La historia que dejamos pasar
Capítulo 12
El remordimiento no abandonaba a Naoki después de las palabras de Yuuki. Era como una infección expandiéndose en su conciencia con el paso de los días; un mal del que era responsable y del que no se dio cuenta hasta que le tiraron las consecuencias de sus acciones en la cara.
Yuuki no quería saber de él porque creía que no le importaba. Finalmente había logrado lo que de modo inconsciente cultivó con su contención los últimos años, mientras arrogantemente pensaba que su hermano se acostumbraría a su forma de ser y seguiría a su lado.
El ataque era verdad, no había pensado más que en su perspectiva. Necesitó oír las palabras de Yuuki para percatarse de cómo se sentía con la pérdida de la relación fácil entre ambos, ya que nunca se había detenido a considerarlo desde su punto de vista. Fue desconsiderado y egoísta con el hermano que de chico lo tenía en un pedestal.
Y por primera vez admitía que la hija de Shigeo-san no era la culpable, sino él. Si pudo lograr una comunicación con su madre sin que la pelirroja interviniera, al ser quien más la quería en su familia, pudo haber hecho lo mismo con su hermano si hubiese querido. Pero el que Yuuki lo conociera más le había hecho erigir una barrera muy alta, rompiendo el lazo fuerte que tenían y haciéndole perder años que nunca regresarían.
Lo lamentaba de sobremanera.
Aun así, no hacía nada tras el altercado con Yuuki, aumentando la distancia entre los dos. Había muchas cosas lógicas por hacer y otras puramente sentimentales, y, sin embargo, no las llevaba a cabo. Se decía que no conocía bien al Yuuki que se había formado en los últimos seis años —su hermano era casi un adulto, oh, cuánto se había perdido—, pero la realidad es que su orgullo era más grande que sus deseos de arreglarlo sencillamente.
Se avergonzaba, mas había vivido del orgullo y se sujetaba a él como si no hacerlo le matara; estaba aferrado a esa táctica de supervivencia, le daba ansiedad solo de intentar soltarla.
¿Algún día podría solucionarse? Sin la participación de Yuuki, quien tendía a tomar el rol activo en los últimos seis años, no veía respuesta.
Lo peor de todo sería vivir con la indiferencia que él prácticamente había impuesto a su hermano por años. Si coincidía con Yuuki en casa, solo recibía la cordialidad de un extraño.
Dolía.
¿Cómo pudo subyugar a su hermano a eso? Ser el receptor era puro veneno y tenía menos de un mes probándolo, no podría soportarlo por seis años, menos el resto de sus días, como podrían ser si no adquiría coraje y humildad para tender la mano amiga.
Y, por si fuera poco, una cosa que lo hacía sentir un completo bastardo, era que su ego tampoco podía aguantar ser un hermano terrible.
Todo se reducía a él.
(Seis años alimentando el narcisismo.)
Eso le carcomía, y fue la razón de que no le advirtiera a la hija de Shigeo-san que dejara a Yuuki en paz, cuando un instinto momentáneo le hizo aprovechar el ascensor a solas para hacerlo. No estaba cien por ciento seguro de que lo hiciera por el bien de su hermano, lo cual se puso más en duda cuando se enteró —por parte de su madre, puesto que hacía mucho que no se enteraba de los logros del menor de su propia boca— que Yuuki obtuvo mejores resultados en los exámenes tras estudiar donde los Aihara.
La cercanía con la hija de Shigeo-san le había beneficiado en lugar de lo contrario, y si era así, se trataba lo mejor para Yuuki, por muy distinto que fuese a lo que él creía. Había pruebas irrefutables, y, siendo de ese modo, debía dejarlo continuar con su decisión… aunque realmente no podía abandonar el asunto. Se sentía impedido, confiaba que tarde o temprano algo pasaría.
¿Todo eso en qué resultaba?
Por segunda vez en menos de tres meses su seguridad estaba tambaleando.
Suspiró y alzó la mirada de su almuerzo, justo para dar en la dirección de un grupo que se soltó a reír sonoramente al otro lado de la cafetería.
Ella estaba ahí y sus ojos se cruzaron por un segundo, en el que su risa paró. Le dio un vuelco amargo a su estómago porque las probabilidades en contra le habían hecho hallarla de nuevo. Era obvio que coincidirían muchas veces porque trabajaban en el mismo sitio, como dejó en evidencia su turno de la semana pasada —mismo donde le dio un regaño que merecía—, pero le inquietaba que ocurriera y comenzaba a creer la idiotez de que su cercanía era un amuleto de mala suerte, no sería la primera ocasión.
