La historia que dejamos pasar
Capítulo 37
Abordando el autobús que los acercaría lo más posible a la casa de los parientes de Noriko-san, Kotoko cruzó los dedos porque su visita a los Isshiki fuese buena. Con las advertencias y temores de su suegra, podía esperar cualquier cosa de la familia que su novio apreciaba mucho. Sin embargo, quería conocer el lugar donde él pasó sus veranos infantiles, de los cuales tenía muy buenas memorias —estando en eso, también al abuelo materno que lo hizo sonreír cálidamente al mencionarlo.
Por otro lado, era lo justo si también viajarían a Akita en esas vacaciones que se tomaban. Lo mejor para suavizar la experiencia de tratar con sus parientes maternos era que disfrutara antes de un lugar que lo ponía feliz; ese estado lo haría soportar toda la clase de rarezas que ocurrieran en el norte. Pensar en tal solución cuando él sugirió conocer el sitio donde pasó seis años fue una proeza que la hacía enorgullecerse —aún si lo hizo sospechar.
¡Y también lo fue organizar que la visita a Akita se diera en días laborables!
Sonrió pagada de sí misma. Fue muy buena idea que los días con los Isshiki fuesen del sábado al lunes, mientras que los del hogar familiar de su madre correspondieran del lunes al jueves por la mañana, a los que seguirían su gran merecido descanso en un onsen de Kobe, cuya reserva concluiría el domingo.
Había que ser lista para no arruinar por completo sus vacaciones.
—Es increíble que mis padres se conocieran proviniendo de puntas opuestas del país —comentó observando por la ventana el paisaje que cada vez se tornaba más verde. —Saga y Akita y están muy lejos —añadió girándose hacia él.
Naoki-kun apartó la mirada de su revista médica y asintió.
—Hasta es muy apartado de Tokio —agregó recordando lo poco que visitaba a los parientes de su padre.
—¿Sabes cómo lo hicieron?
—¿Conocerse? —comprobó y él afirmó. —Papá dijo que acudió al restaurante donde él era aprendiz, en Tokio. —Sonrió. —Para oji-san y oba-sama fue mucho más sencillo, ah, los romances de preparatoria son tan bonitos… aunque tu madre se alejó mucho de su hogar para estudiar, las casas de mis abuelos paternos y los tuyos está en la ciudad de Kashima y tu oba-sama es del pueblo de Tara. Ahora que lo pienso, ¿su miedo se relaciona a eso, cierto?
Él rió entre dientes antes de asentir.
—No entendí las cosas raras que me platicó, le temblaba mucho la voz.
Miró a la ventana un instante.
—Sí es lejos.
Ya habían tomado un tren, luego de aterrizar en el aeropuerto, y ese viaje en autobús estaba siendo largo.
—Deberías corroborar que todavía recuerdas los nombres de mis familiares.
—Oba-sama me hizo un examen con sus fotografías ayer mismo, sus nombres están en mi mente y pude diferenciar a los gemelos Yaro y Hisu.
—Hiro y Yasu.
Se llevó las manos al rostro, alarmada.
—¿Por qué tus primos tienen nombres tan cortos? —gimió sacando su móvil para observar las imágenes que Noriko-san le había enviado. —Megu, Take, Toshi, Maki, Hiro, Yasu, Miki, Yuki, Ken, Suki —repasó corriendo las fotografías.
—¿Los presento en ese orden? —bromeó él.
Le sacó la lengua y se concentró en su teléfono.
{…}
—Con los dos años fuera de Akita había olvidado lo mucho que hay que caminar en el campo —se quejó Kotoko tras varios minutos andando sin llegar a la residencia prometida.
Naoki-kun rió, sin demostrar un ápice de incomodidad al comenzar a subir un tramo empinado.
—Al menos es otoño y la temperatura es agradable —se consoló a sí misma en voz alta, ya que la actitud de él no había sido de ayuda.
Suspiró y lo siguió.
—Mamá se habría opuesto a que vinieras en verano, que es cuando más trabajo hay en las tierras —comentó él divertido.
Entrecerró los ojos.
—¿Y tú no te habrías negado a venir en verano? ¿Me pondrías actividades agotadoras en los días para relajarme? —inquirió con una nota chillona al hablar. —¡Eres malo! —exclamó ante su falta de respuesta.
