La historia que dejamos pasar
Capítulo 17
Frente a la puerta de la residencia Irie, Kotoko podía sentir la ansiedad de Konomi a su costado, ya que iba a enfrentarse a la familia de su novio por primera vez. A su vecina le tranquilizaba tenerla ahí y saber de ella que ambos padres eran sumamente agradables, pero era comprensible temblar por un evento como ese. En su lugar estaría temblando; ¿qué pensarían de su aspecto, de sus modales? ¿Les gustaría el postre que había preparado? ¿La ropa era adecuada para la reunión? ¿Algún comentario ofendería a los señores Irie? Y la lista podía seguir, incluso si hubiera oído que la pareja era tolerante hasta los extremos.
—¿Segura que habrías estado más nerviosa acompañada de Yuuki-kun? —inquirió tras presionar el botón del timbre.
—Yuuki-kun no lo entendería, ya conoce a mis papás y lo hizo mientras no éramos novios. Además, nada de él lo avergonzaría frente a los adultos. Al saber que empezamos a salir, mis papás se sorprendieron y declararon que si lo quería ya podíamos casarnos… solo el hijo de una familia nobiliaria sería mejor.
Rió.
—Lo sé. Las simples mortales nos acompañamos. Pero, ¿te confieso algo? Mi primera impresión con los Irie fue no saber kanjis de tercer grado, y tenía diecisiete entonces.
—Yo tampoco soy buena con ellos —susurró Konomi.
La puerta se abrió en medio de su ola de risas.
Yuuki frunció el ceño, agitó la cabeza y sonrió.
—Llegaron a tiempo, Satoru y Keiji me enviaron un mensaje diciendo que están en camino. Es mejor que mamá se lleve la sorpresa con testigos íntimos. Pasen.
—Traje tarta de queso, sé… que te gusta. —Konomi alzó el recipiente y su novio asintió con ojos brillantes, recibiéndolo.
Kotoko sonrió; eran muy lindos.
—Gracias. Denme un momento para dejarlo en la cocina y pedirle a mamá que…
—¿Quién es, Yuuki-kun! —La voz de su madre le hizo callar. —¿Kotoko-chan?
A los pocos segundos de preguntar, Noriko-san apareció a final del pasillo, secándose con el mandil sin alzar la mirada.
Kotoko le dio un empujoncito a su vecina, que ya había terminado de ponerse las pantuflas ofrecidas.
—Sí. Y mi novia.
—Bien. Y tu nov…
Noriko-san elevó la cabeza con tanta rapidez que debió dolerle el movimiento.
—¿Novia? —Los ojos de su tía parecían salirse de sus cuencas, observándoles de hito en hito. —¿No… novia? ¡Novia!
Una carcajada histriónica salió de la boca de Noriko-san, que se cubrió el rostro con ambas manos.
—¿Qué le pasa? —susurró Kotoko a Yuuki, quien se encogió de hombros. Ya le había dicho que ella sabía que estaba enamorado y era fácil asumir que podía haber una persona cuando manifestó que llevaría a alguien "muy importante".
—¿Está todo bien? —murmuró Konomi al ver que la mayor daba un giro de trescientos sesenta grados.
Yuuki le dedicó una mirada de alarma, la cual seguramente ella compartía.
—¿Oba-sama?
—Yo, oh, discúlpenme. Es la emoción. —Noriko-san se puso firme y esbozó una gran sonrisa hacia ellos. —¡Yuuki-kun tiene una novia! Y eres tan bonita, ¿cómo te llamas?
Noriko-san se aproximó a ellos con la mirada puesta en la pelinegra, que se acomodó un mechón detrás de su oreja, pretendiendo no haber visto esa conducta extraña.
—Sagawa Konomi, mucho gusto, Irie-san. —Cuando se incorporó, Noriko-san la abrazó.
—Estoy feliz de conocerte, Konomi-chan. No necesitas tanta formalidad, con oba-san estoy bien. Mi hijo tiene buenos gustos. ¿Cómo se conocieron? ¿Cuánto tiempo llevan juntos?
—Mamá.
—Sí, por eso pedías que me comportara. Cierto.
Konomi soltó una risita. —Traje tarta de queso.
—¡El postre favorito de Yuuki! Eres perfecta.
—Ella es mi vecina y también se graduará de Tonan este año.
—Tu vec… ¡oh! Eso lo explica todo. No eres de la misma clase que Yuuki-kun, ¿verdad?; no creo haberte visto con el grupo.
—No, de la F.
—¡Estupendo! La Clase A es tan aburrida y demuestra una vez más que mi hijo no tiene esos tontos prejuicios por los grupos. Satoru-kun y Keiji-kun son de la Clase C, pero aman los videojuegos tanto como Yuuki-kun.
