La historia que dejamos pasar
Capítulo 14
—¡Finalmente celebraremos año nuevo! —exclamó Moto-chan alzando los brazos victoriosa.
Apretando su abrigo alrededor suyo para darse más calor, Kotoko soltó un gritito de felicidad en compañía de Marina. Keita y Tomoko sonrieron con buenos ánimos.
Habían acordado reunirse ese primer viernes del año para la celebración, pues el día libre de Marina coincidió con el de Keita, Tomoko empezaba sus vacaciones, y Moto-chan y ella tendrían turno muy tarde el día siguiente. Irían a un bar cerca de allí, que frecuentaban jóvenes estudiantes de la universidad y trabajadores a la redonda.
—¡También la adición de Kotoko a nuestro grupo! —añadió Moto-chan entrelazando sus brazos con los de ella y Marina, para caminar por detrás de Tomoko y Keita, que se ladearon un poco para verlas.
Le invadió una ola de cariño y gratitud al oír a su compañera.
—Les agradezco por hacerme sentir bienvenida. —Su presencia había hecho más llevadero trabajar en el mismo sitio que Irie-kun, así como ser la nueva en un hospital sin haber estado como practicante antes.
—Kotoko, tú eres una joven dulce y animada, y dedicada enfermera, por eso nos caes bien —le dijo Tomoko dedicándole una sonrisa angelical. Su amiga era muy amable… excepto cuando cogía un bisturí, o veía inyecciones u órganos internos. Sus razones para estar en Cirugía eran gore.
—Nos habría gustado tenerte en nuestro equipo en la universidad —agregó Marina.
Kotoko rió nerviosamente, imaginando que no pensarían lo mismo mientras se preparaba, cuando cometía grandes errores, y porque dudaba que, de haberse casado con Irie-kun, terminara siendo enfermera.
—Aunque como eres nuestra superior, tampoco habríamos podido —prosiguió Marina después de pensarlo.
La risa de Kotoko aumentó y sus acompañantes le miraron.
—En realidad no les he dicho, pero yo comencé a estudiar Enfermería al mismo tiempo que ustedes. Dejé inconclusa Literatura.
—¿No sabías que Enfermería era tu vocación, Kotoko? —preguntó Keita, hablando por primera vez desde que habían abandonado los casilleros.
—No, entré a la Universidad de Tonan sin saber qué quería hacer con mi vida y seguí el rumbo común de cualquier estudiante de la preparatoria vinculada a esta.
—¡Oye, Kotoko! Habías dicho que estudiaste en la preparatoria Tonan, no que estuviste también en la universidad de Tonan —reclamó Moto-chan. —Es por eso que conoces a Irie-sensei.
—No empieces con eso —cortó Keita y soltó bufido. Kotoko lo agradeció. —Entonces, ¿cómo supiste que querías ser enfermera?
—Pasaron ciertas cosas que me animaron a demostrar que no era tonta e inmadura y, después, cuando vi la situación en Akita y lo mucho que me gustaba ayudar a algunos enfermos, descubrí que quería dedicarme a estar con ellos en sus momentos difíciles y que debía saber qué hacer para no fallarles. También quise esforzarme por mí misma y el sueño que había encontrado. Irme de Tokio me ayudó a ver mis prioridades y centrarme en lo que era importante.
—Escogiste un buen camino y me alegro que formes parte de nuestra profesión.
—Vaya, eso es un halago de parte de Keita, hasta podría creer que le gustas —bromeó Marina, inclinándose para darle un guiño a ella. —Le agrada hacer de protector, si es tu tipo. Además, es guapo y perseverante, haría un buen marido, aunque nunca ganará como un médico.
El aludido negó dándose una palmada en la frente.
—No sé cómo conseguiste terminar la carrera si es en lo único que piensas.
—Tenía que hacerlo para conocer a mi futuro esposo en el hospital.
Rieron ante la respuesta coqueta de la pelirroja. Al terminar de carcajearse Moto-chan señaló su destino.
—¡Olvidemos por doce horas las emergencias! ¡Vamos a beber! ¡Yo invito la primera ronda!
Se dirigieron al local, que por ser viernes estaba concurrido. El lugar era de tonos cálidos, con dibujos de dragones adornando las paredes, detalles de madera y lámparas de papel en el techo.