—No son demasiado pesadas, las hacía durante mi niñez en las vacaciones.
—¡Pero tú haces todas las tareas físicas bien!
Se preguntó si eso era lo que trataba de decir Noriko-san en sus balbuceos. ¿Sería una buena idea? ¿La familia de su suegra era peor que la de su madre?
¿Por qué Noriko-san aprovecharía a escapar?, se cuestionó con temor, trastabillando un paso. Él extendió un brazo para que ella no cayera de cara al suelo.
—Gracias. —Continuó su marcha intranquila, analizando su alrededor.
¿Se equivocó al ir mientras el clima permitía aprovechar los cultivos? En diciembre o enero habría menos actividades y viajar al sur le libraría del invierno más frío en el centro del país.
¿Tendría que prepararse para salir a recorrer todas esas parcelas de tierra a la vista?
—Hay más manos en fin de semana —murmuró tranquilizándose.
—Recuerda que Megu compartió su embarazo hace unos días. Les falta un par —repuso su novio con engañosa sinceridad.
Él se entretenía con eso.
Considerando mejor las circunstancias, esperaba que conociera a su familia.
Finalmente llegaron a la cima de la colina y vio una casa a un kilómetro o menos de distancia.
—¡Naoki!
Un hombre pelinegro, con parecido a Noriko-san y unos años más joven que ambos, salió de entre los árboles a su derecha; lo reconoció de una imagen. Detrás, un castaño le siguió, este era de rasgos diferentes y un poco mayor; de él dudó su identidad.
—Take, Fujita.
—Ah, el esposo de Megu —dijo para sí en un murmullo.
El primo de Naoki-kun le miró subrepticiamente y sus ojos oscuros le transmitieron una fría bienvenida.
—Es impresionante que ya sean cuatro años desde tu breve visita. Y que esta vez no vengas solo.
—Kotoko, ellos son mi primo Take y Fujita, esposo de Megu y uno de los trabajadores en los plantíos.
Se inclinó pronunciando su nombre completo, tratando de ignorar la animadversión en la mirada del primo, que Naoki-kun no debió detectar; seguía siendo malo con los sentimientos de los otros.
—Vamos a la casa, primo. Todos están ansiosos de recibir a tu novia.
Naoki-kun asintió y movió la cabeza invitándola.
Al llegar a la enorme residencia de estilo tradicional, una larga fila horizontal de personas les esperaba fuera. Los familiares sanguíneos y los tres políticos, parejas del tío y las tías.
¿Y el abuelo?, pensó extrañada.
Tampoco estaba Megu, notó al corroborar la ausencia del anciano.
Se detuvieron frente a la familia y ella sintió sus nervios por todo lo alto, especialmente porque los jóvenes tenían expresiones desconfiadas como Take.
—Bienvenido, Naoki —saludó la abuela de él con afabilidad, ralentizando el corazón alarmado de Kotoko. Ella era una persona amable y su rostro le recordaba a Noriko-san. —Bienvenida. —La incluyó, a pesar de no haber sido presentada oficialmente.
—Me da gusto estar de visita.
A continuación, Naoki-kun hizo las presentaciones debidas, nombrando lentamente a las personas allí reunidas para asegurarse que asociaba a todos con las fotografías.
Les sonrió y les dio un saludo colectivo después de su reverencia. Una vez esto, ingresaron a la casa.
—Enfermera, ¿no? Y médico. Eso es muy de programa de tele —manifestó Miki cambiando su expresión a una soñadora. Con diecisiete años de edad estaba en el momento de pensar en romance.
Maki, de trece, soltó una risita. Ken, una copia de Yuuki cuando lo conoció, también de ocho años, puso cara de asco; Suki, su hermana pequeña, de cinco, sonrió y se colocó a su lado, pidiendo que le hiciera unas trenzas como las suyas —las mismas que se hacía para poder colocarse la cofia.
Los demás, primos y tíos, empezaron a hacer preguntas a Naoki-kun.
En medio de su peinado a la niña aparecieron el abuelo y Megu, quien tenía la cara un poco pálida.
—Yo siempre pensé que Naoki me daría mi primer bisnieto, pero la muchacha consentida de ciudad que lo dejó le quitó esa oportunidad. Es lo que pasa por no permitir que yo la aprobara antes. Ojalá que no se aparezca por aquí esa mimada citadina.
