Tres años después de plantearme escribir un SeroMina con temática navideña, al fin, lo conseguí... Y este no es muy navideño, rayos. Referencias al capítulo 242 del manga.

¡Feliz día después de navidad!

Disclaimer: My Hero Academia no me pertenece.


¡Feliz (no) navidad!

Por Blue-Salamon.


—Sero...

El chico tan solo responde con el sonido de su voz en ninguna palabra, apenas un ruido. Más concentrado en la rana en sus manos, el reloj temático de rana que Tsuyu le ha regalado. Aún está sorprendido de haberlo conseguido de entre todos los obsequios, con tanta suerte, así que también está que revienta de felicidad.

Ashido repite su nombre, repite el llamado y como parece que no se va a quedar quieta, Sero simplemente responde un « qué » de mala gana.

Como Ashido no empieza, Sero, al fin, se vuelve a verla. Y toda su atención termina por completo en ella, que de pronto tampoco es que lo esté mirando, como muy entrada de pronto en juguetear con la pesa que obtuvo en el intercambio. Él sabe que no está muy contenta con su regalo (más decepcionada, ya le había tocado escuchar su tanda de quejas).

Así que inclina la cabeza y la observa con cuidado, sus ojos que parecen tristes y desilusionados. Sero tuerce una mueca. Ya no viene siendo navidad (es el día después, cuando nada pasa), pero es que cuando buscaba su regalo para el intercambio, había encontrado algo que su cabeza le dijo a gritos era perfecto para Ashido. Encontrar una excusa se le había hecho complicado e impulsivamente tan solo lo compró para dárselo en el momento adecuado. Momento que parecía ser ahora.

Estaba a punto de abrir la boca cuando Ashido finalmente preguntó:

—¿Te gustan las ranas?

Sero termina por cerrar la boca sin dejar salir nada de ella. Ashido se vuelve a verlo y de él arrastra la mirada al reloj de rana con el que aún estaba jugando (es que a Sero se le ha hecho tan perfecto y no más no acaba de decidirse a dónde dejarlo en su habitación, por lo que, entre distracciones, ha acabado por pasearlo por todos lados). Entonces, Sero siente la cosquilla de vergüenza calentarle las mejillas, y se echa sobre la mesa con la rana enmarcada por sus manos, los brazos alargados en toda su extensión para mirarla bien. Una idea se abre paso en sus pensamientos, se le ocurre de pronto. Y acaba con el rostro tan cerca de la rana al sonreír.

—Bueno... sí.

Ashido retiene el aliento con la respuesta, Sero percatándose a último minuto y entonces volteándose a verla.

—Pero Tsuyu no. ¿Bien? Las ranas me gustan, Tsuyu... no de la forma en que lo piensas, eh.

Con lo pesada que ha estado Ashido últimamente con sus redadas e historias amorosas inventadas, Sero no duda que de un momento a otro vaya a tratar de emparejarlo a él, a la más mínima señal, con la primera chica por la que mostrara interés. Así que... tiene que cuidarse.

Lo gracioso es que la única chica que de verdad despertaba un sentimiento remotamente parecido a aquel con el que Ashido fantaseaba era, justamente, ella. Por suerte, parecía que Mina no lo había notado... aún.

—Ah.

Ashido suspira, incluso más aliviada de lo que debiera parecer. Hasta a ella le sorprende, aunque un hipo la interrumpe cuando se voltea a ver a Sero, aterrada con la idea de que él lo haya notado. Para su suerte él se ha vuelto a fijar en aquel dichoso reloj de rana y se regresa de pronto a mirarla a ella, un segundo después de notar su sobresalto por el hipo y uno antes de que Ashido vuelva a hipar, sorprendiéndolos a ambos.

—¿Te dió hipo? —a Sero se le comienza a asomar una sonrisa burlona como sólo él mismo.

Un nuevo hipo y Ashido no puede contestar: —¡cálla- hip... ayy... —de nuevo vuelve a hipar.

Sero controla las risas que se le quieren salir para decir: —contén la respiración.

Ashido obedece. O trata, pero incluso cuando hasta infla un poco las mejillas al tomar aire, el hipo vuelve a aparecer y Sero no puede controlarse más y empieza a reír.

—Aguanta aquí, te traeré un poco de agua.

