La historia que dejamos pasar


Capítulo 15

Durante momentos en los recientes meses, una emoción enfermiza e irreconocible, vehemente como el odio, pero mucho más grande y compleja, se encendía debajo de la piel de Naoki, latiendo en su estómago y envenenando su mente. Era visceral y nauseabunda; amargándole de sobremanera.

Se decía que se trataba de una transformación del sentimiento de odio que le provocaba la hija de Shigeo-san, porque esta nueva, desconocida y potente emoción aparecía cada vez que se encontraba con ella o pensaba en ella, como cuando recordaba el burdo encuentro de aquella vez que quiso pedirle disculpas, minutos en los que sintió la "marea roja" en su máximo nivel, en la que resaltaba el asco de presenciar una de las manifestaciones públicas de enamorados que le parecían desagradables.

No sabía cómo o cuándo había comenzado esa emoción, aunque quería que se detuviera y le dejara vivir en paz. Experimentar eso era sumamente horrible y deseaba encontrarle una solución; su salud mental dependía de ello.

Sin embargo, era un enemigo que no entendía y se hallaba sin opciones más que soportarlo hasta que se evaporara por cuenta propia, o su cuerpo sucumbiera a esa extraña emoción.

Lo contenía lo mejor posible, pues no quería que nadie supiera que era sujeto de algo irracional relacionado con la enfermera pelirroja.

La aparente pareja de Nishigaki.

Naoki apretó los dientes, evocando el hecho de que esa relación de su asesor con la joven hacía que no pudiera escapar de oír de ella en Medicina Interna, ya que las mujeres interesadas por el médico hablaban del cambio en su conducta de mujeriego y las ocasiones en que lo había visto con esa compañera de Cirugía, que podía ser la causa.

Ni en ese Departamento se veía libre de la pelirroja. ¿Qué nunca podría escapar de ese mal?

Suspiró y se dispuso a aliviar su vejiga como pretendía al entrar al sanitario. Terminando de hacerlo, se lavó las manos y la cara sin mirarse al espejo y regresó a su ronda en el ala del Departamento, topándose con Matsumoto Yuuko cuando esta salía de un consultorio.

Llevaba un par de años sin verla, desde que ella se graduó y se despidió en la universidad.

—Irie, hola —le saludó ella con una sonrisa tensa.

—Matsumoto.

—Te preguntarás qué hago aquí, ¿cierto? —En efecto, pero no era de los que expresaría su duda en voz alta. —El trabajo me ha ocasionado unos problemas estomacales, por el estrés y los antiinflamatorios. El médico dice que debo reducir el ritmo o volverá a internarme, porque puedo tener una perforación, pero mis responsabilidades no me lo permiten, no es el mejor momento o año para mi empresa.

Frunció el ceño.

—Es un asunto grave, tu salud es primero.

—Sí, Irie-sensei, pero si mi trabajo no sobrevive no puedo pagarme los cuidados.

Naoki dejó escapar un suspiro.

—No te excedas e infórmame si se presenta una emergencia. —Ella asintió, desbloqueó el móvil en su mano y él le dictó su numeración.

—Gracias, ¿y tú? —preguntó Matsumoto apartando la mirada de su pantalla. —Luces cansado, aunque imagino que es parte de tu trabajo.

Asintió.

—Me alegro, de las últimas veces que te vi estabas sobrecargado.

—Tengo que continuar atendiendo pacientes —respondió para evitar que continuara el tema.

Ella presionó sus labios en una línea firme. —Sí, yo tampoco tengo tiempo. Fue un gusto verte, Irie. Cuídate.

—Tú también.

La pelinegra hizo una afirmación con la cabeza y se dio la vuelta, manteniendo la mayor parte de su interés en su teléfono, mientras atraía un par de miradas que le pasaron desapercibidas. Pese a las arrugas de tensión en su rostro, ella lucía tan bien como antaño.