Un silencio tenso se instaló con las palabras del anciano y Kotoko se sintió inquieta por la opinión que tenía de ella el pariente favorito de Naoki-kun, si bien, al dejarlo plantado, se merecía que no la apreciara.
—¿Recuerdas el nombre, abuelo? —habló Toshi, con la doble intención que un universitario de veinte años no podía negar.
Se sentía pésimo por pensar mal de ellos, pero se daba cuenta de que no era presencia grata para todos.
Y tenía que ser obvia la impresión si una despistada como ella reparaba en eso.
—¡Claro que sí! No te burles de mi memoria, muchacho irrespetuoso. —El abuelo se giró hacia el centro de la habitación para dar la reprimenda. —¡Naoki! Te esperaba un poco más tarde.
El susodicho se puso en pie y se acercó al mayor con un rostro levemente preocupado. Había dicho que su abuelo empezaba a tener confusiones en algunos ratos.
El abuelo permitió un abrazo de su nieto y, entretanto, Kotoko se apuró en concluir la trenza de Suki.
—Nuestra llegada era temprano —expresó Naoki-kun refiriéndose al comentario realizado.
—Sí, sí, me distrajo esta niña, parecía enferma.
—Son náuseas, abuelo —replicó la pelinegra yendo a sentarse junto a su marido.
Kotoko se puso en pie y acudió a lado de Naoki-kun cuando él le dirigió una breve mirada.
—Mi novia quería conocerte, abuelo. Ella es Aihara Kotoko. —Se inclinó respetuosamente.
Unos instantes pasaron y se irguió, pese a la falta de respuesta del anciano.
—Cuide de mí, Isshiki-san —susurró insegura, viendo sus ojos entornados.
—Ahora entiendo por qué te guardaste el nombre de tu novia, ¿qué te ha hecho la ciudad, Naoki? —resolló el abuelo. —¿Ya no hay mujeres en Tokio para que busques a la misma? No la acepto.
—La traje para que le conocieras. Yo la he escogido y me gustaría que pudieras ver a la mujer que se ganó mi corazón.
Su pecho saltó por la asombrosa declaración de Naoki-kun, que fue acreedora de jadeos de sus familiares y ojos sorprendidos del anciano.
—Ella es con quien quiero estar, abuelo. Es una gran persona.
—Ya lo veremos.
—Sí, no es muy guapa, mas debe tener alguna cualidad para que el primo Naoki la quisiera dos veces —manifestó Take.
Kotoko se mordió el labio inferior.
—Siquiera se puede impedir una desgracia a tiempo.
—Isshiki-san, cometí un error por cosas que pasaron y lamento haber herido a Naoki-kun. —Bajó la cabeza un largo tiempo.
Al erguirse miró al anciano a los ojos.
—Sé que se preocupa por él y lo comprendo, yo también estaría disgustada si alguien le hiciera daño a una de las personas que quiero y no desearía que regresara a su vida… pero yo amo a Naoki-kun, mucho, no he mirado a nadie más desde hace quince años, ninguna mujer lo amará más que yo ni buscará hacerlo feliz como yo.
—Abuelo, no cambiaré de opinión —aseveró Naoki-kun observándola con ojos afectuosos.
—Eres como Noriko trayendo a una persona de ciudad, pero ella tuvo el atino de presentarnos a alguien de Saga.
Naoki-kun rió entre dientes.
—Su familia paterna es de Saga, su padre es el mejor amigo del mío.
—Shigeki tenía que contribuir a alejarte de Kyushu.
—El abuelo siempre ha deseado que vivas aquí —dijeron los gemelos en unísono.
El jefe de la familia se giró hacia la puerta y salió, para regresar segundos después.
—¿A qué esperas, muchacha? Solo estarás aquí dos días. No tienes mucho tiempo y hay un par de cosas que debes hacer para mostrar que eres digna de mi nieto.
—Si no quieres… —intervino su novio impávido, cruzándose de brazos.
Agitó la cabeza y empuñó su mano en el aire.
—¡Sí! ¡Voy!
Risas de burla y algunas exclamaciones de apoyo resonaron mientras se apuraba tras el patriarca Isshiki.
(Como estaba a prueba no se quejaría del trabajo.)
