La historia que dejamos pasar


Capítulo 38

Kotoko fue recorrida por un escalofrío, el cual borró de golpe su estupefacción.

—¡Naoki-kun! —vociferó inútilmente, porque no servía; hacía mucho que él había sido llevado por su familia. Después del shock del secuestro de su novio, se había alarmado con sus pensamientos fatídicos de lo que le harían, quedándose en un trance, y la camioneta ya le sacaba mucha ventaja.

Una ráfaga de viento sopló y volvió a estremecerse. Sorprendida, notó que había soltado el paraguas y estaba mojándose con la lluvia.

¿Cuánto tiempo habría pasado?

—Naoki-kun —gimió con pasmo, abriendo la boca y pegándose las manos a la cara —imitando perfectamente a una pintura graciosa de mucha fama.

—¿Tendrás otro sueño despierta? Queremos irnos. —Oyó la voz de Sora, vecina de su familia.

Pegó un brinco y miró hacia su izquierda, para ver a sus primas y amigas sentadas en el vehículo negro, observándola mientras se resguardaban del agua. Hidemi estaba junto a la puerta abierta del automóvil, bajo un paraguas.

—No… voy… ¡eh! ¿A dónde han llevado a Naoki-kun! —chilló señalándoles con enfado al tiempo que se acercaba a la camioneta.

Ellas rieron a carcajadas y el párpado de Kotoko tembló.

—Una gran bienvenida entre hombres, no le des muchas vueltas —comentó su prima Erin desde el asiento del copiloto.

—Antes de que lo pidas, no te llevaremos con él —agregó Sora, guiñándole un ojo.

Sintiéndose histérica, pues no serían de ayuda, se alejó a grandes pasos para caminar hacia el centro del pueblo, esperando a alguien que le diera una mano.

—No te recomiendo que hagas eso, serás un espectáculo, gatita.

Curiosa, detuvo sus pasos y miró a Sora sobre su hombro. Esta señaló su pecho. Su consternación y enfado crecieron al descubrir que su sujetador con diseño de Hello Kitty se atisbaba bajo su suéter blanco humedecido.

Se giró, cubriéndose el busto con sus brazos.

—¿Por qué han dejado que me moje! —reclamó con el rostro en llamas y un pitido en las orejas.

—Para evitar que corras al pueblo. Vamos, sube, ya guardamos sus cosas en el maletero —dijo Hidemi subiéndose al asiento del conductor.

—Tenemos bebida caliente aquí dentro —añadió su amiga Aiko agitando un termo.

Kotoko refunfuñó, jurándose que se cambiaría y de inmediato comenzaría el rescate de Naoki-kun.

—También quiero que te pruebes un vestido de novia que mamá vio y compró para ti tan pronto supo que tenías novio —anunció su joven prima Akane cuando se subió al vehículo.

—¡Eh! ¡No! —aulló brincando. Se dio contra el techo y lanzó una exclamación de dolor.

—¿Entonces no quieres casarte con él? ¡Súper!

Las mujeres a su alrededor rieron. Gruñó irritada.

—No voy a probarme un vestido de novia —contestó a Hidemi y le regaló expresiones ceñudas a las demás. En esas circunstancias eso era lo último que haría.

Las ignoró en el trayecto a la casa familiar, y oteando por la ventana se fijó que las calles lucían menos concurridas que de costumbre.

Tragó saliva, presintiendo muchos obstáculos.

{…}

Por enésima vez, Kotoko se frotó los ojos en su recorrido a las calles circundantes, luchando contra el cansancio. Desafortunadamente para sus intenciones, cuando se hubo duchado las actividades de los días anteriores le pasaron factura y su cuerpo no respondía de la forma en que necesitaba.

Naoki-kun parecía más inalcanzable que al principio.