De pronto Kikyou, Shinagawa, Ogura y ella se aproximaron a su mesa, con las dos primeras a la delantera —una vez escuchó que la pelinegra se refería a sí misma como ella—, sonriendo, y las otras dos más apartadas. La hija de Shigeo-san era sujetada de la muñeca como si la obligaran.
Podía fingir tan bien.
Vivía en alerta de que en cualquier momento sacara a la luz el pasado, o que cualquiera de sus amistades del hospital lo hiciera, pues no creía que se guardara esa información.
Se preguntó si momentos antes reían de él y enarcó una ceja al ver que se detenían frente a él.
—Irie-sensei, nos preguntábamos si tiene planes para Navidad —dijo Shinagawa con una sonrisa de lado.
Frunció el ceño y se puso en pie recogiendo sus cosas.
—Ya sabe, el día que las parejas salen. Es para algo importante —agregó Kikyou con atrevimiento.
—No me interesa —replicó parco.
—Queríamos saber si le cambiaría el turno a cierto doctor para que pueda tener una cita con una de mis compañeras —continuó Kikyou.
No pudo evitar preguntarse qué médico saldría con cuál de ellas, pero se encogió de hombros.
—Trabajo en Navidad.
Les informó para que no molestaran más adelante, luego les dio la espalda.
—¡Oh! Funatsu tendrá que buscarse otra alternativa para salir contigo, Marina.
—¿Qué! ¡Dijiste que era para Tanaka-san! ¡No voy a salir con el segundón! ¡Ni siquiera están en la misma área!
—¿No querían averiguar que estaba libre?
En contra de su propia voluntad, resopló. Era una idiota.
—¡Kotoko! ¡No prestaste atención!
—Chicas, creo que Irie-sensei todavía las está escuchando —intervino la voz dulce de Ogura, haciendo chillar a las dos que peleaban.
—¡Por eso estaremos solteras y sin citas en Navidad! —refunfuñó Marina.
—Tú, Tomoko y Kotoko lo están porque quieren, ¡pobre de mí! —exclamó teatralmente Kikyou.
Puso los ojos en blanco cuando las voces se alejaron de su audición, criticando la falta de profesionalismo al gritar en un sitio público.
(No llegó a notar que sus ánimos mejoraron un poco tras escucharlas.)
{…}
Naoki contaba con ansias los días restantes para terminar su ejercicio de evaluación profesional y dejar de estar al cuidado de Nishigaki, cuyas reuniones periódicas eran una fuente de molestia, pues su asesor no le aportaba nada que no supiera durante aquellos minutos. Con todo lo que reportaba, el otro no podía hallar recomendaciones de cómo hacerlo mejor y solo podía comentar sobre lo frustrado que estaba con un "pupilo" como él.
No era algo con lo que le apeteciera lidiar cuando no estaba en su mejor momento; su tolerancia de siempre escaseaba. Ni siquiera haber obtenido la oportunidad de apoyar más tiempo a Medicina Interna le levantaba el ánimo.
—Bien, empecemos. Ay, no sé por qué no obtuviste tu título al transferirte en tu cuarto año y ser el mejor de tu generación, habrías sido asunto de otro médico —farfulló Nishigaki cruzándose de brazos—. Tu perfección es buena para los pacientes, claro, pero a mí me castigaron contigo. ¡Mi primer año como asesor y vienes tú a quitarme el placer de regañar a mi subordinado! ¡Aparte robas la atención del personal! Lo único que me resta hacer es enseñarte humildad, ¡y no aprendes!
Bufó y señaló la primera historia médica, repasando en voz alta su intervención hasta concluir los casos a mostrarle, siguiendo la parte teórica del ejercicio.
—¿Qué te digo, Irie-sensei? Puedes estar satisfecho que fue perfecto. Lo odio. Sin embargo, me gustaría saber cómo vas en el aspecto social, es bueno mantener relaciones amenas con el personal para que los pacientes perciban un buen ambiente y se sientan confiados de ser atendidos. La gente civilizada trabaja mejor. Y transmitir tensión no ayuda a calmar a los pacientes.
Arrugó la frente, preguntándose qué quería exactamente con el tema, si no era otra alusión a su convivencia con las enfermeras; de no ser eso, tenía coherencia, pero él era educado y calmo en su trabajo.