{…}
La experiencia de vivir tantos años en Akita preparó bastante a Kotoko para las tareas que le encargó el abuelo de Naoki-kun, pese a ser una novata en la mayoría de ellas. No quería imaginar cómo habría sido si años atrás él la hubiese llevado a esa casa, ya como su esposa; el mayor y algunos de los primos eran tan exigentes y condescendientes sin la falta de conocimiento y mayor torpeza del pasado.
Ahora bien, estaba contenta de que sus logros actuales no se estuviesen ganando bromas o comentarios que la hiriesen y minaran su autoestima, incluso si la ponían a hacer trabajo pesado y cosas que hasta para ella eran tontas (contar pétalos de flores caídos y limpiar adornos de primavera, por ejemplo). Disfrutaba no pasar vergüenza.
Lo curioso era que el abuelo se la pasaba repitiendo que un hombre de pueblo tenía una larga lista para dar su aprobación, aunque nunca había dicho los componentes de esta y qué debía cumplir.
—O el porqué de algunas actividades —refunfuñó observando a la fruta en su mano.
Agitó su cabeza y sonrió quitándole las semillas a la vigésima sandía consecutiva.
En cuanto a su "apruebo"; sentía que este era para ser su esposa, mas no le preguntaba a Naoki-kun porque quería hablar del matrimonio en un momento muy significativo (ahora segura de que congeniaban para ese nivel de compromiso). Estaba consciente que visitar a su familia como "su novia" era un completo anuncio de intenciones para casarse con ella, solo que no lo había hablado con él y lo aplazaría, si Naoki-kun no traía a colación el asunto.
En el transcurso podían seguir pretendiendo mutuamente que conocer un sitio importante de su infancia conducía a cruzarse con toda la familia.
Lo mismo con el caso de él al viajar a Akita; visitar el sitio donde estuvo por años inevitablemente llevaba a sus parientes.
Rió tirando una semilla en el frasco donde las recolectaba.
¿Hasta qué momento fingirían? Se encogió de hombros. Mientras no hicieran planes con los parientes restantes, podrían hacerlo. Sería estúpido negarlo si fueran con los familiares paternos.
—No, ¿cierto?
Tenía la certeza que ya habrían conversado respecto al matrimonio cuando ocurriera esa visita.
—¿Por qué hablas sola, muchacha?
Del susto golpeó el frasco de vidrio, haciendo que parte de su contenido se esparciera sobre la mesa.
—Tardas demasiado, todavía te quedan otras… —El abuelo hizo una mueca al querer empuñar su mano.
—¿Está bien! —preguntó poniéndose en pie para colocarse junto al anciano. —Tome asiento. Dígame, ¿cómo se siente? —pidió cuando ya estaba en la silla.
Temió que estuviese teniendo algún problema cardíaco.
Sujetó su mano con cuidado y le tomó el pulso, observando el reloj del que no se separaba por posibles situaciones como ésa.
Él permaneció callado.
—Su nieto trajo su maletín, déjeme llamar a alguien e ir por él, Naoki-kun está en las montañas buscando akebi —sugirió a pesar de que sus latidos eran normales.
—No tengo un infarto, me duelen las manos.
—Oh, sus articulaciones. ¡Tengo la solución! Unas señoras de la casa de mayores de Akita crearon su propio remedio para el dolor de articulaciones, ayuda en todos los casos, dicen que es una maravilla para el invierno… y el frío es espantoso en la región de Tōhoku. Espere aquí, lo haré y anotaré la receta, la tengo en una nota de mi teléfono. Tan pronto la haga continuo mis tareas, las tendré terminadas antes de la cena de despedida. Ah, si no tienen lo que necesito debo apurarme para coger los autobuses.
Le sonrió al abuelo y se apresuró a su cometido.
{…}
Agotada por el ajetreo de esos dos días, Kotoko se dejó caer junto a Naoki-kun, sentado al borde de la pasarela de madera que rodeaba la casa.
Él cerró el libro que leía y ella se recargó en su hombro. Liberó una exhalación de cansancio.
—¿Cuántos días restan para Kobe? —murmuró cerrando los ojos de solo recordar que aun irían a Akita, donde su familia era más extenuante. —Ya quiero las aguas termales.
Contempló los árboles bañados por el otoño, con hojas rojizas y amarillentas embelleciendo el paisaje del campo. Era una hermosa escena para ver, que no podía imitarse en la ciudad; había paz y naturaleza para envolverse en una magia inhumana.
