La historia que dejamos pasar
Capítulo 35
Tras despedirse del animado Sudou-senpai, Kotoko prácticamente corrió al encuentro de Naoki-kun para hablar con él.
Lo halló saliendo de una habitación y se interpuso en su camino mostrando una sonrisa, respondida con un levantamiento de cejas de parte del castaño.
—No puedo creerlo —enunció brincando de emoción. Rápido le enseñó el papel que ocultaba en su espalda.
Él cogió el rollo de papel con un poco de interés. Ella tuvo paciencia conforme desanudaba el listón lentamente y extendía la cartulina.
Sonrió aún más al ver que sus ojos se abrían.
—Ya van a casarse. Y en una boda en la villa de la pariente de Sudou-senpai. Nunca pensé que Matsumoto cedería a una celebración tan romántica, habrá caballos, un carruaje, flores y sus perros, él acaba de contármelo todo.
Naoki-kun rió entre dientes, rodeándola para quitarse de la entrada de la puerta.
—El poder del amor le hizo ser empleado del mes consecutivamente y acaban de ascenderlo a jefe de sección, es increíble.
Se le escapó una risita por el resoplido de él.
—Vamos a ir, ¿verdad? —Ocultó sus manos detrás de su espalda y balanceó su cuerpo. —Podemos pedir un día y cambiar un turno de fin de semana para tener sábado y domingo libres. Iremos en Shinkansen, es imposible que nos lo perdamos.
Y quería volver.
—¿Por qué nos invitaron juntos?
—Ah… esto, es que Matsumoto vino para una revisión hace meses y nos encontramos, hablamos un poco.
—¿Qué le dirás a tu padre porque viajemos los dos solos?
—Eh… no lo he pensado. ¿Eso significa que irás también?
Él le regresó la invitación tan perfecta como estaba al comienzo y asintió.
—¡Yey! —Levantó un puño en el aire. —Tengo que ver la cara de Matsumoto al estar rodeada de cosas cursis.
—Hay algo de lo…
—Aihara-san, qué bueno haberte encontrado sin buscarte, tienes que corregir una historia.
Shimizu-san se cubrió la boca al darse cuenta que interrumpió a Naoki-kun, en tanto Kotoko abrió la suya por la llamada de atención. ¿Escribió algo incorrecto en una historia? ¿Cuál era?
—Disculpe, Irie-sensei.
—No se preocupe, Shimizu-san, ella solo debe tomar una muestra para un paciente mío. Les dejo solas, tendré cirugía.
—Ah, sí, Irie-sensei.
Él asintió y partió.
—Aihara-san, corrige tus errores tan pronto termines. —La Jefa de Enfermeras de Cirugía le entregó la historia en mención y se alejó también.
Leyó y se puso a analizar lo que apuntó, preguntándose en qué se había distraído para colocar letras donde iban números y no notarlo al revisar. Hasta el momento marzo era tranquilo.
Se encogió de hombros. Tenía que verificar sus anotaciones personales y colocar la información correcta.
Pero primero…
Gimió en voz alta porque Naoki-kun no le había dicho a qué paciente se refería. Apurada, corrió en su dirección para alcanzarlo antes de que entrara a su cirugía.
{…}
Kotoko nunca habría creído que llegaría el día en que Naoki-kun empleara a su hermano como tapadera para verla, pero sucedió. Los hábitos de su madre se le habían contagiado, aunque lo negara enfáticamente, pues de lo contrario no habría instruido a Yuuki para anunciar a sus padres que ambos saldrían solos para mejorar su relación y que si les seguían los dos serían conscientes de ello y podrían echar a perder el momento.
¡Naoki-kun había usado a su hermano!
Era sorprendente. En lugar de adelantar la relevación de su noviazgo, Naoki-kun prefirió entretenerse con un plan maquiavélico.
Yuuki se prestó a él porque le pareció divertido y le convenía, ya que los cuatro visitarían la playa.
