La historia que dejamos pasar
Capítulo 10
—Pst, Kotoko.
Ella alzó la mirada de la historia clínica y miró a Moto-chan, que se sentó en la silla libre al otro lado del escritorio y apoyó los codos sobre éste, colocando su barbilla en sus manos cruzadas.
—¿Eh? —Ladeó su cabeza, intrigada por esa actitud de su compañera. —¿Tengo algo en la cara? —preguntó al ver que la observaba con mucha atención.
—Me mata la curiosidad.
—¿De qué hablas?
—Ayer tú e Irie-sensei actuaron de esta forma tan… intrigante… bueno, no encuentro otro adjetivo, y el día de hoy él tiene un aire casi triste. No, desganado. O tú entiendes, no hay palabras adecuadas para Irie-sensei. Ya estaba acostumbrada a que pareciera más vivo cuando llegaste, pero ahora es desesperanzador.
Pestañeó, asombrada por esa actitud de Irie-kun, que no parecía de él.
No podía ser por el aniversario de su fallida boda, ¿o sí? El día anterior ella había estado con su tristeza habitual por la fecha, hablando lo menos; así mismo, había evitado verlo a la cara, avergonzada de sus acciones pasadas, por lo tanto, no sabía qué podía reflejar el rostro de Irie-kun, de lo poco que uno podía ver.
Suponía que era la manifestación de su orgullo lastimado, ya que no la amaba y no le dolía no haberse casado con ella. (Todavía debía disculparse, pero lo haría en una fecha menos sensible.)
No obstante, ese era tema aparte, tenía que ser otra cosa la que le afligiera ese día y claramente no le competía a ella. Aunque sí le inquietaba que estuviera mal, después de todo, siempre ocuparía una parte de su corazón, pero no era una cosa que tuviera demasiada relevancia. Ya llevaba seis años viviendo sin él, antes habría dirigido todos sus sentidos a una situación como ésa —cuando temió por su profesión era distinto, caso especial.
—Creo que una cosa no tiene que ver con la otra.
—¡Ajá! —Moto-chan alzó un puño al aire—. Entonces sí hay algo con el veintiuno de noviembre. Finalmente lo admites.
Se golpeó la frente por haber hablado sin pensar; ahora acababa de arruinar su constante negación del día de ayer. Debió haberse quedado callada.
—Entonces eso significa que hay algo más —sentenció Moto-chan acariciando su mentón. —Has pasado a segundo plano. Sin embargo, no habrá forma de saber qué le pasó.
Kotoko se encogió de hombros, diciéndole que era obvio y que ya nada más podría hacerse. Claro está, podía decirle que conocía a su familia y tal vez de allí surgiría una oportunidad, pero hacía mucho que Irie-kun era tema vetado entre ellos.
Solo esperaba que no fuese un problema de los Irie, mas seguramente se habría enterado de ser así.
—Hay cosas que simplemente no están en nuestras manos, ¿verdad? —dijo Moto-chan con un suspiro.
Asintió. Si ella supiera.
—Ojalá no sea grave.
—Si lo es, lo sabremos —aseveró regresando a su historia clínica.
Moto-chan hizo un sonido de acuerdo, se paró de la silla y regresó a ella momentos después. Cuando alzó la mirada, se dio cuenta que también empezó a leer unas historias.
—Kotoko… ¿me dirás del veintiuno?
Agitó su cabeza de izquierda a derecha y siguió trabajando.
Y aunque más adelante se fijó en lo dicho por Moto-chan y sintió preocupación, se enorgulleció de no centrar su vida en ello. Los caminos de ella e Irie-kun se habían separado por su decisión y así seguirían.
{…}
Siguiendo su costumbre de hacer visitas sorpresa a los adolescentes, para vigilarlos, Kotoko tocó el timbre del apartamento de los Sagawa, donde Konomi y Yuuki habían decidido continuar estudiando, con la finalidad de no molestarla cuando descansara por sus turnos de noche y no porque él no tuviera llaves del lugar. Aquel acuerdo había hecho que le hiciera difícil mentir a Noriko-san cuando le llamó preguntando, pero afortunadamente solo había sido una vez y no en persona.
Konomi le abrió al poco de tocar, recibiéndole con una sonrisa. Una vez entró, la pelinegra permaneció quieta, sin dirigirse a su habitación, donde ambos estudiaban ante el escritorio.