—Gracias.
—¿Eh?
—Has soportado las ridículas peticiones de mi abuelo y la apatía de él, Take, Megu, Toshi, Yuki, Hiro y Yasu.
Resopló.
—Tu frialdad era más grande.
Él suspiró.
—Y no sé qué habría hecho sin esas peticiones, aquí siempre están ocupados.
En ese aspecto, sus parientes eran más "holgazanes", pues no perdían tiempo en jugar o hacer una pequeña fiesta (siempre estaban divirtiéndose).
—Entiendo por qué Noriko-san es tan activa. —Deslizó su mano en la de él y entrelazó sus dedos. —Además, es poco lo que me piden por verte sufrir. Soy la citadina que te ha atrapado en sus garras dos veces.
Naoki-kun rió y ella casi cayó cuando quitó su brazo, pero él posó su mano en su hombro, acunándola a su costado.
—No solo fui yo el atrapado —musitó él inclinándose para besarla.
Sus bocas estaban a un palmo de distancia al ser interrumpidos por una garganta aclarándose.
Se apartó con el rostro caliente y buscó a la persona responsable.
—Ya es hora de la cena —les informó la tía Akiko.
—Gracias —dijo Naoki calmo antes de ponerse en pie y ofrecerle su mano para levantarse.
Cogió aire y aceptó la ayuda, tras lo cual ingresaron al salón, preparado con adornos llamativos que acompañaban las mesas de comida. Toda la familia estaba ahí y había dos sitios continuos para su novio y ella; habiendo tomado sus alimentos en la cocina, a horas distintas de los demás, se sintió fabuloso que la recibieran ahí.
Los dos ocuparon sus lugares y el abuelo atrajo la atención de sus parientes.
—Esta cena es para conmemorar la visita de Naoki a nuestro hogar, que siempre nos hace felices, es un gran nieto, sobrino y primo para todos nosotros. Vuelve cada vez que te deje tu importante carrera como médico… con la buena mujer que has escogido. —El corazón de ella se estremeció.
Debajo de la mesa, buscó la mano a su novio y la apretó conmovida.
—Kotoko —ella le devolvió la mirada al patriarca Isshiki—, eres una joven diferente de la que esperaba para Naoki, pero la indicada para él. Entiendo por qué te ha elegido como su novia.
El abuelo contempló unos segundos a Naoki-kun, demostrando orgullo y amor en sus facciones.
—Le haces bien. Mi nieto se ha convertido en un mejor hombre desde que te conoció. Gracias por visitarnos. Cuida de él en Tokio.
Sus ojos se humedecieron y movió la cabeza de arriba abajo. Al recibir una sonrisa del abuelo, brincó hacia Naoki-kun contenta. Él frotó su cabeza de forma cariñosa.
—¡Jóvenes! No sean maleducados, tienen público.
Ella se alejó asintiendo, sonrojada. Su novio sonrió lobunamente a su abuelo.
—¡Ah! Esta juventud de la metrópoli.
{…}
Cada metro que les acercaba a Akita había hecho sudar a Kotoko —hasta los que sucedieron rápido en el aire—. Tenía el presentimiento que la visita a su familia sería mucho más "interesante" que la hecha a los Isshiki; sus parientes maternos siempre se las arreglaban para hacer locuras y caos.
Y no sabía cómo las percibiría Naoki-kun. Le había dicho con anterioridad que eran sus conocidos enérgicos a un nivel superior y le platicó anécdotas propias de sus seis años en el norte, pero no profundizó en el modo de ser de los Nakamura.
Sus costumbres y ocurrencias la superaban.
Una vez peregrinaron en grupo a un templo en la montaña para exorcizar un peluche parlanchín occidental, creyendo que estaba poseído. Alguna turista lo había botado en su patio trasero y se pusieron frenéticos por la "aparición".
—¿Me dirás qué te pone tan ansiosa o debo esperar cinco minutos y la sorpresa para descubrirlo? —inquirió Naoki-kun mientras ella espiaba por la ventana del autobús.
Se estremeció al irse percatando que las calles lucían desoladas. Su familia tenía influencia en el pueblo, pero no para invitar a los demás a no salir.
