*°*°*La última vez con esa persona se siente como si fuera la primera vez*°*°*

Underword

Summary:

Ginko tenía que dejarlo ir, habían pasado muchas cosas juntos tanto buenos como los malos momentos pero...aún así, dolía mucho. La idea de perderlo otra vez, le dolía demasiado.

Tenía que ser fuerte, tenía que vivir por él. Sólo tal vez, exista la posibilidad de encontrarse de nuevo con él. Sea en esta vida o en la otra.

Takasugi x Ginko

Notes:

Me puse a escribir esta historia, no puedo evitarlo amo mucho la historia de Takasugi y Gintoki. Su historia es tan hermosa, llena de amistad, tan angustiante y triste que me hizo llorar a mares. De pronto, me dio esta ocurrencia de escribir otro fic de TakaGin, tendrá angustia como lo vemos en el animé y manga pero tendrá un final feliz, les prometo.

Se me hizo muy largo la historia, tenía pensado un one shot pero decidí dividirlo por pequeños capítulos para que no fuera tan largo.

Advertencia:

Angustia con un final feliz

Algunas escenas tienen leve spoiler del manga

Es mi primer fic Lemon, espero que me haya salido bien. He leído muchos pero nunca intente publicar una historia lemon, espero que les sea de su agrado.

Gintama no me pertenece es obra maestra de Sorachi-sensei.

Una última vez con esa persona se siente como la primera vez

By Underword

Capítulo I: La reconciliación viene después de una pelea de perros y gatos.

- Ginko… no lo hagas… -

Ahí estaba ella, nuevamente sujetando la katana temblando mientras miraba con impotencia entre su sensei, su hermano y su amado.

-Te lo suplico… ¡Detente! -

Estaba detrás de su Sensei. Aquel hombre que la había salvado. Aquel hombre que le dio la oportunidad de ser una humana. De vivir y disfrutar la vida. Le había dado todo. Un nombre. Una identidad. Una vida. Amigos con quienes podía contar. Le había amado como ningún otro y ella lo había amado como padre.

Y ahora, estaba a punto de hacer una elección del que más adelante estaría arrepentida.

-Prométeme...que los protegerás Ginko… -

- Lo prometo...Sensei -

-Gracias...-

Alzó la katana y la osciló directamente por su cuello.

-¡GINKO! -

Ginko se despertó de golpe, sólo para ser recibida por las penumbras que reinaba en su cuarto.

Tenía los ojos abiertos par a par, su respiración errática llenaba el inquietante silencio mientras hacia un esfuerzo por normalizar.

Tomó unos momentos suficientes para calmarse y esperar a que su respiración se normalizara para así recuperarse del aturdimiento.

Al estudiar su entorno, se percató que no estaba en su casa de Yorozuya. Sino en un barco de camino hacia Edo.

-¿Por qué sigo soñando aquella vez? -se dijo para sí con un gruñido frustrado.

Había enterrado ese fatídico día ocurrido hace 12 años atrás, lo había dejado en el olvido desde que empezó a vivir con Kagura, Sadaharu y Shinpachi.

Ahora que no estaba con ellos era como si la pesadilla nuevamente cobró vida.

No podía olvidar el desgarro que sufrió su alma, la sangre de su Sensei manchando sus manos, su rostro y su ropa ni el grito de dolor e ira de Takasugi.

Takasugi…

La relación entre ellos ahora se siente extraña. Había tensión debido al pasado que compartían. Después del enfrentamiento sangriento que tuvieron, ambos llegaron a un acuerdo por el asunto de los Tendoshuu y Utsuro.

Entre ellos había tolerancia. Nada más que eso. No es que drásticamente podían volver a ser amigos.

No tenía sentido ahora.

Sin ánimo de volver a conciliar el sueño, además que su camarote contaba con una pequeña ventana decidió salir a tomar aire fresco y despejar su mente dirigiéndose hacia la cubierta del barco.

Al salir de su temporal fortaleza el frío aire nocturno golpeó satisfactoriamente su piel, enviando una ola de alivio a pesar que su cuerpo sufrió un ligero temblor por el drástico cambio de temperatura.

Tal como lo supuso, aún era de noche con la Luna llena brillando con todo su esplendor acompañado de nubes y diminutas gotas de luz.

Se veía irónicamente hermosa, en lugar de traer sentimiento de alivio como siempre, Ginko sintió amargura ante la terrible noticia que se acaba de enterar.

Ya no había marcha atrás. Ni el momento para las lamentaciones o arrepentimiento.

Ella había fallado otra vez.

Iba a perder a él por segunda vez.

El movimiento del barco por causa de las olas hizo que perdiera en equilibrio y se tropezara para atrás.

Esperaba caerse contra el suelo con un golpe seco.

Pero en su lugar su espalda chocó contra algo firme y cálido. Recibida por un calor que se sentía familiar, le despertó el deseo de aferrarse acompañada de aroma a humo.

-¿Qué estás haciendo? -espetó una voz sedosa y profunda, ricamente atractiva en barítono perfecto. No necesitaba adivinar a quién le pertenecía.

-Tan sólo tomando un aire fresco -respondió con su habitual tono indiferente, era su manera de enmascarar sus sentimientos y ocultar su yo verdadero.

-Por supuesto, imaginé que sólo habría una persona lo suficientemente idiota como para estar aquí en altas horas de la noche -la irritación teñida en la voz de Takasugi era notoria.

Era extraño que después de largos años de separación, ellos podían charlar normalmente como lo habían hecho en sus años de juventud antes de la guerra Joui. Intercambiar insultos era una cosa normal en ellos, cuando hace unos años atrás había una pesada tensión en la atmósfera con la ansiedad lamiendo sus entrañas, anticipando el momento para desenvainar sus katanas y enterrar en las gargantas del otro.