Kotoko no sabía eso y se alegró, restándole importancia a sus dudas por el comportamiento de minutos atrás. Daba lo mismo ahora.
—Sé que cuidarás bien de mi hijo, Konomi-chan. Escogió bien; y si Kotoko-chan te aprueba, eres la indicada.
La muchacha se sonrojó.
—Iré con Kotoko-chan a dejar el postre a la cocina. Ustedes pónganse cómodos en la sala, les llevaremos unas bebidas. ¿No te importa, Kotoko-chan?
Rió entre dientes. —Para nada.
Los dos jóvenes se dirigieron a la sala de estar, mientras ella y Noriko-san fueron a la cocina, donde la mayor hizo un baile de felicidad que trajo una sonrisa a su rostro. Sabía lo mucho que amaba que Yuuki tuviera una novia, a quien podía ver como la hija que nunca tuvo.
—Konomi-chan es tan linda, cuéntame de ella… no, no, no, mejor uso el tema como excusa para platicar. Y Yuuki-kun se ve tan enamorado; entiendo sus visitas a tu casa, se lo tenía tan bien guardado. Oh, ellos dos hacen una pareja tan bella. Tendré unas fotografías hermosas de los dos juntos. ¿No lo piensas, Kotoko-chan?
—Sí. Lucirán geniales.
Con la misma soltura de antaño, procedió a abrir el refrigerador para sacar una botella de gaseosa, que repartió en vasos para los cuatro.
—Papá estará tan asombrado, no creía en mi instinto con Yuuki. Es una noticia tan maravillosa, no cabe en mí la alegría. Una situación buena después de tanto tiempo sombrío. Ay, Kotoko-chan, te dejé hacerlo sola. Perdona, en mi emoción me olvidé.
—No se preocupe.
—Llevémoslo entonces y esperemos a que lleguen los amigos de Yuuki-kun. Aprovecharé a conocer un poco a la novia de mi hijo. —Noriko-san emitió una risa exultante. —Me encanta esa frase. La novia de mi hijo.
Ambas dejaron la cocina para ir a la sala de estar, donde Yuuki y Konomi conversaban animadamente sentados en el mismo sofá, al parecer del tráiler de una película que querían ver.
Se unieron a ellos y la mayor parte de la plática giró en torno a la vida de su vecina, hasta que llegaron los carismáticos amigos de Yuuki y hablaron de sus planes universitarios. Satoru-kun, de ojos y cabellos color miel, estudiaría Informática, y Keiji-kun, cuyos orbes oscuros como su pelo expresaban gran amabilidad, sería enfermero como ella, dándole una oportunidad de charlar cómodamente con el joven.
A la llegada de oji-san, este se tomó con mucho agrado la presencia de Konomi, que terminó de relajarse por el buen recibimiento de los padres de su novio.
Un rato más tarde, antes de sentarse a cenar, Kotoko y la adolescente se excusaron juntas para ir al servicio.
—Te lo dije, Konomi-chan. Estoy segura que ya te quieren —manifestó conforme se lavaba las manos.
Su amiga se mordió el labio inferior.
—Solo falta que Yuuki-kun y su hermano estén en mejores términos.
Kotoko suspiró.
—Sí… hay algo que debo decirte. Tal vez no sea el mejor momento para hacerlo, pero… entenderás un poco por qué están peleados. El hermano de Yuuki-kun es el hombre con el que iba a casarme.
La pelinegra abrió la boca desmesuradamente unos segundos y luego se lanzó a abrazarla.
—Eres muy fuerte, Kotoko-san —susurró Konomi a su oído, apretando su agarre.
—Él me odia, con justa razón. Lo dejé plantado en el altar y desde aquel año ambos hermanos se separaron porque Irie-kun lo decidió… y en noviembre Yuuki-kun no lo soportó más. Yo… tal vez debería alejarme de los Irie para no causar más problemas, pero ellos son mi familia, vivimos juntos por varios años y… no puedo sacarlos de mi vida. Les amo y son muy importantes para mí. Soy egoísta, ¿no?
—Yo creo que eres valiente y no eres egoísta por tener a quienes amas y te aman cerca. Además, estás hoy aquí porque el onii-san de Yuuki-kun no se encuentra. Si él hubiese querido estar presente, tú no habrías venido.
—No. Lo último que quiero es causar más problemas de los que he hecho. Bastante fue el error de terminar las cosas con Irie-kun de manera precipitada e incorrecta. —Desinfló su pecho. —Mejor regresemos, hemos tardado un poco.