Eso le hizo decidirse. —Je, je, pues, ¿recuerdas que te platiqué que eran enérgicos? Son mucho más. Actúan alocados.
Lo que tardó en decir todo eso fue el tiempo que tomó llegar a la parada de autobús.
Se bajaron del transporte con sus maletas y Naoki-kun oteó a su alrededor, también extrañado de la quietud.
Hasta el ambiente era gris. —Ay, va a pasar algo. —Tembló asustada.
—Esta es una zona no concurrida, así es en los pueblos.
Agitó la cabeza.
—Está más vacío de lo normal.
—Probablemente sea por la lluvia.
Naoki-kun se puso a buscar en la maleta compartida que documentaban en los aviones; de ahí sacó un par de paraguas retráctiles. En sincronía, comenzó a llover, haciendo que los abrieran y se refugiaran.
Trató de relajarse. Era una ligera precipitación, estaba demasiado alerta.
De pronto dos grandes automóviles se detuvieron en la parada. El de enfrente era un todoterreno verde y el otro una camioneta familiar color negro.
—¡Kotoko! —Algunas de sus primas y amigas salieron del vehículo trasero y se vio asediada por ellas, que la abrazaron.
—¿Qué dem…!
Escuchó la exclamación de él y sorprendida vio cómo hombres musculosos con pasamontañas cogían a su novio para introducirlo a la camioneta delantera, la cual partió rápidamente.
—¡Naoki-kun! —gritó consternada, extendiendo su brazo en vano.
Su prima Hidemi la rodeó de los hombros, dándole unas palmaditas consoladoras.
—No te preocupes, Kotoko, solo es la bienvenida que se merece por romperte el corazón y atreverse a venir aquí.
Gimió con desespero.
Acabarían con él.
Kashima está en la zona de Kyushu.
En Japón (también en muchas partes), presentar a una "novia" a la familia, sobre todo la extensa, es porque prácticamente es prometida. O algo así.
NA: ¡Hola!
Esta historia no iba a acabarse sin lo que faltaba después de que Kotoko plantó a Naoki. ¿Cómo se tomaría la familia que lo adoraba que volviera con ella? ¿Y cómo lo harían los parientes de ella que la recibieron con el corazón roto?
Me pareció adecuado que esta vez Kotoko tuviese la preparación adecuada para conocer a la familia de Noriko; odié que la llevara ahí (para ser maltratada, ¡lo sabía el maldito manipulador! No estoy en contra de las tareas, porque sé cómo es "en el campo", pero debió advertirle. Bueno, ¿qué hace Irie que no se gane odio?) bajo el engaño de que irían de vacaciones, cuando él iba a estudiar y a ser consentido. Él se merecía que el fantasma la alejara y en secreto la hiciera regresar a casa, donde la ocultaría mientras Naoki la buscaba toda la noche. En fin, aquí no la mandé a buscar el famoso akebi al bosque, sino que la dejé demostrar su actual yo en la visita relámpago, que no resultó con humillaciones por ser medio tontilla y de baja autoestima (¡gracias de nuevo, Akita!). Y tampoco él la manipula para que soporte lo que le pidan, como una muestra de su amor.
Por otro lado, la verdad no recuerdo que en el manga mostraran a la familia de la mamá de Kotoko, pero en Love in Tokyo me gustó que tocaran sus lazos maternos y cómo se preocuparon Shigeo y ella de la visita que harían al cementerio ja,ja. ¿Qué creen que ocurra con Irie? Él se lo buscó por querer ir a Akita.
Lamentablemente para ustedes, sigue el punto de vista de Kotoko en el próximo capítulo, que es el último.
Besos, Karo
Sakura Anheli: Ja,ja,ja, capaz y Kotoko se queda sin novio si Kin-chan le da más fuerte, porque ganas le traía. Ay, ese muchacho impulsivo, en otro caso se mete en problemas. Sí, finalmente hablaron con los papás, ya tenían mucho rato en secreto, pero ese les permitió desarrollar su relación. La mamá tendrá correas cuando le digan que se casan, para no correr a planear la boda XD. Gracias por tu review.
Guest: No haré un capítulo sobre ellos avanzando a la intimidad, hice un voto de castidad hasta el próximo año ;P . Ja,ja, no, esta vez lo dejé relajado, para mantener el rating. Será para la próxima historia. Gracias por comentar.