Escogieron una mesa cerca de la entrada donde podían acomodarse cinco personas y pidieron unos platillos para acompañar sus bebidas, que llegaron rápido.
—¡Por nuestro éxito en el año! —dijo Moto-chan y alzaron sus vasos con cerveza. —¡Kanpai!
Bebieron a la vez antes de bajar sus vasos a la mesa. Kotoko hizo una mueca por la amargura del lúpulo en su paladar y sonrió cuando su cuerpo se relajó al acostumbrarse al sabor.
—Necesito que este brindis y mi petición a los dioses ayude a cambiar la pésima suerte que recibí en el templo —se quejó Marina tras beber—, o este no será el año en que encuentre el amor.
—¿Y si tu suerte significa que Funatsu se enamore de alguien más? —preguntó Moto-chan con guasa.
—¡Qué lo haga! —exclamó Marina con mucha vehemencia y Moto-chan les regaló un guiño discreto—. Es horrible pensar que se enamoró de mí a primera vista cuando estaba a un metro de un diseccionado en la mesa.
Keita se echó a reír.
—Eso es genial —opinó Tomoko con una expresión apasionada y tétrica, provocando que sus amigas hicieran cara de asco.
—¡Seis años de él!
—Ojalá que encuentre a alguien para que ya no te insista y te sientas a gusto, Marina —comentó Kotoko al oírla. Entendía a Funatsu porque estuvo en su lugar, pero también comprendía a Marina.
—Ella llorará si eso pasa —aseveró Keita antes de llevar un calamar frito a su boca.
Kotoko abrió los ojos con asombro mientras Marina le lanzaba su servilleta de tela al enfermero sentado en el lado opuesto de la mesa. Keita la atrapó con gracia y la ondeó en símbolo de paz antes de devolverla a su dueña.
Su amiga no era indiferente, si no entendió mal.
Comiendo poco y rellanando sus vasos, Tomoko, Moto-chan y Keita empezaron a contarle de los años de la universidad en los que Seiichi Funatsu estuvo detrás de Marina y sus intentos para que "le hiciera caso", que según ellos su amiga siempre veía. Era interesante escuchar una versión diferente de la "persecución"; del chico a la chica, porque todos sus casos conocidos eran al revés.
—¡Ay, dejemos de hablar de él! —pidió la pelirroja y le dio un sorbo largo a su cerveza. Había permanecido corrigiendo cosas de las historias, agregando vivencias universitarias de las que Kotoko le habría gustado ser parte, o presenciar.
—Oh, sí, yo quiero saber si hay algo entre Kotoko y Nishigaki-sensei… el otro día almorzaron juntos en la cafetería. Tanaka-san lo compartió muriéndose de celos y estoy segura que el rumor llegó a todas las mujeres del hospital.
Alarmada por el malentendido, Kotoko movió su cabeza y sus manos en negación.
—Él me pidió consejos para enamorar a una mujer que se parece a mí.
—Querida, ese es el truco más viejo para lanzarte una indirecta. —Los tres restantes asintieron con las palabras de Moto-chan.
—¿Eh! —chilló con espanto.
—Eres muy ingenua, Kotoko —sentenció Marina después de reír entre dientes.
Dio un sorbo pequeño a su vaso.
—Pero él me aseguró hoy que ya puso en marcha su plan y nada de lo que yo le dije lo dirigió hacia mí —arguyó recordando esa mañana. El médico parecía feliz cuando la encontró brevemente en su camino para una inspección a Medicina Interna.
Moto-chan dejó el alcohol y se llevó una mano a la barbilla.
—¿Estaré equivocada? Siendo sincera, no pareces su tipo.
—Él se interesa por lo que vea como mujer —dijo Marina. —Aunque debo reconocer que mantiene sus límites cuando no flirteas con él después de una insinuación suya.
Kotoko rememoró su incidente con él cuando Irie-kun los interrumpió, preguntándose por qué insistiría una vez que se manifestó desinteresada; ciertamente, tras aquella ocasión no repitió sus avances y ahora no se sentía incómoda en su presencia, hasta le divertía su forma de ser narcisista.
—Bueno, ya veremos. Pero, ¿tú qué opinas, Kotoko? ¿Si estuviera interesado en ti?
—No podría corresponderle —declaró rotundamente, provocando que las miradas de Moto-chan y compañía se concentraran en ella.
—¿Ni un poquito? —inquirió la pelinegra.
