La historia que dejamos pasar


Capítulo 36

—Estoy ansiosa, no pondré atención a la película. Tal vez fue una mala idea venir al cine antes del almuerzo.

Naoki suspiró al oír a Kotoko. Ella había estado temblorosa desde que acordaron revelar su relación a sus padres en la reunión que tendrían sus familias, y no había encontrado nada con qué distraerse.

Conocía sus dudas, pero no la comprendía todavía, para él había muy poco qué pensar al respecto. Claro que él acostumbraba a restarle importancia a cosas que ella no.

¿Habría sido diferente si hubiesen seguido el plan inicial de Kotoko de irse de vacaciones y revelarlo en esas animadas circunstancias?

Puso los ojos en blanco para sí mismo. Era obvio que no, resultaba mucho mejor su curso de acción actual, que era aprovechar esa comida para anunciarle la verdad a los mayores.

—Entremos a una película política entonces —comentó con fingida indiferencia, metiendo sus manos en sus bolsillos.

—Pensándolo mejor, los romances siempre consiguen atraparme —replicó ella desviando la mirada.

Soltó una risa baja.

Kotoko le sacó la lengua y siguieron avanzando en la línea. Conforme se acercaban a la taquilla, ella le platicó de los promocionales que había visto y las películas que le interesaban; iría con sus amigas, pues él no era aficionado al cine. Y menos para filmes románticos. Esa vez la acompañaba porque estaba ansiosa por el acontecimiento posterior y una cita la ayudaría a pensar en otra cosa.

O eso había creído.

—No quiero palomitas de maíz —dijo ella tras comprar los boletos, así que solo entraron con un único refresco y los cacahuates para él.

La ayudó a encontrar sus asientos; una vez acomodados en sus respectivos lugares, ella se apoyó en su brazo.

—Cuando saliste con Yuuko quise estar así contigo.

Tal como lo quiso la pelinegra y ese par se encargó de ayudarle para que no lo lograra. Él podría haber hecho algo, pero se divirtió con sus intervenciones. No le gustaba esa acción de pegarse a él.

Viniendo de alguien que no le importaba.

—Me gusta que veamos una película juntos —susurró ella antes de que esta diese comienzo.

Él abrió con cuidado el empaque de cacahuetes y fue comiéndolos uno a uno a lo largo de la proyección, la cual contaba la típica historia de una joven adolescente enamorada del chico popular y cómo conseguía ser correspondida al término de esta.

Había mucha falta de originalidad en la ficción romántica.

(Ahora no pensaría que el poco esfuerzo era gracias a un público estúpido.)

Kotoko no se durmió, solo que su búsqueda de cacahuates en diversos momentos le dio la pista sobre lo interesante que le resultó la película.

—Cambiaron la personalidad de la protagonista —se quejó ella al salir de la función y dirigirse a la estación de metro. —Se supone que es una adaptación de manga —masculló cruzándose de brazos.

Él reprimió una sonrisa.

—No me sirvió para olvidarme del almuerzo… —aseveró con una mueca. —Mejor me hubiera dormido con la película de política —masculló en un murmullo.

Tosió para ocultar su deseo de reír, una costumbre que adquirió a partir del momento en que ella entró a su vida —cuando comenzó a tener sentido del humor.

Kotoko se la pasó jugando con sus dedos el corto camino hasta la estación cerca del restaurante y cuando llegaron su rostro perdió un poco de su brillo.

—Deja de darle tantas vueltas —farfulló sin tacto, frustrado de que ese asunto la afectara mucho.

Ella bajó los hombros.

Para aligerar sus palabras insensibles le colocó una mano en la espalda baja y le frotó ligeramente, si bien para todos era una invitación a apurarse.

—Saldrá bien. —Ella alzó un puño en el aire, animándose por algún cambio repentino de pensamiento.

Él bufó por la nariz, sonido suprimido gracias a los ruidos de la ciudad.

Al detenerse frente al restaurante de su suegro alcanzó a notar que Ikezawa los observaba, parado en la esquina. Encogiéndose de hombros sin decirle a Kotoko, la siguió al interior. La puerta ya tenía el letrero de cerrado, pues Shigeo-san había trabajado la mitad del día, pero no tenía seguro.

Al entrar se percató que ambos habían llegado antes que su familia.

