La historia que dejamos pasar
Capítulo 13
Al sentir una corriente de aire frío, Kotoko se arrebujó más en su abrigo. Ansiaba estar en el interior de la cafetería y relajarse en la calefacción que proveía; aunque amaba la temporada invernal por las fechas y estampas románticas que la acompañaban, su menudo cuerpo no podía con las bajas temperaturas. No obstante, al menos ya no vivía en el norte, donde la estación era inclemente.
Envidió a Yuuki por su tranquilidad al caminar. La leve musculatura que le había dado el ejercicio debía venir acompañada de resistencia al frío.
Tembló por una nueva corriente y esta vez él se rió bajo.
—Silencio. Si no fuera por ti, no tendría que pasear y habría ido a la cafetería con Konomi-chan caminando muy juntas.
—Las costumbres de mamá no son culpa mía —se excusó Yuuki tras lanzar un resoplido.
—Lo sé —farfulló desanimada.
Con el fin de que Noriko-san no lo siguiera, en caso de que no creyera que ese domingo lo invitaba a comer crepas por los resultados de sus exámenes, habían acordado que ambos se adelantarían tras reunirse en la estación. Deambularían un poco para hacer tiempo e irían a la cafetería, donde más tarde llegaría su vecina y le explicarían el porqué de sus extraños actos. Si la madre de él iba detrás, no vería a la pelinegra en su punto de encuentro, ni en su paseo inicial.
Era algo paranoica su conducta, pero Yuuki aseguraba haber sido muchas veces el compañero de hazañas de su madre —reluctantemente la mayoría del tiempo—, y sabía que era necesario tomar tales medidas. Kotoko estuvo de acuerdo cuando le relató diferentes situaciones, sobre todo después de saber que años atrás inventó la enfermedad de su propia madre para dejarle la casa sola con Irie-kun. Únicamente no opinó en el método, porque confiaba en que Yuuki conocía mejor las tácticas que empleaba su progenitora y, por ende, cómo burlarlas.
…además ella nunca se dio cuenta que le espiaba cuando estaba con Irie-kun.
—¿Es por oba-sama que no tienes novia? —Traía esa duda en su mente desde que escuchó lo que desconocía del comportamiento de Noriko-san.
También tenía curiosidad sobre si se colaba en el hospital, pero eso no podía preguntarlo.
Yuuki rió.
—Ninguna chica me ha gustado como para poner el esfuerzo de lidiar con mamá. Para empezar, tendría que esconderme antes de tener un noviazgo oficial por el temor a que se entrometa, y luego su tendencia acosadora. Solo la perspectiva de disfrutar el rato con mi novia me haría olvidarme de que está espiando.
—Ella será especial para que seas tolerante con oba-sama.
¿Entonces Konomi valía las últimas semanas? Él había sugerido el secretismo y las acciones a tomar ese día.
Presionó sus labios para no sonreír. Hasta ella se podía dar cuenta que, a partir de lo que dijo, era obvio algún interés por su adorable vecina; de lo contrario, habría dejado que su madre la viera y con el paso del tiempo disminuyera su emoción porque solo era una chica sin importancia que nunca más aparecería cerca de su hijo.
Su yo romántico le entusiasmó y sintió que el frío no era tan molesto como antes. De alguna manera la casualidad hizo que ellos pudieran gustarse mutuamente y tuvieran una oportunidad sin que alguien hiciera todo por emparejarlos.
Justo como las cosas debían de ser.
"Pensar que solo lo hice por ayudar a Konomi-chan", se dijo a sí misma.
Yuuki se detuvo abruptamente y la miró con el ceño fruncido. —¿Qué cosa hiciste?
—¿Eh? —Se detuvo—. ¿Hablé en voz alta! —Se cubrió la boca alarmada.
—¿Qué hiciste por ayudar a Sagawa-san? —preguntó él seriamente, aprovechando la diferencia de altura para intimidarla. —¿En qué necesitaba ayuda?
Si pretendía lucir indiferente a su vecina, había arruinado su acto.
—En este momento me recuerdas a tu hermano —soltó y quiso golpearse al instante cuando él dio un paso atrás.