—¿No le darías una oportunidad, pese a que se muestre serio? —siguió Marina.
—Pobre, espero que esté enamorado de otra mujer —musitó Tomoko en tono afable.
Keita le sonrió. —Pareces segura, si eres tú y te presiona, dime y te ayudaré.
Sintiendo ansiedad, bebió de su cerveza hasta acabarse el vaso. —Ya renuncié al romance —dejó escapar.
—¿Por qué? —cuestionó Tomoko dulcemente.
Sintió un golpe de tristeza, con una enredadera cubriendo su corazón.
—Amor de mi vida, a punto de casarme, no funcionó, nunca dejaré de quererle —murmuró y expulsó el aire pesado de sus pulmones.
Volvió a beber de su vaso nuevamente lleno, reviviendo un poco del pasado y sintiendo que sus ojos se humedecían por la forma en que sus sueños románticos fracasaron y terminó con el corazón roto, una existencia que reconstruir y un dolor tan agudo que hubo noches en las que deseó no despertar al día siguiente.
—Lo siento mucho —le reconfortó Tomoko colocando una mano sobre la suya, recordándole que no estaba sola.
Alzó la cabeza y esbozó una sonrisa, calmando a su agitado corazón; no dejaría que la melancolía le arruinara la noche. Su mirada se cruzó con la de Moto-chan, que lucía pensativa.
—En vez de heredarme su talento en la cocina, papá me transmitió su amor incondicional y la incapacidad de mirar a alguien más. Mamá lleva casi veinte años muerta y él todavía siente lo mismo por ella —les compartió riendo nerviosamente. —Pero estoy bien, aprendí que no puedo hacer nada para cambiarlo.
—Es lo mejor, resentirlo no será bueno para tu salud emocional —dijo Keita de forma suave.
—Y… por eso me tranquiliza que Nishigaki-sensei no tuviera conmigo ninguno de los detalles que le aseguré que me gustaban.
—¿Qué le dijiste? Quiero saber —pidió Moto-chan animando el ambiente.
Procedió a platicarles con emoción.
{…}
El sábado Kotoko se despertó en un entorno desconocido, con jaqueca, náuseas, sed y mareos, sin ninguna idea de cómo había llegado ahí. No obstante, de momento solo quería que el mundo dejara de moverse y las arcadas que aparecían entre ratos desaparecieran.
Gimió y apretó más los ojos cuando escuchó unos golpes que le taladraron la cabeza, seguidos por el ruido de una puerta al abrirse.
—Kotoko, ¿ya has despertado?
—Sí —le respondió a Moto-chan antes de hacer un esfuerzo para incorporarse. —Me siento mal. Pero, ¿qué hago aquí? ¿Dónde es aquí? Oh, buen día.
Levantó los párpados y suspiró al ver que podía soportarlo. Le ardía la vista y la luz le molestaba un poco, pero era mejor al movimiento de las cosas.
Su amiga rió.
—Buen día. Estás en mi apartamento, bebiste de más y te desmayaste. Aunque vimos tu dirección, no sabíamos si tu padre estaría. Keita te cargó.
—Qué vergüenza. Perdón por molestarles. Gracias por lo que hicieron por mí.
Moto-chan le colocó una mano en su hombro. —Para eso estamos —contestó suavemente—. Ven a la cocina, Keita preparó un desayuno tardío y no te dejará tomar una aspirina hasta que tengas algo en el estómago.
—¿Keita?
—Él también vive aquí.
—¿De verdad? —preguntó sorprendida.
—Sí, es barato compartir apartamento; ni él ni yo tenemos pareja y es un buen lugar cerca del hospital. Y su seriedad lo hace un excelente compañero de vivienda.
—Pensé que él sería de los que viven por su cuenta.
—Oh, es un blando por dentro. Le gusta tener con quién platicar. En fin, el baño está en la puerta de enfrente, te estaremos esperando.
—Gracias.
Salió a los pocos minutos que lo hizo Moto-chan, tras adecentar la cama donde había dormido, cuyas sábanas verde oscuro, negro y azul índigo, combinaban con las paredes grises y el mobiliario de madera, bien acomodado en el pequeño espacio.
En el baño orinó, se lavó el rostro —apenas mirándolo unos segundos porque era evidente su cansancio—, y utilizó un poco de enjuague bucal de menta para su boca. Cuando terminó, abandonó el sanitario y recorrió un corto pasillo de paredes verdes, llegando hasta un espacio abierto que compartía cocina y sala de estar de muebles grises.