Se le ocurrió que debió intentar con más ahínco en el pasado; así, a pesar de no estar juntos por mucho tiempo o en la actualidad, estaría mejor que ahora.

De seguro se habría evitado más persecución de la hija de Shigeo-san y los problemas que le siguieron.

(Se valía soñar.)

{…}

Decidiendo que podría ayudar a preparar la mesa en lugar de permanecer encerrado con su mente inquieta, Naoki bajó a la planta inferior minutos antes de cenar. Había regresado del trabajo hacía poco, pero ni siquiera podía quedarse en su dormitorio a descansar, porque desde lo de Yuuki y la emoción misteriosa, era sumamente difícil estar solo.

Rechinó los dientes, incómodo, repitiendo en su cabeza el procedimiento de su próxima operación, aun sabiendo lo tonto que era en su caso.

Unas voces provenientes de la cocina le alertaron que su madre ya había regresado a casa —no la halló al llegar— y que su padre también.

—Otra vez es la misma historia, papá. No hay ninguna chica aparte de Kotoko-chan. —Se detuvo en seco. —Yuuki parecía entusiasmado y solo estuvo con ella. No lo entiendo, luce enamorado. ¿Me estoy equivocando?

—¿Sería la primera vez, Noriko?

Escuchó un suspiro.

—Sé que Yuuki tiene una mirada de enamorado… ¡No! —Hubo un estruendo de metal. — ¡Shigeki! ¡Es Kotoko-chan! Sí, eso debe ser. El día que los seguí él la cargó en su espalda y tuvieron una cita en una cafetería, parecía muy contento. No estaba demasiado cerca para apreciar su rostro correctamente, y tampoco puedo hacerlo a partir de las fotos. —Su madre hablaba de tal forma histérica que apenas eran inteligibles sus palabras. —Pero Yuuki la observó durante un buen rato sin apartar los ojos de su rostro.

Naoki sintió una constricción un su pecho.

—Mamá, tranquilízate. Tus programas románticos te están haciendo distorsionar la situación.

—Piénsalo. Kotoko-chan es una persona maravillosa de la que enamorarse. Y ahora Yuuki-kun, como Naoki.

—Mamá. No. En nuestras reuniones para hablar de Pandai no he visto nada de ese enamoramiento. Está triste por su pelea con Naoki y entusiasmado por entrar a la universidad, mas no otra cosa. Solo va a estudiar a casa de los Aihara, incluso viste lo beneficioso que fue en los exámenes pasados.

—Ay, papá, tengo este mal presentimiento. ¿Te imaginas si…?

—No. Es imposible, mamá. Debes dejar de jugar a los espías. Estás haciendo historias, como cuando viste a Kotoko-chan platicando animadamente con un guapo doctor en el patio del hospital. No todo es romance.

Naoki dio un paso hacia atrás y se alejó con premura, olvidando su propósito inicial. Su padre estaba equivocado.

Y la relación de Nishigaki con ella no estaba surtiendo efecto.

A mitad de la escalera se apoyó al barandal por una serie de mareos y punzadas en el estómago, acompañados de un sentimiento de tristeza que le causó asfixia.

Nunca antes había sentido un malestar así.

De pronto su cuerpo entero le gritó por algo. Una necesidad sin nombre que anheló con la fuerza de un tsunami.

Agitó la cabeza y entonces la puerta de Yuuki se abrió. Su hermano perdió la sonrisa al verlo, bajó la mirada y caminó hacia la escalera sin dirigirle una sola palabra, como había estado haciendo la mayor parte del tiempo, a menos que la situación le obligara.

Tragó con dificultad. Su mano le cosquilleó pidiendo ser extendida para cogerlo del hombro, pero no lo hizo, porque no "sabía" qué hacer a continuación.

O sí, solo que no hablaría de ellos, sino de su cercanía a la pelirroja.

Avergonzado y sofocado regresó a su dormitorio, saltándose la cena.