—¿Está todo bien, Konomi-chan?
La aludida miró hacia el fondo y se acercó a ella.
—Irie-kun lleva unos días raro, se esfuerza por fingir que está normal, pero sé que algo anda mal. Parece triste.
Abrió los ojos con asombro. Era el segundo así. Tenía que ser un asunto familiar. Le preguntaría a Noriko-san si todo estaba bien en su casa.
—Tú eres cercana a él, ¿sabes algo?
Negó, sintiéndose desanimada por no poder ayudar a cambiar la preocupación de su vecina. —¿Has intentado preguntarle?
—No me atrevo, creo que se enojará. ¿Tú podrías…?
—Veré qué puedo hacer, pero creo que él te considera su amiga, Konomi-chan, y no se enfadará contigo. —La adolescente bajó la cabeza con un notable sonrojo, ocultando su rostro con sus largos cabellos.
—Esperaré en la cocina. ¿Quieres té o chocolate caliente para beber?
—Estaré bien con lo que tengas preparado.
—Chocolate será. Siéntete en casa.
Agradeció con un asentimiento y caminó al dormitorio de la joven, cuya pared coincidía con el suyo, ubicado a la izquierda de su apartamento. Se preguntó si Shigeki-san había tenido algún otro problema del corazón y lo mismo había hecho que alguno de los Irie no tuviera cabeza para avisarles.
Tras un respiro profundo, abrió la puerta marrón del dormitorio y se encontró con Yuuki apoyado en un codo sobre el escritorio blanco, jugando con una pluma entre los dedos de su mano libre. Estaba de cara a la entrada, así que solo alzó la vista cuando entró.
Tenía unas ojeras casi imperceptibles, que no estaban ahí antes, y un aire taciturno.
—Eres tú —murmuró Yuuki esbozando una sonrisa forzada—. Hola.
Ella asintió y pretendió mirar la habitación de Konomi-chan. Ésta era de color aguamarina con detalles blancos y azules en la pared y los muebles; la ropa de cama era blanca con florecitas rosadas, además tenía una manta tipo mantelito con un tejido crochet similar a un mándala, del mismo color que las flores. Algunas fotografías y artículos tejidos completaban la decoración junto al armario, un tocador y un estante sujeto a la pared.
—Sagawa-san se está demorando, perdemos tiempo —refunfuñó el joven.
Kotoko lo miró de reojo, igual que otros días, traía vestimenta casual. Él había optado por ir a casa y cambiarse, para estar más cómodo, así como para confundir a su madre si ella decidía seguirle al salir de la escuela. Ambos la conocían bien y no querían que le viera acompañado de una joven.
Se aproximó a la cama y se sentó.
—Yuuki-kun.
—¿Qué?
—¿Te encuentras bien?
Él soltó la pluma. —Claro.
—Konomi-chan dice que estás extraño.
—Te fue con un cuento… —Él se pasó una mano por el cabello. —Olvida eso, es grosero para ella. No es invento suyo, fue perspicaz o yo soy malo para disimular.
—¿Quieres hablar de ello? —preguntó suavemente.
—Mi hermano es un idiota, tú eres demasiado buena.
Ella permaneció en silencio, obligándose a no sacar conclusiones de lo dicho.
—Mi hermano me dijo que venir aquí me distrae, ¿puedes creerlo? —Apretó los labios al darse cuenta que podía ser parte del problema. —Lo afirmó sin preguntarme por qué había decidido no estar en casa y sin importarle que yo quiero estar aquí. Pero eso no es lo que me tiene decepcionado y enfadado… fue la primera vez que conversó conmigo en años y no lo hizo por mí, sino por él. Es un egoísta y orgulloso y… siempre era yo quien intentaba, y esta vez pensé que se preocupaba y que se interesaba por mí. —Yuuki se despeinó de nuevo. —Pero solo quería tener monopolio sobre mí, y entiendo que se pudiera sentir traicionado porque no cortamos lazos contigo, sé que no le agrada, pero actuó mal y nunca voy a estar de acuerdo y ensuciar mi relación contigo por algo que no siento. Tú eres como de mi familia, vivimos juntos por años y tú estuviste ahí para salvarme cuando me estaba ahogando y cuando tuve que ser llevado de emergencia al hospital. Tú no me ignoras y comprendes que son relaciones diferentes… y él es el genio.
