La historia que dejamos pasar
Capítulo 11
Diciembre se presentó con un incremento en el número de pacientes que llegaban al hospital, por accidentes derivados de aguanieve temprana y padecimientos por el descenso de la temperatura. El invierno todavía no había comenzado y Kotoko ya predecía cómo sería la temporada hasta marzo; aunque hablaba por la cantidad de gente que había acudido a Urgencias por gripe en los últimos días, tantas que le pidieron apoyar al área.
Ese día sentía que había pasado horas de pie, pero al menos su interminable turno había dado fin. No se preocuparía por el mañana.
Bostezando, se dirigió al ascensor con sus pertenencias. Después de presionar el botón se apoyó de espaldas en la pared junto a las puertas, descansando su cuerpo; moría por un baño relajante como hacía en los periodos agitados de Akita, mas, a diferencia de la casa de su familia, en el apartamento que compartía con su padre solo había una ducha y no tenía ánimos de ir a uno público, bañarse con agua caliente y salir al ambiente fresco.
El ascensor llegó y ella esperó que los ocupantes salieran antes de entrar. Dentro pulsó el botón de planta baja y se apoyó de costado en la pared de la cabina, cerrando los ojos un momento. Realmente estaba agotada con el ajetreo, sobre todo porque debía ocuparse de las tareas de su hogar, ya que en el restaurante la mitad del personal estaba enfermo y su padre se sentía exhausto al regresar.
Las puertas se cerraron finalmente, para abrirse segundos después… a menos que se adormeciera todo el viaje hasta su destino. Levantó los párpados y tragó saliva al ver quién estaba frente al elevador.
Irie-kun.
Él tenía una pequeña arruga entre los ojos, señal de molestia que conocía a la perfección, si bien en su rostro permanecía la frialdad y el desasosiego —si ése era el mejor adjetivo para definirlo— de los últimos días, del que según Yuuki era la causa.
Imaginando que él no entraría con ella, volvió a bajar los párpados. Sin embargo, cuando las puertas estaban por cerrarse, oyó el sonido de cuando eran interrumpidas, por lo que nuevamente abrió los ojos y reprimió un jadeo al darse cuenta que Irie-kun ingresaba a la cabina, que de pronto se sintió más pequeña y más fría de lo que era segundos antes.
Gran conmoción la recorrió cuando las puertas se movieron otra vez. Él no toleraba su presencia y esa acción era sorprendente; quizás el asunto con Yuuki le había cambiado un poco.
Los segundos transcurrieron con suma lentitud en el camino a la planta baja, mientras ella rogaba porque alguien quisiera ocupar el elevador. Creyó sudar frío de la incomodidad.
Era irónico que años atrás habría estado contenta de un momento a solas como ése y que ahora solo rogara por lo contrario. En lugar de corazones en su cabeza, tenía a gatos de la suerte* que se reían de ella por tan mala fortuna, sus patas saludando en un mismo ritmo, sobrecogiéndola.
Finalmente llegaron a la planta baja y poco le faltó para echar a correr cuando las puertas se abrieron, pero era ridículo. Le haría saber que todavía tenía mucho poder sobre ella, cuando solo quería alejarse de la tensión que provocaba y que pondría inquieta a cualquier persona, incitándola a disiparla o alejarse. Pese a esto, abandonó la cabina primero.
Al salir del edificio, se percató que el pavimento lucía húmedo; debió haber llovido aguanieve poco antes. Caminó con paso firme y ligeramente apurado, rogando porque no hubiera otra precipitación hasta que llegara a casa, pues había olvidado su paraguas junto a la puerta al ver que era muy tarde. Tampoco quería perder el próximo tren, debido a que el siguiente a ése iría repleto.
Miró su reloj y de pronto resbaló.
En el instante que su cuerpo se impulsó hacia atrás entendió a sus pacientes accidentados; pero su trasero no llegó a tocar el suelo, sino que su espalda se pegó a una superficie menos dura, que tenía manos que la sujetaron de los codos.
—Necesitamos personal, aunque este sea torpe —le cortó la voz de Irie-kun mientras ella se enderezaba y pretendía agradecer a su salvador, el cual se alejó de ella tan pronto como estuvo de pie, como si le quemara el contacto.
Suspiró, si bien el insulto no le afectó, aun tras años de recibir alguno de su parte y a pesar de saber que él sí quería decirlo. Era consciente que a él no le agradaba y que pudo dejarla caer.
