*°*°*La última vez con esa persona se siente como si fuera la primera vez*°*°*

Underword

Summary:

Por fin había llegado el día en que Takasugi Shinsuke ha vuelto y ahora deberá enfrentar a lo que tanto temió y a la vez anhelo desde su regreso a Edo: conocer a su hija. No estará solo, tendrá apoyo de Ginko y después...pensarán en el futuro de ambos.

Notes:

Por fin! Tomó mucho tiempo pero finalmente terminé de escribir el capítulo final de este largo one shot. Dolió mucho cuando vi el final del manga Gintama pero me dio esperanza de saber que Takasugi reencarnó. A pesar que Gintama llegó a su fin, jamás olvidaré lo grandioso que ha sido este animé y me parece increíble lo mucho que sus seguidores aún lo apoyan.

Disfruten mucho este último capítulo. Dejen sus comentarios por favor.

Y siento mucho si salió OCC en algunos personajes. La escritura salió desde lo más profundo de mi corazón más que mis pensamientos.

La última vez con esa persona se siente como si fuera la primera vez

By Underword

Capítulo III

Despertar con un "buenos días" y sonríes se siente como un "buenos días" de verdad

Shinsuke estaba nervioso, pero nunca iba a admitirlo en voz alta.

Llegó el día en que finalmente conocerá a su hija.

Había pasado tres meses cuando alcanzó la edad adulta de sus amigos, estaba agradecido que no haya tardado en crecer. No sabría cuanto tiempo aguantaría las bromas de Ginko respecto a su estatura; Sakamoto comentando sobre las ventajas de su juventud y que debería sacar provecho a la hora de llevar a Ginko a la cama, lo cual valió la patada y golpe de parte de la pareja o Kagura tratándolo como un hermano pequeño y llamándolo "Chibisugi".

Ahora mismo estaba dentro de la oficina Yorozuya, esperando el regreso de Umeko de su paseo con Shinpachi, Kagura y Sadaharu.

-¿Nervioso? -sintió a Ginko situarse a su lado en el sofá.

-Por supuesto que no -le respondió rápidamente para enmascarar su inquietud- Tan sólo estoy ansioso.

Ginko esbozó una sonrisa divertida.

-No te preocupes, Umeko te ama aún cuando no te ha conocido y siente lo mismo que tú -le tomó las manos de su novio y le dio una caricia con sus dedos para aliviarlo- Te amará incluso si vomitas Yakult.

-Como si vomitara en un momento así -replicó con brusquedad, a pesar que sonreía- Esto se siente un poco surrealista.

-Créeme, yo también lo he sentido así -pronunció Ginko con compresión. No podía creer que el hombre que estaba a su lado era Takasugi Shinsuke, esta vez se veía más renacido y jovial. Sin rastro de estrés ni fatiga como lo había visto en su último respiro. Sin el ceño fruncido que lo caracterizaba y con dos ojos esmeralda que tanto admiró desde pequeña. Simplemente, era tan surrealista que le parecía difícil asimilarlo. No es diferente cuando cuidó a Shouyo cuando era bebé, pero era tan increíblemente sorprendente que el hombre que había muerto en sus brazos este a su lado y con una apariencia más rejuvenecida que antes.

Ginko no era lo única atrapada en sus propios pensamientos.

Shinsuke no podía creer que este aquí mismo, en la oficina de Yorozuya con Ginko a su lado.

En su anterior vida, había sido un terrorista radical más buscado. Había asesinado, destruido y arruinado vidas de otras personas sólo porque no pudo afrontar el dolor de haber perdido a su Sensei. Le dio la espalda a la mujer que amaba. Le había culpado de aquello. Le había lastimado más de lo que ya estaba. Le había querido matarla incluso. Cuando pudo haberse quedado a su lado, abrazarle, brindarle apoyo y consuelo mientras le limpiaba sus lágrimas.