Konomi volvió a apretar su abrazo y se separó.
—Me alegra haberte conocido, Kotoko-san.
Sonrió y asintió.
—Y yo a ti, Konomi-chan.
En silencio, hicieron el camino de vuelta. Al escuchar que una inconfundible voz masculina decía que cogió el tren bala para llegar a tiempo, Kotoko se paralizó ante la puerta.
Su corazón palpitó con locura hasta ser lo único que pudo escuchar en sus oídos.
Konomi le tiró de la manga de su blusa. —Kotoko-san… ninguno de los otros hablaba así… es… —murmuró.
—Sí.
Sintió la mano suave de Konomi en la suya, dándole apoyo.
—Creo que lo mejor será que me vaya…
La frase murió en sus labios cuando la puerta desapareció de su visión y se encontró con los ojos asombrados de Irie-kun arriba del rostro de alarma de Noriko-san, quien había abierto.
Un maremoto de tensión cubrió el ambiente y provocó un silencio incómodo para todos los presentes, incluso tensó a aquellos que no entendían lo que pasaba.
—Ya están de vuelta —dijo Noriko-san casi gritando. —Onii-chan pudo venir a tiempo para celebrar con nosotros. Es una sorpresa.
—Si no tenía contemplada una persona más, yo podría retir…
—No, no, Kotoko-chan, uno más no es problema —le cortó su tía robándole su solución a la incomodidad del momento. —No, Yuuki-kun se sentiría muy decepcionado si te vas. Somos familias amigas, tarde o temprano tenía que pasar. Trabajan juntos, ¿qué es una cena? Y somos adultos civilizados, ¿verdad?
Kotoko abrió su boca para replicar.
—Además, papá dijo que las llevaría a ambas a casa, ya que los chicos se quedan a dormir. Konomi-chan es tímida y le apenaría ir sola con papá o conmigo, sin Yuuki-kun.
Atrapada, porque su vecina podía ofrecer irse, ella cedió.
—No importa, madre, estoy aquí por Yuuki.
El tono rígido de Irie-kun seguramente no engañó a nadie, pero Noriko-san aplaudió emocionada y se giró a su hijo, que pasó por su costado y se detuvo frente a ella para indicar que quería salir.
Kotoko tragó saliva congelada por los gélidos ojos violetas que la traspasaban con estacas de hielo.
—Espera antes de que laves tus manos, onii-chan. Yuuki-kun, ¿no crees que debes hacer algo?
Aprovechando la intervención de Noriko-san, Kotoko se escabulló por la derecha de Irie-kun, estremeciéndose cuando el dorso cálido de él rozó su muñeca, simulando una caricia secreta.
Se chocó con Yuuki, que tenía una expresión combinada de desconcierto, incomodidad, recelo y júbilo. Sin necesidad de cuestionarle, supo que le gustaba el esfuerzo que su hermano había hecho para estar ahí.
—Lo siento.
Yuuki negó y ella se alejó hacia la mesa, recibiendo una sonrisa de disculpa de parte de Shigeki-san.
—Onii-san, ella es mi novia, Sagawa Konomi.
Desde su posición, pudo ver que en el perfil de Irie-kun aparecía una curva pequeña en su boca, luego de dos parpadeos. ¡No la desdeñaba!
—Gusto en conocerte, Sagawa-san. Cuida de mi hermano.
En medio de su inclinación, Konomi asintió.
—Un gusto también, Irie-san.
—Bien, apúrate entonces, onii-chan, para que podamos empezar.
Cuando Irie-kun salió, todos se acomodaron en la mesa, mirándose unos a otros, como seguían hasta que el comensal restante se unió. El matrimonio Irie tenía los lados opuestos de la mesa; a la derecha fueron ubicados Yuuki, Konomi y Keiji-kun, mientras que, del otro lado, Satoru-kun estaba en medio de ella e Irie-kun, sentado junto a su padre.
Era la mejor manera de distribuirlos para que ella y él no cruzaran sus ojos durante el transcurso de la cena, aunque eso obligaba a los hermanos a tenerse cara a cara, haciendo que Irie-kun visualizara el recelo en el rostro de Yuuki.
La comida fue repartida y Kotoko lamentó que la buena atmósfera de media hora antes se hubiese esfumado, dudando por no haberse ido. Nunca habría sospechado que Irie-kun llegaría, o no estaría ahí.
¿Por qué, si con su seriedad era predecible, tenía que hacer algo desconcertante?
Sin embargo, demostraba así que quería a Yuuki y otra de las cosas que le hizo amarlo.
—Y, bueno, Kotoko-san, quedaste en platicarnos la anécdota del perro en Akita.