Keita y Moto-chan estaban en una isla oscura; vestían ropa casual y tenían apariencia saludable.
—Buen día, Kotoko —saludó el de cabellos largos.
—Buen día —replicó un poco sonrojada por su aspecto en comparación a ambos, además de saber que se inmiscuía. —Gracias por permitirme estar en su casa. Eh. ¿De quién es la habitación donde dormí?
—Siéntate. —Le invitó Moto-chan y así lo hizo, ocupando el lugar opuesto a la pelinegra—. Le pertenece a Keita, él durmió en un futón en mi dormitorio.
—Siento mucho los problemas que les causé —susurró mortificada.
—No te preocupes —contestó Keita, tendiéndole un plato con un desayuno occidental —huevos y fruta— y una taza de café. —Cuando termines, dejé la caja de pastillas junto al fregadero.
Le asintió en agradecimiento y después empezaron a comer; conforme lo hacía, ella combatía la sensación de malestar que le había dejado emborracharse.
Como respuesta a una pregunta suya, sus acompañantes de mesa le hablaron de su convivencia y el comienzo de ésta. Luego Keita se disculpó porque tenía programada una visita a sus padres y les dejó solas.
—No pareces incómoda después de lo que nos relataste anoche animada por la bebida —le comentó Moto-chan en el momento que ella se disponía a consumir la aspirina.
—¿Eh? ¿Qué cosa? —replicó tras tragar. —Solo recuerdo que fuimos al bar y… ¿qué dije?
Poco le sorprendía olvidarlo, pues años atrás cuando se emborrachó antes del examen de Irie-kun, lo hizo. Asimismo, tenía muchas cosas en su vida que podían incomodarla.
Moto-chan exhaló profundamente. —De ti y de Irie-sensei.
Parpadeó conmocionada. ¿Les había revelado su triste experiencia amorosa? ¿Por qué había hecho algo tan estúpido?
—Soy una tonta —lloriqueó haciendo caso omiso de su resaca.
—No es tu culpa, yo… lo siento. Tú no dijiste su nombre o su descripción física, até cabos y tú me acabas de confirmar. Platicaste tu historia sin nombrarlo, no creo que nadie más lo sepa; y si lo hacen, no preguntarán. —Moto-chan suspiró. —Aunque pensé que de alguna forma Irie-sensei estaba relacionado al amor de tu vida, nunca se me habría ocurrido que fuese él y lo que pasó. De verdad, perdón por insistir antes, no lo habría hecho de saber la clase de historia que tenían y que te haría revivirlo. Y por mencionarlo ahora. Prometimos no hacerlo cuando estuvieras sobria, pero no podía sacarme la identidad de la cabeza.
Negó.
—Está bien. Te comprendo, yo también soy curiosa.
—Perdonas rápido… pero entiendo por qué no lo hiciste con Irie-sensei cuando supiste que no te amaba.
—¿Qué tanto hablé?
—Seis años de esperanza y seis de resignación.
Básicamente todo.
Pegó la frente a la isla, consternada. Si llegaban a saber que era Irie-kun, este le mataría si se enteraba que sabían de su humillación.
—Después de decirte lo que voy a hacer, no tocaré el tema de nuevo. Y los demás no lo harán. Nosotros te admiramos. Yo no habría aguantado después de la primera vez de, tú sabes qué. Fuiste valiente. Y… la manera en que creciste… pocos tienen esa fortaleza a pesar del dolor, tanta resiliencia. Eres grandiosa.
Le quedaba ese consuelo. No le decía que había hecho bien en abandonarlo en el altar, pero la respetaba por lo demás, sobre todo siendo la presidente del club de fans de Irie-kun.
—Gracias —murmuró.
—Kotoko… —Al escuchar la seriedad de Moto-chan, se irguió.
Su amiga le miró sobriamente.
—Pídele perdón en la próxima oportunidad y cierra el círculo. Te hará bien.
Bajó los hombros.
—Sí. —Lo había alargado mucho y era lo que correspondía hacer; quizá se resistía inconscientemente a la confrontación que podía darse o a cortar el último vínculo pendiente.
Permanecieron en silencio unos momentos.