Kotoko se rascó la cabeza, apenas entendiendo su discurso de desahogo. También, ¿qué con la reacción de Irie-kun?
—¿Sabes? Yo le dije unas cosas, que… estoy arrepentido y a la vez no. Todos estos años me ha tratado como a un extraño, antes confiaba en mí. Desde que te fuiste, dejó de ser mi hermano y se volvió un desconocido viviendo bajo el mismo techo.
Yuuki permaneció callado y lo vio cubrirse la cara con las manos.
—Lo lamento, Yuuki-kun, yo te quité al Naoki que conocías.
—No digas eso. Es que a él no le importa lo que los demás sientan, él es quien siempre está bien y tiene la razón. Siento lo que voy a decir… —Yuuki se dio la vuelta y la miró consternado. —Pero si él no te quería y tu partida fue solo un inconveniente para su ego, eso no importa. Nosotros, mamá, papá y yo sí te queríamos y nos dolió ya no tenerte en casa, los días sin tus accidentes, sin tu alegría, sin tu amor incondicional por tu familia y sin la vida que tú nos traías con tu presencia.
Se le llenaron los ojos de lágrimas por el afecto detrás de todas esas palabras.
—Nosotros te extrañábamos y teníamos que cuidarnos de hablar sobre ti y mostrar que te echábamos en falta porque debíamos pensar en él, pero no en su corazón roto, sino en su orgullo. Kotoko, ¡todos sabíamos que le amabas! Nadie lo ha dudado, él lo supo durante años y se aprovechó de eso, yo pensé que estaba enamorado de ti, hasta te conté que te había besado mientras dormías… Y mi hermano no se molestó en buscarte y saber por qué no quisiste casarte con él. Si te hubiera amado, habría superado una pequeña humillación, de tantas que ya había pasado, y habría ido a buscarte. Todo este tiempo solo ha tenido su orgullo herido en mente, solo a sí mismo, y no le ha importado qué podamos sentir nosotros con la situación.
Las lágrimas se derramaron libremente en sus mejillas e hipó, recordando todas las veces que echó en falta vivir con ellos sabiendo que nunca más podría ser, y sintiendo el cariño que los tres Irie tenían hacia ella. La falta de sentimientos de Irie-kun por ella, sin embargo, también la puso emocional, aunque no demasiado; era una cosa con la que había hecho las paces antes.
Yuuki suspiró y se cubrió los ojos con las palmas de sus manos.
—Aun así, lo único que quiero es que hable conmigo. Estoy enojado con él porque platicó con Nobu como lo hacía conmigo hace años. Lo vi y lo escuché y…
A Kotoko se le rompió el corazón al sentir el dolor en su voz y se puso en pie, cortando la distancia entre los dos para rodear sus hombros en un abrazo.
—No necesito…
—Lo haces. —Había soportado durante seis años la pérdida del hermano a quien adoraba. Siempre quiso ser como él e Irie-kun le apartó de su vida, destruyendo la imagen que se había hecho de él y sus aspiraciones, y toda la base que había tenido al crecer. Se había quedado sin su confidente y apoyo en los años de adolescencia, que ella creía los más difíciles.
Y, como resultado, era una persona diferente a Irie-kun, lo que habría sido sin la separación.
Le acarició su cabellera. —Yo sé que tu hermano te quiere, nunca lo vi tan asustado como cuando te hospitalizaron. No puedo explicar qué le pasa, pero no dudes nunca de que le importas. Estos días ha lucido preocupado, él te quiere.
Los hombros de Yuuki perdieron tensión.
—No puedo creer que dejé que esto pasara. —Él se apartó lo más que pudo en su lugar y ella retrocedió hasta la cama.
Esa vez, cuando él sonrió, lució real. No había llorado, pero se había desahogado lo suficiente.
Ella cogió un pañuelo de papel del tocador para sus ojos y nariz, mientras él se peinaba el cabello ciegamente antes de coger un libro del escritorio.
—Yuuki-kun —habló pasado unos momentos y el aludido le dio su completa atención—, si está bien para ti, ¿podrías decirme cuándo vieron a Nobu, Non-chan? ¿Él se encuentra bien?
El castaño asintió.