Konomi y ella tendrían que evitar a Noriko-san hasta que perdieran el color adquirido o dejarían la realidad en evidencia. Ambas se quemarían porque eran de piel blanquecina y no importaba todo el bloqueador que usaran, a diferencia de los dos hermanos con pigmentos más favorecidos por los rayos del sol. Los Irie se verían dorados al término de ese día.
Tampoco haría diferencia que el cielo tuviera más nubes por ser primavera, estación escogida para esa aventura por la menor afluencia de personas a la playa, que les permitiría disfrutar más y detectar cualquier disfraz de la única Irie, pese a las vueltas dadas por el automóvil para perder a todo transporte sospechoso.
(Ambos hermanos eran paranoicos, sin lugar a dudas.)
—No se enterará así.
Ella miró a su derecha tras las palabras de su novio, que sabía lo preocupada que le ponía el secretismo y esa hazaña.
—Tengo mala suerte, algo malo puede pasar.
Naoki-kun rió entre dientes. —Si llega a saberlo antes de lo que acordamos, asumiré toda la responsabilidad. Creerán fácilmente que te convencí de no decirles. Mi madre te perdonará rápido.
—De acuerdo. Disfrutaré de mi domingo libre.
Se estiró y recostó en la tumbona portátil, relajándose bajo la sombra de la sombrilla. Nadaría más tarde, porque Konomi había exclamado que el agua estaba fría al entrar con Yuuki hacía unos minutos.
Naoki-kun se levantó y se quitó su camisa, mostrando el abdomen atlético que solo un genio como él podía mantener con las horas de trabajo que tenía. Se sonrojó poco, debido a que un par de veces las visitas a su casa habían terminado con ellos sin sus prendas superiores; medio año atrás habría terminado como la sandía que tenían unos adolescentes a varios metros de allí.
Él le dio un asentimiento y fue al agua, donde empezó a nadar.
Se dio cuenta de las miradas de apreciación que él recibía de otras partes y gruñó. Podían disimular más. —¿No se dan cuenta que vino conmigo? —masculló cruzándose brazos. Era imposible no reconocer su atractivo, pero cuando iba en compañía, mejor la discreción.
Suspiró y observó a sus tres acompañantes en el agua. Un rato más tarde, Konomi le dejó la pelota a Yuuki y fue hacia ella, o a sus cosas, debajo de la otra sombrilla.
—¿Te has aburrido del agua? —inquirió curiosa.
—Ellos pueden pasar un tiempo juntos. ¿Quieres hacer un castillo?
—Nunca lo he logrado.
—Yo tampoco, pero podemos intentarlo.
Rió y se paró de su asiento; Konomi buscó en su cartera y fue hacia una tienda. Entretanto, Kotoko prestó atención a los dos Irie, los cuales habían comenzado a jugar voleibol a instancias de Yuuki.
Su amiga regresó con dos cubos y palas pequeños. Entusiastas, se sentaron en la arena a poca distancia del agua, donde pudieran obtener arena húmeda. Las dos hicieron varios intentos, mas constantemente se distraían para mirar a sus novios.
No solo ella se sentía feliz de que ambos recuperaran su relación. Era maravilloso que los hermanos se llevaran bien después de años separados; la camaradería que existía había vuelto, hasta más fuerte que antaño. Konomi, quien no la conoció, podía ver el lazo estrecho de la actualidad.
Y Naoki-kun no se lo decía concretamente, pero le alegraba. Como le aseguró a Yuuki años atrás, lo quería.
—Iré a buscar conchas —le dijo a Konomi poniéndose en pie. —Adornaremos este… ¿caparazón? —Rieron a la par—. Bueno, nuestra escultura se verá más bonita.
Su amiga asintió y Kotoko se alejó con uno de los cubos, poniendo atención a la arena en su camino.
Escuchó una exclamación contenta de Yuuki y lo miró. Tenía un puño en alto; debió haber ganado o hecho algo extraordinario.