-Tengo problemas para dormir, podrías ayudar cantándome una canción de cuna -se volteó momentáneamente para regalarle una sonrisa pícara. Se sintió aliviada encontrándose con el líder de los Kiheitai mirándola con el ceño fruncido sin portar en su poder su kiseru o su katana. O sin un vendaje cubriendo su ojo perdido dándole una vista suavizada del ex terrorista, en lugar de un sádico maniático. Le resultaba divertido que aún poseía la habilidad de presionar sus botones, había cosas que aún no había cambiado entre ellos.

-¿Qué tienes cinco años, Ginko? -espetó con desdén el hombre de cabellos oscuros- Tan sólo arrojate al mar o golpéate la cabeza, harás un favor visual al mundo -con esto en vez de continuar con la pelea verbal, Takasugi se dispuso a retirarse probablemente a su habitación.

Ginko no queriendo dejar de lado con la conversación o alejarse de Takasugi ahora que estaban en el mismo barco, lo siguió hasta que llegar a su habitación.

-Mou, eres tan cruel Takasugi-kun -pronunció en tono infantil que sabía que lo irritaba- Negando ayudar a una dama en apuros, veo que te haz quedado corto con algo más que tu estatura.

Takasugi se giró para mirarla con irritación. Ginko sonrió triunfante para sus adentros, había olvidado lo divertido que era meterse en la piel de su antiguo amigo y saber que decir referido a su estatura, lo cabreaba mucho.

-Mi estatura es normal, lo único que noto que se ha quedado corto es tu cerebro lleno de azúcar, estúpida cabeza permanente -Le devolvió el insulto.

Ginko a pesar que se estaba divirtiendo de su actual situación con su ex camarada, no podía evitar sentir esa sensación que solamente lo experimentaba con Hijikata, Katsura o Sakamoto.

-Oye, por si no estabas enterado Gin-san es mucho más lista que cualquiera y he podido resolver los problemas gracias a mi genialidad -se justificó.

Takasugi bufó.

-Pues dado a las circunstancias que tuviste encontrándote conmigo y que estés en el barco, dudo que haya sido idea tuya -aclaró con burla.

Ginko en lugar de molestarse como Takasugi lo había esperado, tan sólo lo miró incrédulo.

-Perdona, no acordamos que tú me estabas siguiendo y me propuso que me uniera a ti. Deberías revisar tu cabeza, porque creo que se te está quedando corto, Takasugi-kun -rió de manera despectiva logrando que el hombre se le acercará con molestia.

-Veo que aún tienes tiempo para bromear, mejor sal de mi vista ahora -le espetó con desdén.

-¿Por qué tan mal de humor, Takasugi-kun? ¿Será que es por el estreñimiento o que tu etapa de crecimiento se quedó estancado en tus 1,70? -Ginko no estaba dispuesta en detenerse por mucho que quería, es como si revivir los momentos con Takasugi le hacia olvidar de sus atormentadoras pesadillas y de la triste realidad.

De repente sintió una fuerza empujarla contra la pared, le dolió su espalda pero no tuvo momento para incorporarse en cuanto sus ojos se encontraron con el único ojo verde de Takasugi.

-Si tanto insistes que no puedes dormir, puedo ayudarte a que duermas para siempre, Ginko -susurró amenazadoramente Takasugi recorriendo su mano lentamente desde el rostro de la peli plata viajando hasta detenerse en uno de sus pechos que dio un apretón.

Tomando que la broma fue muy lejos, Ginko le dio una patada en la espinilla.

-Idiota, me duele el seno -

-¿Y crees que mi espinilla no lo hace? -pronunció Takasugi adolorido.

-Pues debiste verlo venir antes que me acosaras sexualmente -quizás seguir a Takasugi hasta su habitación no fue buena idea, debió quedarse en su camarote y evitar este lamentable encuentro que sólo le dio mal sabor en la boca.

-Tú me seguiste hasta mi habitación para empezar -replicó Takasugi mirándola con intensidad.

-Tú fuiste que me dirigió la palabra en la cubierta -recriminó Ginko dejando a un lado la broma y su máscara de indiferencia, estaba harta de fingir.

-No sabía que Sakata Ginko era una imagen lamentable de mujer mirando melancólica en el océano, esperando arrojarse al vacío en cualquier momento -

-Pues a mí debería importarme una mierda lo que te suceda, después de todo morirás en cualquier momento -bajó la cabeza para evitar mirarlo, joder esto le dolía- Pero...no puedo hacerlo…

Shinsuke se detuvo para mirarla con el ceño fruncido.

-¿Lo haces? ¿Por qué? -Takasugi estaba molesto ahora, tras escuchar que aún se preocupaba por él después de todo lo que tuvieron que pasar.

Porque por mucho que debo hacerlo...no puedo dejarte ir. Pensó para sí.

-Debería dejar, volveré a mi habitación -Ginko hizo ademán en retirarse pero fue impedido por Takasugi, quien la tomó por los hombros.

-Dime, Ginko ¿por qué? - le exigió la respuesta.

La susodicha seguía sin mirarlo a los ojos, como si temiera ver lo que estaba frente y desaparecer en cualquier momento.

Takasugi llevó su mano derecha para tomar el mentón de Ginko y obligarla a encararlo.

La encontró con una mirada brillante y cansada, como si estuviera atrapada entre resistir y resignarse por lo inevitable.