Tanta era su debilidad que sus emociones no estaban exaltadas como deberían en esa situación; la fatiga ganaba a todo lo demás, sin importarle que su novio estuviese desaparecido. Si dudara del amor que sentía por él, estaría muy preocupada de no comportarse como las personas cuyos seres queridos estaban mal, a las que el agotamiento vencía solo cuando el peligro había pasado. Con apenas una hora desde la desaparición de su novio no podía sucumbir.

Bostezó y llamó a la puerta de una ex compañera de trabajo, quien no respondió. Seguramente se encontraba laborando, igual que muchos a esas horas de la semana.

—Naoki-kun, te salvaré —musitó con una mano empuñada, dándose la vuelta para seguir su rastreo.

Cruzó los dedos para que no le estuvieran sometiendo a gran tortura.

Una inquietud empezó a cubrir su corazón. ¿Qué estaría pensando y sintiendo él en ese momento! ¿Y si…?

—Kotoko, regresa, pareces exhausta. Te diremos sobre tu novio si vienes conmigo a casa —manifestó Erin con tono seco, apareciendo frente a ella.

Su temor fatal se fue al fondo de su mente.

—¿Es una trampa para encerrarme? —inquirió con los ojos entrecerrados.

—Si lo fuera, ¿te lo diría? —devolvió su prima dándole la espalda. —No te preocupes, lo último que queremos es afectarte.

Bufó incrédula.

—¿Quién sabe? Tal vez él ya esté aguardando por ti. ¿Recuerdas el vestido? No quieres que tu novio se quede esperando otra vez.

—¿Qué! —¿Una boda sorpresa!

Erin soltó una carcajada, entreteniéndose con ella como hacía con el protagonista el personaje de manga al que se parecía físicamente —Yūko Ichihara.

—Bromeo. Siempre quise decir eso. En fin, ven a casa, te diremos lo que quieres y podremos tener un día de chicas. Hoy todas estamos libres.

Era cierto, un hecho extraño; comprensible con sus planes de secuestro.

Se cruzó de brazos molesta, pero fue detrás de ella. Si había una oportunidad de saber el paradero de su novio, no quería dejarla pasar.

Conforme se alejaba, creyó notar en su periferia que la cortina de la casa de su ex compañera se movía.

{…}

Día y medio después de su arribo a Akita, Kotoko tenía las uñas carcomidas de no saber sobre Naoki-kun, a quien sus parientes todavía mantenían secuestrado.

Y si él, genio como era, no consiguió liberarse, algo malo le ocurría. No importaba si su familia aseguraba que estaba bien y que no le hacían nada cuestionable por las autoridades o Derechos Humanos.

¿Qué el secuestro no contaba?, había argüido, pero todas aseguraron que tras llevarlo a ese destino desconocido le darían la oportunidad de quedarse o irse. Si seguía con su tío Tsuruzo y compañía era porque así lo decidió.

Desconfiaba, por supuesto. Y no tenía a nadie que la ayudara, ya que todo al que había podido cuestionar en las calles o casas manifestaba no haber visto ese vehículo verde, excusando que tenían actividades escolares o laborales, así como sus deseos de refugiarse de la lluvia bajo techo.

¡Ella misma les dio una oportunidad perfecta! ¡Hasta el clima confabuló con ellos!

Por otra parte, su último recurso ahí, la policía, no le creía porque la hija de Ecchan —su fallecida madre— no era de fiar; y, si lo fuera, todavía quedaban los exagerados cuentistas Nakamura.

Era inaudito que la fuerza policial se prestara a la tontería orquestada por su familia. Bien que un primo de su madre formara parte de la Cámara de Representantes y que los fines de semana su tío se reuniera con el Jefe del Departamento de Policías a jugar shōgi, pero la ley era primero y la privación de la libertad a alguien tenía que ser un asunto que reprobaran.

¿Su familia no podía ser normal y convertirle en un esclavo como lo hizo la de él con ella?