{…}

A raíz de la situación tensa en su casa, que no beneficiaba a ninguno de sus ocupantes, Naoki consideró mudarse; así aliviaría los nervios de sus padres y daría un respiro a su hermano, aunque por sus turnos del hospital no pasara mucho tiempo en la residencia familiar.

Pero sería huir y esa palabra no le convencía. Era cobarde y tal vez arruinaría el último lazo con Yuuki, ya que le daría excusa a su orgullo para no acercarse a él y ser como meros parientes cuyo único encuentro con el otro fuera algún evento importante.

Dubitativo como nunca, Naoki decidió que, si el apartamento que encontró en una página de internet le parecía adecuado, entonces era obra del destino irse. Tampoco era muy creyente de una fuerza moviendo los hilos, pero si esa única vivienda de renta considerable y cercanía al hospital no era mala, tenía que significar algo.

Así pues, el lunes por la mañana que tenía libre, programó una cita con la dueña y se presentó al edificio adosado para recorrerlo personalmente, con la finalidad de explorarlo más allá de las imágenes.

Poco antes de que Kobayashi-san apareciera, comprobó que el vecindario era decente y la distancia del edificio hacia la estación del metro era relativamente corta, aunque en un día relajado podría hacer el camino de regreso del hospital a pie. Era un punto muy favorable.

Al llegar la dueña, apreció el interior del edificio gris de seis pisos, que estaba decorado en tonos azules y tenía un ascensor que funcionaba, si bien no le molestaba subir hasta el quinto nivel, donde estaba el apartamento para rentar. Dicha vivienda tenía buen tamaño con sus tres habitaciones, que consistía en dos dormitorios y una sala de estar amplia que compartía espacio con la cocina, y un baño; era de estilo contemporáneo con sus colores beige, blanco, negro y gris repartidos en las paredes y el mobiliario. Kobayashi-san le había asegurado que fue recientemente remodelado y era notable.

La renta le parecía una ganga, sobre todo porque con el poco tiempo que pasaría allí no se excedería con los gastos de los servicios que no venían incluidos en la oferta, como la calefacción, de tipo individual.

Al ser alguien que no tomaba decisiones precipitadas, acordó con la dueña que al día siguiente a primera hora le tendría una respuesta.

Pero al abrirse las puertas del ascensor supo que no viviría allí.

—Aihara-san, buenos días —saludó la pelinegra al sorprendido hombre que había llamado al elevador en el piso cuatro.

—Shigeo-san, buenos días —dijo él extendiendo la mano para que las puertas no se cerraran.

El mejor amigo de su padre pestañeó y asintió.

—¡Se conocen! Qué casualidad —comentó Kobayashi-san al mismo tiempo que el chef les daba los buenos días y entraba a la cabina. —Estaba mostrándole a Irie-san mi apartamento. Me acabo de casar y a mi esposo y a mí nos irá bien con un ingreso extra.

—Felicidades, Kobayashi-san —manifestó Shigeo-san con una de las sonrisas afables que le caracterizaban, haciendo un buen trabajo para no mostrar que era incómodo encontrarse allí.

De todos los sitios.

Había hecho caso omiso a lo cerca que estaba el restaurante; nunca se le habría ocurrido que los Aihara vivían allí.

—Sería muy agradable tener un inquilino que conozca a uno de mis vecinos.

Naoki hizo un movimiento lacónico al asentir. Habría sido bueno si fuese otra persona; no obstante, estaba seguro que él vivía con su hija y ni loco se iría a meter a ese sitio bajo tales condiciones.

Asumiendo que querría hablar con su conocido, Kobayashi-san se despidió de ambos en el vestíbulo, quedando en tomar su llamada al día siguiente. Casi la podía ver saltar por encontrar a un arrendatario con buenas relaciones, pero se llevaría una decepción; de todas maneras, no dudaba de que ella encontraría a alguien rápido.