(Lo primero también lo sería, de cualquier modo. Ganarle a su novio era difícil.)
Llevó una mano en su pecho con los ojos humedecidos. Estaba satisfecha de cómo Naoki-kun puso su orgullo a un lado para conseguir ese logro. Le hacía enamorarse todavía más de él. Si lo amaba cuando sus fallos eran enormes, ahora no había manera de no querer a…
—¿Qué es tan interesante?
Frunció el ceño por la pregunta hecha a su espalda, de una voz masculina con acento extranjero.
—¿Se ha equivocado con su pronunciación? —Le golpeó un olor a cerveza al encarar al desconocido. Era un moreno de piel aceitunada y ojos verdes que lucía como modelo de revista occidental.
—Soy profesor de japonés.
Que evidentemente no estudió la cultura, pensó ella dando un paso hacia atrás para quitarlo de su espacio personal.
—Vengo de Brasil. Estoy de vacaciones.
—Espero que lo pase bien —deseó con una leve inclinación de cabeza.
Él sonrió coquetamente y se acercó de nuevo, extendiendo su brazo para coger su muñeca.
—No —farfulló esquivándolo, comenzando a enfadarse. Claramente no era desconocimiento de las costumbres japonesas, sino un acoso.
—Ah, mis modales. Todas quieren un nombre antes. Te lo diré si… —El hombre tuvo el descaro de querer repetir su intento previo.
Una mano se posó en su cintura y otra detuvo la acción del brasileño. Kotoko respiró de alivio al reconocer a su novio y no algún amigo del turista.
—Ella no está interesada —espetó Naoki-kun con voz de acero.
Él comenzó a guiarlos de vuelta a donde se encontraban los otros. Yuuki ahora estaba sentado junto a su novia, ceñudo en dirección del moreno.
—¡Fingía ser tímida! ¡Me incitó! —Kotoko gruñó. —¡A los guapos nunca nos rechazan! ¡Lo sabes! ¡Ah! ¡Vamos! ¡Sigamos jugando! No quiero nada serio, solo un poco de diversión de verano, podemos disfrutar los tres.
Ella jadeó y cogió el brazo de Naoki-kun cuando él se separó con la intención de regresar.
—Vamos con un policía, ¿sí? —susurró frotando su piel para que le hiciera caso. Era desagradable para ella ese tipo, pero no caería en su juego y prefería que la autoridad se encargara.
Naoki-kun pasó su brazo por sus hombros, pegándola a él sin importar que estuvieran a la vista de todos. Notó que ella había estado temblando, igual que él, y ese gesto sirvió para apaciguar parte de la intranquilidad de los dos.
Con el policía de la playa, tenso, él le describió al turista e hizo un dibujo bastante acertado de este, mencionando unas normas violadas para darle un escarmiento.
Mientras regresaban, Naoki-kun permaneció callado unos momentos, hasta que expresó: —Disculpa. Hace años me disgustó la actitud impropia en el transporte y ahora me doy cuenta que debí enfurecerme. Y eso es solo un grano de arena en un desierto.
Suspiró, no había que replicar. Él era bastante listo para analizar las cosas.
Naoki-kun volvió a quedarse en silencio. Un par de metros después la sorprendió abrazándola; había gente cerca.
La garganta se le cerró.
—Nunca había sentido una furia más grande que estando celoso de Nishigaki —murmuró él acariciando su espalda con suma ternura.
Su actitud y comentárselo lo demostraba.
—Sin embargo, no eran celos. —Él posó su mano en su cabeza y solo movió su pulgar delicadamente. —¿Cómo estás?
Su gesto de cariño la hizo terminar de disipar la tensión en sus hombros. Al tener su apoyo y creer en ella y no en el extraño, se sentía mejor.
—Más calmada, quiero volver con Konomi-chan y Yuuki-kun.
Él la dejó libre y continuaron yendo a su destino, no sin que ella cogiera su mano antes —la cual Naoki-kun no soltó.