Estaba considerando llamar a Tokio para recibir apoyo; a los Irie y su padre, para empezar. Necesitaba a alguien que se pusiera de su parte y actuara con cordura.

…Aunque las acciones de su familia mostraban cuánto estaban de su lado. Entendía a la perfección que buscaban cobrarse su corazón roto. La amaban y protegían tanto que recurrían a métodos equivocados.

Incluso le hicieron ingerir valeriana sin darse cuenta, para que se durmiera como si no pensara en el estado de Naoki-kun. (Sospechaba que comenzaron en el auto.)

—Kotoko, tu novio estará bien, papá y los demás no quieren que les odies.

Despegó la mirada de la ventana y la enfocó en su prima Hidemi, que acababa de sentarse a su lado.

—¿Y si él me odia a mí por esto? —inquirió en voz baja, admitiendo un pensamiento muy profundo en su ser. Podía quedar con un trauma o disgusto enorme por la experiencia, temer por la cordura de sus hijos, o tener la impresión que ella aprobaba esa conducta y separarse debido a creencias opuestas.

—¿Preguntas eso en verdad? Kotoko, si lo hace, él no es para ti.

El pecho le dolió, más por la desesperación de la ignorancia que las palabras. —Le están haciendo algo grave, es un secuestro. Estaría en su derecho a guardar resentimiento.

Su prima suspiró. —Creo que tienes una mente muy imaginativa, no le están haciendo lo que en la ficción. Es más, sal ahora y lo verás.

Ella se paró como un rayo al escuchar eso último y corrió fuera de la casa sin preocuparse por cambiar su calzado, frenética de comprobar el bienestar del amor de su vida. Necesitaba mirar con sus propios ojos que estaba intacto.

Lágrimas repentinas le nublaron la vista y casi cayó al llegar a la entrada principal de la casa, pero recuperó el equilibrio para correr al portón.

Justo en ese instante Naoki-kun bajó del mismo todoterreno que se lo llevó.

Sollozó y se acercó a él, que la alcanzó a medio camino para recibirla entre sus brazos.

—Shh. Ya estoy aquí —murmuró su novio.

Las manos de él le acariciaron tiernamente, creando olas de tranquilidad en todo su cuerpo. Lloró con más fuerza sintiendo el amor que le era transmitido en la forma que la sujetaba.

—Naoki-kun… estaba… tan… preocupada… tenía… tanto… miedo.

Él no habló y siguió dándole caricias suaves hasta que su llanto cesó.

—Me dijeron que te explicarían —susurró él apretando su agarre. —No quería asustarte, afirmaron hacerte saber que yo estaría bien con ellos, para reflexionar. Me fie pensando que te dirían la verdad.

—Trataron de… no los escuché. ¿A dónde te…?

—A las montañas, allí me preguntaron si me pondría en tus zapatos hace ocho años y acepté porque quería saber a qué se referían, pero les pedí que tú lo supieras.

Confió en que era su familia y no querrían dañarla. Y la tuvieron al borde de un ataque de nervios (contenidos por el efecto del calmante).

—¿Por qué no te escapaste? No debieron hacer algo inteligente. ¿Qué te hicieron?

Un velo cubrió los orbes violáceos de él unos segundos, tras lo que recorrieron su rostro con una mirada de fervor, aumentando su interés. —No fue nada.

—Es cierto, ni siquiera lo matamos de hambre. —Su tío Tsuruzo interrumpió su momento, pero cayó en la cuenta que estaban a la vista de todos. Aun así, no se separó de él. —Le tuvimos con agua y un poco de pan duro, cuando tú llegaste a casa pasaste días llorando, sin comer y dormir. Lo trasladamos a la montaña y lo sometimos a un interrogatorio, además de un relato detallado de cómo sufriste por él. No lo dejamos dormir. Se merecía más, una semana con ese trato, es el hombre que hizo llorar a nuestra Kotoko, pero no somos tontos porque sabemos las represalias.