A pesar de eso, sus amigos lo recibieron con los brazos abiertos. Ginko jamás lo odió y siempre trató de salvarlo, cuando pudo haber elegido seguir avanzando, buscar a un hombre que la haga feliz mucho más de lo que Shinsuke pudo haberle ofrecido y formar una familia como lo hubiera querido. Pudo haberlo hecho pero eligió esperarlo y darle otra oportunidad aún cuando no lo merecía.

Aún no podía olvidar el momento de su muerte. Podía sentir que Ginko también lo recordaba.

Después de luchar contra Utsuro, no tuvo miedo de morir, desde hacia mucho tiempo esperaba morir junto con su Sensei. Morir en el regazo de la mujer que fue todo para él y grabar su sincera sonrisa con su único ojo sano fueron suficientes para él.

Lo único que estuvo arrepentido fue que ya no estaría al lado de la mujer que amaba. Ya no estaría para devolverle las payasadas de Ginko ni verla sonreír más. Ya no estaría ahí para secar sus lágrimas otra vez. Ya no estaría para ver cumplir su más anhelado sueño.

Ver a Ginko sonreírle y decirle las palabras que sólo conocía en sus días de juventud fueron suficientes para sentir paz después de mucho tiempo, mucho más que en sus días de Shoka Sonjuku y finalmente cerró su único ojo sano.

Takasugi Shinsuke por fin pudo descansar en paz.

Cuando se despertó. Se sintió extraño. Había vuelto a la vida.

No sabía si fue obra de alguna divinidad, sea Buda o Enma o por la Altana pero de alguna forma le ofrecieron otra oportunidad de redimirse.

Su cuerpo se estaba desarrollando más rápido de lo normal, sus recuerdos habían sido simples fragmentos dispersos que había tomado tiempo en juntarlos pero, aún no podía olvidar esos ojos carmesí ni ese cabello plateado brillando a la luz.

El rostro irritante de su amiga que seguía interponiéndose en su camino, la rival a la que quería derrotar y la mujer a la que persiguió y amó durante tanto tiempo…

Mirándolo ahora, está feliz de que fuera así. Está más que agradecido de tener personas que pensó que había perdido para siempre en su vida nuevamente.

Tanto Ginko como él iban a vivir juntos y cumplir el sueño anhelado junto con sus amigos y seres queridos que aún están.

Después de tantos años, iban a vivir felizmente juntos hasta el final.

El suave tacto de las manos de Ginko acariciar su rostro lo sacó de sus pensamientos, verla sonreír de una manera brillante con aquella picardía infantil que la caracterizaba, le apartó su ansiedad y no pudo evitar preguntarse, qué había hecho para merecer a una mujer así. Que lo amara, que arriesgara su vida por protegerlo, que hiciera frente a sus enemigos por salvarlo y que sin importar si no recibiera nada a cambio, lo hiciera de todos modos.

Ella había sido amada por su Sensei, lo había amado también y continuó avanzando después de todo lo que sufrió, todo lo que perdió y todas las lágrimas que derramó. Formando lazos con muchas personas a lo largo de su vida, personas que estaban dispuestos a luchar a su lado e incluso destruir el mundo por ella.

Realmente ella era fuerte. Tanto física como espiritualmente.

-Shinsuke -Ginko decidió romper el hielo con una simple pero importante pregunta- ¿Alguna vez te imaginaste ser padre?

Takasugi parpadeó ante aquella cuestión pero a juzgar por la mirada de Ginko, le hizo ver que quería una respuesta.

-La verdad, nunca lo he hecho. No tuve buena relación con mi padre debido que nunca me entendió y además el matrimonio de mis padres fue arreglado -le respondió restándole importancia de su familia- ¿Y tú? Según aquella vez, me dijiste que querías formar una familia propia.

-Me sorprende que lo recuerdes -Ginko llevó distraídamente un mechón de su cabello tras la oreja- Eso dije pero...tampoco me imaginaba como madre. Aparte, éramos muy jóvenes y estábamos más preocupados por Sensei que en eso -admitió con sinceridad.