-Ginko -esta vez, Takasugi pronunció con suavidad- Ya no somos como antes, ya no somos lo que solíamos ser.

Ginko no necesitaba que le recordara, ellos ya no eran los mocosos problemáticos que estudiaban en Shoka Sonjuku, ya no eran los guerreros que lucharon valientemente en la guerra Joui y...ya no eran novios, ese hecho lo han enterrado hace más de 10 años atrás.

-Lo sé...pero...duele… -dijo Ginko entre susurros- Duele muchísimo…

-¿Por qué aún te preocupas por mí? -repitió la pregunta Shinsuke con cansancio- Pudiste matarme en aquella vez, te he querido asesinar innumerables veces en nuestros anteriores encuentros…¿Por qué lo haces, Ginko?

-¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso no tengo derecho a preocuparme por ti? -Ginko lo miró irritada pero no de él, sino de ella misma- ¿Tengo que fingir que no me importas, Shinsuke? -se sorprendió de llamarlo por su nombre, después de años de separación era extraño encontrarlo natural.

-Si - le respondió Takasugi. En lugar de exigir respuestas decidió especular, algo que no era lo que solía hacer- ¿Es por esa promesa que hiciste a Sensei? - lo último dijo con amargura- Lo mataste hace mucho tiempo, ¿qué diferencia hay que me mates, Ginko?

-¡No lo hago sólo por eso! ¡No todo gira en torno a ti, Shinsuke! -Ginko estalló, quería detenerse pero ya no podía manetenerlo para sí misma por mucho tiempo. Era como si la presencia y el intercambio de palabras con su ex novio provocó que detonara y estallara la bomba- Lo hago porque así lo elegí, crees que no me importó elegir entre Sensei, Zura y tú. Crees que he vivido toda mi vida despreocupada sin tener pesadillas de ese día. Aguantar cada golpe y dormir en la fría celda esperando una merecida ejecución. Esperando que la muerte me llegará en cualquier momento y no pasó nada de eso. Lloraste cada noche estando sola sin tener a nadie a quién abrazar. Vivir sintiendo esta culpa, dolor, vergüenza y tristeza cada vez que te veo a los ojos y ver que camino haz tomado.

Takasugi la miraba con su único ojo abierto, sin palabras. Ginko siguió.

-Cuando...finalmente te veo ahora, saber que no te queda mucho tiempo...es tan injusto -Ginko reunió todas sus fuerzas para no romperse a llorar. Era lo último que quería que Shinsuke la viera- Puede que ya no te importo pero...tú aún me importas, Shinsuke. No quiero verte morir, te amo -finalmente lo dijo, después de reprimir esas palabras por muchos años y rechazar discretamente cada insinuación de otros hombres, por fin dijo lo que quiso decirle desde hace 12 años atrás.

Takasugi quedó sin palabras, mirándola conmocionado. Después de escuchar a Ginko expresarlo todo y por fin dejar caer sus barreras, no había esperado ver su verdadero lado. Roto, cansado y triste. Igual que él.

Esa vez, cuando vio a Ginko ejecutar a su Sensei con sus propias manos sintió su mundo derrumbarse. La mujer que amaba mató al sensei que amaba. Había elegido cerrar los ojos y tomar el camino fácil de destruir todo.

Sin siquiera tener consideración de los sentimientos de sus amigos. Sin siquiera ver lo mucho que Ginko sufrió los siguientes años.

Ambos eran buenos para nada. Ambos odiaron la decisión que el otro tomó, ambos estaban en desacuerdo por el camino que el otro eligió. Ambos estaban tan tristes y amargados por aquella vez, lamentando no ser lo suficientemente fuertes para proteger lo que más amaban.

Ambos se odiaron a si mismos por la debilidad. Enterrando este sentimiento a través de sus máscaras. Creando su propio camino, formando vínculos con otras personas y tratando de respirar.

Ahora…

Takasugi cerró los puños, apretó los dientes con rabia pero no iba dirigido a su ex novia sino a si mismo, por ser un completo idiota.

-Hubiera sido más sencillo que me dijeras que lo hacías por Sensei o que me tengas lástima -luego miró a Ginko, quien estaba cabizbaja- Pero esto...me haces ver como si fuera la peor persona del mundo, Ginko.

- Por supuesto, es mi culpa -ironizó la peli plata con amargura- ¿Por qué no simplemente terminas con esto, Shinsuke? Ambos estamos hartos de estar en esta tonta farsa.

-¿Cuál es la farsa de esto? -inquirió sin alterarse esta vez- Ambos somos sólo unos idiotas bueno para nada, que queremos ser todo menos ser sinceros con nosotros mismos.

-Así somos, ¿no? -vio a Ginko esbozar una irónica sonrisa a pesar que sus ojos estaban ocultos por su flequillo.

Takasugi nuevamente tomó el rostro de Ginko con ambas manos para mirar sus ojos escarlata brillando, como si hiciera un esfuerzo en retener futuras lágrimas.

-Escúchame, Ginko -pronunció firme y suave esta vez- No hay nada que puedas hacer para salvarme esta vez, tan sólo debes aceptarlo y mirar. Hace mucho tiempo había aceptado mi muerte, hace doce años atrás que lo he hecho. No llores, esta vez no lo hagas.

Ginko sin tener suficientes fuerzas, lágrimas cristalinas cayeron de sus ojos traicioneramente formando leves riachuelos en sus mejillas.

Shinsuke usó su pulgar para secar las gotas saladas.

-No debes seguir lamentando por hechos que fueron inevitables y sucedieron, eso me hiciste ver. Y finalmente pude aceptar -pausó- ¿No eras una heroína de Jump acaso? Su regla importante es no llorar.