Keiji-kun sonrió con su comentario y ella casi pudo besarlo por intentar romper el hielo. Rió de solo recordar de lo que hablaba; había estado por narrarles la divertida situación y no sabía qué le hizo interrumpir el tema.
Creyó oír el golpe de palillos contra cerámica a su derecha.
Apagando su risa, asintió y comenzó a relatarles los eventos como escuchó de diferentes fuentes, no solo de los implicados y los testigos, sino de la repetición por parte de sus familiares. Fue justo el año en que se convirtió en enfermera.
Okada-san, un oficial de la estación de trenes, iba a comer un sándwich en el cubículo y se quitó su gorro de plato, el cual dejó a un lado en la mesa. Antes de quitarle el envoltorio, sonó el teléfono y se levantó a contestarlo, depositando la comida sobre su gorro; entretanto, un perro, Daiki, se coló por la puerta entreabierta del cubículo y se llevó el sándwich con la prenda del funcionario, que se dio cuenta y se disculpó rápido de su llamada para ir en la persecución del animal. Mientras corría detrás del veloz Daiki, notó que tenía un collar y a los pocos metros de su carrera apareció Yamauchi-san, el dueño, casi con la lengua de fuera.
Tan vertiginoso era Daiki que llevaba largo tramo de aventura sin agotarse; pero lo que continuaba de esta tras coger el bocadillo del oficial, estuvo lleno de reveses. Asustó a la anciana, Watanabe-san, que fue a consulta por una mínima subida de glucosa; Matsuoka-kun, un adolescente, se torció el tobillo queriendo atrapar al perro y también acudió al médico; el pequeño Hiroaki-kun tuvo un accidente con su bicicleta al moverse para no ser arrollado; Emiko-san se empapó con el contenido de la cubeta que usaba para sus preciadas flores.
Esa agua hizo resbalar fuertemente a Okada-san, quien pegó un grito, el cual atrajo a Daiki hacia a él y concluyó la travesía, permitiendo que Yamauchi-san le pusiera su correa antes de desmayarse deshidratado. El oficial terminó con una leve contusión y Emiko-san, quien tuvo un resfriado el día siguiente, acompañó a ambos mientras esperaban por la ambulancia. Ella y Okada-san se enamoraron al comprobar mutuamente que estaban bien y el año anterior, en agosto, se habían convertido en marido y mujer.
—Ninguno sufrió algo grave y todos estaban perfectamente la última vez que los vi —aseguró, para justificar la gracia que le daba todo eso. —Ah, y los Okada decidieron que adoptarían un gato.
Su final causó que llovieran carcajadas.
—Qué perro tan intrépido, mi querido Yoshi es un holgazán —comentó Satoru-kun al recomponerse, empezando a describir con cariño a su amigo canino.
A partir de ahí la situación se alegró un poco; si bien Irie-kun apenas participó con unos comentarios, fue mejor de lo que habían previsto con su llegada.
Y creyó que tal vez las cosas se volvían como debían haber sido desde el primer momento que pisó esa casa.
(El romance había sido una ilusión pasajera que la haría sonreír y llorar hasta su muerte.)
NA: ¡Hola!
Dato adicional que a nadie le importa. Satoru, el amigo de Yuuki, lo pensé como el chico al que Moto-chan le toma el pulso durante las escenas finales del capítulo 24 del anime.
En fin, este es relleno, porque el que sigue es importante, finalmente Irie sabrá la verdad XD, ¿alguna idea? Me tienen muchas esperanzas al creer que la cena va a ser show.
Besos, Karo.
Randa1: Ja,ja, ¿es que hay videntes leyendo? Si madre e hijo se unen como espías serían la perdición para cualquiera, comenzando por ellos mismos, sus cabezas les crearán historias de miedo, ya con el orgullo en la basura y unos celos que no se enfrían ni en el polo sur, ay de ese par. / Gracias por comentar.
Raz: Ay, ¿por qué creen que la celebración será buena? Si son una gran familia y nada pasa bajo el techo de los Irie. / Sí, se armó una pequeña confusión por dos malpensados que ven cosas donde no las hay. / Exacto, a Naoki le falta ser como su hermano, aunque sea un poquito, sería una historia muy diferente la vida de Kotoko, quien, por su parte, no se da cuenta de lo que hace Nishigaki, pero sirve para hacer sufrir al Irie ja,ja. / Je,je, sí debo admitir que estos capítulos son muy cortos, no llevo mucho en mi documento, pero siento que es más fácil de relatarlo así. / Gracias por tu review. Cuídate y besos.
Liz Steel: Gracias a ti por leer mi fic, espero que disfrutes de este y los demás. ¡Besos!