Takasugi levantó una ceja para nada convencido.

-Criaste un par de niños que ahora trabajan contigo, cuidaste a Shouyo-sensei cuando era bebé y criaste muy bien a Umeko -nombró Takasugi los hechos que había visto atentamente- Tan sólo, eres tan terca que no quieres admitir que tienes el don natural de ser madre.

Ginko rió ante aquella aclaración muy cierta.

-Supongo que es verdad. Al principio puede ser duro estar solo y de repente tener a tu lado niños tan energéticos pero de alguna forma, una vez que los conoces mejor terminas apegándote a ellos y te despierta ese sentimiento de protegerlos sin importar lo que pase. Tan sólo debes confiar en ellos -había un tono nostálgico en su voz- Y ellos, en cambio, confían en ti, harían lo mismo por ti y jamás te dejarían solo.

Takasugi no necesitaba adivinarlo, sabía a lo que su novia se refería.

Había aprendido de Shouyo sensei y había seguido sus pasos de alguna manera sin importar su doloroso pasado, nunca había dejado de ser fiel consigo misma.

-Shinsuke -levantó la mirada encontrándose con aquellos ojos carmesí que tanto le exasperó y tanto amó- Pase lo que pase, todos estaremos contigo -le ofreció un último apretón en sus manos como muestra de apoyo, el pelioscuro se aferró a esa calidez que tanto lo había extrañado.

Se escuchó la puerta de la entrada abrirse más las voces pertenecientes a los niños y de Umeko llamando a su madre.

-Iré por ella, no puedo dejarla esperar -Ginko le dio una sonrisa para luego levantarse de su asiento y encaminarse a la puerta en busca de su hija.

Takasugi esperó pacientemente. La presencia de Ginko no se hizo esperar, está vez cargando a su hija en sus brazos, quien lo miraba con sus grandes ojos brillantes carmesí que Takasugi se enamoró a primera vista.

Su hija era realmente muy hermosa. Había heredado su cabello lacio oscuro con matices púrpura bajo la luz y recogidos en dos coletas que en una se destacaba un bonito adorno con forma de mariposa, su piel tenía una tonalidad saludable que a simple vista, parecía haberlo heredado de su madre y vestía un kimono púrpura con dibujo de flores y mariposas en plateado y blanco.

Ella era el fruto de la unión de él y Ginko.

-Umeko, quiero que conozcas a alguien muy importante para mí y tu Tio Zura -habló Ginko a su hija, quien no dejaba de ver al hombre de cabellos oscuros- Él es Takasugi Shinsuke, el hombre que tanto te había contado...él es tu padre.

Takasugi sintió su corazón detenerse en cuanto sintió la mirada intensa de su hija. Umeko lo miraba fijamente como si tratara de reconocer todo lo que su madre y sus tíos le habían relatado sobre su padre. A pesar que es la primera vez que lo veía en persona, sentía que lo había conocido desde hace mucho tiempo y al igual que su madre, lo había esperado.

Shinsuke se sintió algo inquieto, es la primera vez en mucho tiempo que se dejaba mostrar su lado vulnerable pero no le molestaba.

Se había imaginado cualquier reacción posible de su hija, tanto positiva como negativa, no huiría. No esta vez. Era hora de afrontarlo.

Sintió algo cálido empujarlo pero recuperó rápidamente la compostura y para sostener el cuerpo pequeño que se aferraba a su pecho. Sintió algo húmedo mojar su kimono.

Se encontró con aquellos ojos carmesí brillando con lágrimas y una gran sonrisa que hizo mucho más brillante que la luz del sol que se asomaba en la habitación.

-Bienvenido a casa, papi -saludó Umeko entre lágrimas de felicidad y emoción.

Shinsuke sintió esa calidez invadir por su pecho, no había nada que lo retenía tampoco le había tomado importancia de las lágrimas que se escaparon de su par de ojos verdes.