Ginko lo miró con una expresión amargada.

-No lo soy, nunca lo fui -su mirada se tornó muy triste- Shouyo-sensei lo fue...nunca seré como él ni en millones de años.

-Lo eres para ellos -Shinsuke se refería a las personas que Ginko conoció y se convirtieron en las más importantes- También lo eres para mí -

Con esto, Shinsuke acortó la distancia escasa rozando sus labios con los de Ginko y luego convirtiendo el roce en un casto beso.

Ginko cerró los ojos, no tardó en corresponder el gesto al rodear sus brazos en el cuello de Shinsuke, como si hubiera anhelado ese beso.

El beso había comenzado sutil pero querían más, querían sentir más contacto después de tantos años de distancia y no iban a parar hasta apagar este fuego que se encendió entre ellos.

Ginko tomó la iniciativa de abrir la boca, no tardó en sentir la lengua de Shinsuke hacer contacto con la suya provocando que un escalofrío placentero recorriera en el cuerpo de ambos. La habitación se escuchaba sonidos húmedos, gemidos de ambos y la fricción de sus ropas.

La lengua de ambos danzaban y volvían a besar sus labios húmedos por la saliva, sus manos comenzaron a explorar sus cuerpos y deshaciendo sus ropas con lentitud.

En estos momentos, ambos se sentían como aquellos días en los que habían sido dos adolescentes torpes y hormonales preparándose para su primera vez. Recordaron que habían comenzado tímidamente, explorando el cuerpo del otro con timidez y fascinación a la vez, los toques habían sido inseguros pero dispuestos, los besos habían sido decididos y la pasión entre ellos era igual de intensa como cuando iban en batallas o cuando competían.

Ginko estaba en la cama ahora mismo, desnuda junto con Shinsuke. Mirándolo como si estuvieran por hacer su primera vez, cuando ya lo habían hecho en sus años de noviazgo.

A pesar de su rostro demacrado por la enfermedad y cansancio, pálido y delgado. Shinsuke siempre se vio atractivo a sus ojos desde que habían sido niños y ahora: su ojo sano que brillaba con intensidad, ese hermoso cabello oscuro con matices púrpura contrastando con su cuerpo blanco, delgado pero fuerte y bien tonificado músculo y esas manos habilidosas, siempre lo había considerado atractivo e inalcanzable. Ahora le resultaba increíble que este a punto de hacerlo una vez más con él. Con su amigo de infancia. Con el niño del que se enamoró pero le dio vergüenza y rabia admitirlo en voz alta. Con el joven que confesó sus sentimientos e hicieron el amor por primera vez. Con el hombre que lloró al verlo herido y tomar un camino de odio y oscuridad. Con este mismo hombre que volvió al camino correcto y se habían reconciliado.

Shinsuke admiró a Ginko como si fuera la primera vez, nunca lo admitió ante nadie que siempre había sido una mujer hermosa. Había anhelado en secreto cuando habían sido niños, la primera vez que se conocieron. Y cuando crecieron esa admiración y anhelo fue creciendo, había observado a Ginko pelear en el campo de batalla con un poder que ningún hombre pudo rivalizar, convirtiéndose en el ángel caído que exterminaba a los que se interponían en el camino y cuando estaba con ellos, a pesar de su personalidad provocativa e infantil conseguía ser una gran miembro que apoyaba a sus compañeros.

Para los ojos de todos era Sakata Gintoki, Shiroyasha, la esperanza de los Jouishishi y héroe samurai, un hombre que no temía a nada. Pero para los ojos de sus más cercanos Katsura, Sakamoto y Takasugi era Sakata Ginko, una mujer que había decidido renunciar su femenidad para unirse junto con sus amigos a la guerra. Una niña que era fuerte y lo había vencido en muchas ocasiones hasta que finalmente alcanzó un empate. Una niña que se convirtió en su amiga junto con Katsura. Una joven que decidió luchar junto con sus amigos, en lugar de esperar con angustia como lo hacían la mayoría de las mujeres. Una joven que confesó sus sentimientos y ambos se entregaron en una inolvidable noche lleno de pasión y amor. Una mujer que tuvo que hacer sacrificios y derramar lágrimas con la sangre de su amado Sensei cubriendo su cuerpo y rostro. Una mujer que se despidió de él mientras estuvo inconsciente con un tierno beso para luego desaparecer y no volver a verla durante una década.

La primera vez que lo han hecho, Takasugi había admirado ese hermoso cuerpo: curvo y femenino con proporciones propias de una mujer que ocultaba bajo holgadas prendas y la armadura samurai.

Parece que no había cambiado ese rasgo. Su personalidad seguía siendo más perezosa y desagradable que antes pero tolerable, su cuerpo seguía siendo hermoso a pesar de su consumo peligroso con el azúcar y su cabello plateado con una permanente indomable que la caracterizaba.

Ambos se miraron a los ojos y reanudaron el beso con lentitud como si quisieran grabar y memorizar este último momento que ambos compartirían. Cerraron los ojos y se permitieron disfrutar el contacto, habían olvidado lo mucho que se habían extrañado, permitiendo una oleada de placentera electricidad recorriera a ambos por sentir piel con piel.

Shinsuke empezó a besar el cuello de Ginko, dando besos, lamidas y leves mordidas en ciertos puntos sensibles que sabían que la volverían loca. Sonrió internamente al escuchar su gemido, se sentía como la gloria mucho más placentero que los números de victorias que llevaron juntos.