—Kotoko, Naoki-kun, han coincidido —les dijo su suegro regresando de la parte trasera. —Bienvenidos, siéntense. Los otros Irie no deben tardar.

—Te ayudo a traer algo de beber —comentó su novia, invitándolo a él a sentarse con un ademán de su mano.

Shigeo-san asintió y Naoki se ubicó en uno de los cojines del tatami dispuestos para ellos. Solo había una amplia mesa en el área.

Kotoko regresaba con una jarra cuando la puerta principal se abrió.

—Kotoko-chan, onii-chan, hola —saludó su madre.

Él se giró en esa dirección y asintió.

—Te ves muy guapa, Kotoko-chan —halagó su madre observando el vestido color violeta de la aludida, haciendo que el rostro de esta se pusiera como su cabello.

—Hola a todos. —Su suegro dio abrazos efusivos a sus padres, palmó el hombro de su hermano y luego colocó el pestillo en la puerta.

Su padre y Shigeo-san se quedaron de pie porque iban a escoger la bebida alcohólica que consumirían.

Su madre sonrió sentándose. —Qué bien que podamos reunirnos todos así. ¿No es un día grandioso? —Lo miró a él unos segundos en los que su ánimo flaqueó. —Podría ser mejor, por supuesto.

Kotoko casi derramó del té que servía y Yuuki, más cerca de ella, extendió su mano para ayudarla.

Debió ser la ansiedad o la creencia que su madre sabía más de lo que parecía (cosa que él dudaba rotundamente).

—¿Cómo, mamá? —inquirió Yuuki con falsa seriedad. Le divertía de sobremanera el conocimiento del anuncio.

—Que Konomi-chan se nos uniera. Faltan chicas para equilibrar la balanza.

—¿No crees que Aihara-san se sentiría incómodo por las parejas? —rebatió su hermano considerado y él lo miró con una ceja arqueada.

—¿Eh? —chilló Kotoko, que no alcanzaría a después de comer para actuar normal.

Su madre sonrió forzosamente.

—Oh, pienso que sería onii-chan el inquieto, haría presión en él.

Naoki se contuvo de rodar los ojos.

—¿Eh? —Kotoko puso cara de no comprender.

Yuuki se inclinó a él. —Se supone que les estoy dando un empujón —murmuró tan bajo que casi no le oyó.

A la par de eso, su madre se dirigió a Kotoko: —¿Cómo va tu vida amorosa? ¿Alguien que mencionar del hospital?

Interesante que preguntara ese día.

—Traeré más servilletas. —Kotoko se levantó y fue a la cocina trasera.

—¿Tú sabes, onii-chan? —formuló su progenitora entre dientes. —Ella está por cumplir dos años de regresar y no entiendo que sigas sin hacer nada.

Yuuki empezó a toser, ahogado por su bebida.

—Madre.

—No hables así, Naoki. Te he dado tiempo sin intervenir. Son dos años trabajando en el mismo lugar, estás tentando mi paciencia.

—¿Estás segura que Kotoko aún se interesa en onii-chan?

Ella gruñó. —No puedo mencionarle el tema o la perderé.

Kotoko regresó y colocó las servilletas en el centro de la mesa. Los padres de ambos se aproximaron con la botella escogida.

Considerando la actitud de su madre, lo más recomendable era no tener platos ahí.

—Shigeo-san, ¿tiene el fuego apagado?

El chef se desconcertó, pero asintió.

—Bien. Kotoko y yo estamos juntos —declaró sucintamente, adelantándose a ella.

Yuuki lanzó una carcajada y Kotoko un gemido, en tanto los mayores parpadearon sin reaccionar.

Su novia rodeó la mesa y se colocó a su lado.

—Lo que Naoki-kun quiere decir es que hemos vuelto. Somos novios otra vez.

Su padre tronó los dedos. —Ah, era…

Los tres exclamaron su sorpresa en unísono.

—Odiaba el Naoki-san —susurró al oído de ella, que soltó una risita.

—¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Ustedes? —tartajeó su madre intercambiando su mirada entre los dos. Luego agitó la cabeza y soltó un chillido, parándose para abrazarlos por detrás. —¡Eso no importa! ¡Estoy tan feliz!

Su suegro y su padre se abrazaron con ojos llorosos.