—¿Cómo supieron que era él? Nunca mencioné su nombre. Y la invitación para la boda se perdió en el correo —repuso separándose un poco de Naoki-kun, sosteniéndose todavía de él con un brazo en su espalda. Quería sentirlo mucho tiempo.

—Verás, sí… No entendimos tus balbuceos al dormir. Afortunadamente, hace tres años, Kin-chan nos informó de la identidad de tu ex prometido. Cuando mencionaste el nombre de Irie Naoki supimos que era el mismo y planeamos su escarmiento. Esperamos que así no se le ocurra herir de nuevo a nuestra Kotoko.

—¡Sí!

El grito colectivo vino de todas direcciones, haciendo que se percatara del gran número de personas reunida frente a la casa de su familia.

Jadeó.

—Ellos te quieren mucho —murmuró Naoki-kun en su oído, frotando su brazo.

—Tú… el público.

—Después de lo que supe, los ojos de los demás no me importan.

Sonrió y lo abrazó de nuevo.

Los vítores de su familia y amistades resonaron a su alrededor. Más tarde les regañaría, ahora solo le apetecía sentir el calor de Naoki-kun.

{…}

El resto de su estancia en Akita transcurrió con apacibilidad, repleto de paseos a los sitios conocidos de Kotoko, uno de los cuales incluyó el cementerio donde estaba su madre, con quien Naoki-kun pidió minutos a solas al presentar sus respetos. Los familiares de ella se controlaron bastante, luego de que ella diese una reprimenda por sus acciones; simplemente le mostraron álbumes de su madre y de ella, aparte de pedir revisiones médicas y llenar la mesa en cada comida.

Sin embargo, Kotoko estuvo siempre alerta por cualquier "eventualidad" y esto le hizo respirar sin dificultad hasta encontrarse en el onsen de Kobe, muy lejos del alcance de sus parientes.

Naoki-kun, en cambio, no mostró señales de recelo o incertidumbre en la convivencia con los raros que le habían hecho pasar cuarenta horas en precarias condiciones; tuvo que estar en una choza inhóspita de la montaña, sin abrigo, bebiendo agua fría y mascando pan incomestible —milagrosamente no hubo secuelas, ni un resfriado—. Actuó relajado y disfrutó de estar en medio de excéntricos, algo que demostraba lo mucho que debía quererla y lo masoquista que podía ser… tanto como el cambio del muchacho que rechazó su carta en la preparatoria.

—Qué bueno dejar esos días atrás —expresó contenta.

—¿Ahora en qué estás pensando?

La voz divertida de Naoki-kun le sacó una risita.

—No volver a Akita en un tiempo —respondió acurrucándose más con la manta y el cuerpo de él.

—Tu familia materna es interesante.

¿Era una forma educada de decirlo?

—Veo cosas de ellos en ti.

—¡Ey!

Él rió, moviendo la cabeza de ella de arriba abajo. —Buenas cosas. Lo que hicieron… se preocupan por ti. Me alegro que los tuvieras para acompañarte cuando te fuiste. Shigeo-san es un buen padre y tienes a gente en Tokio, pero no las suficientes para no estar sola. Con tantas personas que te quieren en Akita, tuviste compañía cuando estabas triste.

Una sonrisa ganó la batalla en su cara.

—Me la dieron.

—Les agradecí en la montaña —confesó él acariciando su cabeza con la mano del brazo que la cobijaba.

—¿Me contarás lo que pasó ahí?

—No es necesario entrar en detalles. Crearon un entorno lúgubre y repasaron los acontecimientos tristes de tus seis años en Akita. Sentí un poco de tu dolor por mí, necesitaba la experiencia.

Alzó el rostro para espiar el de él. Naoki-kun miraba el techo de su habitación en el onsen con actitud reflexiva.

—Pero tú también sufriste esos años y no es justo que yo no pase por un evento similar.