Yuuki desvió la mirada hacia su hombro, con rostro contrito.
—No digas eso —pidió en un susurro.
Ella colocó una mano en su brazo y le frotó con afecto.
—Lo siento, usé mal las palabras. Pero tampoco todo de él es reprobable, ¿lo sabes?
Él asintió y se pasó la mano por la cara.
—Entendiste algo que no era. Hacía mucho que nadie me decía eso, que recordé el pasado. Y claro que tienes razón, aunque reproche cosas que hace, sé que mi hermano tiene puntos buenos. —Él sonrió. —Además, no tienes que cuidar todo lo que dices, sigue siendo mi hermano. Estoy bien. Me ayudaste el otro día a hacerlo un poco llevadero.
Kotoko le sonrió.
—También sé cuánto te costaría pensar antes de hablar —agregó él con una chispa de gracia en sus ojos marrones.
—¡Oye!
Yuuki se alejó apresurado y ella impulsivamente se lanzó a su espalda para darle alcance, rodeando su cuello con pánico para no caer al suelo sobre su trasero. Él dio un paso hacia delante, pero consiguió mantener el equilibrio de ambos.
—¡Baka!
—Lo siento —pidió sin soltarse hasta que él se acuclilló ligeramente. Una vez que estuvo en pie, Yuuki se irguió y se giró de brazos cruzados. —Lo siento —repitió ella—, no lo pensé bien.
—No me sorprende —farfulló él.
Se sonrojó abochornada.
Yuuki suspiró. —Eres catastrófica… y por salvarte me dirás qué cosa hiciste para ayudar a Sagawa-san.
—¿Por qué tanta curiosidad? —preguntó con fingida inocencia, riendo por dentro.
—No lo digas, no me muero por saber —dijo él encogiendo los hombros—. Vamos, no me gustan las miradas que estoy recibiendo de los transeúntes juzgándome por tontear con "mi novia" en plena calle —agregó burlón y se dio la vuelta.
—No me muero por saber —repitió ella divertida, alcanzándolo. —Entonces no te contaré. Y le pediré a Konomi-chan que guarde el secreto.
Lo vio fruncir el ceño, pero no cedió.
—¿Fue grave? —musitó él a los pocos segundos, casi sin abrir la boca.
Negó con energía. Lo hizo asentir para sí.
—De acuerdo, eso me preocupaba. No necesito saber más.
—Es una buena amiga para ti, ¿verdad? —inquirió medio sorprendida por su acto de madurez. Era un gran joven.
—Sí —confirmó él con una sonrisa que no hacías por una amistad. Se veía más que cariño en ella, y sus ojos tenían un brillo único que reconocía de haberlo visto en el espejo.
Chilló por dentro. Parecía que su vecina conseguiría su amor aun sin haberlo buscado activamente. Se había conformado con ser su amiga, como había dicho, y su encantadora forma de ser hizo el trabajo.
Regresando los pies a la tierra, no pudo evitar preguntarse si eso habría funcionado con Irie-kun. Si en lugar de manifestar su amor y aceptar el empuje de Noriko-san, hubiese dejado las cosas transcurrir con normalidad, solo actuando como su compañera de vivienda.
Agitó su cabeza ante una tontería sin respuesta.
Tampoco debía recurrir a pensar de más en él, en especial ahora que Irie-kun estaba en Medicina Interna —y ella se desempeñaba mejor en su trabajo.
Se centró en el camino; pronto estuvieron en la cafetería estilo cosplay, donde pidieron unas bebidas para esperar por Konomi. Yuuki se dedicó a observar a los empleados, respondiendo cuando ella le preguntaba por la caracterización de cada uno; según él eran personajes de "Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas", lo que explicaba el curioso diseño del sitio, con cartas, tableros de ajedrez, relojes, sonrisas, flamencos, entre otras cosas.
Pasado un tiempo, Yuuki sacó su teléfono y se lo llevó al oído. Él dio un par de indicaciones antes de mirar a la puerta, a la que ella daba la espalda, acción que le hizo abrir los ojos y boca sin soltar el aparato en sus manos.