Abrazó a su hija con suavidad y ternura que nunca antes lo había expresado. Se aferró a ella por miedo a que desapareciera en cualquier momento.

Así que era esto lo que sintió Ginko en todo este tiempo. Ahora lo comprendía muy bien. Comprendía lo que su sensei había sentido con Ginko, Katsura y él.

Ginko observaba a su novio y a su hija finalmente juntos compartiendo un hermoso encuentro de padre e hija, digna de grabarlo en su memoria.

Sintió una mano grande tomar su brazo y una fuerza impulsarla a acercarse al par más algo firme y gentil envolver su cuerpo.

-Shinsuke -pronunció sintiendo ante la enorme calidez compartida.

-Tan sólo podemos quedarnos así un poco más -dijo Shinsuke con suavidad.

Ginko no dijo más y se quedó abrazando a su amado novio y su hija juntos. Pero sentía que faltaba algo para complementar este momento.

Dirigió su mirada carmesí a la abertura de la puerta, donde 3 pares de ojos muy conocidos se asomaban.

-Ustedes -los llamó sabiendo muy bien quienes estaban ahí, sonrió al escuchar sus jadeos al caer en cuenta que los pilló- Vengan aquí.

El silencio no se tardó en llevar con los ladridos de perro, la alegría en la voz de Kagura y Umeko más la voz educada y gentil de Shinpachi, quienes se unieron al abrazo familiar tomando por sorpresa a Shinsuke.

-Ahora, a esto le llamo un abrazo familiar -comentó Ginko con una una gran sonrisa al estar rodeada de las personas más importantes de su vida.

Takasugi no podía estar más que de acuerdo, a pesar que estaba aturdido por la repentina cercanía de los chicos Yorozuya, pero no le molestaba en lo absoluto.

Ver a su hija y a su novia tan felices fue lo suficiente para aceptar el contacto sin formular una réplica.

Simplemente era perfecto.

Ginko se despertó de repente solo para encontrarse con el techo de su habitación semi iluminado por la luz de la luna, que se asomaba por la ventana.

-¿Fue un sueño? -se preguntó como siempre lo hacía cada vez que abría los ojos. Cada vez que veía momentos donde eran demasiados hermosos para ser verdad, resultaba que fueron sueños nada más. Una cruel ilusión donde al abrir los ojos, la realidad le resulta dura y dolorosa. Lo había experimentado tantas veces que las pesadillas resultan ser menos dolorosas que esas ilusiones, porque al menos esos recuerdos dolorosos son sucesos que ocurrieron. Era demasiado hermoso soñar con las personas que perdió y que aún estuvieran a su lado y compartiendo hermosos momentos que pudieron haber ocurrido en otras circunstancias.

Ginko a lo largo de su vida, terminó aceptando lo que había perdido. Y que nada volverá a ser como antes, aceptó en dejar ir su pasado, excepto una única persona que quedó atrapada ahí.

Al girar su rostro, no pudo evitar sonreír para sí cuando comprendió lo que había ganado y lo que había recuperado. No fue un sueño después de todo.

Su amado y su hija abrazados durmiendo a su lado. Contemplar los rostros de las personas que forman parte de su corazón, le dio paz y una abrumada sensación de pura felicidad que pensó haberlo perdido.

Kagura, Shinpachi y Sadaharu fueron su mayor felicidad junto con las demás personas que las conoció a lo largo de su vida. Y ahora, se sumaron Umeko y Shinsuke.

Ginko quería llorar...esta vez, ya no sentía tristeza como lo había sentido hace años, era una abrumadora felicidad.

Dejó escapar un imperceptible jadeo y lágrimas silenciosas incapaz de contenerlos por mucho tiempo.

No podía creer que finalmente había alcanzado su sueño.

Sensei...lo he logrado.

-Ginko… -

Abrió los ojos carmesí encontrándose con un par de familiares ojos esmeralda, que la miraban con preocupación.