Ginko recorría con sus manos el cuerpo de Shinsuke como si tratara de recordar la vez que habían hecho juntos, quería grabar sentir la fibra de sus músculos tensarse y relajarse; el aroma a humo, ceniza y sudor que desprendía su cuerpo, su cabello sedoso y suave que provocaba cosquillas cada vez que tocaba su piel, esa boca y esas manos tocando y enviando un placentero escalofrío por todo su cuerpo.

Había extrañado mucho a Shinsuke. Sus anteriores aventuras con otros amantes no eran nada comparado con el hombre que había amado desde que era niña. Ese día cuando sus ojos se cruzaron con el niño retador en Shoka Sonjuku, la condenaron a un camino de amistad, valor, dolor, felicidad, tristeza y sobre todo amor.

Tembló, no de una manera desagradable, al sentir la caricia y los besos de Shinsuke en las cicatrices de batalla hechas por él, especialmente una marca notable donde la hoja de su espada estuvo clavada en su antebrazo, sino encontró entrañable ese gesto tierno de su parte.

Dejó escapar un gemido al sentir las manos y la boca de Shinsuke detenerse en sus pechos. Era increíble que esas manos tan expertas en componer las bellas melodías en su shamisen, tan letales que ha matado innumerables enemigos con su katana, estén provocando un enorme placer ahora mismo.

-S-Shinsuke...ah… -gimió Ginko al sentir la lengua de su amado lamer, chupar y morder levemente su pezón mientras su mano masajeaba descaradamente su seno izquierdo para repetir el mismo proceso con el seno derecho. Ella en su lugar podía acariciar su cabello y su espalda hasta que sólo podía dignarse a sentir placer cuando sintió a Shinsuke dar una lamida en su vientre plano hasta viajar a su entrepierna.

Abrió los ojos par a par, quería protestar y detener su avance, exigir que no sea lento pero...todo perdió sentido al sentir un incontrolable placer que apenas podía formar palabras.

-Shin...Shinsuke...ahh...ahh...Espe...eso...ahhhh -apenas podía formar palabras inteligibles sin que su garganta deje de soltar gemidos.

Podía sentir la lengua de Shinsuke saborear la flor de su cuerpo, estimulando aquella zona sensible insertando dedos mientras con su lengua la distraía de cualquier dolor.

Ginko sentía un calor familiar viajando por su vientre.

Dejó escapar un sonoro gemido en cuanto llegó a su inevitable orgasmo.

Shinsuke aún acariciaba sus muslos, continuó chupando y saboreando el dulce néctar que Ginko soltó.

Levantó el rostro encontrándose con una muy sonrojada Ginko, dando respiraciones erráticas por su intenso orgasmo.

Shinsuke lamió sus labios, había olvidado lo delicioso que supo la primera vez que la ha probado.

Cuando se le acercó a Ginko, quien aún se estaba recuperando de su reciente éxtasis, Takasugi le sonrió con ternura a pesar de la creciente lujuria que estaba sintiendo ahora.

Tomó el rostro de la peli plata con suavidad para regalarle un tierno y apasionado beso, que no tardó en ser devuelto.

Ginko abrazó a Shinsuke con tanto cariño, cuando se separaron para verse a los ojos y sonreír genuinamente como nunca lo han hecho. Este momento era sólo de ellos dos.

Antes de que Shinsuke tomará la siguiente acción, Ginko bajó la mano hasta detenerse en su hombría consiguiendo un jadeo del pelioscuro.

Esbozó una sonrisa pícara.

-No serás el único en esto, Shinsuke -su mano comenzó a bombearlo, causando que Shinsuke llenara el silencio con jadeos y gruñidos erráticos.

Ginko estaba orgullosa que podía romper la imagen resuelta de su rival y ex novio con algo más que sólo competencia.

-G-Ginko… -jadeo Shinsuke apretando sus dientes en un intento por mantener la cordura. Su respiración se estaba agitando cada vez más y su cuerpo se aferraba al otro cálido cuerpo que lo estaba volviendo loco- O-oi...s-si...sigues ahh...así...no...aaahh...podré seguir…

Ginko detuvo su acción y se limitó a mirar a Shinsuke colocarse entre sus piernas y rodear su cadera, pero se detuvo.

-¿Qué sucede? -preguntó confundida.

Shinsuke dio un suspiro.

-Debemos detenernos -iba a alejarse pero fue impedido por un par de piernas que lo rodearon- Ginko…

-¿Por qué dices que paremos después que probaste mi dulce parfait? -

-Tenías que decirlo así -replicó Shinsuke rojo ante el desvergonzado comentario de la peli plata. Luego desvío su mirada avergonzado- Recordé que no tengo conmigo...protección -aunque nunca llevaba nada de eso. Había tenido unas aventuras con unas que otras prostitutas, sabiendo que ellas tenían métodos anticonceptivos, pero fue hace mucho tiempo y en los siguientes años que fue terrorista las relaciones sean físicas o románticas estaban fuera de su mente. Y hace unos días atrás batalló junto con Ginko contra los Tendoshuu, nunca había esperado reencontrarse con su ex novia y anticipar que terminaría en esta situación.

Hizo ademán para alejarse otra vez, por mucho que le gustaría continuar no quería que haya consecuencias.

Sin embargo, al parecer Ginko no estaba dispuesta que esto terminará rápido.

-Ginko -iba a replicar pero un par de manos tomando su rostro haciendo que mirara directamente a la aludida, lo detuvo.

-Quiero hacerlo, Shinsuke. Si después de esto...sucede un resultado inesperado...estaré dispuesta a afrontarlo -

Shinsuke abrió los ojos sorprendido, luego recuperó la compostura al esbozar una sonrisa engreída.

