Solo podía pensar en hacer un fanfic sobre Naruto y Sasuke y salió esto, medio mezclado con lo fantasioso. Tienen cinco y seis años.
(Siento que cualquier advertencia más spoilearía así que eso es todo.)
1
Sus cabellos negros se hallaban peinados hacia atrás, parte de ellos apuntaban ligeramente hacia arriba, y un par de mechones fluían hacia la izquierda y derecha de su rostro hasta la altura de sus orejas, formando un flequillo que casi tapaba sus negros ojos.
En aquel momento, se encontraba sentado a los pies de un árbol, leyendo un libro que justamente le habían regalado en su reciente cumpleaños y recién agarraba para leer.
[...]
—¡Naruto! Andá a buscar la pelota... —gritó un niño mientras se dejaba caer en el césped, acomodándose en él y procediendo a cerrar los ojos para probablemente tomar una corta siesta.
Naruto iba a protestar, pero vio que los demás se alejaban no tan disimuladamente, haciendo que quedara más cerca del balón.
De todas maneras, antes de marchar en busca de la pelota, Naruto aprovechó que todos se iban acomodando, ya fuera apoyándose en árboles, sentándose o acostándose en el pasto, para buscar su botella con agua, que había olvidado en algún lugar del patio.
Sus cabellos rubios crecían de tal manera que casi se los podría confundir con rayos de sol dibujados por un niño de su edad. Sin embargo, su rubio pelo era más dorado que amarillo, más brillante que cenizo, y más revuelto y divertido que un sol con forma tan definida y poco probable de cambiar.
Lo que más destacaba de su carita, si no eran sus celestes ojos, eran esas marcas de nacimiento en sus mejillas. Había tres en cada una: curiosamente hacían alusión a bigotes de un felino. Y en consecuencia provocaban ternura en algunas ocasiones.
[...]
Aquel niño de cabello oscuro y puntiagudo no podría haber visto venir que el niño rubio, que se aproximaba a paso rápido en su dirección, se llevaría por delante su pierna izquierda, que no estaba doblada como la otra para que su libro se apoyara allí.
Cuando el azabache sintió un peso en sus piernas, dejó a un lado su libro y, sacando su pierna de debajo del otro niño, se levantó, se sacó el pasto de su short blanco y le ofreció una mano.
[...]
Naruto gimió mientras apoyaba sus manos para levantarse. Miró levemente arriba y vio a un chico de su edad que se le hacía familiar extendiendo su mano izquierda, que él no dudó en agarrar para hacer más fácil el trabajo de pararse.
—¿Estás bien?
—Sí, sí, disculpa —respondió mientras miraba sus rodillas raspadas.
—Deja que te acompañe adentro: seguro tienen algún botiquín.
El rubio alzó la cabeza con un poco de desconcierto, ya que las palabras no se habían registrado bien por el simple hecho de no haber escuchado correctamente.
—Ah sí, cierto, ttebayo —contestó al entender.
2
—¿Qué estás leyendo?
Habían pasado varios días desde que ambos niños se conocieron. Ahora sabían el nombre del otro e intercambiaban un par de frases al día como "¿Me prestas ese lápiz?" o "¿Cuál es ese libro?".
En aquel momento, Sasuke, como así se llamaba el de pelo negro, se encontraba sentado al pie del mismo árbol en donde el rubio había tropezado cuando él leía otro libro.
Aquel día, faltaron un par de los amigos de Naruto, por lo que Shikamaru, uno de los pocos que sí había venido, había dicho que esperaran a jugar otro día cuando todos viniesen.
Así que se había ido a sentar con Choji para comer frituras y observar nubes.
Lo había invitado, pero como Naruto hallaba aburrida aquella actividad, decidió ir a hablar con Sasuke.
3
—¡Trae el libro mañana, Sasuke!
El aludido hizo un sonido de afirmación mientras pasaba la página de su actual libro.
Era ya la cuarta o quinta vez que Naruto se lo pedía. El azabache ya estaba un poco cansado de leer siempre Peter Pan en los recreos; pero no le importaba, porque también le gustaba pasar tiempo con el rubio.
Y de todas formas, era Naruto el que leía: Sasuke solo estaba sentado a su lado, perdido en sus pensamientos, almorzando, leyendo otro libro o en algunas ocasiones ojeando la parte que leía su amigo. No se aburría.