Ashido lo ve irse con un nuevo par de hipos soltándosele. Mira la rana, a la que Sero ha dejado atrás al fin, y tan solo le frunce el ceño. A la rana. Cuando el chico vuelve con el vaso también tiene una cuchara en este y hasta que llega a sentarse de nuevo a su lado continúa agitando el agua dentro del mismo.

—¿Qu- hip.

—Le he echado algo de azúcar. Sé que así se te pasa el hipo.

Ashido inclina la cabeza, curiosa; no estaba enterada de un remedio como aquel. Cuando Sero le da el vaso, ella se asoma en el borde y olfatea un poco.

—Eeeh, que no miento, ¿sí?

Ashido lo mira feo con los ojos entrecerrados. Pero vuelve a hipar antes de poder decir nada. Sero se vuelve a reír y la anima a que tome del agua.

Al final tan solo bebe un trago, para probar. Y como es cierto que solo sabe un poco azucarada, entonces Ashido decide tomar más. Se empina el vaso de golpe.

Sero sonríe, pasando a dejar su codo en la mesa, sosteniéndose la cara con la mano mientras la observa. Quizá más entretenido que nada. —¿Ya?

Ashido aguarda unos segundos y parece que el hipo ya no está más: —pero te gusta.

—¿Qué?

—Tsuyu —Ashido retoma la plática anterior y a Sero le cuesta regresarse a ello—. Que Tsuyu te gusta.

—Ah. Como amiga, sí —no sabe bien, Sero, pero, que a Ashido le interese de pronto hablar de eso con él se le hace extraño—. Y como persona, sé que es una buena persona, así que, me agrada —más que extraño, lo pone nervioso; ese es terreno peligroso a tratar, sabe, porque a Ashido cualquier cosa se la responde con honestidad—. Más allá de eso, no. Creo que no es mi tipo... —se muerde a sí mismo la lengua, cuando viene a soltar eso que, le parece, viene a ser de más.

Ashido asiente lentamente con la cabeza.

—... Tienes un tipo.

—¿Eh?

Sero parpadea al encontrarse acorralado con sus propias palabras. Ah-ah. Claro que ha hablado de más.

—Porque no es tu tipo, así que... ¿qué clase de chica es tu tipo?

Sero se echa hacia atrás y mira el reloj, los ojos de rana observándolo tan fijamente como Tsuyu a veces tiene la mala costumbre de hacer. Ah, ya no es tan buena idea tener ese reloj en la cabecera de su cama. ¿O sí? Mejor que tenerlo mirándolo desde el escritorio de su habitación...

—Yo no diría que... tengo un tipo... —responde, con dificultad, yéndose a acalorar—. Lo tenía antes pero...

—¿Antes de qué?

Ah.

Ah, demonios.

—Ashido...

Mina parpadea. Parpadea porque, de pronto, se da cuenta de que está cerca, muy cerca de Sero. Y Sero la mira, incómodo, nervioso.

—Perdón —se echa rápidamente hacia atrás, sintiendo su propio nerviosismo haciéndola temblar. Jadea.

Oh, no.

Oh no.

Sero jadea también. Y se vuelve rápido hacia ella. La visión de ella tan desanimada de repente le parece muy terrible. Así que se apresura a decir: —¡está bien! Es que pasa que aunque por lo general hay cierto tipo de chicas que me gustan... —eso atrapa la atención de Ashido, que se vuelve a verlo desconcertada (pero es mejor eso que verla triste, se recuerda a sí mismo Sero).

Traga saliva. Respira.

—Estoy enamorado de alguien que no se parece al tipo de chica que me suele gustar —confiesa, al fin.

Y su corazón le late con tanto ímpetu.

Ashido inclina la cabeza. Y sonríe, una sonrisa que no le llega a los ojos: —ah, entonces, ¿ya estás enamorado de alguien?

Sero siente que el corazón se le cae al estómago y cuando Ashido lo vuelve a ver, este se reparte en miles de mariposas, que sí, que sí, lo tienen todo mareado y alborotado.

—¿Puedo saber de quién?

No sabe ni cómo es que le hace Sero para ponerse de pie. O de pronto para tomarla de la mano, que es que se siente fuera de control. Sólo sabe que le pide en voz baja que lo acompañe a su habitación y que Ashido, aunque desconcertada, le dice que está bien.