—Hace unos meses Naoki regresó de Kobe para ayudar en la operación de riñón a la que fue sometido, Nobu se convirtió en modelo de revista.
—Espera… —saltó en la cama, trayendo a su mente las palabras de su compañera—. ¿Non-chan se volvió un joven famoso?
—Sí, y mujeriego, y rubio.
—¡No puede ser! ¡Conocí a alguien famoso!
Yuuki soltó una carcajada. —Nobu estuvo en el hospital de Kobe por un incidente con su riñón y allí vio a mi hermano, a quien le dijo, antes de volver a Tokio, que se sometería a una operación si Naoki estaba presente. Ahora está bien. Tengo su número, si quieres. No te platiqué por mensaje porque, bueno, ya sabes.
—No te preocupes. ¡Oh! ¡Tengo que decirle a Konomi-chan! ¡Konomi-chan! —Salió de la habitación hacia la cocina, con Yuuki siguiéndola.
La adolescente estaba tejiendo un amigurumi* de perrito. Al ser interrumpida, miró primero al chico que le gustaba.
—Qué trabajo tan genial, Konomi-chan. ¿Adivina qué?
—Gracias, Kotoko-san —contestó la chica con las mejillas coloradas. —¿Qué tengo que adivinar?
Yuuki se acercó a la mesa y examinó al animal de hilo casi terminado, haciendo que la creadora se pusiera más roja.
—Conocí a alguien que es famoso. Un modelo.
—¿Sí! ¿A… quién? —Konomi tartajeó porque Yuuki apartó la mirada del animal y la posó en ella.
—¿Eh? ¿Yuuki? ¿Cuál es el nombre completo de Non-chan?
—Kimura Nobuhiro —respondió el castaño sin dejar de mirar a Konomi, como esperando su reacción.
—Él.
—¿Tiene el cabello… rubio? Creo que… le gusta a mi amiga. A mí no… eh, de hecho, no me gustan los modelos ni los… rubios. —Yuuki esbozó una larga sonrisa, aprovechando que Konomi bajó la cabeza. —Pero es genial que conocieras a alguien que es famoso.
—Sí, ¿cierto? En fin, será mejor que regresen a la clase. ¡Los exámenes son la próxima semana! —exclamó con horror.
—Sagawa-san lo hará bien, no es tonta como tú.
—¡Mocoso!
Ante ese intercambio divertido, Konomi se irguió y le sonrió con puro alivio.
Kotoko sacó la lengua a Yuuki. Había hecho lo que estaba al alcance de sus manos y esperaba que, por los dos, las cosas pudieran mejorarse, de la manera en que tuviera que ser. Irie-kun era quien necesitaba poner de su parte y probablemente tardaría tiempo en hacerlo, pero se daría cuenta de lo que perdía con su orgullo. Yuuki se había convertido en alguien bueno —a pesar de su ausencia— que lo estaría esperando por siempre.
Y cuando Irie-kun volviera a él, dejaría de ser el iceberg en el que se había convertido.
*Amigurumi: Muñecos tejidos a base de crochet.
NA: ¡Hola!
Se preguntan, ¿dónde está el KotokoxNaoki? Se construye lento y sutil ja,ja (y es que con la madurez de ella para no girar alrededor de Irie las cosas no son como antes). Pero en el próximo capítulo hay momentos de los dos. Diciembre a todo lo que da. Ah, aprovecho el espacio para invitarles a leer un OS largo en "Con amor a la pluma", es puro romance, acabo de publicarlo.
Por la personalidad de Yuuki y el momento en la habitación. Son seis años guardando sus sentimientos, si recuerdan, Naoki siempre fue su persona favorita, y creo que debe doler mucho que esta te aparte; también le domina la emoción y soltó demasiado. Por otro lado, la brecha entre los hermanos, en mi opinión, hizo que tal vez pasara Yuuki más tiempo con su madre y las amistades que hizo, además de poner un esfuerzo en diferenciarse de una alguien como Naoki se convirtió. Bien pudo volverse un rebelde o recluirse, pero creo que este camino es el que más me latía para el menor de los Irie.
En fin, cuídense mucho.
Besos, Karo.
Alexandra portug: ¡Sí! Tuve que hacer una pausa escribiendo este y no pude publicar antes, pero aquí va otro. ¡Gracias por el review!