La verdad, le parecía una buena nueva manera de pasar los recesos, aunque no fueran todos, ya que había ocasiones en las que Naruto jugaba con sus amigos.
También habían empezado a sentarse juntos en clase y a hablar más que para pedir un lápiz. No lo suficiente para que los retasen, pero sí un poco mientras realizaban la tarea.
Usualmente el rubio solía repetir las partes que más le habían gustado de Peter Pan, mientras que Sasuke, sin molestarse tanto, también aportaba algunas palabras sobre lo que sucedía en el libro que estuviese leyendo, siempre que no revelase demasiados nombres o detalles para que cuando Naruto lo leyese, si lo hacía, no se supiera todo el libro.
4
Ocurrió en un día viernes, uno frío y lluvioso. Sasuke apenas llevaba un pantalón largo y una campera no muy adecuada para el clima porque su madre había pensado que solo estaba nublado y que quizá llovería cuando ya estuviera en casa.
Como no podían salir afuera por unas finas gotas de agua que habían comenzado a caer, Sasuke, Naruto y el resto de sus compañeros presentes se quedaron en el aula.
Notando que su amigo se marchaba en dirección a sus propios amigos, Sasuke sacó su comida del día y una taza térmica que, por fortuna, su madre había llenado con chocolate caliente.
Estornudó, sin llegar a taparse a tiempo. De inmediato comenzó a beber la caliente bebida, buscando que ni su nariz ni su rostro siguieran estando fríos.
Esperaba que el resfrío no le durara hasta el lunes, porque no le gustaba faltar a clases.Más avanzado el día, casi terminando la última hora, el Uchiha lanzó un grito ahogado cuando la voz tan alegre y fuerte de Naruto casi le perforó los tímpanos.
Apenas escuchaba que su amigo lo invitaba a su casa, que su madre iría en auto a buscarlo, y capaz él podría convencer a sus padres de acompañarlos y quedarse a dormir.
—Tendría que pedirle a tu mamá que me preste su teléfono para llamar a la mía —contestó; mientras frotaba su oreja derecha y sorbía por la nariz—. Hoy no me van a ir a buscar: mis padres trabajan, mi hermano iba a quedarse en lo de un compañero para estudiar para un examen...
Naruto se extrañó por que la madre de su amigo no hubiera considerado recoger a su hijo cuando no paraba de llover, pero supuso que ella no había pensado en la posibilidad de que el día estuviese "feo". No obstante, lo que sí esperaba era que al encontrarse la casa de Sasuke cerca de la escuela, a él no le sería gran cosa mojarse por pocos minutos.
Aun así, pudo percatarse de su nariz roja y de que se abrazaba a sí mismo incluso con su abrigo era una mujer bastante alta para ambos niños, que a excepción de su color de pelo rojo, bien llamativo y cálido, y de la falta de marcas en sus mejillas, prácticamente era igual a su hijo.
Tenía una personalidad agradable y enérgica, parecida a la de Naruto, y una actitud cariñosa... Aun si Sasuke apenas la conocía, pensó que era una persona agradable.
Como ella no tenía a mano un colchón de más, los dos niños tuvieron que compartir la cama.
Tan emocionados se pusieron cuando Sasuke había llamado a su madre Mikoto, para preguntarle si podía quedarse a dormir por una noche en la casa de Naruto. Y entonces, cuando reconoció a Kushina como una de sus amigas que hacía años no se cruzaba, la madre de Sasuke no dudó en aceptar; y alegó que buscaría a su hijo en la tarde del sábado para, de paso, saludar a su vieja amiga.
Aquella tarde, por estar lluviosa, no pudieron pasarla afuera, pero se habían divertido mientras buscaban juegos de mesa o jugaban a las escondidas, siempre y cuando no corrieran mucho, como les habían repetido un par de después, luego de una cena con Kushina y Minato, Sasuke y Naruto se acostaron en la cama del último.
Como el Uchiha no podía cambiarse a un pijama, le prestaron uno de Naruto, que aunque le quedaba algo corto, no le apretaba. Se taparía con las gruesas frazadas si le daba frío.
—Sasuke... —Si la luz estuviera encendida, el aludido podría observar fácilmente que su amigo se encontraba con una expresión dudosa, vacilante...
—¿Mm? —Fue lo que respondió, puesto que se hallaba medio dormido.
—¿Crees que podríamos ser como Peter Pan?