-Wau, Ginko responsable por esta vez ¿quién lo creería? -comentó burlón.

- Puedo ser responsable cuando quiero, Bakasugi -replicó sonriendo igual.

-No me culpes si llega a suceder ese resultado -a pesar de la broma, su mirada era seria. El tema era delicado y habían discutido cuando fueron adolescentes antes de hacer su primera vez.

-No te prometo nada -Ginko lo miraba con seriedad a pesar de su sonrisa pícara.

-Espero...conocerlo algún día si llegara a suceder… -incluso si es algo que ninguno de los dos querían, ambos por mucho que ese plan nunca se les cruzó por sus mentes, la idea de formar una familia juntos les sonaba descabellado pero hermoso.

-Tan sólo no mueras antes -Ginko no pudo evitar repetir esa misma palabra que le dijo a Shinsuke antes de la misión de salvar a su Sensei. Pero esta vez, decidió aceptar el destino que le esperaba a su amado.

Shinsuke rió y besó la mano de su amada.

-No te prometo nada -

-Idiota, no robes mi palabra -a pesar de la protesta, Ginko rió también para luego besarlo.

Por esta vez, ambos decidieron continuar sin decir una palabra alguna. Shinsuke sin separarse de los labios de Ginko, comenzó a prepararla con sus dedos. Bebió los gemidos de la peli plata con otro beso apasionado, que no tardó en ser correspondido.

Siguieron así hasta que sintió el apretón de las manos de Ginko en su hombro.

-N-no jodas...S-Shinsuke...hazlo ya -expresó ansiosa.

Rió el líder de los Kiheitai divertido.

-Tan precipitada, Ginko...estás ansiosa por sentirme -

-Tan sólo no puedo creer lo lento que seas, Bakasugi. O quizás, ya estás en tu límite -insinuó con sorna.

- Ya veremos quien llegará a su límite, idiota permanente -le respondió al desafío.

Takasugi se preparó colocándose entre sus piernas y llevando su hombría a la entrada de Ginko.

Antes de cometer su acto, una mano femenina acarició su rostro con ternura.

-Te voy extrañar mucho -expresó Ginko dedicándole una sonrisa genuina. Le besó su párpado izquierdo como un íntimo gesto.

Shinsuke le devolvió el gesto aferrándose a esa mano fuerte y delicada para luego besarla con cariño.

-Yo también -le sonrió también.

Ella cerró los ojos, sintió la mano de Shinsuke acariciar su rostro y sus labios besando con ternura su frente, su nariz, su mejilla y por último, sus labios. Ella rió ante su tierno gesto.

Dejó escapar un gemido sonoro al sentir a Shinsuke introducirse en la entrada, no le dolía como la primera vez que hicieron el amor pero si ardía mucho. Se aferró al pelioscuro sintiendo ese calor familiar mientras olía su masculina y adictiva aroma.

Shinsuke cerró los ojos al sentir ese calor húmedo que, hace mucho lo había tomado la primera vez que hizo el amor con Ginko. Cerró los puños para evitar que la lujuria tomará el control de su cuerpo y herirla, ya la había hecho en sus batallas y ahora, hacer eso era lo último que haría.

Ambos habían extrañado esto. Sus cuerpos encajaban perfectamente como debieron haber sido hace más de una década y ahora que volvieron a hacer el amor, no querían alejarse el uno del otro. Aún sabiendo que este sería el último de todos.

Porque una vez que pisen el Edo, ambos tomarán caminos separados y quien sabe cuando volverán a verse.

Y es por eso que ambos iban a aprovechar este momento para recuperar lo que habían perdido.

Ambos dejaron escapar gemidos cuando Shinsuke comenzó a moverse. Primero fue una embestida lenta moderada que luego de convirtió en una errática y desenfrenada.

En medio de la éxtasis se besaron otra vez, Ginko se movía también, no quería que Shinsuke sea el único que se encargara de esto además quería que él sintiera las mismas sensaciones que ella ahora lo estaba experimentando.

Ambos dejaron escapar gemidos cada vez más altos al sentir que estaban llegando a sus límites.

-S-Shinsuke...aahh...yo...no...puedo...m-más...Ahh - Ginko gimió dificultosamente al sentir un calor viajando por su vientre.

-Y-yo...yo tampoco...aahh -Shinsuke dejó escapar un gemido ronco.

Ambos se tomaron de las manos y se aferraron sin dejar de moverse frenéticamente hasta que gritaron al unísono cuando llegaron a un increíble y exquisito orgasmo.

Ambos se recostaron agotados en la cama cubiertos de sudor y pegajosos, Shinsuke cuidadosamente se retiró de Ginko para luego abrazarla por la cintura.

Esperaron unos buenos ratos hasta que se normalizara su respiración para poder hablar.

-Eso estuvo increíble -expresó Ginko con una sonrisa cansada.

- No estuvo nada mal - Shinsuke le sonrió descarado.

Ginko lo miró con el ceño fruncido con un puchero.

-¿Nada mal? Admítelo que estuvo bastante genial -de repente, la peli plata dejó de sentirse cansada.

-Estoy diciendo que fue mucho mejor de lo esperado -Takasugi no podía evitar molestarla, le resultaba entretenido y vigorisante en momentos así.

-¿Y qué quieres decir con eso, Bakasugi? Esa es tu manera de decir las gracias a tu amada -Ginko lo miró con fingida ofensa- Eres tan malo, Shinsuke-kun. Ahora veo el porqué no creciste.

Esta vez, Shinsuke la miró con los ojos blancos y la molesta expresión no tardó en apoderarse en su rostro.