—Un año. —Él no iba a perderse el gusto de presumir a su madre ese detalle.

Más que nada estaba altanero de conseguir un año libre, desarrollando su relación con Kotoko al punto de alcanzar lo sexual. Probaba que podían llegar lejos sin que interviniera.

Ella empezó a reírse histriónicamente, apartándose de ambos.

—Creí cuando tú… dijiste que… más horas… en el… hospital. ¡Por eso te veías más feliz! ¡Oh! ¡Eres perverso! ¡Convenciste a Kotoko-chan de ocultarlo!

Él le otorgó una mirada a su novia de jactancia, reiterándole que estaba libre de culpa.

—¡Esto es una celebración!

—Ai-chan, tenemos que escoger otra botella.

Shigeo-san afirmó con la cabeza, pero sus ojos permanecieron en él, mandándole un mensaje silencioso al desviar ligeramente la vista hacia su hija.

Le devolvió un asentimiento.

—¡Un año! ¡Y tú lo sabías! —Su madre reclamó a Yuuki.

Como ladeó el rostro, Naoki captó a Ikezawa en el exterior; este le señaló el lateral del restaurante. Corroborando que todos estaban concentrados en su hermano riéndose, se puso en pie y caminó hacia la cocina, donde había una puerta para empleados.

Esta se abrió cuando pretendía hacerlo.

Ikezawa, serio, habló: —¿Podemos vernos para conversar otro día?

Se sintió curioso. —Tengo tiempo el siguiente sábado por la mañana, a las diez —informó y el pelinegro aceptó, indicándole el sitio.

Para no prolongar su ausencia, dejó al amigo de Kotoko solo y volvió con los demás, que reconocieron su llegada entregándole un vaso de cerámica para brindar.

Él no se quejó de su entusiasmo, ya que esta vez compartía el gusto de celebrar por su noviazgo con Kotoko.

Todos bebieron tras las palabras de su eufórica madre.

Como trabajarían al día siguiente, Kotoko y él se limitaron a un solo vaso. A Yuuki no le agradó el sabor. Los mayores, en cambio, en el transcurso de la tarde arrasaron con el alcohol hasta que no pudieron más.

Afortunadamente nadie mencionó matrimonio.

No dudaba que lo tuvieran, mas estaban mejor sin esa presión.

{…}

Como su encuentro con Ikezawa era en el parque cercano al hospital, a Naoki no le tomó mucho estar en el sitio a la hora indicada, aguardando para hablar.

Mentiría si declarara no tener curiosidad por el evento, incluso si quería descansar por un extenso turno que acababa de concluir esa mañana. Sospechaba que era por su recién anunciado noviazgo, pero no tenía idea precisa del contenido. Además, la forma de pensar de ese tipo era muy diferente a la suya.

—Irie. —Oyó a su espalda mientras caminaba hacia una banca.

Se giró a Ikezawa.

El golpe no lo vio venir.

La fuerza del pelinegro y su cansancio le hicieron caer al suelo patéticamente, gimiendo por el dolor en su pómulo.

—Demonios —bramó furioso tocándose la mejilla palpitante.

En medio del ardor y entumecimiento mezclados, sintió el sabor metálico en la lengua y apretó los dientes, una mala idea por su costado derecho.

Se lamió el labio partido mientras se ponía en pie, dispuesto a regresarle el puñetazo al imbécil. Le quemaban las venas por vengarse de ese ataque.

—Me lo he estado guardando todo este tiempo —siseó Ikezawa. —Ha sido por Kotoko. —La mención de ella lo detuvo, surtiendo un efecto calmante. —Agradece que no te parta todos los huesos, tengo brazos muy fuertes.

Ikezawa le tendió una comprensa fría y la aceptó a regañadientes para colocársela en el pómulo.

—Hace años no te golpeé porque seguía resentido de que me quitaras a Kotoko y habría sentido que no lo hacía por ella; sin embargo, ahora solo lo hago como un amigo que la vio herida y que no iba a quedarse quieto aunque tú y ella se reconciliaran. Tenías que haber recibido ese golpe antes. Es el que te hacía falta por no buscarla y romperle el corazón, por quitarle su sonrisa.

