad que sea, como su hermano. Es su sueño, pondrá todo su corazón en ello.

—Es cierto, mamá. No debo dudar de él.

—Y… con Kotoko-chan dándole ánimos, confío en que lo hará bien. Tal vez con nosotros se siente presionado y ella lo apoya en la manera que no podemos. Es una buena influencia.

—Sí, así fue con Nao. Ella habría sido una gran esposa, es una lástima que cambiara de opinión. —Él frunció el ceño y apretó los dientes.

—Ay, papá, me gustaría saber por qué lo hizo, por mucho que insistí…

Disgustado, se dio media vuelta, yendo en contra de su organismo que rogaba por el líquido vital. Si entraba en ese momento, sería incapaz de controlar sus emociones, en alerta como todo ese funesto día.

A mitad de la escalera, no pudo evitar pensar en el asunto de Yuuki visitando la casa de Shigeo-san, llevando a su mente el pequeño interés infantil de su hermano por la pelirroja. ¿Podía este haber renacido? ¿Seguirían gustándole mayores?

Lo golpeó una ola de alarma.

Si resultaba cierto, ¿acaso su hermano era idiota? ¿Y a qué jugaba la tonta?

Hizo una mueca, sabiendo que en ese caso sí tendría que involucrarse; de ninguna manera permitiría que Yuuki fuese afectado. Qué importaba si su relación no era como la de antes, él haría lo mejor para su hermano, y eso no involucraba un romance con la hija de Shigeo-san.

Yuuki no conocería la felicidad con la pelirroja. De eso estaba seguro.

{…}

Después de un largo baño relajante que le permitió discurrir con más calma el asunto, Naoki resolvió no dejarse llevar por las impresiones de su madre, que tenían muchas posibilidades de ser erróneas, y averiguar por sí mismo lo que competía a su hermano con esa joven.

El problema residía en que no tenía la entera confianza de Yuuki, ni el interés de ser un espía como su madre, mucho menos el tiempo, así que había obstáculos en su camino. Por supuesto, la opción más disponible era preguntárselo a la pelirroja en el trabajo, pero no iba a quedar como estúpido al hacerlo si todo se trataba de una equivocación suya por sacar las conclusiones que no eran.

Seguía concentrado en el tema por la noche, cuando abandonó su habitación y recorrió la casa a oscuras para buscar una infusión.

Antes de bajar, se quedó quieto a lo alto de la escalera al ver a su hermano en la entrada. Era tarde para que apenas volviera.

Iba a continuar su propósito sin advertirle de su presencia cuando Yuuki se paró sobre un pie y se quitó el zapato restante con una mano mientras con la otra sacaba el celular del bolsillo, que le hizo sonreír al mirar la pantalla.

El gesto le inquietó. Yuuki sonreía de esa forma que se hacía a solas y nadie podía confundir; contenía afecto y emoción, era una sonrisa encandilada.

Baka, acabo de estar en tu casa —protestó con tono divertido, en absoluto quejándose.

Comenzó a descender, analizando sus palabras. ¿Ése no era el apodo de la hija de Shigeo-san? ¿No estuvo allí, según su madre?

—Yuuki —llamó mientras presionaba el interruptor de la luz.

Su hermano alzó la cabeza con cara de espanto al mismo tiempo que el móvil caía a la alfombra.

—¡Me asustaste! —exclamó Yuuki antes de inclinarse e inspeccionar el aparato. —Por lo menos no fue mamá —musitó con alivio.

Pasaron unos segundos en silencio, mirándose uno a otro, en los que él se preguntó si realmente no se había equivocado antes. Su madre había asegurado que era ropa para una cita, pero solo vestía mezclilla y una camisa, aunque era suficiente para alertarla, pues si iba a estudiar, podía quedarse en uniforme. ¿Qué necesidad de visitar la casa Aihara con mejor aspecto?

—¿Entonces?

Naoki frunció el ceño.

—Dijiste mi nombre —aclaró su hermano con una ceja en alto, si bien sonaba expectante.

—Es día de semana y mañana hay escuela, es tarde para regresar.

Yuuki se sonrojó sutilmente. —No me di cuenta de la hora y no llevé ropa a casa de los Aihara. Tal vez tome la precaución de ahora en adelante.

—¿Por qué vas?

—A estudiar para la universidad —respondió Yuuki con una sonrisa de lado.

—Eso puedes hacerlo aquí o en una biblioteca; no tienes por qué ir donde los Aihara, allí te distraes.

—¿Cómo lo sabes? ¿Y este repentino interés en mí? —repuso su hermano a la defensiva, molesto.

Le sentó mal escuchar esas palabras de Yuuki, como si creyera que no se preocupaba por él, cuando siempre lo hacía. No obstante, esa vez se supo culpable de hablarle por el motivo oculto de indagar sobre él y la pelirroja.

Yuuki suspiró y parecía dolido. —Ya me decía que era extraño que tomaras la iniciativa, como tiene relación a la baka de Kotoko quieres saberlo, y no porque yo te interese. Que tú la sacaras de tu vida no significa que los demás debamos hacerlo.

—¡Yuuki! —La voz sorprendida de su madre atravesó el pasillo. —Hoy es…

—Sé qué día es, mamá, pero sinceramente no creo que a él le importe. En realidad, ni siquiera creo que ese día le importara, yo estaba equivocado y mi hermano nunca la quiso… Naoki solo se preocupa por sí mismo.

Congelado por la impresión, dejó que Yuuki pasara a su lado sin hacer intento de refutar sus palabras, las cuales habían sido realmente dolorosas para él, provenientes de una persona a la que quería y que en el pasado lo idolatraba.

…y porque contenían una parte de verdad, por mucho que lastimara admitirlo.

—Naoki, él está herido, no lo dice en serio —susurró su madre en tono compungido, dando un paso en su dirección. Alzó su mano para detenerla y se dio la vuelta para subir, apesadumbrado.

No importaba lo que ella dijera, se había ganado el rencor de su propio hermano.


NA: ¡Hola!

Hay algo que no les dije, tal vez me equivoqué, pero cuando calculé los capítulos, el encuentro con las amigas fue en el mismo día del cumpleaños de Naoki. Si las fechas no cuadran, sepan que en este fue 21 de noviembre, el día de su supuesta boda, me pareció bien irme con lo marcado en el manga ja,ja. Él no le dio importancia a su cumpleaños como siempre. Y eso les indicaría que Kotoko ingresó al hospital justo después del de ella.

Pues bien, este capítulo va dedicado a quienes gusta ver sufrir a Naoki. Es curioso, pero aquí Kotoko no hizo algo honorable al dejarlo plantado y la postura de Naoki ser un poco comprensible, pero su forma de ser no permite simpatizar mucho con él.

Cuídense.

Besos, Karo.


Samy: Ja,ja, pues no soy la primera que piensa que Yuuki pudo mirar a Kotoko con otros ojos, porque he visto fics de eso. Quizá nos alineamos en esa idea. En fin, espero que el capítulo te gustara.