—Gracias, Irie-sensei —dijo con seriedad a la espalda de él, que había seguido su camino.
Reanudó sus pasos, preguntándose por qué no pudo ser otra persona quien estuviera ahí y si alguna vez sería capaz de disculparse por someterle a humillación pública.
{…}
El sábado por la tarde regresó a casa agotada por un turno que había comenzado el día anterior y que se había prolongado más de sus horas habituales, por los pacientes que no dejaban de llegar y el desabasto de personal de Urgencias para atenderlo, que le habían orillado a apoyar de nuevo.
—¡Yuuki-kun! —gritó sorprendida al salir del ascensor y verlo ante la puerta de los Sagawa. Él pegó un brinco. —No sabía que estarías hoy aquí.
Tras los exámenes, él había quedado en ir a su casa de lunes a viernes para continuar la excusa dada a su madre, a quien había dicho que estudiaría para las pruebas de clasificación nacional y de Todai. Sin embargo, había notado que Yuuki no ocupaba su casa, sino acompañaba a la pelinegra, diciendo que verle estudiar le ayudaría para los exámenes de febrero.
—No traes tus libros —comentó al observarlo bien y fijarse en la bolsa de compra que sujetaba en la mano.
Él pareció abochornado y agitó la cabeza cuando la puerta se abrió. Konomi, de aspecto cansado, les sonrió al verlos.
—Irie-kun, en verdad… no debiste, puedo contagiarte, todavía no estoy curada —musitó la joven mordiéndose el labio inferior.
—¿Estás enferma? —preguntó ella preocupada.
—Me recupero de la gripe.
—Oh, muchos enfermos han llegado al hospital esta semana. Si te abrigas, descansas y bebes líquidos, te sentirás mejor mucho más pronto —indicó sonriente.
Frunció el ceño al ver que Yuuki la miraba sorprendido.
—¿Qué ocurre?
—Es la primera vez que creo que eres enfermera, y eso que dijiste es algo que todos sabemos —explicó Yuuki de forma traviesa.
Le golpeó el brazo con su palma abierta.
—Irie-kun, no seas malo con Kotoko-san.
—Yuuki-kun es un grosero, espero que no sea así contigo —advirtió señalando al muchacho.
En automático, su vecina se sonrojó y negó, invitándolos a pasar. Kotoko aceptó hacerlo un momento y pensó entonces en el asunto que había olvidado.
—Y bien, ¿vienes a cuidarla, Yuuki-kun?
—¡No, Kotoko-san! —respondió con alarma Konomi, brincando en el sofá. —Irie-kun solo vino a celebrar que… pasé mis exámenes, ayer dieron los resultados… y él dijo que merecíamos hacer algo, pero como he estado enferma, le pareció mejor visitarme.
—Eres muy dulce, Yuuki-kun. ¡Y enhorabuena, Konomi-chan! ¡Sabía que lo lograrías! ¿Cómo te fue?
—No asistí a la escuela ayer, pero Irie-kun pidió… mis pruebas a mis profesores, aunque él ya sabía que me fue bien. Kotoko-san, ¡estoy en la lista!
Ella saltó y corrió a abrazar a la chica, que rodeó su cuerpo riendo de emoción.
—¡Te fue muy bien! ¡Y eres la segunda que entra de la clase F! ¡Nos sigues poniendo en alto! ¡Ese es el orgullo del F!
—Salió mucho mejor que tú, Sagawa-san quedó en la posición noventa y ocho de la lista.
Chilló de alegría.
—¡Eres genial, Konomi-chan!
—Lo hice gracias a tu ayuda y a la de Irie-kun.
Ella se separó de la chica y la sujetó por los hombros.
—Pero tú resolviste el examen, Konomi-chan, tú fuiste quien hizo el mayor esfuerzo. ¿Verdad, Yuuki-kun? —preguntó mirando al menor, que asintió con una sonrisa. —¿Lo ves?
—Y él mejoró su puntaje, no hice que se atrasara ni que bajara del primer puesto —manifestó con emoción Konomi.
—Enseñarle me ayudó a repasar los temas —comentó Yuuki encogiéndose de hombros.
—¡Felicidades, Yuuki-kun! ¡Qué buen equipo! ¡Sí tiene que celebrarse! —Elevó su puño en el aire.
—Tienes que unirte a nosotros, Kotoko-san; le dije a Irie-kun que yo te invitaría, pero no has estado en casa. Irie-kun trajo botanas, pediremos pizza e hice un pastel, pensábamos jugar y ver una película.