—¿Qué pasa? —preguntó Kotoko girándose y jadeó de la impresión.
Cuando Konomi llegó a su mesa, seguía boquiabierta.
—¡Te ves increíble! —exclamó aplaudiendo. Konomi se había recortado su cabellera para que apenas rozara su cuello. Era mucho más arriba que cuando ella misma se lo cortó meses atrás, dejándolo hasta sus hombros.
Pero a su vecina le favorecía mucho más que a ella.
Konomi sonrió con timidez y se colocó un mechón detrás de su oreja. —Gracias, fue en primero de secundaria que me animé a dejarlo crecer y ahora quise saber cómo me vería de nuevo con el cabello corto.
—Luces muy linda.
Y ya no se ocultaría detrás de su melena.
—Sí, se te ve bien.
La adolescente se sonrojó ante las palabras de Yuuki y Kotoko se sintió como una violinista allí, pero irse sería una indirecta de apoyo y no tenía esa intención.
Y quería probar las crepas.
—Gra-gracias, Irie-kun.
—Vamos, siéntate, Konomi-chan.
Ella lo hizo y, después de hacer su orden, le explicaron la razón de acudir por separado. Al hacerlo, por su rostro cruzó una mirada de pena en dirección de Yuuki, que no se inmutó.
—Oh, es… guau —dijo Konomi al final. —Irie-san es obstinada y lista.
El hijo de ésta rió entre dientes.
En ese momento el mesero que parecía un conejo llegó con sus pedidos; crepas dulces para los tres hechas de fruta, helado, crema, chocolate y un ingrediente secreto. Sus amigas se las habían recomendado; era un sitio que abrió durante su tiempo fuera de Tokio.
—¡Por ustedes! ¡Felicidades por sus resultados! —celebró animada.
—Gracias, Kotoko-san —dijo la pelinegra mientras él asentía.
—Pronto los dos serán universitarios. Sé que Yuuki-kun aprobará el examen para Todai.
Probó la crepa y gimió, pensando que era un sabor celestial. El durazno dulce predominaba en su boca.
Konomi la imitó, soltando otro sonidito de gusto; Yuuki comió de la suya y sonrió de forma leve.
—Y dime, Konomi-chan, no he tenido tiempo de preguntarte, ¿en qué carrera te inscribirás? —preguntó al terminar de masticar.
—Irie-kun me dio un consejo para decidir. Estudiaré Artes visuales. Siempre he sido mejor para las artes y las manualidades, y espero poder enfocarme en las expresiones plásticas.
—¡Es genial! Eres muy buena con tus manos y muy creativa. ¡Oh! Y te gustan los videojuegos; si quieres, en el futuro podrás pedir trabajo en Pandai y tener la recomendación del CEO.
Los ojos oscuros de la chica resplandecieron. —Irie-kun me dijo que, si me esfuerzo y me interesa, lo considerará en unos años, pero que tengo que poner todo de mí. Kotoko-san, tú eres mi inspiración y lograré trabajar para algo importante como tú.
—¡Konomi-chan! —La cogió de ambas manos conmovida.
Se sintió orgullosa de haber conseguir inspirar a alguien; todos sus años creciendo por sí misma no solo beneficiaban a sus pacientes. Aunque se habría sentido feliz casada con el amor de su vida, era mucho más satisfactorio lo que había conseguido después de romperse el corazón.
Y volvería a pasar por ello si los resultados eran esos.
—Si tú eres su modelo a seguir, creo que le comentaré a mi padre desde ahora que incorporaré a una chica —manifestó Yuuki, que dio un mordisco a su crepa cuando lo miraron sonrientes.
—Eso puede ser lo más bonito que has dicho de mí hasta ahora.
—No hay muchas opciones —repuso él con malicia.
—De momento lo dejaré pasar.
Konomi dejó escapar una risita. —Es obvio que han vivido juntos, ustedes parecen hermanos.
Observó de reojo a Yuuki respondiendo su pregunta silenciosa y sonrió un poco forzada. Cuando se sintiera cómoda le hablaría de lo cerca que estuvo de serlo; solo sabía que se mudó con los Irie por el derrumbe de su casa.