—¿Estuviste celoso de Nishigaki-kun? —Hacía mal en cambiar de tema, pero sentía curiosidad de esa información.
Naoki-kun se presionó el puente de la nariz.
—Desde que declaró amarte con pasión y sus intenciones de hacerte su esposa en mi cara.
Justo cuando comenzaría a convivir más con ella por la supuesta enamorada. Su amigo era malvado en su método de hacer reaccionar a Naoki-kun.
Fue inevitable reírse de imaginar ese terrible estado que ella tuvo constantemente años atrás, en su máximo nivel al presenciar sus citas con Sahoko-san y aquella vez que se quedó por horas en el apartamento de Matsumoto.
Él bufó.
Nada más se dijo entre ambos y se encontraron de nuevo con los menores, quienes estaban muy concentrados en la arena.
—¿Todo bien? —preguntó Yuuki, el primero en notarlos.
Ella asintió y se sentó junto a Konomi; su amiga inmediatamente le dio la mano, en una muestra de comprensión y compañía.
—¿Quieres irte, Kotoko? —cuestionó su joven cuñado con suavidad.
Agitó la cabeza. —Si lo hacemos permitiré que ese hombre arruine nuestro día.
No le otorgaría tanto poder.
Sonrió.
—Naoki-kun, Yuuki-kun, ayúdennos a hacer un enorme castillo.
La mejor medicina para ella era tenerlos cerca en ese momento.
{…}
El hermetismo de su padre empezó a inquietar a Kotoko. Hacía varios minutos le había comunicado que viajaría con Naoki-kun para ir a la boda, usando la explicación dada por él de que irse al mismo tiempo les haría tener compañía en el tren, y desde entonces su padre no hablaba.
¿Le parecía mala idea?
¿Sospecharía de su noviazgo? Tal vez debieron adelantar el momento de anunciarlo, que sería en julio, un mes más tarde de su primer aniversario juntos.
—¿Papá? —emitió con tono quedo.
Él suspiró.
—Solo pensaba un poco en una conversación que tuve, disculpa. —Su padre sonrió. —Me alegra que tú y Naoki-kun tengan una buena relación a pesar de que son ex prometidos.
—Pudimos hablar de lo que ocurrió, sabemos qué estuvo mal y quedamos en grandes términos. El tiempo ayudó.
—Fue generoso, sí. —Él volvió a suspirar. —Hija… ¿sigues enamorada de él?
Le extrañó que no lo supiera, si cuando conversaron respecto a su equivocada huida, ella le dejó claro su amor incondicional, algo que él entendió por el afecto persistente por su madre.
—No me gustaría que se repitiera el pasado —continuó él sin esperar su respuesta. —Un amor no correspondido que provoque dolor porque son amigos a causa de la cercanía de sus padres. Trata de ir con cuidado.
—Papá, ¿estás preocupado de que me ilusione otra vez?
—¿Todavía lo quieres? —preguntó su padre con evidente expectación.
Asintió.
—Eso es… ah… creía que… No importa. Hija, recuerda que la comunicación y el respeto son los que hacen triunfar a una relación, además del amor. Sé sincera y cuando algo no te guste, apártate un momento y reflexiona, en lugar de irte impulsivamente. No permitas que los sentimientos de menor ánimo te dominen al actuar, toma tu tiempo para tomar una decisión importante.
Era un buen consejo, pero no entendía por qué se lo estaba dando.
—De acuerdo.
—Sé feliz, Kotoko.
—Gracias por aconsejarme siempre.
Su padre le dio una palmadita en la mano.
—Entonces, ¿la boda es el próximo fin de semana? Deben haber planeado con mucha antelación para conseguir espacio en junio, muchos quieren casarse por estas fechas. Las villas siempre se ocupan rápido.
—Ah, el novio es familia de los dueños, es en Kiyosato, la villa que visitamos hace años.
Su padre se rascó el mentón asintiendo
—Diviértanse. Le diré a Iri-chan que haga planes con su esposa para que no caiga en la tentación de seguirlos.