-Shi-Shinsuke -

-¿Qué sucede? ¿Por qué lloras? -le habló entre susurros para no perturbar el sueño de su hija y llevó su mano para limpiar las lágrimas de Ginko- No me digas que tuviste pesadilla…

La peli plata rió divertida.

-No...es sólo que...tuve un sueño muy hermoso que creí que iba a terminar en cualquier momento -se aferró a la mano de su amado y se dejó llevar por aquella calidez embriagante que sentía los leves latidos de su corazón.

Shinsuke la miró confundido para luego sonreír ante aquella extraña aclaración sin sentido de Ginko. Porque después de todo, Ginko siempre había sido una mujer sin sentido.

-Debió ser que ese sueño terminó huyendo porque vio que eras tú -comentó con falso engreimiento.

-Eres tan malo, Shinsuke - Ginko hizo un infantil puchero- Aquí estaba disfrutando de nuestro bello momento familiar, debí haberlo imaginado venido de alguien de perspectiva tan pequeña como la tuya.

Takasugi le dio un pequeño tirón de su cabello plateado consiguiendo un siseo de parte de su mujer.

-¡Auch! -Ginko reprimió su grito de dolor, dejando escapar un siseo. Soltó de inmediato la mano de su novio para mirarlo mal- ¡Idiota, eso me dolió! -replicó entre susurros.

-Eso te pasa por llamarme "pequeño". Soy unas cuantas pulgadas más alto que tú, estúpida cabeza permanente -le recriminó Takasugi con cierta animosidad. Era normal para ellos intercambiar insultos y comentarios despectivos, siempre fueron así desde niños y cuando se hicieron pareja, en lugar de decir cursilerías y piropos como esas películas de romances cliché. Por Dios, eran Takasugi Shinsuke y Sakata Ginko las personas menos románticas del universo Gintama.

-Aún no superas a Zura y Sakamoto, por lo tanto a comparación de cualquier hombre eres el más pequeño que conozco -replicó Ginko con su conocida sonrisa de come mierda.

Shinsuke sintió una vena palpitar en su sien. Estaba comenzando a arrepentirse de estar en la misma cama con la persona más irritante que haya conocido.

-Y tú sigues siendo la mujer más exasperante e irritante que cualquier mísero ser sea humano o Amanto que haya conocido -admitió sonriendo con irritación.

-¿Es así? Muchas gracias, Shinsuke-kun. Me siento halagada -en lugar de irritarse como Shinsuke había esperado que lo hiciera, Ginko le seguía mirándolo con esa molesta expresión.

-Eso no fue un cumplido, idiota -aclaró con animosidad.

-¿Qué dices? No te puedo escuchar nada desde ahí abajo, Chibi -pronunció Ginko llevando su mano a su oído alegando que necesitaba oír fuerte.

En este mismo instante, Shinsuke quería golpear a su novia por su osadía pero se le ocurrió algo mejor para silenciarla.

Llevó su mano tras la cabeza plateada de Ginko y sin darle una oportunidad de hablar, unió rápidamente los labios de ella con los suyos en un apasionante beso.

Shinsuke aún con los ojos cerrados se imaginó la expresión de sorpresa pintando el rostro de Ginko, sonrió al sentir cómo ella le respondía con la misma intensidad envolvía su cuello con sus brazos engañosamente delicados.

Querían avanzar más pero se detuvieron al sentir a alguien removiéndose entre medio de ambos, cayeron en cuenta que no estaban solos.

Miraron alarmados pero dejaron escapar un suspiro de alivio al comprobar que su hija aún dormía.

Supongo que no iban a tener una noche apasionada.

Quedaron en silencio, pero mirándose y luego contemplando a una dormida Umeko.

-Por lo que veo, ella heredó tu gen. Siempre tuviste un sueño pesado -comentó Shinsuke acariciando el cabello de su hija, quien sonrió disfrutando del contacto aún dormida.