-¿Qué tiene que ver el sexo con mi estatura? -

-Tal vez sea impotencia, Chibisuke -Shinsuke quería borrar esa estúpida sonrisa engreída de su rostro.

-Te juro Ginko que cuando te ponga las manos encima- su diatriba fue interrumpida por una descarada Ginko.

-Oh, sí. Shinsuke-kun, me gusta que me hables así de sucio y siempre tan ansioso de sentir mi vagi-

Shinsuke le dio un leve golpe en la cabeza.

- En momentos como este estoy comenzando a arrepentirme de estar contigo -

Ginko sobándose la cabeza, a pesar que era un leve dolor miró mal a su amado. En lugar de dejarse llevar por otra pelea sin sentido, sonrió perversamente ante la idea que se le cruzó por la mente.

A pesar que sentía pesadez en su cuerpo, se levantó sin problemas de la cama y lo siguiente que hizo fue sentarse a horcadas del tuerto.

Sonrió internamente al ver a Shinsuke enrojecerse ante la vista de su cuerpo desnudo, Ginko nunca tuvo timidez de mostrarse así a sus anteriores amantes y sentía un aire a superioridad por cada hombre que admiró su cuerpo de esta manera.

-¿Qué haces, Ginko? -a pesar de su ceño fruncido, la piel enrojecida de su rostro decía lo contrario.

-No creas que eso fue todo, Shinsuke -recorrió el cuerpo de su amado con sus manos como serpiente hasta que se detuvo en su hombría, Ginko acercó su rostro sin dejar de mirarlo- Es hora de dar una probada a tu Yakult.

-Tenías que matar este momento con tu horrible chiste, pervertida -Shinsuke no tardó en protestar con un enrojecimiento completo de su rostro, como una langosta cocinada ante aquel comentario sucio.

-Veamos a que sabe - Ginko abrió la boca para probarlo. Shinsuke no tuvo palabras tampoco las necesitó, tan sólo lo siguiente que supo era que estaba siendo testigo del porqué Ginko había sido temible en los campos de batalla. Su resistencia no tenía ninguna rivalidad con los hombres ni con los Amanto.

Lo único que se le cruzó en sus pensamientos fue lo increíblemente maravilloso que era la boca de Ginko.

-Aah...Ah...Shinsuke...ahí...justo ahí...ahh-

-Haa...Ginko...se siente...tan...jodidamente bien... -

Su última ronda acabó con Ginko montándolo como un animal salvaje, pero no podía quejarse, había experimentado toda clase de posiciones antes que el cansancio se apoderaran de sus cuerpos.

Takasugi levantó la parte superior de su cuerpo con la ayuda de sus brazos, no tardó en rodearla y besarle lo más apasionado que podía ofrecer.

Esta posición en secreto le encantaba, se sentía tan íntimo que sólo lo compartiría con nadie más que Ginko. Estaba seguro que debe tener la misma idea.

Al separarse, Ginko lo abrazó mientras besaba su cuello, inhalando por enésima vez aquel embriagadora aroma que sólo Shinsuke poseía.

Ya estaban cerca, lo sentían, tenían que dar sus últimas fuerzas para llegar a su último orgasmo.

Ambos dieron un grito cuando alcanzaron su máximo éxtasis y se recostaron juntos en el futon, agotados y satisfechos.

Antes de dormir, se pusieron a bromear como si aún fueran adolescentes. Comenzó cuando a Takasugi le dio ganas de fumar y trató de buscar su kiseru en su kimono, no lo encontraba hasta que lo vio en las manos de una Ginko sonríendole con picardía. Él le pidió que se lo diera, ella se negó y lo desafío a que le arrebatara. Empezaron a corretear en la habitación sin importar que ambos estaban desnudos, en medio de la persecución Ginko le arrojó la sábana del futon consiguiendo que Shinsuke cayera.

Al ver que no se movía y no le respondía, Ginko lo miró preocupada y se le acercó para comprobar su estado. Shinsuke tomó represalia de atraparla con la sábana junta, ignorando el grito de sorpresa de Ginko, y ambos se recostaron en el futon riéndose como nunca lo habían hecho.

Durmieron lo necesario, Ginko se despertó por un olor a humo. Al levantarse se encontró con un Takasugi recostado contra la pared, vestido con su kimono mientras fumaba y veía perdidamente un punto ciego.

Ginko a pesar que no le gustaba el olor a cigarrillo, prefería ese aroma que el olor a sangre, muerte y miseria que le recordaba a sus días en la guerra Joui.

Vistiéndose vagamente con su kimono, se acercó a Shinsuke y lo abrazó por detrás. Sintió la tensión en el hombre y luego sus músculos se relajaron, no le molestó el contacto porque si lo fuera la hubiera alejado.

Ninguno de los dos habló, porque ya expresaron lo que no pudieron decir antes, para que ya no haya más arrepentimientos.

A pesar que se amaban como nunca lo habían hecho, ambos esperaban un inevitable futuro y cerrar el capítulo de ambos.

Por mucho que querían congelar este momento y quedarse así para siempre.

Pero la eternidad no duraba. Y eso ambos lo sabían muy bien.

Cuando llegó la luz del día, ambos se encontraban en la cubierta del barco viendo dibujarse un horizonte que sabían que era Edo, en el momento en que pisaran la tierra tomarían caminos separados nuevamente: Ginko volvería con sus chicos de Yorozuya y Takasugi con lo que quedaba de los Kiheitai.

-Y aquí estamos - Ginko fue la primera en romper el largo silencio. Una vez que sus pies pisaron el muelle.