—He tenido un turno pesado. Me encantaría celebrar ahora con ustedes, pero probablemente me quede dormida. Otro día les invitaré unas crepas. Diviértanse hoy los dos solos.
—Está bien.
Se puso en pie y estiró sus músculos.
—Tengo que dejarles, debo dormir. —Se tragó un bostezo. —Estoy tan cansada que podrán hacer todo el ruido que deseen y yo no lo escucharé. No se contengan por mí.
—Tú siempre has tenido el sueño pesado, hasta cuando tomas siestas.
Le sacó la lengua al Yuuki y rió, sabiendo que era cierto.
Antes de retirarse dio una mirada a ambos, que con camaradería discutían los ingredientes de la pizza, ajenos al mundo exterior. Parecía que habían encajado bien con el otro y logrado una amistad… o algo más, si no se equivocaba con las señales que veía hasta ahora, evidentes hasta para alguien distraída como ella.
De estar en lo correcto, habría sido cosa de ambos y daba la impresión que Yuuki cumpliría sus palabras de la forma de tratar a su chica, lo cual sería fuente de inmensa felicidad para ella, que no deseaba un sufrimiento como el suyo en su vecina.
{…}
Por tercera vez en la semana, Kotoko fue a Urgencias para apoyar a sus compañeros, ya que en el departamento de Cirugía no tenían intervenciones preparadas ni muchos pacientes en observación. Hosoi-san le había comentado que la enfermera y el doctor de luna de miel regresarían al día siguiente, y otro compañero enfermero se incorporaría después de su estancia en Kobe para realizar su especialidad, regularizando la situación del área.
Fue por esas circunstancias que coincidió con Irie-kun en el mismo consultorio, quien, por su mirada, probó ácido al verse obligado a ello.
Al menos rumores de ambos no habían llegado a Urgencias, pero la encargada del área se daría cuenta ante la tensión que apareció en el ambiente con su arribo al consultorio. Sin embargo, los dos eran profesionales y ella ya iba controlando sus nervios al estar con él, evitando fallos notorios.
—Ayudaré en lo que sea necesario —prometió pensando en su juramento como enfermera.
Y vaya que lo hizo, fue un domingo donde las enfermedades respiratorias coincidieron con accidentes de las actividades del día libre de muchos, dentro y fuera de casa. Apenas y le permitió dedicar un minuto al hecho de que ella e Irie-kun estaban trabajando juntos… y este fue solo para percatarse que él no le llamaba por su nombre y que no lo había hecho desde su llegada a Tonan. Incluso con la presencia de otra compañera, se las arreglaba para atraer su atención sin recurrir al "Enfermera".
Hasta el ocaso cayó en la cuenta que era porque ella estaba como sincronizada con él y comprendía lo que quería sin necesidad de palabras. Un hábito que no debía estar ahí.
En cuanto a su incapacidad de nombrarla, si él quería ser infantil como se quejó de ella en el pasado, era su problema. No entendía qué ganaba con una posición como ésa.
—Tonto —murmuró imitando el tono de mofa que él le hacía en el pasado, pero sin decírselo a la cara.
Y su momento "Irie Naoki" se interrumpió cuando una emergencia rompió la calma que predominaba tras horas con la sala repleta.
Era un niño que se había herido al atravesar el cristal de la puerta cuando jugaba con su bicicleta. Había lastimado su brazo izquierdo y la madre lo había trasladado al hospital sin llamar a una ambulancia por temor a que su hijo se desangrara si dejaba de presionar la herida.
—Por aquí —dijo Irie-kun a la mujer, señalando la camilla para que se sentara con el pequeño de unos siete u ocho años, que no paraba de llorar.
—Coloque el trapo aquí —intervino ella acercándole un recipiente mientras la enfermera Takahashi-san buscaba una lámpara para ver la herida. —Tiene que calmarse, si usted está alterada no podrá ayudarlo, él sentirá sus nervios —agregó al ver que el pánico dominaba sus acciones.
La cara de la madre tembló al retirar el paño de tela del brazo de su hijo, del que brotó un poco de sangre, pero su expresión se tornó seria en un parpadeo.
Cuando la herida fue iluminada, Kotoko vio que los fragmentos de cristal estaban incrustados en el antebrazo y era menos grave de lo que parecía.
El niño lloró más.
—Tengo que retirar los cristales —explicó Irie-kun a la madre, que asintió y apretó el hombro derecho de su hijo, el cual gimió con las palabras.