—Tú eres capaz de comprender lo que viví sin una representación —arguyó él con suavidad. —Por mucho que trate, nunca seré sensible como tú.

—De todas maneras, has cambiado, Naoki-kun. Antes eran contadas, muy esporádicas y difíciles de descifrar, tus actitudes amables y atentas con los demás; ahora eres más humano, sin dejar de ser el hombre serio y genial del que me enamoré; también continuas siendo reservado y parco, pero no el cruel e irritado con el que viví por tres años, ni el solitario, frío e insensible que me encontré hace dos.

—Desde que supe la verdad…

empezó a crecer.

—Para todos hay un momento que significa un nuevo rumbo —dijo después de que transcurriera más de un minuto de silencio.

—Me venciste. Al enamorarme y al madurar antes que yo.

Tuvo que reír con su tono irónico.

—Creo que una de las razones por las que también maduré fue estar en Akita. Me sentía conectada con mi madre y ella me dio fuerza. Y todos me animaban. —Suspiró y bostezó. —Así mismo, a veces resultaba incómodo compararme con mi familia y ver que era tan inmadura como ellos.

Nunca sabría si su respuesta fue un sueño o la realidad.

"Estoy contento que siguieras amándome. Gracias por ya no dejarme atrás."

{…}

Kotoko terminó de aplicar el medicamento en la vía de Morita-san y apuntó el dato.

—¿No cree que es triste empezar el año en un hospital, Aihara-san?

La pregunta melancólica de la joven le hizo esbozar una sonrisa compasiva, su cirugía de emergencia había arruinado sus planes de visitar el templo.

—Es imposible para mí darle las palabras de consuelo que necesita, Morita-san. Debido a mi trabajo, me he encontrado en un hospital trabajando la noche del treinta y uno e hice la decisión consciente al escoger esta carrera. Sin embargo, gracias a que está aquí hoy, su vida está a salvo, su tristeza de ahora habrá valido la pena.

La joven veinteañera sonrió ligeramente.

—Y puede conversar con sus compañeras de habitación, estoy segura que todas le entenderán y tal vez una larga amistad pueda salir de aquí. —Se acercó un poco a la joven. —La persiana estará abierta, desde este lugar se ven muy bien los fuegos artificiales.

Se irguió.

—Feliz año —dijo en dirección general.

Las ocupantes respondieron en coro, con los mismos deseos, antes de que saliera de la habitación.

Comprobó a un paciente más y luego fue a la estación de enfermeras, ocupada por Moto-chan. Desde lejos vio cómo conversaba con Marina y Tomoko.

—Keita ha sido afortunado —escuchó de la pelirroja al incorporarse al grupo. La vio cruzarse de brazos.

—No puedes tener este día libre todos los años —replicó Moto-chan alzando sus cejas.

Kotoko y Tomoko rieron.

—Tengo fukimodoshis para el término de la cuenta regresiva. —Con buenos ánimos, su amiga pelinegra colocó los tubos con papel enrollado en el tablero. Eran de diferentes colores.

—Yo quiero el rosa —pidió Marina rápidamente y ninguna se opuso.

—Ah, Nishigaki-sensei, acérquese, hay suficientes para todos.

Kotoko se giró para ver al médico, quien sonrió al ir en dirección a ellas.

—Gracias. Es un consuelo por no recibir el año con mi esposa y nuestro futuro bebé.

Ellas se quedaron mudas unos instantes.

—Felicidades, Nishigaki-kun. —Kotoko aplaudió animada, reaccionando primero.

Sus amigas le siguieron, expresando sus buenos deseos con la noticia.

—Registramos nuestro matrimonio en julio porque planeamos hacer una ceremonia más adelante. Una hermana de mi esposa está haciendo voluntariado y queremos que esté presente —contestó el de lentes a la pregunta de Moto-chan de cuándo se había casado. —El bebé debe nacer a finales de mayo.