-Aunque tiene ciertos rasgos que me recuerda a ti...adora escuchar música tradicional y hace dibujos de flores de cerezo muy hermosos -pronunció Ginko contemplando aquella hermosa vista digna de una fotografía.

-¿Es así? Me extraña que no haya heredado las extrañas costumbres tuyas -

-Oye, los gustos de Gin-san no son nada extraños a comparación de un hombre pequeño que

no ha cambiado nada después de todo el Yakult que consumió -replicó con molestia.

-No metas al Yakult en esto, lo dices porque Umeko le gusta más eso que tu leche de fresa - replicó Shinsuke ofendido.

-Para serte sincera, decidí beber Yakult cuando estaba embarazada de Umeko -dijo Ginko mirando con ternura a su hija- No quería que heredara mi problema diabético...además, no es saludable que una niña consuma azúcar a tan temprana edad -a pesar que no estaba siendo del todo sincera, Ginko de alguna manera quería que su hija creciera bien y pudiera aprender sobre su padre incluso si eso significara renunciar a sus preciados dulces y le enseñara a Umeko con pequeñas cosas.

Shinsuke miró a Ginko y luego a su hija.

-Ella será una gran mujer, tal como su madre -ante esas palabras Shinsuke esbozó una sonrisa genuina llena de calidez.

Ginko se quedó muda ante aquellas palabras dichas por su amado, luego sonrió contagiada de alegría.

Se quedaron así despiertos disfrutando de este silencio tan cómodo para ambos, sin dejar de repartir cariños a su hija.

No les importó ver la luz de la plateada cambiarse a una dorada, indicando que la hora de dormir se ha terminado y que el nuevo día ha comenzado.

Eso dio igual para ambos, porque tenían todo el tiempo del mundo juntos y no lo iban a desaprovechar esta vez.

Porque cuando despierten lo primero que verán son los rostros irritantes y familiares del otro.

Las manos de Ginko y Shinsuke estaban tomados para asegurarse que este no era un sueño, que por fin estaban los dos juntos mientras sus manos libres abrazaba a su adorada hija, un gesto de amor y asegurarle que cuando despierte sus padres estaban ahí para ella.

Ginko y Shinsuke se miraron a los ojos, sin poder evitarlo la peli plata le sonrió alegremente sin rastro de burla esta vez, a lo que el pelinegro le devolvió con una sonrisa llena de sinceridad una que recordaba haberlo visto cuando todavía estaban en Shoka Sonjuku.

-Ohayo, Shinsuke -

-Ohayo, Ginko -

Se saludaron con un tierno beso que duró lo suficiente para rendirse y mirarse sonrojados como dos adolescentes que compartieron su primer beso.

Viendo que aún la paz reinaba en la casa, ambos aprovecharon para dormir un poco hasta que Umeko se despierte, sin soltarse de las manos ni de separarse de su hija.

Ambos no necesitaron decir "Te amo". Con simples gestos que solamente entre ellos entienden es suficiente. Puede que sean considerados una pareja extraña y juntos sean recetas para futuros desastres, pero no importaba. No eran perfectos, nadie era perfecto pero de alguna forma complementaban muy bien.

Ellos fueron así y siempre serán así.

Takasugi Shinsuke y Sakata Ginko vivirán este futuro junto con su hija, sus amigos y con todas las personas que formaron parte de sus vidas y aún están.

Y sin importar lo que pase, si este mundo peligra con ser destruido nuevamente o si esta paz no durará por siempre, ellos estarán juntos hasta el final y lucharán juntos como siempre lo han hecho.

Nada cambiará ni hoy ni mañana.

Fin

Notes:

El fin! Espero que lo hayan disfrutado mucho como yo lo disfrute en escribirlo y no se preocupen esto no de quedará así, tengo más ideas para los fic de esta historia. Habrá precuelas y algunas secuelas.

Viva la pareja TakaGin! También apoyo el HijiGin pero TakaGin me enamoró muchísimo!

Nos vemos y gracias lectores por seguir esta historia, aprecio mucho su apoyo.