Nishigaki alzó sus cejas y sonrió con diversión.
Al ver que no era serio, Naoki permaneció ahí porque no vio prudente pararse sin haber obtenido el reporte firmado para el comité.
—¿Nada que valga la pena mencionar, Irie-sensei? ¿O prefieres que sea yo quien lo haga? No finjas ignorar de lo que hablo.
Tenía muchas ideas, nada seguro, mas la clave principal para que la gente no conociera el estado de tu ignorancia era callar y actuar tranquilo, a veces dando la impresión de saber, en lugar de soltar la información a la mano. Así se evitaba avergonzarse o caer en trampas.
—Me parece estupendo, porque hay cierta joven y adorable enfermera que es tema delicado. Una inocente palomita que recientemente ha volado aquí desde lejos rumbos. Tan linda.
Su cuerpo se tensó al comprender el meollo de la cuestión.
Era increíble.
—¿Hay algo en particular con Kotoko-san, Irie-sensei? —Hacía un tiempo, cuando se los cruzó en el pasillo, había escuchado la confianza con que decía su nombre. Como siempre, la pelirroja se abría muy rápido a los otros. —¿Qué podría tener un polluelo fresco y de desempeño promedio con un médico de altas cualificaciones? Hemos visto personas con menor talento que no se han ganado tu desdén. Sasagawa-san es de la misma región, podemos descartar el origen.
Nishigaki se acomodó los lentes en conjunto a su expresión maquiavélica.
—Sabes que tengo contactos y logré saber que ella estudió unos semestres en el campus universitario de Tonan y ganó un concurso donde escogió como rey a un hombre que se presumía como genio. Se hace cada vez más interesante.
La sangre se le calentó.
—Sandeces —observó ecuánime, dejando que el coraje se mantuviera dentro.
Como había sospechado, tarde o temprano la pelirroja suscitaría algún percance o desastre. En su intento de descargarse de su envidia, Nishigaki había buscado hasta dar con algo que le sirviera de munición y tuvo que ser ella.
No obstante, era imposible negar su responsabilidad en aquello. Había sido tonto al creer que su disgusto de estar con la hija de Shigeo-san pasaría desapercibido. Era cierto que no se mezclaba con nadie, pero a ella la ignoraba cuando no era necesario que colaboraran y solo un ciego no se daría cuenta después de un tiempo.
Aunque debía dar crédito a Nishigaki por ser observador, ya que a pesar de todo era un hombre listo que se desenvolvía bien en la práctica médica. Su tendencia a coquetear era la reprochable.
También era el único valiente que lo afrontaba al respecto; incluso si únicamente le interesaba molestarlo.
Si solo su enojo hacia ella le hubiese permitido ser consistente en su actitud con los demás.
—No me engañas. Ella es… especial. —Nishigaki suspiró. —Lo entiendo. Queriendo desentrañar tu asunto, comencé a darme cuenta de que no podía ser indiferente a su dulzura y a su encanto particular que me fascinan.
¡Perfecto! Otro engañado por la máscara de ella. Qué desagradable.
El pelinegro se irguió. —Así que ahora solo deseo saber qué tienes con Kotoko-san para asegurarme de que tengo el camino libre o debo pelear por ella contigo —sentenció seriamente.
¿Cómo? ¿Había escuchado bien? ¿No lo hacía por molestarlo? ¿Esa idiota era tan buena para engatusar?
—¿A qué esperas para firmarme? Me haces perder mi tiempo —repuso fríamente y su asesor brincó hacia atrás como si lo hubiera golpeado.
—¿Crees que te engaño? —Nishigaki cogió el fólder con las hojas para firmar.
—Piensa lo que quieras.
—Está bien. Aprovecharé que pasarás mucho tiempo en Medicina Interna e iré por ella.
Lanzó un resoplido. —Hay mucho mejores mujeres —sintió la necesidad de decir, aunque tenía el propósito de no meterse en cosas de tal naturaleza.
Nishigaki detuvo su mano en el aire antes de firmar. —Sí, no voy a negar que hay otras damas con mejores atributos físicos… —Rascó su cabeza encogiendo los hombros—. Pero Kotoko-san tiene una luz, es esta personalidad, ¿sabes?, tan única, que traería emoción a mi vida. Eso es algo que no conseguiría con cualquier joven. Y su inocencia con un ligero toque perfecto de madurez te hace querer solo… ¡ah! Mis padres estarían orgullosos de que me casara con una mujer así. Sería una buena madre para mis hijos, comprensiva y amorosa.