Ninguno quería hablar mal de Noriko-san, pero se miraron comprensivos; su aprecio por ella no les hacía ciegos de sus intentos de ser espía y su obsesión de casamentera.
{…}
Kotoko dio dos giros de trescientos sesenta grados, encantada por su reflejo. El vestido verde aguamarina de estampado floreado y cuello redondo le sentaba espectacular; se sentía fresca, moderna y bien dotada con la manera que el corte realzaba su triángulo superior y marcaba su cintura. Asimismo, el estilo era alegre y gritaba su personalidad.
Agradecía a los novios por escoger una fiesta occidental.
En el espejo apareció la imagen de Naoki-kun y ella le observó con la mirada brillante. El traje gris y la corbata del mismo verde que el suyo lo hacían lucir muy apuesto.
Él había seguido su sugerencia.
Sonrió al notar su pasador plateado y la apreciación en el rostro de él.
—Vamos a la capilla.
Asintió y cogió su bolso, perdiendo el equilibrio por los tacones y un movimiento mal calculado.
Lo alcanzó en la puerta de su habitación y no les tomó mucho tiempo llegar a la capilla vecina, uno de los motivos por el que los dueños establecieran su negocio allí. Con ellos coincidieron Taketo y Ayako Nakagawa, ya casados y padres de un niño pequeño.
Estar en la ceremonia fue menos agridulce que la boda de Satomi años atrás, aunque se contagió de las lágrimas de Sudou-senpai al contemplar a Matsumoto, quien con su exquisito vestido blanco se veía hermosa. Era bella como una actriz.
…y se notaba enamorada del hombre, o no habría sonreído en la capilla y todos los sucesos posteriores de su fiesta de boda.
Al final no tuvo motivos para molestar a Matsumoto más adelante, porque los recién casados exudaban felicidad y eso era lo que importaba. Ambos habían escogido ese tipo de celebración acorde a sus creencias y debía respetarlo.
Así pues, cuando los despidió al término de la recepción, antes del crepúsculo, solo les deseó un matrimonio exitoso.
—Nunca pensé que Sudou-senpai conseguiría su sueño de casarse con ella —le susurró a Naoki-kun mientras la pareja partía en la carroza de caballos a rumbo desconocido.
Él sonrió de lado.
—Vamos a dar un paseo —pidió sujetándolo del brazo.
La falta de negativa fue su aceptación y ambos se alejaron de los invitados fuera del salón, adentrándose un poco más allá de los lindes del bosque, que él conocía muy bien por su antiguo trabajo de verano.
—No iremos muy lejos porque saldrán perros salvajes. —Le daba escalofríos de recordarlo.
Escuchó su sonido de acuerdo.
—¡Mira! Hay mariposas en el atardecer.
A su alrededor revoloteaban dos de esos animalillos, eran de color marrón y anaranjado.
—Su forma es extraña.
—Son esfinges colibrí. Mariposas que parecen pájaros. A veces vuelan en la oscuridad.
—¡Oh! Qué bonito, es una lástima que en ese verano no salieran. Tampoco luciérnagas.
Él adelantó el brazo para atraparla cuando su tacón se hundió en el suelo.
—Gracias, es increíble que sea la primera vez que pase, están hechos para el pasto. Satomi me aconsejó estos, le sirven mucho en las salidas sociales con Yuki-chan.
—Pueden ser peligrosas.
—Lo sé.
Ella se alejó de él y caminó hacia un árbol. No era el mismo que el de años antes, el cual probablemente tampoco reconocería, pero pensó en lo sucedido en ese bosque.
—Ey, Naoki-kun, aquí fue nuestro segundo beso. ¿No te parece genial volver a un lugar especial?
Sintió su presencia a su espalda, aunque no la tocó. Aun en medio de la naturaleza que invadía sus sentidos, fue capaz de percibir su calor, su respiración y su mirada, quemando en cada poro de su piel.