—Ah, como no recuerdas —habló Moto-chan de repente—. Por escucharte, Marina aceptó que no era indiferente a Funatsu y le dará una oportunidad; le dolió pensar que sufre lo mismo que tú pasaste, a causa de su orgullo. La bebida le hizo admitir que tiene una pulsera que él le regaló entre sus preciosos artículos personales y que siempre sonríe al verla, recordando sus palabras cuando se la dio.
Kotoko sonrió más animada que minutos atrás; eso era lindo. Dos personas que se gustaban intentarían saber si eran felices juntas. Parecía que algo bueno salía de su experiencia.
—Me alegro.
—Ahora, aprovechemos a descansar y más tarde te acompaño a casa para que vayamos juntas al trabajo.
—Sí.
{…}
Kotoko abrió los ojos con alarma al ver la mano de Nishigaki coger un mechón suelto de su cabello, que ya no estaba recogido porque su turno había terminado.
—¿Un broche es adecuado para un pelo delgado y liso? —preguntó pensativo el médico, con la mirada atenta sobre el hombro de ella. —¿No se resbala?
Él la soltó de pronto y ella respiró aliviada; había estado a punto de comentarle al respecto.
—Sí, puede caerse.
—Entiendo.
Rió divertida. De soslayo, vio a Irie-kun al otro lado de la cafetería y recordó lo que había hablado con Moto-chan semanas atrás.
—Disculpe, Nishigaki-sensei, debo hacer algo —manifestó guardando sus cosas cuando Irie-kun se paró de su mesa y caminó hacia la salida.
—Sí, claro, estaré investigando en mi móvil —respondió el pelinegro sacando el artefacto con una sonrisa jocosa.
Ella asintió y se apresuró a ir detrás del castaño, acelerando el paso al salir de la cafetería. Lo alcanzó en un pasillo que iba a unos ascensores de personal.
—Irie-sensei —llamó con un jadeo.
Él se tensó y se detuvo oteando sobre su hombro. Se estremeció ante la mirada colérica que percibió en sus ojos, pero no le extrañó su animadversión.
—Siento molestarle, quisiera… poder… —tragó saliva y él enarcó una ceja—. Quisiera hablar a solas.
—¿Sobre el trabajo? —inquirió con voz de hielo.
Se mordió el labio. —No.
—¿Mi familia? —prosiguió él aún más duro.
Le recorrió un escalofrío. —Eh… eh… no.
—Entonces no me interesa —aseguró él desdeñoso, girándose para avanzar de nuevo.
Mirando hacia los lados, cogió aire. —Yo solo… quiero pedir disculpas… perdón por… por… no presentarme…
—Me importa poco —le cortó Irie-kun a varios metros de distancia, con voz de acero.
Ella se reprendió por haber usado un mal momento, mas ninguno sería bueno. Lo que había hecho era terrible y las palabras no alcanzarían para disculparse por haber huido precipitadamente, sin importar las razones.
—Perdón, Irie-kun.
No supo si la escuchó mientras llamaba al ascensor, aunque tampoco haría la diferencia para él, ya le había asegurado que no era un tema de su importancia.
En cambio, ella había hecho lo último que quedaba entre los dos.
NA: Qué bueno que no es 2020, o Marina se muere con el añito que le tocara.
Ay Kotoko, escogiste el peor momento para acercarte a Naoki, a quien no le debió gustar la bilis. Como siempre, ella en la ignorancia.
¿Cuánto creen que aguante Irie? El próximo es su perspectiva y se van a reír ja,ja.
Besos desde lejos, Karo.
Raz: ¡Un mes! Ay, espero que no fuese por enfermedad, pero qué bueno que ya estás de vuelta. / Sí, Kotoko definitivamente en la luna, no se entera de nada que le pasa en las narices, ni porque le conviene ja,ja. / Para oba-sama siempre tengo que irme al extremo, porque de plano no hay otra forma de hacerla, está tan obsesionada con descendientes mujeres que es horrible lo que hace para eso. Necesita ayuda urgentemente. / Yuuki, aunque no lo admita, siempre se entretuvo espiando como su madre, por eso le sabe la jugada. Recuerdo su tarea de verano y cómo se entretuvo. Ahora se aprovecha de sus conocimientos. / En fin, gracias por leerme, es un placer tenerte entre mis fics, que espero te sigan gustando. ¡Un abrazo!