Tuvo la impresión de que ya había vivido ese momento. Un zumbido aturdió sus oídos y experimentó un mareo.
Su asesor soltó una risa jocosa.
—Ya soné como un romántico. Lo siento, me dejé llevar. —Nishigaki se dispuso a firmar y garabateó en las hojas con rapidez, mientras Naoki esperaba impaciente. —Gracias por abrirme los ojos de lo que me perdía, Irie-sensei.
Se le escapó un sonido similar a un gruñido, si bien esperaba sonar indiferente.
—Bien, aquí tienes. Aunque me duela admitirlo, sigue con tu buen trabajo.
Tan pronto tuvo el fólder en sus manos salió del consultorio con una sensación de náuseas combinada con algo que no conseguía distinguir, pero que le ponía de malas. Y aunque intentó contenerse, no pudo evitar pensar en lo que acababa de suceder. Era inverosímil.
Irónico, se dijo que era el merecido de la hija de Shigeo-san; un mujeriego le daría una buena lección. Hasta podían planear una boda y ser ella la que terminara plantada por un hombre que sabía alérgico al compromiso. Por fin se le daría vuelta a las tornas.
En el proceso, ella dejaría Yuuki y su hermano podría centrarse en alguien más adecuado para él. Ya entonces se esforzaría por calmar su orgullo y darle apoyo si le sentaba mal.
Le dolió el estómago por considerar positivamente algo que seguro dañaría a su hermano y a Shigeo-san, pero no veía otro camino.
Sí, esa repentina inclinación de Nishigaki por el acto de la pelirroja tenía que ser lo mejor.
(Solo le faltó sentirse entusiasta.)
NA: Jai!
Irie, cuando más te interesas en un objeto, más atención le pones para encontrarlo. Y eres malo cuando estás celoso, alguien ya vio lo que tú percibiste antaño y no te gusta.
Oh, no digan que metí otra vez los celos, pero algo curioso de INK es que varios conocen a Kotoko y les atrae alguna cosa suya. Y es gracioso imaginarse a Naoki sufriendo por eso. ¿Verdad que es la primera ocasión que meto a Nishigaki así? (Y saben que lo de Yuuki es pasajero.)
Espero que disfrutaran del capítulo.
Besos, Karo.
Raz: ¡Hola de nuevo! Si es la primera vez que entras al fandom de INK y notas que también aquí existo, espero te puedas pasar por mis otras historias (Algo tiene el destino va a ser editada, puedes omitirla ja,ja). Tendrás que seguir con tu duda de por qué no la amaba, pero te vas a enterar cuando Naoki también lo sepa, simplemente a nadie más se lo dirá. / Y me gusta mantenerlo a lo Irie, pero suavizado algunas veces para que Kotoko no la pase horrible, porque más de una ocasión he querido ahorcar a ese frío hombre... y a ella darle una terapia de respeto propio, de veras. Ya vendrá el romance de ambos, espéralo. / Muchas gracias por tus palabras, me encanta leer que te gusta mi escritura. Espero poder entretenerte más en el futuro. Besos. Y si lees esto antes de mi actualización de MQB, ya estoy editando el capítulo je,je.
Charlie: ¡Hola! ¡Me consuela saber que no soy la única! Con eso de que a Yuuki le gustaban más grandes, como Rika o la chica de sexto año a la que le atrajo Naoki; quizá Kotoko pasó por ahí alguna vez, incluso si solo lo hizo por imitar a su hermano. / Sí, Yuuki tiene inteligencia emocional en comparación a su hermano, y es más maduro, así que es un sol. Me encanta él. / Je,je, disfrutemos mucho de una Kotoko madura sin dejar de lado la diversión, es más tranquilo que todas esas veces donde sentía mucha, pero mucha pena ajena. Es que hay límites, de veras. Y super que Naoki no la tenga tan sencillo. / Gracias, gracias por tus palabras de mis habilidades escribiendo, eres muy linda, espero ir mejorando. Un abrazo.
Samy: ¡Gracias! Feliz de que te guste el capítulo, ojalá que este te encante je,je. Ay sí, le faltaba respetar a Kotoko y la otra tonta que lo permitía, de verdad que si los japoneses son "tan lindos" con sus parejas mujeres, Naoki era el triple de eso. Razón de mi gusto por escribir de INK ja,ja. ¡Abrazos y besos!