—Estoy contenta porque sugeriste que esta noche…
Se giró, elevándose en puntas para rodear su cuello con sus brazos. Él inclinó su cabeza atrapado en su mirada.
—También es un sitio importante para ti, ¿cierto? —musitó sobre los labios de él.
Cerró sus ojos al sentir su beso, embebida de los sentimientos que él provocaba en todo su ser. Era un hormigueo que se extendía desde las puntas de sus pies y terminaba hasta cada uno de sus cabellos, acompañado de luz, color y un calorcillo mágico que representaba cariño, seguridad, supervivencia, o lo que estuviese necesitando para sentir confort.
Era un encantamiento que la convertía en una muñeca frágil y poderosa, ciega e intuitiva, lista y tonta, buena y mala, todo al mismo tiempo. La absorbía y soltaba, ligándola sin perder su libertad.
Gracias a este regresó a su habitación y lavó su cuerpo en una nube, esperó por él en la última parte de la atmósfera de la tierra y recorrió el espacio estrellado en las siguientes horas de la noche.
…hasta volverse uno con el amor de su vida.
NA: ¡Hola!
La llegada de la jefa de Kotoko impidió que Naoki le sugiriera hablar de lo que podía ocurrir esa noche, que hizo en un momento entre esa escena y la última, para que no crean que era la extracción de sangre.
En la luna de miel me enojó demasiado que, en la escena cuando Kotoko no sabe que es un policía, centraran la cosa en reclamarle que mejorara su inglés y reírse porque creyó que era un acosador. Son preocupación y miedo reales la posibilidad de que te violente un varón, y aunque no ocurra, ser displicente al respecto es terrible, se hace sentir peor a la mujer (aun más, si no pasó, que menosprecien lo que sentiste por esa posibilidad, sobre todo de alguien que te importa, daña de forma todavía más grave). Por este motivo Naoki resultó un poquito mejor ser humano (cof, hombre, cof) al reaccionar de una manera diferente en un escenario donde había un hombre guapo hablando con su novia, pues otro en su lugar se habría puesto celoso y no pensaría que estaban acosándola, además de creer en las palabras del tipo.
Por otro lado, ya los niños se llevan mejor que planean sus escapadas con las novias juntos. Ah, qué pillos; ¿creen que Noriko sospeche?
Y no les voy di delicioso porque quería que fuese un poco más ¿espiritual? ¿simbólico? Como se mencionó en el pasado, el bosque fue donde Naoki ya no se pudo negar que la quería, donde ocurrió el beso que eventualmente les separaría. Ahora lo recordarán donde hicieron el amor por primera vez. Como nota, en el manga, no solo Yuuki, Kotoko, Kin-chan y las Matsumoto van a la villa, sino que lo hacen los adultos, por eso la plática de Shigeo con Kotoko él lo entiende.
Hablando del papá, en esa conversación él está pensando en Naoki, creyendo que esa vez es amor no correspondido para el Irie. Y porque, pase lo que pase, Shigeo deja claro que quiere la felicidad de su hija, aunque no le resuelve diciéndole que el otro la ama, sino que la deja que ella misma maneje su asunto con la comunicación.
En fin, espero que disfrutaran el capítulo, el próximo les causará risas a algunas personas. Y, oficialmente, vamos a los últimos capítulos, esta historia acaba antes de terminar el año.
Besos, Karo
Sakura Anheli: Ja,ja, sí, también me gusta cómo se llevan las chicas, siento que si hubieran profundizado más en la relación de ambas se vería algo bueno, aunque sus edades son distintas, casi como dos hermanas, igual que sus novios. / Por otra parte, la de KotokoxNaoki avanza bien, más sano para los dos, qué anhelo de que así fuese alguna vez. Ummmm, creo que tienes mucha fe en mí, no es algo grande-grande, pero sí bueno para los dos y para cerrar la historia y cabos sueltos de los años transcurridos je,je. / Gracias por leer y comentar. ¡Un abrazo!