—Sí que es valiente, Nishigaki-sensei, empezar su especialidad de Neurocirujano y comenzar a formar su familia casi en el mismo año.

—Los dos no queremos ser padres tan grandes y vivimos en la residencia principal de los Miura, nos dan su apoyo.

—Oh, recuerdo que la familia de Emiko-san es numerosa y tiene hoteles y casas de descanso —observó Moto-chan.

—Este será un buen año para tu familia, Nishigaki-kun.

Su amigo sonrió.

—Pst, Kotoko, dale un fukimodoshi a Irie-sensei, ahí viene —indicó Moto-chan—. Este azul con dorado. Le combina.

Ella negó riendo. Dudaba que se prestara a eso, pero cumpliría la petición.

Interceptó a su novio. Él se detuvo y arqueó una ceja.

—Es para ti. —Puso el juguete frente a sus ojos.

Él bufó, aunque lo cogió.

—Tengo algo que contarte. Nishigaki-kun va a ser papá.

Los ojos de Naoki-kun se abrieron de más.

—¿No piensas que es genial? Yo le he felicitado. —Él desvió su vista hacia donde estaban los otros. —Nishigaki-kun sabrá que tú sabes, también debes felicitarlo. Y… eh… hablando de él. ¿Por qué no te haces su amigo? Él no es malo, se preocupó por ti cuando fingió que yo le gustaba. Tienen cosas en común y no volviste a tener contacto con Watanabe-san, que era tu conocido más cercano, puede ser el comienzo de algo bonito este nuevo año. Una gran amistad.

Naoki-kun rió entre dientes.

—Kotoko, ya queda muy poco para la cuenta regresiva —le anunció Moto-chan.

—Ven —invitó a Naoki-kun con los demás. Él guardó el fukimodoshi en su bolsillo al caminar junto a ella.

Moto-chan les enseñó una transmisión de su móvil. Quedaban dos minutos para la cuenta atrás.

Kotoko cerró los ojos y se apoyó en Naoki-kun, pensando en los maravillosos días que había vivido ese año, que pasaron como una película en su mente. Todos eran preciados y una pequeña parte de la grandiosa vida que tenía.

No podía esperar por lo que vendría, sobre todo a partir de la decisión que iba a compartirle al hombre a su espalda.

—Diez… nueve…

{…}

Un par de horas después del año nuevo, Kotoko y Naoki-kun salían del hospital para encontrarse con una ligera precipitación nevada.

—Tendremos que esperar —aseveró su novio observando el panorama, toda vez que anunciaba no tener paraguas.

—¿Fueron los fuegos artificiales? —formuló la pregunta retórica espiando al cielo. —Tardaremos todavía más en llegar a tu casa.

En año nuevo las líneas de metro especiales tomaban mucho tiempo, y se anexaría la espera del cambio de clima.

—Nos podremos reunir con los otros a la hora de ir al templo, sin dormir —aseguró con una mueca.

—Exageras.

Le sacó la lengua. —¿Por qué no vamos a mi apartamento, dormimos un poco y vamos más tarde a tu casa? Le avisaré a papá y él le dirá a los otros.

Como habrían bebido, no ofrecerían ir a buscarlos.

Naoki-kun se encogió de hombros.

—Esperemos que amaine —opinó él yendo a sentarse.

—De acuerdo.

Después de que enviara el mensaje a su padre, quien no contestó porque estaría celebrando con sus amigos, ella fue a la banca donde él se encontraba.

—¡Ah, está helada! —exclamó dando un brinquito.

Él soltó una sonora carcajada.

—¿Por qué no esperamos adentro? —sugirió pestañeando con la intención de ser adorable.

—Si nos sentamos no podremos ver el exterior.

Gruñó desilusionada y optó por pegarse a él para sentir su calor. Naoki-kun no movió su brazo para quitarla ni para abrazarla, así que estuvo bien.