—No se preocupen, Irie-sensei es el mejor doctor del mundo para remover cristales, él sabe lo que hace, estarás bien en sus manos.
El pequeño paciente cogió aire y dejó de llorar por un instante.
—¿Sí?
Asintió con los puños frente a su pecho para darle ánimos y seguridad.
—¿Ya escuchaste, Subaru?
—Subaru, esto te dolerá un poco, pero trataré de no hacerte daño —dijo Irie-kun con una suavidad que nadie habría creído de él, hasta parecía un hombre diferente.
Su humor amable permaneció todo el procedimiento, tratando con cuidado al menor durante la extracción de cristales, la limpieza profunda, la comprobación de vacuna, las puntadas y el vendaje del antebrazo. Aparentemente su frialdad desaparecía con los niños.
Cuando madre e hijo se fueron, después de agradecerles y la mujer dedicarle a ella que sin sus palabras no habría podido soportar la agonía del momento, Kotoko se apoyó en la pared con los brazos cruzados, pensando en el acontecimiento que acababa de vivir.
Se sintió maravillada de la fuerza de la madre para hacer lo mejor por su hijo, cargándolo hasta el hospital aunque era muy menuda y soportando su dolor de verlo herido, movida por el amor y el bienestar del pequeño. Era una protección que nadie más podía igualar.
Soltó el aire de su pecho con una respiración profunda.
A ella le habría gustado ser madre.
Pese a su juventud, sabía lo imposible de convertirse en una. Dudaba encontrar un hombre que le gustara lo suficiente como para considerar casarse y nunca confiaría en que podría cuidar a otro individuo como para ser madre soltera. Sus posibilidades habían muerto cuando entregó su corazón a un hombre que no le quería.
Tal vez habría valido el sacrificio de no ser amada por él si tenía un hijo suyo, se burló agriamente, dudando por un segundo se sus convicciones.
Rió y negó. Creció con el ejemplo de su padre amando a su madre, ningún hijo suyo habría merecido menos.
Además, ella no se habría merecido vivir con un hombre que no le amaba y, peor aún, que no le respetaba.
—¿No se preocupe? —Ella saltó y se giró, asustada de oír a Irie-kun—. ¿El mejor doctor del mundo para remover cristales? No hagas promesas que no puedes cumplir.
Soltada su reprimenda, él regresó al interior del consultorio.
—Podría decir lo mismo —murmuró después de superar el hecho de que le dirigiera unas palabras.
Sin darle mayor importancia, porque ella sabía que la gravedad era menor y confiaba en el desempeño de él, agitó su cabeza y entró al consultorio para adecentar el espacio. Tan pronto como lo hizo, se retiró por el día, actuando como si nada hubiera transpirado entre los dos.
Irie-kun ya no comandaba su vida.
*Referencia a los Maneki neko. Según leí, esos gatos están saludando e invitan a entrar y dan fortuna, por lo que se los imagina moviendo sus patas como burla por quien invitaron con ella. Tiene sentido según el significado japonés ja,ja.
NA: ¡Hola!
Ahora ya saben por dónde anda la línea temporal. La pobre Kotomi no fue concebida aquí je,je.
Por cierto, corregí el puntaje de Kotoko en el capítulo 2, lo dejé como el 100, porque me di cuenta que es en el anime donde la colocan en 50, y lo que estoy usando de base son eventos del manga (sin Chibi y en época actual), aunque con las apariencias del anime (no recuerdo bien la parte de los ojos de Irie en el manga). Igual pueden decir que son hechos del dorama japonés con Miki y Yuki, con la favorecedora imagen de los dos en el anime. (Bueno, ustedes saben que nunca uso una misma cosa, cuando sea directo de una fuente, que me pase viendo los capítulos para usar las palabras textualmente, se los comunicaré. Hasta ahora he empleado lo que recuerdo de INK (y una pequeña vista de resúmenes), quizá una mezcla de todo; ni les digo cuánto tardaría en escribir si me parase a revisar concienzudamente manga, anime o dorama.)
A Konomi le corresponde el 98 y no 97 porque la preparatoria debe ser más difícil que primer grado de la escuela secundaria (no sé cómo le llamen ustedes a los años).
Y Naoki no se puede guardar sus comentarios, alguien le hace romper sus juramentos y sus costumbres ja,ja.
Besos, Karo.
Guest: ¡Súper! Espero que este capítulo te encante mucho más. Gracias por tu comentario.