Shigeo-san se aclaró la garganta cuando se quedaron solos. Podían haber partido, pero no eran groseros el uno con el otro. —Parece que buscas independizarte de nuevo, Naoki-kun.

—Estoy considerándolo viendo opciones.

—Espero que encuentres lo que necesitas. Y… ¿cómo estás? La última vez que nos vimos fue en el día del padre el año pasado, ¿no es así?

Afirmó con la cabeza. Lo habían celebrado en el restaurante siete meses atrás.

—Bien —mintió con fluidez. No sabía qué tanto hablaba con su padre, aunque sabía que no se entrometería; era prudente. —Estoy trabajando en una tesis y me encuentro en el Departamento de Medicina Interna. ¿Y usted?

—Muy bien, el negocio se encuentra estable; ya se acerca San Valentín y tendremos mucha más actividad. Y… no recuerdo que Iri-chan mencionara el hospital donde trabajas. ¿Dónde…?

Shigeo-san pareció percatarse de que todo su cuerpo se tensó.

Ella no le había dicho.

Sintió una cosa extraña instalarse a la altura de su caja torácica.

—Estás en el Hospital Universitario de Tonan, ¿verdad? —preguntó el mayor tras humedecerse los labios.

—Sí.

El chef desvió la mirada con más incomodidad de la que tenían al principio de su conversación. Generalmente al encontrarse persistía la tensión, pero esa era como un elefante al lado de una ballena azul.

—Yo pensé que con el derrumbe ridículo de mi casa había visto de todo —murmuró para sí el mejor amigo de su padre, rascándose la cabeza.

Otra persona había reído histéricamente al oírlo. Coincidir en el hospital y en ese edificio era demasiado… sin tomar en cuenta que el amigo a quien su progenitor ofreció ayuda tenía una hija que se le había confesado.

—Entonces sabré a qué hospital ir cuando tenga una emergencia. Eres un joven muy confiable, Naoki-kun. Y sé que tendrás mucho éxito en tu carrera.

Shigeo-san era un adulto sensato que fácilmente podía provocar agrado en los otros y admiraba esa cualidad, quizá aprendida de su profesión.

—Gracias.

—Habría sido grato tenerte como vecino, pero entiendo por qué no lo harás. No te quitaré más tiempo. Cuídate, Naoki-kun.

Le agradeció con la cabeza y caminaron hacia la puerta de entrada. Al salir, tomaron rumbos separados, como les obligaba a hacer las circunstancias.

Él se detuvo y miró sobre su hombro a la figura que se achicaba al alejarse, lamentando que ese buen hombre no pudiera ser significativo en su vida.

Pero se reprendió tan pronto como lo pensó.


NA: Hubo un ligero cambio de planes con el punto de vista de Naoki, pero aun sufre ja,ja.

Creo que solo en INK me valen tantas casualidades, es que el universo de presta para eso. XD

Este Irie. No hay nada en toda la historia original que más me hubiera gustado leer, que sus celos por Keita. Me habría encantado su malestar por el estudiante de enfermería y el momento en que se sintiera estúpido cuando Kin-chan lo aclarara.

Besos, Karo.


Samy: Ja,ja, sí me estoy tardando un poco, qué cosas con este fic, pero de este año no debe pasar el final (creo).

Raz: Sí, algo a nada, Kotoko trató pero ya queda en él XD. Naoki es un idiota que no se da cuenta de lo que tiene en sus narices por su orgullo, es obvio que ella lo mira igual que antes, pero tiene la visión obstruida. Lástima que abrirá los ojos de mala manera ja,ja. Ay, qué feo con tu internet, pero qué bueno que aun tienes oportunidad para leer y más que ahora tienes fiebre INK... lo malo es que son tan poquitos fics en el fandom T-T. A Kotoko le falta psicólogo y una vacuna contra Irie, a ver si así le repele de algún modo. / Cuídate también.