No tenía que cuestionarse el motivo de que ella tuviera amigos tan fieros y leales, Kotoko lo valía. Siempre conseguía ganarse el afecto de otros, tocaba sus corazones por sus grandes cualidades, de más peso que lo intelectual.

—Estás en lo cierto, nadie más lo hizo y lo merecía. Es la única vez que me tocarás —advirtió frío.

—No lo creas, si la dañas de nuevo no te librarás de mí.

Negó.

—Eso no pasará.

—Oh, créeme, eres un genio-idiota que hará algo mal. Tal vez no como para darte un puñetazo, pero sí cometerás errores. Acéptalo ya, no eres perfecto, todos fallamos y tú no eres la excepción, y cuando se trata de personas y relaciones humanas podemos tener tropiezos, porque tenemos emociones y sentimientos. Hacemos lo posible por no herir a quienes queremos, pero habrá algo que hagamos mal y nos quedará arreglarlo y trabajar día a día para no repetirlo.

Le pasmó el discurso franco y verdadero de Ikezawa, a quien había menospreciado por años.

—Créeme, Irie, cuando finalmente abraces esa realidad, tu mundo y la convivencia con los otros será distinta. Más buena. Kotoko sabe sus virtudes y defectos, y persevera cada día para mostrar a su mejor persona, está feliz consigo misma. Eso le permitió superar el pasado. Se merece a alguien que también lo haga.

Ikezawa no sabía cómo se había ido esforzando en el último año, pero tampoco se lo dijo. De hecho, recibir esas palabras era un recordatorio de su aspiración, y cada vez que perdiera de vista su meta, tendría en mente eso.

—Ahora me voy. Cuídala, Irie. Hazlo esta vez.

Sin agregar más, Ikezawa se dispuso a irse.

—Gracias —pronunció Naoki cuando el otro ya se había girado.

Ikezawa soltó un gruñido y se alejó caminando.

{…}

Para el lunes, cuando Naoki tenía su siguiente turno, él se sentía añorando el hospital, porque las constantes preguntas de su madre sobre el golpe lo tenían hastiado. Le daba calidez su preocupación, pero realmente no le apetecía compartir información del asunto.

Debido a la falta de mensajes por Kotoko, ella no se enteró, aunque al llegar al trabajo se cuestionó si lo hizo y estaba molesta por no conocer del tema por él. Tarde se daba cuenta que podía tomarse como desconfianza el hecho de que él no quisiera ahondar al respecto en "voz alta".

Se pasó una mano por la cara, ya fatigado de lo que pudiese pasar.

Por suerte el rostro no le dolía como el sábado y la hinchazón había bajado, si bien quedaba un poco del color violáceo-amarillento en una parte de su pómulo —se negó a la sugerencia de maquillarse— y la costra en su labio partido.

Ikezawa tenía un buen gancho; seguramente practicó boxeo alguna vez.

Al abrirse las puertas del ascensor, la enfermera Tanaka se cruzó en su camino y jadeó sonoramente.

Él pasó a su derecha presintiendo que causaría la misma respuesta infinidad de ocasiones. Debió pedir unos días para salvar su orgullo y ahorrarse las reacciones molestas.

Haciendo justicia a sus pensamientos, recibió bastante atención de camino a su escritorio. Comenzaba a creer que esa fue la intención de Ikezawa en primer lugar; pudo darle al hígado o algún sitio no visible.

Ahora bien, al menos no apuntó al ojo, sino más cerca de su boca y mandíbula.

Suspiró controlando su irritación.

Justo en ese momento Kotoko y Kikyou aparecieron en el pasillo. Maldijo para sí; no podría fingirse distraído.

La pelinegra se detuvo a una puerta, mas exclamó al ser golpeada con el carrito por su acompañante, que lo miraba a él.

—¡Naoki-kun! —gritó alarmada.

Kikyou se giró con premura.

—¡Irie-sensei!

Kotoko dejó el carrito y se apresuró a él, obligándolo a detenerse.

—¿Qué te pasó? —preguntó posando la mano en su rostro con delicadeza, opuesta a su tono de voz consternado.

Su dedo acarició su labio.

—¿Te duele? No luce como golpe común, es… ¿Te han dado un puñetazo? ¿Quién lo ha hecho?

Él cogió su mano y la bajó, incómodo de las miradas. No obstante, le dio un mensaje sin palabras y prosiguió su camino hacia su escritorio, oyendo sus pasos detrás en la brevedad.