Contemplando la lluvia se puso a pensar en una forma especial de comunicarle a él que sí quería pasar el resto de su vida juntos. Desde su perspectiva, ya había visto que los dos encajaban y que casarse no sería un paso equivocado en su relación, sino una manera de remarcar su amor y de ser compañeros en todo su día a día, al convertirse en padres y ante aquellas pruebas que aparecieran en su matrimonio.

El agua no disminuyó en los próximos minutos y recordó el día de otoño de hacía ocho años cuando él la esperó bajo la lluvia, declarando por primera vez su deseo de estar con ella. Independientemente de los sucesos posteriores, ese momento había sido muy romántico y espontáneo de parte de él, enamorando su corazón con un gesto que permanecería en su mente por toda la eternidad.

Eso la inspiró a no planear tanto y solo dejar que sus sentimientos hablaran.

—Naoki-kun… —llamó suavemente.

Él hizo un sonido para indicar que la escuchaba.

—Te quiero —pronunció dulce, cogiendo su mano. —Y voy a hacerlo siempre, no he amado a nadie más que a ti. Quiero a mi Irie-kun, a mi Naoki-kun. A quien conocí, al que conozco, y al que espero seguir conociendo toda mi vida.

—Kotoko…

Le dio un apretón, indicando que no había terminado.

—Cuando me hablaste de tus sentimientos dijiste que querías que fuese tu esposa. ¿Aún piensas igual?

—Sí.

—Yo quiero que tú seas el mío. Mi esposo.

Él movió el brazo del que estaba apoyada y rodeó su cuerpo con ambos brazos, descansando su cabeza en la curvatura de su cuello.

—Te quiero, Kotoko —murmuró él ronca y afectuosamente, conteniendo en unas pequeñas palabras los fuertes sentimientos que tenía por ella, los cuales ahora eran más claros y le producían más seguridad que ocho años antes.

Lo abrazó pletórica, con la certeza de que el tiempo y las circunstancias habían hecho bien con ellos, llevándolos hasta un amor fuerte, verdadero y sano para los dos. Todo había sucedido para que ambos fuesen mejores personas y le entregaran mutuamente frutas completas y no naranjas a medias que sufrirían y dañarían a la otra en el empeño constante de sostener una relación inmadura.

Separó su cabeza para mirar esos orbes violáceos que amaba.

Una corriente caliente vibró en todas sus terminaciones al ver el afecto en los ojos de él.

Acarició su pómulo. —Te quiero, Naoki-kun —repitió ella con emoción palpable en su voz.

Se abrazaron un poco más y al apartarse ella volteó hacia el estacionamiento.

Continuaba lloviendo.

Esbozando una sonrisa, se puso en pie y le cogió la mano a él.

—Vamos corriendo a mi apartamento, está más cerca —invitó entusiasmada.

—Las calles se encuentran congeladas.

—No importa… por los viejos tiempos.

La comprensión apareció en el rostro de Naoki-kun, que soltó una risa baja y se levantó de la banca.

Kotoko jaló de él y su prometido la siguió en esa aventura.

Como la del resto de sus vidas.


*La pintura es "El grito" de Edvard Munch.

*Yuko Ichihara es de xxxHolic, largo cabello negro, cerquillo y ojos cambiantes.

*La Cámara de Representantes es la que tiene el poder legislativo en Japón.

*Los fukimodoshi son los que parecen silbatos y extienden un papelito, famosos para los nipones.


NA: ¡Hola!

Esperé durante un segundo que creyeran de la boda, pero no me iba a decantar por un evento así aquí ja,ja. Al menos el método drástico de la familia hizo que Naoki se ablandara más con ella. En el epílogo sabrán un poquito más (un poquito, eh) de lo que pasó. Y sabrán otra cosa de la historia je,je.

Les deseo Feliz Navidad o Hanukkak, según celebren.

Besos, Karo