No se sueltan de la mano hasta que ya están en la entrada a la habitación de Sero. Ella espera, inquieta, a lo que sea que le quiera mostrar.

—Esto —comienza, luego de cerrar y abrir cajones y devolverse a ella a la puerta—, lo vi cuando estaba buscando un regalo para el intercambio y, sólo pude pensar en ti...

Ashido observa con cuidado a Sero, que en un gesto la hace re dirigir su atención a lo que tiene entre manos. Es una caja pequeña, dentro de ella una pulsera con el dije de una flor como motivo principal. Tras verlo, Ashido se queda sin habla.

Es taaaan bonita.

—¿Ashido...?

Ella reacciona: —¡Qué linda! ¡Es muy bonita! ¡Guau!

Sin pensar demasiado en ello hasta le arrebata la caja para acercársela más a la cara y verla bien. Fascinada, acaricia el dije de la flor y sonríe. Luego se vuelve a Sero, quién no ha dejado de observarla y tarda un poco en darse cuenta de que ella lo mira de vuelta.

—A-¡Ah! —reacciona—. ¿De verdad lo crees? ¿Te gusta?

—Sí, ¡sí! —Ashido asiente—. ¡Me gusta! —asiente una vez a más—. ¡Es bonita! Ah- me gusta...

E intenta, de repente, dárselo de regreso. Pero Sero es que no la entiende o no le hace caso, porque de repente tan solo parece muy aliviado.

—Te gusta, ¡bien! Ah, bien...

—Pero, Sero...

—¿Eh? ¿Qué?

Ashido menea la caja y la pulsera dentro de ella, tomándola en su dirección y luego en la de Sero, toda desconcertada. —Es muy bonita, sí, pero... ¿por qué...? No entiendo...

Sero la mira, también, confundido, pero un poco más enternecido con sus gestos y toda ella, que de repente se le hace más bonita que nunca antes.

—Sí, creo que por eso la ví y no pude evitar pensar en ti...

Ashido parpadea y abre y cierra la boca un par de veces antes de poder decir algo. —¿En mi...?

Sero se da cuenta de pronto de lo que ha dicho y pasa sonrojarse, pero no puede evitarlo y también se ríe, cuando entiende lo que acaba de decir y lo que está a punto de hacer.

—Este... sí. Permíteme...

Y sin decir mucho más, tan solo sonriendo con cierta timidez, pasa a tomar la pulsera de la caja. Luego se acerca a Ashido con un paso más y consigue pasar la pulsera por debajo de su muñeca, antes de juntar el broche por encima de ésta y poder amarrársela.

—Y... listo.

Una vez hecho su trabajo, Sero vuelve a retroceder. La observa con cuidado y voltea a ver a Ashido, esta vez con una gran sonrisa. —Te queda bien, Ashido.

Ashido vuelve su mirada a la pulsera en su muñeca, vuelve a ver a Sero sin entenderlo todo, hasta que.

—Pero...

—No se admiten devoluciones —señala, con humor, pasando a guiñarle un ojo antes de volver a sonreírse y reírse un rato, con nerviosismo—. Por favor, no te pido nada excepto que lo aceptes. Es mi regalo, de mi para ti. Esto, ¡por navidad!

Ashido se queda en silencio varios segundos después, contemplando la pulsera. Tarda, pero las piezas caen solas en su lugar. Tiene que decir algo, lo que sea. Y de pronto.

—Hip-

Otra vez tiene hipo.

Sero deja caer su cabeza hacia un lado cuando Ashido vuelve a mirarlo y parece muy afectada puesto que lo primero que sale de su boca cuando la abre es aquel sonido.

—¿De nuevo hipo?

—Yo- ¡hip! Aaaay- ¡hip!

Sero hace un gesto despreocupado antes de volverla a tomar de la mano, cerrando la puerta de su habitación detrás de él.

—Volvamos abajo, al menos ya tenemos claro que el agua con azúcar te lo puede quitar...

Encaminándolos al ascensor, Sero le dirige una sonrisa divertida y una mirada cariñosa para zanjar el tema, haciéndole imposible a Ashido preguntar ni decir nada más. Ella se deja llevar, una parte de sí misma impresionada, la otra más que nada emocionada: no piensa quitarse la pulsera más que para lo necesario.