—¿Qué? —Intentó abrir sus ojos, sin embargo los párpados se sentían tan pesados y cansados que no pudo.
—Es que... A veces no quiero crecer.
Aquel intercambio de palabras quedó sin poder completarse puesto que, aunque Sasuke había escuchado, se había terminado quedando dormido antes de poder decir algo. Naruto no quiso despertarlo, porque sabía lo molesto que resultaba el resfrío cuando uno intentaba dormir y no podía por aquello mismo.
5
Las reflexiones del rubio no cambiaban.
Después de que proclamara, por vez primera, y en un vacilante tono, que no deseaba crecer, aquellas charlas sobre Peter Pan se habían vuelto un poco más frecuentes y llenas de palabras cada vez más convincentes del rubio sobre querer seguir siendo un niño.
En aquellos momentos, Sasuke solo callaba. Porque no sabía qué decir.
Le resultaba tan desconcertante lo que Naruto le decía... lo que le proponía.
En primer lugar, ¿qué harían para no crecer?
6
En el umbral de la casa del rubio, Sasuke se despidió de Itachi, su hermano mayor, quien al día siguiente vendría a buscarlo.
Aquel día le expresaría sus dudas y su opinión a Naruto. Ya que no podía encontrar más ridícula aquella sugerencia suya.
[...]
No fue hasta la noche que surgió la oportunidad perfecta.
Los dos se encontraban sentados en la cama, por el momento en un silencio cómodo pero extraño. Recién habían terminado la cena y una vez que llegaron a la habitación de Naruto, a ninguno de los dos se le ocurría qué decir.
[...]
Sasuke buscaba la manera de comentarle a su amigo su opinión respecto a la ridiculez que estaba armando por solo leer un libro para niños.
En cierto modo podía comprender que Naruto se preguntase cómo sería no envejecer, vivir en la historia de Peter Pan, ir con él a Nunca Jamás.
Sin embargo, era demasiado incómodo que lo mencionara bastante seguido y durante varias semanas sin perder un ápice de interés.
[...]
Mientras tanto, Naruto buscaba la forma de decirle a Sasuke que había encontrado la manera de llegar a Nunca Jamás.
Peter Pan era uno de los primeros libros que leía, y después de leer unas pocas páginas, le había encantado.
Naruto era muy imaginativo, a veces se preguntaba si aquel libro de verdad era solo parte de la imaginación del autor y nada más; si no tendría algo de verdad; si de verdad existirían piratas, cocodrilos que hicieran tic tac... y magia.
Aquellos pensamientos y dudas iban y venían de diversas maneras, a veces para quedarse, a veces en sueños...
Ya habiendo descubierto la manera de probar que existía Peter Pan, los niños perdidos, el país de Nunca Jamás, y todo lo demás, meditó un poco si le diría a Sasuke todo eso, si le diría, y si él le creería y se dispondría a probarlo.
7
Kushina, Minato Namikaze, y más y más personas estaban reunidas aquel día, siendo parientes o amigos cercanos de los dos primeros. Todo era por una razón tan simple y estúpida.
Los padres de Naruto no podían evitar preguntarse qué era lo que había faltado hacer, decir... para que Naruto no se tirara de la ventana de su habitación para intentar volar a causa de un supuesto polvo de hadas que creía haber encontrado. Cuando, horas antes de aquello, su hijo les había comentado de unos polvos mágicos de Peter Pan, un libro con el que estaba obsesionado, tomaron sus palabras como un juego y dijeron en broma que tuviera cuidado en dónde los usaba.
Sí: aceptaban que su hijo tuviera un amigo imaginario llamado Sasuke, cuya familia, si fuera real, asistiría al funeral, como ellos en aquel momento, por el hecho de que Mikoto, como al parecer se llamaba la madre del niño, había sido la mejor amiga de Kushina, y que además se podrían haber encariñado con su hijo...
O eso dedujeron que Naruto había imaginado, según lo que les había hablado al respecto.
Lo que todavía no llegaban a creer, era que su hijo hubiera llegado tan lejos, que hubiera llegado a tirarse de su ventana, quebrándose el cuello y matándose en el acto, para comprobar que el libro que ellos mismos le habían comprado, era real; que cada suceso de verdad había pasado; que el polvo de hadas, que de seguro había imaginado conseguir, le hacía volar...
Lo único que sabían hacer en aquel momento, era seguir llorosos y boquiabiertos.