Encontró el cubículo vacío y respiró aliviado. Cerró después de que ella entrara.

—¿Qué ocurrió? ¿Cuándo? ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Te duele?

—Al tocarlo o mover la mandíbula con brusquedad. —Nada que lo incitara a medicamentos.

Kotoko se mordió el labio preocupada.

—Eso solo responde una pregunta —señaló con una quietud rara.

—No quisiera hablar de ello.

Un sollozo brotó de su boca, tomándolo desprevenido.

—Naoki-kun —lloriqueó su novia lanzándose a sus brazos. —Nunca te había visto así. ¿Está todo bien? ¿Por qué no me lo has contado antes? —Ella tomó aire. —No me pidas que me quede en la ignorancia, quiero saber quién te ha herido, si lo hará de nuevo. ¿Te has peleado con alguien? ¿Una persona te tiene coraje? ¿Ha sido una venganza? ¿Por qué no quieres decirlo? ¿Te han amenazado?

La rodeó en un abrazo. Le frotó la espalda y la cabeza para tranquilizarla.

Inspiró y espiró. Debió predecir que su imaginación haría de las suyas, dándole ideas terribles. —Fue Ikezawa.

Ella se tensó y jadeó.

—¿Kin-chan! —resolló separándose, inmediatamente cubriendo su boca con sus manos.

—Entiendo por qué. Llevaba años aguardando darme mi merecido por hacerte sufrir. Eso será todo, no hagas nada.

Kotoko abrió sus manos sin despegarlas de su rostro. —Pero… pero…

—Es entre hombres —excusó para deshacer los planes que estaría formulando.

Ella se dio una palmada en la cabeza y farfulló su frase disgustada.

—No te lo dije porque no quiero que trascienda a más. —Kotoko hizo un puchero.

—Bueno, si te molesta que yo me preocupe y no te importa que no te acompañe cuando estés herido, te dejo solo —masculló ella cruzándose de brazos y encaminándose a la puerta.

Una inusitada oleada de pánico lo golpeó y automáticamente sujetó la muñeca de ella para pegarla a su pecho con fuerza. Los latidos de su corazón tronaban en sus oídos y la sangre se concentraba en sus brazos, donde quería tenerla siempre.

—Naoki-kun… —Kotoko rompió el silencio luego de varios segundos, mientras su palpitar descendía. —Lo siento… no hablaba de lo que tú crees. —Ella expresó con extrema suavidad, entrelazando los dedos de su mano.

No había pensado nada, porque la mente se le había nublado unos instantes, pero al oírla comprendió la impresión causada y que posiblemente tenía razón. Su inconsciente reaccionó a sus palabras de abandono.

Aunque esta vez había reaccionado de forma activa, independientemente de que la amenaza no fuera real.

Sonrió.

Quizá su respuesta aún era insegura y no asertiva, pero era un intento de lucha, de impedir que la emoción equivocada lo dominara y actuara indiferente a su alejamiento.

—Te prometo que no huyo. Estaba enfadada de que no me tomases en cuenta para un momento crítico y te diera igual mi ausencia.

Viéndolo así, él odiaría que le hiciera a un lado si algo importante le sucedía.

—Ahora analizo que los dos miramos el asunto del golpe de forma distinta.

Ella se giró.

—¿Puedes hablarme o mandarme un mensaje si te hieren de nuevo?

Se sintió abochornado de que tuviera que pedírselo. Movió la cabeza de arriba abajo.

Kotoko se puso de puntillas y rozó con sus labios su pómulo golpeado.

—Un beso para que se vaya el dolor.

Sin que lo viera, puso los ojos en blanco. No creía en una cursilería así; mas aceptaría todos los besos que quisiera darle.


NA: ¡Hola!

Si Noriko sabía o no, lo dejo a su criterio ja,ja. Por otro lado, Kin-chan tuvo poca aparición en la historia, pero con esta se desquitó, ¿quién se lo esperaba?

Ojalá disfrutaran del capítulo.

Besos, Karo


Nur123: Thanks to you for reading and reviewing my story. I'm happy you enjoy it. Yeah, a stronger Kotoko is way better than the original... it's a shame she wasn't like that :( / Take care!