-Sí -

-Aquí es mi hogar ahora -

Shinsuke levantó una ceja esperando algo más, Ginko tratando de ocultar cierta vergüenza lo miró para hablar.

-Si...sobrevivimos de esta y no te queda mucho tiempo...sería bueno compartir un trago con Zura y Sakamoto como en los viejos tiempos -

Takasugi tan sólo negó con la cabeza y río levemente.

-Con la condición que tú pagas la bebida -

-Bastardo avaro, se supone que el hombre debe pagar por la mujer -le recriminó la peli plata- Si quieres poner en la cuenta de alguien elije a Zura o Sakamoto, ellos inventaron una tonta historia que les debo por el Pocari.

-¿Y eso? -cuestionó Takasugi con una ceja alzada- Tan sólo recuerdo que Sakamoto me debía por el Yakult.

- Lo dices porque ya me bebí todo tu Yakult hace unas horas -

Recibió un golpe de un avergonzado Takasugi, Ginko en lugar de quejarse se río descaradamente.

Siguieron así hasta que se separaron camino a la terminal, se perdieron y nuevamente se reencontraron en lo alto de la Torre en ruinas. De ahí, Ginko supo que no iban a reencontrarse con sus amigos y compartir la bebida como lo hubieran querido.

Ginko supo que no era una heroína de Jump. Era una mujer que tomó el camino del Bushido que sólo sabía herir y matar, pero había decidido usar su habilidad para el bien. Era solamente una humana, no tenía poderes como cualquier protagonista de Jump. No sabía ningún poder o conocía a alguien con poder que pudiera salvar la vida de Takasugi.

A pesar de la culpa, los errores que cometió más los más devastadores resultados que vivió como consecuencia de sus peores decisiones, no estaba arrepentida de nada. Había disfrutado mientras los buenos momentos habían durado. No estaba arrepentida de convertirse en samurai. No estaba arrepentida de haber conocido a Shouyo-sensei, no estaba arrepentida de haber conocido a muy buenos amigos durante su largo camino. Y no estaba arrepentida de haber conocido a Takasugi Shinsuke.

El único hombre que había amado desde que era niña y todavía lo hacia incluso si se estaba desvaneciendo en su regazo ahora mismo.

Acunó la cabeza de Shinsuke entre sus brazos, le había regalado un último y significativo beso, más unas palabras con la promesa de algún día reencontrarse con él sea en el infierno o en la otra vida, lista para un desafío más. Había reunido todas sus fuerzas para reprimir las lágrimas y en su lugar, regalarle una sonrisa porque es lo que su amado Shinsuke habría querido. La última vez cuando perdieron a Shouyo-sensei, la había visto llorar y eso era lo último que quería que viera.

Shinsuke se sintió satisfecho y en paz por primera vez desde aquellos días en Shoka Sonjuku cuando su ojo derecho finalmente se cerró.

Ginko permaneció así hasta que sintió que ya no le quedó fuerza para seguir conteniendo, cuando vio que Shinsuke ya estaba frío...lloró.

Abrazó el cuerpo frío e inerte del que había sido el amor de su vida y lloró gritando de dolor hasta que ya no le quedó voz para continuar.

-¡SHINSUKE! -

Takasugi se había ido. Dolía. Joder, dolía mucho. Y no había nada que pudiera haber hecho para evitarlo.

Cuando terminó Ginko le depositó un beso en la frente, colocó cuidadosamente su cuerpo en el suelo y contempló el sol naciente.

Sentía que había perdido parte de su alma hoy.

Takasugi le había dicho que tenía cosas que proteger y lo haría. Tenía que continuar, tenía que vivir mientras continuaba respirando como siempre lo había hecho.

Su vida no acabaría aquí. Viviría para él y esperaría, el tiempo necesario, para encontrarse con él de nuevo.

Habían pasado tres meses después de la muerte de Takasugi, Ginko había vuelto con su querido grupo de Yorozuya y volvían a lo suyo, pero por dentro sentía que ellos sospechaban que algo le había sucedido. Después de todo, por mucho que eran niños eran muy preceptivos. Y eso lo notaba cada vez que la dejaban sola, sabiendo que su jefa necesitaba espacio algo que Ginko los agradecía en el fondo.

Incluso recibía visitas constantes de Zura, puede que su amigo de infancia siempre lo haya considerado un completo idiota pero era muy perceptivo y era el único junto con Sakamoto que sabía sobre su relación con Takasugi.

Zura le había prometido que juntos harían su noche de bebidas en honor a su amigo difunto junto con su querido sensei.

Ginko lo aceptó sin protestar, estaba a punto de despedirse de los chicos para reunirse con sus viejos amigos hasta que sintió náuseas y fue directamente al baño a vaciar el contenido de su estómago.

-¡Gin-san! -escuchó a Shinpachi precipitarse en la puerta del baño- ¿Se encuentra bien? -

-Ya van siendo la décima vez que vomitas, aru -expresó Kagura con preocupación- Deberías ir con un doctor, últimamente pareces muy enferma.

-E-estoy bien… -pronunció Ginko apenas recuperada de su arcada.

-Debería cancelar su reunión con Katsura-san si se siente muy mal -sugirió Shinpachi con preocupación- Debería descansar.

-Sólo tomaré unos analgésicos y estaré mejor -se levantó a duras penas del suelo pero se detuvo cuando los mareos regresaron con nueva intensidad.

Se apoyó contra la pared con pesadez, las voces de Shinpachi y Kagura se hicieron ecos y el entorno parecía dar vueltas hasta que todo se puso negro.

-¡GIN-SAN/ GIN-CHAN! -

Continuará...