—Sí, todos pensarían lo mismo.
{…}
En la sala de descanso, Kotoko tarareaba una canción navideña mientras hacía anotaciones en su agenda, donde llevaba un control que auxiliaba a su mente algo dispersa y olvidadiza; el hábito le había hecho un gran bien y agradecía el consejo de su tío abuelo. Hacía la diferencia entre su comportamiento adolescente y el actual, así que tenía una para el trabajo y otra para sus actividades personales.
Y aunque podía tenerla en digital, escribirla a mano le ayudaba a recordar más.
—No me gustaría interrumpir, pero me temo que debo hacerlo.
Al escuchar la voz masculina calló y miró hacia arriba. El doctor Nishigaki estaba en la entrada con una pose de modelo de revista; de piernas cruzadas, una mano en el bolsillo y el brazo opuesto recargado en el marco de la puerta.
Colocó su pluma sobre el papel. —¿En qué puedo ayudarle, Nishigaki-sensei? —preguntó con amabilidad.
—Es algo… personal. Quiero un consejo tuyo.
Frunció el ceño.
Nishigaki avanzó hasta una silla vacía a un metro de ella. —Es… oh, casi estúpido de mi parte, pero estoy interesado. Muy interesado. Y sé que tú podrías ayudarme.
—¿De qué se trata?
—Necesito ideas para enamorar a una mujer.
—¿Qué!
—Lo sé, no parezco el tipo de hombre al que le haga falta; sin embargo, en este caso sí. Es importante. Es… diferente.
Ella sonrió; cuando una persona se enamoraba las cosas podían ser distintas y pasar por una inseguridad en algo donde te creías experto. Parecía que Nishigaki experimentaba eso.
—Yo no soy gran conocedora del tema, Nishigaki-sensei —admitió mirándolo a los ojos.
Él se rascó la cabeza. —Ella es… un poco… mucho… eh, como tú.
—Oh, ya entiendo. —Si eran similares, podría conquistarle de formas que servirían con ella. Aunque el doctor no sabía que el único hombre que quiso no había hecho esfuerzo alguno para enamorarla, y que comenzó como amor a primera vista al ver su porte, oírlo hablar y saber su inteligencia.
Un suspiro aliviado resonó entre ellos, proveniente del pelinegro.
Al sentir su conflicto, Kotoko decidió intentarlo. Había detalles que le habrían gustado recibir de parte de Irie-kun.
—¿Le rechazó antes? —deseó saber, recordando un incidente pasado.
Él se pasó una mano por el cabello. —No le he dicho mis sentimientos actuales. ¿Es mejor que te rechacen después de intentarlo?
Kotoko sonrió. Si no era una persecución ni la obligaba a aceptarle, podía compartir sus ideales románticos.
—¡Oh, demonios! —Él se dio un golpe en la frente—. Con todo esto olvidé que debía hacer algo. ¿Podemos ponernos de acuerdo para almorzar y platicamos, Kotoko-san? ¿Aquí en la cafetería del hospital?
Se le escapó una risita por ver que su enamoramiento le atontara un poco. Era linda su reacción al amor.
—Sí, Nishigaki-sensei.
—Perfecto, luego hablamos, debo irme.
Él esbozó una sonrisa antes de retirarse y Kotoko escuchó que tarareaba el mismo tono que ella.
Negó y se rió en voz baja, continuando lo suyo.
{…}
Con una sonrisa, Kotoko contempló a sus dos pacientes enamorados que platicaban embelesados en la cafetería del hospital, sentados en una mesa de la esquina apartada de la que ella se encontraba sola.
Era Navidad y la pareja de esposos había lamentado no poder tener una cita fuera, ya que se los impedía la recuperación de las cirugías a las que habían sido sometidos después del accidente automovilístico que tuvieron. Prácticamente estaban por recibir el alta, pero ambos lamentaron pasar su primera Navidad como matrimonio en sus camas de hospital y Kotoko les ofreció una pequeña solución; en su hora de almuerzo les permitiría bajar a la cafetería para pasar el rato juntos —pues tenían habitaciones separadas por su sexo— si prometían no excederse, aún bajo su supervisión.
Hasta el momento habían cumplido y desde lejos era palpable el amor que se profesaban; ni él contenía sus emociones con ella cerca.
Así no lamentaba estar alerta durante su descanso. Incluso era agradable ver el amor de otros, que sí podían disfrutar la fecha.
—Parece que estos son los dos únicos asientos que están juntos. Disculpe, enfermera, ¿está libre? —Oyó a su derecha y se dio cuenta que el hombre hablaba en su dirección.
Se giró y tragó de golpe al encontrarse con Irie-kun acompañado de un doctor mayor, que decía Tachikawa en su identificación.
—Sí, claro, está, eh, libre —respondió ansiosa, viendo que al concentrarse en la pareja no se fijó en cómo la cafetería empezaba a llenarse. Debía ser por el día.
—Gracias, Aihara-san —le dijo él tras voltear a su pecho, donde traía su credencial.
Sonrió y asintió. Momentos después bajó la mirada a su plato con el estómago tembloroso de incomodidad; más que deberse a los días sin ver a Irie-kun, era porque el doctor le invitó a sentarse justo a su lado, dejándolos codo a codo, y podía notar la tensión emanando de él… que su acompañante debía fingir no ver.
En otro tiempo habría estado feliz, pensó con resignación, haciendo lo mejor por ignorar esa circunstancia. Prosiguió con sus alimentos, escuchando un poco de la conversación de los dos médicos sobre trombo embolismo venoso y espiando a sus pacientes al tiempo que comía.
Celebró terminar y fue a interrumpir a la pareja para avisarles que su tiempo se había acabado. Les podría haber dado más sin la compañía del frío de su antiguo prometido.
—Kotoko-san.
Nishigaki apareció antes de que abandonara la cafetería, cortándole el paso cerca de la mesa donde había estado sentada. Respondió a su sonrisa con una propia, tratando de no mirar a su antiguo acompañante.
—Quería hablar contigo, pero veo que estás con nuestros pacientes. ¿A las cinco podemos reunirnos frente a la máquina de café? —Ella lo pensó un segundo y asintió. —Perfecto, hasta entonces.
Él se alejó a la barra silbando. Kotoko salió de la cafetería acompañada de la pareja que permanecía en su propio mundo y, aprovechando eso, soltó la risa que se había estado guardando desde minutos atrás.
Cuan irónico y gracioso era que pasara un momento de Navidad al lado de Irie-kun.
NA: ¡Hola!
Seguro que a Irie la comida le supo a tierra, más al escuchar de que los otros se tomarían un café ja,ja.
Creo que esta será la última vez que dé otra nota de un cambio en el fic, pero estaba en mi cama y como Stitch miraba hacia arriba, cuando de repente me puse a hacer cuentas de Naoki y Yuuki, quienes se llevan nueve años, entonces me faltaba uno para que pudiera estar por ir a la universidad. En fin, lo que quiero decir es que modifiqué de toda la historia que pasaron SEIS AÑOS en lugar de CINCO, así que solo cambiarán un poquito el chip del tiempo. De hecho, también recordé que es en el anime donde el embarazo de Kotoko se da en su cumpleaños 26 y en el manga es más grande.
Mi conciencia no iba a dejarme seguir el fic sin hacerlo, solo me pregunto en qué estaba pensando al pasar por alto ese detalle.
En fin, trataré de escribir más capítulos rápido para subir pronto el siguiente.
Besos, Karo.
Raz: Ja,ja, Naoki es muy lento para los sentimientos. La ama pero se resiste el idiota, ¡y es muy divertido! Que sufra de celos es una cucharada de su propia medicina, pero más mal le va porque niega que le interese. ¡Que sufra! / Kotoko necesita mucha terapia, lástima que Naoki le hizo bien el amarre XD. / Aun le falta a esta historia, esperemos que disfrutes de ella. Me encanta que te gustaran mis otros fics y gracias por leerme en ambos fandoms. / ¡Besos!
